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lunes, 28 de octubre de 2013

Fuerza bruta (Entre rejas)/ Jules Dassin/ Estados Unidos 1947





Gran película carcelaria de Jules Dassin protagonizada por Burt Lancaster en el papel del férreo Joe Collins. Se retrata una penitenciaría en la que el alcaide, presionado por el político de turno, trata de mantener el control y orden del centro para no verse perjudicado por una posible decisión llegada desde arriba en la que podría perder su puesto si continuaran sucediéndose los desórdenes que motivan estar en el punto de mira.






En los hechos narrados además del protagonismo de Lancaster hay que destacar la interpretación de Hume Cronyn en el papel del desalmado capitán Munsey, el de Art Smith haciendo de médico de la cárcel (Dr. Walters), un hombre que simpatiza más con los presos que con un sistema carcelario indeseable, un personaje éste el del doctor que sabe siempre donde está y que será como un grano en el culo en todos los que deben llevar la gestión de la cárcel y la disciplina de los presos (y en este caso no me refiero precisamente al alcaide, alguien que quiere llevar más bien una política “amable” y no represiva en la que pudiesen sucederse molestas confrontaciones).

Otro personaje de interés es Gallagher, interpretación que hace con gran fuerza y convicción el actor Charles Bickford (el ganadero padre de Carroll Baker en Horizontes de grandeza), un colaborador del alcaide que tiene bastante influencia entre los reclusos y que aprovecha su situación para prestar sus servicios al jefe, y con el que Collins querrá contar para el plan que se propone llevar adelante en compañía de los compañeros de celda y, más tarde, cuando el asunto ya esté en marcha, de todos los que se quieran unir. También tendrá su protagonismo el alcaide en un papel en la cuerda floja y sin demasiado mando por las presiones recibidas y por un capitán encargado de la seguridad de la cárcel interesado en heredar su puesto llegado el momento.



El film Fuga de Alcatraz, protagonizado por Clint Eastwood, es heredero en cierta medida del film de Dassin que comentamos hoy. El plan para fugarse de la cárcel en la que se encuentran encerrados los reclusos que protagonizan la historia será de difícil ejecución por las características del lugar (una isla). Hay similitudes también en la vigilancia que ejercen los guardias, en la manera en la que esos reclusos se zafan de esa vigilancia o en muchas de las relaciones carcelarias que existen en las que cabe cierto grado de intimidad entre los compañeros, de camaradería, y en las que los recuerdos de cuando estaban fuera, y que se relacionan con su mala situación actual, inciden en su estado de ánimo y en sus decisiones de intentar una fuga demasiado complicada que podría arruinar su vida definitivamente. En todos esos recuerdos, expuestos como líricos flash backs, las mujeres de las vidas de esos presos cobrarán una importancia vital; ellos añorarán su vida fuera y las mujeres con las que estaban, un buen motivo para intentar huir. De cualquier modo, y aunque se puedan vislumbrar similitudes con la película de Clint Eastwood, en esta de Dassin los preparativos del plan de fuga tiene menos relevancia, la peli, sin embargo, tiene más contundencia que la de Eastwood, aunque en cuanto a entretenimiento puro y duro que tendría que ver más con lo comercial tal vez ganase la película de Clint Eastwood; de cualquier manera el vigor, la dirección, puesta en escena y la reflexión que provoca la de Dassin supera con cierta diferencia a Fuga de Alcatraz; para mí es mejor película la de Dassin.



                                

En Fuerza bruta hay una crítica al sistema, sobre todo en el discurso del médico penitenciario, y más que en los planes de la fuga que se va a intentar, la peli fija su foco en lo que representa cada personaje, como el capitán Munsey de quien dirá el doctor qué tipo de persona es en una escena más que memorable: un enfermo de poder, un psicópata que hará lo que sea para conseguir lo que pretende, torturas despiadadas incluidas (y que acabará consiguiendo, pero con resultados no del todo satisfactorios para consuelo de todos. Sería demasiado injusto que se saliera con la suya de un modo tan rotundo). La fuerza bruta que lleva a cabo el capitán en su política de represión llena de odio hacia los presos y de coacciones psicológicas será como una metáfora de lo que significan los fascismos. (La peli es del año 47, sólo dos años después de terminada la segunda guerra mundial)



Y llegado el momento de fugarse aprovechando los trabajos forzados en la fosa, una mina en la que trabajan a destajo los reclusos, el tramo final será pura dinamita, con un intento de escapada muy marcial en el que Joe Collins será un héroe para todos sus compañeros de prisión haciendo lo que todos desearían haber hecho en infinitas ocasiones, pero que no pudieron (o no se atrevieron a hacer) por su situación. El plan no sale como se esperaba, pero no deja de haber justicia.


