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4.2.16

LITO VITALE CUARTETO:
"La excusa"

Aparte de las demás manifestaciones de sus inquietudes musicales (en solitario, en dúo o en trio -el quinteto vendría poco después-), la del cuarteto fue para Lito Vitale una manera gozosa de presentar una música alegre y tremendamente viva. El de Villa Adelina decía: "en realidad me siento cómodo en cualquiera de los formatos. Los puntos más importantes fueron el trío, el cuarteto y el dúo con Baglietto, son los que han tenido más trascendencia y donde el resultado fue musicalmente óptimo para lo que yo estaba buscando en esos momentos". A finales de los 80, coincidiendo con esa faceta artística que comenzó en 1987, este teclista argentino fue conocido y reconocido en España, país que le acogió -ante la satisfacción del artista, deseoso de ser escuchado- con buenas ventas y populosos conciertos. Un tema mítico de estas representaciones en vivo no pertenecía a ningún plástico de Lito, se trataba de una 'estudiada improvisación' de titulo "La excusa", una obra genial que levantaba al publico de sus asientos por lo radiante de su desarrollo y por la maestría de su interpretación a manos de los cuatro virtuosos. En 1991 se iba a hacer justicia con esa extraña y lamentable ausencia, ya que Ciclo 3 publicó en Argentina el trabajo que contenía al fin la mágica composición, un álbum titulado generalmente "La excusa", que meses después llegaba a España de la mano de GASA.

Es curioso como, por obra y gracia de la mercadotecnia, este músico de jazz, rock instrumental y folclore fuera enclavado en el saco de las nuevas músicas, incluso de la new age. Su esencia melódica, así como desfilar por ciertos programas radiofónicos de éxito, fueron la 'excusa' definitiva para esta furtiva inclusión ("En general las etiquetas no valen (...) En las tiendas de música debería haber una sección que pusiera 'músicos'", comentaba al respecto Lito, que también acuñó el apelativo 'gran música de fusión'). "La excusa" cuenta solamente con cuatro largas composiciones, de las que una es ya conocida ("Una excusa") y otra es, por título, una improvisación ("Permiso, voy a improvisar un poco"), lo que podría dar a pensar que este trabajo fuera un aprovechamiento del gran momento popular de la banda. Nada más lejos de la realidad, la necesidad del tema principal y los buenos momentos ofrecidos por las demás, especialmente "Algo nuevo", hacen de "La excusa" un disco que no se queda atrás respecto a los anteriores del cuarteto. Como inicio, "Algo nuevo" no es que presente especialmente nada novedoso, pero sí que consigue contarnos una hermosa historia en trece minutos muy llevaderos. Un excepcional fondo de esencia minimalista casi eclipsa al saxo y su acertada melodía de aires populares al comienzo de la pieza, para pasar a ser el teclado el que toma un gran protagonismo en su tramo medio (espectacular el solo que comienza en el cuarto minuto con sonido de harmónica), inundando de aromas de jazz y de tango esta grácil pieza en la que cada instrumento es un personaje, aportando cada uno sus cualidades para conformar otra gran composición del cuarteto. No obstante, es reseñable que la mayoría de este disco -los tres primeros cortes- fuera grabado por un 'falso cuarteto', un terceto realmente en el que Vitale, volviendo a sus inicios, interpretaba la batería. Si bien es evidente que en vivo se solucionaba esa situación, hay que precisar que los músicos del disco fueron exactamente: Lito Vitale (teclados, voces, percusión, batería en los dos primeros cortes), Marcelo Torres (bajo de 6 cuerdas), Manuel Miranda (flautas -quena, antara- y saxos -tenor y soprano-) y Jorge Araujo (batería en el tema "Una excusa"). No se perciben las "Opiniones encontradas" en el segundo corte, más bien nos encontramos de nuevo con una grata armonía de intérpretes, cada instrumento tiene delimitado su espacio y casi se pueden disfrutar en solitario bajo, piano, flauta o batería, tanto como en un conjunto alegre y vistoso con efluvios de bossa nova y folclore. "Permiso, voy a improvisar un poco" es una larga improvisación soñadora, una magistral demostración a los teclados combinando diferentes estilos, y de hecho otro punto culminante del trabajo, donde se pueden atisbar referencias de obras anteriores de Lito, en lo que sin duda es un sonido característico en su carrera. Es aquí cuando aparece el momento culminante del disco, la esperadísima "Una excusa", tema que provocó la aparición del álbum: "Lo hicimos porque queríamos grabar el tema que daba título al disco, porque que me gustaba muchísimo el solo de Marcelo en el bajo. Nos parecía absurdo no grabar esa música aunque ya estaba pensando cambiar el grupo o dejar un tiempo sin grabar". La melodiosidad de un bellísimo piano conduce a la pieza al territorio del viento, un vistoso paraje con la rítmica y espectacular intrusión del bajo; es este el que destaca especialmente en un interludio en el que, tras un suave comienzo, acaba aflorando el carácter de cada engranaje de la banda, para retornar a la melodía de comienzo notablemente engalanada, y con un magistral solo de bajo que no se puede describir con palabras. Una pieza para la historia del cuarteto, en la que no hay que olvidarse de la percusión que la acompaña, ni por supuesto de un piano que cede un poco su papel protagonista, no solo ante el bajo sino por un viento excepcional. La composición básica, como todas las del trabajo, es de Lito, que borda esa particular 'gran música de fusión'. Exultante y vivaz, "Una excusa" es un delirio de belleza y compenetración de cuatro músicos en uno, ya que esta vez sí que la grabó el cuarteto: la melodía del viento (Miranda) la entrada y los interludios del piano (Vitale), el acompañamiento de la batería (Araujo), y la innombrable demostración de técnica y el enorme solo de bajo (Torres). Escuchando grandes momentos como este se entiende la frase de su autor: "Me siento feliz haciendo música".

