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lunes, 11 de junio de 2018

ILDIKO NASSR Mi secreto




ACCIDENTE

     Mis hijos salen casi de noche de la escuela. Es peligroso. Son pequeños y aquí oscurece tan temprano. Los padres hemos formado cuadrillas para buscarlos y repartirlos en sus casas.
     Ya ubicados en el hogar, les damos la cena, conversamos un poco y los mandamos a la cama.
     Como todos los críos se parecen, muchas veces no me doy cuenta de que siempre son niños distintos los que viven conmigo. 


ANIMALES FEROCES III

     Se aleja después de hacer el amor conmigo. Dice que entre mis piernas vive un animal que lo quiere devorar.

     Demasiado pronto descubrió mi secreto.


TUMBEROS

     Miran desde detrás de una ventana. Algunos ni siquiera miran ya. Caminan cabizbajos y con las manos cruzadas sobre la espalda, como avergonzados o meditabundos. Esperan. Esperan que algo suceda, algo que los saque del silencio y la rutina. O del ruido y el tedio. Da igual. Esperan.
     Mientras, acatan servilmente todas las órdenes. Son como marionetas de un artista demente. Y lo saben. Pero aun así…
     Se entretienen con poco (o casi nada). Los días se suceden en un continuum absurdo. Se parecen entre sí. Son iguales, afirmaría alguien, distraído.
     Miran. Empiezan, de a poco, a perder la percepción de los colores. Esto sí les pasa a todos. Su vocabulario cambia y no es sólo para adoptar el vocabulario propio del lugar. Ya no nombran a los colores. Todo es “esto” o “aquello”. Pronto dejarán de mirar, y entenderán por qué aquí le dicen “la tumba”.


EL OTRO

     El niño mira desde detrás de su ventana. Sus ojos buscan al otro niño igual a él, que vive en algún lugar de este mundo. Él lo sabe muy bien y está seguro de que en algún momento se encontrarán.
     Está confinado a la habitación de grandes ventanales. Su madre dice que esta enfermedad terminará en algún momento en un tiempo que no es este.
     Él cree que ese otro niño igual a él está sano y juega a las escondidas con otros niños. Sabe, también, que ese niño explora y conoce mundos que él sólo puede imaginar.


De los libros Animales feroces (“Accidente” y “Animales feroces III”) y  Ni en tus peores pesadillas (“Tumberos” y “El otro”).

Ildiko Nassr (Río Blanco, Provincia de Jujuy, Argentina, 1 de abril de 1976).

domingo, 10 de junio de 2018

ILDIKO NASSR Una de las formas del amor




NARANJAS

     Habían comprado naranjas para comer en el viaje. Ella no le dijo que odiaba su olor y las manos enmeladas. No quería resultar odiosa.
     A la noche, él trajo las naranjas en un plato, un cuchillo y un repasador a la cama. Ella se imaginó clavándole el cuchillo en todo el cuerpo, mientras la sangre llenaba todo el cuarto con un olor que no lograba definir con exactitud. Quiso levantarse y salir, pero las piernas le dolían de tanto caminar en esa ciudad desconocida.
     ¿No eran para el viaje?, preguntó y él le respondió que tenía hambre en ese momento y que podrían comprar otra cosa para comer en el tren camino a la estación.
     Le sonrió como un huérfano y ella olvidó sus disgustos. Comer naranjas en la cama mirando televisión en un idioma extraño era una de las formas del amor.


FUEGO

     Luego de golpear salvajemente a la anciana, los niños quisieron borrar sus huellas y prendieron fuego a la casa. No pudieron salir a tiempo y los bomberos encontraron cuatro cuerpos calcinados. En sus informes, aparecieron otras versiones de lo sucedido que apuntaban a la supuesta brutalidad y obsesiones de la mujer que vivía sola en una casa demasiado grande. 


Dos microrrelatos inéditos de Ildiko Nassr

Ildiko Nassr (Río Blanco, Provincia de Jujuy, Argentina, 1 de abril de 1976). Foto: Jmp