Corría el año 2005 y esta vez habíamos decidido ir a EEUU en pleno invierno para poder presenciar un partido de Los Lakers en el Staples Center, uno de los sueños de Rockland. Pero esa es otra historia que merece ser contada en otra ocasión. Nuestro tour no se ceñía sólo a esta ciudad pero está claro que en esta parada iba a haber mucho rock and roll.
De aquella, aún no teníamos internet en casa y cada vez que nos íbamos de vacaciones a ese país lo primero que hacíamos al llegar era echar una ojeada a los diferentes periódicos para ver que se cocía en la ciudad en cuestión de conciertos. Nos encontramos con que en esa semana teníamos a ETTA JAMES en el House of Blues y días más tarde a la reina del rockabilly WANDA JACKSON en el Knitting Factory. El concierto de la primera fue uno de los momentos más especiales a los que haya podido asistir como me pasó sólo hace dos años viendo a BETTYE LAVETTE en Gijón, algo único que sabes que pocas veces se repite pero esto también merece una entrada aparte.
La noche en que fuimos a ver a WANDA JACKSON se convirtió en una divertida velada. WANDA nos emocionó a todos y nos hizo mover el esqueleto a toda la sala a base de bien. El único pero que le pongo al bolo fue la gran cantidad de señoritas de apenas 20 años que había en el local y que no dejaron de gritar como posesas durante todo el santo concierto. Al finalizar éste Ms. JACKSON se sentaría a firmar y a vender sus propios discos en una mesa de merchandising como bien suelen hacer muchos artistas. Con tanta algarabía decidimos no quedarnos e irnos directamente a tomar unas copas hasta los clubs del Strip.
Bendita decisión. Cuando íbamos de camino y mientras Rockland insistía en cambiar de acera y acercarnos hasta el Viper Room, vi una alargada figura de negro que venía hacia nosotros con cara de pocos amigos, de negro riguroso, botas camperas, sombrero, vaqueros ceñidos y camisa abierta hasta casi el ombligo. No daba crédito, era el mismísimo LEMMY y nos lo íbamos a cruzar en unos segundos. Yo no paraba de repetir, “Rockland, LEMMY, LEMMY!” y mi querido esposo no entendía nada hasta que lo tuvo casi encima.
En este instante no se nos ocurrió otra cosa que decirle que veníamos de Spain y que éramos fans de Motörhead. Accedió a hacerse una foto a pesar de su aparente estado de embriaguez y cuando me tocó el turno la dichosa cámara (aún de las analógicas) se trabó. Rockland no paraba de darle al botón pero nada y yo no salía de mi asombro y le decía “pero qué pasa, qué pasa”, a lo que LEMMY volvía a repetir la misma frase riéndose como si de un loro que tratase mientras me mantenía bien apretada bajo su brazo. Al final la cámara fue buena, logró inmortalizar el momento y portarse bien el resto del viaje. Nos despedimos con un ¡¡¡Motörhead!!! Muy originales como podéis ver.
No contentos con eso y al pasar por delante del Cat Club de SLIM JIM PHANTOM, allí nos lo encontramos también y éste mucho más dulce también accedió sin ningún problema a hacerse la dichosa foto aunque ya la teníamos una de un viaje anterior.
Con tanta parada nos costó llegar al Rainbow pero una vez dentro nos encontramos también con un doble de NIKKI SIXX al que a punto estuvimos de asaltar también. Y es que es lo que pasa en todos esos clubs, que por las pintas cualquiera puede ser una jodida rockstar y uno ni se entera. En fin, esa noche quizá nos topamos con alguno más sin saberlo pero creo que nuestro cupo estaba bien cubierto.
Y lo mejor de todo a la vuelta, al llegar a “casa” de nuestro amigo Evaristo, un garito de rock and roll, y entrar triunfantes por la puerta con las dichosas fotos en la mano. Impagables, los caretos del personal. Ya se sabe que las hazañas si no se cuentan, no saben igual.