Dos años después de "La excusa" llegó el último álbum del cuarteto, "La cruz del sur". Muy exigente con su propia música, la considera un proceso cambiante, que depende de muchos factores absolutamente personales. Así, más tarde, aparte de otro tipo de obras en solitario o en colaboración, Lito incluyó una guitarra en su banda para crear el Lito Vitale quinteto. Rubens 'Donvi' Vitale, padre de Lito, pedagogo musical y creador junto a su mujer, Esther Soto -también profesora y cantante-, de numerosos proyectos musicales (entre ellos MIA -Músicos Independientes Asociados-) y del sello Ciclo 3, murió el 26 de octubre de 2012. Él fue una especie de alma mater para Lito, su hermana Liliana y tantos otros músicos que pasaron por sus clases, y que por ejemplo configuraron el proyecto MIA (Músicos Independientes Asociados), cuando Lito tenía 13 años: "Mi viejo me enseñó a buscar siempre el camino más artístico y verdadero, a no volverme loco con que las cosas funcionen económicamente". 'Donvi' fue sin duda culpable en gran parte de que esta música llegara hasta nosotros, y el talento natural de su hijo hizo de él un músico reconocido, creador de obras tan fabulosas, incluso inmortales (y no importa la denominación ni clasificación de las mismas) como "Ese amigo del alma", "Recuerdos en mi bemol", "Los dueños del sol" o "Una excusa", que tras deambular por múltiples escenarios encontró acomodo en CD y vinilo en 1991.

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5.12.10

VARIOS ARTISTAS:
"Música sin fronteras"

En la facilidad de los discos recopilatorios está la facultad, en muchas ocasiones, de poder abrirnos los ojos. Algunos de ellos son como un bautismo en ciertos tipos de música, un vehículo que resulta más fiable cuanto mejores son los medios, las intenciones y, por supuesto, la elección de las músicas en ellos recogidas. La new age, ese término tan en alza en los 80, necesitaba un afianzamiento de sus intenciones en nuestro país, y este llegó en 1991 por medio de GASA (Grabaciones Accidentales, S.A.), sello discográfico español que comenzó como independiente a comienzos de los 80 para publicar los trabajos del grupo Esclarecidos y afines, y continuó por caminos comerciales cuando grabaron en él grupos como La Dama se Esconde, Seguridad Social y Duncan Dhu. Hasta ese momento la música conocida como 'new age' se había empezado a colar en ciertas compañías, distribuidoras, programas de radio y en los estantes de las tiendas, pero el auge que va a cobrar en los 90 iba a traer a España un mayor número de referencias, documentación y por supuesto eventos en directo, logrando incluso los artistas de mayor calidad y algún que otro locutor de radio de gran talento y mejor ojo una enorme popularidad.

