Translate

Mostrando entradas con la etiqueta Benoit Jacquot. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Benoit Jacquot. Mostrar todas las entradas

jueves, 13 de febrero de 2020

Casanova, su último amor

En cierta secuencia de Casanova, su último amor (2019), de Benoit Jacquot, él y ella, ambos contendientes, o exploradores en la difusa niebla de los reflejos y el vaho de los desorientados sentimientos, Casanova (Vincent Lidon) y Marianne de Charpillon (Stacy Martin), se miran en un espejo. Juntos, en ese reflejo, pero separados, como quienes portan un filtro distinto de relación con la realidad, como quienes traducen del modo más impreciso lo que el otro siente. Es un espejo en una sombrerería. En su extraordinaria Caida libre, William Golding asociaba los sombreros con los sistemas o las diferentes concepciones de la vida o realidad: He colgado todos los sistemas en la pared como una hilera de sombreros inútiles. No encajan (…) Pero quiero llevar un sombrero en privado. Quiero comprender (…) Hay entre nosotros veinte modalidades de cambio, filtro y traducción. Marianne y Casanova portan dos sombreros distintos y hablan lenguas distintas. No hay intersección. No logran percibirse. Se tantean, se prueban, se aproximan, se eluden, retroceden, e incluso niegan lo que sienten. Hay quien le dice a Casanova, debió amarte mucho si te hizo sufrir tanto. Pero Casanova, supuesto experto en las lides amatorias, no lograba discernir en ese laberinto de emociones, en el que se sentía extraviado, confuso, superado por sus sentimientos y las circunstancias, y las pruebas con la que ella intenta comprobar qué siente. Pero entre lo que él siente y lo que ella discierne en sus actos, en ocasiones impetuosos, en otros elusivos, no es sino una escurridiza realidad a la que resulta difícil dotar de rasgos. Él no la entiende, ni se hace entender.
En cierta secuencia se desplazan, literalmente, por un laberinto, en el que Casanova realizará otro movimiento, acorde a un impulso, pero no hábil en cuanto reflejo de lo que siente. Avasalla, o siente ella que le avasalla. Las indirectas que ella planteaba como forma de decirle que quería compartir tiempo con él encuentran una respuesta que no sabe de sutilidades sino de un avasallamiento, signo no directo sino difuso ya que se convierte en equívoco. Es tan impulsivo que su acto no evidencia lo que siente. Aparenta lo contrario, la impaciencia del deseo que necesita ser satisfecho sin más. El ímpetu que cree percibir disposición en el asomo de receptividad, en la recuperación de una conversación amorosa al incluirse en el viaje que tiene él planeado con unos amigos. Disposición no es sinónimo de tanteo.
Durante la narración ella ha establecido unas pautas, con las que intenta discernir en la niebla que propicia el vaho de los propios sentimientos, y la desorientadora pantalla que representa Casanova. Por eso, intenta filtrar en los actos de Casanova el sentimiento del deseo proponiendo la suspensión de éste, pero no deja de colisionarse con su inconstancia, como él carece del sombrero adecuado para discernir en los actos de ella qué es representación, fingimiento interesado, o expresión de un sentimiento genuino. Uno y otro se pierden entre los reflejos, con la injerencia, por añadidura, de condicionantes o perspectivas ajenas, el amigo que, en el pasado, se sintió engañado por ella, o la madre, de Marianne, que establece su presión sobre los términos en qué debe plantearse la relación, sin que el sentimiento perjudique el beneficio comercial. El desconcierto de Casanova es tal que no logra distinguir en unos moratones el reflejo de una imposición. Su sentimiento le hace sentir vulnerable, y cree que quieren aprovecharse de esa fragilidad expuesta al descubierto. Uno y otra desconfían y se pierden entre los reflejos. En cierta secuencia, Casanova, junto a un amigo, camina en una alameda, envuelta en la niebla, con un horizonte difuso e indefinido. No sé dónde estamos, ni a dónde vamos. Casanova relata esta historia treinta años después. Así se inicia la narración. No se ve su rostro, solo el de la oyente. Su rostro se perdió treinta años atrás. Aquella relación no fue a ninguna parte, porque en ningún momento supo dónde estaba. Simplemente, se convirtió en un relato, surcado por la aflicción.

