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30.12.23

CLANNAD:
"Fuaim"

Letterkenny es una ciudad irlandesa, la más grande del condado de Donegal, una de las regiones irlandesas donde más se habla gaélico (algo distinto, por aquí, al común en el resto del país) y donde está más enraizada y recordada la tradición musical. Fue en el prestigioso festival de música folk de esta localidad donde se dio a conocer una banda de música tradicional denominada Clannad. Originarios de Gweedore, en la costa atlántica, los miembros de Clannad eran todos familiares (tres hermanos, Pól, Ciarán y Máire Brennan, y sus tres tíos, Duggan, Pádraig y Noel), y el nombre original de la banda era, de hecho, Clann As Dohbar, que significa 'familia de Dore'. Su música era una forma de expresión muy natural y bastante artesanal de su pasión por la tradición de la música y el canto, pero aun fascinados por las armonías de bandas británicas o estadounidenses como The Beach Boys, The Mamas and the Papas, The Beatles o The Hollies, su camino se dirigió más hacia otros conjuntos más folclóricos como Pentangle, Steeleye Span o Fairport Convention. Sus primeros álbumes, de hecho (incluido el primero, que grabaron con Phillips como premio al festival de Letterkenny, para firmar enseguida con Gael-Linn), se dirigieron hacia la tradición, a la que llegaban a través de un proceso de investigación que incluía a las personas mayores de su condado. 

"Clannad" fue el título en 1973 de un primer álbum del grupo absolutamente acústico y tradicional, un testimonio del pasado en el que el folk te envuelve de aromas celtas y medievales con una ingenua sencillez, a la manera de comienzos de los setenta, con arreglos florales de guitarras, flautas, arpa, percusión teclados y voces armonizantes, y versiones de temas tan emblemáticos como "Brian Boru's March" o "Siobhan Ni Dhuibhir". Para "Clannad 2", en 1974, llegó Dónal Lunny y con él una cierta consistencia, aunque aún rondaba en el conjunto la bisoñez del folk hippie de la época; "Dhéanainn Súgradh" fue el animado sencillo de este trabajo en el que colaboraban los hermanos Ó Domhnaill, Tríona, Mícheál y Pádraig. Pero Lunny no se quedó con la banda, y aquí se produjo la efervescente aparición de un productor tan solvente como Nicky Ryan. Ya con él, "Dúlamán" tomó en 1986 el título de un conocido tradicional irlandés, que suena muy bien en las voces de la banda; el condado de Donegal sigue siendo su fuente de inspiración, pero se aprecia un sonido claro y en varios puntos evolucionado respecto a los dos discos precedentes, que se nota especialmente en canciones como "Dúlamán", "Two Sisters" o "Siúil, a Rún". "Clannad in Concert" (1978) fue su primer álbum en vivo, directos en los que mejoraban sus primeras producciones. Y es en 1980 cuando aparece en el álbum "Crann Ull" otro personaje cercano a la familia, que pronto acaparará un mayor protagonismo: Eithne Ní Bhraonáin (Enya) interpreta aquí esporádicamente -y sin acreditar- teclados y coros. El trabajo mantiene un buen nivel sonoro, de composición, arreglos y producción, aunque se necesitaba un tema estrella para salir del círculo del folk, o un disco con un toque especial, que llegó en 1982, cuando Tara publicó "Fuaim". En este gran álbum, la resonancia vocal conjunta es ya de una excelencia suprema, manifestada en temas como ese sublime inicio titulado "Na Buachaillí Álainn" (Máire encandila ejecutando la melodía irlandesa sobre cálidos acordes de cuerdas, pero el conjunto de voces que se unen en el canto es sencillamente delicioso) o esa especie de himno titulado "Lish Young Buy-a-Broom", si bien es el único sencillo del disco el que acapara elogios con toda la razón: "Mhórag 's na Horo Gheallaidh" es una sublime pieza casi a-cappella, una 'waulking song' que apetece escuchar en bucle, un bellísimo ejemplo de mouth music que resuena en nuestra cabeza mucho después de haber acabado, y que porta una sonoridad muy del tipo Enya en sus coros y teclado. No sólo de Máire depende el grupo como voz solista femenina, la estupenda "Mheall Sí Lena Glórthaí Mé" (sencilla canción con un marcado ritmo de marcha que se sitúa en segundo lugar en el disco) porta la voz de Pól, además de un grato interludio instrumental. Con canciones como "An TÚll" se puede manifestar un gran interés popular, pues se trata de una pieza animada y pegadiza, una polka cantada por Enya (aún conocida como Eithne), que no tiene mas que la base musical y su voz, pero sin embargo engancha en su tierna inocencia. También aparecen baladas de gran calado como "Strayed Away" (con aires americanos, un curioso y tímido viaje al folk más cercano al estilo country) o "The Green Fields Of Gaothdobhair", donde empiezan a verse a los Clannad futuros, los que trasladan su esencia al pop/rock, aunque aquí comedidos y, por supuesto, muy disfrutables. No pueden faltar los instrumentales de recuerdo irlandés ("Bruach na Carriage Báine", un vals lento con lo bucólico del arpa y una producción que se nota distinta, más elaborada), pero también temas innovadores, como un "Ní Lá na Gaoithe Lá na Scolb?", con el saxo de Neil Buckley, que aporta un tipo de sonido nuevo en la banda cercano al jazz fusión o incluso al rock sinfónico ambiental en su primer tramo. Los músicos e instrumentos de "Fuaim" son: Máire Ni Bhraonáin (voz, arpa), Eithne Ni Bhraonáin (voz, teclados), Pól Ó Bhraonáin (flauta, flauta irlandesa, guitarra, voces), Ciarán Ó Bhraonáin (contrabajo, guitarra, sintetizador, piano, mandolina, voces), Pádraig Ó Dúgáin (mandola, órgano, voces), Noel Ó Dúgáin* (guitarra, voces), Neil Buckley (clarinete y saxos), Pat O'Farrell (guitarra eléctrica) y Noel Bridgeman (percusión). La producción es de un Nicky Ryan que dejaría la banda tras este disco y, atisbando las posibilidades de la joven Eithne, crearía junto a ella y su propia esposa, la letrista Roma Ryan, el fenómeno Enya.

Este hermoso trabajo es más que la aparición (discreta, realmente) de Enya, y se mantiene como uno de los discos más auténticos de los Clannad que disfrutaban reverdeciendo el folclore de su tierra, sin entrar en las necesidades del mercadeo musical. Todas las experiencias de la niñez afloran a cada momento, y la música que la banda hacía no puede ser la misma que la que hacían sus padres veinte años atrás, hay una evolución lógica, eso sí, dominada por una idea similar, un sustrato que acaba dominando el sonido. "Fuaim" fue la confirmación, tras algunos pasos tímidos, de una banda con una personalidad rotunda en el mundo del folclore de Donegal, pero con visos de viajar a otras tierras, tanto para difundir su tradición como para recoger influencias de otros campos más modernos y fusionarse con ellas. Este sonido consolidado iba a alcanzar el éxito definitivo cuando los responsables de la miniserie de televisión de 1982 'Harry's Game', tras escuchar piezas vocales tan espléndidas como "Mhórag 'S Na Horo Gheallaidh", decidieron que su tema principal iba a ser interpretado por Clannad, naciendo así el mito de la celestial "Theme from Harry's Game". Varias décadas después, el camino repleto de altibajos de este conjunto irlandés no ha terminado todavía, su singular sonido gaélico continúa reverdeciendo las glorias del pasado a pesar de las pérdidas de miembros fundamentales, aunque siempre con Máire dando la cara y con la familia eternamente unida.

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28.1.21

ENYA:
"A Day Without Rain"

Aunque Enya asegure que pueden pasar días, semanas o incluso meses sin que escriba ni una sola nota a pesar de estar todo ese tiempo en el estudio, al final sus composiciones tienen el poder de trascender el tiempo. Uno de los casos más extraordinarios de esta sugestiva capacidad de su música y de su voz, sucedió tras uno de los hechos más luctuosos de la historia del siglo XXI, el atentado contra las torres gemelas de Nueva York, momento en que su canción "Only Time" se convirtió en una especie de bálsamo para digerir la tragedia. Aunque el trabajo en el que venía contenido, "A Day Without Rain", se había publicado casi un año atrás, la capacidad de ánimo de la canción abanderó el consuelo del pueblo americano gracias a versos como '¿Quién puede decir hacia dónde va el camino, hacia dónde fluye el día? Sólo el tiempo. ¿Quién puede decir cuándo duerme el día, si la noche cuida de tu corazón?'. Enya estuvo allí un mes después de los atentados promocionando la película 'El señor de los anillos' y descubrió lo bien que casaban ambas manifestaciones, la de la más pavorosa crueldad y la de la melodiosidad de su música, porque la canción, decía, "muestra que el tiempo puede ayudar a curar las heridas, sin importar lo grandes que sean". Doce canciones en total venían contenidas en este quinto álbum de Enya, de cuidadísima portada (como era habitual), publicado por WEA en el año 2000, en el que la artista afirmaba revelar sus sentimientos más profundos y escondidos, como se esconde la propia Eithne Ni Bhraonain -su nombre auténtico- en 'Manderley', su castillo de Ayesha en Killiney, al sur de Dublín, ya que la privacidad de su vida íntima es tan importante para ella como su propia música.