Dieciséis canciones se dan cita en esta compilación doble de diseño sencillo y elegante, una obra de Antonio Bueno titulada 'El jardín' que llamaba poderosamente la atención, y que la compañía tuvo el acierto de adecuar en cada una de las continuaciones con pequeños cambios en el motivo floral. De premio. El título, rotundo y definitorio, pudo contribuir a su éxito, si bien hay que decir que la compañía Venture (filial de Virgin) ya denominó "Music Without Frontiers" a una serie de recopilaciones de sus músicas instrumentales unos años antes. Comenzar con el clásico de Wim Mertens "Maximizing the Audience" es toda una declaración de intenciones musicales. De muy buenas intenciones, por supuesto, las que conducen por nuevos caminos, en los que no cuentan cifras, duraciones o radiodifusiones masivas, sino destreza, innovación, sensibilidad, calidad en definitiva. En las cuatro partes de que consta "Música sin fronteras" se pueden distinguir otras tantas tendencias agrupadas en orden: en la primera nos encontramos con seis nuevos clásicos con querencia al minimalismo, denominación en la que destacan especialmente Wim Mertens, Michael Nyman (del que escuchamos el conocido "Chasing Sheep is Best Left to Shepherds") y Philip Glass ("The Photographer Act. I - A Gentleman's Honor"), con la inclusión del renombrado clarinetista Richard Stoltzman (con su impresionante "Begin Sweet World"), la teclista Suzanne Ciani ("The Velocity of Love" es el tema elegido) y el pianista irlandés Mícheál Ó Súilleabháin ("The Plains of Boyle", de su disco "The Dolphin's Way"). La segunda parte atildaba en un jazz ligero, con los nombres del grupo de jazz The Lounge Lizards, liderado por el saxofonista y actor John Lurie ("Bob the Bob"), del guitarrista y productor español Adolfo Rivero (que contribuye con un sorprendente tema de título "Follow Me", una de las sorpresas de la recopilación) y con el grandísimo clásico de la música en general "Ese amigo del alma", del argentino Lito Vitale. Un envolvente ambiental electrónico nos recibía en la tercera parte, desde el renombrado "Cafe del mar" de Frank Fischer hasta otra sorpresa con sones de dulcimer, "Galapagos" del grupo alemán Never Been There, pasando por ese renombrado experimento que supone "Poem Without Words II - Journey by Night" de la vocalista inglesa Anne Clark, y el siempre cumplidor Vangelis, del que aciertan incluyendo el corte "Metallic Rain" de su trabajo "Direct". La compilación acaba con tres temas con elementos de world music, del teclista alemán Mike Herting ("The Cutting of the Trees"), nuestro Luis Delgado ("Top Kapi Saraji" era uno de los cortes destacados del documental "Alquibla") y Le mystère des voix bulgares ("Mrs. Nedelja became famous"). Ese año del éxito de Juan Luis Guerra y del "Aidalai" de Mecano, que ocuparon los mejores puestos en las listas de ventas, "Música sin fronteras" obtuvo unas cifras discretas pero sorprendentes para este tipo de música, llegando al número 28 en dichas listas, en las que permaneció doce semanas. A tenor de ese éxito resultaba evidente que, con el retraso que culturalmente solíamos acumular en este país, se había abierto un nuevo mercado, muy apetitoso por sus expectativas de crecimiento. Sin duda el consumidor poco avispado no iba a poder distinguir con claridad sombras y luces en ese nuevo mundillo, por lo que este tipo de recopilatorios iba a ser un vehículo fundamental para la selección y el descubrimiento de nuevas maravillas musicales, un puñado de las cuales conformaban el primer volumen de "Música sin fronteras", que no hay que confundir con otro recopilatorio que DRO publicó en 2001 con el mismo título, pero que andaba por los caminos del chill out que estaba en boga en aquella época (de hecho el subtítulo era 'Una aproximación a la música ambient y Chill Out'), con gente como Nittin Sawhney, Morcheeba, Orbital o Groove Armada. Sin embargo, sí que hay que hablar de una serie de continuaciones que siguieron aumentando nuestra riqueza musical y minándonos el bolsillo: ese mismo año 1991 se publico "Música sin fronteras volumen II", con niveles de calidad cercanos a su antecesor, y en los próximos años se publicarían los volúmenes III, IV, V y "Música sin fronteras, lo mejor", que no era una 'recopilación de recopilaciones' sino la sexta y definitiva entrega de la saga.