jueves, 31 de diciembre de 2015

Miradas sobre y en el cine estrenado en el 2015

Entre mis diez obras predilectas estrenadas en el 2015 destacaba dos documentales (National gallery, La mirada del silencio) que tienen en común la cuestión de cómo saber enfocar la mirada (sobre el arte y la realidad), otras dos (Foxcatcher, El francotirador) exploran unas miradas enajenadas (que representan a la tendencia más beligerante y rudimentariamente autoafirmativa de país; la segunda, como Centauros del desierto o Manhattan Sur, deslizándose en ese delicado territorio que confunde punta de vista e identificación con personaje protagonista y que suscita desbarres de miradas ofuscadas: eastwood siempre ha supuesto un gran desafío para el discernimiento), otra (El pequeño Quinquin) una mirada que pestañea perpleja e interrogante ante una realidad extraña y escurridiza, otra (Puro vicio) una mirada embriagada (en los márgenes de los sueños), otra (Dheepan) una mirada dolorida apresada en el pasado que se encuentra con la repetición de una conducta humana apresada en su recurrente inclinación a la violencia, otra (It follows) sobre una mirada que se forma y se enfrenta a la asunción de que la realidad puede ser vulnerada en cualquier momento, otra (Heimat) sobre una mirada que mira hacia el mundo exterior que aspira conocer y se queda replegada en su indeterminación y otra (La camarera Lynn) sobre una mirada que mira hacia el mundo exterior y logra asumir la necesidad de exponerse para poder seguir experimentando los momentos de sensación verdadera.
Cherry pie, de Lorenz Merz
Bernie, de Richard Linklater
Leviatán, de Andrei Zvyagintsev
Frío en julio,de Jim Mickle
Sicario, de Denis Villeneuve
El puente de los espías, de Steven Spielberg. Cinco o seis obras podrían haber integrado esa selección (Cherry pie, Bernie, Leviatán, Frio en julio, Sicario o El puente de los espías). No ha sido un año tan pródigo, entre lo estrenado, en obras excelentes, desde luego no como el año pasado (aunque haya obras que no he visto y que quizá pudiera considerarlas así). Sigue siendo primera nota a destacar que un amplio número de las obras más apasionantes producidas en este año o en años anteriores sigan sin estrenarse en nuestras pantallas. De todos modos, me parece que valía la pena destacar al menos otras treinta obras con remarcables cualidades. No están algunas de las obras que más entusiasmo han generado, como Mad Max-Fury road, The assassin, Del revés o El club. Me parecen interesantes logros las tres primeras, pero no me han suscitado ese orgasmo generalizado. La tercera, en cambio, me parece que se excede en la autocomplacencia de su mirada turbia y nihilista. Entre las obras que destaco hay interesantes reflexiones sobre la mirada, caso de Nightcrawler o Phoenix, en ambos reflejo de un tiempo, el presente (y la preponderancia de una mirada virtualizadora y enajenada), o de la recurrente relación (maquilladora) con la memoria histórica. En la gran obra de Linklater, Bernie, se establece una sagaz interrogante sobre cómo discernimos a la realidad o a los otros, y cómo nos presentamos a los demás (y en razón a qué), jugando ingeniosamente con los límites entre documental y ficción (del mismo modo que resulta complicado discernir quién es realmente Bernie, y muchos a nuestro alrededor). En Una nueva amiga, 45, y Fuerza mayor se replantean las miradas sobre una misma o sobre aquel con quien se convive, sobre la propia relación o sobre el propio deseo. Se pierde pie y se cambia el paso, o definitivamente te derrumbas. Tomorrowland es una sustanciosa reflexión sobre cómo miramos la realidad, si desde el derrotismo de la transformación social imposible o desde el impulso de acción transformadora.
