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martes, 20 de noviembre de 2012

Rigoletto en el Palau de les Arts

A estas alturas parece que ya está todo dicho sobre el Rigoletto de Les Arts, pero si creíais que eso os iba a librar de que os contara mi versión de los hechos, estábais equivocados. Hay que aprovechar cualquier ocasión para hablar de ópera en Les Arts mientras la haya.

Tenía muchas ganas de asistir a un Rigoletto en vivo, pues aunque es una de esas óperas sotacaballoreyescas que aparecen en los carteles cada dos por tres, a mí siempre se me había escapado. Quizá mis expectativas, después de haber escuchado y visto innumerables versiones en CD y DVD eran demasiado altas, quizá las cosas no acabaron de cuajar, o quizá tuve la mala suerte de que los momentos que más me gustan de la partitura no salieran del todo bien, pero lo cierto es que la representación de ayer no me dejó del todo satisfecho. No es que fuese un desastre, ni mucho menos. Es más, a pesar de ciertos errores graves, le daría un aprobado si me correspondiese puntuarla, pero ante una ópera de esta categoría un simple aprobado sabe a poco.

Pero empecemos por el principio. Ante todo, quiero hacer patente mi solidaridad con los trabajadores del Palau de les Arts, que se encuentran en una situación delicada debido a los inmisericordes recortes que siguen llevando a cabo los gobiernos central y autonómico. Los asistentes a la función de ayer tuvimos la ocasión de mostrar nuestro apoyo a este colectivo luciendo un lazo azul en la solapa, y me parece de justicia aprovechar la oportunidad que me brinda este blog para hacerme repercusión de sus reivindicaciones, que me parecen justas y sensatas. AQUÍ podéis leer el manifiesto que se distribuye a la entrada del Palau en cada función.

Pese a los recortes, la orquesta y el coro, en este caso solo masculino, siguen deslumbrando por su calidad. Lástima que no pueda decir lo mismo del director titular, Omer Meir Wellber, quien volvió a cometer los errores que ya son habituales en él. Se le va la mano con el volumen, tapando por completo a los cantantes en los finales de escena, acelera el tempo hasta que la orquesta se desboca y deja atrás a todos los cantantes y en todos los concertantes anda más perdido que un pulpo en un garage. Especialmente destacable en lo negativo fue el tercer acto, pues ni el cuarteto Bella figlia dell'amore ni el trío de la tormenta sonaron cohesionados. Y ambos números estan entre lo mejor de la ópera, de ahí mi ya mencionada insatisfacción. En su defensa, diré que se esfuerza en crear matices y que logra extraer sonidos muy bellos de la orquesta, pero aunque me gustaría, no puedo valorar su labor global de forma positiva.

De entre los cantantes, destacaría por encima de todo la Gilda de Erin Morley, una soprano ligera de timbre algo anónimo y volumen discreto que sacó adelante el papel con gran acierto, especialmente en el Caro nome, cantado con pulcritud y virtuosismo.


Juan Jesús Rodríguez, el barítono encargado del papel protagonista, fue el otro triunfador de la noche. Su instrumento posee la calidad y el fuste necesarios para hacer frente a los papeles verdianos más exigentes, pero tanto su canto como su actuación son excesivamente monolíticos. Un monolito muy bello y muy verdiano, pero monolito al fin y al cabo. Se agradecería algo más de variedad en el fraseo y en las dinámicas, pero tampoco vamos a ser excesivamente tiquismiquis: su canto, tal y como lo escuché yo ayer, es muy disfrutable.

Acabé desconcertado con el tenor siciliano Ivan Magrì. En el primer acto pude comprobar cómo su voz, dotada de un curioso tinte metálico algo ingrato,  desaparecía en cuanto intentaba matizar o bajaba del mezzoforte. Y no exagero, fue tapado tanto por la esposa de Ceprano como por Gilda. Sin embargo, y a pesar del timbre, lo que se escuchaba cuando pasaba del mezzoforte me gustaba. Se perdió por completo en el Questa o quella, obligando a Wellber casi a detener la música para que pudiese retomar el hilo. Hilo que, segundos más tarde, volvió a perder. Esto mismo le pasó nada más y nada menos que en La donna è mobile, uno de sus momentos de mayor lucimiento. Y uno se pregunta, ¿cómo puede alguien perderse en La donna è mobile? Quizá sea debido a que su tendencia a quedarse sin fiato le imposibilitaba seguir el ritmo marcado por el director, aunque es solo una hipótesis. Bien, con estos mimbres, pensaréis, no puede salir un buen cesto. Sin embargo, para mi sorpresa, tanto en su aria Parmi veder le lagrime como en la consiguiente cabaletta Possente amor mi chiama estuvo más que bien, con un fraseo cuidado y expresivo y un agudo valiente que culminó con un diminuendo de gran clase. Se podría pensar que el tenor que cantó en el segundo acto era distinto al del primero y el tercero. Distinto y mejor.

Del resto del reparto, cabe destacar en lo negativo a un cascado Paata Burchuladze como Sparafucile y a una floja Adriana di Paola como Maddalena. Mucho peor estuvo el Monterone del barítono mongol Amartuvshin Enkhbat, cuya voz engoladísima y pesimamente proyectada apenas resultó audible.


En cuanto a la puesta en escena de Gilbert Deflo, a cargo en esta reposición de Beata Redo-Dobber, es innegable que es visualmente impactante, exagerada incluso, sobre todo en las escenas que transcurren en el palacio ducal. Gusta a los amantes de las producciones clásicas, un porcentaje mayoritario del público valenciano, pero si no nos dejamos deslumbrar por la magnificencia de los decorados y el vestuario descubriremos que la dirección de actores y la iluminación dejan bastante que desear y que se podría sacar mucho más partido de la escena. Además, el hecho de que el cambio de escena tras el primer cuadro, de apenas quince minutos, requiera parar la función durante media hora es algo inadmisible en pleno siglo XXI. Si tal pausa se debe a que los recortes en personal hacen imposible realizar el cambio en menos tiempo, deberían haber rechazado esta puesta en escena, o en todo caso haberla modificado para evitar esto. Y si es inevitable, esta puesta en escena debería ser retirada de la circulación por obsoleta, por muy bonita que sea.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Un ignoto Ruiz eclipsa al Manrico de Bernardo de Muro

 
Estaba yo el otro día escuchando arias cantadas por el tenor sardo Bernardo de Muro (1881-1955) a principios del siglo pasado cuando me encontré con esta joya: una notable interpretación de la conocida cabaletta Di quella pira, de Il Trovatore, en la que, por primera vez, Ruiz roba todo el protagonismo a Manrico. El humilde subordinado del protagonista, cuya única función es llevarle la noticia que le permitirá pasar del aria (Ah sì, ben mio) a la cabaletta, deslumbra aquí con una voz angelical y un canto tan matizado que el pobre Manrico apenas puede, por mucho que se esfuerce, hacernos olvidar la corta intervención de su comparsa.

Vale la pena dedicarle un par de escuchas, la primera para partirse el pecho con Ruiz y la segunda para disfrutar con Manrico.



A mí me recuerda a Don Eusebio, el profesor de Gomaespuminglish, pero en peor.


Vídeo de gulliberdoom

martes, 12 de junio de 2012

Il Trovatore, un gran Verdi en les Arts



Gran tarde de ópera la de ayer para aquellos que decidimos dar preferencia a lo musical sobre lo deportivo. En el Palau de les Arts, dentro del contexto del V Festival del Mediterràni, se ofrecía la tercera de las funciones de Il Trovatore, con un reparto muy atractivo y la garantía de calidad que proporcionan el maestro Mehta a la batuta y los cuerpos estables del teatro valenciano.

