" cinódromo: Emeric Pressburger
Powered By Blogger
Mostrando entradas con la etiqueta Emeric Pressburger. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Emeric Pressburger. Mostrar todas las entradas

jueves, 1 de septiembre de 2011

Las zapatillas rojas/ Michael Powell, Emeric Pressburger/ Gran Bretaña 1948



Esta es una de las películas favoritas de directores tan consagrados como Francis Ford Coppola o Martin Scorsese. Este último hace un homenaje de la película en New York New York que queda muy por debajo de la calidad cinematográfica- o sea: artística- de Las zapatillas rojas (hablamos de una obra de arte y, posiblemente, la película británica más famosa de la historia del cine junto con Lawrence de Arabia o Breve encuentro, la cual se realizó tres años antes de la película que nos ocupa. Es como si habláramos de Bienvenido Mr Marshall, Muerte de un ciclista, El Verdugo o Viridiana en España; La dolce vita, Roma, ciudad abierta o Alemania año 0 en Italia o Ciudadano Kane, Lo que el viento se llevó, Casablanca o El padrino en USA.

El virtuosismo de sus imágenes nos impregna desde el elemento más sensible que sería el cromatismo del color: un technicolor fotografiado por un tal Jack Cardiff, que hace un trabajo prodigioso, hasta los encuadres elegantes y llenos de clasicismo, pasando por una puesta en escena perfecta, llena de sentido y simbolismo (sobre todo en las representaciones del ballet y en el mismo argumento de la película, obra del clásico Andersen, ¡sí, el de los famosos cuentos!).




Coppola también le hace un homenaje claro en su reciente película Tetro. En ella hay una escena calcada a Las zapatillas rojas en la que en un paisaje, en el que bailan un hombre y una mujer, se mezcla un mar con un suave oleaje con el mismo escenario donde se representa el baile. Las dos escenas son de una fuerza visual apabullante, parecen sacadas de un cuento fantástico donde todo fuera magia y felicidad, es como un sueño del que no quisieras despertar. Aquí Coppola sacó todo su virtuosismo y sí es un buen homenaje a Las zapatillas rojas, aunque demasiado parecido en los elementos que salen ya mencionados
(el mar y el escenario)
Las zapatillas rojas es un drama romántico, de una amabilidad agridulce, sin demasiados fatalismos a excepción de un final muy triste y desgarrador. Hay una dualidad en la que hay que elegir porque no valen medias tintas si se quiere llegar a lo más grande en el mundo del arte, en este caso en el mundo del ballet clásico, y este conflicto que surge, al tener que elegir entre el amor o la grandeza que el arte puede proporcionar, lleva a la desesperación y a un trágico final; no se pueden amar dos cosas con la misma intensidad sin que una interfiera en la otra, y el tiránico productor Lermontov no está dispuesto a que su gran y reciente estrella no piense en otra cosa que no sea en su trabajo para así poder hacer de ella la mejor bailarina de todos los tiempos; aquí Lermontov ejerce de pigmalión como lo hace el profesor protagonista de My fair lady con Audrey Hepburn para convertirla en una gran dama de la alta sociedad; sólo que en My fair lady el profesor está enamorado de ella y ella de él, sin embargo en la película que nos ocupa la bailarina está enamorada de un compositor del que se vale también Lermontov para triunfar; Lermontov tiene buen ojo para saber quien tiene talento y quien no lo tiene, pero ese es su mayor talento, valga la redundancia: utiliza el genio que pueden tener otros para su triunfo personal; es un egocéntrico redomado y un manipulador, aunque muy inteligente, así es como consigue todo lo que se propone; además, y como síntoma al miedo que puede tener no controlarlo todo, ni a todos, no consiente que sus estrellas puedan distraerse de lo que es su dedicación exclusiva al ballet, por lo que prohíbe que el amor pueda tener cabida en sus vidas: el amor podría ser más fuerte que el éxito que él puede proporcionar y esto arruinaría su negocio.

Las zapatillas rojas tiene mucha de la estética del Mago de Oz en la puesta en escena de la obra, que ocupa unos 15 minutos de metraje y que es sencillamente sublime (aunque suene cursi la palabrita); del Mago de Oz, que es del 39 (la más antigua y muda es del 25), coge ciertos efectos visuales que no chirrían en absoluto adaptándose a la perfección a la dinámica precisa de la obra (me refiero a los 15 minutos que dura la representación de la obra Las zapatillas rojas, no a la película en su totalidad). También encontré estilos parecidos de esta película con Cantando bajo la lluvia en lo que a las actuaciones musicales de ésta se refiere: son dinámicas, elegantes, vivaces y con expresiones de los actores elocuentes de que están haciendo algo grande, o viviéndolo.
La película pasa de una forma que pareces no enterarte porque es precisa y huye de la paja que pueda hacernos abrir la boca. Su dinamismo es redondo y su motor no deja de girar a un ritmo ideal, armónico, sin ningún tipo de brusquedad; por eso no da la sensación de lentitud en ningún momento sino todo lo contrario.




Por último añadir que el espectáculo de Las zapatillas rojas sería de un grado parecido al espectáculo que se muestra en Moulin Rouge (Nicole Kidman), pero de un corte diferente porque es puro clasicismo formal (Moulin Rouge es moderna, innovadora en algunas cosas… tiene poco de clasicismo, aunque tal vez dentro de 40 años sí se la considere más clásica); sin embargo creo que la intensidad de Las zapatillas rojas está por encima de Moulin Rouge con la que aún comparte más semejanzas como es historia de amor de dos artistas y un productor que trata de beneficiarse, o aprovecharse, de lo que puede ofrecer alguno de ellos; en el caso de Las zapatillas rojas el talento de la bailarina, y en el caso de Moulin Rouge “ la mujer de una pieza” (Nicole Kidman: su belleza y su gracia ya que de eso era de lo que vivían las mujeres que trabajaban en aquel cabaret)