Mostrando entradas con la etiqueta Educación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Educación. Mostrar todas las entradas

viernes, 29 de mayo de 2015

La hora del lector, de Juan Bonilla

......
Carme Riera, los profesores de Instituto Teresa Barjau, Joaquín Parellada y Carlos Alcalá, y ahora un artículo del escritor Juan Bonilla en el diario El Mundo, titulado "La hora del lector", sobre el desinterés oficial por la enseñanza de la literatura.
<http://www.elmundo.es/opinion/2015/05/28/55674d44e2704e2b5b8b4588.html>
......
......

martes, 26 de mayo de 2015

¿Adiós a la literatura?

.....
Como consecuencia de la implantación del nuevo currículum de bachillerato definido por la LOMCE, la materia dedicada al estudio de la literatura castellana y catalana ha sufrido una degradación que consideramos inaceptable. Hasta la fecha ambas literaturas tenían la consideración de asignaturas de la modalidad de Humanidades y Ciencias Sociales con una carga lectiva de cuatro horas semanales y los alumnos podían elegirlas en los exámenes de acceso a la universidad.
A partir del próximo curso quedan relegadas a la categoría de “materia específica”, lo que en realidad significa que han sido excluidas  de hecho del currículum de Humanidades y Ciencias Sociales. Su carga lectiva se reduce a dos horas y, además, no serán evaluables en la prueba final de bachillerato o reválida, con lo que las posibilidades de que sean elegidas por los alumnos se reducen muy considerablemente. Por el contrario la asignatura Literatura universal se convierte en materia de modalidad, evaluable en la prueba final y con una carga lectiva de cuatro horas.
El Departament d’Ensenyament en este caso ha aplicado mecánicamente lo que indica el articulado de la LOMCE que, al parecer, ignora la existencia en España de comunidades con dos lenguas oficiales. El Ministerio de Educación entiende que el estudio de la literatura se puede llevar a cabo perfectamente dentro del programa de la asignatura común, es decir, cursada por todos los alumnos de bachillerato. Pero debe tenerse en cuenta que, en territorios monolingües, dichas asignaturas comunes tienen una carga lectiva de ocho horas entre los dos cursos. En los territorios bilingües la carga se reduce a cuatro horas. Como demuestra la experiencia en dicha materia se prioriza todo lo que tenga que ver con la competencia lingüística y, en consecuencia, el estudio de la literatura queda relegado a un segundo plano, cuando no definitivamente suprimido.
......
.......
Por todo ello instamos al Ministerio de Educación y al Departament d’Ensenyament a que corrijan lo que a todas luces es un despropósito y posibiliten que el estudio de la literatura recupere el lugar que le corresponde –por razones que deberían resultar obvias- en un plan de estudios de Humanidades. Para ello resulta imprescindible que se den dos circunstancias:
1.- Las asignaturas de Literatura castellana y de Literatura catalana deben recuperar su condición de materias de modalidad evaluables en la prueba final de bachillerato.
2.- Las asignaturas de Literatura castellana y de Literatura catalana deben tener la misma carga lectiva que el resto de materias de modalidad, es decir, cuatro horas semanales.
.....
Carlos Alcalá (Institut Infanta Isabel d’Aragó)
Teresa Barjau (Institut Icària)
Joaquim Parellada (Institut Infanta Isabel d’Aragó)
.......
* El cuadro es de Rousseau, el Aduanero.
......

