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3.10.24

HANIA RANI:
"Esja"

Entre los músicos jóvenes que por su elevado talento consiguen irrumpir con fuerza en los círculos de la nueva música instrumental con alardes de experimentación electrónica, desde finales de la segunda década del nuevo siglo empezó a tomar fuerza el nombre de la compositora y pianista polaca Hania Rani. Nacida en 1990 en Gdansk, al norte del país, bajo el nombre real de Hanna Raniszewska, no tardó en dar muestras de una férrea voluntad de avance en sus estudios en el conservatorio, así como de una especial frescura en su manejo de las teclas. Es necesario profundizar en su universo para descubrir a una artista total, que tras participar en varios proyectos  de música clásica (con la violonchelista Dobrawa Czocher), de música electrónica (con el DJ Christian Löffler) y de pop de cámara (Tęskno, dúo con Joanna Longić), comenzó su andadura profesional en solitario con un delicado álbum de piano titulado "Esja", que es el nombre de una montaña islandesa (un volcán, realmente) tan cercana a la capital, Reikiavik, que se puede ver desde casi cualquier punto de la misma. "Por primera vez, finalmente, sólo soy yo, tal como soy", declaraba la pianista entusiasmada y segura de sí misma.

Tras forjar importantes amistades, y como parecía demostrado que este debut iba en serio, Gondwana Records, su casa discográfica, preparó un breve trailer para que circulara por YoutTube, anunciando un producto que para muchos iba a ser esperado. Enseguida llegó la publicación de "Esja" en 2019, y tanto Gondwana Records como el público espectante iban a sentirse plenamente satisfechos con esta alternativa a la música clásica fusionada con el pop, donde se impone la extrañeza, el intimismo. Imbuida por una tristeza de raíz islandesa junto a la tradición polaca, y metida de lleno en el estilo melancólico postminimalista o de los eclécticos Yann Tiersen o Agnes Obel, Hania demuestra en "Esja" que es un nombre a seguir en la vanguardia contemporánea, la misma en la que habitan nombres como Olafur Arnalds, Max Richter o Nils Frahm. Es otro compositor y pianista polaco ya desaparecido un referente en sus enseñanzas, Witold Lutosławski, del que Hania reproduce en el libreto del álbum su texto titulado 'On Silence'. No es el silencio lo que deseamos escuchar al reproducir este trabajo, pero tampoco es el piano solitario lo que descubrimos, ya que el propio sonido del pedal del piano debidamente ampliado por efectos electrónicos, pequeños chasquidos de piano preparado y ruidos de estática, 'ensucian' deliberadamente las composiciones sin restarles belleza. El resto, lo más importante de cada partitura, es un inspirado piano, retazos de melancolía que atraen sin remedio, pero no exentos de fuerza, como en "Eden", una gran presentación temblorosa pero firme. Se trata de un fabuloso comienzo melódico, en un tono afable con cadencia apasionante; un sencillo poderoso. El videoclip es muy poético, muy bien realizado, lo que demuestra el interés de Hania por el arte. El mismo aspecto melancólico presentan, más adelante, "Luka" (que se ayuda de esos pequeños ruidos para condensar en sus 5 minutos un clima de soledad que incita a un recogimiento buscado, una necesaria huida hacia el interior) o "Today It Came" (grabada en el piano del estudio de Olafur Arnalds en Reykjavik, parece un recuerdo de una época pasada). Es "Sun" sin embargo el segundo corte del disco, un despertar sublime, recibir al sol y al nuevo día con la desnudez de un piano ambiental que puede recordar al impresionismo; carece de melodía potente, se basta con un oleaje de notas que vienen y van. Otra serie de composiciones se caracterizan por un planteamiento rítmico, como "Hawaii Oslo", melodía sencilla pero hermosa sobre una base rápida, que titulada como una película romántica noruega torna a ilusionante, a ese viaje esperado que por fin se realiza y en el que todos los sueños se cumplen. En su línea nos encontramos en el álbum "Biesy" (un recuerdo de momentos alegres con sus amigos en las montañas Bieszczady, al sureste de Polonia), "Glass" (dinámica, casi apresurada, con muchos colores atrapados en el vidrio aunque con visos de tristeza y nocturnidad, en su cadencia adivinamos que posiblemente no se trate de una coincidencia que su título sea el apellido de uno de los más carismáticos compositores minimalistas) o "Now, Run" (otra pieza rápida para acabar, donde ciertos parecidos o influencias se acentúan -Philip Glass de nuevo, especialmente-, pero con la arrolladora personalidad de la polaca). "Pour Trois" es una de las composiciones más 'clásicas' del álbum y uno de sus mayores aciertos, una pequeña joya plena de romanticismo que acaba por confirmar la clase que atesora esta joven. Fue sin embargo el tema que titula al trabajo, "Esja", su primer sencillo y adelanto del mismo, y es que se trata de una de las cumbres del álbum, en la que las manos de la intérprete se mueven rápidas por el piano tejiendo una melodía primorosa. Que su videoclip utilice las imágenes de una película antigua (un curioso ejemplo de retrofuturo, un corto creado para la presencia de General Motors en la feria automovilística Motorama de 1956) desvela la conexión de las ideas del pasado y del presente que rondan por la cabeza de Hania. Esta talentosa polaca se adentra de manera exquisita en un mundo complicado, el de la música neoclásica con tintes de modernidad por la utilización de una sutil electrónica, donde lamentablemente es fácil confundir artistas por lo anclado del género, una música realmente bella pero que parece basada en clichés que se repiten con escasas variaciones. La suya, sin embargo, es una expresión pura y auténtica de sentimiento a través del piano, ese instrumento de sonido tan bello que resulta paradójico comprobar cómo las manos de esta joven polaca lo embellecen todavía más. Su talento es desbordante, su seguimiento imprescindible.

