lunes, 12 de enero de 2026
EL HIDALGO DE LOS MARES (Captain Horatio Hornblower, R.N. de Raoul Walsh, 1951)
domingo, 21 de abril de 2024
EL AUTOREMAKE EN EL CINE. CAPÍTULO III (III)
La elección del elenco de Dama por un día no estuvo exenta de complicación, todo debido a la
política de la Columbia de pedir prestado a los actores. El estudio quería a
Marie Dressler para hacer de Annie, a James Cagney o a Robert Montgomery para
el papel de Dandi, y a W.C. Fields para el de Juez. Los tres primeros procedían
de la MGM y se descartaron por una experiencia negativa muy reciente de Capra
con Irving Thalberg.[1] Como tampoco llegó a buen
término la contratación de Fields, que estaba sujeto a la Paramount, decidieron
tirar de la Warner como principal proveedora de artistas. Así, el protagonista
de Lady for a Day (Warren William) y
dos de los principales secundarios (Ned Sparks y Guy Kibbee) finalmente fueron
suministrados por el estudio que regentaba Jack Warner.[2]
La decisión de Harry Cohn fue providencial porque los tres actores están estupendos. En ellos descansan los momentos más simpáticos de la película y de sus bocas salen las frases más ingeniosas de Riskin con la espontaneidad y naturalidad que requiere la comedia. Estamos de acuerdo con la opinión de Capra acerca del trabajo de Warren William (3.3) cuando dice que hace un Dandi demasiado “simpático”,[3] aunque eso no empaña su labor al manejar cada situación que se le presenta con la seriedad que se le supone al personaje, manteniendo siempre el control y gestionando su papel dignamente a lo largo de todo el metraje.
La actuación de Ned Sparks es igual de correcta (3.4), la acidez de su personaje es un antecedente claro a los que brillarían en pantalla años después de la mano de Billy Wilder. Pero quizás, la sorpresa más agradable sea la de Guy Kibbee. El veterano actor se hace con un registro contrario al que solía interpretar en los musicales de la Warner cuando se mostraba nervioso y casi siempre sobreactuado. Ahora no nos imaginamos a otro “Juez” que a Kibbee. La serenidad que transmite al representar su papel especular (el actor que interpreta a un personaje que a su vez actúa) es de lo mejor del largometraje; y las dos secuencias donde juega al billar, la de su presentación y cuando se apuesta la dote de la novia, son de las destacadas del filme (3.5 y 3.6).
Gracias a la decisión de Capra y Harry Cohn de contratar a actores, digamos, con menos personalidad que los Cagney, Marie Dressler o W.C. Fields, la película funciona tan bien. Es una cinta sin un protagonista claro donde nadie destaca especialmente, donde la sinergia triunfa por encima de cualquier fuerte personalidad, tanto en la trama como en la forma de dirigir de Capra: “Sentíamos que todos, el equipo artístico y el equipo técnico, estábamos trabajando para la consecución de un film común. Mr. Capra nos sacó lo mejor de nosotros mismos. Creo que deberían nombrarle ‘director’ de las Naciones Unidas” (opinión de Jean Arthur citada en Moix 1996, p.1102, acerca del método de trabajo de Frank Capra).
Leer el capítulo desde el inicio
[1] La película
se iba a llamar Soviet. Un proyecto
que le acarreó más de un disgusto a Capra años después a causa de la “caza de
brujas”. El director estuvo trabajando cuatro meses en él, justo antes de Dama por un día, hasta que finalmente
fue desechado.
[2] Los
tres habían participado ese mismo año en el excelente musical Vampiresas 1933 (Gold Diggers of 1933 de Mervyn LeRoy) con la famosa coreografía
caleidoscópica de Busby Berkeley.
