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jueves, 24 de mayo de 2012

Injusticia contra el Capitán Contreras

- Como hay Dios que se han de pagar mejor mis servicios....

- ¿Pero a dónde va vuestra merced?

- A lavar mi honra, o a cenar con San Pedro...

(Desde hoy, al menos una de las frases se verá usada con asiduidad por mi merced)




Y uno de los mejores diálogos de la historia...



jueves, 10 de noviembre de 2011

La parte de un momento son los diez próximos minutos, una vida. Jiří Menzel

Conocí el cine de Jiří Menzel como se conoce determinado tipo de cine cuando tus libros de cabecera no son los de Truffaut o los de la Editorial Plot (que están, pero no en la cabecera), es decir, conocí su cine por las adaptaciones que de los libros y los relatos de Bohumil Hrabal, más concretamente por la oscarizada película "Trenes rigurosamente vigilados", basada en el libro del mismo nombre, Menzel ha hecho. A partir de ahí, a lo largo del tiempo he intentado ver el trabajo conjunto que realizaron y sus películas independientes de la sombra de Hrabal (al menos las que están subtituladas, el checo no es un idioma fácil precisamente).

Según la página http://www.czech.cz: "Director de cine y de teatro, actor, titulado por la Escuela Superior de Cine (FAMU, en checo) y representante de la "nueva ola" checa y uno de los más importantes cineastas checos. La mayor parte de sus películas son adaptaciones de obras literarias . Sobre todo ha llevado a la pantalla obras de Bohumil Hrabal y de Vladislav Vančura.  Es precisamente una adaptación de la novela de Bohumil Hrabal la película por la que consiguió un Oscar: Trenes rigurosamente vigilados. También ha actuado en numerosas películas, siendo su papel más interesante el de la cinta "Jugarse la manzana" (Hra o jablko, en checo), de Vera Chytilová o en "El crematorio de cadáveres", de Juraj Herz. Lo mismo que en el caso de Chytilivá, Forman y en el de muchos más, al principio de los años setenta se le prohibió hacer cine. Después, en la década de los ochenta, filmó una serie de espléndidas comedias (Vesničkomá středisková "Mi dulce pueblecito" obtuvo la nominación al Oscar). Últimamente se dedica a la dirección teatral".


Tres cosas. Una: Si alguien quiere saber mi opinión, una de las películas más hermosas que he visto en mi vida ha sido "Alondras en el alambre", filmada durante el invierno previo a la primavera de Praga del 68, con guión de Menzel y Hrabal y basada en relatos de éste ultimo, aunque su prohibición y las visicitudes derivadas de ello hicieron que no se pudiera ver hasta 1989. La empresa Intermedio (http://www.intermedio.net/web/), dedicada a rescatar joyas del cine no americano, la tiene comercializada, y comparando lo que da el visionado de esa película con lo que cuesta, es un regalo. Dos: Ver "Yo serví al rey de Inglaterra" es un deleite. Dos punto uno: Esto creo que ya lo he dicho antes más de una vez. Dos punto dos: Pido disculpas por ello. Tres: Esta semana, por pura casualidad ratoníl (ir de un lado a otro de la web, pinchando links y acabando donde menos te lo esperas sin saber realmente por qué) di con un corto de Menzel. Lo ví porque era de Menzel, claro, y me encontré con los diez minutos  que más embobado me han dejado y sobre los que más vueltas he dado en los últimos meses. Hay que tener en cuenta que soy un flojo, y según el día no hay dios que me aguante (y otros no hay perrito desvalido que me conmueva). Buscando qué era lo que había visto (porque necesitaba hacerme con ello físicamente) encontré que era  el corto con el que Jiri Menzel participó en el proyecto "Los diez próximos minutos" (Ten Minutes Older, 2002), llamado Okamžik (One moment), y en él Menzel realiza un homenaje a su actor preferido, Rudolf Hrušínský. Si es un homenaje, es el más bonito que he visto nunca; si es la historia de una vida, es la historia más reconfortante que he visto; si esto es parte de lo que es el cine, me quedo con esta parte y al resto que le den; una cosa es cierta, es una obra de arte, y es una puta maravilla.


¿De qué nos salvará la belleza? ¿Acaso debe salvarnos de algo? ¿Hacer soportable la vulgaridad de la vida es salvarnos de ella? ¿La belleza es algo más que disfrute estético y quedarse en eso sólo nos vuelve viejos? Quizá contestar a lo último que sí, nos salva de muchas cosas.