De Zubin Mehta dirigiendo Il Trovatore sólo se puede esperar la excelencia, y eso fue lo que nos ofreció. Su dirección fue de manual, enérgica sin ser excesiva cuando así lo exige la partitura, lírica en los momentos adecuados, buscando siempre la pura belleza de los sonidos y facilitando la labor de los cantantes con un manejo virtuosístico del volumen y las dinámicas. Es el primer Verdi que Mehta dirige en Les Arts y esperemos que no sea el último. De la orquesta y el coro nada que decir excepto las habituales alabanzas que tan justamente reciben ambos cuerpos en este y en otros blogs cada vez que actúan. Que sigan así por muchos años.

El altísimo nivel de la orquesta y el coro tuvo su justa respuesta entre los solistas, si bien cabe destacar en la parte negativa al barítono Sebastian Catana, a quien sólo se puede poner en el haber una voz de volumen más que suficiente. En el debe, todo lo demás, desde la emisión ogresca e irregular a las continuas rupturas de la línea de canto. Su Conte di Luna está en las antípodas de la clase y la elegancia que páginas como Il balen del suo sorriso requieren. A pesar de todo, fue amplia e incomprensiblemente aplaudido por el público valenciano.


En lo positivo, lo mejor fue la soprano Maria Agresta, una joven cantante en plena ascensión a la que conocí, como tantos, a través del blog In Fernem Land cuando sustituyó a Sondra Radvanovsky como Amelia en I vespri Siciliani en Turín. Si en vídeo me gustó, ayer en directo me maravilló. Su voz es muy bella, sana, ancha y homogénea y su canto elegante y comunicativo. Si a ello le unimos la resolución impecable de las agilidades y los adornos, incluido un uso del filato que recuerda, salvando las distancias,  a las grandes Leonoras de otros tiempos, el resultado no puede merecer menos de un sobresaliente. Una voz verdiana a tener muy en cuenta en el futuro.

Jorge de León, que está debutando en el papel de Manrico en estas funciones, posee una voz impresionante, como puede corroborar cualquiera que lo oiga. Presenciar como se va expandiendo su caudal sonoro a medida que sube al agudo, timbrado y squillante, es algo tan poco habitual que sólo por ello valdría la pena ir a escucharle. Su Manrico, por tanto, comparte características con los que nos dejaron para la posteridad otros tenores dueños de voces privilegiadas como Mario del Monaco o Franco Corelli, para lo bueno y para lo malo. Estamos, por tanto, ante uno de esos Manricos que brillan más en Di quella pira que en Ah si, ben mio, para entendernos. Lo cual, por otra parte, es muy válido, siempre que la pira en cuestión sea de las que levantan al público de sus butacas, y lo fue.


Tanto la mezzo Ekaterina Semenchuk (Azucena) como el bajo Liang Li (Ferrando) cantaron correctamente, pero sin llegar a hacer sombra a los dos protagonistas de la tarde. Me habría gustado algo más de oscuridad en la voz de Semenchuk y algo más de personalidad en la de Li, pero bueno, no son carencias tan graves. A destacar los cuatro cantantes del Centre de Perfeccionament Plácido Domingo que se encargaron de los papeles menos importantes y lo hicieron más que bien, sobre todo los dos primeros: Ilona Mataradze (Ines), Mario Cerdá (Ruiz), Leonard Bernad (Gitano) y Jesús Álvarez (Mensajero).


La puesta en escena de Gerardo Vera, la verdad, me dejó bastante indiferente. No es un horror estético, aunque por momentos tanta plancha metálica se acerque a ello, ni aporta mucho a la ópera más allá de una discreta efectividad. Está pensada para ser usada también en la Medea que se va a estrenar esta misma semana y efectivamente, vale igual para Il Trovatore que para Medea, para Norma o para Elektra, por decir sólo algunos títulos, siempre que el espectador no sea de los que se llevan las manos a la cabeza ante el más nimio desvío respecto a lo escrito en el libreto. Sí, Manrico lleva un fusil; sí, el Conde lleva un uniforme de oficial prusiano; pero vamos, nada que no estemos ya hartos de ver en tantas y tantas puestas en escena. Y, es justo decirlo, algunas escenas son muy vistosas, como la última, con las celdas de dos alturas en escorzo. Lo peor, para mí, una pobre dirección de actores, especialmente patente en los movimientos (o mejor, su ausencia) de Jorge de León, que canta gran parte de sus intervenciones plantado en mitad del escenario con los brazos pegados al cuerpo.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Peter Seiffert canta Otello

Haciendo una comparación con la prensa diaria, podría decir que de la actualidad operística sólo leo los titulares. Me entero, a través de blogs principalmente, de lo que pasa en el Real y el Liceu, y algunas veces de si el cantante X está triunfando en el Met o si el cantante Y fue abucheado en la Scala, pero poco más. Me da mucha pereza escuchar la mayoría de las grabaciones que se cuelgan por ahí, prefiero buscarme grabaciones referenciales, aunque sean de hace décadas, y así asegurarme la calidad de lo que escucho. Aun así, de vez en cuando hay algo que despierta mi curiosidad, como es el caso de estos vídeos que os traigo hoy.

El pasado mes de junio tuvimos ocasión de ver al tenor alemán Peter Seiffert cantando el papel de Florestán en el Fidelio de Les Arts. Es un cantante por el que siento una gran simpatía y admiración, y al que tengo especial cariño por varias razones, que van desde que es el intérprete que más me gusta cantando "mi" aria Se all'impero, amici Dei hasta que fue el tenor que cantó en el estreno del Palau de les Arts y el Siegmund del anillo furero. Pues bien, poco después, en octubre, tenía previsto debutar el papel de Otello (el de Verdi) en Zurich, aunque una bronquitis le impidió hacerlo y en su lugar cantó, por decir algo, José Cura. No sé si llegó a cantar en alguna de las funciones, pero sí sé que posteriormente, en enero de este mismo año, tuvo otra oportuinidad de enfrentarse con el terrible papel verdiano en la Wiener Staatsoper, y de esa ocasión sí tenemos registros.

Seiffert afronta el reto de encarnar al moro de Venecia a los 58 años, tras una larga carrera cantando papeles temibles de heldentenor wagneriano con una voz más lírica que heróica, por lo que es comprensible que su interpretación carezca de la vitalidad y la garra que otros intérpretes más jóvenes o con voces de mayor fuste han sabido darle al papel. Pero a pesar del desgaste de la voz (que tampoco es la de un cantante acabado, ni mucho menos: en directo, sólo el vibrato delata su edad) y de ciertas vacilaciones o desajustes, me ha parecido la suya una buena interpretación, que va más allá del simple capricho de incorporar a su repertorio un rol mítico antes de retirarse. Frente a otros intérpretes provenientes del ámbito germánico, sorprende su aceptable dicción y su adecuación estilística. En el cómputo global, no creo que haya muchas más opciones hoy en día para escuchar un buen Otello, con dificultades en las partes de bravura, sí, pero también con matices y detalles de calidad en los pasajes más líricos, así que mi valoración sube por la exclusividad que supone. Sólo lamento que haya tardado tanto en dar este paso, pues se nota que es un papel del que puede sacar más partido con la práctica, pero las mejoras que logre en su interpretación irán unidas al deterioro de la voz debido a la edad del que nadie puede escapar, así que nunca sabremos cómo sería su Otello si hubiese llegado a madurar el papel en su período de mayor esplendor vocal.

Veamos los siguientes vídeos, en los que le acompañan Krasimira Stoyanova como Desdemona y Franz Grundheber como Jago, dirigidos por Dan Ettinger. Fueron grabados en la función del pasado 18 de enero de 2012.

Già nella notte densa


Ora e per sempre, addio - Sì, pel ciel marmoreo giuro!