Deuda de honor (The homesman), de Tommy Lee Jones
Corn island, de George Ovashili
45, de Andrew Haigh
Nightcrawler, de Dan Gilroy
3 corazones, de Benoit Jacquot
Gueros, de Alonso Ruizpalacios. Sicario o El puente de los espías también se vertebran sobre las miradas (de los diferentes y contrastados personajes, que implica distinta forma de mirar la realidad); pero también como desafían la nuestra desalojando los cómodos apoyos de nuestra tendencia a los maximalismos de las binarias posturas divergentes: el epílogo de El puente de los espías ha propiciado dudas y desconciertos (¿qué expresa a través de las dos miradas del personaje de Hanks?), y hay quien ve en el final de Sicario un apoyo de una ideología siniestra que alecciona el ojo por ojo (¿o es la desoladora conclusión de que la mirada recta e íntegra no deja de verse derrotada una y otra vez?. 'Whiplash', junto a 'El francotirador', fue la películas más controvertida: (¿Su conclusión suponía el apoyo de los planteamientos educativos del profesor de música o era, de nuevo, la conclusión desoladora de unos predominantes valores sociales que marcan la competitividad y por lo tanto redundan en la enajenación mediante la sugestión?. Spielberg (El puente de los espías), Mickle (con Somos lo que somos, pero sobre todo con Frío en julio) Zvyagintsev (Leviatán), Chazelle (Whiplash) o JC Chandor (El año más violento), recuperan un sentido de la puesta en escena clásica con admirable ingenio creativo (el placer de encontrar cineastas que utilizan un movimiento de cámara con significado, las elipsis, o el uso de luces y sombras: sus obras son un placer para la mirada que sabe leer esos recursos de puesta en escena).
El año más violento, de J.C Chandor
Phoenix, de Christian Petzold
Spectre, de Sam Mendes
Lost river, de Ryan Gosling
White god, de Kornel Mundruczo
Fuerza mayor, de Ruben Ostlund. En el otro extremo, George Ovashili, con Corn island, disuelve la trama y la clásica caracterización psicológica, dando predominancia a la naturaleza, las acciones, la materia y otra vivencia del tiempo: la mirada se desliza como un cuerpo que se funde. Merz adhiere la cámara al rostro de una emoción extraviada que no quiere desaparecer, mientras el relato se escurre en una deriva. Roy Andersson, en Una paloma se posó..., disgrega su narración fragmentada en múltiples relatos a través de encuadres que son viñetas: realidad transfigurada y fracturada. Es la mirada del exilio. Schipper y Ruizpalacios, en Victoria y Gueros, orquestan dos viajes urbanos que desentrañan la perdida de música vital en un relato que es deriva entre lo extraño, lo fronterizo y la orfandad. Miradas que no buscaban y que se enfrentan con sus sombras heridas, miradas que buscan y se enfrentan con el vacío de un modelo y la recuperación de una ilusión (y esta linda con la poesía en la mirada). Shyalaman, con La visita, realiza una mordaz subversión de una construcción de relato instituida en los últimos años (según la cámara que porta un personaje), pero también las apariencias, la noción de familia, los rituales sociales, la representación de la vejez y de las funciones corporales.
Whiplash, de Damien Chazelle
Una paloma se posó en una rama y reflexionó sobre la existencia, de Roy Andersson