martes, 12 de mayo de 2015

La literatura bajo mínimos, por Carme Riera

......
Unos cuantos profesores de literatura de varios institutos y colegios me mandan diversos SOS, alarmados ante la amenaza inminente, me dicen, de la casi total desaparición de la literatura  del plan de estudios del bachillerato humanístico,  dada su reducción a mínimos, puesto que pasa de cuatro horas lectivas a dos, el próximo curso. Me recuerdan además que, cuesta abajo en la rodada, desde hace años la literatura ocupa un reducto testimonial dentro de la asignatura de Lengua y Literatura obligatoria para todas las modalidades del bachillerato que, pese a llevar su nombre en el enunciado, ni  los profesores  y menos aún los alumnos le dedican atención puesto que supone una mínima parte del computo de la nota final.  Por si fuera poco, en las pruebas de selectividad sólo hay una pregunta sobre esa materia que suele ser muy fácil y, en consecuencia, poco importante  para la nota global. De ahí que también los profesores que enseñan literatura  tengan tendencia a dejarla de lado. Si  apenas vale para aprobar no hay porqué dedicarle tiempo ni esfuerzo.   Por otra parte, basta comparar nuestras pruebas de selectividad con las francesas para ver la diferencia de criterios sobre  la cuestión. La cosa no es nada extraña, los franceses aman la literatura, especialmente la suya, y sus hábitos lectores igual que su cultura son muy superiores a los nuestros, por eso la literatura en sus planes de bachillerato es tan importante como el resto de asignaturas.  Aseguraba Azorín que la Historia de la Literatura no era otra cosa que la historia de la sensibilidad. Escamotear los conocimientos de esa historia a los jóvenes en cualquiera de las lenguas, en catalán y en castellano, pues, la poda se aplicará, al parecer a ambas asignaturas, tendrá como resultado hacerlos también más insensibles. En los humanos la falta de sensibilidad supone una grave carencia cuyas consecuencias sin duda habremos de lamentar algún día, un aspecto que, al parecer, a nuestros políticos les trae al fresco. En realidad cualquier cosa relacionada con la enseñanza les importa, en el fondo, digan lo que digan, un mísero comino, incapaces como han sido los unos y los otros de llegar en casi cuarenta años a un pacto de estado sobre educación. Vergonzoso. Hay otros colectivos  a los que la desaparición de la literatura debería preocupar y que tampoco se pronuncian, como los editores. Me llama la atención que especialmente los que publican  colecciones literarias y que suelen quejarse de la disminución de ventas, no se hayan tomado la molestia de reclamar un mayor espacio para la literatura en la enseñanza secundaria, aun a sabiendas de que el gusto por la lectura, del que ellos habrán de beneficiarse, muy a menudo se despierta en la adolescencia, ante un texto que atrae de manera especial. En un porcentaje importante, el descubrimiento de ese atractivo viene de la mano de algún profesor. Pongo  como ejemplo el de Pep Guardiola, cuya afición a la poesía se originó en la clase de literatura de su instituto. Sin enseñar literatura o enseñándola bajo mínimos impediremos que los jóvenes puedan dialogar con el pasado, conversar con los difuntos —como escribía Quevedo— que nos ofrecen una visión del mundo que de otra manera ignoraríamos. Sin literatura  les resultará mucho más  difícil entenderse a sí mismos porque la literatura, entre otras muchas cosas, ayuda  a recordar lo que somos. Por eso me parece una barbaridad, un crimen de lesa cultura que la literatura se convierta en una María  al dejar de ser evaluable en la prueba final, a partir del curso que viene, según me cuentan mis amigos los profesores de secundaria. No se me escapa que el actual rechazo institucional  de la literatura tiene que ver con el convencimiento  de que  ha dejado de ser una herramienta de cohesión nacional como lo fue en el pasado, cuando todo el mundo, la derecha, la izquierda, el centro, los anarquistas y los comunistas consideraba que era fundamental para conocer la idiosincrasia de los pueblos. No se me escapa que en la medida que la literatura deja de ser un hecho ligado a la cuestión nacional, deja de ser también considerado consustancial a la vida de la nación y pierde interés. Hoy lo consustancial a la vida de las  naciones son sus equipos de fútbol, aunque sus integrantes sean de origen foráneo. Ahí está el ejemplo del Barça, siempre más que un club. No tengo nada en contra del deporte, ni de los equipos de fútbol ni de sus seguidores, pero sí considero que aquellos que tienen en su mano luchar por un país más culto y más civilizado—la literatura  es esencial para ello—y no lo hacen no tienen perdón de Dios ni de los ciudadanos. No merecen ningún respeto, señor ministro de Educación, señora Consellera d’Educació de la Generalitat de Catalunya.
.....
 .......
*Este artículo apareció publicado en La Vanguardia, el 10 de mayo del 2015.
......

sábado, 26 de julio de 2014

Los avances técnicos y la educación, según Mario Bunge

......
"Todo avance técnico tiene aspectos positivos y negativos, desde el teléfono celular [móvil] al iPad, que han facilitado la adquisición de información pero están destruyendo la sociedad, que se está aislando cada vez más. Están teniendo un efecto desolador, por ejemplo se leen menos libros cada vez. Antes los estudiantes dedicaban 25 horas semanales a estudiar, pero ahora ya son  15 y dentro de unos años serán 10 o 5. Las bibliotecas están vacías".
(Declaraciones del filósofo de la ciencia argentino MARIO BUNGE, en una entrevista de Antonio Calvo Roy, publicada en el diario El País, el 2 de mayo del 2014)..........

......

miércoles, 16 de julio de 2014

Internet y más...

......
¿Podría incluso suceder que, si tenemos la impresión de que Internet no es aún el definitivo triunfo de la anécdota sobre la crítica, sea simplemente porque algunos llevamos en nuestra memoria involuntaria las conductas de una Galaxia Gutenberg que podría haber perdido ya su luz? ¿Bastarán unos pocos años más de Plan Bolonia, redes sociales, austeridad educativa y analfabetismo funcional para que este concepto tecnológico-negativo de la letra sin pensamiento y del borrador interminable se convierta en la religión verdadera?
(José Luis Pardo, "Ediciones anecdóticas", El País, 3 de mayo del 2014)
.....
.....

