No es poco habitual que algunas cadenas de televisión alemanas le dediquen espacio a la música en las horas de mayor audiencia. Hace un par de semanas el canal 3sat ocupó toda la tarde del domingo con excelente música, pero me llamó especialmente la atención el concierto de la Filarmónica de Berlin, dirigida por Simon Rattle. Estuvo dedicado, en gran parte, a la música en el cine, con un homenaje a John Williams, autor nada menos que de la banda sonora de E.T., Indiana Jones o La guerra de las galaxias. El concierto fue una celebración llena de humor, pues si algunos músicos se pusieron el sombrero de Indi, o la careta de los malos de Stars War, Rattle tocó el xilófono..., pero lo mejor fue cuando el violinista murciano Joaquín Riquelme abandonó su asiento, se fue con los timbales e hizo los efectos especiales de Tom & Jerry, llegando incluso a ladrar...
El fútbol tiene puntos en común con la música. La disciplina, la concentración, la sinergia entre el entrenador y los jugadores, la relación con el público y que necesitas pasarlo bien y al mismo tiempo dar el máximo.
El equivalente de Mozart en el fútbol es Messi.
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* En el reportaje de Elianne Ros, La Vanguardia Magazine, 7 de diciembre del 2014, p. 23.
Ayer, Viernes Santo, tocaba Bach, pero este año La Pasión según San Juan, en la Filarmónica, interpretada por la Academia de Música Antigua de Berlín, dirigida por René Jacobs. Había un lleno casi absoluto y un público variopinto, con niños, jóvenes, adultos y ancianos, todas las edades del hombre, como tiene que ser. Dos cosas me llamaron la atención, que René Jacobs dirige sin utilizar la batuta, y que una de las violinistas que ejecutaron un solo llevaba los brazos enguantados, en negro, desde la muñeca al antebrazo, no sé si por coquetería o por mantener los brazos calientes, o por otra razón que desconozco. Estos son los detalles en que nos fijamos algunos a los que nos gusta la música, o que la consideramos -como Jonas Kaufmann- "remansos de emoción absolutamente necesarios", aunque luego nos falten las palabras adecuadas para explicar la experiencia. En el descanso no podía faltar una Bretzel, aquí las venden con mantequilla, y creo que son las mejores de la ciudad, si no de toda Alemania. Bach escribió esta obra en 1724 y fue interpretada por primera vez en la iglesia de San Nicolás, de Leipzig, aunque la cambió en numerosas ocasiones, hasta la versión definitiva de 1740. Mientras oía el concierto me he acordado de lo que Borges declaró sobre la música en la revista Sur, allá por 1974. Decía que era el arte más profundo porque todas las demás son dependientes. De todas formas, habiendo disfrutado del concierto de ayer, sigo prefiriendo La pasión según San Mateo, aun cuando una de sus partes más hermosas ya aparezca al final de esta pieza.
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........ * El cuadro de Braque, de 1912, se titula "Homenaje a Bach". .....ach".......
Alguna vez le oí decir a Juan Benet que prefería la música grabada a oírla en directo. Don Juan siempre tenía opiniones originales y inteligentes sobre las cosas, pero me temo que en esta ocasión no acertaba. Lo recuerdo siempre que voy a la Filarmónica o al Konzerthaus, o esta misma mañana leyendo la entrevista que Jesús Ruiz Mantilla (El País, 30 de mayo del 2014) le hace al pianista croata, nacido en Belgrado, Ivo Pogorelich, quien afirma lo siguiente al respecto:
"Un disco es como la leche en polvo, se le quita el agua para llevarla de un sitio a otro y luego se le añade otra que la desvirtúa. Una grabación está hecha de esa misma falsedad: sacas de su ambiente a la música y la reproduces en otro lugar. La interpretación debe ser en vivo (...), aunque no todo el mundo puede disfrutarlo y en ese sentido puede ser útil".
Los Van Van nacieron en 1969, de la mano de Juan Formell, como una versión autóctona cubana de la salsa. Su songo fue equivalente, en las últimas décadas del XX, a lo que significó la música de La Sonora Matancera en las décadas anteriores. Aquí os dejo con uno de sus mayores éxitos: "Sandunguera". ....
Gerardo Núñez, un guitarrista que tocó con Paco de Lucía, ha afirmado, con motivo de su reciente fallecimiento, que `abrió la puerta de una casa cerrada´. Recuérdese que entre 1969 y 1979 (Fuente y
caudal data de 1973), formando dúo con Camarón, grabaron nueve discos fundamentales en los que se mezclaban nuevas variantes de tangos,
bulerías, fandangos y rumbas (como la célebre “Entre dos aguas”), junto agéneros inventados como la bambera (se trataba de aflamencar las
bambas o mecederos que se cantaban al ritmo del bamboleo del columpio). La
cantaora Carmen Linares, por su parte, lo recordaba demediado entre el apego a
la tradición (la del Niño Ricardo y Sabicas), que el corazón le pedía, y el
gusto por la innovación que le exigía la cabeza, sin olvidar la técnica, pero
dejándose llevar por el duende.