Tras la publicación de su primer disco recopilatorio ("Paint the Sky With Stars", en 1997), Enya afirmaba que no tenía ni idea de cómo iba a sonar su próximo álbum, que se planteaba como un nuevo reto. Dos composiciones nuevas con aspecto de puro compromiso habían aflorado en aquella compilación, "Only If..." y "Paint the Sky With Stars", que no dejaban atisbar en el futuro. Nicky Ryan y su mujer, Roma, iban a ser de nuevo los lugartenientes de Eithne en su nuevo proyecto, Nicky como productor y creador, y Roma como letrista. La incertidumbre del proceso de creación derivó en un trabajo cuyo título expresa la felicidad de un día sin lluvia en un lugar en el que puede llover durante muchos días seguidos, limitando totalmente la luz del sol y la facultad de pasear y divertirse al aire libre. Enya hablaba así de esos momentos en el estudio: "Hay mucha emoción inherente al trabajar de esta manera. Vas al estudio, te sientas allí, y yo escribo la melodía y, básicamente, no sé qué va a ser. Luego se la pongo a Nicky y Roma y me preguntan: '¿De qué trata esta canción?, ¿qué significa?'. Incluso cuando estamos arreglando, discutiría con Roma cosas relacionadas con la letra, lo que es adecuado para ella. Es muy emocionante". El tema de las letras es particularmente difícil de acordar, y Enya puede cantar en varios idiomas (lo ha hecho en español, japonés o francés, así como en lenguas inventadas como el quenya -de los elfos, creada por Tolkien- o el loxian -ideada por Roma Ryan-), pero sus idiomas principales son, evidentemente, el inglés y el gaélico, lengua materna ésta que utiliza especialmente cuando la melodía se acerca a lo tradicional (es el caso, en este disco, de "Deora Ar Mo Chroi"). "A Day Without Rain" comienza con el tema instrumental homónimo del álbum, y lo hace de un modo muy parecido a "Watermark", con un piano atemporal, nebuloso, junto a sus susurros duplicados en una pieza que no por escuchada deja de ser efectiva. No es sin embargo este trabajo en el que más brillan los efectos multivocales de la irlandesa, que parece intentar sonar más natural, por ejemplo en canciones como "Wild Child", segundo sencillo del disco, una nueva muestra de la agradable música ultraproducida de la cantante, cuyo videoclip de hecho es un prodigio de retoque fotográfico, haciendo parecer que la ya veterana cantante sea un jovencita. No es que se conservara mal ni mucho menos nuestra protagonista, pero Enya se acercaba en este momento a los 40 años, una edad por otro lado muy adecuada para saber lo que ofrecer en el mundo de la música. Y Enya ofrecía lo que mejor sabía hacer, de hecho lo que sólo ella hacía a la perfección, su sello de autenticidad, que de inmediato alcanza el nivel de excelencia en el tercer corte del disco, su primer single, que supuso el verdadero éxito y su mejor posición en las listas de ventas americanas -aunque, como se ha dicho, a raíz del 11S-, una nueva canción, más sincera, que llevó el título de "Only Time". No se trataba ni mucho menos de un panegírico (evidentemente fue compuesta mucho antes de los atentados), pero enseguida se convirtió en un símbolo. Curiosamente, la canción no había sido single en Estados Unidos, pero en ese momento sí que apareció una edición especial benéfica para las familias de las víctimas y los bomberos. Un poco más adelante, en 2013, este tema volvió a ganar en popularidad gracias a su utilización en un espectacular anuncio publicitario de camiones Volvo (protagonizado por el actor Jean-Claude Van Damme), que batió records de visualizaciones en internet. No podía faltar el canto en latín, deudor de aquellos reverenciados (insuperables, de hecho) "Cursum Perficio" o "Afer Ventus"; "Tempus Vernum" no les alcanza, quedando como una muestra agradable del crossover con el que sabe aliñar sus trabajos la vocalista. "Deora Ar Mo Chroí (Tears on my Heart)" es otro crossover muy aceptable y también característico en Enya, el operístico, derivado de su voz de mezzosoprano. Cerrando la parte primera del álbum, "Flora's Secret" es un nueva canción animada, de la que Roma Ryan cuenta que Flora es el nombre de una joven que esconde su amor, y se encuentra en un lugar secreto con su amante, rodeados de flores, pero la diosa de las flores en la mitología romana se llama también Flora, así que ella comparte el secreto con los dos jóvenes. Más recogida, como una historia privada que Enya canta desde su castillo, es "Fallen Embers", poseedora de la sencilla magia de las leyendas irlandesas. Atrás quedan sin embargo comienzos de caras B tan míticos como "Orinoco Flow" o "Book of Days", recodando los mejores momentos de la cantante. De hecho, "Silver Inches" es, a continuación, una poco desarrollada pieza instrumental, posiblemente lo más sobrante hasta el momento del álbum, del cual en canciones como la que sigue, "Pilgrim", es más valorable la ejecución que la propia composición, poco o nada original en la carrera de sus firmantes, intensa, agradable, como esas películas en blanco y negro que le gusta disfrutar a Eithne, pero se ha entrado en ese tramo difícil del que hay que elevarse, y al menos "One by One" es una nueva canción pegadiza que puede quedar en el recuerdo del oyente. En el tramo final del trabajo, "The First of Autumn" es otra pieza instrumental dinámica, y la canción de cierre, "Lazy Days", tampoco es el colofón especial que, manteniendo la comparación (algo que puede ser injusto, pues cada álbum tiene su momento y su importancia), venía siendo habitual en sus discos anteriores (títulos como "Storms in Africa" o "Smaointe..."), pero es verdad que tanto vocalista como intérpretes -con una sección de cuerdas- lo dan todo para completar una despedida apropiada y optimista ("básicamente es una canción sobre tomarse un día para relajarse"), como intenta ser el disco entero. "Isobella" fue una suave canción incluida en la edición japonesa del álbum, y "The Promise" un bonito corte de piano del sencillo de "Only Time". Música folclórica, clásica, religiosa, o incluso ópera o pop, son las influencias de Enya y los Ryan para elaborar un nuevo producto único ("tenemos una norma fundamental en el estudio, y es que todo se prueba, da igual lo absurdo que parezca"), aunque muchos intenten igualar su estilo y su emoción, y otros se cansaran de la repetición de formas. Eso sí, la marca Enya no perdía ventas, de hecho con "A Day Without Rain" las ganó, pues se trata del álbum más vendido de su carrera con más de 15 millones de ejemplares vendidos en los primeros años (7 millones en los Estados Unidos). En el año 2000 alcanzó el número 3 en las listas de ventas españolas, bajando en enero de 2001 hasta el 7 (estuvo en total 15 semanas en listas), sin llegar a alcanzar en nuestro país el número 1 a pesar de despachar más de 200.000 copias. En la ceremonia de 2002 de los premios Grammy, "A Day Without Rain" consiguió el premio en la categoría new age (su tercer galardón, tras "Shepherd Moons" y "The Memory of Trees") superando a Philip Aaberg, David Darling, Kitaro y el segundo álbum de Sacred Spirit. Poco después de la consecución de este trabajo, el cine más comercial y espectacular iba a requerir de los servicios de Eithne, que grabó dos grandes canciones, "May it Be" y "Aniron" para la adaptación de 'El señor de los anillos'.