La inspiración de Hania Rani pasa por varios frentes musicales (electrónica, clásica, jazz, pop, rock -de Chopin o Radiohead a Dave Brubeck o Max Richter-), artísticos (cine, diseño, arquitectura -su padre es arquitecto-) y sobre todo de experiencias personales, su huella y los sentimientos que han provocado, un todo que durante su juventud confluyó en una serie de piezas, tanto pensadas como improvisadas, de gran consistencia en su conjunto, como el reflejo de una vida a la que todavía quedan muchos pasos que dar, una hipnótica película que permanece sin final. Varsovia (concretamente el apartamento de Hania) y Reykjavik (el estudio E7 de su amigo Bergur Þórisson) fueron los lugares de grabación, ciudades frías con una luz especial que a buen seguro influyó, como las vistas del monte Esja, en la confección del disco: "El álbum en solitario surgió cuando me fui a Reykjavik, donde escribí algunas canciones nuevas al instante mientras estaba en el estudio, por lo que eran composiciones casi improvisadas. Fue entonces cuando decidí lanzar un álbum de piano solo sin adornos, que contara mucho sobre mis raíces musicales, que sin duda están en este instrumento. Pero también es solo un pequeño preludio de toda la música que quiero compartir en el futuro". En efecto, los siguientes pasos de esta artista no tardaron en llegar, discos como "Home" o "Ghost" llenos de pasos adelante (ella misma canta en varios de los temas, la mayor diferencia respecto a la instrumentalidad de "Esja"), impresiones personales y ese corazón que siempre busca Hania en la música.


















30.6.20

SIGUR RÓS:
"Ágaetis byrjun"

Jón Þór Birgisson es un cantante peculiar. Es ciego del ojo derecho, es abiertamente homosexual, toca la guitarra eléctrica con un arco de violonchelo, y su voz en falsete es un elemento característico de su banda, los ilustres islandeses Sigur Rós. Además, su hermana menor se llama Sigurrós, y de ahí proviene el nombre del grupo, que se puede traducir como 'rosa de victoria'. Su primer disco, "Von", resultaba extraño, confuso, con ambientes inframundanos, y aunque su presencia es insoslayable en la historia de la banda, su autentico primer éxito llegó con su segundo álbum, "Ágaetis byrjun" (traducido como 'Un buen comienzo'), publicado en 1999 por la compañía islandesa Smekkleysa (y reeditado en otras como FatCat Records para el mercado anglosajón, o en el sello de la banda, Krúnk), llegado a considerar por la crítica como uno de los mejores trabajos europeos de ese año, y posiblemente más allá en esos difíciles tiempos de cambio de siglo y de maneras de consumir la música. Definir su estilo es navegar por un mar que lo mismo se encrespa como que se calma, oscilando como el oleaje entre un reconocido post-rock, el minimalismo y lo folclórico. 