jueves, 11 de julio de 2013

Sobre la banalización de la cultura

...........
De melancólicos o críticos, complacientes y visionarios: Notas sobre la banalización de la cultura y el desprestigio de las Humanidades
........
Entre tanta atonía no está mal que surja el debate, la contraposición de ideas, replantearnos el papel que debe desempeñar la cultura y la educación en una sociedad cambiante cuyo destino no acabamos de reconocer. Los cuatro ensayos que vamos a analizar se ocupan, en mayor o menor grado, tal y como se anuncia en uno de sus títulos, de la denominada civilización del espectáculo, y más en concreto del estado actual de la Universidad y de la crisis de las Humanidades. Tienen en común que se leen con gusto, pues la claridad expositiva es su objetivo, y que comparten un tono crítico general, unas veces más incisivo y otras más comprensivo. Asimismo podría decirse que la visión que proyectan casi siempre guarda relación, como no podía ser de otra manera, con el estatus intelectual y la condición social de sus autores. El de mayor edad es Mario Vargas Llosa (1936), Premio Nobel de Literatura, narrador, ensayista y crítico literario de indiscutible prestigio. Los más jóvenes, Jordi Gracia y Javier Gomá Lanzón, comparten fecha de nacimiento, 1965, siendo el primero catedrático de Universidad, historiador de la literatura y crítico literario, mientras que el segundo es filósofo de formación, ensayista y director de la Fundación Juan March. Jordi Llovet, por su parte, nació en 1947 y es catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, prejubilado, al tiempo que colabora como articulista en la ed. catalana del diario El País. Casi treinta años, por tanto, separan a Vargas Llosa de Gracia y Gomá Lanzón, mientras que Llovet, por edad, se encuentra más cerca de Vargas Llosa que de los demás. No sé si es necesario aclarar que todo ello no justifica que piensen de una u otra manera, pero sí me parece que puede ayudar a explicar ciertas actitudes. Y al respecto puede verse lo que apunta Gomá Lanzón en su artículo “Ganarse la vida”.     
........
........
El volumen de Jordi Llovet (Adiós a la Universidad. El eclipse de las Humanidades, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, Barcelona, 2011), quien se presenta como “hijo de familia burguesa de Barcelona y nieto de masovers [aparceros] ampurdaneses” (p. 87), reúne varios libros en uno, complementándose entre sí. El título y el subtítulo muestran una parte sustancial del contenido. Se trata de una despedida con doble sentido, pues no solo anuncia el fin de la Universidad tal y como la hemos conocido hasta la fecha, sino también la prejubilación del propio autor, quien –por cierto- ha vuelto a las aulas para dar clase de Literatura Universal a los estudiantes de primer curso. De lo que cuenta, me interesa, especialmente, la historia de su formación intelectual, su periplo por Europa (Frankfurt, Tubinga, París, Urbino), así como la reflexión sobre lo que debería ser hoy la Universidad y, en concreto, el estudio de las Humanidades. Sus críticas, que en esencia comparto, van dirigidas a los efectos negativos de la implantación del denominado Plan de Bolonia (1998) en nuestras facultades, a sus criterios mercantilistas, otro de los asaltos neoliberales que ha acabado desembocando en la crisis del 2008, a la dictadura de los nefastos pedagogos (p. 240), y a cómo todo ello ha ido minando la enseñanza de la Filología, dado el sustancial rebajamiento del nivel de exigencia, no solo en la licenciatura sino también en los máster, en mi Universidad al menos, plagados de estudiantes licenciados en China sin los mínimos conocimientos para optar a un título que los encaminará al doctorado. Sin embargo, no se limita a mostrarse crítico con ese imperio de la burocracia que se nos ha echado encima, sino que además presenta alternativas sensatas, haciendo hincapié, por ejemplo, en la necesidad del dominio del lenguaje, en todas las ramas del saber, aunque me temo que a estas alturas del desastre nadie le preste ya la más mínima atención. De igual modo, aprecio el tono autocrítico, el humor y la sensatez que rezuman sus páginas. Así, por ejemplo, no he podido dejar de reírme con la burla de los títulos de las conferencias que se imparten en su universidad (p. 245), disparate que podría competir con los comentarios que Cadalso, en sus Cartas marruecas, le dedicaba a los libros de su época. El reconocimiento a sus maestros (Antoni Comas, José Manuel Blecua [vid. el atinado retrato que le dedica, p. 209…], José María Valverde o Martín de Riquer), tanto a su autoridad intelectual como a su entidad moral, me hace recordar otro de los desastres que nos ha traído el dichoso Plan: la prematura jubilación de profesores de la valía de Fernando Savater, José-Carlos Mainer o Santos Sanz Villanueva.
........
......
El libro de Jordi Gracia (El intelectual melancólico. Un panfleto, Anagrama, Barcelona, 2011), quien se presenta en una entrevista de Tomás Val como “un vitalista melancólico dispuesto a combatir sus peores propensiones” (Mercurio, 137, enero del 2012), se tacha en el subtítulo de panfleto, manera astuta de curarse en salud. En sus páginas, sin citarlos explícitamente, refuta las opiniones de Llovet y Vargas Llosa, que veremos de inmediato, a los que califica sin embozo de intelectuales melancólicos, nostálgicos de un pasado mejor, y de resistentes a las innovaciones que nos ha traído el presente (“nada nuevo vale la pena”, p. 63), al tiempo que los presenta carentes de ironía y de escasa capacidad autocrítica. Sea como fuere, no puedo dejar de pensar que ese intelectual melancólico, tal y como se retrata aquí, es un monstruo de laboratorio forjado en Tarrasa, inexistente en realidad; al menos yo no conozco a ninguno parecido, de factura tan maniquea. Así, por ejemplo, cuando Jordi Gracia esboza en su libro un ambicioso y más que sensato programa para la socialdemocracia (p. 82), estoy convencido de que sus impugnados lo firmarían sin dudarlo.
......