Dicen que en la actualidad todo está datificado, que los algoritmos predicen las conductas. En pleno cambio de siglo, y enclavada en su particular estilo, no había que recurrir a las matemáticas para predecir cada nuevo paso de Eithne Ni Bhraonain, pues su firma indistinguible está presente a cada minuto de sus trabajos, que suelen seguir patrones similares. Eso no resta méritos a la irlandesa, que vuelve a maravillar y dulcificar la existencia de sus seguidores y del público en general a pesar de perder algo de frescura en cada nuevo (e impoluto, sin duda) trabajo. De no existir "Watermark", de no existir "Shepherd Moons" o incluso "The Celts", este disco bien podría ser otro pequeño clásico de la new age, pero la repetición torna en 'déjà vu' lo que tiene innegable clase. La pregunta es evidente: dada la dificultad de mantener ese nivel tan increíblemente alto, ¿qué hay que valorar más, seguir ofreciendo altas muestras de producción con ese sonido tan maravilloso y angelical?, ¿o tal vez los que la critican preferirían no escuchar sus nuevas canciones? Las malas críticas ante este evidente regalo que Enya realiza con cada nuevo trabajo, sólo las pueden hacer los que jamás podrían acercarse ni por asomo a ofrecer algo parecido al mundo. Los agradecidos, aparte de lamentar en cierto modo el paso del tiempo, darán buena cuenta de un puñado de alegría en forma de CD y sencillamente lo agradecerán como lo nuevo de una artista única.










11.9.20

VARIOS ARTISTAS:
"European new instrumental music"

Otra de las numerosas compañías que aparecieron de la nada durante la bonanza de la música new age en los años 80 del siglo XX fue Blue Flame Records. Fundado en Stuttgart en 1986, este sello discográfico ha indagado durante su prolífica trayectoria en una larga lista de estilos, entre los que se encuentran jazz, world music, ambient, tecno o lounge, y especialmente en crossovers naturales entre ellos con toques electrónicos. Pocos de los nombres de su nómina de músicos han sido superventas o artistas recordados (especialmente en España), aunque en pequeñas dosis, y especialmente en sus primeros años de vida, Blue Flame logró una cierta repercusión y algún que otro hit esmerado. "Solo se acepta la máxima calidad en todas las áreas de producción", señalaba su fundador, el alemán Friedemann Leinert, más conocido por su nombre artístico, Lenny Mac Dowell. Junto a su mujer, Ilona Leinert, buscaron de manera exhaustiva la independencia en un tipo de música en la que creían, con la que disfrutaban, y a la que dedicaban toda su experiencia y creatividad, a nivel musical Friedemann y en el campo administrativo, promocional y de diseño, Ilona. Así, y haciendo del lema "Blue Flame graba música sin fronteras" su propia inspiración, se hicieron con un catálogo tan interesante como para disfrutar de algunas de sus pequeñas joyas en recopilatorios como el que publicaron en 1989, de título "European new instrumental music".

Se trata ésta de una compilación doble, por lo que contiene bastante material, que oscila entre la excelencia y un cierto hastío. El comienzo del primer disco es mas efectivo por nombre que por calidad instrumental, pues los Tangerine Dream de los 80 no se acercan a los profundos y explosivos de la década anterior. Se trata además de un tema de una banda sonora no muy conocida, la de "Shy people". Así, la rítmica melodía de "Civilized illusion" se aleja de la bondad de otros productos de la banda alemana, dibujando una melodía facilona que solamente funciona como toma de contacto rápida, un intento de atraer compradores colocando al grupo alemán en cabeza de cartel. Algo parecido sucede un poco más adelante con Enya, otro nombre capaz de vender discos por sí solo, si bien en esta ocasión se puede hablar de acierto. Cualquier creación de la irlandesa en esta época es sinónimo de atención y calidad, y "Aldebaran" se detiene en otra gama de sonoridades, más cósmicas que las habituales en ella (también más cercanas a la estética de la compilación), pero contiene su sofisticada firma en el cuidado efecto multivocal -en la primera fase de su desarrollo-, susurrante y atrayente como si fuésemos un Ulises cosmonauta. Aparte, dos son las grandes melodías triunfadoras de este primer disco: del primer trabajo del danés Kristian Lilholt ("Chair in air") nos llega "Uncertain position", las notas pausadas y distinguidas del teclado impregnan de magia este gran tema, ayudadas por una atmósfera brumosa y un cierto componente muy directo y cercano que va creciendo con el paso de los minutos. Y como estupendo colofón, "Icarus" es una de las grandes canciones de otro danés, Klaus Schønning (de su disco "Arctic light"), plena de magia y aventura, en un estilo folclórico avanzado. No son las únicas piezas de ambos artistas en el álbum, pues en "Celestial mirage" Schønning también se deja seducir por un pasaje neoclásico y le aporta un sello propio, con autoridad, aunque de manera un tanto inconexa, y en "Blue red horizons", de ecos orientales, Lilholt se queda simplemente en agradable. Algo más se disfrutan "Free fall" (de Lenny Mac Dowell, donde un teclado cíclico y una melodía aflautada se bastan, junto a una suave percusión jazzística, para desarrollar una pieza sosegada y sin ningún sobresalto) o "Waves" (del dúo formado por Martin Kolbe y Ralf Illenberger, donde se nota la complicidad de estos dos amigos que ficharon años después por Narada, pues este tema, presuntamente sencillo, suena espontáneo y ameno, con unas cuerdas muy seguras y potentes). Completan esta primera parte del recopilatorio el suizo Alap Jetzer con una composición danzarina y de aspecto muy natural, "Joy-Ensemble", de cuerdas briosas, y la atmósfera relajante del tema "Space quest" de la banda de Peter Kuhlmann, Romantic Warrior, ambiente espacial sin gran trascendencia. Algo menos animado resulta en general el segundo disco, si bien presenta a otra serie de artistas tan importantes como la Blue Chip Orchestra (cuyo espíritu abierto y vanguardista deja su sello en la recopilación con "Bolero Carmin"), Blonker (inventivo y siempre bien recibido por sus agraciadas guitarras, que en "Voice of Autumn" investiga en paisajes mas propios -si atendemos al cliché- del desértico oeste que de la frondosa Alemania, con un resultado algo largo pero entretenido) o el holandés Rick van der Linden (presente tanto en solitario con el tema "My pianoman" como con su grupo Ekseption en "Ekseptional", resaltando en ambos casos su faceta de recreador clásico con acercamientos al rock sinfónico y al progresivo). También repite Lenny Mac Dowell, y por partida doble, aunque ni "Colours of love" ni "Shikara" destacan especialmente. Tampoco acaban de convencer Christoph Spendel con "Six silent steps" ni Pat Wilcox con un "Moontalk" que parece aspirar a banda sonora de película erótica de los 70. Son, eso sí, otras dos las piezas destacadas de este segundo disco del recopilatorio: el guitarrista alemán Matthias Thurow presenta en "Detour" un tema amable y conocido en el que vale la pena detenerse, exultante y con dosis de intriga, con su fondo burbujeante repetitivo, fantasmales efectos sonoros y una melodía de viento para disfrutar. Y como conclusión de esta aventura musical europea, otro alemán de gran trayectoria, el sintesista Robert Schroeder, del que se selecciona "Soft touch", secuencia sencilla pero potente y muy gozosa, que enseña un camino importante en la escena electrónica europea mas vanguardista. "Detour", "Soft touch", "Uncertain position", "Aldebaran" y "Icarus" son, posiblemente, lo mejor de las 20 composiciones propuestas por Blue Flame en una recopilación necesaria y con momentos atrayentes para mentes abiertas.

¿Hay una manera europea y otra americana, africana o asiática, de hacer las cosas en el mundo de la música? Parece evidente que sí, como en prácticamente todas las artes se pueden distinguir formas y detalles que identifican los orígenes de las formas musicales, aunque la globalización haga cada vez más que un producto sea de un determinado lugar no por sonar a ese lugar sino por estar hecho allí. En las postrimerías del siglo XX, sin embargo, aún se podía apreciar cierta pureza en los géneros musicales, y en cuanto a los asociados a las Nuevas Músicas, lo instrumental, lo electrónico o el folclore avanzado, algunos sellos europeos de estos géneros (Blue Flame principalmente, pero con aportaciones de Edel Company, Mood Records, BBC Records, Erdenklang, RCA/BMG Ariola, Phonogram y Racket Records) iban a unificar sus propuestas en un solo CD recopilatorio titulado genéricamente "European new instrumental music". Con mucho de interés y bastante de acierto, este doble álbum quedó como una demostración de un tipo de sonido adelantado en aquella época, en un estilo por lo general melódico atmosférico, sin grandes alardes pero buenas interpretaciones, donde la electrónica y el jazz entraban de lleno, posiblemente por influencia de sellos puntales como ECM, aunque su incidencia fuera mayor en el este de Europa que en España, donde su distribución y radiodifusión no fueron extraordinarias.