[3] Capra lo achacaba a la manía que tienen los actores de leer el final del guion y actuar todo el rato “como si estuvieran en la última escena” (McBride 2011, p.300).
domingo, 14 de mayo de 2023
2 X 1: "PRIVATE DETECTIVE 62" y "MATANDO EN LA SOMBRA" (Michael Curtiz) (II)
Private Detective 62 (1933)
El
gran director Michael Curtiz tuvo una de las filmografías más extensas y de
mayor calidad del universo cinematográfico que ahora llamamos cine clásico. De todas
sus películas destacan aquellas que dirigió en el seno de la Warner Brothers.
De origen húngaro, Curtiz llamó la atención de Jack Warner allá por los años
veinte cuando veía lo bien que se desenvolvía el realizador en Austria dirigiendo
películas épicas (Esclava Reina, Sansón
y Dalila, Sodoma y Gomorra, etc.). Cuando lo contrató, el
productor seguramente ya tenía en mente encargarle El arca de Noé
(Noah’s Ark, 1928), una cinta estilo DeMille con la que prácticamente se
decía adiós al cine mudo.
Pero a Curtiz no solo se le daban bien las superproducciones, enseguida demostró su habilidad para todo tipo de estructuras narrativas. Se quedó en la Warner y ellos que salieron ganando. Dos ejemplos de aquellos filmes tan bien realizados son los policíacos que dirigió en los primeros años treinta con William Powell de protagonista:
En Private Detective 62, el primero de ellos, Powell es Donald Free, el detective privado del título. Después de haber caído en desgracia por haber sido declarado persona non grata en Francia, Free tampoco tiene demasiada suerte al asociarse con Dan Hogan, un colega con pocos escrúpulos, que sigue las instrucciones del dueño de un casino. Free reacciona cuando Hogan y el mafioso planean engañar a una joven a la que el segundo debe mucho dinero.
Entretenido filme, que Curtiz realiza sin muchos medios, al estilo de las películas de serie B, pero con un ritmo muy rápido, una narrativa casi perfecta y un dominio de las elipsis prodigioso. Así, Curtiz es capaz de pasar de un país a otro en pocas secuencias mientras el protagonista se mete en problemas, lo detienen, lo juzgan, viaja en un barco, escapa de él y busca trabajo.
El caso de Curtiz no deja de ser curioso porque le sucedió lo contrario que a la mayoría de directores: de especialista en rodar largometrajes colosalistas, con grandes medios, superproducciones costosas del cine mudo, pasó a dirigir películas de escaso presupuesto, policíacos, dramas, comedias, cintas de aventuras, es decir, de cualquier género, pero siempre con su sello de realizador imaginativo, que manejaba ⸺y acaso inventaba⸺ todos los recursos cinematográficos para convertirse en uno de los que cambió el cine norteamericano para siempre.
Matando en la sombra (The
Kennel Murder Case, 1933)
El segundo de los filmes que
Curtiz dirigió en 1933 con William Powell al frente del reparto fue Matando
en la sombra, adaptación para la gran pantalla de la novela homónima de
S.S. Van Dine, creador del personaje protagonista, el detective Philo Vance:
Vance sospecha que el suicidio de un magnate y coleccionista de cerámica china es en realidad un asesinato. La lista de sospechosos (la sobrina, la amante, la pareja de la amante, el secretario, el cocinero chino, el mayordomo que no falte, el hermano, etc.) es extensa debido al mal carácter del finado y a sus chanchullos comerciales, pero la solución del caso se presenta complicada, ya que la víctima se hallaba en un cuarto cerrado por dentro.
Entretenida trama donde todos tenían motivos para matar a la víctima; donde un jarrón chino y una daga son las claves del misterio; y donde la policía se deja aconsejar ⸺y mandar⸺ por un detective famoso, al estilo de las novelas de Sherlock Holmes o Agatha Christie.
La cinta es un ejemplo del típico
misterio locked-room o habitación cerrada, también llamado “crimen
imposible”. Es, sin duda, la mejor de la larga serie de películas que se
realizaron sobre la figura del detective Philo Vance ⸺en 1940 se hizo un remake
titulado Calling Philo Vance (William Clemens)⸺; Matando en
la sombra es la quinta de la saga, la cuarta y última protagonizada por
William Powell, y la única dirigida por Michael Curtiz, con su acostumbrada
maestría.
