| Santo , mártir y yonqui. |
A veces la belleza infinita te abofetea de una manera sonora y dolorosa desde la más profunda de las soledades artísticas, sobre todo en ese paso previo a la decadencia o la muerte de los más grandes.
¿Tenemos que volver a recordar los American Recordings o el Lady in Satin?
Entonces ya es demasiado tarde para dar marcha atrás, ya no hay vuelta de hoja en el calendario, por la edad o por la opción de vida tomada.
No creo que toda nuestra atracción resida en ese placer que da el morbo de verles darse la vuelta completa al pellejo con el fin de vaciarse y enseñarnoslo todo, deteriorándose en directo para los demás, nosotros, los fans sino una cuestión de concisión, puntería, ir al grano porque les queda muy poco tiempo que perder.
¿Tenemos que volver a recordar los American Recordings o el Lady in Satin?
Entonces ya es demasiado tarde para dar marcha atrás, ya no hay vuelta de hoja en el calendario, por la edad o por la opción de vida tomada.
No creo que toda nuestra atracción resida en ese placer que da el morbo de verles darse la vuelta completa al pellejo con el fin de vaciarse y enseñarnoslo todo, deteriorándose en directo para los demás, nosotros, los fans sino una cuestión de concisión, puntería, ir al grano porque les queda muy poco tiempo que perder.
Este es el caso de este tesoro de uno de los unsung heroes más grandes que han habitado el planeta de las canciones cortas y dulces, precisas pero sublimes, de melodía y letra, ambas bien trenzadas, haciendo el amor enamoradas, el gran Tim Hardin.
Diremos siempre que es el autor e intérprete de Reason to Believe, la canción de desamor más bella jamás escrita, aquella por la que Bob Dylan o Townes Van Zandt hubieran dado su vida pero Tim Hardin como Billie Holliday o Antonio Vega, tiene mucha vida detrás de su desgracia y de las lógicas referencias clásicas a sus primeros y básicos discos, todos sencillamente numerados y trufados de lingotitos de oro.
Permitidme calificar a este album suyo de 1971 , "Bird on the Wire" de sublime y creo que me quedo corto con el adjetivo. Todavía, la voraz Columbia Records ponía un segundo empeño en sacar talento de un personaje que ya era tan adicto a la heroína que su enfermedad la llevaba impresa en el pasaporte como la fecha de nacimiento para que tuvieran conmiseración en las aduanas y le suministraran metadona en la primera farmacia, allí donde Tim fuera.
La libertad de un yonqui ajeno al desmembrado círculo de la inteligentzia del Village, desolado al no haber tenido el éxito que merecía, fue la que le permitió grabar una selección de temas innovadora como pocas aunque incluyera algunas covers muy típicas (ahora y entonces) y es que "Bird on the Wire" fue el Grace de ese año y como Jeff Buckley, éste trovador de ojos colocados , el viejo-joven Tim iba por delante de su tiempo y a ratos , sonaba hasta wilquero (de Wilco), tiene coña.
Quiero decir con ello que ya no estamos ante su sonido de cantante-compositor con guitarra de palo y voz folkie atmosférica, masculina y hermosa en la tradición de su maestro y compadre Fred Neil, esa especie de Ray Charles lánguido que es lo que fue el grandioso Tim de los años anteriores que culminaron con su participación en el festival de Woodstock.
Junto con San Richard Manuel, su alma gemela, ambos bailaron el vals del infortunio y la incomunicación y no supieron controlar su sensibilidad extrema llevándoles la falta de disciplina al precipicio más alto.
En este, su disco de 1971, estamos en presencia de la más pura expresión jazz del alma humana, como si fuera el saxo de Coltrane o la trompeta de Miles, sin interferencias, en el sentido amplio del término (un Astral Weeks o un Starsailor, algo así, intransferible, inexplicable, metafísico)
Junto con San Richard Manuel, su alma gemela, ambos bailaron el vals del infortunio y la incomunicación y no supieron controlar su sensibilidad extrema llevándoles la falta de disciplina al precipicio más alto.
En este, su disco de 1971, estamos en presencia de la más pura expresión jazz del alma humana, como si fuera el saxo de Coltrane o la trompeta de Miles, sin interferencias, en el sentido amplio del término (un Astral Weeks o un Starsailor, algo así, intransferible, inexplicable, metafísico)
Formas libres para sentimientos elevados, comprimidos, dulces y sanadores. Nada tristes, sólo fundamentales.