Sí existen, en cambio, al margen de Jordi Gracia y Llovet, otros muchos, sean escritores, periodistas, profesores o abogados que, más que una actitud melancólica o nostálgica, poseen una visión crítica del presente. Por qué, entonces, denominar melancólico a lo que constituye una actitud disidente. Acaso, en dilucidar ese matiz, podría hallarse la diferencia entre el ensayo y la barra libre que parece tener el panfleto. Si alguien malintencionado aplicara esa misma lógica panfletaria a las reflexiones de Jordi Gracia, podríamos tacharlo de intelectual complaciente, convirtiéndolo de un plumazo en acrítico, acomodaticio e incluso cínico, de lo que nuestro hombre en Barcelona nunca ha dado muestras; antes bien, justo de lo contrario. Por otra parte, ¿qué necesidad había de contestar a unos ensayos con un panfleto?, ¿no hubiera sido más adecuado moverse en el mismo género, barajando semejantes reglas de juego? A este propósito, la dedicatoria que encabeza el libro resulta programática, puesto que el volumen está dedicado a su mujer y a sus hijos, el más joven, todavía muy pequeño, con toda la vida por delante, sus “antídotos contra la melancolía”. Y, en efecto, a diferencia de Vargas Llosa y Llovet, quizá Jordi Gracia no pueda permitirse el lujo de mostrarse melancólico, aun cuando nada debería impedirle exhibir una vez más un talante crítico. En ese ejercicio de windsurf en que se convierte su apasionada argumentación nos encontramos, pues, con momentos de calma chicha y con olas gigantes que se rompen bramando… “Sí, pero no, apunta, ya que nuestra época, a pesar de dar cabida a la convivencia de sabios y analfabetos con carrera, de grandes obras artísticas y banalidades, como ha ocurrido siempre por lo demás, sigue sin dejar de apreciar y conceder atención a las creaciones más sutiles y complejas". Ante esa conclusión de Jordi Gracia, en un justo medio ilustrado, solo podemos mostrarnos de acuerdo. Con todo, mientras leía El intelectual melancólico no he podido dejar de pensar que, estando su autor de acuerdo en esencia con Llovet, había escrito un panfleto con el fin de encontrar las razones que necesitaba para convencerse de lo contrario.
.......
Su apasionada respuesta, compartamos o no su forma de argumentar, creo que resulta útil, pues presenta en carne viva el grave problema que acucia hoy a la Universidad española, aunque no parece que los responsables políticos y académicos hayan hecho nada de momento para evitarlo, con los Departamentos ocupados en su mayor parte por profesores veteranos que se formaron en la atmósfera del antifranquismo, y cada vez menos investigadores jóvenes, algunos de ellos –no todos, desde luego- requetebecados, sin que falten tampoco los complacientes con los dictados boloñeses, quizá porque no les quede más remedio. La crisis, sin embargo, esta es la parte más positiva, nos ha obligado a todos, jóvenes y veteranos, a adoptar una actitud más vigilante con un sistema siniestro que nos ata de pies y manos, y que ha impedido a aquellos un  acceso natural a la docencia.
........
A la vista de los dos libros, no me parece justo que Jordi Gracia sea presentado como un moderno integrado; mientras que Llovet, en cambio, se nos muestre como un veterano apocalíptico, según he leído ya en alguna ocasión. Ambos ensayos constituyen llamadas de alerta, si bien de signo contrario. A título personal, entiendo y comparto algunos de los matices que aduce Jordi Gracia, pero me parece que puestos hoy a escribir panfletos, tal y como están las cosas, resultaría más provechoso ver el vaso medio vacío, en mi opinión la mejor manera -ni alarmista, ni melancólica, ni siquiera pesimista, sino crítica- de sacar de la degradación y el sopor a la Universidad, a los estudios de Humanidades y, con ellos, a los de Filología.
......
Creo, por tanto, que no puede negarse la crisis por la que atraviesa la Educación en todos sus niveles, la enseñanza de las Humanidades, de la Filología; en suma, resultado de la crisis de la sociedad que se fue gestando tras la Segunda Mundial. El nuevo siglo ha traído consigo grandes cambios y me parece que todavía estamos perplejos ante alguno de ellos, sin saber aún qué deberíamos aprovechar y qué resultaría más conveniente desechar. Ese es el reto. El libro de Martha Nussbaum (Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades, Katz, Buenos Aires y Madrid, 2010) aparece lleno de lúcidas consideraciones a este propósito.
........
......
Lo hasta ahora expuesto se halla estrechamente relacionado con la banalización de la cultura que denuncia Mario Vargas Llosa (La civilización del espectáculo, Alfaguara, Madrid, 2012), es decir, con su masificación, con la preeminencia de lo cuantitativo sobre lo cualitativo defendido por quienes Claudio Magris denomina lumpemburguesía, junto a la idea de que los productos culturales deben tener como fin, sobre todo, el entretenimiento de lectores y espectadores. Lo sorprendente del caso es que algunos de los periodistas que más han contribuido a esa vulgarización entre nosotros no hayan mostrado ningún empacho en recibir alborozados el libro del narrador peruano español. Pero esa debe de ser otra de las muchas paradojas que nos ha traído la posmodernidad.
......
El volumen de Vargas Llosa se compone de seis capítulos y una reflexión final que se completa con diversos artículos del autor publicados en el diario El País a partir de 1995, por lo que puede afirmarse que la constatación de la crisis cultural es incluso anterior a la económica. El libro, impregnado del liberalismo y de la concepción de la sociedad abierta que viene defendiendo su autor, siguiendo a Karl Popper, arranca con una sucinta historia de la concepción de la cultura, deteniéndose en el influyente ensayo de T.S. Eliot (Notes Towards the Definition of Culture, 1948), al que le sucede la respuesta de Georges Steiner (In Bluebeard´s Castle. Some Notes Towards the Redefinition of Culture, 1971) y los trabajos de Guy Debord (La société du spectacle, 1967), Gilles Lipovetsky y Jean Serroy (La culture-monde. Réponse à une société désorientée, 2008) junto con Frédéric Martel (Cultura Mainstream, 2010).
........
En la línea de Jean-Francois Revel (Porquoi des philosophes?, 1957), Alan Sokal y Jean Bricmont (Imposturas intelectuales, 1998), fíjense en los cuarenta años que separan sendos libros, Gertrude Himmelfarb (On Looking Into the Abyss, 1994) o de ensayistas del mundo hispánico tales como el argentino Juan José Sebreli (El olvido de la razón, 2006) aunque no lo cite, o el más joven Carlos Granés Maya (El puño invisible. Arte, revolución y un siglo de cambios culturales, 2011), a quien Vargas Llosa viene apadrinando, impugna una compleja tradición cultural que en el arte y en la música arranca con Duchamp o John Cage y desemboca en el Mayo del 68 (“revolución de niños bien”, la denomina), cuando se cuestiona y derroca el principio de autoridad (en la familia, la enseñanza, la cultura, etc.), y en el pensamiento de la escuela estructuralista y en sus continuadores, con Lacan, Paul de Man, Foucault, Derrida y Barthes a la cabeza, para conectar –en cambio- con otras ideas críticas, tanto culturales como literarias, que pasan por clásicos como Edmund Wilson (To the Finland Station: A Study in the Writing and Acting of History, 1940), Lionel Trilling (The Liberal Imagination, 1950) y Marshall McLuhan (The Gutenberg Galaxy: The Making of Typographic Man, 1962; Understanding Media: The Extensions of Man, 1964; y en colaboración con Quentin Fiore, The Medium is the Massage, 1967). Lo preocupante al respecto es que no haya encontrado otras referencias más recientes, como pudieran ser los estudios de Harold Bloom o Marcel Reich-Ranicki; a cuyos nombres podríamos añadir, sin desdoro alguno, como excelente ensayista literario, el del propio Vargas Llosa. Al hilo de estos razonamientos debería tomarse nota de algunas sucintas definiciones que nos proporciona de conceptos, no siempre claros, como alta cultura, best-sellers o frivolidad (pp. 43, 47 y 51)