No es de extrañar la denominación post-rock, porque esta banda no encaja con las fórmulas habituales ni con las denominaciones más normales en la música moderna. Un sonido atrevido y novedoso como éste tenía que provenir de la fértil -musicalmente hablando- Islandia, tierra de búsquedas y hallazgos como pocas. No exento de una cierta extrañeza, es el de Sigur Rós un discurso original y profundo, una producción bien trabajada del británico Ken Thomas, que ya había mezclado años atrás el primer disco de los Sugarcubes, la banda de Bjök. El ambiente general es soñador, atmósferas mágicas, fantasiosas, en las que deslumbran y sorprenden las voces y atrapa los sentidos el concepto islandés tan melancólico de música contemporánea, que se une al folclorismo reinante para resultar un plato de presentación innovadora y sabor delicioso, como si Björk le pusiera letra a los ambientes electrónicos de Jóhann Jóhannsson y todo se adaptara a una manera folk. Lo simple y lo complejo conviven en este trabajo, muchas ideas originales y bien encauzadas, con audaces tratamientos vocales y ritmos que podrían tener cabida, tratados convenientemente (afortunadamente eso no sucede), en listas de éxitos poperos. Poco importa que canten en islandés o en ese lenguaje inventado por ellos llamado Hopelandic, vamos a entender lo mismo, la importancia de este "Ágaetis byrjun" radica en la belleza de unas armonías y ambientes fascinantes. Con una refulgente tristeza, Sigur Rós fusionan pasajes ruidosos con otros límpidos, combinando sensaciones. Por ejemplo en "Svefn-g-englar", con sus notas luminosas y voces deliciosas entre ambientes que en solitario podrían parecer algo disonantes. Esta composición posee un desarrollo magistral, algo minimalista, de esos que si duraran 10 o 20 minutos más seguiríamos escuchando embelesados, y fue el primer sencillo del álbum. En "Starálfur" hay un natural vitalismo, y un fondo fantasioso que nos conduce por un mundo de folk, rock, clásica, incluso jazz, delicioso e inclasificable. "Flugufrelsarinn" es puro post rock, depresivo pero bello. En "Ný batterí" la voz se debate entre una nueva distopia y acaba emergiendo para llenar el tema de personalidad, reforzada por la poderosa entrada de la percusión. Lo que empieza siendo un tema más, acaba convirtiéndose en un clímax absorbente, que se convirtió en el segundo sencillo del trabajo. La instrumentación es adecuada a su mundo de fantasía, así como la búsqueda de soluciones en cada una de las canciones, por ejemplo el trabajadísimo caos sinfónico de la exquisita "Hjartað hamast (Bamm Bamm Bamm)", donde las voces juegan papeles más importantes que en una simple canción, presentando además una base rítmica que permite entrever destellos de trip hop. El envoltorio neoclásico luce también en piezas de enorme capacidad instrumental como "Viðrar vel til loftárása", donde no aparece la voz hasta la mitad de la larga suite, fruto tanto de un atrevimiento sin par como de importantes enseñanzas musicales dignas de elogio. Pero lejos de esconder o encasillar estas propuestas, son aclamadas y lanzadas al mundo con evidente orgullo y éxito. Es esta una gran pieza, larga pero deliciosa y exuberante, con un hermoso pasaje de piano complementado con cuerdas y un aire postminimalista, con la voz como la pieza que faltaba en el puzzle, esa voz que en "Olsen Olsen" presenta intenciones distintas, más cercano a lo folclórico, tratamiento incrementado por la presencia de una flauta y un final animado muy popular. Para ir concluyendo la escucha, "Ágaetis byrjun" es una sencilla canción, sin altibajos, la primera que se grabó y que le dio el título al disco al ver que era un 'buen comienzo', y "Avalon" son como los títulos finales de una buena banda sonora. En esta obra, Jón Þór Birgisson toca la guitarra (con arco) y voces, Georg Hólm el bajo, Ágúst Ævar Gunnarsson la batería, y acertaron plenamente con la incorporación de Kjartan Sveinsson a los teclados. La presentación del disco se produjo el 12 de junio de 1999 en la Opera House de Reykjavík, un concierto que, junto a demos y otras versiones, se puede escuchar en la reedición del álbum por su vigésimo aniversario en 2019. 