Quince años después del lanzamiento de "Música sin fronteras", GASA publicó una segunda edición, "Música sin fronteras Revisited", con idéntica presentación aunque unas pequeñas variaciones en el listado de temas: extrañamente eliminados los de Mícheál Ó Súilleabháin y Lounge Lizards, fueron sustituidos por dos composiciones inéditas de Wim Mertens ("Positively Imperative" y "The Scene") y una de Seoan titulada "Myati". Los creadores de la idea original expresaron en esta revisión que con este compendio de temas pretendían "eliminar las barreras infranqueables (...) que separaban estos tipos de música de otras bellas artes que encasillan a cada músico en un estilo musical, que popularizan más a los principiantes de aspecto atractivo que a los profesionales dedicados, que limitan el desarrollo artístico de todas las personas". Lo que se puede asegurar es que en esta doble maravilla no sobraba absolutamente nada, y a pesar de contar con grandes estrellas, tampoco se puede decir que fuera a lo más fácil. De hecho, el esfuerzo compilador reunió a artistas de los sellos Les Disques du Crépuscule, Virgin Records, BMG Ariola, CBS, Verabra Records, Intuition Records, Ciclo 3, RNE, Innovative Communication y Jaro, consiguiendo que hubiera más calidad en un sólo minuto de esta recopilación que en una hora de cualquier radio comercial al uso.

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WIM MERTENS: "Maximizing the Audience"
RICHARD STOLTZMAN: "Begin Sweet World"
MICHAEL NYMAN: "The Draughtsman's Contract"
PHILIP GLASS: "The Photographer"
LITO VITALE CUARTETO: "Ese amigo del alma"
FRANK FISCHER: "Gone with the Wind"
LUIS DELGADO: "Alquibla"








26.10.08

LITO VITALE CUARTETO:
"Viento sur"

"No hay túnel que dure cien años, mi vida. Mirá cómo se arruga la tiniebla, la procesión de pálidas se desbarranca, los funcionarios inauguran ruinas, y vos y yo fundamos aires buenos. Dónde estará la plata de mi río, sólo barro y olitas de minué. En los camalotes cantan las sirenas, pero Ulises camionero no las oye, sólo escucha la radio". De esta manera tan delicada comienza el poema sinfónico "Viento sur", que ocupa la segunda mitad del trabajo que, con igual título, nos ofrecía el argentino Lito Vitale en 1990 a través de la compañía Ciclo 3, distribuida en España por GASA. Con su habitual formación de Marcelo Torres al bajo, Manuel Miranda en los instrumentos de viento, el propio Lito en los teclados, y el cambio de batería (Cristian Judurcha fue sustituido por Jorge Araujo, que a su vez sería reemplazado por Marcelo Novatti años después, en el trabajo "La cruz del sur"), "Viento sur" supuso una continuación de ese sonido melodioso, melancólico y extraordinariamente conjuntado que el cuarteto sabía exprimir, no sólo en sus plásticos sino también en las populosas giras que en esa época realizaron por nuestro país. Bajo la composición y mirada general de Lito, la participación de cada miembro era muy creativa en el desarrollo de las canciones, en especial la de dos talentos como Torres y Miranda.