El final, sin embargo, protagonizado por el doctor, deja un mensaje pesimista: eso de que nadie puede escaparse de las cárceles (cárcel como metáfora), aunque lo pretenda con todas sus fuerzas e inteligencia, y que siguen y seguirán repitiéndose sin parar intentonas sin ninguna posibilidad de éxito. Aquí se presume una doble lectura: quizás nos esté diciendo que uno no puede escaparse a un destino que por más que intente modificar nunca podrá hacerlo a su gusto y que las injusticias seguirán existiendo si a uno le ha tocado formar parte de ellas. También se puede interpretar la noción de cárcel como un prejuicio que limita y encierra en la ignorancia al individuo, o como imposiciones sociales (de poderes económicos o políticos), que maniatan, en las que el hombre es un engranaje que forma parte de una gran maquinaria que sirve al sistema (orden, clase o casta... antes y ahora) del que no puede desembarazarse.

domingo, 22 de septiembre de 2013

La senda tenebrosa/ Delmer Daves/ Estados Unidos 1947



Película de Delmer Daves protagonizada por la famosa pareja Lauren Bacall y Humphrey Bogart en la que éste hará el papel de Vincent Parry, un prófugo de la cárcel de San Quintín que se ve metido en una complicada y arriesgada huida. La publicación de su foto en los periódicos y la oportunidad que le ofrece un taxista salido de sabe Dios dónde harán que se decida a cambiar su rostro por medio de la cirugía plástica. El cirujano es de un surrealismo similar al de su amigo taxista, un hombre que trabaja en la clandestinidad practicando cirugías estéticas por unos cuantos dólares y con su propia técnica, un autodidacta con su lado siniestro expulsado del colegio médico, pero con un algo altruista que lo hace amigable y en quien poder confiar. Los personajes, prácticamente todos (de ahí el apunte sobre el cirujano y su compinche, ese taxista solitario que conecta con Parry y que lo ayuda) tienen lo suyo en cuanto a inverosimilitud. Lo es también Irene Jansen, protagonizada por Lauren Bacall. Su enamoramiento se puede considerar enfermizo por la relación que guarda con el recuerdo del padre, pero también hay en su amor romanticismo y compromiso férreo. El papel de Lauren Bacall es de absoluta entrega hacia Bogart. ¿Tendría que ver su vida en común fuera de las pantallas para que aceptara un papel tan comprometido hacia su compañero? Creo que aquí se mezcla ficción con realidad, o si no se mezcla sí ayuda al menos a que haya una química especial y veracidad en la relación a pesar de esa inverosimilitud de la historia, demasiado estrambótica para ser cierta a pesar de que a veces el creer estar en una pesadilla pueda ayudar a dar una respuesta más coherente a lo contemplado, aunque aquí tampoco estemos en algo tan onírico como para darle todo el beneplácito. Hay aspectos que se acercan a lo onírico, pero son insuficientes y de una importancia relativa como para que los podamos catalogar de oníricos.
La ayuda que Irene le brinda a Vincent es desinteresada y total, no ofrece ninguna duda y es producto del amor que siente hacia él, un amor entregado hasta sus últimas consecuencias. Su recorrido es rocambolesco, como lo es la historia del huido, de cómo llega a la cárcel y de cómo después de su fuga se vuelve a ver metido en unos acontecimientos (con aspecto de cine negro, como no, es Bogart), reviviendo el pasado, injustos para él.




¿Y qué decir del hombre que trata de chantajear a la pareja de enamorados al que ya se había encontrado antes el protagonista y que consigue seguirlo cuando Parry lo ayuda en su huida? Es como un pobre hombre ingenuo que se atreve a intentar coger el toro por los cuernos. Inaudito. Por no hablar de la mala de la peli, la mujer que declara contra Parry y que lo lleva a la cárcel por el asesinato de su mujer; su personaje es como una caricatura de la maldad, bastante irreal, una mala poco usual, entrometida hasta la exasperación, un incordio para los que la conocen (la sensación de ser una verdulera es patente a los pocos minutos de que haga acto de presencia). En conclusión y acabando con esta parte: la trama de la película se hace rocambolesca, como eran rocambolescas las historias de algunas películas de antaño, como la que acontecía en La burla del diablo o en otra como Larga es la noche, a las que yo personalmente no les llamaría clásicos por algunas deficiencias en la propuesta que llevan a una visión distorsionada o confusa de lo que ocurre, aunque fueran dirigidas por grandes nombres del cine con cojonudísimos films en su haber.


 
La cámara subjetiva durante la primera parte de la película, antes de la operación para cambiarse el rostro, es un acierto para meterse mejor en lo que puede sentir Parry en su huida, es una cámara situada en el mismo interior del personaje; en ningún momento se verá su cara, sólo conseguiremos oír su voz. Lo que observa él le da una dimensión a su experiencia de un gran realismo en la que se nota la presión y nos sentimos solidarios con él, y más cuando comenzamos a sospechar que es inocente.

Hay en La senda tenebrosa un ejercicio para el lucimiento de un actor ya consagrado de aquellas como es Humphey Bogart. La sublimación de su físico, el atractivo trascendente de su personaje (creo recordar que Ava Gardner decía de él en La condesa descalza que era el hombre feo más guapo que había conocido en su vida. Seguramente Lauren Bacall le sacaría lo de feo) se hacen todavía más patentes con la cirugía plástica que cambia su rostro y que le dan un componente legendario, y no sólo al personaje que interpreta en La senda tenebrosa sino al de los personajes que interpretó a lo largo de toda su carrera cinematográfica. El proceso que se sigue se engrandece en un contexto hostil, asfixiante. El ambiente es en ocasiones pesadillesco por el cerco al que es sometido y por todas las muertes, incluida la que no se ve de su mujer que pondrá en marcha los acontecimientos, que son como una maldición de la que parece no poderse librar Parry. Quiero ver hacia Bogart una especie de homenaje en ese cambio de rostro –se trataría de una especie de ceremonial engrandecido por las circunstancias – por todo lo que es en el género del cine negro, una de sus indiscutibles estrellas. Él mismo se dice en la película cuando se quita las vendas de la cara y se mira en el espejo: “he quedado bien”, con media sonrisa satisfactoria que le da un estilo de seguridad que lo encumbra por encima del bien y del mal. Lauren Bacall le dirá que ahora le gusta aún más (se supone que antes ya le gustaba, pero ahora, con la cara de Bogart, resulta irresistible).