Con 400.000 copias vendidas en Europa, y surgido -según ellos mismos- de la nada, este álbum sorprendió y encandiló a partes iguales, la banda se expresaba sin tapujos y, posiblemente desde esa inocencia, cocieron un producto fresco y mayúsculo, un álbum recordado cuya llama han intentado mantener viva con el paso de los años y los discos. Su publico es variado (rock, indie, folk, contemporánea), pero no es una banda al uso, pueden sonar anticomerciales en ocasiones, y son capaces de dejar un disco sin titulo. "Ágaetis byrjun", algunas de cuyas composiciones han sido utilizadas en series y películas conocidas (como 'Vanilla sky', donde sonaba "Svenf-g-englar", o "Starálfur" en 'The life aquatic'), es una amena experiencia auditiva y un encuentro obligado del buscador de aventuras musicales fuera de las radiofórmulas pero manteniendo una cierta estructura del mundo del pop-rock.













2.6.16

OLAFUR ARNALDS:
"Eulogy for evolution"

Con poco más de 330.000 habitantes (un lejano puesto 181 del ranking), Islandia es sin embargo un país de una efervescencia musical extraordinaria, cuantitativa y calitativamente muy por encima que docenas de los que le preceden en dicha lista. Bjork, Sigur Ros, Amiina, Johann Johannsson o Valgeir Sigurdsson son algunos de los nombres más destacados entre los que combinan con sobrada pericia folclore, rock, clasicismo y electrónica, sin embargo desde mediados de la primera década de la nueva centuria cobró gran protagonismo el joven teclista, guitarrista y batería Olafur Arnalds, una figura emergente que iba más allá de las etiquetas en las que pudiera verse inmerso, post-rock neoclásico, indie clásico, postminimalismo, experimentación o el hardcore de sus inicios. Piano, cuerdas y una sutil electrónica eran la base de sus proyectos, cuya primera y sonora entrega vio la luz en 2007 bajo el título de "Eulogy for evolution" y el auspicio de la sublime compañía independiente londinense Erased Tapes Records. El primer prensaje se limitó a 500 copias, y un (necesario) segundo a 1500 ejemplares.