La película es un pre-noir donde ya hay algunos estilemas del género que se desarrollaría en los años cuarenta, con la presencia de William Powell ⸺y de Mary Astor, futura femme fatale⸺ un año antes del éxito La cena de los acusados (The Thin Man, W.S. Van Dyke, 1934), que iniciaría otra larga serie de películas inolvidables con Powell, Myrna Loy y el perrito Asta, que por cierto también actúa en Matando en la sombra.
domingo, 23 de enero de 2022
EL AUTOREMAKE EN EL CINE. CAPÍTULO V (VI)
5.1.2. Juntos hasta la muerte (Colorado
Territory de Raoul Walsh, 1949).
Si en la decisión
de filmar One Sunday Afternoon no
participó Walsh, no ocurrió lo mismo con Juntos
hasta la muerte: Tras rodar Fighter
Squadron (1948), película en la que debutaba un joven actor llamado Rock
Hudson, Walsh estuvo a punto de implicarse en Montana.[4] Después de dirigir algunas
escenas de acción, el cineasta abandonó la producción, pero no el deseo de
realizar un western.
Walsh, habituado, como decimos, a la política de repetición sistemática del estudio se planteó volver a El último refugio, pero cambiando el género. Aprovechando que Jack Warner no hacía otra cosa que rechazar guiones, que “estaba atascado, sin tener claro cuál sería el siguiente lanzamiento”, le propuso la idea y éste le contestó: “De acuerdo, empiezas mañana” (Moss 2011, p.283).
Sin dudar de que las cosas sucediesen de esa forma, hay un hecho que pudo ser definitivo para que Warner tomara la decisión: ese mismo año, el estudio ya había probado con éxito la fórmula propuesta por Walsh de transformar una trama policíaca en una película del oeste. Nos referimos a South of St. Louis (Ray Enright, 1949), un western que retomaba la historia de gánsteres de Walsh, Los violentos años veinte (1939), y que también contaba con el protagonismo de Joel McCrea y Dorothy Malone.
Demasiados puntos en común entre South of St. Louis y Juntos hasta la muerte para que en la
determinación de filmar la segunda no hubiese intervenido la experiencia de la
primera (de hecho, el primer título que se barajó para el remake de High Sierra fue
el de North of the Rio Grande, sospechosamente
parecido al del largometraje de Enright). Lo que no está claro es si Walsh
también se dejó influenciar por South of
St. Louis o si la propia historia de El último refugio, con un final tan afín a las películas del oeste, fue suficiente
para sugerir el cambio de género.
En cualquier caso, la trama de Colorado Territory, que así se llamó definitivamente el remake (aquí se tituló Juntos hasta la muerte), es esencialmente la misma que la de El último refugio. John Twist y Edmund H. North fueron los encargados de reescribir el guion de Huston y Burnett para adaptarlo al nuevo género: El gánster Roy Earle se convierte ahora en el pistolero Wes McQueen (Joel McCrea). McQueen sale de la cárcel para dar el último golpe antes de retirarse. Se trata de un robo planeado por su viejo amigo Dave que se está muriendo. Para llevar a cabo el trabajo, Wes se alía con Duke y Reno, dos bandidos que se pelean por la mestiza Colorado (Virginia Mayo). Al tiempo que prepara el robo, Wes se enamora de Julie Anne (Dorothy Malone) la hija del colono Fred Winslow (Henry Hull).[5] Tanto el golpe como Julie Anne se tuercen. Wes huye con el botín y con Colorado hasta que los agentes de la ley los acorralan y acribillan en los aledaños de un poblado fantasma.
Como vemos, el argumento de Juntos hasta la muerte es calcado al del filme original. Digamos que el esqueleto, el armazón por el que se sustenta la cinta, es el de El último refugio, mientras que las diferencias se encuentran en el relleno.
Leer el capítulo desde el inicio.