 


¿Lo qué más me gustó? La espiral vertiginosa de acoso y mala fortuna (o fatal destino) a la que se ve sometido Parry sin merecerlo, aunque, como ya he comentado, lo inverosímil no deje de ser una molestia. A ese hecho se le podría añadir cómo es representada la figura de Bogart, y no sólo de su personaje en la película sino de todos y cada uno de los que llevó a cabo en el cine que más fama le dio, el cine negro, en algo que no es propiamente un homenaje porque es él mismo, Bogart, quien lo hace (¿quedamos en autohomenaje entonces?). El caso es que tal vez se hizo un homenaje prematuro, a destiempo y sin pretenderlo.
Pero todo esto del “homenaje”, la relación con Bacall en la vida real y ese arrastre a la gran pantalla – se casaron en el 45 y la película es del año 47 – o lo icónico del personaje, aquí y en todas sus demás películas de género negro, son sólo una teoría que me he montado, pero en la que creo que hay parte de verdad. Hay quien puede pensar en una teoría de la conspiración con tales argumentos expuestos; estaría en su perfecto derecho y yo no trataría de convencerlo más de lo que ya he intentado en la entrada.

jueves, 1 de agosto de 2013

Arsénico por compasión/ Frank Capra/ Estados Unidos 1944



Una película donde la locura adquiere todo el protagonismo y es descrita en forma de comedia negra en la que se cambia el significado que se le daría a la locura en unas circunstancias normales al pasar de lo dramático (la locura no deja de ser siempre dramática se mire como se mire si se hace desde una perspectiva realista... pero esto que hace Capra no es realismo precisamente) a ser un asunto cómico, eso sí: disparatado, pero tremendamente divertido. La comedia de Frank Capra es desternillante. Su humor negro y el surrealismo que hay resultan entrañables (las ancianas hermanas pueden tener que ver en ello). El protagonista es Mortimer Brewster, sus tías y el que hace de hermano de Mortimer, Jonathan (Raymond Massey haciendo una caricatura y burlándose –o no, tal vez se trate de un homenaje – del personaje de Frankenstein que interpretó Boris Karloff y en el que caben todo tipo de guiños). Mortimer está magníficamente interpretado por el rey de la comedia Cary Grant. Su actuación fuera de sí es magistral, sus emociones alteradas por los hechos que descubre están a punto de hacerlo colapsar, la incredulidad que presenta está plasmada con una gracia insuperable: el descubrimiento del primer cadáver encerrado en un arcón es un buen ejemplo; el sorpresa tras sorpresa al que es sometido en el primer tramo de la película (para mi el mejor) por parte de sus tías es pura comedia, comedia de muchos quilates. Ese arcón de las sorpresas citado adquiere un protagonismo silencioso, pero rotundo, como los cadáveres que se juntan en la casa de unos y de otros, pero todos de la familia Brewster. El lío está garantizado.



 



El comportamiento de las tías es engañoso. Sus maneras, antes de descubrirse el desaguisado, son dulces, amables, simpáticas, pero su fondo no deja de ser siniestro. Hay en su decidida y siniestra costumbre una motivación noble, según ellas, ya que sólo se meten en tan macabra labor con pobres ancianos que están solos en el mundo y, así lo creen ellas, sufren. Para las hermanas su actividad es una obra de caridad; pero eso no hace que tenga sentido lo que llevan a cabo; la explicación de la locura, pues, tiene sentido en un planteamientos semejante.



Teddy Brewster, el loco oficial que vive con las hermanas en la casa, y del que cuidan con todo el amor del que son capaces (que es mucho), le dará a la película un plus de humor que la hará todavía más movida y excéntrica.

Hay un bajón cuando entra en escena Jonathan, un personaje sin máscaras (a pesar de que parezca llevar una y ese sea motivo de vaciles por parte del hermano), el más siniestro, pero que encaja perfectamente en el tono de comedia y que le da un contraste muy divertido de todos modos (la primera parte de la peli era difícil de superar). A Jonathan lo acompaña un médico cirujano inquietante, el Doctor Herman Einstein (Peter Lorre). Pero ese bajón vuelve a arreglarse cuando Mortimer vuelve a la casa y se encuentra con su hermano. Ahí reaparece la mejor comedia, con partes que se podrían catalogar de comedia de enredo, con policía, Mortimer, su novia, Jonathan, las tías, el pobre Teddy y algún que otro médico que se cuela en el lugar para captar clientes para su “casa de descanso”.