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17.1.13

ENYA:
"The Memory of Trees"

En su localidad natal en el condado irlandés de Donegal, Gweedore, Eithne Ní Bhraonáin -más conocida mundialmente como Enya Brennan- siempre estaba en contacto con la naturaleza y por supuesto con los árboles. No es de extrañar que éstos hayan aparecido en un momento dado como influencia en su obra, más teniendo en cuenta su cualidad, según los druidas y la mitología irlandesa, de ser los guardianes sagrados de la memoria. "The Memory of Trees", el cuarto álbum oficial de la irlandesa, fue publicado, con buen ojo y estrategia, a las puertas del mercado navideño de 1995, y es que se tiende a asociar al estilo de Enya con lo más idílico y bonito de la Navidad. El resultado en las listas españolas fue un rotundo número 1 en dos semanas de las 31 que permaneció en ellas (tres discos de platino en total), un primer puesto que no consiguió con sus anteriores discos, que sin embargo vendieron más y permanecieron incluso varios años en listas (en el caso de "Watermark", más de 150 semanas). Por el contrario, en Gran Bretaña no logró repetir el número 1 de "Shepherd Moons", accediendo únicamente al quinto puesto, y es que un estilo tan marcado como el de Enya es difícil de mantener con enorme calidad con el paso de los discos, y posiblemente en "The Memory of Trees", aún tratándose de un gran álbum, se estaba comenzando a agotar la fórmula del éxito seguro.
 
Enya, que siempre ha destacado por un gran cuidado y esmero en cuanto al diseño, fotografías y portadas de sus obras, volvió a fijarse en los cuadros de su admirado Maxfield Parrish para la cubierta y colorido de "The Memory of Trees", concretamente en la ilustración 'The Young King of the Black Isles'. Parrish, dibujante de ensoñaciones y cuentos fantásticos, se acerca por igual a la iconografía de 'El señor de los anillos' como a la mente de una Enya que, con los años, ha ido perdiendo algo del ímpetu tradicional con el que creció y comenzó a componer. Además, y al contrario que en años y trabajos anteriores, en este momento Enya ya no vivía junto a Nicky y Roma Ryan, y esa soledad la empujó a encargarse ella misma de todos los instrumentos y las voces, con total solvencia, si bien se acabaran perdiendo de esta manera las puntuales aportaciones de enorme calidad de grandes estrellas como Davy Spillane o Liam O'Flynn, que alumbraron discos anteriores. No obstante, toda labor en "The Memory of Trees" es soberbia, tanto la composición como la interpretación y la producción, y eso se nota desde las primeras notas de su evocador comienzo, el tema que da título al álbum y en el que aparece toda la magia del sonido multivocal tan característico y esperado, en un crescendo de emoción y esperanza muy fácil de admirar y disfrutar. A continuación, y como primer sencillo, "Anywhere Is" es un corte pegadizo y directo a las radios, si bien no posee la fuerza y sobre todo la originalidad de sus anteriores primeros singles, es como si se hubiera creado con ese fin, no con la espontaneidad y la ilusión de aquellos "Orinoco Flow" o "Caribbean Blue". Aún así, resulta agradable y posee un cierto encanto y espíritu navideño. No podía faltar el corte en latín típico de Enya, "Pax Deorum" (desarrollando una idea que proviene de la serie "The Celts"), que en este disco resulta más ambiental que en otros, no tan melódico pero pleno de fuerza, aunque no tanta como la del siguiente corte, "Athair ar Neamh", una canción triste pero vital, una oración en gaélico cuya traducción es 'Padre en el Cielo', que sí alcanza una intensidad que puede llegar a calar hondo en el oyente, hasta tal punto de ser una de las cumbres de un trabajo que para Enya es como el primero: "Cuando entro en el estudio no pienso en el éxito, en cuánto venderé, me olvido porque creo que eso limita la creatividad y de hecho en 'The Memory of Trees' sentí lo mismo que cualquier artista en el primer disco, toda la ansiedad y todo el nerviosismo de editar un trabajo". Siendo mayoría las canciones en inglés, sobre la gracilidad del viaje imaginario de "China Roses", del himno pseudo-operístico "Once you Had Gold" y la melodía pegadiza de "On my Way Home" (segundo sencillo del álbum, más cercano a una estética pop y radiofónica, intentando repetir el éxito de aquel "Book of Days" de su anterior álbum) se impone la Enya más sincera, la que se acerca a sus orígenes en melodías cercanas y espontáneas como "Hope Has a Place", un canto de esperanza de relajante placidez y el sello de la elegancia, cuya voz principal se grabó al aire libre en Silent Valley, en Irlanda. Quedan por comentar dos cortes instrumentales, "From Where I Am" y "Tea-House Moon", de esas conmovedoras miniaturas cuya facilidad se llega a agradecer, y el gran descubrimiento del trabajo, su canción más destacada y penetrante: cantada en español (aunque no sea fácilmente distinguible), "La soñadora" presenta una ambientalidad pasional de enorme magnitud y profundidad, un despertar a los buenos deseos que casa con la temática druídica del título del álbum, pues está inspirado en el druida Amergin, que provenía de las costas de Galicia, de donde aparece la idea del idioma español (a pesar de que para Enya, por lo general, la utilización de uno u otro idioma no tenga significado más allá de lo musical). Yendo más allá, la propia Enya especula con una conexión hispana en su árbol genealógico, ¿quién mejor que ella para conectar mitos y fantasía con la realidad? Aún sin incluir los perfiles coloreados que tan buen resultado le dieron en los videoclips de "Orinoco Flow" o "Caribbean Blue" (no en vano se sustituyó al eficaz director Michael Geoghegan por David Scheinmann), el de "Anywhere Is" mantiene totalmente el tono quimérico de aquellos anteriores primeros singles. En el de "On my Way Home" (curiosamente dirigido por el director de Warner UK, Rob Dickins, siempre involucrado en las propuestas visuales de su amiga irlandesa), vuelve a ser protagonista un libro, como en "Caribbean Blue", aunque en esta ocasión un álbum de fotografías con el que Eithne, montada en un lujoso tren, reflexiona sobre el tiempo pasado y la vuelta a casa.
 
Los CDsingles de "Anywhere Is" y "On my Way Home" incluían cuatro canciones adicionales, si bien se trataban de composiciones que databan de varios años atrás: "Oriel Window", "Morning Glory", "Eclipse" y la inédita "I May Not Awaken". La primera y la última de ellas fueron incluidas en sendas ediciones japonesas del álbum "The Memory of Trees", con el que en los premios grammy de 1997 Enya venció a sus propios familiares, Clannad, que optaban al premio con "Lore". Glamuroso y eficaz, "The Memory of Trees" es un ejemplo de álbum al que seguramente se maltrata, pues no cabe duda que su nota general es muy alta y sólo pierde enteros por comparación con sus precedentes, hasta tal punto de poder afirmar que si la carrera de Enya hubiese empezado aquí, "The Memory of Trees" podría ser un álbum de referencia en las nuevas músicas. Eso sí, a partir de este punto habría que hablar de una cierta pérdida de esencia y autenticidad, preguntándonos si Enya se intenta imitar o es fiel a un sonido y un desarrollo que es tan propio que no se puede desmarcar de él. Los que tuvimos la suerte de vivir el lanzamiento de "Watermark" o "Shepherd Moons" valoramos en gran medida, incluso más allá de su gran calidad, los sentimientos que estos nos produjeron, la emoción que aún sentimos cuando los escuchamos, por eso hay que seguir admirando cada una de las entregas de esta maravillosa artista, paladeando cualquier pequeño momento que nos vuelva a transportar a su mundo privado.
 







3.7.12

VARIOS ARTISTAS:
"Música para desaparecer dentro"

Recién inaugurados los años 90, Grabaciones Accidentales supo aprovechar el creciente tirón de las Nuevas Músicas, al plasmar su originalidad, su afabilidad, incluso el misterio de algunas de sus melodías más representativas, en el doble álbum recopilatorio "Música sin fronteras". Muchas son las compilaciones que han seguido su estela, pero no tantas las distinguidas por su carácter auténtico y la capacidad y el acierto de los grupos y artistas integrantes. Grabaciones Accidentales (GASA) no era una compañia dedicada precisamente a las músicas instrumentales, pero aún así logró las cesiones oportunas en una enorme labor de planificación, digna de premio. Presuntamente más fácil tendría que ser esta misión para los dirigentes de una compañía que sí tuviera relación exclusiva con la temática que nos ocupa, y sin necesidad de evaluar o realizar comparaciones, es necesario reconocer que Sonifolk, ese mismo año 1991 de la publicación de "Música sin fronteras" (no sólo de su primer volumen a principios de año sino también del segundo a finales del mismo), ofreció a su público una auténtica joya de poético título, "Música para desaparecer dentro". Cabe destacar que Sonifolk es una compañía española, y que en nuestro país se produjo una especial revolución espiritual -musicalmente hablando- en esa época, la cantidad de festivales y ciclos dedicados a estos tipos de músicas aumentaba año tras año, así como exitosas giras de músicos que se habían creado ya un cierto renombre, como Wim Mertens, Nightnoise, Lito Vitale, Paul Winter, Michael Nyman o Andreas Vollenweider. No están esos ilustres personajes en este doble recopilatorio, pero sinceramente no le hacen falta, porque se nutre de verdaderos exponentes de una nueva forma de disfrutar de una música relajada, sensible y de raíz, pero también animada, excitante y novedosa.