Mientras él seguía sin encontrar la salida a su angustia congénita, nos dejó grabada en cintas la puerta de la libertad al resto, ese viejo sacrificio generoso del club de los poetas muertos.
Ed Freeman como productor realizó un trabajo brillante en éste esencial hito que lo verás con tres o cuatro estrellas en la allmusic pero que a todas luces es una calificación injusta porque en el firmamento y "Bird on the Wire" lo es , las estrellas no se pueden contar.
Imaginad las peleas de Ed con Tim para que llegara a tiempo a las sesiones, empapado de whisky barato, recien salido del jaco pero metido de lleno en el alcohol para suplir carencias de todo tipo, separado de su darling companion y con poca mano ya (pero tan buena...) para la auto-composición, tirando de clásicos y canciones favoritas pero transformándolas en algo tan suyo que prácticamente no las reconoces, just like Nina Simone.
Un elenco de músicos impresionantes y cuerda, mucha cuerda pero reservada para los momentos necesarios, tan líricos que son realmente difíciles de aguantar por los lacrimales. La experiencia de escucharlo de tirón esta tarde completamente en soledad y sin vecinos puede calificarse como religiosa.
Comienza con el clásico instantáneo Bird on the Wire de Cohen que puede ser comparable a lo que Jeff hizo con el Hallelujah del canadiense, se la "roba" y la transforma en algo mucho más soulful, más Redding, le quita su austeridad judía y pone con ella el listón tan alto como la luna que es lo que un gran álbum debe hacer, golpear en el estómago desde el primer surco. La adornan, según discurre , unos arreglos de viento como de funeral de New Orleans y la caracteriza la plena libertad vocal ya en ese punto de deterioro adecuado para confiar en su verdad como Amy dos años antes de abandonarnos para siempre. Él también lo haría, algo más tarde, como todos los ángeles que le precedieron y que , desgraciadamente , de pascuas a ramos, repetirán tan triste hazaña. Unos coros finales de iglesia le dan un mórbido aire premonitorio. Bellísima versión, bellísima.
Con Moonshiner (la canción tradicional del santo bebedor americano, the aquarium drinker) no hace más que sincerarse, decirte que si veía cerca tu cartera a mano, te la iba a robar, para conseguir gasolina que le quitara la pena pero su voz de yonki celestial y sus crescendos de piano son algo que hay que escuchar antes de dejar este mundo.
Southern Butterfly que no sé por qué me da que está dedicada a Janis, es una de su medía docena de rosas escogidas de su repertorio, una auténtica delicia sensorial.
En la línea de sus obras maestras como Black Sheep Boy, te enseña los secretos más profundos del amor, flotando en su melodía que seguro cautivó al joven Nick Drake (uno de los discos tirados en su habitación , el fatal día que su madre se lo encontró muerto , era de Tim, otros The Freewheelin´ , Astral Weeks y el primero de Randy Newman)
En la línea de sus obras maestras como Black Sheep Boy, te enseña los secretos más profundos del amor, flotando en su melodía que seguro cautivó al joven Nick Drake (uno de los discos tirados en su habitación , el fatal día que su madre se lo encontró muerto , era de Tim, otros The Freewheelin´ , Astral Weeks y el primero de Randy Newman)
Si haces gospel liberador como Tim Hardin no puede faltar tu propio Satisfied Mind.
En ella un piano eléctrico mágico y la pedal steel de Ben Keith, te dejan en bandeja el orgasmo más puro y duro, corto e inmenso que yo he escuchado. Y ahora recuerdo por qué Leonard y sus Viejas Ideas o La Vida es la Gente de Bill Fay nos tuvieron a todos tan tontos el año pasado... no hay mayor grandeza, no hay mejor gospel que el de la sabía y bella arruga.
Pero también hay sitio para el funk ala Tim Buckley, otro mártir, con Soft Summer Breeze , estos genios tenían clara la máxima soul is the answer y no se cortaban un pelo por tratar de hacerse un tema a lo Muscle Shoals a la mínima ocasion.
Cinco canciones por cara y cortas , visión condensada y precisa, no necesitas más.
La cara B se abre con el interesante blues eléctrico Hoboin´ para seguir con un Georgia on My Mind muy especial, como de Donny Hathaway blanco, ese wurlitzer espectacular, muy free-soul, jazzy, sofisticada, increíble, Cassandra Wilson antes de Cassandra Wilson. Es dos palabras: alu-cinante. Joe Zawinul a las teclas, está todo dicho.