La irrupción de este artista no pudo ser más prometedora, de hecho Olafur dio el salto en solitario el mismo año 2007 en que Robert Raths fundara Erased Tapes, convirtiéndose de lleno en uno de sus artistas de cabecera junto a otras jóvenes promesas que llegarían en años sucesivos, como Peter Broderick, Nils Frahm, o grupos como A winged victory for the sullen (formado por Dustin O'Halloran y Adam Wiltzie). "Eulogy for evolution" es un trabajo de gran sentimiento, intenso y maduro para ser el primer capítulo en la discografía de un joven de 20 años. La obra representa el paso de la vida y sus títulos son sólo los tiempos de la misma: "El álbum está inspirado por la muerte de un familiar cercano, lo que me afectó bastante, y el nacimiento de su nieto poco tiempo después. Esto me hizo pensar sobre la evolución de la vida y cómo siempre que sucede algo malo significa el comienzo de algo nuevo". Trascendental de base, también el cine era una influencia para el músico, así como otros grupos de diversos estilos y artistas del mundo clásico como Max Richter, Shostakovich, Bach o Chopin. Richter es sin duda el nombre a recordar en mayor medida a la hora de comentar este impoluto debut, aunque en determinados momentos pueden aflorar otros, como los de sus compatriotas Sigur Ros y Johann Johannsson, sin olvidar su ubicación por parte de la crítica en el ambiente indie, el verdadero punto de partida de un álbum que fue modelándose poco a poco, unas veces con ideas predefinidas y otras simplemente improvisando. En este crossover moderno-clásico, un cuarteto de cuerda (chelo, viola y dos violines) acapara el protagonismo en gran medida en cada uno de los ocho cortes que presenta la obra, para la que Arnalds interpreta piano, bajo, guitarra, órgano, melódica y percusión (Olafur tocaba la batería en el grupo de hardcore Fighting Shit). Tras la furibunda entradilla y una llevadera tonada de piano (en este tema lo ejecuta Dagny Arnalds, prima de Olafur y hermana de la cantautora Olof Arnalds, otra famosa en la familia), se alza majestuosa en "0040" la rutilante melodía de cuerdas (de clara tendencia islandesa, aunque él se encargue de recalcar que en Islandia hay mucho más que lo que se escucha fuera), que volverá a aparecer engalanada en el tercer corte, "0952", de forma algo más tranquila, recordando a ciertos momentos ambientales del delicioso "IBM 1401, A user's manual" del mencionado Johannsson. Sin deslumbrar tanto, "0048_0729" ejerce un calmado poderío ambiental, mientras que "1440" agrada y embelesa con su aire meditativo, paseante, con un piano dominante y deliciosamente austero. Piano y violín se bastan para contar historias cercanas, como "1953", con matices que van del entusiasmo al enfado, manteniendo con coherencia y prístina nitidez el concepto que da alma al disco. Esa cuidada languidez se deshace -y es una ruptura aceptada y en absoluto desafiante- en la segunda mitad de "3055" cuando, tras un comienzo decididamente ambiental, Olafur acaba desmelenado, un final contundente y expeditivo en el que brilla la gozosa percusión. Ese sexto corte fue seleccionado como presentación del álbum y contó con su propio video-clip oficial, sin embargo es el siguiente el que podría considerarse como corte estrella del álbum, un "3326" eufórico y vehemente en una dramática sección de cuerdas que suena sospechosamente (¿homenaje tal vez?) al genial "Sur le fil" que grabara diez años atrás el francés Yann Tiersen. Acto seguido, "3704_3837" es un corto final con inclasificable delirio caótico incluido. A falta de interactuar con la electrónica (lo que felizmente ocurrirá poco después de este trabajo), melodías abstractas buscan la interioridad, sin evocar necesariamente bellos paisajes y sentimientos puros, pero aun así, a su manera, personalizando la belleza del paso de los días, la emoción del nacimiento, la infancia (teclas más juguetonas en las primeras canciones), la adolescencia (con su rebeldía), la madurez y el inevitable final. Jónas Valtýsson es el diseñador gráfico del álbum, un diseño repleto de retazos de una vida imaginaria y de fotografías de Stuart Bailes, las fotos de pequeños viajes por Islandia, "fotos de personas, lugares y cosas que pensamos que significaban algo para nosotros; una década después escribía: "Desde entonces, los niños han crecido, la fiesta se ha despejado, el fuego ha sido reemplazado y las montañas se han movido, pero las fotos siguen siendo las mismas. Es sorprendente cómo algunos recuerdos sobresalen como una piedra blanca en una playa negra, y afortunadamente estos estarán conmigo para siempre".

Por su inventiva postminimalista, su facilidad para conectar con un público joven y sus conexiones con otras figuras despuntantes en los primeros años del siglo XXI, la figura de Olafur Arnalds es actualmente de segura admiración, siempre que se busque una propuesta original y atractiva. Hablar de este álbum es hacerlo del sólido comienzo de una carrera gozosa y autentica, que ha evolucionado por caminos de obligado seguimiento, y es que en "Eulogy for evolution", Arnalds cruza con aparente facilidad la línea esencial entre lo difuso y lo sencillamente genial. El pensativo piano marca el camino, en un envoltorio académico con desarrollos pausados y ambientes recogidos. Las cuerdas enbellecen notablemente, aportando sin estridencias el descaro, buscando e incluso encontrando en ocasiones la melodía indistinguible, el chispazo mágico. Diez años después del lanzamiento del álbum, en 2017, Robert Raths (fundador de Erased Tapes) le ofreció a Olafur Arnalds la posibilidad de publicar una edición de aniversario, que llegó con distinta portada y diseño, remezclada por el propio Olafur y remasterizada por Nils Frahm. Sobre este "Eulogy for evolution 2017" hablaba así Arnalds: "Pasé un par de semanas en algún tipo de máquina del tiempo, abriendo y trabajando en grabaciones de hace 12 años. Había ruido en los micrófonos, algunos canales parecían silenciados accidentalmente, pero a veces me encontraba admirando lo que mi yo adolescente era capaz de hacer. Fue de alguna manera encantador. Bueno, casi todo. Así que arreglé las cosas que no lo eran antes de enviarlo a Nils Frahm para remasterizar". De este modo se puede disfrutar mejor este 'trabajo de adolescente', absolutamente esencial.