El último tramo de la comedia es en la que el enredo adquiere toda su dimensión. Tiene partes magistrales, ingeniosas a más no poder, situaciones de gran comedia con grandes diálogos. La escena del intento de asesinato de Mortimer, a quien amordazan en una silla a la que atan, por su hermano y las comparaciones que se hacen mientras suceden los mismos hechos que Mortimer va describiendo de una comedia que se representa en un teatro (creo que dice de Brooklyn), muy mala según el crítico teatral,  es genial, lo mismo que acontece en la escena en la que el policía con aspiraciones a autor teatral habla a Mortimer de su obra con el protagonista amordazado en la silla y creyendo el poli que  estaba en tal situación porque ensayaba con Jonathan y su compinche. Estas escenas son esencia capriana. 
El tratamiento que se le da a algunos de los ingresos que tienen que ver con la familia Brewster (con sorpresa final que tiene que ver con el mismo Mortimer) se hará sin ningún disimulo en cuanto al enredo y un tanto rápido en la resolución dentro de toda la locura increíble que es la peli de Capra. Pero esta anécdota, que no ocupa más que unos pocos centímetros de celuloide, ni desentona ni estropea lo más mínimo esta simpatiquísima comedia.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Las uvas de la ira/ John Ford/ Estados Unidos 1940



Esta fue la respuesta que dio John Ford (Cine para gourmets) a los problemas sociales que sufrieron muchos estadounidenses en la gran depresión surgida a partir del crack del 29. Esta gran película de tono realista recuerda al cine que se hizo en Italia a partir de la segunda gran guerra europea. El retrato que ofrece, sin embargo, no es tan duro (aunque sí lo suficiente) como el que se da en las películas neorrealistas a las que nos referimos ya que hay algo así como un lirismo de la pobreza que no se da en aquel cine italiano hecho por gente como Roberto Rossellini o Vittorio de Sica. En ese sentido el neorrealismo sería más descarnado, cruel, de una tristeza aún más desencantada,  de un naturalismo dramático que nos podría recordar lo que podría venir siendo un documentalismo exacerbado. No ocurrirá plenamente este hecho en la película Las uvas de la ira precisamente por ese barniz poético que existe, aunque siga habiendo mucho drama en su esencia y mucha crítica social en el mensaje.


 
 


La pobreza y el espíritu de superación, de salir adelante, es constante. Vemos gente de un lugar a otro, vagabundos sin rumbo, dando tumbos por no poder agarrarse a nada, o persiguiendo una ilusión en un momento desolador en el que vivir es un lujo y sobrevivir una necesidad, una obligación no sólo hacia ti sino hacia los tuyos.
Tom Joad acaba de salir de la cárcel; ¿su delito?: haber matado a un hombre en legítima defensa, otra injusticia más entre otras muchas que veremos en la película. Tras cuatro años de encierro sale en libertad condicional y se dirige a su hogar, a la casa en la que habita su familia. Pero el panorama que encuentra fuera es muy diferente al que había antes de ingresar en prisión, un panorama fantasmagórico. Ahora sólo encuentra a gente que no tiene nada, desposeída, desahuciada, sin futuro; la pobreza es como una nueva peste que cambia el paisaje de todo cuanto se contempla, un paisaje humano desolador, deprimente, injusto, un panorama en el que las grandes compañías y los bancos echan a la gente de sus casas sin parecer importarles lo que les espera. El viento se llevará todo; el concepto será una buena metáfora para explicar toda la pérdida que ha sufrido el pueblo, esa gente desprotegida por un capitalismo salvaje e inhumano que sólo quiere salvarse a sí mismo a costa suya (del pueblo llano)... ¿Civilización? ¿Progreso? ¿A costa de qué? ¿Qué tipo de progreso es el que va en contra del pueblo? La escena del derribo de la casa de madera con el tractor oruga es desoladora, trágica para el que la padece, transmite toda la impotencia que un hombre puede sentir.
Es de ese modo como empiezan los desplazados por la necesidad a cobrar el protagonismo que no quisieran tener. La gente se va hacia el Oeste, hacia California, la tierra dorada, la tierra prometida; pero no todos lo harán. Hay hombres y mujeres demasiado arraigados a su tierra y a su hogar como para marcharse, y a los que se llevan con engaños por ser demasiado viejos y empecinarse en su decisión, como abuelo Joad, no les quedará más que morirse por el camino porque al desahuciarlos ya han muerto de algún modo. 


La familia Joad se mantendrá unida y cada uno de ellos sentirá verdadero amor por el resto de sus miembros: lo más importante; hay pobreza, pero también hay amor para compensar tanta amargura; en su convivencia, no sólo entre ellos sino con la gente que se les une en el viaje, o con la que se cruzan, se apreciará todo el humanismo que puede haber en momentos tan difíciles en los que la solidaridad es patente y nos llega a emocionar; aunque no sólo sentiremos ese humanismo, sentiremos también injusticia e impotencia por tanta adversidad de los desheredados, de los protagonistas de la historia que nos cuenta John Ford basada en una novela del gran escritor norteamericano John Steinbeck.
Y en medio de todos, como pilar que estructura y estabiliza la familia, nos encontramos con Ma Joad, la matriarca, una mujer luchadora, resistente al desaliento, alguien que cuida de los suyos y que siente verdadero amor por ellos, una mujer sentimental que se entristece, por contraste, con unos recuerdos a los que se aferra cada vez que siente el peso de una abrumadora realidad, un pasado que la ayuda a seguir adelante, que la reconforta y le da fuerzas. Ma Joad tiene todo el coraje del mundo y siente orgullo de lo que es ella y su familia; es la argamasa de la familia, la que inspira confianza y hace que no desaparezca. Su solidaridad es manifiesta, y su calidez enternecedora. Ma Joad es pura bondad, sensible, justa y comprensiva, pero también es una estratega vital, una persona puramente planificadora, toda una mujer.