lunes, 27 de septiembre de 2010

Enamorado de Julie Christie y Delacroix

 La carretera no sólo está llena estos días de tractoristas intrépidos cargados con millones de uvas que salen de los caminos de tierra al sufrido y bananero asfalto de la carretera de Alcázar con un arrojo y un valor inusitados, sino que también hay muchos ciclistas, aunque ninguno como con el que me me he cruzado hoy, un ciclista vestido de spiderman, solitario y esforzado, peladeando entre viñas y jornaleros, un superhéroe en bici, solitario y triste, en mitad de la nada manchega, un ciclista vestido de spiderman a las nueve de la mañana. Es lo que tiene el campo solariego, que no hay muchos sitios donde ir lanzando telarañas y haciendo el tarzán y un superhéroe nunca tiene tiempo para él mismo, así que mucho menos para sacarse el carnet de conducir. Aún así, no era el verdadero spiderman. ¿Que cómo lo sé? Porque llevaba casco, pero de todos modos no le faltaba ni un detalle... También está llena de furgonetas repletas de gente cubierta de barro, con la cara cansada y gorras de loneta, furgonetas que avejentan sus prestaciones con un aspecto de vendimia dura y mal pagada (se comentan por ahí los jornales y las condiciones de trabajo y uno piensa en 1789 y en poner en el coche a La Polla Records en vez de The things we left behind de Blue Rodeo o Junky Star de Ryan Bingham; sé que en el cuadro de Delacroix yo o no saldría o si saliese sería malherido en el suelo y en todo caso siempre he sido carne de reeducación, pero aún así...). No sé cómo se espera a la uva este año, dulce, aguada o ácida. Nunca vendimié, aunque lo intenté, como todos los de mi generación; mi padre no me dejó, recuerdo que me dijo "teniendo trabajo en la lavandería no te pienso dejar ir a vendimiar, además, aunque yo no te pague lo mismo, me agradecerás que te ahorre el palizón que se van a dar tus amigos". No era sólo por el dinero que yo quería ir, que también, sino por la camaradería, por hacer algo así con ellos, aunque fuese desollarnos las manos con los pámpanos y el frío, aunque fuese currar como mulas desde antes de salir el sol y parar a media mañana a comer unas asquerosas gachas, necesitaba reafirmar mi abocetada conciencia proletaria siendo explotado por alguien que no fuese de mi familia, y si era junto a mis amigos, pues mejor; lo sé, era asquerosamente ingenuo, pero hace veinte años vendimiar era uno de los rituales de iniciación que se debían pasar obligatoriamente, ya fueses hombre o mujer, y yo aún no me había dado cuenta de que ese rito judeocristiano de "ganarás el pan con el sudor de tu frente"  ya llevaba tiempo haciéndolo (desde que tuve la altura suficiente para llenar yo sólo la lavadora industrial del taller) y que daba lo mismo vendimiar, limpiar edredones, planchar, servir copas o subirte a un andamio, pues nunca dejaríamos  de ser unos vulgares currantes (los trepas nunca vendimiaron, esos siempre tuvieron las cosas claras).  Hoy, en el 2010, en un pueblo cercano, están pagando 5€ al día por la recogida del ajo; lo del siglo XVIII y la revolución francesa ya no hace tanta gracia. En un periódico dicen que las barricadas ahora se levantan en Internet, si es un chiste no tiene gracia, y si no lo es entonces no entiendo nada; los pasquines tal vez sí vuelen por la red, pero las barricadas se levantan donde deben, es como el sexo, en internet es lo que quieras, vouyerismo, trepanación emocional, fascinación antropológica, alucinógeno oráculo de Delfos, pero sexo no es, así que las barricadas tampoco se levantan en internet, se levantará otra cosa, y perdón por el chiste fácil, pero barricadas no, y si es realmente así, necesito urgentemente una reconversión y dejar de una vez el siglo XX atrás. No se cuánto chorro de gente dicen las encuestas que no irá a la huelga, pero lo que asusta es el motivo que aducen, porque piensan que no solucionará nada; evidentemente, Europa ha alcanzado el Nirvana, el anaranjado y mecánico nirvana, la desfragmentación total, la oscuridad, así que cuando a uno le dan un palo en la oscuridad y le dan tantas vueltas que los sentidos se embotan hasta límites irreconocibles (que ríete tu del concepto alienación, tan de modé en estos tiempo) es normal que cuando uno se cabrea no sepa atizar a la piñata, palos de ciego le llaman, porque igual es que no tenemos ni puñetera idea de dónde está la piñata, o tal vez ésta es de hormigón y no se rompe... Quién sabe... A los niños les pasa, cuando no saben a qué están jugando dicen, paso de jugar...

Ayer volví a ver "Lugares comunes" de Adolfo Aristarain; al día que está uno, y por muchos años. Un millón de veces habría que ver las películas de Adolfo Aristarain para que cuando llegue el día en que al verlas pensemos que su discurso está desfasado o que ya no nos emociona, saber que ese es el día en que uno se ha de volar la tapa de los sesos o abrirse en canal practicando un modesto y honroso harakiri, porque ese será el día en que emocionalmente habremos muerto, ergo ya no valdremos para nada. Estos días he tenido también un atracón de Louis Malle, y no me quito el sombrero porque no tengo, y la genuflexión hace mucho que no la practico pero ha sido increible llorar a moco tendido viendo "Adiós muchachos" o "Un soplo en el corazón", y "Ascensor al cadalso" es un momumento negrísimo y hermoso, y "Mi cena con André" un tour de force más literario que cinematográfico (la película es únicamente la conversación de dos amigos, dos horas de cena...) pero cuando uno acaba de verla se dice a sí mismo, con un par... y acto seguido piensas en meterte entre pecho y espalda "Vania en la calle 42", pero por fortuna un espontáneo acto de lucidez hace on en tu cabeza y no lo haces y te duermes soñando con  adolescentes franceses y burgueses perdidamente enamorados del jazz y las mujeres... Sé que dentro de poco debería atreverme a ver de nuevo "Herida", pero aún no, prefiero dar el salto a la Nouvelle vague o a  Bergman...