[1]
Aparte de las cintas dirigidas por Raoul Walsh, hay multitud de ejemplos: Castle on the Hudson (1940) es un remake de Veinte mil años en Sing Sing (1932), Escape to the Desert (1945) es una versión de El bosque petrificado (1936), The
Unfaithful (1947) repite la historia de La
Carta (1940), etcétera.
[2] Ambos
filmes, La Pelirroja y One Sunday Afternoon, se basan en la
obra de teatro de James Hagan y son sendos remakes
de La mujer preferida (One Sunday Afternoon de Stephen Roberts,
1933). Las dos películas de Walsh reúnen, por tanto, las condiciones para haber
sido abordadas en el presente ensayo, sin embargo hemos preferido obviarlas al
alejarse de la temática (películas de itinerario y de acción) que relacionan a las cuatro cintas objeto de
análisis en este capítulo.
[3] Walsh
solía decir que La Pelirroja era su
película preferida.
[4] Montana la finalizó Ray Enright y no se
estrenó hasta 1950.
[5] Henry Hull, el veterano
secundario, repite colaboración con Walsh, si bien, en Juntos hasta la muerte hace de colono y en El último refugio de doctor. Luego veremos que también actuó en Objetivo: Birmania.
miércoles, 27 de octubre de 2021
EL AUTOREMAKE EN EL CINE. CAPÍTULO V (V)
En el cine de
Walsh la presencia de las mujeres es fundamental y en la mayoría de las
ocasiones son decisivas en el devenir de la trama. Se puede decir que el éxito
de la pareja es el gran tema en la filmografía del director. Como Fritz Lang o
Nicholas Ray, Walsh ocupa mucho metraje en sus cintas en presentar las dificultades
que atraviesan los amantes en un mundo hostil hacia ellos. Más optimista que
sus colegas, Walsh suele rematar sus historias con finales felices donde el
amor siempre sale triunfante. En High Sierra,
sin embargo, el realizador se acerca más a Lang y a Ray gracias a un final tan
trágico como romántico. Una conclusión que no gustó al director, pero que no
tuvo más remedio que aceptar dado el rígido código de censura establecido que
prohibía que el gánster se saliera con la suya.
Como Bogart,
Ida Lupino da lo mejor de sí misma en un papel que incluso supera al de La pasión ciega. La relación entre ella
y Bogart trascendió la pantalla para convertirse en rumor de romance, en un affaire que, a diferencia del que tuvo
el actor con Lauren Bacall en Tener y no tener, nunca llegó a cuajar debido a la enemistad que surgió entre ellos en
los últimos días de filmación. La vanidad fue la causa del enfrentamiento: Jack
Warner quería que Ida Lupino encabezase los créditos y Bogart deseaba lo
contrario.[1] Bogart sabía que llevaba
las de perder y la tomó con ella: le hizo la vida imposible hasta que finalizó
el rodaje. Tal fue el enfado de Lupino que prometió no volver a trabajar nunca
más con Bogart.[2]
Hemos dicho que Walsh poco pudo hacer por variar el casting, sólo en el caso de Joan Leslie influyó algo cuando dirigió las pruebas que se le hicieron a la joven, en realidad una adolescente. Leslie cumplió perfectamente con su cometido interpretando a la egoísta Velma en sus dos vertientes, la de la frágil disminuida física de la primera parte y la de la desagradecida joven del final. Walsh protegió a Joan Leslie hasta el punto de no permitir que se dijeran palabrotas cuando la quinceañera, “the young lady”, estaba presente (Moss 2011, p.192) y es que Walsh en aquel tiempo tenía una hija de la misma edad.
Aunque visualmente por lo que más se recuerda el largometraje es por las tomas de la persecución en la ascensión a Mount Whitney (5.11) y por los planos aéreos de la caza en la sierra. Allí, en la cima, la narración con imágenes mantiene la tensión que requiere la trama con la ayuda impagable del gigantesco decorado natural que acentúa la soledad del héroe. Nunca el paisaje fue tan determinante para enfatizar el tono dramático en un noir, algo que era más frecuente en el western. Para Walsh, enseguida veremos, ambos géneros no eran tan diferentes como en un principio puedan parecer.