71, de Yann Demange
Calabria, de Francesco Munzi
Victoria, de Sebastian Schipper
Mr Holmes, de Bill Condon. Tommy Lee Jones regenera el western con un relato espectral de poesía desolada (con ácido replanteamiento de los géneros en el género), Munzi ejecuta el subgénero de mafias con un seco grito de desolación (a través de una mirada que no encaja en el retrato y desencaja el conjunto), Alex Garland propulsa la ciencia ficción en unos territorios fértiles, tanto en atmósfera como reflexión (sobre las proyecciones del deseo y el sentimiento), desacostumbrados últimamente en un género más proclive a las superficies, Ryan Gosling destila una fascinante fábula de mirada fantástica transfiguradora con corrosiva mirada realista a una realidad económica y social en proceso de demolición, como Demange combina en 71 el terror con el thriller y lo bélico en un paisaje dominado también por las sombras que culmina con una mirada que rechaza tantas rivalidades y alambradas. Mendes completa con Spectre un admirable díptico que ha demolido un mito (Bond) atravesándolo con las sombras y los reflejos y arrancandolo de su escenario (de convenciones y de modelo rancio, de lo que representa; de la mirada que lo generó, la madre, y del escenario que lo configuró, la base, ambos destruidos, y lo reconvierte en una mirada que mira hacia la mujer y no a través de una pistola), y Jon Watts revitaliza el thriller jugando con las perspectivas del relato de un modo que no se queda atorado en los meros juegos formales, tan recurrente en los 90, sino que establece una incisiva relación sobre los azares y la vertiente siniestra de la realidad (cuando abres el encuadre de la vida), en un relato que prima las miradas y las acciones.
Una nueva amiga, de Francois Ozon
Tomorrowland, de Brad Bird
Somos lo que somos, de Jim Mickle
Ex machina, de Alex Garland
Coche policial, de Jon Watts
La visita, de M Night Shyalaman. Villeneuve despliega en Sicario un refinado sentido de la narración líquida (música y relato conjugado como dos pieles fundidas). Jacquot opta por una narración elíptica que refleja de modo sutil la contención del remolino de emociones que aturde y desgarra a los personajes que no pueden traslucir lo que les conmociona: su semblante debe permanecer como las máscaras en la tienda de antiguedades. El reflejo en el espejo debe ser opuesto al que se agita en su interior. Y una epísódica voz en off irrumpe fugazmente, como otro reflejo de esa absurda aleatoriedad, para puntuar la condición de personajes de una ficción incomprensible, sin autor, sin sentido, que les aboca a la desolación de un modo u otro Bill Condon sorprende con otro potente melodrama, Mr Holmes, porque tras la apariencia de un relato de cariz clásico modula una narración de sutil hilazón subterránea que adquiere condición alquimica en la conjugación de los dos tiempos (con ruptura estilistica elocuente en el momento álgido dramático), un relato que pone en cuestión una mirada, la mirada emblemática más certera, la de Sherlock Holmes, enfrentando su capacidad deductiva y asociativa a la incapacidad de apreciar las emociones en juego y sus consecuencias .Y, por último, la mirada más transgresora; la mirada del perro; en White god, la mirada que nos enfrenta a nuestra arrogancia e incapacidad de ver a los otros, o de pretender ajustar la realidad a nuestro capricho, a nuestra mirada torpe y ciega en el ensimismamiento estéril y dañino.