Una presentación de lujo anticipaba este proyecto que, aunque no entró entre los puestos principales de la listas de ventas, sí que contó  con un sigiloso pero rotundo nivel de aceptación, y lo logró por la enorme clase e importancia de la mayoría de las 27 composiciones ofrecidas. Sin ir más lejos, hacía sólo dos años que el sintesista estadounidense Raphael había publicado uno de los álbumes más delicados, etéreos y recordados de la new age, el titulado genéricamente "Music to Disappear in". En sonifolk se pensó de inmediato que su pieza principal, "Disappearing Into You", tenía que abrir la recopilación "porque se encuentra entre lo más profundo y sentido que se ha escrito en este tipo de música, y porque no ha sido suficientemente valorado", decían en su publicidad. Básicamente, "Disappearing Into You" era el comienzo más aconsejable para dejar textualmente con la boca abierta a toda aquella persona preparada para una nueva experiencia sonora. Por extensión, la traducción del título de esa ópera prima tenía que ser el epígrafe genérico de la compilación, y es que un eslogan como 'Música para desaparecer dentro' posee una fuerza infalible y un significado pleno de espiritualidad. Pero aparte del sublime y más que lógico comienzo, no es fácil ni conveniente recalcar una o varias de las composiciones en esta joyería musical, pues difícilmente encontraremos bisutería en la misma: de lo popular ("Highland", una animada danza del canadiense Bill Douglas, la recordada "Celestial Soda Pop" del monumental Ray Lynch, o esa eficaz tonada de aroma antiguo de Robert J. Resetar titulada "Nada's Dance"), a lo volátil ("Forever", trascendental muestra del avanzado "Strata" de Steve Roach y Robert Rich, o la presencia del renombrado sintesista Mychael Danna con "Durga", de su álbum "Sirens"), lo exótico ("Camino Blanco", del percusionista japonés Yas-Kaz o la extrañeza de la Blue Chip Orchestra y su "Boléro du nouvel âge"), lo delicado (de "Heartsong", emotivo solo de piano del norteamericano Jim Chappell, a "Sunrise Over Haleakala", del teclista de color Merl Saunders) o a lo puramente mítico en las Nuevas Músicas, como esa genialidad del desaparecido sintesista Richard Burmer titulada "Across the View", la no menos impactante "Hacia las nieves azules" ("Into Blue Snows" en su disco original) de los japoneses Himekami, la climática "Horizon" del noruego Oystein Sevag, o la recordadísima "Enchantment", del dúo de ascendencia griega formado por Chris Spheeris y Paul Voudouris. Pequeños toques de 'smooth jazz' (Mark Sloniker, que presenta un sonido parecido al de Lito Vitale en su "Bright Wish", o "Spring Waltz", del grupo Walton Ornato) se cuelan entre teclistas de melodías alegres (los alemanes Christian Buehner y Helge Schroeder, que contribuyen con la intensa "Sun Dance", o el suizo Thierry Fervant, con "Merlin the Magician", ejemplo de su legendario álbum "Legends of Avalon") en un suntuoso festival en el que no faltan voces atractivas, tal vez no tan conocidas pero que encajan perfectamente en el ánimo relajante de la compilación, como las de Serah ("Moments of Christmas" es una acertada balada con la participación y producción del alemán Friedemann), Therese Schroeder-Sheker ("For the Roses" es un claro ejemplo de la dulzura de esta arpista norteamericana de orígenes irlandeses) o el efímero grupo The Telling, que grabó un único plástico para Music West, del cual se extrae aquí la belleza ambiental de su canción homónima, "Blue Solitaire". Tratamiento aparte merece el caso de Enya, de la que se escucha "I Want Tomorrow", de su banda sonora de la serie "The Celts", no sólo por ser posiblemente la más conocida entre el elenco de artistas involucrados, sino por su desaparición por motivos contractuales con la BBC en la segunda edición del disco, en beneficio del tema "Islas" del grupo Amarok. Paul Horn (uno de los considerados como 'padres' de la new age), Constance Demby (una de las grandes damas de los teclados, en 'competencia' directa con Suzanne Ciani), el grupo catalán de música antigua Els Trobadors o más sintesistas de planetario como Michael Stearns, Kevin Braheny o Tim Clark (que cierra el recopilatorio con la eficaz "Silver Caravan"), son otros de los nombres importantes -todos lo son en este doble álbum- que contribuyeron a hacer de "Música para desaparecer dentro" un pequeño fenómeno en los 90, un doble CD admirado y recordado por su fenomenal muestra de regocijo y calidad en más de 140 minutos.

Esta selección se editó sólo en España, gracias a la licencia de compañías tan importantes como Music West, Hearts of Space, Celestial Harmonies, Pony Canyon o Erdenklang, entre otras. Aunque no alcanzó la longevidad de la saga "Música sin fronteras", que llegó a los 6 volúmenes, "Música para desaparecer dentro" se aprovechó del poderío de Sonifolk/Lyricon y de sus eficaces distribuciones, para alcanzar hasta una tercera entrega. El Volumen II, también en formato de doble compacto, se adentraba no sólo en esas estupendas ediciones traducidas al español de discos de Himekami, Connie Dover, Dead Can Dance o Bill Douglas, sino en las producciones propias de músicos españoles como Elementales, Tomás San Miguel, Pedro Estevan, Emilio Cao, Luis Delgado o Enrique Mateu, sin olvidar al grupo del que salió Carlos Núñez, Matto Congrio, o el soberbio álbum del Paul Winter Consort de primera edición exclusivamente española, "En directo en España" (que acabó ganando el grammy al mejor álbum de new age bajo su denominación internacional, "Spanish Angel"). Sensiblemente inferior a la insuperable primera entrega, lograba un alto nivel de calidad, pero ante todo de originalidad con esa masiva presencia autóctona. En cuanto al Volumen III, que ya se trataba de un disco simple,  rebuscaba en músicas más 'alternativas', en especial de un nuevo sello distribuido por Sonifolk, All Saint Records (Andy Partridge, Harold Budd, Roger Eno, Brian Eno, Djivan Gasparyan, Channel Light Vessel, Bill Nelson o Kate St.John), pero incorporaba también a Dead Can Dance y Lisa Gerrard en solitario, rescataba a Himekami, y acercaba a su propio público a músicos españoles de difícil acogida popular, como Amarok, Elementales, Luis Agius, Labanda, David Garrido o el dúo Ishinohana, tras el cual no estaban sino los siempre inquietos Luis Delgado y Javier Bergia. En definitiva, el mérito de "Música para desaparecer dentro" fue ofrecer un producto de enorme calidad pero con cierta dosis de atrevimiento, en el momento más álgido del movimiento de la Nueva Era. Eso, unido a un fenomenal diseño de Coro Acarreta (personaje importante en la sombra, al contrario que su marido, el popular Ramón Trecet) que no dejaba lugar a ninguna duda en el conjunto del álbum, hicieron de "Música para desaparecer dentro" una de las mejores recopilaciones, de cualquier tipo de música, aparecidas en el mercado español, y un ejemplo para posteriores sagas como "Lágrimas de arpa y luna", "Relax" o "Diálogos con la música".












8.11.08

ENYA:
"Enya"

En el comienzo de la década de los 80 Clannad era un grupo en expansión, que aún no había alcanzado sus más altas cotas de popularidad en base a la fusión más comercial del folclore irlandés (más concretamente del condado de Donegal) con un pop pegadizo; el éxito internacional llegaría enseguida con el conocido "Theme from Harry's Game" y álbumes emblemáticos como "Magical Ring" o "Macalla", pero esta banda familiar tuvo en sus filas en ese nacimiento de la década a una joven Enya, que realmente estaba eclipsada -incluso se dice que ignorada- por sus hermanos y tíos, los miembros originarios del grupo. Lo que sí que ha quedado claro con el paso de los años es que el talento incipiente de Eithne Ní Bhraonáin -Enya Brennan es la adaptación inglesa- estaba desaprovechado, y de ello se dio cuenta el avispado productor de Clannad en aquella época, Nicky Ryan, que la animó a dejar el grupo y desarrollar, junto a él mismo y su esposa Roma, una carrera particular que acabaría influenciando a numerosos artistas y grupos, incluyendo posiblemente a Clannad.