Niun mi tema

Vídeos de dolchev

viernes, 1 de julio de 2011

Giuseppe Borgatti, el heldentenor italiano


BIOGRAFÍA

Giuseppe Borgatti nació en Cento, en la provincia italiana de Ferrara, en 1871. Su familia era tan humilde que no pudieron pagarle ni la más mínima educación. Desde niño trabajoó como albañil y cantero, trabajos en los que solía entretenerse cantando, y tan bien lo hacía que uno de sus patrones, el marqués Plattis, decidió subvencionarle sus estudios musicales, así como una mínima educación general que le permitió salir del analfabetismo. A los veintiún años, en 1892, debutó como Faust en la ópera homónima de Gounod, al que siguieron otros papeles de tenor lírico hasta que en 1894 incorporó, con gran éxito, el rol de Chevalier des Grieux de la ópera Manon Lescaut, recomendado por el mismo Puccini, demostrando así que estaba preparado para papeles más propios de un tenor spinto. Ese mismo año también debutó el papel de Lohengrin, su primera encarnación wagneriana. En 1896 cantó el papel principal de la ópera Andrea Chénier de Umberto Giordano en el estreno absoluto de la misma en La Scala de Milán, lo que le convirtió en una estrella de la lírica a nivel internacional. Aunque no cantó en el estreno absoluto de Tosca, sí lo hizo en el estreno en La Scala en 1900, obteniendo mejores críticas que Emilio de Marchi, el primer Cavaradossi.

Borgatti siguió cantando, siempre de forma exitosa, óperas de Donizetti, Verdi, Puccini y los veristas, pero el repertorio que realmente le atraía era el wagneriano. Tuvo la suerte de coincidir con otro gran músico italiano wagnerófilo, el director Arturo Toscanini, por aquel entonces titular en La Scala, y junto a él preparó y debutó, siempre en italiano, los papeles de Tannhäuser, Walther, Tristan, Siegmund, Siegfried y Parsifal (estos dos últimos en su estreno en Italia).

En 1904, Giuseppe Borgatti se convirtió en el primer tenor italiano invitado a participar en el Festival de Bayreuth, causando una gran impresión en Cosima Wagner, viuda del compositor y directora del festival y en Hans Richter, director musical del mismo.

En 1906, tras cantar el papel de Herod en el estreno italiano de Salome de Richard Strauss en La Scala, decidió dedicarse con exclusividad al repertorio wagneriano, iniciando una carrera que culminaría en 1914 con el estreno italiano de Parsifal en Bolonia y La Scala. Ese mismo año, con su carrera en su punto más alto, Borgatti decidió retirarse de la escena a causa de un glaucoma que desde 1907 le estaba haciendo perder la visión y que acabó por dejarle completamente ciego en 1923. En 1927 cantó por última vez en un concierto y desde entonces se dedicó a la enseñanza, teniendo entre sus alumnos a la contralto estadounidense Marian Anderson. Falleció en 1950.


LA VOZ Y EL ARTE

Giuseppe Borgatti poseía una voz de gran volumen, robusta y con un hermoso timbre claro. Era capaz de cantar con delicadeza, con dulzura, especialmente durante su primera etapa. Posteriormente, a pesar de no llegar a ser una voz de auténtico tenor dramático, pudo enfrentarse a los papeles más pesados del repertorio wagneriano gracias a su homogeneidad y a su timbre. Las crónicas de la época lo retratan como un hombre atractivo, de constitución fuerte, con una resistencia física y vocal que le permitía entregarse al máximo en escena. Su estilo de actuación histriónico y su peculiar forma de cantar las óperas veristas, introduciendo el declamado vehemente que tanto han copiado otros tenores posteriores debido a su gran efecto empático, no deben hacernos olvidar su capacidad para el canto lírico y virtuoso y su excelente dicción, que lo conectan con tenores de generaciones pretéritas como Roberto Stagno o Fernando de Lucia. Borgatti se preciaba de que, aún después de haber incorporado los papeles más exigentes del repertorio wagneriano, era capaz de cantar Una furtiva lagrima con facilidad y sin que se echase en falta la ligereza necesaria para sacarla adelante de forma adecuada. Estamos pues ante un tenor puente entre dos generaciones, dos estilos de canto. Es destacable también la profundización en la psicología de los personajes que interpretaba. En conjunto, nos encontramos ante un gran cantante, con unos medios privilegiados, capaz de aportar a la ópera un nuevo estilo en lo canoro y una nueva forma de interpretar, lo que resultó clave para encandilar al público y así acercar las grandes creaciones wagnerianas a la audiencia italiana.


GRABACIONES

Curiosamente, Borgatti no grabó ni un solo fragmento de Andrea Chénier, a pesar de haber estrenado el papel, ni de otras óperas en las que destacó como Mefistofele, Aida, La Traviata, Pagliaci, Fedora o Manon Lescaut. Sólo entró dos veces en un estudio de grabación, en 1905 y en 1919, dejando menos de veinte discos para el recuerdo. Empecemos la escucha de sus grabaciones de 1905 con su interpretación de E lucevan le stelle, de Tosca.


Vídeo de lodiopera

A continuación, un fragmento de su Lohengrin en italiano, Di, non t'incantan.


Vídeo de lodiopera


Y para cerrar la escucha de sus grabaciones de esta etapa, Nel verno al pie del focolar, de Die Meistersinger von Nürnberg.


Vídeo de lodiopera

Pasamos a sus grabaciones de 1919, esta vez con orquesta. Empezamos con Niun mi tema, final de la ópera Otello de Verdi.


Vídeo de jaquesurlus

Nos metemos de lleno en harina wagneriana, empezando por su Tannhäuser, del que escucharemos Col cor contrito (Inbrust im Herzen).


Vídeo de MrCafiero

Pasamos a su apasionado Winterstürme de Die Walküre.


Vídeo de MrCafiero

Y por último, volvemos a la ópera Lohengrin para escuchar Mein lieber Schwan.


Vídeo de titaruffo2

miércoles, 18 de mayo de 2011

Mi nuevo héroe: Gianandrea Noseda (Requiem de Verdi en Castellón)


Miércoles 18 de mayo, ocho de la tarde, Requiem de Verdi en el Auditorio de Castellón. En un alarde de maldad y de falta de respeto hacia el público que deja a la pobre Helga a la altura de un osito amoroso, los organizadores tienen a bien incluir en el programa de mano a la soprano georgiana Tamar Iveri en lugar de a la anunciada Sondra Radvanovsky. Sin una mísera nota pidiendo disculpas o explicando el motivo de la supuesta sustitución, que al parecer conocían con suficiente antelación como para incluir en el programa a la sustituta pero que no anunciaron. Helga, aprende, esto es una gestión malvada e irrespetuosa de verdad.

El resto del reparto, tal y como estaba anunciado, lo formaban el bajo Ildar Abdrazakov, la mezzo Daniela Barcelllona y el tenor Maksim Aksenov, junto a la Orquesta y el Coro del Teatro Regio de Turín y la batuta de su director titular, Gianandrea Noseda.

Salen a escena los miembros de la orquesta, los del coro, los cantantes solistas y, tras unos incomprensibles minutos, el director. Aplausos de cortesía y empieza a sonar la música, poco a poco, en pianísimo. Entra el coro y de repente... suena un móvil. Noseda manda parar a los músicos, se gira en el podio y pide al público que apague los móviles (algo que ya se había pedido previamente por megafonía). Bien por Noseda. Aplausos de nuevo y vuelta a empezar. Levanta la batuta, las cuerdas atacan el pianísimo y... ¡vuelve a sonar el mismo móvil! Y Noseda deja la batuta en el atril y, sin mirar atrás, sale del escenario con gesto de indignación. ¡Bien por Noseda one more time!

Lo mejor fue ver como, tras la "espantá" de Noseda, muchos a mi alrededor sacaron sus móviles de los bolsillos y los apagaron. Se ve que el primer aviso del director no había sido suficiente para convencerles de que lo hicieran.

Tras unos minutos, el director regresa, visiblemente enfadado y el Requiem acaba llevándose a cabo sin más sorpresas hasta el final, en el que, cuando aún está la última nota flotando en el aire, un energúmeno grita un ¡Viva Verdi! que es secundado por breves aplausos por parte de sus vecinos de butaca. Afortunadamente el grueso del público no sigue esta exaltación de verdianismo extemporáneo y permanece en silencio unos segundos más hasta que, por fin, rompe a aplaudir. Pero el hechizo ya estaba roto, y la cara de Gianandrea Noseda cuando se gira para recibir los aplausos es un poema. Un poema trágico, concretamente.

