HELPLESSNESS BLUES (2011)

Con un día de retraso hago esta humilde crónica del concierto que cerraba la edición anual del Primavera Club, con Vetiver y Fleet Foxes como protagonistas, por problemas de salud que espero solucionar hoy poniéndome en manos de un buen fisioterapeuta que posiblemente me va a costar un riñón pero será por una buena causa. Es curioso porque el hecho de haber aparcado este escrito una jornada, me ha despertado todavía más el gusto y la rendición por el sexteto de Seattle (Wsashington) que evidentemente, ejerció de cabeza de cartel. Hoy a diferencia de anteayer que tenía la cabeza fija en los dolores, puedo decir que el concierto que pudimos presenciar fue un puro lujo y que quizás estos tipos tengan uno de los mejores directos que se pueden presenciar hoy en día...musicalmente hablando. Digo eso porque su presencia sobre el escenario es cautivadora por sencilla pero calculada, ejercen su papel de banda mayúscula a la perfección y todo suena en su sitio con un sonido impecable, pero su interactuación con el público es nula, más sosa que la calabaza y se mueven menos que Don Pin-Pon en una cama de velcro. Aún con todo, esta impresión responde más a una cuestión personal de que nunca digo nada malo de nadie y creo que es justo que comente eso para hacer honor a la verdad, pero poco importa por no decir nada, pues uno paga una entrada para ver el traslado de lo que ha escuchado en disco al escenario y ahí cumplen a la perfección como una precisa máquina, tanto que parecen tan delicados y profesionales como un cirujano judío haciendo la circuncisión en día de varnish va. Tan solo tienen eso como hándicap para que su directo no me entusiasme tanto como el de, por ejemplo, Band Of Horses, pero lo suplen bien con esa perfección sonora, con esa voces que suenan tan bien que no tengo ni adjetivos, solo se me ocurre el nombre de Simon & Garfunkel como parangón. Pero bueno, mejor paso a lo bueno, el repertorio, el ambiente y las sensaciones positivas.

Tras sacar fuerzas de flaqueza para soportar el dolor, me chuté un analgésico y llegué puntual para quedar con Atticus, Victor y el gran Uri (responsable del genial blog 'Me suena que lo he leído'), a quién tuve la fortuna de conocer en persona y que como ya sospechaba es mas majo que las pesetas, una persona con la que puedes hablar de todo y que encima tiene un gran sentido del humor. Así da gusto ir a echarse una cerveza antes que hacer aquella considerable cola que al llegar se había transformado en kilométrica. Buscamos sitio tras probar de quedar con los no menos salaos, Genís, Julia y Vanessa, con los que al menos nos consoló el hecho de vernos en el descanso entre una banda y otra y unos minutillos a la finalización del concierto para flotar en la misma nube de emoción por la experiencia, y allí nos aposentamos, en la planta de arriba en un buen rincón donde había una vista privilegiada.

Puntuales como la vida misma salieron a efectuar su bolo Vetiver, ese proyecto liderado por Andy Cabic que cada día se aleja más de los postulados de su buen amigo Devendra Banhart. Con nuevo trabajo bajo el brazo, el interesante 'The errant charm', en el que basaron buena parte del repertorio, los de San Francisco (California) ofrecieron un directo digno, pero algo rígido y plano, bello, sutil pero falto de chispa quizás, que agradó pero que posiblemente por el miedo escénico de tocar en un lugar tan sobrio, como ellos mismo comentaron, se quedó un tanto descafeínado. De hecho varias canciones sonaron peor que en disco, amansadas, carentes de ese desenfado folk que tan bien logran plasmar en el estudio de grabación. Comenzaron con tres cortes lentos que a pesar de no dar el calor suficiente como para que el público se animara, les quedaron la mar de bien porque calidad tienen de sobra y luego estiraron un poco el repertorio para acariciar un poco las coordenadas del folk-rock, con pulso riguroso y gustándose a si mismos, la pena es que cuando empezaban a estar caldeados, la cosa tocaba su fin. Cayeron si no recuerdo mal, "Worse for wear", "Can't you tell", que inció ese arranque que prometía pero que como digo no acabó de cuajar por falta de tiempo, "Wonder why", en fin, un repertorio que mezcló bien lo que mejor se les da y que a mi personalmente, insisto, no me acabó de llenar, aunque quizás en otro marco y en soledad...