Tras años de experimentación y proyectos de cierta frustración (la banda sonora para "The Frog Prince"), la oportunidad iba a llamar a sus puertas gracias a la BBC y una serie sobre los celtas que la cadena británica estaba desarrollando. Seis episodios de una hora cada uno ahondaban en el origen, expansión e influencia de la cultura celta en el mundo. Una casete enviada por Roma Ryan con el tema "The March of the Celts" fue el desencadenante, y la ocasión fue aprovechada de una manera brillante, puesto que en "The Celts" Enya ya deja entrever ese halo de sofisticación y misterio que le va a envolver desde "Watermark" como si de un personaje de cuento se tratara. Es encomiable su trabajo creando un disco que se puede escuchar sin necesidad de la imagen a la que va dirigido, logrando la base de su éxito e inaugurando un sistema de trabajo y un sonido muy particular, de tanta belleza exterior como interior. Es de la experimentación con las posibilidades de la voz de Eithne y el gusto por las armonías vocales de grupos como The Beach Boys o The Mamas and the Papas de donde parece nacer el ya famoso sonido multivocal de Enya, esa superposición de su propia voz hasta conseguir un efecto hipnótico, un novedoso tratamiento que nutre a las composiciones de una belleza antigua, entrando de lleno en el embrujo de esa mitología sobre la que versa la serie. Las piezas, construidas en su mayoría en base a piano, sintetizadores y voces, destacan por su suave ambientalidad y están desarrolladas con buen gusto, sin abusar de ese efecto multivocal; éste se deja apreciar por vez primera en todo su esplendor en un tema tan sencillo e impactante como "The March of the Celts" (la canción que se mandó a la compañía como presentación del proyecto), si bien ya se intuye en la acertada melodía de inicio, titulada simplemente "The Celts" y en una sorprendente visión futura sintetizada de la cultura celta titulada "Aldebaran", inspirada por el director de cine Ridley Scott y más concretamente por su excepcional film "Blade Runner". Otra gran sorpresa la constituyen las piezas tarareadas, como "To Go Beyond (I)" -que inaugura un característico estilo operístico-, "Fairy Tale" y sobre todo "Boadicea", impresionante melodía que años después utilizó el grupo de hip hop "The Fugees" para el tema "Ready or Not" de su interesante disco "The Score". Pequeñas miniaturas embellecen el trabajo deliciosamente, tal es el caso de "The Sun in the Stream" con la ayuda de la gaita irlandesa, "Epona" y "Portrait" a un melancólico piano y "Bard Dance" a un teclado más rítmico. En el caso de "The Sun in the Stream", esta pieza se beneficia de la maestría del gaitero Liam O'Flynn, ex-miembro del grupo Planxty, como también lo fue Arty McGlynn, otro colaborador en este trabajo con su guitarra; posiblemente estas dos apariciones de excepción sean obra de la trayectoria de Nicky Ryan, ya que antes que a Clannad produjo también a Planxty. Eithne considera los discos de Enya como el trabajo de un trío, el formado por ella misma, Nicky Ryan como productor y Roma Ryan como encargada de los textos, y una buena muestra de esa labor conjunta fue el primer single del álbum, "I Want Tomorrow", que seguramente ayudó a "The Celts" a llegar a una segunda posición, detrás de U2 y su "The Joshua Tree", en las listas irlandesas de ventas. En el videoclip de esta canción -la única en inglés de todo el disco-, algo rudimentario pero notablemente ambientado en tiempos diferentes, se ve a una jovencísima Enya, como en el de "Aldebaran", ambos realizados por el mismo director de la serie, David Richardson. Un tercer videoclip, el del tema "The Celts", llegó cinco años después, elaborado con muchos más medios (por un habitual en los primeros años de Enya en Warner, Michael Geoghegan) tras la reedición de la obra. La serie íntegra fue comercializada en DVD en 2004.

Este álbum fue publicado por la BBC en 1987 bajo el título simplemente de "Enya" incluso antes de la emisión del documental, con una fascinante portada en blanco y negro en la que podemos ver a nuestra protagonista junto a dos hermosos perros. El álbum llegó a España por medio de Sonifolk en 1990, ya con el título de "The Celts" e impulsado por el éxito de "Watermark", una situación que llevó sin duda a ciertas confusiones cronológicas; por si fuera poco Warner reeditó el disco en 1992 con diferente portada, algo más glamurosa, y mejor distribución. En blanco y negro o en color, en casos como el de Enya se evidencia el importante papel de la propia personalidad en la carrera de un músico: de gran confianza en sus posibilidades (tanto ella como el matrimonio Ryan), y segura de que su propuesta era no sólo idónea sino capaz de encontrar un importante hueco en el panorama musical, no dudó en abandonar el grupo familiar para desarrollar sus ideas en solitario y acabar acallando a los que no creían en ella. En "The Celts" queda sin embargo la sensación de que podía haber dado algo más, de que el disco, maravilloso como ha quedado claro, está incompleto, al menos en espíritu, al estar limitado por una temática concreta, con lo que esto puede arrinconar creativamente. Posiblemente esa sea la causa por la que Enya considera su auténtico primer disco a "Watermark", un prodigioso trabajo difícil de superar para el que "The Celts" fue un mayúsculo rodaje. No deja de ser curioso que Eithne es el nombre de una diosa de la mitología celta, tal vez su destino estaba dirigido, guiado por las estrellas.

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13.4.07

ENYA:
"Shepherd Moons"

Para todo músico que ha logrado un espectacular nivel de calidad y reconocimiento con un álbum de debut (aunque en este caso ya existiera un trabajo anterior, por lo que se trataría de su debut internacional) puede resultar muy difícil afrontar el siguiente, por la presión a la que se ve sometido por la crítica, por el público y por la propia compañía de discos. Para la irlandesa Enya esa presión era interior, y respondía a las ganas que tenía ella misma para conseguir igualar o incluso superar una auténtica maravilla como fue "Watermark". Valorar si lo consiguió o no es sumamente difícil (cada cual debe tener su visión personal, aunque ante tales cotas de belleza deberíamos dejar a un lado esa falsa rivalidad), pero lo que es indudable es la enorme maestría, emoción y sensibilidad de este nuevo trabajo, de título "Shepherd Moons", que apareció en 1991 de nuevo bajo el auspicio de Warner, la compañía que, gracias a Rob Dickins, había confiado plenamente en Enya, cuyo delicado y folclórico estilo multivocal ya era famoso en todo el mundo por esa mezcla de dulzura y carácter puramente celta que permite una ruptura con la realidad, una evasión de cualquier problema facilitada por la belleza extrema de algunas de sus creaciones. De este modo, "Shepherd Moons" alcanzó el número 1 en las listas británicas y el 3 en las españolas, superando en ambos casos a "Watermark".
 