"Llueve liquen en los decrépitos televisores, buenas noches a todos, mariposas y difuntos. Transmiten en cadena las cadenas. El cemento se cansa de ser cobija de la Pampa, por los baches asoma la luz mala, resucitan cardos y maíces, abran paso a las luciérnagas curiosas que verán". Se puede decir que "Viento sur" forma parte de una trilogía, junto a "Ese amigo del alma" -sin duda su trabajo más recordado, mérito de la pieza que lo nomina-, y "La senda infinita" -que el propio Lito considera un disco un poco de transición-. El título de este último reflejaba una de las preocupaciones de Vitale, se refería a la multitud de posibilidades de la música, en la que el artista no sabe en definitiva, por sus cambios, encuentros y sorpresas, cual es el camino por el que va a acabar transitando ("la música está por ahí y lo único que hacemos es agarrarla"). "Después vino una experiencia de la que surgió 'Viento Sur', que lo grabé con el cuarteto y donde hago cosas nuevas con los teclados, y que incluye a María Elena Walsh recitando". En este trabajo, "Basta de fingir" es un vivaracho despertar, conducido por el piano y la percusión, para enseguida desarbolar una melodía pegadiza por medio de las flautas del peruano Manuel Miranda. Otra gran creación del teclista argentino, cuya inspiración continúa en "Los dueños del sol", una completa pieza de influencias andinas, donde cada miembro de este impresionante cuarteto logra aportar su propia magia en un acabado de enorme belleza y profundidad. Prodigio de composición, al escuchar maravillas como ésta se comprende el éxito de esta música vital, desenfadada y evocadora. "Cinta de agua" es un tema ambiental, de tenues notas de piano, puente hacia "Después te explico", el último corte de la primera parte del disco, de características similares a los anteriores, donde el instrumento de viento es un saxo y Marcelo Torres desarrolla su técnica de utilización del bajo como si de una guitarra se tratase. Como cara B, comienza aquí el largo poema sinfónico "Viento sur", dividido en cuatro partes ("Viento sur", "La procesión de pálidas se desbarranca", "Ventolina, lavadero del alma" y "Estación claridad"), un broche fenomenal al disco -en realidad se trata de toda la cara B- que se inicia con el dulce y empático recitado de la poetisa y cantante argentina María Elena Walsh (un auténtico mito en su país, especialmente recordada por sus trabajos para niños), y continúa con un agradable sinfonismo en forma de suite, un interesante experimento que anticipaba futuros proyectos de música para ballet y cine. De muy joven Lito estudió en el conservatorio, pero le aburría el academicismo, así que lo abandonó (sólo volvería años después para aprender a escribir música), dejándose llevar por sus experiencias e influencias, no sólo el rock, el folclore o el jazz sino también la música clásica, que en ciertas ocasiones se deja entrever ligeramente en sus composiciones. Aunque no pertenezca a "Viento sur", en 1997 Lito participó con la composición "La calle del gato que pesca" en el trabajo "Cantamos a María Elena Walsh", en el que conocidos artistas (José Luis Perales, Baglietto, Serrat, Ana Belén, Víctor Manuel, Pedro Aznar...) versionaban obras de la autora, fallecida en enero de 2011.

"Viento sur, olor a transparencia, silbo de la calandria, madrecita cantora del primer rayo de la aurora. La sopa de los pobres llega al centro, y su vapor al reino de los cielos. Ventolina que barre tormentas, lavadero del alma, nos deja serenitos, reciclando la pena en vasto amor. Silbo de la calandria y vidalita de esperanza". En solitario, dúos, tríos, cuartetos, quintetos... los números de acompañamiento sólo son anécdotas en la labor creativa de Héctor Facundo Vitale, que necesita un mayor o menor orden instrumental a cada momento de su vida musical. Sin duda fue la época del cuarteto la de mayor relevancia y posiblemente la de más alta calidad en la carrera de Lito, y sus discos, gracias al boom de una new age a la que en ningún momento se acogía, obtuvieron muy buenas ventas, sin duda merecidas. Su música, cercana al jazz, influenciada por Pat Metheny, Lyle Mays o Keith Jarrett, pero también enraizada en su Argentina natal, se alimentó de tintes folclóricos y de coreografías visionarias para ofrecernos este más que aconsejable trabajo. "Darle cuerda al amanecer, empujar un poco al sol, al buen día meterlo en casa. Silba la calandria y nos sorprende en vela, amuchados, con ganas de seguir. Estación claridad, vamos llegando".