.......
No puedo detenerme ahora en apreciaciones, unas ciertas y otras más bien apocalípticas, cuando no meramente subjetivas y personales; así la afirmación de que la cultura, tal y como la habíamos entendido hasta hace poco, está a punto de desaparecer (p. 13); o que la palabra, deteriorada, haya quedado subordinada a la imagen o a la música (p. 22); junto a su defensa de la mayor complejidad de la literatura con respecto al cine (p. 216); la pérdida del pudor y la banalización de las relaciones sexuales; o la idea de que en la religión sea donde, en mayor medida, se recoge la espiritualidad (idea que comparte con el Peter Sloterdijk de Has de cambiar de vida); pues me interesa más la constatación de la incertidumbre, del malestar en la cultura, que ya en 1930, tras otra grave crisis económica, captaron tanto Freud como Ortega y Gasset, en El malestar en la cultura y La rebelión de las masas; de la gran confusión en la que vivimos, y en especial, de la falta de criterio para distinguir lo que es mera diversión de otras obras complejas y ambiciosas.   
.......
Si la pretensión del libro de Vargas Llosa estribaba, en suma, en “dejar constancia de la metamorfosis que ha experimentado lo que se entendía […] por cultura” (p. 13), el objetivo está cumplido. Quizá sea cierto que las horas hayan perdido su reloj, según reza la cita de Vicente Huidobro que encabeza el libro, pero no lo es menos que, incluso para quienes podemos estar en esencia de acuerdo con Vargas Llosa, la idea que teníamos de la cultura se ha visto modificada. Más en concreto, y sin por ello dejar de defender la excelencia, han ido surgiendo otros mecanismos, desde la facilidad para estudiar o viajar, hasta el mayor acceso al conocimiento que ponen a disposición del que quiera las grandes obras de la literatura universal. Por poner un solo ejemplo, ¿acaso podían soñar los lectores del El Bierzo que en el viejo castillo templario de Ponferrada iba a estar a disposición del público lector una de las mejores colecciones del mundo de facsímiles, de libros iluminados, el legado de Antonio Ovalle García? Es evidente que no. Bueno, pues ello es producto de los avances de las técnicas de reproducción e impresión, y en este contexto cabe recordarlo.     
.......
.......
Por otro lado, los autores de los tres libros que estamos comentando dialogan entre sí y comparten un  mismo tono provocativo; no en vano, Llovet reseña el libro de Vargas Llosa con elogios, sin dejar de ponerle por ello alguna pega (“El espectáculo devorador”, El País, 28 de abril del 2012). Asimismo, los libros de ambos tienen en común un enfoque desesperanzado, la crítica de la relativización de los valores y la defensa de las élites intelectuales; mientras que Jordi Gracia, por su parte, tras compartir, matizar o criticar abiertamente algunas de sus ideas, vuelve a responderles en un artículo algo más ponderado (“Los espejismos del Apocalipsis”, El País, 6 de junio del 2012). No menos sorprendente resulta que pese a estar de acuerdo en esencia, Llovet achaque parte de los males que padecemos al neoliberalismo, mientras que Vargas Llosa se erige en uno de sus más conspicuos valedores, pues a la sorprendente defensa que hizo en su momento de la política de Margaret Thatcher (renovada en "La partida de la Dama", El País, 21 de abril del 2013), se suma ahora la ya completamente inverosímil de Esperanza Aguirre.
........
Lo que más aprecio, por último, del libro de Javier Gomá Lanzón (Todo a mil. 33 microensayos de filosofía mundana, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, Barcelona, 2012), quien se proclama “hijo gozoso de mi tiempo” (p. 107), es la frescura con que se desenvuelve en unos textos caracterizados por la condensación y la brevedad (mil palabras), por la claridad expositiva y por los retos que se plantea  mediante la reflexión sobre diversos temas, entre clásicos y poco ortodoxos. De este modo, encara siempre de forma sistemática cuestiones peliagudas, proporcionándonos a menudo respuestas verosímiles; o bien concluye el microensayo dejando una pregunta en el aire, en el fondo otra manera de incitarnos a que sigamos reflexionando por nuestra cuenta. Tampoco descuida la forma; obsérvense los títulos, principios y finales, y el lenguaje que utiliza: así, el tono mundano, levemente zumbón (les recomiendo “El dudoso porvenir del sexo placentero”) pero no por ello menos riguroso, resulta el más adecuado para el público lector al que se dirige, el de los diarios El País y La Nación de Buenos Aires. E incluso algunos se plantean el sentido y el porqué del uso de ciertas expresiones. Con respecto al terreno de lo literario, apunta que no existen genios desconocidos; se pregunta en qué consiste la vocación literaria; reflexiona sobre la oralidad; se atreve a mostrarnos El Quijote desde otras perspectivas; y en otros dos artículos:  “Responsabilidad en el arte” y “El tema de la novela futura”, se plantea cómo debiera ser la novela del presente, abogando por la vuelta de lo que denomina “novelas de educación”, o “novela problemática de socialización”, como creo que podrían ser las recientes La hija del Este, de Clara Usón, o En la orilla, de Rafael Chirbes. Con el resto de los autores comparte, además, varios temas relacionados especialmente con la globalización y el multiculturalismo (véase el excelente artículo “Me declaro culpable”); el estado actual de la cultura (“una calamidad”, p. 105), la “degeneración generalizada” de los medios de comunicación y el papel que desempeña la denominada cultura de masas, que no duda en tachar de “vulgaridad triunfante” (p. 106); pero también con las exigencias de la educación; la importancia de la novedad y de la singularidad; la pérdida de la privacidad; o las reflexiones sobre en qué consiste ser culto o ser sabio, y lo difícil que supone ser contemporáneo.
.......