El planeta Saturno y dos de sus lunas son las protagonistas del tema instrumental que da título al disco y que lo abre como un susurro. Tan poético comienzo anticipa un universo de emociones, de la melancolía a la alegría, de numerosos mensajes y transmisiones en cada una de las doce canciones que pueblan el álbum, entre las que se cuelan dos temas no compuestos por la propia Enya. El mundo de los sueños es el protagonista del primer single del álbum, "Caribbean Blue", que no sólo es vivaz y colorido sino que se anticipó a la llegada del disco permitiendo adivinar ese color azul que invade la portada, tan bonita como era la de "Watermark", disco al que parece seguir en muchos aspectos, por ejemplo en su planteamiento de los temas promocionales: así, como lo fuera "Orinoco Flow", "Caribbean Blue" es pegadizo, animado y muy elaborado, pero el salto al segundo sencillo viraba hacia una canción más sugerente, lírica y evocativa, de título "How Can I Keep from Singing?" (siguiendo la estela -casi imposible de superar- de "Evening Falls..."), adaptación de un antiguo himno de la secta cristiana shaker que glorifica la alegría de la vida. En cuanto al tercer lanzamiento, se optó de nuevo por el movimiento, y emulando a "Storms in Africa (Part II)" nos encontrábamos con el empuje de "Book of Days", que aunque se refiera a algo tan personal como el diario de Enya, es conocida como la canción de la película 'Far and Away' ('Un horizonte muy lejano' en España), protagonizada por Tom Cruise y Nicole Kidman; la canción, grabada originalmente en gaélico para las primeras ediciones del álbum, se adaptó al inglés para dicho film tras la propuesta de su director, Ron Howard, lanzándose como single y sustituyendo a la versión en gaélico en casi todas las posteriores ediciones del álbum. De este modo, todas las demás canciones están basadas en esos hechos que Enya ha ido guardando en su particular 'book of days', en sus vivencias e impresiones, haciendo de este trabajo algo muy personal, compartido con todos nosotros a través de su sempiterno productor Nicky Ryan, y de la mujer de éste, Roma, la letrista y auténtica intérprete del universo interior de Enya. El gaélico es el idioma en el que sueña Eithne Ní Bhraonáin (su nombre en ese dialecto irlandés), a través de él conecta con sus raíces y es capaz de transmitir mejor sus emociones. En este disco predomina el inglés pero el gaélico tiene su enorme hueco a través de la mencionada primera versión de "Book of Days", "Ebudae" (supuesta isla de las Hébridas, cuyo nombre aparece en la letra de "Orinoco Flow", y que aquí se convierte en una magnífica 'waulking song' o canción de trabajo de espíritu tradicional) y sobre todo "Smaointe...", preciosa y emotiva canción (compuesta con anterioridad para la cara B del single de "Orinoco Flow") en la que Enya habla de sus abuelos y lo maravillosa que fue su niñez y juventud teniéndolos siempre cerca; si emocionante es la interpretación de Enya, no lo es menos la del reputado gaitero Liam O'Flynn, que ya colaboró con su compatriota en "The Celts" y que repite aquí, en una intervención de auténtico lujo. Para completar el álbum, dos temas instrumentales de esos que, en su corta duración, son capaces de llenar un disco entero por su intensidad y dulzura ("No Holly for Miss Quinn" -en la línea de aquel "Miss Clare Remembers" de "Watermark", puesto que ambos son títulos de novelas de la escritora inglesa Miss Read- y "Lothlorien" -un brillante homenaje al reino imaginario de los elfos que concibió J.R.R.Tolkien-), tres preciosas canciones en inglés ("Angeles" -en la que suenan hasta quinientas voces de Enya-, "Evacuee" -basada en la conmovedora historia de una niña y la separación de sus padres durante el bombardeo sobre Londres en la guerra-, y el cuarto sencillo del disco, la operística "Marble Halls", otro recuerdo de su niñez -una obra del compositor irlandés William Balfe que su madre tarareaba cuando ella era pequeña-), así como otra en latín, de título "Afer Ventus", que sin llegar al grandísimo nivel de "Cursum Perficio" -las comparaciones siguen siendo inevitables entre estos dos discos hermanos- sí que roza la perfección, como uno de esos 'instantes de revelación', cuando todo en la vida parece cobrar sentido, que a su manera intenta describir. El realizador Michael Geoghegan repitió en "Shepherd Moons" con los videoclips de "Caribbean Blue" y "Book of Days" (la acreditación del de "How Can I Keep from Singing?" es para Entertainment Productions). Como sucediera con "Exile" en su anterior trabajo, "Book of Days" presentaba imágenes de la película 'Un horizonte muy lejano', mientras que "Caribbean Blue" era otro prodigio al estilo de "Orinoco Flow", con fotogramas coloreados en tonos azules que reflejan no sólo la idea de un sueño diurno a un mundo de fantasía, sino parte del universo imaginario del pintor americano Maxfield Parrish, al que Enya admiraba profundamente, como se podrá apreciar en la portada de su siguiente álbum.
 
"Shepherd Moons" está repleto de pequeños momentos íntimos que Enya desea compartir con nosotros, bien de manera instrumental, bien en colaboración con Roma a través de unas letras sinceras, y esa fachada tierna, casi infantil, que presenta su imagen, se convierte en fuerza creativa cuando entra en el estudio. Al escuchar esta deliciosa música, con todos sus juegos de voces e instrumentos, puede jugarnos una mala pasada la percepción (auditiva, en este caso), podemos escuchar elementos nuevos en cada escucha y quedarnos atrapados por cosas que otros ni siquiera han llegado a escuchar o a comprender. La complejidad de algunas de las canciones contrasta con la simpleza de otras, y en este juego que se produce entre la terna que elaboró el disco y los que acabamos disfrutando de él, acabamos ganando todos, desde la aparentemente frágil Eithne hasta el que, sin saberlo, escucha por la radio o en una película una de sus melodías, como las que pueblan este "Shepherd Moons" que ganó en 1993 el grammy al mejor disco de new age (sus siguientes álbumes también han nacido con ese trofeo debajo del brazo, aunque su mejor trabajo, "Watermark", no lo consiguiera). No en vano James Cameron intentó conseguir a Enya para la banda sonora del mítico film "Titanic", y es que no sólo cualquier película, sino que seguro que este mundo sería mucho mejor si en el listado de necesidades vitales de cada día tuviera su hueco la música de Enya.

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2.12.06

VARIOS ARTISTAS:
"Polar Shift"

Al hablar de Nuevas Músicas nos vienen a la cabeza en primer lugar compañías emblemáticas como Windham Hill o Narada Recordings, si bien no podemos olvidarnos de otras de presupuesto y distribución algo inferior, como por ejemplo Private Music, por la calidad y atrevimiento de sus intérpretes, presididos y en ocasiones producidos por el ex-Tangerine Dream Peter Baumann. En su catálogo tampoco faltaban interesantes recopilaciones, en ocasiones tan especiales como "Polar Shift", álbum publicado en 1991 en beneficio de ese continente tan lejano para nosotros y para casi todo el mundo, llamado Antártida ('Salvemos la Antártida', exhortaba una pegatina en su portada), que unía a grandes artistas de la new age como Vangelis, Spheeris & Voudouris, Suzanne Ciani, Yanni, Enya, Kitaro, Constance Demby, etc... Todos ellos participaron desinteresadamente con la causa promovida en este disco por el EarthSea Institute, una organización no lucrativa creada por Terence Yallop en 1989 para promover conocimiento ambiental global y apoyar a las organizaciones implicadas en la protección y preservación de nuestros recursos medioambientales. Tal cúmulo de nombres de calidad implicados en el disco consiguieron que su interés quedara fuera de toda duda a pesar de no contar con composiciones exclusivas para el mismo.

No deja de ser curioso que solamente tres de los doce artistas que aparecen en este trabajo pertenecieran a la nómina de Private Music (Yanni, Suzanne Ciani y John Tesh), por lo cual es de suponer que fuera la mano de Terence Yallop, promotor de eventos y artistas new age como Kitaro, Yanni o Andreas Vollenweider en los años 80, la que logró la colaboración de otros grandes músicos para la causa. Al accionar el play nos encontramos con un inicio inmenso, totalmente adecuado al propósito del disco al tratarse del conocido "Theme from Antarctica" de Vangelis, un tema enorme con comienzo, melodía, ejecución y culminación perfectas, y de evidente inspiración blanca. Enseguida llega Yanni, algo más limitado, en un estilo más sencillo y a su manera efectivo, más en "Song for Antarctica", directa y evocadora, que en "Secret Vows". Otro gran acierto de la compilación es el tema de Chris Spheeris y Paul Voudouris "Pura vida", una animada celebración perteneciente a su glorioso disco "Enchantment", una canción soberbia de un álbum especial, pero hay que destacar especialmente que el segundo corte de Spheeris incluido en la recopilación, "Field of Tears" (contenido originalmente en su álbum "Desires of the Heart") es sencillamente majestuoso, uno de esos chispazos de genialidad admirables en su sencillez, con su justa duración y tratamiento instrumental. No hay que olvidar a todos los nombres que aportaron su granito de arena y sus bellas canciones, como el pianista Jim Chappell, el que fuera guitarrista de Yes
 Steve Howe, Constance Demby, Paul Sutin o el popular presentador y músico John Tesh, pero es necesario destacar otras tres grandes composiciones, un "Watermark" de la archiconocida Enya que dibuja líneas majestuosas de piano sobre los paisajes helados, "Anthem", una de las mejores y más conocidas y melódicas canciones de la sintesista Suzanne Ciani, y como cierre, el japonés Kitaro y su fenomenal "Light of the Spirit", que culmina este trabajo casi tan majestuosamente como había empezado. Así, de Vangelis a Kitaro, se nos ofrece una música deliciosa y sensible para un continente vulnerable e inexplorado, vital para comprender los cambios climáticos y para garantizar la supervivencia de la vida futura en la Tierra.