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20.1.07

MARCELO TORRES:
"Edad luz"

Marcelo Torres es otro de esos artistas que, a pesar de no poseer estudios musicales en el instrumento por el que son conocidos, apabullan con el dominio y la técnica que poseen a la hora de tocar, en este caso, el bajo (Marcelo sí que pasó por el conservatorio pero para estudiar piano y composición). Técnico e imaginativo, este argentino que toca el bajo con índice, medio y pulgar, habla entre sus influencias sobre bajistas como Anthony Jackson, Michael Manring, Carles Benavent, Jaco Pastorius o Stanley Clarke, pero también guitarristas como Steve Vai o Van Halen, de los que posiblemente provenga su interés de tocar en ocasiones su bajo como una guitarra convencional. Colaborador habitual de Lito Vitale (le podemos escuchar en la época del 'Lito Vitale Cuarteto', por ejemplo en el inmortal disco "Ese amigo del alma"), tras años de tocar a la sombra se decidió por fin a publicar su primer y muy esperado trabajo en solitario, de título "Edad luz", en el que Lito le iba a devolver la colaboración.

“No soy músico de jazz, de tango, ni de folclore. Me considero más de rock, porque en este género encontré la manera de desarrollarme. Mis preocupaciones estéticas son las de un músico de rock”, decía Marcelo. Afortunadamente, su concepción de la instrumentalidad se adapta a los estilos antes mencionados y no desdeña suaves planteamientos melódicos con fusión de conceptos e importancia de los vientos. Fue en 1993 cuando "Edad luz" fue publicado en Argentina (por Ciclo 3, el sello de los padres de Lito Vitale) y fue distribuido España (por medio de Sonifolk), con una bonita portada obra del ilustrador argentino Ciruelo Cabral (radicado en Sitges -Barcelona-, Ciruelo ha diseñado la cubierta de varios discos de Marcelo, así como otros de Steve Vai o Pedro Aznar). Este trabajo representaba la visión personal de la música y la vida para Marcelo Torres, que sorprendía por los sonidos que era capaz de presentar con su bajo de seis cuerdas (fabricado exclusivamente para él por el luthier argentino Alejandro Rubio), explorando un original mundo de posibilidades y técnicas. En general, una música muy luminosa y alegre, de esencia sudamericana y cuerpo de jazz, que recordaba profundamente a la de Lito Vitale en muchos de sus momentos. Marcelo demuestra a lo largo de nueve composiciones su capacidad como bajista (usando en ocasiones el bajo a modo de guitarra y experimentando con enormes rasgueos o técnicas como el tapping) pero también como compositor de una obra íntegra, y para conjuntar un grupo de variada instrumentación. De hecho, cada una de las canciones posee su propia convivencia de músicos e instrumentos: Pablo Rodríguez (flauta en uno de los temas), José Luis Colzani (percusión en un tema, batería en otro), Sebastián Peycere (batería en cuatro temas), Mariano Diaz (piano acústico en otros cuatro), y tres ex-componentes del cuarteto de Lito Vitale: el propio Lito (teclados y percusión en "Edad luz" y "A todos los niños" -y voces en la primera de ellas-), Manuel Miranda (que colabora en cinco de los cortes con flauta, saxo soprano, percusiones, aerófonos y piccolo) y, lógicamente, Marcelo Torres, que se muestra como un eficaz multiinstrumentista: bajo de seis cuerdas, percusiones, teclados, guitarra acústica y voces. "Edad luz" (donde Marcelo intenta contar una historia, y en ella se imponen aires sudamericanos, representados especialmente por las flautas), "Formas a través del cristal", "No tan simple" (uno de los cortes donde mejor se aprecia el trabajo del bajista, especialmente en su apertura y su cierre) o "A todos los niños" (con el claro atisbo del estilo Vitale) son sólo ejemplos de la vitalidad de la música contenida en este trabajo, del que es preciso destacar especialmente "Historia de una lucha imaginaria" (que presenta la primera melodía tarareable del álbum, un corte muy completo y agradecido donde cada instrumento, precisamente, 'lucha' por hacerse notar y cada uno tiene un elevado protagonismo en ciertas partes de su desarrollo, la percusión, el teclado, los vientos y un bajo portentoso) y "Danza", que cierra el plástico de manera brillante, un desfile de sensuales cuerdas que se unen a la tenue voz para deslumbrar con una bonita melodía en una obra, en general, muy elaborada y completa.