12.9.12

JÓHANN JÓHANNSSON:
"IBM 1401, a user's manual"

Arthur Samuel, del Centro de Investigación Watson de IBM, escribió en 1964 que "hasta que no sea viable obtener una educación en casa, a través de nuestra propia computadora personal, la naturaleza humana no habrá cambiado". La multinacional americana IBM contribuyó sobremanera a ese cambio en los ochenta mediante el IBM PC, unas siglas que han trascendido notablemente. Sin embargo, IBM llevaba años fabricando ordenadores poco personales, monstruos de grandes proporciones que permitían almacenar y procesar datos, que fueron muy útiles por ejemplo para la NASA en el primer alunizaje. El IBM 701, nacido en 1952, fue su primera 'computadora científica comercial', y en 1959 nació el protagonista de este disco, el IBM 1401, del que se vendieron más de 20.000 unidades, y sobre el que nos podemos imaginar las dificultades de su manejo y puesta en funcionamiento. En 1964 uno de esos equipos llegó a Islandia y Jóhann Gunnarsson, padre de Jóhann Jóhannsson, fue el ingeniero jefe de mantenimiento, una labor que ha acabado inspirando el curioso disco que nos ocupa, orientado en principio a la danza (una obra de la coreógrafa islandesa Erna Ómarsdóttir, representada en más de cuarenta ciudades europeas), para cuarteto de cuerda, órgano y electrónica, y grabado finalmente en octubre de 2006 como la primera referencia de Jóhann Jóhannsson para el sello 4AD, con una gran orquesta de cuerda y 'grabaciones electrónicas cinta-a-cinta de época de un ordenador IBM 1401 encontradas en el ático de su padre'.
 