Comentaré el concierto brevemente: Noseda se lució con una dirección estupenda, quizá algo excesiva en el Dies Irae (lo que para mí no es nada malo, excesivófilo que es uno). Mantuvo el dramatismo desde el primer al último compás, a pesar de todos los contratiempos, y supo dar a la partitura los matices necesarios de forma coherente. De entre los solistas, Daniela Barcellona estuvo tan bien como es habitual en ella, Ildar Abdrazakov no me hizo cambiar la opinión que me formé de él en su reciente Mefistofele de Les Arts (buen cantante, voz bonita pero clara y volumen justito) y Maksim Asenov, a quien no conocía y que debutaba en España con este Requiem, me pareció un tenor lírico muy del montón, con la voz totalmente atrás excepto en el agudo (el típico defecto de tantos cantantes rusos). Por último, Tamar Iveri, la encargada de llenar el hueco de Sondra Radvanovsky, no la hizo nada mal, y aunque en ningún momento nos hizo olvidar a la americana, lo cierto es que disfrutamos oyéndola cantar con una voz sana y jóven de centro carnoso y presencia tímbrica.

Supongo que, al acabar el concierto, Gianadrea Noseda le habrá pedido a su manager que apunte el nombre de esta ciudad en su lista negra para no volver jamás, y habrá hecho bien. Es un director con un gran presente y un esperanzador futuro y quien sale perdiendo de este desencuentro no es él, a quien no le faltarán compromisos, sino nosotros, por maleducados y por cafres. Pero, pese a todo, me ha gustado que alguien, por fin, haya puesto la cara roja de vergüenza a aquellos de entre el público que no conocen el respeto hacia los demás ni hacia quienes intentan llevar a cabo su trabajo sobre el escenario de la mejor manera posible. Si hasta ahora lo consideraba un gran director, desde este momento pasa a ser un héroe para mí.

lunes, 31 de enero de 2011

Dmitri Korchak, un tenor con futuro


Todos los comentarios que he leído acerca del Eugene Oneguin del Palau de les Arts coinciden en recalcar la excelente labor del joven tenor ruso Dmitri Korchak como Lenski. Ciertamente, en un reparto en el que nadie más destaca para bien ni para mal, Korchak es el único que consigue traspasar la barrera que separa la interpretación mecánica de la partitura del auténtico arte que transmite sentimientos, y lo hace mediante el uso de reguladores y el juego de dinámicas, con unos bellos pianísimos en la segunda estrofa de su aria Kuda, kuda que causan la admiración del público en cada función.

La primera vez que escuche a Dmitri Korchak no fue en directo, sino en un DVD editado en el año 2007, una grabación de una ópera que permanecía sin estrenar pero que es muy recomendable: Il dissoluto punito, ossia Don Giovanni Tenorio, de Ramón Carnicer. Si compré el DVD fue por la curiosidad que me producía escuchar este título, no por el reparto, ya que apenas conocía uno o dos nombres (exceptuando al director, el gran Alberto Zedda) y tampoco me decían gran cosa, pero lo cierto es que quedé muy contento con el resultado y especialmente con el rendimiento de Korchak, que interpreta a Don Giovanni. Vamos a verlo luciendo músculos en un aria de dicha grabación.


Vídeo de hotazzoperastud

Por lo que he podido saber, Korchak lleva cantando desde al menos el año 2002, cuando graba su primer DVD, precisamente un Eugene Oneguin, con la compañía del teatro Novaya Opera de Moscú. Su lanzamiento internacional, sin embargo, llega en el año 2004 cuando gana el concurso Francisco Viñas y obtiene dos premios en Operalia.

Tras verle como Don Giovanni, volví a encontrarme con Korchak, esta vez en directo, cuando su nombre apareció en el cartel de L'Arbore di Diana de Martín y Soler, ópera con la se estrenó en el año 2008 la sala del Palau de les Arts que lleva el nombre del compositor valenciano. Korchak estuvo muy bien, destacando por encima del resto de papeles masculinos, aunque en esta ópera son las mujeres las que de verdad se llevan el gato al agua. Escuchémosle en una de estas funciones valencianas.


Vídeo de cygankvao

Hasta ahora, su carrera se ha basado sobre todo en el belcanto de Rossini, Bellini y Donizetti y en Mozart, aunque la aparición de papeles como Werther de Massenet o Alfredo de La Traviata de Verdi, así como la reciente escucha de su Lenski y la constatación del ensanchamiento que está experimentando su voz, hace presagiar que en el futuro se irá acercando a papeles cada vez más propios de un tenor lírico y menos de un ligero. Según su página web, en la actualidad tiene estos papeles en repertorio (sin contar misas, oratorios y demás):

Bellini V. – La Sonnambula (Elvino)
Bellini V. – I Puritani (Arturo)
Bizet G. – Les Pecheurs de perles (Nadir)
Carnicer R. – Il Dissoluto punito (Don Giovanni)
Donizetti G. – L’Elisir d’amore (Nemorino)
Donizetti G. – Don Pasqualle (Ernesto)
Donizetti G. – Dom Sebastien (Dom Sebastien)
Donizetti G. – La fille du regiment (Tonio)
Donizetti G. – La Favorita (Fernando)
Ibert J. – Persee et Andromede (Persee)
Jomelli N. – Demofoonte (Demofoonte)
Lehar F. – Die Luestige Witwe (Camille de Rossilion)
Martin y Soler V. – L’arbore di Diana (Endimeone)
Massenet J. – Werther (Werther)
Mozart W.-A. – Die Entführung aus dem Seral (Belmonte)
Mozart W.-A. – Cosi fan tutte (Ferrando)
Mozart W.-A. – Die Zauberflöte (Tamino)
Mozart W.-A. – Don Giovanni (Don Ottavio)
Musorgski M. – Boris Godunov (Jurodivy)
Ravel M. – L’Enfant et les sortileges (Thierry, Rainette)
Ricci F.– Corrado d’Altamura (Roggero)
Rimski-Korsakov N.A. – The Snow Maiden (Tsar Berendey)
Rimski-Korsakov N.A. – Mozart & Salieri (Mozart)
Rossini G. – La Gazza Ladra (Gianetto)
Rossini G. – L'equivoco Stravagante (Ermano)
Rossini G. – Il barbiere di Siviglia (Il Conte Almaviva)
Rossini G. – Il viaggio a Reims (Lebenshof)
Straus R. – Der Rosenkavalier (Italian tenor)
Tchaikovsky P. – Evgeny Onegin (Lensky)
Verdi G. – La Traviata (Alfred)
Verdi G. – Falstaff (Fenton)

Como buen belcantista y buen rossiniano, ha sido un asíduo al festival de Pesaro. Vamos a escucharle cantando el aria Vieni fra queste braccia de la ópera La gazza ladra en el festival del 2008.


Vídeo de cygankvao

Y ahora cantando, muy adecuadamente, el himno ruso de Il viaggio a Reims en el 2009 en la Scala de Milán, con la famosa puesta en escena de Luca Ronconi.


Vídeo de signorinaermione

Pero como no sólo de Rossini vive el hombre, terminaremos escuchándole en un concierto de hace sólo tres meses en el que cantó Ella mi fu rapita... Parmi veder le lagrime, la difícil aria del duque de Mantua en Rigoletto.


Vídeo de cygankvao

martes, 30 de noviembre de 2010

La Aida de Maazel

La Aida que se representó el domingo en el Palau de les Arts no era la de Verdi, por mucho que aparezca el nombre del compositor italiano en los carteles, sino la de Maazel. En todo caso, habría que decir algo así como "adaptación de la obra original de Giuseppe Verdi". Dicho esto, entiendo perfectamente la estupefacción e incluso las reacciones negativas que uno puede leer por esos cibercampos del señor, ya que quien espere encontrarse con la Aida de Verdi se puede llevar un chasco. Sin embargo, los que seguimos a Maazel desde hace años nos hemos ido acostumbrando a su peculiar manera de dirigir hasta llegar a una devoción absoluta. Somos maazeladictos y se lo permitimos todo.