Después continuó su trayectoria solo, formó un sexteto
con el que tocó a lo largo de dos décadas, logrando consolidar a lo largo del
mundo un flamenco mestizo, añadiendo un nuevo instrumento: el cajón peruano.
Pues, como afirma el músico y productor Javier Limón: “casi todos los elementos
que definen el género [el flamenco] desde un punto de vista contemporáneo,
desde los coros hasta el cajón, o ciertos toques y modos de hacer, se los
debemos a él”.
Según el guitarrista Vicente Amigo, "el duende es la seguridad en ti mismo, es lo que te hace sentirte libre en el escenario. Y también es un momento, un regalo que te viene si la mente está pensando en música. Yo siempre estoy pensando a ver qué puedo hacer musicalmente. Y a veces te viene una chispa, pero eso es porque tú estás buscando".
(De una entrevista con Esteve Ripoll Allué, La Vanguardia Magazine, 22 de septiembre del 2013).
"A veces se dice que la música solo está viva cuando suena. O cuando se toca. Yo no lo creo. La música en gran medida está en la partitura, pero durmiente. El intérprete tiene el privilegio de despertarla".
Como homenaje al poeta argentino Juan Gelman, residente en México, los jóvenes componentes del Taller de Músics, de Barcelona, dirigidos por el compositor Enric Palomar, interpretaron en el Teatre Barts su obra Nunca los daré por muertos. La obra está compuesta por poemas del autor, alimentados por diversas músicas que interpretó la Big Ensemble del Taller, acompañada por las voces hondas de Paula Domínguez, Pere Martínez y Rosalía Vila.
La pieza está concebida, asimismo, como un homenaje a Enrique Morente; no en vano, una de las aulas del Taller lleva el nombre de Omega-Morente.
Dado que el teatro estaba lleno a rebosar y la actuación se saldó con un enorme éxito, no se entiende por qué no se sigue representando esta impresionante pieza en otros lugares de la geografía catalana y española. Sería lo más lógico.
Lo bueno que tiene una ciudad
como Berlín es que puede depararnos infinidad de sorpresas, y algunas de las
más gratas se producen en el terreno de la música. Hace un par de noches la
recomendación de Isabel Mellado nos llevó al Heimathafen, en Neukölln, un
modesto barrio de Berlín, lejos de las rutas por las que suelen transitar los
turistas. La Karl-Marx-Strasse, donde se encuentra el local, está plagada de
comercios y restaurantes multikulti, como se dice por aquí. El concierto anunciado formaba
parte de un festival que pretende mezclar la mayor variedad de propuestas
culturales posibles, desde las tradicionales a las experimentales, sin olvidar
el diálogo entre religiones ni el debate. El grupo que actuaba, formado para
la ocasión por la compositora y cantante alemana iraní Cymian Samawatie, quien
parece ser que ha obtenido el premio Weltmusik Award, se llama Diwan der
Kontinente y utiliza instrumentos procedentes de Europa, Japón, Irán, China, Afganistán y
Europa. Pero, además del concierto, impartieron un taller de música para
jóvenes. Varios de estos músicos son reputados intérpretes de jazz, e incluso
algunos forman parte de la Filarmónica de Berlín. Por tanto, se trataba de una ocasión única e
irrepetible que solo puede darse en una ciudad tan sorprendente y generosa, sus
artistas pueden serlo, como lo es a menudo la capital alemana.
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El grupo estaba formado por tres
cantantes y cada uno de ellos cantó en su lengua: el hebreo, el persa y el árabe,
respectivamente, además de en alemán. Así oímos diversos salmos, pero también canciones de Goethe o del escritor libanés Kahlil Gibran. Junto a la directora, ya citada, el resto de los componentes era:
Vladiswar Nadishana es un ruso que toca multitud de instrumentos, preferiblemente sentado en el suelo, desde la flauta de pera, esa que se usa para que bailen las serpientes, hasta una especie de cazuela de barro negro invertido, y todo tipo de instrumentos antiguos de diversas partes del mundo.
Las piezas que interpretaron eran obra de la directora y del compositor Ketan Bhatti.
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El local estaba lleno a rebosar y
en el entreacto, en un patio anexo al teatro, situado al aire libre, nos dieron
una pequeña cena fría, en forma de bufé, con dátiles, frutos secos y pequeños
bocadillos salados y dulces. La cerveza, o el vino, la pusimos nosotros. Josep
Pla hubiera preguntado: "¿y quién paga todo esto?". Pues, excepto algunos
enchufados, la mayoría pagó su entrada, que ascendía al módico precio de
14 euros. Decir, finalmente, que el concierto duró dos horas y media y que fue
extraordinario no es más que reconocer que me hubiera quedado gustoso horas y horas
escuchándolos, hasta el amanecer. Pero lo más curioso de todo fue que gran parte
del público que celebraba la Noche del Ramadán era alemán, o al menos su aspecto no
hacía pensar en otra cosa.