Gunnarsson se entusiasmó con las posibilidades musicales de la obsoleta máquina y realizó pequeños experimentos con las ondas electromagnéticas emitidas por la misma y un receptor de radio. En 2001 le habló a su hijo sobre estos ensayos, y comenzó a escribir esta nostálgica obra, que tras un encuentro con Erna Ómarsdottir -cuyo padre también había trabajado para IBM- tuvo su primera aplicación para la danza. "Queríamos que fuera una experiencia inmersiva, emocionalmente catártica, ritualista y expresionista", comenta un Jóhannsson que intentaba equiparar significativamente la inteligencia humana con la artificial. Ciertamente, aquellos ingenieros y programadores llegaron a empatizar de tal forma con la máquina que, cuando ésta fue sustituida y desconectada en 1971, se celebró un funeral por la misma, una humanización que intenta estar presente en este trabajo, utilizando los sonidos computerizados casi como coros, incluso incluyendo una canción que acaba por encontrar otra equiparación, la de esta computadora con el famoso HAL (las siglas con las letras anteriores a las de IBM) de la película de Stanley Kubrick "2001, una odisea del espacio", film que un sorprendido Jóhannsson contempló fascinado a los seis años de edad. "IBM 1401 a user's manual" (título que evoca el libro de Georges Perec "La vida, modo de empleo"), que cuenta con un sobrio pero poderoso diseño que incluye los datos en un facsímil del papel que utilizaba la máquina en aquella época, presenta cinco composiciones de duraciones amplias, que partiendo de una propuesta tan artificial tornan sin embargo en algo natural y hermoso con absoluta sencillez, logrando con sus lentos compases un efecto tan mágico y atrayente como el de la bruma que envuelve la costa. Y como ese propio efecto atmosférico que día tras día se antoja parecido, en la esencia continuada del trabajo aparece una inherente sensación de 'déjà vu', dado el parecido entre las melodías de cuerdas contenidas. "IBM 1401 Processing Unit" es la parte primera, una pieza conmovedora, a modo de lamento, incluso de oración, que presenta sigilosos toques electrónicos en su imperturbable y gloriosa calma. La intensa ambientalidad de carácter sinfónico abruma por su excepcional carga emotiva, mientras que el primer toque irreverente, vanguardista, aparece en la segunda parte del álbum, "IBM 1403 Printer", para la que Jóhannsson utiliza una voz encontrada en la guía de instrucciones de la impresora, que él mismo define como "la voz de un viejo profeta dando un sabio consejo"; acompañada de una monocorde campana, esta letanía se adorna por debajo, y abriéndose camino hasta dominar la pieza (para luego volver a desaparecer), con un himno entrecortado de tonos graves y auténticos zumbidos electrónicos. Las partes 3 ("IBM 1402 Card Read-Punch") y 4 ("IBM 729 II Magnetic Tape Unit") son otras dos acertadas composiciones para la orquesta de cuerda completa (The City of Prague Philharmonic Orchestra), con piano y órganos celeste y Hammond B3, además de numerosos efectos, que van aumentando su intensidad conforme avanza la escucha, llevándonos a formar parte de lo que parece un mundo particular, extraño, retro, de contínuo asombro y pleno de emoción y lirismo. El álbum es un vaivén constante, un oleaje de salpicaduras electrónicas conducido por unas fabulosas cuerdas, una construcción ambiental imprescindible para cualquier buscador de la belleza, que concluye con un quinto corte, de título "The sun´s gone dim and the sky´s turned black" ('el sol se ha difuminado y el cielo se torna negro'), que fue utilizado para el trailer de la película "Battle: Los Angeles" (traducida en España como "Invasión a la Tierra"), si bien no se incluyó en el metraje final del film. Esta pletórica, incluso gloriosa, quinta parte incluye un canto robótico (con la voz del propio Jóhannsson) y está basada en un poema de Dorothy Parker; la canción -equiparable al fenomenal "Odi et amo" de su álbum de debut, "Englabörn"- posee un particular encanto, recreando la 'muerte' de HAL en la citada película "2001, una odisea del espacio", mientras cantaba la canción "Daisy bell", que le había enseñado su instructor. "The sun's gone dim and the sky's turned black" fue además el lanzamiento elegido para el álbum en formato CDsingle, en una mezcla ligeramente distinta a la del disco, acompañado del inédito "Passacaglia", variación del título principal para cuarteto de cuerda, con la esencia barroca de su propio nombre.
 
"IBM 1401, a user's manual" es más que un disco, y no sólo como ejemplo de creatividad con altas dosis de ironía y saber estar, sino como un tipo de herencia, algo que era necesario continuar, en definitiva es un homenaje a su propia historia, con la característica añadida de incluir esas grabaciones originales con 30 años de historia, "sin duda el primer ejemplo de música digital que se produce en Islandia y uno de los primeros ejemplos de música electrónica en el país". El dubitativo inicio deviene en una suerte de himno de ambiental trascendentalidad, una astracanada capaz de tornar en religión la electrónica primitiva, en un alarde de inquieta transgresión de difícil parangón, donde se entrelazan pasado y presente. Jóhannsson, mayoritariamente aclamado con "Englabörn", demostró posteriormente en "Dis" que también sabe encontrar situaciones rítmicas (en la onda de grupos como Air) y presentarlas con elegancia entre pasajes más calmados. En "IBM 1401, a user's manual" confirmó su dominio del tiempo y el espacio en una partitura de apariencia sencilla y serena, un descubrimiento en el mundo del classical crossover que, si bien no es ajeno a mimetismos, constituye una nueva esperanza y una reflexión, la de que hay que abrazar a las máquinas como a nuestros propios hijos, pues si no, "al igual que los niños abandonados, se vuelven contra nosotros. Hemos encontrado que tarde o temprano, tenemos que aprender a leer el Manual del Usuario".
 