La polémica, sobre todo a raíz de la publicación del libro de Vargas Llosa, ha cosechado nuevos actores, pues a ella se han sumado, de manera más o menos explícita, Jorge Volpi, quizás el más integrado de todos, a veces incluso hasta la papanatería visionaria; quien ha sido director del Canal 22 de la televisión pública mexicana, y que entiende esta nueva época “como la oportunidad de definir nuevas relaciones de poder cultural. La solución frente al imperio de la banalidad […], el reconocimiento de una libertad que por vertiginosa, inasible y móvil que nos parezca, se deriva de aquella por la que Vargas Llosa siempre luchó”  (“El último de los mohicanos”, El País, 27 de abril del 2012; y antes, “Réquiem por el papel”, El País, 15 de octubre del 2011, respondido por Vicente Molina Fox en “El siglo XXV: una hipótesis de lectura”, El País, 3 de diciembre del 2011). Gomá Lanzón nos recuerda en su libro, sirviendo a nuestro propósito, que en El misántropo, de Molière, el personaje llamado Filinto pide a los hombres un poco de “virtud sociable”, frente a los inconvenientes excesos de sinceridad por parte de Alcestes. Sea como fuere, el caso es que tampoco el primer artículo de Volpi fue bien recibido, pues obtuvo una dura réplica del escritor César Antonio Molina (“Mohicanos y bárbaros en el gueto”, El País, 29 de mayo del 2012). David Trueba (“Espectacultura” y “Cultura dos”, El País, 3 y 4 de mayo del 2012), a su vez, discrepa de Vargas Llosa en lo esencial de su argumentación y le reprocha, con razones bien fundadas, no haberse dado cuenta de que no ha sido la masa quien ha banalizado la cultura, sino algunos de los protagonistas del mundo cultural, como destacados empresarios de medios y otros negocios adyacentes, acaso los representantes más conspicuos del capitalismo neoliberal.
.......
A veces, leyendo este conjunto de trabajos, sean libros o artículos,  he tenido la sensación de que los argumentos estaban forzados, pues de todo cuanto apunta el contrincante prefieren quedarse solo con lo que interesa a sus propósitos, sin atender a puntualizaciones, matices o términos medios. Tras esta maraña nos queda la impresión de que los contendientes se dividen en dos grupos, a saber: los nostálgicos o  melancólicos, y los optimistas, abiertos a las novedades. Creo que si leemos los textos con detenimiento, los argumentos de unos y otros resultan mucho más complejos, de ahí que me parezca injusto encasillarlos de tan burda manera. Los títulos de sus trabajos se revelan sin duda muy aleccionadores, pues nos permiten observar desde qué pretendida posición de superioridad se dirigen a los lectores, de modo que a veces no solo se descalifique al adversario o se prevea el futuro, sino que se autorretraten como sujetos comprensivos y abiertos de mente. 
.......
.........
Los integrados más feroces parecen sentir la imperiosa necesidad de evocar un mundo que aún no ha llegado y nos conminan a acelerar su ruina (fuera derechos de autor, disuélvase la autoría, desaparezcan las librerías, los distribuidores y el libro de papel), a fin de que se convierta cuanto antes en realidad, y puedan de una vez escribir -¿cómo llamarlas, piezas?- en las que convivan las letras, la imagen y el sonido, luz y color, destinados a libros electrónicos que todo el mundo leerá cuando el fútbol haya dejado de interesar al pueblo soberano, la gente no pierda el tiempo en los bares y todos seamos más ricos, un poco más guapos y eternamente jóvenes. La pregunta debería ser entonces: ¿por qué no se ha hecho hasta ahora? Yo, por mi parte, espero con infinita curiosidad esa nueva obra total de cualquier ambicioso artista, dispuesto a lanzar las campanas al vuelo, cogido de la mano del viejo Wagner, quien habrá regresado del mismísimo Walhalla para celebrarlo conmigo.
......
Los nuevos tiempos han traído consigo novedades útiles de las que venimos aprovechándonos, y otras que no deberíamos aceptar sin cuestionarlas al menos. En este siglo y en el tramo final del anterior se han producido grandes cambios (sociales, económicos y culturales), aunque no siempre hayan resultado ventajosos. La tendencia de la mayoría parece consistir en aceptar todo lo nuevo por el solo hecho de serlo, en no cuestionar ninguna novedad, lo que al fin y a la postre no es más que una actitud tontorronamente complaciente. Hoy por hoy, no hay mayor conformismo que esa alegría con que venimos jaleando todos los inventos que salen al mercado: la aparición del llamado libro electrónico no es más que otro de los últimos.  
.......
En la actualidad, tras la crisis del 2008, el disparatado Plan de Bolonia no puede realizarse tal y como se pensó y justificó, pues carecemos de los recursos necesarios para llevar a la práctica lo que se nos vendía, y no obstante seguimos padeciendo su inconsistencia y banalidad sin que de momento se haya puesto remedio. De donde las Humanidades, “las ciencias que permiten al ciudadano conocerse y explicarse”, según Francisco Calvo Serraller (“Paloma”, El País, 7 de enero del 2012), llevan hoy la vida de un boxeador en camino de acabar sonado.  
.......
Si estamos de acuerdo en que el sistema educativo, la Universidad, la cual debería ser una prioridad para cualquier gobierno, debe formar ciudadanos y no útiles productores, que tengan conocimientos pero también una actitud reflexiva y crítica ante los sucesos sociales, es evidente que la red escolar, desde el parvulario a los máster y el doctorado, hace tiempo que no funciona en España como debiera. Mientras que la confección de la política educativa, de los planes de estudios, siga en manos de los pedagogos, la enseñanza seguirá empeorando, como ha venido haciéndolo en las tres últimas décadas. En esto también le doy la razón a Llovet. Por ello hay que leer estos libros y meditar sobre cuanto dicen, porque aluden al presente y al futuro de nuestro país, de la educación de los ciudadanos; al papel que debiera desempeñar la cultura en una sociedad democrática, libre, hasta donde razonablemente nos dejen serlo. Creo que ni la educación ni la cultura puede ser solo rápida, entretenida y provocadora, para que nuestros alumnos, lectores y espectadores no ¿se aburran?, pues también precisa que sea –ya se considere esta idea de derechas o de izquierdas, a mí me parece más bien lo segundo- lenta, exigente y compleja, capaz de adquirirse con paciencia, dedicación y esfuerzo, un enfoque este tal vez más aburrido al principio, aunque en absoluto si le ponen interés y atención –véase, al respecto, otro artículo de Gomá Lanzón, “Prestar atención”- suficientes a fin de que resulte al cabo atractiva y apasionante. Esa es mi propia experiencia.
........
* Este artículo ha aparecido publicado en la revista Ínsula, núm. 798, junio del 2013, pp. 2-6.
.......