En el viaje hacia California de los Joad se contarán historias duras de desesperación, trágicas, de pobreza absoluta. La meta hará de acicate, dará cierta ilusión, esperanza, servirá para moverse, para no quedarse estancado y sin ningún futuro, y esto no sólo en sentido literal sino metafórico. El aguante del camión destartalado que los lleva es el aguante de los Joad. El camión seguirá adelante a pesar de parecer estar en las últimas, como parecen estarlo los Joad. Pero nuestros héroes no tendrán tan sólo esa resistencia necesaria para seguir y no caer más abajo, mantendrán esa dignidad que ya le han querido quitar cuando los desalojaron de su hogar, como a tantas otras familias, muchas de las cuales se han sentido humilladas por tal castigo.

El campamento al que van a parar las familias más necesitadas semeja al campamento de refugiados de cualquier guerra. Se trata de un ghetto de la marginalidad y la pobreza. No existe la alegría precisamente en un lugar como este. La tristeza está presente en cada habitante. Es triste e injusto y a cualquiera con un mínimo de sensibilidad se le achica el alma al contemplar tanta necesidad. Ver a esos niños hambrientos parados delante de los recién llegados, los Joad, esperando una limosna comestible para devorársela es descorazonador…


Cuando encuentran algo a lo que agarrarse, aunque muy precario, surgen los conflictos con los que tratan de explotar a los que buscan trabajo. En los campos de recogida de fruta se apreciará lo miserable de una gente aprovechada y sin ningún tipo de escrúpulo. Es entonces cuando aparecerán esos agitadores (también de conciencias) para que se produzca un cambio; alguien muy molesto para el poder económico establecido al que nadie le importa, tan sólo el mayor beneficio posible (como sigue ocurriendo hoy en día). Para unos los agitadores, ya hemos dicho, son un problema con el que se debería terminar cuanto antes, exterminar incluso, como así se hará en la película, para otros serán camaradas que luchan por lo suyo, por lo justo, por lo de todos los que se encuentran en su misma situación. Pero donde hay un agitador hay un esquirol  al que sólo le importa lo suyo, alguien que no piensa en el grupo y que no es sensible a sus necesidades, o si lo es, aunque sea mínimamente, podrá más su egoísmo y su miedo que una presumible empatía y solidaridad con los de su clase: compinches del poder sin ninguna, o muy poca, conciencia social… el polo opuesto del agitador…la huelga servirá para enfrentarse no sólo a las injusticias del sistema sino a las desigualdades tan abismales que éste produce. Lucha obrera pura y dura. Hacer frente a las salvajadas de un capitalismo cruel e inhumano, a las injusticias que produce el sistema, a la compañía que a penas paga por recoger fruta. La violencia no tardará en llegar contra los huelguistas y los que los apoyan. El conflicto entre éstos y la compañía salpicará a los Joad a causa de Tom,  personaje interpretado con gran personalidad y fuerza dramática contenida por Henry Fonda.




El final será un buen ejemplo de lo que debería ser una sociedad más justa e igualitaria en la que todos deberían tener su oportunidad. Un campamento del gobierno vendría significando lo que hoy en día se conocería como estado del bienestar en alguna de sus formas. Para los Joad algo que antes de conocer sería como una quimera, una utopía en medio de la necesidad más apremiante, un oasis en pleno desierto del Gobi.

-         ¿Y por qué no hay más de éstos? – preguntará un miembro de la familia Joad al representante del gobierno en el campamento.
-         No lo sé. Tendrá que averiguarlo usted mismo – le responderá el funcionario responsable.


Tom Joad representará al futuro agitador, alguien que querrá acabar con lo injustamente establecido y que se aprovecha vilmente de la situación económica surgida, aunque le cueste la vida. En la despedida de su madre quedará patente su intención.
Pero una frase de su madre, de Ma Joad, albergará esperanza en el futuro: “nosotros siempre saldremos adelante porque somos la gente”.


jueves, 23 de febrero de 2012

Pasión de los fuertes/ John Ford/ Estados Unidos 1946



Gran western del maestro John Ford que habla sobre el legendario duelo acaecido en OK corral entre los hermanos Clanton y parte de los hermanos Earp, ayudados estos últimos por el amigo de la familia, Doc Hollyday, un doctor- pistolero famoso allá por donde va por los cadáveres que suele dejar a su paso.


Nada más comenzar la película, de violencia primitiva y emociones aplacadas para demostrar esa fortaleza tan necesaria para sobrevivir, se nos presentarán unos Clanton amenazantes (de una hosquedad natural que atemoriza) que llegarán al límite de lo permitido, sobrepasándolo sin parecer preocuparle la posible represalia que pudiera caer sobre ellos. No sólo demostrarán los Clanton su desaprensión sino también una violencia demasiado peligrosa para los que caen en su radio de acción. Doc Hollyday compartirá con ellos una temeridad que hace muy peligroso al individuo que la tiene; en el caso del doctor, sin embargo, se pondrá de manifiesto por una enfermedad que sabe que lo llevará muy pronto a la tumba, con lo que poco o nada tiene que perder.
Se sospecha que el doctor Doc Hollyday es una especie de héroe- pistolero enfrentado a las injusticias. Seguramente los muertos que lleva tras de sí eran hombres que no hacían ningún bien; él se encargaría de despacharlos con una valentía que lo haría famoso. Wyatt Earp sabe de sus andanzas y, más o menos, el tipo de hombre que es, de ahí que no le importe entablar conversación con él cuando Hollyday muestra su fuerza llena de rudeza y maneras poco delicadas al sacar de un salón a un hombre que hace trampa a las cartas. Se ve que a ese hombre ya lo conocía de antes y no le gustaba lo que hacía (papel de protector de las  causas justas). En el salón todos tiemblan por la contundencia de Hollyday, pero Wyatt se acerca a él igualmente y le habla con amabilidad. Ese primer encuentro resultará intenso, genuino, curioso, atrevido, respetuoso, una inicial toma de contacto con la que se cimentará su amistad y el compromiso de Hollyday hacia los hermanos Earp y de éstos hacia Doc Hollyday.