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3.10.10

JÓHANN JÓHANNSSON:
"Englabörn"

Se puede decir que en siglo XXI no hay forma de escapar de la asimilación de la electrónica en casi todos los campos de la música moderna. La música contemporánea no sólo no es una excepción sino que hay que recordar la utilización experimental de la electrónica más primigenia en las obras de músicos de la segunda mitad del siglo XX que hoy se pueden considerar como gurús de la música electrónica, como Messiaen, Varèse, Reich, Stockhausen o Cage. Esa forma casi infantil de utilizar la primitiva parafernalia ha sufrido numerosas revoluciones hasta llegar a la actualidad, este momento en el que los caminos están tan marcados que se puede hablar de una preocupante falta de ideas. Afortunadamente, de cuando en cuando nos encontramos con artistas innovadores, todoterrenos y deliciosamente transmisores como Jóhann Jóhannsson, un islandés nacido en 1969 que además de una sorprendente carrera en solitario es co-fundador del colectivo Kitchen Motors (sello discográfico, promotora de conciertos, performances y demás manifestaciones artísticas), del grupo Apparat Organ Quartet, y pertenece a otro conjunto, Evil Madness. En 2002 publicó su primera referencia bajo su nombre en el sello británico Touch, "Englabörn".

"Englabörn" era la música para una obra de teatro de Hávar Sigurjónsson en 2001, que convenientemente revisada acabó plasmada en CD. Fue su cuarta composición para teatro, aunque ya había realizado música para películas, documentales e instalaciones artísticas. El Epos String Quartet fue el cuarteto de cuerda elegido para la grabación y Matthías Hemstock se encargó de las percusiones, mientras que piano, glockenspiel, harmonium, órgano y electrónica corrían a cargo del propio Jóhannsson. Buscando frases coherentes de cortos minutajes, la totalidad del álbum se centra en una suave línea melódica con un tímido carácter folclórico en el que las cuerdas llevan en su mayoría el peso de la grabación, en cadencias lentas que en su mayoría bordean lo quejumbroso si bien en ocasiones, unidas a escasas pero vivaces percusiones, se tornan en desenfadadas, incluso festivas, en una impresión general intimista y fácilmente audible. Este atractivo juego que comienza de manera vocal se va desarrollando por medio de ese mismo tema recurrente, revestido de teclados, vientos o cuerdas, en momentos cortos y profundos que ni cansan ni aburren. El leitmotiv inicial lleva por título "Odi et amo", nombre de un poema del romano Catulo a su amada Lesbia ('Odi et amo / Quare id faciam, fortasse requiris / Nescio, sed fieri sentio et excrucior', que significa 'Odio y amo / Por qué hago esto, quizá te preguntes / No lo sé, pero así me siento y sufro'); curiosamente se trata de la escena final de la obra, y viene a representar, según el propio Jóhannsson, el contraste, la alquimia de los opuestos, para el que recordó este texto en latín de su época universitaria. Acompaña al trabajo una exquisita sobriedad, así como un regusto romántico en su tierna ambientalidad, y aunque pueda recordar a algunos compositores minimalistas o contemporáneos, cabe pensar que sus ideas se desarrollan por terrenos propios. Este prolífico personaje sorprende y emociona con preciosas miniaturas de títulos casi impronunciables, como "Eg sleppi pér aldrei" (con su impresionante cambio de ritmo), "Ég heyròi alit án pess aò hlusta" o "Englabörn - tilbrigòi" (con sabor a Nyman), posiblemente las composiciones más destacadas del álbum junto a las primeras, "Odi et amo" y "Englabörn".

Aunque resulte más académico que ambiental, la sutil electrónica aplicada le confiere un encantador aire de modernidad y hace de "Englaborn" un trabajo más ameno y agradable de lo que posiblemente se escuchara en la obra de teatro. Sin excesivas intenciones intelectuales, y a pesar de una cierta frialdad nórdica, nos encontramos con un trabajo absolutamente accesible, que la crítica definió como un debut sorprendente y mucho más que prometedor, y que volvió a aplaudir cuando el sello 4AD lo reeditó en 2007, hecho que algunos definieron como 'la reedición del año'. En la actualidad, y después de varios trabajos de indiscutible belleza de los que es preciso aconsejar una escucha total, se puede considerar que Jóhann Jóhannsson se encuentra entre la élite de esos 'músicos en la frontera', junto a nombres importantes como Max Richter o Ben Frost, así que nada mejor que comenzar por el principio, "Englabörn".