Leer el capítulo desde el inicio.
[1] Dos
eran las razones que esgrimía Warner: lo bien que lo hizo Ida lupino en La pasión ciega, película de la que
salió siendo una estrella; y las sospechas del aún tímido Comité de Actividades
Antiamericanas acerca de Bogart y una supuesta pertenencia al partido
comunista. Algo que se desmintió tras la comparecencia del actor, pero que
provocó que Bogart, hasta ese momento poco activo políticamente, fuera con
posterioridad simpatizante de los perjudicados por el senador McCarthy.
[2] Y
cumplió su promesa, de hecho fue Ida Lupino la que propuso que Humphrey Bogart
no participase en su siguiente policíaco: Out
of the Fog (Anatole Litvak, 1941).
domingo, 16 de mayo de 2021
EL AUTOREMAKE EN EL CINE. CAPÍTULO V (II)
Los años
treinta transcurrieron para Walsh entre irregulares comedias, flojos musicales
y películas en su mayor parte para olvidar, realizadas para diferentes
estudios. Todo cambió al final de la década, cuando la firma de un contrato
para la Warner Brothers supuso el inicio de su mejor etapa como director, la
que abarca los cuarenta y el inicio de los cincuenta, en la que nos vamos a centrar:
Como solía ser
habitual en la Warner, Walsh fue uno de los últimos en unirse a la producción
de High Sierra. El director llegó
cuando la mayoría de las decisiones acerca del guion y del casting estaban ya tomadas por los responsables de los distintos
departamentos. Todos supervisados en teoría por el “gran jefe”, Jack Warner y,
en la práctica, por su mano derecha, Hal Wallis.[1]
La operación para hacerse con el copyright de la novela en la que se basa la película se inició mientras Walsh estaba rodando su filme anterior, La pasión ciega (They Drive by Night, 1940). El autor del texto, W.R. Burnett,[2] había conseguido en tan sólo dos semanas hacerse con el premio al libro del mes. Warner pensó que con la garantía del escritor de moda el éxito estaba asegurado siempre que encontrasen un guionista para llevarlo a cabo y un intérprete taquillero. Wallis asignó a Warren Duff para el libreto y eligió a la estrella del estudio, Paul Muni, para el papel protagonista. Ninguno de los dos acabarían trabajando en el proyecto. El primero, porque le puso tantas pegas a la historia[3] que acabó siendo sustituido por John Huston, por entonces guionista del estudio, gran admirador de la obra de Burnett y entusiasta con el proyecto. En sintonía con Huston se encontraba el que a la sazón sería productor asociado de High Sierra, Mark Hellinger, una adquisición personal de Jack Warner que siempre se sintió fascinado con el escritor desde el principio.
Hellinger era un periodista que se conocía al dedillo el mundo del hampa y tenía la misma visión liberal que defendía la compañía, en consonancia con el New Deal de Roosevelt. Digamos que si Wallis era el ejecutivo, Hellinger era el alma, el promotor de la óptica de denuncia social de la que hacía gala el estudio. Además, conocía a Walsh con el que había trabajado en dos largometrajes: indirectamente en el debut —y primer éxito— del director en la Warner, Los violentos años veinte (The Roaring Twenties, 1939), cuyo argumento se basaba en una historia original de Hellinger; y más estrechamente en La pasión ciega, donde Hellinger ya ejercía de productor asociado.
Las
dificultades para conseguir el guionista se quedaron en nada en comparación con
los problemas por los que tuvo que pasar Wallis para encontrar al actor
principal. Paul Muni se aprovechó de su condición de estrella para hacer un
trato con Jack Warner: él haría el papel si le garantizaban una película sobre
Beethoven. Ambos aceptaron con la boca chica, porque ni Warner quería hacer el biopic ni Muni estaba para más
gánsteres. El primero no pensaba cumplir su palabra, y el segundo boicoteaba
una y otra vez los borradores que le presentaba Huston de tal forma que Wallis
tuvo que contratar al mismísimo Burnett para colaborar en el guion. Cuando Muni
se enteró de que el estudio pasaba de su propuesta sobre el músico, no sólo
rechazó el papel sino que rescindió el contrato con la major.