El duelo viene gestándose desde un tiempo. En OK corral sólo se produce un desenlace que se veía venir de lejos. El enfrentamiento entre las dos facciones enfrentadas conduce a la matanza. Los dos grupos son duros, unos sin principios, otros con una moral más noble. Los Clanton corresponderían al Liberty Valance del hombre que lo mató :-) , pero sin un descaro tan histriónico producto de su condición de delincuente famoso y temido ... los Earp y Doc Hollyday equivaldrían a Doniphon, pero con un Hollyday con algún que otro matiz más oscuro del que carece Doniphon  por ese tormento que arrastra consigo y que lo hace desafiar todo lo que no le gusta, aunque también es cierto que algo de eso se vislumbra en Doniphon cuando sabe que ha perdido (si algún día la tuvo) irremediablemente a Hallie. Eso hará de Doc Hollyday alguien peligroso que en su a veces subjetiva percepción de la realidad se juega hacer verdadera justicia o equivocarse en las elecciones que hace.




Esta guerra es iniciada por unos Clanton primitivos, crueles, ladrones y asesinos...ahí es nada. Una buena panda a la que temer. A pesar de eso, cuando tienen su primera baja en el enfrentamiento, se tomarán el hecho muy mal y reaccionarán como lo podría hacer cualquier mafioso que se quisiera tomar una vendetta personal por tocar lo más importante (en eso todos seríamos iguales, buenos y malos): la familia.

Los golpes de humor visceralmente irlandeses llenos de chispa, o sutiles, a veces de fino desenfado, son un contraste ideal que suavizará todo lo dramático que contemplamos. Algo muy propio del estilo fordiano que  hace más entrañable y cercano lo que nos suele contar.



martes, 29 de noviembre de 2011

La loba/ William Wyler/ Estados Unidos 1941



Sur de los Estados Unidos. Nos encontramos allá por el año 1900 en un pueblo cualquiera en el que abundan plantaciones de algodón y gente que ha conseguido fortuna gracias a su recolección. Entre el paisaje humano, aunque parte de él muy deshumanizado, además de propietarios de fortunas amasadas por el duro trabajo de pobre gente explotada, hay negros solícitos con sus señores y otra gente dedicada honradamente a sus trabajos. Un banquero y un periodista tendrán papeles importantes en este gran drama de William Wyler.
El núcleo duro familiar formado por los tres hermanos Ben, Oscar y Regina trata con un empresario llegado de Chicago un negocio que les podría hacer todavía más ricos. Se trata de una industria algodonera en la que tendrán que aportar un capital para financiar el proyecto. En principio cada uno pondrá su parte del total, pero ante los comentarios de Regina, papel interpretado magistralmente por Bette Davis, de que siendo así su marido Horace no querrá entrar en el negocio a no ser que se le ofrezca algo mejor, algo que no es como ella dice exactamente, se llegará al acuerdo entre los tres hermanos de que Oscar renunciará a parte de su inversión, cediéndosela a Regina...



 
Spoiler (No leer el spoiler en color azul para no descubrir partes de la película)
…con la aspiración de que en un futuro no muy lejano Leo, su hijo, pueda casarse con Alexandra, la hija de Regina y Horace, dueño del banco local y con una considerable fortuna conseguida de una forma diferente, a base de dedicación y honradez, a la de aprovechados y explotadores terratenientes de mentalidad sureña antigua y dañina. Regina y sus dos hermanos no entran tan sólo en este grupo, lo hacen además, y por partida doble, en el de la gente manipuladora, egoísta y codiciosa, personajes que se mueven por puro interés. /Fin Spoiler (Ya se puede seguir leyendo sin problema)

Comienzan las prisas cuando Regina tiene que poner su parte del dinero ante la insistencia de su hermano Ben, del que no dispone sino su marido Horace, y éste todavía no ha decidido qué hacer. Vuelto de Baltimore con su querida hija Alexandra para tratar sus problemas de salud coronarios, los tres hermanos, principalmente Regina, lo hostigan para que de una contestación, aunque sepan de su muy deteriorado estado de salud.

Spoiler (No leer el spoiler en color azul para no descubrir partes de la película)
Horace sabe qué tipo de gente son Regina y sus hermanos, y al enterarse de los planes de boda de su hija con su sobrino Leo, un chico que no sólo no le convence sino que tampoco le gusta, hará que se decida a no dar su beneplácito al negocio de la industria con los hermanos de su esposa. Regina no se resigna y lo desprecia aún más de lo que ya lo hacía, un motivo suficientemente importante como para que su matrimonio lleve tiempo sin funcionar y Horace se sienta triste y decepcionado. Él la amaba y fue un duro golpe ir descubriendo el tipo de mujer que era, tan perversa, tan pérfida, tan mala madre; no sólo le duele por él mismo, le duele aún más por su hija Alexandra, tan distinta a su madre.
Como el negocio no se puede emprender sin la parte de Regina, entrarán en escena unos bonos de la Unión Pacific, propiedad de Horace, y guardados en una caja de seguridad de su banco a la que tiene acceso su sobrino Leo, que trabaja allí. Es en ese momento cuando Oscar y su hijo le explican a Ben su plan para robarle a Horace los bonos y devolvérselos una vez produzcan unos beneficios que se suponen inmediatos. Creen que Horace no tiene por qué darse cuenta ya que nunca comprueba su caja fuerte. /Fin Spoiler (Ya se puede seguir leyendo sin problema)


 


Es de ese modo, explicado en el anterior spoiler, como los hermanos de Regina podrán seguir con el proyecto de la industria sin contar con su hermana. Ben habla con ella y le comunica que ya no precisan de su participación al no poder contar con el dinero que le podía dar Horace y no tener la posibilidad de conseguirlo de otro modo. Regina le insiste a su hermano preguntándole de dónde sacará la parte que le tocaba poner a ella. Ben no se lo dice y ella se desespera al verse totalmente derrotada.