Lorin Maazel inicia el que será su último año al frente de la orquesta que él mismo creó dando una vuelta de tuerca más a su peculiar concepto de dirección con tempi lentísimos pero intensos que permiten el lucimiento orquestal (el sonido que consigue esta formación es bellísimo) y que pone en más de un apuro a coro y solistas. E incluso al publico: hubo varios momentos ayer en los que yo mismo no sabría decir si hubo desajustes en la entrada del coro y de algunos solistas o fue mi mente la que era incapaz de seguir el ritmo tan pausado de la batuta y se adelantaba a los acontecimientos. Como tantas veces sucede en Les Arts, lo mejor de la función fueron la orquesta y el coro. Éste último se luce especialmente en el delicadísimo e hiper-ralentizado interno del primer acto, cuadro segundo.

En cuanto a los solistas, destacó la Amneris de Daniela Barcellona, que está debutando el papel en estas funciones. Quizá defraudará a los amantes de las grandes voces verdianas pues ni por volumen, ni por densidad, ni por graves puede acercarse a las grandes referencias en este rol. Sin embargo, es una cantante muy inteligente que sabe sacar partido de sus virtudes y acaba sacando adelante el papel de forma excelente. Algo reservona, aunque correcta, en los tres primeros actos, es en el cuarto acto donde despliega todos sus recursos vocales e interpretativos, haciendo que su dúo con Jorge de León sea de alto voltaje.


Me gustó el Radamés de Jorge de León, valiente y entregado aunque con una gama de matices muy limitada. Gustará a quienes sepan perdonar lo segundo a cambio de escuchar esa rara avis que es una auténtica voz de spinto, con un agudo liberado y seguro que no duda en lucir siempre que puede y un volumen atronador. Lástima de cierta falta de homogeneidad entre sus zonas aguda y media.

Indra Thomas, en el papel de Aida, realizó ayer la última de sus actuaciones en esta serie de funciones y también la mejor, a decir de quienes han asistido a las otras. Se trata de una soprano con graves carencias, entre las que destaca una voz metida totalmente atrás, una pésima pronunciación (la típica patata en la boca de tantos cantantes anglosajones) y la molesta costumbre de respirar donde le da la gana, cargándose cualquier aproximación al canto legato. También tiene virtudes, principalmente el volumen, que la hace destacar en los números de conjunto a pesar de que su proyección no es la adecuada y su facilidad en el agudo, pero no bastan para levantar el papel. Además, dramáticamente está en las antípodas de la implicadísima Barcellona. En conjunto, lo mejor que podemos decir de la mejor de sus actuaciones es que al menos no enturbió la labor de sus compañeros de reparto.

Una agradable sorpresa fue escuchar a Giacomo Prestia como Ramfis, pues posee una voz de bajo de las de verdad, grande y con graves sonoros y nada trampeados. También me gustó Marco Spotti, Il Re, por la misma razón aunque su instrumento es algo más discreto.

Gevorg Hakobyan como Amonasro cuenta con el mismo handicap que Barcellona, le falta pasta y caracter verdiano, pero mientras que Barcellona sabe suplir sus carencias con gran habilidad, el joven barítono georgiano no pasa de los límites de la corrección.

Muy bien Javier Agulló como mensajero y Sandra Ferrández como gran sacerdotisa.


En cuanto a la puesta en escena de David McVicar, pasada por la indignante censura de Helga Schmidt, se puede resumir en sólo dos ideas. 1: Donde debería haber egipcios hay samurais. 2: La escena está vacía y oscura. La primera de estas dos ideas tiene la ventaja de evitar el aire kitsch en el que acaban cayendo todas las puestas en escena fieles al libreto. También consigue cabrear a los amantes del cartón piedra, lo cual siempre está bien. La segunda idea no aporta nada, pero al menos sale barata. Lo único que no me gustó fue que en la polémica escena de los sacrificios humanos (acto I, cuadro II), se distrae excesivamente la atención del espectador que está más pendiente de los figurantes que del pobre Jorge de León, que es quien debería lucirse.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Sin palabras


Vídeo de keyakix


Vídeo de Davincipop

miércoles, 28 de julio de 2010

Yo mismo con mi mecanismo


Hoy vamos a escuchar tres dúos bastantes curiosos, ya que los divos que los cantan lo hacen por partida doble. O sea, que estrictamente no sé si serían dúos, aunque no vamos a marear la perdiz. Por supuesto, esto es posible gracias a los estudios de grabación, pues no creo que ninguno de estos cantantes domine la técnica del canto bifónico mongol.


Vídeo de halfgoku

En el primero de los vídeos tenemos a Grace Bumbry, una de esas cantantes cuya carrera se ha movido entre los registros de mezzo y soprano, haciéndose cargo de los papeles de Amneris y Aida.


Vídeo de coloraturafan

En el segundo vídeo tenemos al tenor Plácido Domingo cantando los papeles de Figaro y Almaviva de Il barbiere di Siviglia. Ninguno de los dos es especialmente adecuado para su voz, el primero por estar compuesto para barítono y el segundo por ser más adecuado para un tenor ligero o lírico ligero, pero lo cierto es que, aparte de este vídeo, grabó el primero en estudio con Claudio Abbado y cantó el segundo en teatro en sus años mozos.


Vídeo de 55patri

Y por último, un dúo que no se debe al capricho del divo sino a la falta de recursos, en este caso a la falta de bajos capaces de enfrentarse a los tres grandes papeles para bajo de la ópera Boris Godunov de Mussorgsky. Cuando en 1952 Walter Legge, factótum de la discográfica EMI, decide llevar a cabo la primera grabación de esta ópera fuera de la Unión Soviética se encuentra con el problema de que en su lado del telón de acero es difícil encontrar quien pueda hacerse cargo de los papeles de Boris, Pimen y Varlaam. Contaba con Boris Christoff, el gran bajo búlgaro, Boris indiscutible de su generación, pero le faltaban otros dos bajos. Finalmente, fue el mismo Christoff quien cantó los tres papeles, diferenciando magistralmente su canto según encarnase a uno u otro. El problema llega cuando, en la escena previa a la muerte de Boris, el zar se reune con Pimen, o lo que es lo mismo, Christoff se reune con Christoff. Vamos a escuchar esta escena, en la que primero hablará Pimen, le seguirá una breve respuesta por parte de Boris y finalmente una larga parrafada en la voz de Pimen que desembocará en la escena de la muerte, no incluída en este corte.

martes, 6 de julio de 2010

Cesare Siepi, in memoriam

Ayer falleció a los 87 años de edad uno de los mejores bajos de la historia de la fonografía, en muchos papeles creo que se puede afirmar que fue el mejor. Estoy hablando del gran Cesare Siepi, el sucesor de Ezio Pinza como estandarte de la escuela italiana de bajos tras la II Guerra Mundial. Desgraciadamente, el testigo no ha pasado a otra generación y si bien hoy en día aún podemos escuchar bajos de gran calibre cantando en alemán, las óperas italianas siguen esperando un bajo que les haga justicia.

Cesare Siepi nació en Milán en 1923 y empezó a cantar en un grupo madrigalístico hasta que entró brevemente en el conservatorio milanés. A lo largo de su carrera afirmó en varias ocasiones que era prácticamente un autodidacta. Debutó en 1941 cantando el Sparafucile de Rigoletto, pero su oposición al régimen fascista italiano hizo que tuviese que huir a Suiza y no fue hasta terminada la guerra que su carrera despegó, triunfando en los principales teatros italianos con los grandes papeles para bajo del repertorio verdiano, así como con obras como Mefistofele de Boito, La Bohème de Puccini o I Puritani de Bellini.

En 1950 fue contratado para el estreno de la era de Rudolf Bing en el Met de Nueva York, donde cantó el papel de Filippo II en Don Carlo de Verdi. Permaneció como principal bajo de la casa hasta 1974, debutando en papeles tan dispares como Boris Godunov (cantado en inglés) o Gurnemanz.