En busca de algo que comer porque teníamos un hambre de lobo, Víctor y un servidor, nos bajamos a la planta de abajo donde casualidades bien recibidas de la vida, nos encontramos a Genís, Vanessa y Julia, que estuvieron un rato con nosotros intercambiando impresiones mientras nos reíamos del parecido razonable de un tipo con el baloncestista Pau Gasol (con unos 30 cms menos, todo sea dicho) y que resultó ser el cantante de un grupo estatal que a ellos les gustaba bastante, llamado Olivemoon. Chorradas al margen, ya se acercaba el momento esperado y volvimos sin habernos atrevido a meternos en la odisea de la cola para comprar comida. Se apagaron la luces y ahí estaban los seis ídolos de la noche tras una puesta en escena simple.

"The cascades" y todos en el bolsillo del bueno de Robin 'de los bosques' Pecknold. Tienen un poder evocador que solo necesita sostenerse en las notas de ese piano/órgano, la batería del gran (en todos los sentidos pues tiene percha de jugador de rugby) J.Tillman (excelentes sus discos en solitario), o los mil y un instrumentos que toca el hiperactivo (solo en ese sentido) Morgan Henderson. Su música te atrapa, sus voces, como decía antes, son pura magia, te acompañan en la visualización, en el movimiento por inercia de los pies y las manos, en la emoción de estar viendo algo que sin saber porque te hace creer que eres mejor persona por el mero hecho de disfrutarlo y sin importante de que sea cierto o no. Te llevan a terrenos de tu propia mente que están sin explorar y consiguen que te olvides de todo lo que no trae paz a tu interior. Son un lujo.

Poco a poco fueron interpretando sin casi descanso y con tímida pasión, piezas de sus dos únicos discos publicados hasta el momento en una actuación que no pasó de la hora y media y ante un respetable que pecó un pelín de conformismo, pues tampoco ayudó mucho a ese deje complaciente de la banda, a esa desidia que tienen como artistas en el cara a cara, parcos en palabras hasta entre ellos. Igualmente la atmósfera que se creó en la sala Pau Casals del auditorio fue ensoñadora, sin necesidad de que atendiéramos a esas proyecciones minimalistas y testimoniales que se podían observar en la pantalla gigante ubicada sobre el grupo. Un acústica que solo he podido disfrutar en el Palau de la Música Catalana y que vino de fábula para que su propuesta entrara directa al oído, bajará a los labios para poder tararearla y cubriera el corazón de una fina capa de melosidad. Algo inolvidable que quizás no pase a ser el mejor concierto que he visto jamás, pero que en su transcurso fue memorable. Como único lunar a la elección del cancionero elegido para la ocasión, solo pondría un ligero reproche y es que no sonará "Montezuma", la magnífica pista que abre su última obra, quitado eso...

"Bedouin dress", "The shrine/An argument", "Blue spotted tail", "Helplessness blues", "Lorelai", "Blue ridge mountains", Ragged wood", "White winter hymnal", "He doesn't why", "Sim sala bim", "The plains/Bitter dancer", "Your protector", "Red squirrel/Sun it rises", "Battery kinze" y mi favorita "Mykonos", por poner solo unos ejemplos del extenso set-list, sonaron enormes, que digo enormes, monumentales! y todo lo demás es pecata minuta. Fleet Foxes son tan grandes que no hace falta ni que hablen, solo es necesario que conserven esa forma de cantar y esa sensibilidad suprema. Con esa bella idea nos fuimos todos raudos y veloces ha coger el metro para llegar a casa con una amplia sonrisa. Y quizás esta ha sido una de las crónicas más pobres que he escrito (si es que hay alguna que sea rica), pero para eso mi buena colega Atticus (por cierto, todas la fotografías de este post, son cortesía de ella), ha escrito una en su blog que puedo enlazar y que deja a la altura del betún a ésta, así que os animo no solo a leerla, si no a que os metáis en comentarios de ese post y leáis también lo que dijo Uri ayer, con mucho, mucho tino, que resume muy bien lo que quiero expresar y que por bobo no sé escribir de un modo que se entienda fácil. También dejo el último álbum de estos monstruos por si alguien no ha llegado a ellos todavía.
http://melomaniasinremedio.blogspot.com/2011/11/grown-ocean-fleet-foxes.html