jueves, 24 de diciembre de 2015

24 bandas sonoras del 2015

1. Sicario. Johan Johansson 2. Black mass. Tom Holkenborg 3. It follows. Disasterpeace 4. El puente de los espías. Thomas Newman 5. Lejos de los hombres. Nick Cave & Warren Ellis. 6. The imitation game. Alexandre Desplat 7. Ex machina. Ben Salisbury, Geoff Barrow 8. Macbeth. Jed Kurzel 9. Mr. Holmes. Carter Burwell 10.Todo saldrá bien. Alexandre Desplat 11. Victoria. Nils Frahm 12. Sufragistas. Alexandre Desplat 13. La teoría del todo. Johan Johansson 14. 3 Corazones. Bruno Coulais 15. Puro vicio. Johnny Greenwood 16. Everest. Dario Marianelli 17. Slow west. Jed Kurzel 18. Lost river. Johnny Jewel 19. Man of Uncle. Daniel Pemberton 20. Mad Max: Fury road. Tom Holkenborg (Junkie XL) 21. Una nueva amiga. Philippe Rombi 22. Nightcrawler. James Newton Howard. 23. El despertar de la fuerza. John Williams 24. Tomorrowland. Michael Giacchino Una selección de excelentes y diversas bandas sonoras de películas estrenadas en el 2015. En primera línea, un modelo de integración entre modulación narrativa y música. Villeneuve se ha convertido en alumno ejemplar de Fincher en la utilización orgánica de la música, para la constitución de una narración líquida (aparte de confluencias en tratamientos lumínicos y cromáticos). Uno de los grandes, Newman, resurge con una gran banda sonora (de escasa presencia en la película: un modelo de sabia utilización de la ausencia de música como 'música'). 'It follows' y 'Ex machina' son dos ejemplos de sabia utilización de la música electrónica (la primera con una turbiedad pegajosa que se engarfia bajo la piel), Desplat demuestra con tres composiciones más porque es quizá el más grande compositor actual (y crea uno de los temas principales más vibrantemente pegadizos de los últimos años), como una vez más por qué Cave & Ellis es el duo creativo más singular y fascinante. Burwell vuelve a dar, con su reconocible singular sonido, otra bellísima delicada banda sonora, y el australiano Kerzel se revela como una admirable nueva incorporación en el paisaje de las bandas sonoras.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Miradas al cine del siglo XXI: Hoy el cine frances y sus diversas corrientes

Hoy a las 19:30, en la nueva sesión de Miradas al cine del siglo XXI (en Espacio Leer, c/Argumosa, 37), divagaremos alrededor de y sobre 3 corazones, Dheepan y Eden de, respectivamente, Jacquot, Audiard y Hansen-Love: Tres generaciones del cine francés alternativo. Haremos incursiones en la intermedia generación fantasma de Bonello, Desplechin, Dumont…y alguna que otra deriva sobre heterodoxias narrativas y despojamientos de estilo, sobre un cine de cuerpos, ausencias y presencias.

viernes, 30 de octubre de 2015

Actualización del curso Miradas al cine del siglo XXI

Actualización del curso Miradas al cine del siglo XXI, que impartimos Israel Paredes, Carlos Tejeda y yo. Se puede optar por la matrícula mensual o por las sesiones que se prefieran.
2 noviembre-De Heimat, de Edgar Reitz, a Victoria, de Sebastian Schipper y La camarera Lynn, de Ingo Haeb. Los planos secuencias y el cine impresionista. Las huellas del nuevo cine alemán (de los 70: Wenders, Herzog) 16 noviembre- 3 corazones, Dheepan y Eden. Entre Jacquot, Audiard y Hansen-Love: Tres generaciones del cine francés alternativo. La intermedia generación fantasma de Bonello, Desplechin, Dumont…Heterodoxias narrativas y despojamientos. Cine de cuerpos, ausencias y presencias.
23 noviembre-Sicario y el cine de Denis Villeneuve. Aproximación a las singularidades del cine canadiense- Spectre y el cine de Sam Mendes. El cine de los espías y los abismos de las apariencias. 30 noviembre – The assasin, de Hou Shio Shen y el cine de artes marciales – Slow west, de McLean y The homesman, de Tommy Lee Jones: ¿Revive el western? -Black mass, de Scott Cooper y la evolución de los gangsters (forajidos urbanos) en el cine. 7 diciembre- Langosta, de Lanthimos, y el cine griego. Conexiones con los encuadres taxidermistas del cine rumano y austríaco. Matricula: 40 euros mensuales. 100 trimestral. alexzarate14@gmail.com Tfno: 605 74 92 07