Completó su carrera, que acabó a finales de los ochenta, con recitales y participando en diversos musicales, siendo protagonista de Bravo Giovanni y Carmelina, que al parecer no tuvieron mucho éxito. Afortunadamente para todos, dejó su voz cálida, oscura, homogénea y de agudos brillantes en numerosas grabaciones que nos permitirán recordar cómo sonó el último gran bajo italiano para así reconocer al siguiente cuando llegue, esperemos que no tarde mucho.

Vamos a escuchar a Cesare Siepi cantando O tu Palermo!, de la ópera I vespri siciliani de Verdi en una aparición televisiva en 1957. El sonido no es demasiado bueno, pero lo suficiente para darse cuenta de que estamos ante una voz privilegiada y ante un artista de categoría.


Vídeo de operabeauty

El papel que más veces llevó a escena Cesare Siepi fue el Don Giovanni mozartiano, convirtiéndose en el más importante de sus intérpretes en su generación. Durante muchos años se cosideró referencial su grabación de esta obra con la dirección de Wilhelm Furtwängler y aunque hoy esta interpretación tan romántica de tal partitura está superada, sigue siendo una grabación a tener en cuenta, sobre todo gracias a su protagonista. Escuchémosle cantando Finch'an dal vino bajo la ralentizada batuta de Furtwängler en la mítica producción del Festival de Salzburgo.


Vídeo de Selkaen

Para deleitarnos escuchando sus poderosos graves, os propongo esta excelente interpretación del aria Seigneur, rampart et seul soutien de la ópera Les Huguenots de Meyerbeer.


vídeo de classicvinylbiz

Y para acabar, le escuchamos cantando Some Enchanted Evening, del musical South Pacific de Rodgers y Hammerstein.


Vídeo de MusashiTzu

miércoles, 5 de mayo de 2010

Giulietta Simionato, in memoriam


Ha fallecido, a punto de cumplir los 100 años de edad, una de las mejores cantantes de la historia, al menos desde que tenemos registros sonoros: la grandísima mezzo Giulietta Simionato. Vaya este breve repaso de su carrera en su memoria.

Nacida el 12 de mayo de 1910 en Forli, Giulietta Simionato debutó con 20 años de edad en Rovigo, donde vivía. Sus méritos como cantante le valieron su entrada en la Scala de Milán, donde se juzgó que su material era correcto pero no así su formación, por lo que permaneció 9 años estudiando y cantando sólamente papeles menores. El resultado de este largo periodo de estudio fue una de las técnicas más solidas que pueda uno escuchar (Lauri-Volpi, tan quisiquilloso como era con la técnica ajena, dijo que su emisión era perfecta, sin artificios ni reforzamientos, completamente apoyada sul fiato), así como una capacidad dramática excelente. Ya perfeccionado su canto, su carrera despegó y fue llevada con una gran inteligencia, adoptando nuevos papeles a medida que su voz se ensanchaba y se movía desde la mezzo-soprano ligera de sus orígenes hasta la cuasi-contralto de sus últimos años en activo. Se retiró en 1966, en plena posesión de sus habilidades canoras, aunque permaneció unida al mundo del canto como profesora y jurado en diversos concursos hasta hace bien poco. En sus treinta años de carrera tan solo canceló en tres ocasiones, lo que dice tanto de su profesionalidad como de sus excepcionales cualidades físicas.

Entre sus papeles legendarios están Azucena, Adalgisa y Amneris, que cantó junto a la Callas en México en 1950 y en los cuales es referencia obligada. También cantó con gran éxito papeles rossinianos como los de Il Barbiere o La Cenerentola, donde no llegó al nivel de mezzos más modernas como Berganza o Horne, más hábiles en las agilidades, pero como dejó dicho Gonzalo Badenes en su libro Voces, del que estoy sacando muchos de los datos aquí citados "...si vemos su Rossini a la luz de lo que se hacía en los años treinta, cuarenta o cincuenta, llegaremos a la conclusión de que la Simionato ofreció el mejor Rossini posible para su tiempo". Otras de sus grandes creaciones fueron su Giovanna Seymour en Anna Bolena (junto a Callas y Gencer), su Valentina de Gli Ugonotti, Leonora en La Favorita, Eboli en Don Carlo, Santuzza en Cavalleria rusticana y una larga lista en la que podríamos incluir practicamente la totalidad de sus interpretaciones.

Vamos a escuchar su papel estrella, aquel en el que permanece inigualada después de casi cincuenta años desde que lo abandonó: Azucena de Il Trovatore. El vídeo pertenece a una función ofrecida en la Royal Opera House en 1964, dos años antes de su retirada. El tenor es Bruno Prevedi y el director Carlo Maria Giulini.


Vídeo de felipecunha

En este vídeo, del mismo año, la vemos como Amneris en Aida junto al Radames de Jon Vickers.


Vídeo de baritonoguapo

La escuchamos ahora cantando Mira o Norma junto a Maria Callas en Mexico, 1950, bajo la dirección de Guido Picco. El sonido no es muy bueno, pero aun así vale la pena escucharlo. Si algún día inventan la máquina del tiempo, mi primer viaje será a esta función.


Vídeo de LittlePasserotto

Y por último, la escucharemos cantando Pensa alla patria, de la ópera L'Italiana in Algeri de Rossini.


Vídeo de schaunard1

lunes, 19 de abril de 2010

La Traviata en Les Arts: Sí pero no.


Sobre esta Traviata se ha dicho ya practicamente todo, y cuando digo todo me refiero al espectro completo de opiniones que van desde el aplauso incondicional hasta la decepción o el aburrimiento pasando por el sí pero no. Ahí es donde me voy a situar yo, en el sí pero no. Sí, me lo he pasado bien, pero ni los cantantes eran para tirar cohetes ni la dirección de Maazel ha estado al mismo nivel que en otros títulos.

Empezaremos por el maestro Lorin Maazel. Lejos de jugar con el tempo y ralentizar a placer como viene haciendo habitalmente, quizá consciente de que esta partitura y esta orquestación no se prestan a tal práctica, la dirección de Maazel ha sido correcta en el primer acto, extrayendo como siempre un inmejorable sonido de la Orquestra de la Comunitat Valenciana (con la excepción de una pifia en el viento madera). Ha habido ciertos desajustes con los cantantes, aunque creo que la culpa es más de estos últimos que del director. Me las prometía muy felices, pero en el segundo acto ha llegado el problema, con unas caídas de tensión en el dúo entre Giorgio Germont y Violetta que ríete tú de la red eléctrica catalana, seguidas por unas explosiones orquestales a todas luces excesivas, especialmente si se sumaba el Cor de la Generalitat Valenciana a todo volumen, como ha pasado en el finale del segundo acto. El conjunto resultante, lleno de altibajos pero sin abandonar la corrección, recuerda al Maazel de las primeras temporadas, el de Simon Boccanegra o Carmen, que sin dejar de ser un gran director está lejos de sus mejores trabajos, como el Parsifal o la Madama Butterfly.

Con todo, no es en la dirección donde estriba el principal problema de esta Traviata sino en los cantantes. Si sobre las tablas hubiésemos tenido a tres estrellas prácticamente no habríamos reparado en la dirección, pero en vez de eso tuvimos a tres cantantes dignos de un segundo reparto pero no de un primero (y, en este caso, único).

Vittorio Grigolo (Alfredo), del que siempre me temo lo peor y al que siempre acabo salvando, volvió a lucir en su tercera visita a Les Arts una bella voz de timbre luminoso, parecido por momentos al de Pavarotti, pero que no va acompañado por una técnica ortodoxa ni por un mínimo cuidado del fraseo, lo que lo aleja del gran tenor de Módena y de cualquier otro buen cantante. Estuvo sobrado de entrega hasta el punto de sonar excesivamente enfático, pero carente de elegancia.