viernes, 25 de noviembre de 2011

Carmen de Burgos en Brasil

....
La periodista y escritora almeriense Carmen de Burgos, Colombine, de quien nos hemos ocupado aquí en otras ocasiones, dará nombre a la biblioteca del Instituto Cervantes en Recife (Brasil), inaugurado en el 2008. Dice, además, la nota de prensa que la Fundación Carmen de Burgos firmará un convenio con el Cervantes para la difusión y conocimiento de la obra de Carmen de Burgos. Ignacio Ortega Campos, ligado a Almería desde 1999 hasta el 2009, donde desempeñó varios cargos, es el director del centro de Recife. Parece ser que se trata de la segunda biblioteca del Instituto que lleva un nombre de mujer. ¿Sólo la segunda, cuál será la otra escritora? Pensaba yo que si a Carmen de Burgos se le ha dedicado una biblioteca deberían tenerla también Rosalía de Castro, Emilia Pardo Bazán, María Teresa León, María Zambrano, Rosa Chacel, Mercè Rodoreda, Carmen Laforet, Gloria Fuertes, Carmen Martín Gaite, Maria Mercè Marçal o Montserrat Roig, entre otras.   
...
Carmen de Burgos
...
En la actualidad, Brasil es uno de los países donde el estudio y el uso del español vienen experimentando un mayor crecimiento, sobre todo desde la llamada Ley del español promulgada en el 2005, que establece la obligatoriedad de ofrecer la asignatura de español como materia optativa dentro de toda la enseñanza media del país en un plazo de cinco años. Así, el Instituto Cervantes ha incrementado su presencia en Brasil con la apertura de Institutos en São Paulo (1998), Río de Janeiro (2001), Brasilia, Curitiba, Porto Alegre y Salvador, en el 2007, y en el 2008 se abrieron los de Recife, Belo Horizonte y Florianópolis, convirtiéndose de este modo en el país con mayor número de Institutos Cervantes de todo el mundo. 
Recife es la capital del estado de Pernambuco, con una población superior al millón y medio de personas, la capital más antigua de todo el país, y cuenta con tres universidades en su término municipal.
....
....

sábado, 9 de julio de 2011

Contra el borrador del `Estatuto del personal docente e investigador´

.......
Estimados amigos:
Acabo de leer y firmar el documento titulado CONTRA EL BORRADOR DEL ESTATUTO DEL PERSONAL DOCENTE E INVESTIGADOR (http://www.peticionpublica.es/?pi=EstatPDI).
Si estás de acuerdo, la recogida de firmas es aquí:
Por favor, recomienda su lectura a quienes pudieran estar interesados. Gracias.
......

......
* Viktor Obsatz, "Retrato de Marcel Duchamp", New York, 1953.
......

sábado, 12 de febrero de 2011

La nueva China y el español

.......
.....
Cada vez tenemos más estudiantes chinos en la universidad. Responden al tópico de sonrientes, educados y parece que trabajadores. Lo malo es que son alumnos licenciados en español en su país, cuyo nivel de castellano es tan modesto que apenas entienden nada de lo que se les dice, por lo que les resulta imposible seguir una clase. Me imagino que, durante la carrera, recibieron su formación sólo en chino, por lo que tienen un conocimiento pasivo de la lengua. El caso es que vienen con becas y se pasan el curso intentando aprender la lengua, pero de las materias apenas pueden aprovechar nada. Seguro que alguien se pregunta, por qué se les permite entonces que se matriculen. Esa es la cuestión. Como tenemos pocos alumnos españoles en los másters, se acepta a todo aquel que paga, sin más requisito que ser licenciado. Ya sabéis, estadísticas, clasificaciones, más puntos. La aplicación del competitivo sistema americano, con todos sus inconvenientes, pero con ninguna de sus ventajas. Otro de los muchos disparates de la universidad española, en donde la exigencia intelectual es ya la última razón que puede aducirse. De lo que no debe caberos duda es de que no faltará un pedagogo, siempre al servicio de la administración, que justifique tal dislate. Lo bueno de todo esto, me imagino, es que en China acabarán dándose cuenta de que tienen que contratar en sus universidades a profesores que hablen español, por lo que me parece que no tardará de abrirse allí un inmenso mercado de trabajo. ¿A alguien le apetece ser profesor de español en China? A mí me pilla ya un poco mayor.
........