"No hay manera de escapar la sombra de la sombra. Sólo los Ángeles saben verter la luz en la oscuridad. No hay manera de salir ileso tras todas las verdades del corazón. Este es el mundo de lo imperfecto; nuestras almas sin perfección ante él. No hay suspiros ante la muerte, sino presagios del porvenir. Todo yo es destruido por la mirada dulce de una niña y reconstruido por el suave cantar de un niño. La niña alberga en su seno esperanza, y el niño la acción. Todo es lo que es, pero tal vez pueda ser también poesía". Es parte del texto referido a "Edad luz", un trabajo grabado durante los meses de Diciembre de 1992 y Enero de 1993, y producido por el propio Marcelo. A "Edad luz" le siguió, en 2003, "Constructor de almas", diez años de diferencia entre dos discos que él definía como conceptuales, "en el sentido de que el repertorio responde a una dirección". Posteriormente llegaron "Atomo" (2010) y "Universos en miniatura" (2014) sin ese punto de partida, representando en cada canción "mi universo artístico, creativo y espiritual, llegando un momento en que grabarlas se transformó en una necesidad vital”.

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19.8.06

LITO VITALE CUARTETO:
"Ese amigo del alma"

Los que hayan disfrutado de la música de Lito Vitale en directo difícilmente podrán olvidar el sentimiento que queda atrapado en sus interpretaciones, especialmente en dos grandes canciones, la esperadísima improvisación titulada "La excusa" -un espectacular delirio de ritmo y emoción con la guinda final del gran Marcelo Torres mordiendo las cuerdas de su bajo- y esa canción dedicada a Lyle Mays (pianista más conocido por sus colaboraciones con Pat Metheny que por sus obras en solitario) que lleva por excelso título "Ese amigo del alma". Hay algo encantador, notablemente costumbrista, en los títulos de las composiciones de Lito Vitale, lanzando al aire una maravillosa familiaridad ("Alumbrando a las ánimas", "La arremetida de los Buenos Aires", "La vida es un tango", "El discreto encanto de ser porteño", "Basta De fingir", "El día más largo del siglo" o "Recuerdos en mi bemol", por ejemplo). Eso forma parte, posiblemente, de una concepción poética, si bien en 1991 confesaba que, en su proceso creativo, los títulos van después de la música, no compone pensando en un título, y a veces incluso desearía dejarlos en blanco. Entre todos ellos, "Ese amigo del alma" es de los que saben conectar con la audiencia, a lo que une su excelsa calidad musical, extensible a todo el trabajo en el que venía contenido, que en su segunda edición poseía ese mismo amigable título.

