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Notición. Hasta hace una semana no sabía nada del nuevo trabajo de Mark Lanegan. Cuando supe que se trataba de unas demos de 2002 mi ilusión se vino abajo y, con pereza, me puse a escuchar el disco. Inmediatamente vino a mi mente el título de la famosa canción escrita por Willie Dixon y popularizada por Bo Diddley: You can't judge a book by the cover. Lo que estaba escuchando era demasiado bueno para ser unas simples demos y muchos matarían por un álbum así. Además, es corto, se pasa en un santiamén y tienes gana de volver a ponerlo. Por otra parte, era una casualidad que justo la misma semana que Mark Lanegan actuaba en mi ciudad, en el horrible marco del Monkey Days Festival, me llegara la noticia de esta nueva entrega. La falta de gana de asistir a un evento de esas características y la lluvia torrencial que se preveía fue la disculpa perfecta para no ir. Por cierto, ¿alguien sabe si al final Lanegan tocó en medio del aguacero? He estado buscando información y no la he encontrado. Parece como si de un holy ghost se tratara.
Pero sigamos con esta maravilla llamada Houston, que es para lo que me he puesto ante el ordenador. Quiero que todo el mundo sepa que estamos ante uno de los discos del año sin discusión alguna. Por si alguien se había olvidado del Lanegan más oscuro, esta es la demostración de que no se ha olvidado de dónde viene y por qué se convirtió en un autor de culto con miles de seguidores repartidos por todo el mundo.
Houston es un compendio de extraordinarias maquetas que compuso entre dos álbumes como Field Songs (2001) y el Bubblegum (2004) con el EP He Comes That Weird Chill de por medio en 2003. Una especie de transición del Mark Lanegan más sombrío y conmovedor al sorprendentemente metido en sonidos electrónicos, eso sí, sin perder su sello. No en vano, de los 12 temas de los que se compone el álbum, When It's You (Methanphetamine Blues) es el origen de lo que sería tanto en el EP como en el Bubblegum, la canción Methamphetamine Blues), pero completamente diferente.
Como digo, aquí no encontraremos extraños y experimentales sonidos sino historias muy bien contadas, sobria y soberbiamente interpretadas, con toques de psicodelia, música hindú, surf, western o ese insistente lamento con el que da carpetazo a este excelente disco. Como favoritas: ese prometedor comienzo con No Cross To Carry, la enigmática Two Horses, la absolutamente demoledora con esos graves tan típicos del ex-Screaming Trees y que podía haber encajado perfectamente en Whiskey For Holy Ghost titulada High Life, la acústica Grey Goes Black, la psicodélica y beatleiana Blind, la leonardcoheniana Halcyon Daze o ese inquietante blues obsesivo que es Way To Tomorrow que da cierre a estas espléndidas demos.
Resumiendo, Mark Lanegan lo ha vuelto a conseguir: ha vuelto a hacer que te sientas incómodo, perturbado e inconformista, como es él, capaz de llevarte de la esperanza a la angustia en tan sólo un par de minutos. Un tipo peculiar, difícil e intratable, dotado de un prodigiosa voz y, cuando quiere, a un nivel superior.
Nota: 9'5