El siguiente candidato para encarnar al protagonista de High Sierra fue George Raft, un profesional menos importante que Muni, pero muy taquillero como lo había demostrado con La pasión ciega, donde daba la réplica a una excelente Ida Lupino. El deseo de Wallis de que la pareja repitiera éxito con el mismo equipo, es decir con Walsh de director y Hellinger de productor, se quedó pronto truncado cuando Raft, sorprendentemente, rechazó el papel. Ni siquiera la intervención directa de Walsh surtió efecto: el director fue a su casa para convencerlo de que cambiara de opinión, pero el actor no quería participar en una película en la que su personaje muriese al final.[4]
| Humphrey Bogart y George Raft en "La pasión ciega" |
Al tiempo que se sucedían
estas intrigas, el verdadero interesado, Humphrey Bogart, no hacía más que
insistir en que era el adecuado para el papel. La multitud de telegramas y
mensajes que Bogart puso a Wallis y a Warner, más el apoyo incondicional de
Hellinger y de Huston,[5] fueron al final determinantes
para que Bogart se alzara con el personaje y para que, definitivamente, arrancase
su carrera como estrella de Hollywood.
Leer el capítulo desde el inicio
[1] Jack
Warner era el presidente de la compañía, un trabajador nato, pero, como dice
Juan Luis Álvarez, “era consciente de sus inconmensurables lagunas culturales.
Para rellenarlas estaba Hal Wallis, su jefe de producción. Listo como el hambre
[…]. Estaba al tanto de todo…” (2007, p.37). Para John Huston, Wallis era el
hombre que realmente dirigía la Warner Brothers: “…no hay nadie que tenga su
combinación de imaginación y capacidad directiva.” (1998, p.102).
[2] Walsh
acababa de realizar un western basado
en otra novela de Burnett: Mando
siniestro (Dark Command, 1940). Antes
de publicar “High Sierra”, Burnett había escrito varias novelas, entre ellas,
“Little Caesar”, y había colaborado en varios guiones, como en el de Scarface. Ambas películas fueron
llevadas a la gran pantalla por Mervyn LeRoy (1931) y Howard Hawks (1932),
respectivamente, para convertirlas en dos obras maestras del cine de gangsters.
[3] Según
Marilyn Ann Moss, Duff pensaba que la trama era absurda, que sólo se salvaba el
último tercio y que el resto sería blanco fácil para los censores (2011, p.89).
[4] Sobre
el rechazo de Raft hay varias teorías: en primer lugar, los que opinan que es
una consecuencia directa de la intervención intencionada de Humphrey Bogart
cuando el actor convenció a Raft de que el proyecto estaba “más que sobado, que
sólo lo querían para salvar algo que ya estaba tocado y hundido” (Álvarez 2007, p.70). También los hay que abogan
por la teoría de que Raft prefería seguir acumulando ganancias con la promoción
de La pasión ciega (Moss 2011,
p.191).
[5] A Hellinger le gustaban dos cosas en especial: “los gánsteres y Bogart” (Álvarez 2007, p.62). Para Hellinger, Bogart era el único actor que había captado la esencia de los gánsteres. Ambos habían entablado amistad en el rodaje de It All Came True (Lewis Seiler, 1940), donde Hellinger hacía de productor. Por su parte, Huston conoció a Bogart cuando coincidieron en The Amazing Dr. Clitterhouse (Anatole Litvak, 1938), aunque donde verdaderamente se hicieron amigos fue en High Sierra; una amistad que duró toda una vida.
viernes, 13 de septiembre de 2013
CONTRA EL IMPERIO DEL CRIMEN (G-Men de William Keighley, 1935)
Ver ficha de G-Men.