Mucho peor estuvo la soprano Hibla Gerzmava (Violeta), sobre todo en el primer acto, donde tuvo que enfrentarse a una coloratura que se le escapaba y que resolvió con unos extrañísimos efectos como de glissando que no son de recibo. Por lo demás, su canto resultaba monótono y en su faceta actoral tenía menos gracia que un tablao de airgamboys. Mejoró algo en el segundo y tercer acto, donde no se le exige coloratura, aunque caló ligeramente todos sus agudos.

Gabriele Viviani (Giorgio Germont), otro veterano en Les Arts, me parece un error de casting. Canta bien, pero su voz es demasiado lírica, demasiado clara para hacer de Giorgio Germont, un papel que sin duda acabará cantando de forma excelente con el transcurso de los años. Su rendimiento se vió perjudicado por la bajada de tensión en la dirección de Maazel mencionada más arriba.

Y por último, la puesta en escena dirigida por Henning Brockhaus con escenografía del fallecido Josef Svoboda, basada en un espejo gigante que refleja una serie de telas puestas en el suelo que se van retirando durante la obra, cambiando así la ambientación. Se supone que el juego de reflejos es un símil de la doble moral de la sociedad. La idea no es mala, aunque sí poco original, y se combinan momentos muy logrados, sobre todo en escenas muy concurridas, con otros donde el resultado es algo pobre. Eso sí, la sonoridad de las voces gracias al espejo que cubre el fondo del escenario es excelente, incluso cuando cantan de espaldas al público. La principal pega de esta producción es que está pensada para ser vista desde la platea, pues desde los pisos altos no se ve el reflejo de todo el suelo, quedando por tanto el decorado a medias. El final, en el que el espejo cambia su ángulo y el público se ve reflejado mientras Violetta muere, es un error por dos razones: distrae la atención en la escena más dramática de la obra y lleva un mensaje moral, pretendiendo hacer notar al público que forman parte de la sociedad que ha condenado a Violetta, que a estas alturas me parece inaceptable.

Al final, aplausos, bravos y ovaciones desmedidas de un público entregado, Maazel muy sonriente y todos para casa, unos en una nube y otros pensando que la semana que viene toca La vida breve y Cavalleria rusticana donde, según cuentan, sí que podremos escuchar al Maazel de las grandes ocasiones.

lunes, 5 de abril de 2010

Giorgio Tozzi, un cantante a reivindicar


Hace poco, en la entrada que le dedicamos al bajo Willard White antes de su visita a Valencia, comentamos que tuvo como profesor en la Julliard School of Music de Nueva York a Giorgio Tozzi. Hoy vamos a escuchar a este gran cantante del que tan poco se habla en la actualidad pero que fue muy famoso en su día, sobre todo en el Met, donde desarrolló casi toda su carrera. Escuchando sus grabaciones, uno se pregunta por qué no se menciona más a menudo a este basso cantabile como uno de los grandes, cuando no cabe ninguna duda de que lo fue.

Giorgio Tozzi nació en Chicago en 1923 y estudió música en la DePaul University de esa misma ciudad, aunque en principio su intención era estudiar biología. Entre sus profesores destaca la soprano Rosa Raisa, quien había cantado el papel de Turandot en el estreno absoluto de la obra. En 1948, Tozzi debutó cantando el papel de Tarquinius en The Rape of Lucretia de Benjamin Britten en una producción de Broadway que se asemejaba más a un musical que a una ópera. Tras esto siguió cantando musicales en Londres y no fue hasta después de proseguir sus estudios en Milán que debutó en un teatro de ópera cantando el Rodolfo de La Sonnambula de Bellini en el Teatro Nuovo de la ciudad italiana. Muy pronto, en 1953, ya estaba cantando en La Scala y dos años después en el Metropolitan, donde acabaría convirtiéndose en una de las figuras más destacadas hasta su retirada de la ópera en 1973. Sus principales papeles fueron el Figaro de Le Nozze, Filippo II, Hans Sachs y Mephistopheles entre otros. Además, estrenó el papel del Doctor en la ópera Vanessa, de Samuel Barber. Vamos a escucharle cantando el aria O tu Palermo, de la ópera de Verdi I vespri siciliani.


Vídeo de bobballsy

A lo largo de su carrera, Giorgio Tozzi ganó tres premios Grammy por sus apariciones en las grabaciones de Le Nozze di Figaro, Turandot y Aida, pero el primero de sus éxitos discográficos llegó con la grabación del Messiah de Haendel dirigida por Sir Thomas Beecham en 1959. Al tratarse de una versión anterior al movimiento historicista, se utilizó una orquestación distinta de la original, obra de Sir Eugene Goosens. Escuchemos el aria The trumpet shall sound.


Video de nyankothecat

Giorgio Tozzi nunca abandonó los musicales, con los que obtuvo grandes éxitos y a los que se dedicó en exclusiva tras su retirada de los escenarios operísticos. Sus dos principales papeles fueron el de Tony en The Most Happy Fella, que le valió un premio Tony en 1980 y Emile de Beque en South Pacific. Vamos a escucharle cantando One Alone, de la opereta de Sigmund Romberg The Desert Song.


Vídeo de ceb2633

Nos despedimos con un último vídeo: el Confutatis del Requiem de Verdi, procedente de un directo de 1957 bajo la dirección de Eugene Ormandy.


Vídeo de VynilToVideo

martes, 23 de marzo de 2010

Willard White, nuestro próximo Barbazul


El próximo sábado nos espera en el Palau de la Música de Valencia la fantástica ópera (fantástica en todos los aspectos de la palabra) El castillo de Barbazul, de Béla Bartók. El director que se hará cargo de la Orquesta de Valencia será Josep Pons y los papeles de Judit y Barbazul recaerán en dos cantantes británicos, la joven soprano Jane Irwin y todo un veterano, el bajo Willard White, a quien dedicamos la entrada de hoy.

Si queréis saber más acerca de la ópera de Bartók, os recomiendo la entrada que Barbebleue dedicó a su obra homónima en su blog Cuestión de sensibilidad, tan informativa en el fondo como poética en la forma.

Willard White, nacido en Jamaica en 1946 y posteriormente nacionalizado británico, creció en el seno de una familia humilde en Kingston. Se empezó a interesar por el canto escuchando la radio e imitando el estilo de Nat King Cole y Paul Robeson y en su juventud cantó en diversas agrupaciones amateurs hasta que Evelyn Rothwell, la esposa del director John Barbirolli, lo escuchó durante una visita a Jamaica y le sugirió marchar a Londres para estudiar canto. Su padre, sin embargo, le compró un billete de avión a Nueva York por la simple razón de que era más barato y allí White consiguió una beca en la Juilliard School of Music donde tuvo como profesor a Giorgio Tozzi y recibió clases de la mismísima Maria Callas. Una de esas clases de 1975, en la que ambos practican el aria de Fiesco de Simon Boccanegra, está disponible en youtube. White estaba todavía muy verde y su pronunciación italiana es penosa, pero vaya una voz la suya.


Vídeo de foropera

Pronto Willard White empieza su carrera profesional en la que mezcla los papeles para bajo más comunes de las óperas de Verdi, Rossini, Puccini o Mozart con con incursiones en repertorio más infrecuente (El castillo de Barbazul, Saint François d'Asisse, Le Grand Macabre, Billy Budd...). Uno de los papeles en los que más ha destacado es el de Porgy en Porgy and Bess, de George Gershwin, que grabó con Maazel y con Rattle en dos versiones que muchos consideran referenciales. Vamos a verle en una película grabada en 1993 bajo la dirección musical de Simon Rattle.


Vídeo de Trisolde

Gracias a su profunda voz y a su presencia escénica, Willard White ha hecho sus pinitos como actor de teatro, nada menos que con la Royal Shakespeare Company, junto a quienes interpretó en 1989 el papel de Othello. Veamos su monólogo final.