Últimamente leo poco, lo reconozco, leo a hurtadillas y a trompicones, pero porque la literatura me ha desbordado, positiva y negativamente; en compensación (¿a qué?) veo películas. También he visto "Darling", de John Schlesinger, con Julie Christie derrochando belleza y arrojo, y menos mal que mi cabeza hervía con lo que estaba viendo, porque si no, si hubiera hecho caso a mí corazón, hubiera enloquecido de amor ante Julie Christie y hubiera perdido cualquier anclaje con la realidad, abocándome a un insano, lacerante y platónico amor hacia esa mujer que a punto ha estado de desbancar de mi mitológico altar a Rita Hayworth (ver con 15 años Gilda y con 18 La dama de Shangai es lo que tiene). Uno ve Darling y se pregunta, ¿qué hemos perdido por el camino?, 1965... No es que sea moderna la película, es que es impensable hoy en día que alguien haga algo así, narrativa, formal y estéticamente. (punto). Y Julie Christie... Pensé que mi corazón, en general, estaba medianamente fortalecido y que ya empezaba a controlar mi síndrome de Stendhal, y, en particular, si no había muerto tras "conocer" a Lara, y más concretamente tras ver la escena de Julie Christie en Doctor Zhivago con un traje rojo y negro, podía estar tranquilo, pero no. Dios, qué mujer... "Darling" es un seísmo, fílmico y emocional, y se estrenó hace 45 años. Claro que eso no es indicativo de nada, es el día a día. Igual es que he bajado mi nivel de tocapelotismo,  igual ya no me visto tan a menudo de Ebenezer Scrooge e Ignatius Reilly, igual es que mi flema ahora me la trago y sólo soy duro conmigo mismo, aunque sepa que eso tampoco es bueno. Soy benévolo con el pasado y paso del presente que no me interesa (el disco Roadsongs de The Derek Trucks Band es in-men-so, IN-MEN-SO -léase pensando en cómo lo diría José Luís López Vázquez-... al igual que God willin' & the creek don't rise de Ray Lamontagne and The Pariah Dogs... y prefiero leer a Pron, Jergovic o Piglia antes que a Follett, Verdon o Larsson). La semana pasada vi "Donde viven los monstruos" de Spike Jonze y, en vez de ponerle peros y pegas (que las tiene, como todo) me limité a disfrutarla como hacía tiempo que no disfrutaba de una película americana; al acabar la peli  me entraron ganas de irme a vivir a esa isla de monstruos caprichosos, brutos, ingenuos y sin ética a ritmo de All is love de karen O... También he visto algún que otro truño, o al menos cosas que no me han dicho nada, Visconti y "La caída de los dioses" casi me cuestan una rotura de cuello, y si la acabé fue más por cabezonería que por lucidez, porque a las tantas de la noche yo ya no sabía si estaba viendo una versión  nazi-freudiana de The rocky horror picture show sin canciones ni gracia o una de terror de la Hammer pero con nazis (y Freud, cómo no) de por medio...

Así que leo poco (pero bien), escribo menos aún, veo películas sin orden pero a tumba abierta, intento traspasar la librería y me hago todos los días 80 kilómetros cantando tonadas escritas a punto de pistola mientras sobrevivo a mí mismo en busca de un mal menor y los tractores inundan mis neuronas con su ritmo pesado y torpe, pero nunca consigo el propósito, la imagen sencilla, nunca desgajo la naranja, si acaso la escondo más, aunque me imagine en el asiento del copiloto a Adolfo Aristarain y detrás sentado a Louis Malle, echándome la bronca por olvidarme de lo importante.

viernes, 27 de marzo de 2009

"Las margaritas" de Vera Chytilová, 1966

1966... Un pequeña joya...
"Esta película está dedicada a aquellas personas que solo se indignan ante una lechuga pisoteada..."
Eso escribió Vera Chytilová para cerrar su película. Hasta 1975 no pudo volver a rodar. Al contrario que contemporáneos suyos como Milos Forman, Vera se negó a abandonar Checoslovaquia tras su invasión por parte de las fuerzas militares del Telón de acero en 1968.
40 años después esta película sigue siendo increiblemente asombrosa, tal vez la ingesta de años y años de cine convencional (narrativa y visualmente) haga parecer su visionado como dificil, pero, quién no quiere aprender otras formas de mirar y descubrir que se disfruta con ello...

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