Spoiler (No leer el spoiler en color azul para no descubrir partes de la película)
Pero el plan de los dos hermanos y el hijo de Oscar que tiene que ver con los bonos sustraídos se estropeará cuando Horace, en una visita sorpresa al banco, descubra lo que tanto temían los ejecutores del robo. Horace comunicará el hecho a su esposa y ésta no aceptará que su marido se pueda tomar la acción delictiva como un préstamo a sus hermanos, del que ella heredará la deuda, y no como una inversión; él nunca lo quiso así. De ese modo Horace echa por tierra la ambición de su mujer.
Pero ella no lo puede tolerar y quiere darle a Horace un escarmiento, tal vez el último... /Fin Spoiler (Ya se puede seguir leyendo sin problema)

Drama que cuenta una gran historia en la que las relaciones familiares y la trama, de clímax envolvente y perturbadoramente malsano, lo son prácticamente todo.

No importa el maniqueísmo que hay haciendo de los dos grupos, de los que hablaré a continuación, o excesivamente malos o muy buenos; eso forma parte del drama y hace que funcione mejor. No es del todo realista, pero la exageración invita a ver el hecho moral como ejemplarizante, moralizador, incluso catártico para aquellas personas que se puedan sentir identificadas con ciertos defectos humanos, tomen conciencia de los suyos propios y quieran desprenderse de ellos por dañinos. Ese castigo que tienen y merecen los malos, aunque alguno tenga su particular victoria, es un espejo que podría reflejar los propios pecados de quien contempla los hechos. El ejemplo de lo que hacen los inmorales en determinadas situaciones de la vida y cómo se comportan los buenos en esas mismas condiciones son claros, explícitos, contundentes en el mensaje. Hay quien gana en su desmesurada ambición, quien sale triunfante en su doble frente abierto, pero pierde en lo más importante para cualquier persona, a no ser que se sea una loba, y que nunca mereció tener: el amor de los suyos.

Spoiler (No leer el spoiler en color azul para no descubrir partes de la película)
Regina ya lo había perdido hacía tiempo con respecto a su marido Horace, sin importarle, y lo ha vuelto a perder ahora con su hija Alexandra, quien a su vez lo ha encontrado de un modo reconfortante en David, un gran hombre, tan grande como su padre y con el que el chico se entiende muy bien. /Fin Spoiler (Ya se puede seguir leyendo sin problema)

Alexandra sabe cada vez con más claridad como se mueven las cosas en la familia y qué clase de madre tiene, todo con la ayuda de David, el hombre que trabaja en el periódico del pueblo; éste ayudará a la chica a quitarse la venda que cubría sus ojos para entender que ocurre. ¿Y qué es lo que ocurre? Que su madre y sus dos hermanos se mueven por puro interés, por ambición, y harán todo lo que esté en sus manos, lo que sea necesario, para conseguir lo que quieren, aunque pierdan el amor de sus familias. La loba habla de las miserias de esa parte de la familia cuya codicia les ciega. El dinero parece poderlo todo y lo maquiavélico para conseguirlo es una constante.



Y por último hablar de esos dos bandos de los que hablé antes que se enfrentan por su manera de entender el mundo y estar en él; por un lado el de los clasistas, los que quieren el poder por el poder, los explotadores de los desheredados, los que codician de una forma totalmente egoísta, interesada, representados por el grupo de los malvados: Regina y sus dos hermanos, Oscar y Ben, el más parecido a ella en cuanto a poder de manipulación y saberse colocar como eficiente oportunista, acompañados en sus siniestros planes por Leo, el hijo de Oscar.


Y ahora, después de hablar del grupo de los malos y sus inmorales actos, digamos quienes son los buenos, los que merecen la pena y se comportan noblemente: estaría, como no, Horace (otro Atticus Finch en cuanto a rectitud moral a pesar de ser banquero ;-D), su hija Alexandra, la mujer de Oscar, desencantada y maniatada por su marido, y quien en una declaración desoladora confesará llorando que no le gusta su hijo Leo, y el joven periodista David, enamorado de Alexandra y correspondido por la chica.
Fijándonos un poco nos daremos cuenta de que el grupo de los buenos, cuando se juntan, parecen contentos y disfrutan los unos de los otros, no así el de los malos, con sus riñas constantes y preocupados por llegar cuanto más arriba mejor, sin ayudarse en ningún momento sino todo lo contrario, pisándose siempre que haga falta y la ocasión lo permita.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Las zapatillas rojas/ Michael Powell, Emeric Pressburger/ Gran Bretaña 1948



Esta es una de las películas favoritas de directores tan consagrados como Francis Ford Coppola o Martin Scorsese. Este último hace un homenaje de la película en New York New York que queda muy por debajo de la calidad cinematográfica- o sea: artística- de Las zapatillas rojas (hablamos de una obra de arte y, posiblemente, la película británica más famosa de la historia del cine junto con Lawrence de Arabia o Breve encuentro, la cual se realizó tres años antes de la película que nos ocupa. Es como si habláramos de Bienvenido Mr Marshall, Muerte de un ciclista, El Verdugo o Viridiana en España; La dolce vita, Roma, ciudad abierta o Alemania año 0 en Italia o Ciudadano Kane, Lo que el viento se llevó, Casablanca o El padrino en USA.