Vídeo de ILLANUNINE

Aparte del de Porgy, hay dos papeles en los que Willard White ha destacado en los últimos años: el de Méphistophélès en La damnation de Faust de Berlioz (imprescindible el DVD de Salzburgo con la Kasarova y la puesta en escena de La Fura dels Baus, a los que aprovecho para reivindicar ahora que les está cayendo la del pulpo) y un sorprendente Wotan, quizá no muy introspectivo pero solemne como pocos, en la producción de Aix-en-Provence del 2007, que posteriormente se vió en el Festival de Salzburgo. Vamos a ver el final de Die Walküre, nuevamente bajo la batuta de Simon Rattle.


Vídeo de Pablojvayon

martes, 24 de noviembre de 2009

Jon Vickers, un gran artista sin una gran voz


La resaca del paso de Les Troyens por el escenario del Palau de les Arts y por los blogs amigos me ha dejado bailando en la memoria los nombres de grandes cantantes que se enfrentaron con la dificil prueba de cantar cualquiera de los papeles principales de esta ópera. Entre todos ellos hay uno que destaca por haberse enfrentado con el papel más complejo de todos, el de Enée, y haberse convertido en su intérprete oficial durante años. Me estoy refiriendo a Jon Vickers, al que vamos a dedicar hoy una entrada.

Jonathan Stewart Vickers nació en Prince Albert, Canadá, en 1926. En su juventud, tras tratar de estudiar medicina y no ser aceptado en la universidad, decidió dedicarse al canto. Había estudiado en el conservatorio de Toronto y cantado en oficios religiosos, por lo que le fue fácil conseguir una plaza en un coro y pronto lanzarse como solista en la Ópera de Toronto, en la que debutó en 1952. Su primer papel, quién lo diría, fue el Duque de Mantua. Previamente había cantado opereta y oratorios.

Cinco años después, en 1957, Vickers debuta en el Covent Garden como el Riccardo de Un ballo in maschera, causando tan grata impresión que permanece en el teatro londinense hasta 1969. Durante esos años se forja la leyenda de Jon Vickers, un tenor capaz de asumir papeles tan variopintos y de tal dificultad como Radamés, Don Carlo, Florestán, Samson (Haendel y Saint-Saëns) y Siegmund, con el cual debutó en Bayreuth en 1958. También fue un asiduo de las óperas de Viena, París, la Scala de Milán y los principales teatros de Norteamérica, sobre todo el Metropolitan de Nueva York. De entre sus interpretaciones legendarias, destacan las dos veces que acompañó a Maria Callas como Giasone en la Medea de Cherubini, en Dallas (1958) y Londres (1959) y que le valieron para convertirse desde entonces en la referencia en tal papel. Escuchemos el dúo Son vane, qui minacce, perteneciente a la función del 3 de junio de 1959 en el Covent Garden.


Vídeo de AntonioMSFilipe

A los papeles ya mencionados, entre ellos el Enée de Les Troyens, fueron sumándose muchos otros: Pollione, Canio, Otello, Hermann de La dama de picas, Laça de Jenufa, Vasek de La novia vendida, Don Alvaro... pero si hay un papel donde Vickers dejó huella, donde supo poner todo su arte al servicio de la música y exprimir todo el jugo que contiene el personaje, ese es el rol titular de la ópera Peter Grimes, de Benjamin Britten. Tengamos en cuenta el mérito que tiene apropiarse de un rol que fue compuesto expresamente para un tenor en concreto, Peter Pears, y más aún hacerlo cuando la interpretación de Pears seguía en la memoria del público. Escuchemos (y veamos, que en este caso es casi tan importante) el Peter Grimes de un maduro Vickers en 1981.


Vídeo de Oneguin65

Sobre la voz de Jon Vickers nos dejó escrito Gonzalo Badenes en su libro Voces: "[...] en una primera escucha alarma y desconcierta. El aficionado que sólo conozca a Vickers por las grabaciones de sus últimos años, sentirá un impulso de rechazo hacia ese graznido faríngeo-nasal que caracteriza sus agudos en Otello, Tristan o Fidelio, en las versiones que grabó con Karajan para EMI." El ínclito Rodolfo Celletti describió así su voz: "Timbre árido, pobre de metal, carente de brillo en el agudo". Sin embargo, el propio Celleti no duda en reconocer que Vickers es el único tenor que respeta escrupulosamente las indicaciones de Verdi en la partitura de Otello, especialmente en el comienzo del Dio, mi potevi scagliar, donde se debe cantar "con voce soffocata". Vamos a comprobar tanto lo ingrato de su voz como lo correcto de su lectura en este Dio, mi potevi scagliar de 1978. Temas aparte serían su pronunciación y los sonidos afalsetados, especialmente llamativo el del minuto 2:20.


Vídeo de Onegin65


Badenes dice que la razón de que tengamos esa idea acerca de la voz de Vickers es que la celebridad discográfica, que es la que queda para la posteridad, le llegó tarde. Sin embargo, aún es posible encontrar al primer Vickers, con una voz mucho más agradecida, agudo fácil, excelente fraseo y una extraordinaria capacidad para recoger su caudalosa voz en grabaciones como su Don Carlo del 58 en el Covent Garden, su Parsifal dirigido por Knappertsbusch en Bayreuth de 1964 o su Aida con Solti. Como documento curioso, vamos a escuchar a un joven Vickers cantando con un instrumento en su plenitud el final de Il Trovatore junto a la soprano Edith della Pergola. No es una voz bellísima, pero lo cierto es que está mucho mejor que la que podemos escuchar en cualquiera de los otros vídeos.


Vídeo de Pawelp

Curiosamente, Jon Vickers, quien fue para muchos el mejor heldentenor wagneriano desde Lauritz Melchior, sólo cantó uno de los tres papeles que Wagner escribió para este tipo de vocalidad: Tristan. La razón por la que se negó a cantar Siegfried y Tannhäuser (llegando a abandonar una producción de esta última ópera en Covent Garden tras haberla aceptado inicialmente) fue su fundamentalismo cristiano. Vickers no tenía ningún problema en interpretar villanos o anti-héroes (Pollione, Giasone, Grimes...), pero se negaba a cantar aquellos personajes que, según su visión, eran exaltados por su mal comportaniento. Él mismo dijo que podía rechazar tales papeles con la cabeza bien alta porque, después de haberse atrevido con otros papeles de igual dificultad, nadie iba a pensar que tenía miedo de enfrentarse a ellos. Y es cierto, nadie lo piensa, pero es una lástima que sus creencias se interpusiesen en su carrera y nos privasen de unas interpretaciones que, en el caso de haber tenido lugar, podrían ser hoy tan legendarias como su Tristan. En este caso, siempre desde mi óptica y siendo consciente de que lo que digo puede resultar polémico, la persona no estuvo a la altura del artista.

Escuchemos el dúo del segundo acto de Tristan und Isolde con Jon Vickers y Birgit Nilsson en el festival de Orange en 1973, con la dirección de Karl Böhm.


Vídeo de Onegin65

Me dejo para el final dos interpretaciones de Jon Vickers que considero referenciales. La primera es su Don José en la Carmen de Bizet. Vamos a escuchar su aria de la flor en la versión fílmica que grabó junto a la Carmen de Grace Bumbry y la dirección de Herbert von Karajan. Ya está presente su timbre agrio, sin embargo la delicadeza conseguida con tan ajado instrumento y la sabiduría con la que cincela cada frase la ponen en el primer lugar en mi lista personal.


Vídeo de 3tristan


La otra interpretación legendaria de la que hablaba es su Florestan de Fidelio. Escuchemos su aria In des lebens, interpretada con todo el sentimiento que era capaz de transmitir tan gran cantante.


Vídeo de dorje1975

Y como esto tiene que acabar alguna vez, porque además de un blog uno tiene otras cosas que hacer, entre ellas corregir miles de exámenes, nos dejamos en el tintero cibernético interpretaciones míticas como su Siegmund con Leonie Rysanek, su Pollione en Orange con la Norma de Montserrat Caballé, su Enée (del que ya habló hace poco Joaquim en su blog In Fernem Land) y otras muchas que podéis encontrar en youtube fácilmente. Espero que os haya gustado este recordatorio de uno de los cantantes más importantes del siglo XX.