En Andre Johray primero recitada de manera solemne, el bardo alcanza unas notas altas inusuales, nunca vistas en su registro vocal, demostrando que ya hubo Bon Iver antes de Bon Iver. Muy lunática, avant garde emocionante con los pies en la tierra, como lo que ha hecho este año Phosporescent.
Con If I Knew vuelve al discurso inarticulado del corazón, como algo más tarde Van The Man repetiría en Veedom Fleece y aquí , en concreto, duele escucharle porque suena a sufrimiento, a dura poesía desde la desesperación, a final amargo y tristeza.
Love Hymn es una oración tan delicada para cerrar que casi se la puede considerar una suite como la que ha firmado este año el gran Roy Harper titulada Heaven is Here.
Me fastidia tanto que nadie haya comentado lo grande que es ese tema.
En ella un piano eléctrico mágico y la pedal steel de Ben Keith, te dejan en bandeja el orgasmo más puro y duro, corto e inmenso que yo he escuchado. Y ahora recuerdo por qué Leonard y sus Viejas Ideas o La Vida es la Gente de Bill Fay nos tuvieron a todos tan tontos el año pasado... no hay mayor grandeza, no hay mejor gospel que el de la sabía y bella arruga.
Pero también hay sitio para el funk ala Tim Buckley, otro mártir, con Soft Summer Breeze , estos genios tenían clara la máxima soul is the answer y no se cortaban un pelo por tratar de hacerse un tema a lo Muscle Shoals a la mínima ocasion.
Cinco canciones por cara y cortas , visión condensada y precisa, no necesitas más.
La cara B se abre con el interesante blues eléctrico Hoboin´ para seguir con un Georgia on My Mind muy especial, como de Donny Hathaway blanco, ese wurlitzer espectacular, muy free-soul, jazzy, sofisticada, increíble, Cassandra Wilson antes de Cassandra Wilson. Es dos palabras: alu-cinante. Joe Zawinul a las teclas, está todo dicho.
En Andre Johray primero recitada de manera solemne, el bardo alcanza unas notas altas inusuales, nunca vistas en su registro vocal, demostrando que ya hubo Bon Iver antes de Bon Iver. Muy lunática, avant garde emocionante con los pies en la tierra, como lo que ha hecho este año Phosporescent.
Con If I Knew vuelve al discurso inarticulado del corazón, como algo más tarde Van The Man repetiría en Veedom Fleece y aquí , en concreto, duele escucharle porque suena a sufrimiento, a dura poesía desde la desesperación, a final amargo y tristeza.
Love Hymn es una oración tan delicada para cerrar que casi se la puede considerar una suite como la que ha firmado este año el gran Roy Harper titulada Heaven is Here.
Me fastidia tanto que nadie haya comentado lo grande que es ese tema.
Santos mártires yonquis que dice el donostiarra Rafael Berrio en su fantástico tema de su Diario de 2013, Tim Hardin fue uno de ellos y en "Bird on the Wire" nos regaló belleza infinita sin pulir y , sin quererlo, medio borracho, pintó su más imperfecta pero sentida obra maestra.
Por favor, no paséis por esta entrada de puntillas, sin escucharlo o volverlo a hacer si antes no lo habiais hecho o comparandolo con otras de sus obras más reconocidas, obvias y aplaudidas porque sería como cuando ha pasado un tren secreto con el más precioso de los destinos y te has quedado plantado en el arcen como un bobo; entonces, se habrá esfumado una ocasión hermosa de caer rendido a uno de los milagros más sonados de los santos mártires yonquis.
Por favor, no paséis por esta entrada de puntillas, sin escucharlo o volverlo a hacer si antes no lo habiais hecho o comparandolo con otras de sus obras más reconocidas, obvias y aplaudidas porque sería como cuando ha pasado un tren secreto con el más precioso de los destinos y te has quedado plantado en el arcen como un bobo; entonces, se habrá esfumado una ocasión hermosa de caer rendido a uno de los milagros más sonados de los santos mártires yonquis.
"Por sus perdidos paraísos,
por el rigor de sus infiernos,
por su estancia terrenal
bajo el signo de los sueños.
Santos... Santos mártires yonquis.
Santos mártires yonquis
del jaco de los años buenos,
de los años inmisericordes,
Santos... Santos mártires yonquis"
Rafael Berrio