El virtuosismo de sus imágenes nos impregna desde el elemento más sensible que sería el cromatismo del color: un technicolor fotografiado por un tal Jack Cardiff, que hace un trabajo prodigioso, hasta los encuadres elegantes y llenos de clasicismo, pasando por una puesta en escena perfecta, llena de sentido y simbolismo (sobre todo en las representaciones del ballet y en el mismo argumento de la película, obra del clásico Andersen, ¡sí, el de los famosos cuentos!).




Coppola también le hace un homenaje claro en su reciente película Tetro. En ella hay una escena calcada a Las zapatillas rojas en la que en un paisaje, en el que bailan un hombre y una mujer, se mezcla un mar con un suave oleaje con el mismo escenario donde se representa el baile. Las dos escenas son de una fuerza visual apabullante, parecen sacadas de un cuento fantástico donde todo fuera magia y felicidad, es como un sueño del que no quisieras despertar. Aquí Coppola sacó todo su virtuosismo y sí es un buen homenaje a Las zapatillas rojas, aunque demasiado parecido en los elementos que salen ya mencionados
(el mar y el escenario)
Las zapatillas rojas es un drama romántico, de una amabilidad agridulce, sin demasiados fatalismos a excepción de un final muy triste y desgarrador. Hay una dualidad en la que hay que elegir porque no valen medias tintas si se quiere llegar a lo más grande en el mundo del arte, en este caso en el mundo del ballet clásico, y este conflicto que surge, al tener que elegir entre el amor o la grandeza que el arte puede proporcionar, lleva a la desesperación y a un trágico final; no se pueden amar dos cosas con la misma intensidad sin que una interfiera en la otra, y el tiránico productor Lermontov no está dispuesto a que su gran y reciente estrella no piense en otra cosa que no sea en su trabajo para así poder hacer de ella la mejor bailarina de todos los tiempos; aquí Lermontov ejerce de pigmalión como lo hace el profesor protagonista de My fair lady con Audrey Hepburn para convertirla en una gran dama de la alta sociedad; sólo que en My fair lady el profesor está enamorado de ella y ella de él, sin embargo en la película que nos ocupa la bailarina está enamorada de un compositor del que se vale también Lermontov para triunfar; Lermontov tiene buen ojo para saber quien tiene talento y quien no lo tiene, pero ese es su mayor talento, valga la redundancia: utiliza el genio que pueden tener otros para su triunfo personal; es un egocéntrico redomado y un manipulador, aunque muy inteligente, así es como consigue todo lo que se propone; además, y como síntoma al miedo que puede tener no controlarlo todo, ni a todos, no consiente que sus estrellas puedan distraerse de lo que es su dedicación exclusiva al ballet, por lo que prohíbe que el amor pueda tener cabida en sus vidas: el amor podría ser más fuerte que el éxito que él puede proporcionar y esto arruinaría su negocio.

Las zapatillas rojas tiene mucha de la estética del Mago de Oz en la puesta en escena de la obra, que ocupa unos 15 minutos de metraje y que es sencillamente sublime (aunque suene cursi la palabrita); del Mago de Oz, que es del 39 (la más antigua y muda es del 25), coge ciertos efectos visuales que no chirrían en absoluto adaptándose a la perfección a la dinámica precisa de la obra (me refiero a los 15 minutos que dura la representación de la obra Las zapatillas rojas, no a la película en su totalidad). También encontré estilos parecidos de esta película con Cantando bajo la lluvia en lo que a las actuaciones musicales de ésta se refiere: son dinámicas, elegantes, vivaces y con expresiones de los actores elocuentes de que están haciendo algo grande, o viviéndolo.
La película pasa de una forma que pareces no enterarte porque es precisa y huye de la paja que pueda hacernos abrir la boca. Su dinamismo es redondo y su motor no deja de girar a un ritmo ideal, armónico, sin ningún tipo de brusquedad; por eso no da la sensación de lentitud en ningún momento sino todo lo contrario.




Por último añadir que el espectáculo de Las zapatillas rojas sería de un grado parecido al espectáculo que se muestra en Moulin Rouge (Nicole Kidman), pero de un corte diferente porque es puro clasicismo formal (Moulin Rouge es moderna, innovadora en algunas cosas… tiene poco de clasicismo, aunque tal vez dentro de 40 años sí se la considere más clásica); sin embargo creo que la intensidad de Las zapatillas rojas está por encima de Moulin Rouge con la que aún comparte más semejanzas como es historia de amor de dos artistas y un productor que trata de beneficiarse, o aprovecharse, de lo que puede ofrecer alguno de ellos; en el caso de Las zapatillas rojas el talento de la bailarina, y en el caso de Moulin Rouge “ la mujer de una pieza” (Nicole Kidman: su belleza y su gracia ya que de eso era de lo que vivían las mujeres que trabajaban en aquel cabaret)