viernes, 28 de agosto de 2015

3 corazones

A veces, un contratiempo, puede propiciar que conozcas a quien consideras el amor de tu vida. A veces, un contratiempo, puede propiciar que no puedas acudir a la cita que podría proyectar el inicio de una relación con quien consideras el amor de tu vida. La vida es impredecible, y no depende sólo de nuestras voluntades. Y un giro de azar puede posibilitar que nuestra vida sea radicalmente distinta de lo que pudiera haber sido. Incluso, ay giros de azar que pueden ser retorcidos y pueden llegar a estrangular las vidas, los corazones, el símbolo depositario de los sentimientos, sin que se logre encontrar el calificativo adecuado para definir esa cruel aleatoriedad (o pauta, si la hay), pero resulta sangrante, aunque sea esa sangre no visible que se vacía en nuestro interior sumiéndonos en un desolado desamparo. En '3 corazónes' (3 coeurs, 2014), de Benoit Jacquot, Marc (Benoit Polvoorde), inspector de hacienda, pierde el último tren nocturno en un pueblo de provincias de calles silenciosas y solitarias. Pero el azar posibilita que conozca a Sylvie (Charlotte Ganisbourg), quien le ayuda a encontrar hotel, quien parece que no se encontraba, insatisfecha con una relación que no rompía, y hay una conversación que se gesta, una atracción que a ambos les ha electrocutado como una revelación. Y deciden citarse unos días después en París. Pero un diálogo que no lo es, entre quienes hablan lenguas distintas, y un sofoco que provoca un desmayo, propician que Marc llegue tarde a la cita.
Y ambos no habían intercambiado un modo de contacto: este es el reverso de la sublime 'Tú y yo' (1958), de Leo McCarey: no hay reencuentros catárticos. Es más, para retorcer más la posibilidad de que el corazón de su relación pueda latir (como ya tiene dificultades el propio Marc), no es que mientras, como en los casos de la pareja protagonista de la obra de McCarey, ambos mantengan otras relaciones con menor implicación sentimental, sino que Marc, en su lugar de trabajo, por un azar, por ser atento con una mujer que llora, conoce, sin saber el parentesco, a la hermana de Sylvie, Sophie (Chiara Mastroianni), dueña de una tienda de antiguedades, quien tampoco sabía cómo romper una relación, y se sienten atraídos, e inician una relación, que se consolida, y se reafirma con el matrimonio y el nacimiento de un hijo. Y el sentimiento aquel que se gestó con la otra hermana queda apartado en una vitrina de un rincón aparcado de una tienda de antiguedades de las entrañas que permanecen en sombras, pero agazapadas. Y años después se produce la fractura, el inevitable seismo, la perdida del paso, el extravío. Y cómo encajar esa poderosa emoción que sienten Marc y Sylvie cuando para ambas hermanas el amor que se profesan no tiene parangón con ningún otro. Cómo construir algo si generarías un daño irreparable.
En estos admirables pasajes, Jacquot opta por una narración elíptica que refleja de modo sutil la contención de ese remolino de emociones que aturde y desgarra a Marc y Sylvie. No pueden traslucir lo que les conmociona, su semblante debe permanecer como una de las máscaras en la tienda de antiguedades. El reflejo en el espejo, como ese espejo en el que Marc se mira en el escaparate de la tienda, y años después en la sombría soledad de su salón, debe ser opuesto al que se agita en su interior. Y una epísódica voz en off irrumpe fugazmente, como otro reflejo de esa absurda aleatoriedad, para puntuar la condición de personajes de una ficción incomprensible, sin autor, sin sentido, que les aboca a la desolación de un modo u otro. Y las emociones conducen sin rumbo, y los besos son desesperados entre las sombras de los objetos desechados, y los corazones pierden el paso. Pero siempre queda el sueño de saber lo que pudiera haber sido si aquel día, en aquel parque, hubiera llegado a tiempo, y ambos se hubieran sonreído, y hubieran decidido caminar juntos, no sólo en aquel parque, sino toda una vida. Los azares, los contratiempos, y no vives lo que soñabas vivir, o vives conforme con un insuficiente sucedáneo con el que no te atreves a romper, un reflejo en un escaparate, quizás difuso, como tu vida. Esta excelente obra, con extraordinaria banda sonora de Bruno Coulais, se estrenará el próximo 30 de octubre.