El EarthSea Institute ha seguido apoyando causas como ésta a través de otros discos como "Cousteau's Dream" (donde también colaboraba Vangelis junto a Yanni, Kitaro, Richard Burmer, Tim Wheater o Michael Hoppé) o colecciones especiales editadas por Real Music, el sello fundado por Terence Yallop que incluye en su catálogo a artistas como Jim Chappell -que también aparece en "Polar shift"-, Nicholas Gunn, Hilary Stagg o Gandalf, cuando este ex-golfista británico comprobó que podía hacer negocio en los Estados Unidos con otra de sus pasiones, la música instrumental. La interesante historia de Yallop, su tienda de comida sana Real Food y de cómo llegó casi a facturar más a través de los discos que sonaban de fondo que de la propia comida, es capítulo aparte en esta historia, así como el declive de Private Music después de ser vendida por Peter Baumann y perder toda esa maravillosa imagen de marca que poseía. Volviendo a "Polar Shift" y para concluir, es preciso señalar que el espíritu de Jacques Cousteau está presente en esta eficaz recopilación, eficaz porque además de calidad consiguió algo de dinero para la causa antártica.

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27.8.06

ENYA:
"Watermark"

Si en alguna ocasión se han dado las condiciones necesarias para la creación de una obra maestra, de esas que la gran mayoría del público encumbra sólo con escuchar su título, no cabe duda que una de ellas se dió en Irlanda, en la persona de Enya y en la segunda mitad de los años 80. En la búsqueda de un sonido propio y auténtico, Eithne Ní Bhraonáin (nombre de Enya en gaélico, su lengua materna) contó con la enorme capacidad de dar con esa 'marca de la casa' no sólo identificativa, sino además innovadora y sublime. Grandes intérpretes de las nuevas músicas cuentan con esa ventaja de ser reconocidos por su colosal estilo, Philip Glass, Mike Oldfield, Jean-Michel Jarre, David Antony Clark, Loreena McKennitt, Vangelis... pero casi sobre todos ellos, al menos en popularidad y admiración, domina el estilo multivocal de Enya, cuyo primer trabajo relevante fue la banda sonora de la serie documental de la BBC "The Celts". En realidad, al tratarse de un fenómeno local (número 2 en Irlanda), pocos fueron los que pudieron escuchar ese disco antes que el siguiente, el auténtico comienzo de la meteórica carrera de la irlandesa (y que provocó la importación y posterior reedición de aquel), un disco imponente que posiblemente Enya no ha superado ni podrá superar jamás: "Watermark", una de las cumbres de la música por su frescura, atrevimiento y originalidad, y por una aureola de sinceridad que comienza al poder leer los títulos y letras de canciones de forma manuscrita.
 
Warner Music fue la afortunada compañía que publicó "Watermark" en 1988, gracias al tesón del joven presidente de su división británica, Rob Dickins, que se atrevió a apostar por Enya contra todo pronóstico, un visionario que también reclutó posteriormente a Mike Oldfield, con enorme éxito. Fueron sin embargo otros dos personajes los culpables en gran parte de ese popular estilo multivocal (mantos de voces superpuestos de fondo sobre el que se ejecuta la voz principal), el productor Nicky Ryan y su esposa y eficaz letrista, Roma Ryan, otros dos irlandeses que la acogieron en su casa de Dublín, donde comenzó a cocerse este álbum que ocupó casi un año de trabajo. Casi como si de un trío se tratara, Enya y los Ryan entremezclaban tres tipos de composiciones en el álbum, sin poder discernir con un mínimo de cordura cuales son las mejores o las más deseadas en un conjunto simplemente perfecto: las instrumentales, las marcadas por el mencionado efecto multivocal y las sencillamente vocales, canciones bien en inglés, bien en gaélico. La presentación del álbum emana una imagen de cantautora novedosa, pero la mirada desafiante y los trazos gruesos encierran un simbolismo difícil de definir, un misterio que comienza en el primer corte, instrumental al piano ("Watermark", utilizado posteriormente para un álbum tributo a la Princesa Diana), y que se acrecenta en "Cursum Perficio", canto en latín de una profundidad y sentimiento embriagadores, donde ya nos damos cuenta de que Enya es mucho más de lo que nadie se imaginaba. En esa monumental canción escuchamos el estilo multivocal, así como en "The Longships" (que ya aparecía en la serie 'The Celts' honrando a los barcos vikingos), la poderosa "Storms in Africa" o el tema con el que comenzó el mito, "Orinoco Flow", un sencillo rompedor, una canción divertida, aventurera y pegadiza aunque complicada en su elaboración, por lo que curiosamente fue la última canción grabada para el álbum. "Orinoco Flow", también conocida como "Sail Away", supuso todo un descubrimiento, y contribuyó notablemente a que "Watermark" llegara al número 5 en las listas inglesas y se convirtiera en un disco dormilón, de esos que se mantienen en las listas de éxitos durante meses y meses -en España más de 150 semanas-, quizá sin llegar a posiciones de privilegio pero posiblemente vendiendo más que muchos de esos éxitos efímeros con que la industria nos martillea de vez en cuando sin ningún tipo de calidad. Y calidad era lo que le sobraba a Enya, hermana de Máire Brennan, que antes de desmarcarse en solitario había colaborado en un par de discos de la conocida banda de sus tíos y hermanos, Clannad, donde conoció a Nicky Ryan. Habiéndose empapado de influencias musicales desde su niñez, lo lógico era su dedicación a la música, y la mayor muestra de esencia irlandesa es el idioma gaélico, que Eithne utilizó en "Storms in Africa" y especialmente en la emotiva "Na Laetha Geal M'óige", una delicia dedicada a sus abuelos, que habla de la pérdida de la juventud y el recuerdo de esos días que siempre parecen mejores. También de manera 'univocal' pero en inglés, nos encontramos con "On your Shore" (que era un instrumental en origen) y "Exile" (el cuarto sencillo del álbum, otra maravilla que, al igual que la canción anterior, fue incluida en la película de Steve Martin -admirador incondicional de Enya- 'L.A. Story'). Pero fue con el excepcional segundo single, "Evening Falls...", intimista y sencillamente magistral historia de fantasmas sobre una mujer que sueña permanentemente con una casa y, cuando acaba encontrándola, descubre que ha estado también vagando por ella, con el que la crítica acabó de rendirse al mundo de magia y poesía que esta frágil joven -aunque ya contaba con 27 años- ofrecía en un álbum en el que también tenía cabida la instrumentalidad de "River" y de "Miss Clare Remembers", idea de años atrás que al contrario que "On your Shore", intentó convertirse en canción para acabar cediendo a la soledad del piano. Un año después de la publicación y consiguiente éxito de "Watermark", Enya grabó de nuevo "Storms in Africa" con letra en inglés y el título de "Storms in Africa (Part II)", lanzándolo como tercer sencillo, originando que en algunas nuevas ediciones del disco en varios países se incluyera esta nueva versión como corte número 12, una pista extra de gran interés. Chris Hughes (percusiones en "Storms in Africa" y "River"), Neil Buckley (clarinete en "On your Shore") y el magistral Davy Spillane (gaita irlandesa en "Na Laetha Geal M'óige" y flauta en "Exile") representan las escasas colaboraciones que necesitó la artista irlandesa para completar su obra maestra.
 
Tan fascinantes como la propia música fueron los videoclips de los cuatro sencillos del álbum, todos ellos dirigidos por Michael Geoghegan (realizador británico que, aparte de Enya y otros artistas internacionales como Seal, Roxette o Simply Red, ha trabajado con Mecano y con Nacho Cano en solitario): "Orinoco Flow" mantiene la estética y el colorido de la portada del álbum, "Evening Falls..." ahonda en lo fantasmal de la canción con refinado buen gusto en blanco y negro, "Storms in Africa (Part II)" recrea una exótica aventura en el continente negro y "Exile" incluye imágenes de la película 'L.A. Story'.  Aunque injustamente "Watermark" no fue nominado al premio grammy, sí que lo fue el videoclip de "Orinoco Flow", si bien acabó ganando dicho premio Michael Jackson por "Leave me Alone". Con premios o sin ellos, y lo escuche quien lo escuche, este disco alcanza un punto donde otros no llegan, provocando una cierta melancolía en el oyente. Desde la pequeña Irlanda, esta sublime creadora ha llegado a alcanzar un estatus sobresaliente gracias no sólo a la calidad de sus melodías sino al sentimiento expresado y la profundidad de las mismas, en un sonido propio, una 'marca de la casa' que identifica a Enya ante cualquier otro artista, otorgándole esa extraordinaria popularidad posiblemente a cambio, con el tiempo, de un cierto encasillamiento. Mientras tanto, "Watermark" es uno de esos discos que muchos se llevarían a una isla desierta.