Nacido en 1961 en Villa Adelina, cerca de Buenos Aires, Héctor Facundo Vitale se nutrió a lo largo de su trayectoria de influencias folclóricas (no sólo el inevitable tango) que, unidas al rock que tanto impera en Argentina, a las composiciones que le encargaban para ballet, teatro, cine y televisión, y a un delicado jazz, conformaron una música deliciosa que, tanto en solitario como en dúo, trío, cuarteto o quinteto, publicó con bastante éxito Ciclo 3, sello independiente que fundaron en 1975 los padres de Lito, Esther Soto y Donvi (Rubens Vitale). La época más popular -y posiblemente la más inspirada- de Lito Vitale fue la del cuarteto que juntó a nuestro protagonista (que se encargaba de los teclados y dirección musical) con Marcelo Torres (bajo), Manuel Miranda (vientos) y Cristian Judurcha (batería). Esto sucedió en 1987 con la publicación de "Lito Vitale cuarteto", álbum descatalogado que convenientemente reformado supuso en 1988 "Ese amigo del alma", el primer disco de Vitale que pudimos adquirir en España a través de GASA, en una edición de cinco temas que llegó realmente en 1989 y en la que, una vez más, Lara López y Ramón Trecet se ganaron los agradecimientos (Lito visitó su conocido programa de radio y afirmó que sólo el hecho de que la gente de todo el mundo pudiera conocer su música era ya un auténtico sueño, a lo que Ramón y Lara pusieron su granito de arena). Tan suculento título llegó a vender en nuestros país tantos discos como en Argentina y abrió las puertas del mercado europeo al cuarteto, que no tardaría en presentarse en directo en España con extraordinaria expectación y merecido éxito. Seguramente este gran momento fue el cúmulo de todas las vivencias de Vitale, que detonaron en una música agradable para todos los oídos, la sonoridad de su piano es esencialmente clara y melodiosa, lo cual se puede evidenciar desde la tenue entrada de piano de uno de sus temas estrella, esa emotiva maravilla titulada "Recuerdos en mi bemol". Es esta una de esas canciones especiales, que pueden despertar una veneración profunda en quien la escucha, y que marcaron el camino del cuarteto, puesto que nació como una improvisación (que afortunadamente fue tenida en cuenta) compuesta cuando la banda se estaba conociendo, así que Lito aseguraba que nació para ellos. Vitale improvisa constantemente y graba esas sesiones, en muchas de las ocasiones no hay una 'inspiración' concreta sino una extraordinaria capacidad para dejarse llevar y atrapar la magia de su piano. Sin embargo no hay que despreciar a los demás componentes, a los que Lito propone una cierta libertad para desarrollarse y que siempre participan creativamente en el proceso de composición. Por ejemplo en "Estar entre nosotros" destacan los instrumentos de viento en una onda folclórica argentina, origen claramente evidenciado también en "La vida es un tango", mientras que en "Estar vivo hoy" hay un gran trabajo de batería por debajo de la melodía. "Ese amigo del alma" es otro cantar, es la gran canción de Lito Vitale, intimista, tierna, emotiva, trece minutos gloriosos que hay que seguir segundo a segundo dejándose literalmente acariciar por los instrumentos y por la cohesión del cuarteto como si fuera un solo intérprete. En su construcción, "Ese amigo del alma" le salió de muy dentro, casi sin darse cuenta, y Lito se empezó a entusiasmar con lo que empezaba a surgir del piano mientras improvisaba, algo que se acabó uniendo a una soberbia interpretación y unos arreglos estupendos influenciados por un Lyle Mays al que Vitale aún no conocía, y donde lo único malo es que llega ese momento no deseado en el que todo se acaba. Decía Lito que la edición española de "Ese amigo del alma" era un refrito entre "Lito Vitale Cuarteto" (1987) y "Ese amigo del alma (1988), que se editaron separados en Argentina. El primero contenía, entre otras, "Estar entre nosotros" y "Ese amigo del alma", mientras que en el segundo se podía disfrutar de todas ellas, además de otras dos composiciones, "Subito pianissimo" y "La luz sagrada" (esta última se podía escuchar en España, junto a los demás éxitos del cuarteto, en el doble CD recopilatorio de 1993 "La historia reciente", que contaba con un curioso CDmaxi con una versión single de "Ese amigo del alma" y otra recortada de "Recuerdos en mi bemol"). Retornando a "Ese amigo del alma", en España se cambió el orden de las canciones, colocando en los extremos las dos más emblemáticas, "Recuerdos en mi bemol" al comienzo y "Ese amigo del alma" como colofón.

Los padres de Vitale hablaban así de cómo empezó la relación de su hijo con la música: "Nosotros siempre hacíamos peñas con los amigos, y Lito empezó a interesarse por la música cuando tenía tres años, jugando con un piano viejo. Un día, llegó a casa un amigo español, que tocaba el piano y el violín, y Lito lo miraba tocar, petrificado. Después de haberlo escuchado, nos dijo: 'yo quiero ser músico y español'". Quién le iba a decir a ese pequeño que años después iba a ser venerado en España. Aunque Lito Vitale fuera el alma del conjunto, el que tenía en la cabeza el boceto de las canciones, las componía y las firmaba, los cuatro miembros del mismo actuaban como una sola mente ("cuando un músico no aporta su propia música al grupo, es difícil que siga en él, porque la propuesta no es acompañar a un solista; tienen que tocar lo que a ellos les parece, porque sé que lo que ellos tocan puede funcionar en mi música", decía Lito). Como anécdota mencionar que a la hora de la grabación de "Ese amigo del alma", Marcelo Torres fue a tocar sobre la base y no contó los compases, pero aun así lo clavó, dándose cuenta de que podía encajar naturalmente en el grupo, un conjunto que se mantuvo durante cuatro plásticos más ("La senda infinita", "Viento sur", La excusa" y "La cruz del sur") únicamente con cambios en la batería. Sólo se puede acabar agradeciendo la existencia de este trabajo, que vendió más de 200.000 copias tanto en España como en Argentina. ¡¡Qué lindo disco hiciste, Lito!!