La vida de Leonardo da Vinci (La vita di
Leonardo da Vinci, 1971)
Renato
Castellani, el que fuera uno de los directores sobresalientes de la corriente
denominada «neorrealismo rosa» —por no decir su creador—, con una tetralogía de
comedias que parten de la base del neorrealismo (Bajo el sol de Roma,
Es primavera, Dos céntimos de esperanza y Si
tú estuvieras), finaliza su carrera con series de televisión históricas
entre las que destacan La vida de Leonardo da Vinci y Verdi.
La
primera de ellas consta de cinco capítulos dedicados a la vida y obra de
Leonardo (interpretado por Philippe Leroy) desde su nacimiento en 1452 en
Vinci, cerca de Florencia, hasta su muerte en Francia en 1519. Es una docuserie
con un narrador (Giulio Bosetti) que Castellani lo incluye en la puesta en
escena y lo mezcla con la acción en una alarde brechtiano en el que
incluso interactúa a veces con los personajes.
Castellani
trata de ser lo más verídico posible, utiliza documentos, cartas, archivos y
los famosos tratados de Da Vinci (de anatomía, de botánica, arquitectura, ingeniería,
etc.) para explicar no sólo la obra de Leonardo, sino su curiosidad por todos
los fenómenos de la naturaleza, y también su vida íntima, sus relaciones con
las personas a las que conoció, siempre de una manera rigurosa.

En
cuanto a la obra, la serie se detiene en algunos hitos de la pintura de
Leonardo para explicar las vicisitudes que acompañaron al genio renacentista a
la hora de llevarlas a cabo. Destacan los episodios y la secuencias relativas a
La Virgen de las Rocas, Santa Ana, La Virgen y el Niño Jesús o,
especialmente, las dedicadas a La última cena, donde el director va más
allá y describe la estructura de la
pintura, la perspectiva, sus personajes y los acontecimientos en la vida de la
obra hasta nuestros días. En este sentido, es curioso como La Gioconda aparece
medio tapada, otras veces descubierta en su caballete, pero siempre acompañando
a Leonardo en sus distintos viajes, aunque nunca se habla de ella de forma
explícita (ya tendrá una miniserie de Castellani más adelante dedicada exclusivamente al célebre cuadro).
Castellani
también se interesa por los inventos de Leonardo (el carro de combate, el avión,
etc.), sobre todo los relativos a las soluciones a problemas militares de la época.
Destaca el episodio donde detalla el descubrimiento del submarino y el abandono
del proyecto cuando se da cuenta de lo terrible del invento en manos de
personas sin escrúpulos, como si fuera un adelanto a los problemas con otros ingenios
militares actuales como la bomba atómica.
Verdi (1982)
Diez
años después de realizar La vida de Leonardo da Vinci, Castellani
se embarca en un proyecto televisivo aún más ambicioso: Verdi, a
la sazón su última obra. El director aborda la vida del músico italiano
Giuseppe Verdi desde su nacimiento en Busseto, en 1813, hasta su muerte en Milán
en 1901. La serie, excelente, consta de siete capítulos de casi una hora y
media de duración cada uno, que describen de forma muy sentida y respetuosa la
vida del célebre compositor en su querida Busseto y en sus residencias de Milán
y París.
La
serie, muy completa, se halla narrada esta vez de una forma más convencional —aunque
salpicada de vez en cuando con guiños al espectador cuando los personajes
interactúan con él, mirando a la cámara o hablando con ella—, con la voice
over de Burt Lancaster que explica con mucho detalle la vida del músico (interpretado
por Ronald Pickup) y las difíciles relaciones con su padre Carlo Verdi (Omero
Antonutti); las más afectivas, dentro de su carácter reservado, con sus dos mujeres:
Margherita Barezzi (Daria Nicolodi) y Giuseppina Strepponi (Carla Fracci); la
de amistad con Muzio (Enzo Cerusico), su alumno y copista; y, sobre todo, la
relación con Antonio Barezzi (Giampiero Albertini), su suegro, protector, benefactor
y, en definitiva, su segundo padre.
No
obstante, lo más destacado de la serie es la obra de Verdi. Castellani lo sabe
y se para en cada una de las más de veinte óperas que compuso el músico. Algunas
las muestra durante los ensayos, otras en los estrenos, desde bambalinas, desde
las butacas o desde los palcos, algunas se oyen en el momento de la
composición, otras de fondo mientras vemos a Verdi trabajando, etc. De esta
forma la narrativa es variada, nada monótona y se disfruta doblemente, por la
música, pero también por la puesta en escena.

Claro
que el director conoce la trascendencia de algunas de las obras de Verdi y las
destaca especialmente dedicándoles más tiempo a unas que a otras. Así, desde la
temprana Nabucco hasta las últimas Aida, Otelo y Falstaff,
pasando por la trilogía popular, Rigoletto, El trovador y La
traviata, sobresalen todas por su belleza, pero también por la importancia
musical que supusieron en su día. Una evolución que explica el director cuando
la compara con la obra del coetáneo Wagner. Esa interesante competencia en vida
no lo fue tanto a la hora de sentar las bases de la ópera moderna, ya que los
principios de ambos, revolucionarios en cuanto a la música y a la ópera en
particular, eran los mismos: una creación global, un drama musical en su
conjunto, no un desfile individual de arias y canciones.
Al
tiempo que el realizador se ocupa de la obra de Verdi, presenta también la historia
de Italia: de cómo las óperas del músico
tuvieron su importancia en el movimiento del Risorgimento, como estandartes
que llevaron en volandas al pueblo hasta la independencia de la nación. El
propio Verdi fue diputado y senador cuando la unificación italiana ya era un
hecho.
Serie, por tanto, excelente, se podría decir que es la obra maestra de
Castellani para la televisión. Muy disfrutable cada capítulo para los
aficionados a la ópera, pero también interesante para el resto de espectadores.