.........

domingo, 21 de noviembre de 2010

Fabricio Caivano, Premio Nacional de Periodismo Cultural

.......
Debía de estar de viaje aquellos días porque no me había enterado de la concesión del Premio Nacional de Periodismo Cultural a Fabricio Caivano. No sé si a vosotros este nombre os dice algo, pero para mí es importante porque forma parte de aquellos empeños titánicos que se hiceron durante la hoy tan denostada transición para poner al país a la hora del presente en el campo de la pedagogía. El caso es que Caivano fundó en 1974 la excelente revista Cuadernos de pedagogía, de la que yo era suscriptor y que leía con un cierto fervor, recién licenciado, y donde en 1980, a través de Sergio Beser, publiqué uno de mis primeros artículos sobre la historia de la enseñanza de la literatura en los años más duros del franquismo.
.......
.......
Caivano, además, fue editor de la revista Cuadernos de Literatura Infantil y Juvenil (CLIJ) y es colaborador de El Periódico de Cataluña. En las declaraciones que ha hecho estos días a la prensa, que le ha prestado mucha menos atención de la que debiera, quizá porque no se ocupan del tipo de cultura del que tendrían que ocuparse, ha comentado lo siguiente: "Soy un periodista de sesenta y pico años [nació en 1942]; llevo muchos años dedicándome a esto y creo que se ha premiado mi recorrido en un periodismo diferente, dedicado a la reflexión y al pensamiento sobre la educación y la cultura".
Pero Caivano, hombre multifacético, coordinó la sección de cine documental Tiempo de Historia, de la Semana de Cine de Valladolid, entre 1984 y el 2005, y ha sido asesor y guionista del programa educativo Aula Visual, de TV-3. En 1983 fue nombrado miembro del Consejo Escolar del Estado y del Grupo de Educación de la UNESCO de Cataluña.........

....... .......
Estos son los datos más o menos fríos y objetivos. El caso es que nunca había tratado personalmente a Caivano, pero en el 2008, tras asistir como público a un diálogo que mantuvo Cristina Fernández Cubas con un individuo que apenas nada sabía de su obra, por no recordar que hablaba con faltas de ortografía, nos fuimos a cenar con la escritora y su editor, Juan Cerezo. Estaba reciente la publicación en Tusquets de los cuentos completos de la autora, que tanto éxito tuvieron. El caso es que, cuando estábamos empezando a cenar, apareció Caivano en el restaurante. Acababa de asistir al acto y era viejo amigo de Cristina, por lo que tuvimos la fortuna de que se quedara con nosotros un buen rato. Para mí fue una alegría conocerlo, poder comentarle lo importante que fue aquella revista de pedagogía para la gente de mi generación. Luego, cuando nos dejó, pude saber algo más de su historia personal y de su trayectoria vital. No he vuelto a coincidir con él, pero ahora me gusta recordarlo y compartir su satisfacción por este merecido reconocimiento público a tantos años de trabajo serio y riguroso.
........

domingo, 28 de marzo de 2010

La Universidad al alcance de todos

.....
Mi Universidad tiene un programa, no sé si existe en otras, que se denomina la Universitat a l'Abast (o sea, al alcance de todos), mediante el cual las personas mayores de 50 años pueden cursar las asignaturas que impartimos. Por lo visto, el número de alumnos y asignaturas en las que se matriculan no para de crecer. Los organizadores comentan también que el éxito del programa puede deberse a diversos factores, y entre ellos, a uno esencial: la buena acogida que estos estudiantes veteranos han tenido siempre entre los docentes. Claro que cómo no iba a ser así. Son estudiantes que saben estar en clase, cumplen con sus obligaciones y no dan la lata. O sea, que leen lo que tienen que leer, hacen preguntas e intervienen con inteligencia y sensatez en clase, y no necesitan presumir con sus compañeros, ni por descontado echarse un pulso con los profesores. Lo único que siento es que este año tenga sólo en mis clases a uno de esos mirlos blancos; aunque, en honor a la verdad, este curso tampoco puedo quejarme de los alumnos regulares.
......
.....
Aquello que diferencia a estos alumnos de los demás es que no tienen la obligación de examinarse, puesto que el programa carece de validez académica. O sea, que estudian por puro gusto, para saber, algo que han ido olvidando los políticos del ramo, junto con los pedagogos (estos son, sin duda alguna, los mayores enemigos de la educación) y bastantes de los estudiantes normales y corrientes. Mi experiencia es que si estos alumnos se examinaran, y de hecho algunas veces lo hacen, sacarían las mejores calificaciones.
Por desgracia, la educación es uno de esos campos en los que circulan menos ideas sensatas. Y con el disparatado Plan de Bolonia hemos llegado al colmo de los desastres. Por eso mismo hay que felicitar, sea quien sea su artífice, al inventor de este programa, pues ha permitido a la universidad acercarse a lo que siempre tendría que haber sido: un lugar para aprender trabajando.
......
* Diego Rivera, "La maestra rural".
......