martes, 26 de marzo de 2013

En rodaje: Isabelle Huppert

 photo Villa_Amalia2_550_opt_zpsd678edd7.jpg Isabelle Huppert durante el rodaje de la muy sugerente 'Villa Amalia' (2009), de Benoit Jacquot. Una cautivadora obra tramada a través de acciones que hace música narrativa de una circunstancia y proceso emocional, de una ruptura y reinicio vital.

lunes, 31 de diciembre de 2012

6 Merrie melodies de ayer y de hoy: Las miasmas del poder 2012

Photobucket J Edgar, Clint Eastwood. Una narración construida sobre una falaz versión, la de quién practica el abuso del poder,un dominio del escenario que es dominio de la información, manipulación de la imagen conveniente, y la extorsión sobre cualquier 'desliz', factible de verguenza, sostenida sobre el miedo al quebranto de la imagen pública.Eastwood nos introduce en su mirada. Photobucket Cesar debe morir, Hermanos Taviani. La obra de ‘Julio Cesar’ de Shakespeare, representada en una cárcel, por unos ‘condenados’, unos convictos, se convierte en lúcido reflejo no sólo de las vidas concretas y conflictos de esos mismos presos, en cuya trama ven la que conforma su propia vida, sino que este relato de ambiciones y traiciones se erige en reflejo de esta sociedad de voraz adicción al poder, al éxito, a las conspiraciones y alianzas, entraña de la acerada e inclemente competitividad. Photobucket Adiós a la reina, Benoit Jacquot. Sidonie representa la voluntad servil que sólo aspiraba a ser cómo quien le fascinaba. O esa voluntad tan sugestionable del pueblo llano que sólo aspira, realmente, a invertir las posiciones (en las jerarquías del poder). Por eso, el fracaso de las revoluciones, el fracaso de una transformación radical. Photobucket Los idus de marzo, George Clooney. Las miserias de los tejemanejes políticos, y las heridas de la ilusión. La desoladora constatación, primero, de una imposibilidad, que la integridad no sólo no prevalezca, sino que difícil que encuentre algún resquicio en un escenario de conveniencias, y segundo, que la lucha para no quedar al margen, y quizás poder hacer factible las ilusiones genuinas ( o al menos seguir en el escenario), implica convertirte en algo semejante a un espectro. Photobucket Más allá de las colinas, Cristian Mungiu. El ‘padre’ de la comunidad religiosa(otro reflejo de un patriarcado social ciego y ajeno, como ya se reflejaba en la anterior obra), busca quitarse el problema de cualquier modo, porque no quiere tenerla entre las mujeres que conforman su comunidad para seguir con la rutina de sus rituales que no sabe de horizontes ( su orgullo al decir que nunca ha estado en el extranjero, ‘más allá de las colinas’) y no hay manera de colocársela a nadie, sea con algún familiar, que no tiene, o en otra institución, no encuentra otra solución que hacer exorcismo, para ‘acallar’ al ‘cuerpo extraño’. No refleja sino su impotencia e incapacidad tanto de comprender como de buscar soluciones razonables. Photobucket Cosmopolis, David Cronenberg. La limusina podría ser la mente de este billonario, emblema del empresario de este capitalismo depredador que nos domina. Es el espacio móvil de su delirio paranoico desquiciado, o la representación del enajenamiento ya agudo de quien habita el mundo como si este girara alrededor de él, una pantalla que pudiera manipular a su capricho o conveniencia.