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* Isabel Mellado
no tocó el violín en esta ocasión, pero sí hizo de fotógrafa.
Asístí a un excelente concierto de música del Renacimiento español, con piezas del Cancionero de Palacio, Francisco de la Torre, Juan del Encina, Francisco de Peñalosa, Gabriel Mena, Luis de Milán, etc., a cargo de la Capella de la Torre, dirigidos por Katharina Bäuml, a la que se han sumado en esta ocasión la soprano Regina Kabis y el tenor de Gerona, José Pizarro Alonso. Se celebró en una de las salas del Radial System, lugar más o menos de culto en el antiguo Berlín este, junto al canal, aunque demasiado caluroso en estas fechas, paliado el calor por algunos abanicos que lucían los más previsores. A pesar del clima había unas cien personas que aplaudieron a rabiar a los músicos y cantantes. Pero mientras disfrutaba de la música, interpretada con instrumentos de la época tales como el oboe antiguo y el laúd, de las insinuantes letras de "Pase el agua", "Tres morillas", "Entra mayo y sale abril" o "Rodrigo Martínez", no he podido dejar de pensar -en especial mientras entonaban "Triste España sin ventura", de Juan del Encina, canción compuesta con motivo de la muerte del hijo de los Reyes Católicos- que ya que a los alemanes no les vamos a enseñar economía, ni modales, ni tampoco vamos a venderles nuestra tecnología punta (abanicos, botijos y fregonas), y puesto que ya nos compran naranjas, vino, hortalizas y algo de aceite y fruta, podríamos exportarles también lo mejor de nuestra cultura, no solo el cine antropológico de Almodóvar, pues, curiosos y entendidos, siempre la reciben con gusto.
Como clausura de
las actividades del año ruso en Alemania actuó hace unos días en la Filarmónica
de Berlín la orquesta del Teatro Marinsky, de San Petersburgo, dirigida por
Valery Gergiev. Durante la primera parte interpretaron piezas de Wagner y
Shostakóvich, con la colaboración del bajo René Pape, que cantó un fragmento de
La valquiria, y el pianista Denis
Matsuev, respectivamente. En la segunda parte del concierto, en cambio, tocó
solo la orquesta, interpretando la “Patética” de Chaikovski. El teatro estaba
lleno y lo único negativo fue que tuvimos que soportar un par de discursos políticos, en
ruso y alemán, con sus correspondientes traducciones a la otra lengua. El
público, alemanes y japoneses aparte, estaba compuesto en su mayoría por rusos,
quienes me temo que siguen siendo poco apreciados por los alemanes, por
gritones, horteras y amigos de la ostentación (los tacones de las señoras son
tan llamativos como sus peinados), con todas las razonables excepciones que
queráis.
Pero no voy
hablar de los rusos en Berlín, ni tampoco de música, sino del director, de la sorprendente
puesta en escena de Valery Gergiev. Para empezar, se hace esperar siempre,
apura todo lo que puede el tiempo de salida al escenario, pero cuando acaba la
pieza y el público aplaude reparte generosamente los reconocimientos con los
solistas, el concertino y el conjunto de la orquesta.
A Gergiev hay que
verlo en la Filarmónica desde el sector H, teniéndolo de frente, aunque la
orquesta nos dé la espalda y la voz de los cantantes se aleje hacia el lado
contrario del teatro. Aquí, el escenario está situado en el centro de la sala,
como si se tratara de una pista de circo, y lo rodean los espectadores, que
parecen colgados de las paredes, de abajo arriba. Pero el espectáculo lo dio el
director que condujo la orquesta prescindiendo del atril y de la batuta, tal
como hizo en la segunda parte, poniendo en movimiento todo el cuerpo,
encogiendo los hombros y moviendo la cabeza, y hasta susurrando, indicando a
los músicos con los ojos lo que debían hacer y sobre todo acompasando las manos. La izquierda desempeñó un papel importante pero secundario, sobre todo comparada
con los gestos que desarrolló la mano derecha, con unos dedos que no permanecieron
un solo instante quietos, pues giraron, apuntaron, se agruparon y abrieron
volando como si de un pájaro se tratara, superando con creces las
posibilidades de la batuta. A pocos directores de orquesta hemos visto sacarle
tanto partido al cuerpo, a la gesticulación, y a menos aún cuyas indicaciones sigan
los músicos con tanta precisión como si adivinaran el sentido de cada gesto. Alguien
debería rodar un corto con los movimientos de este director a lo largo del un
concierto. Si tenéis oportunidad de verlo actuar, sobre todo con la Orquesta
del Marinsky, no os perdáis la actuación del extraordinario maestro Gergiev.
Si el Viernes Santo sale nevado y uno se encuentra en el norte de Europa, en un país de mayoría protestante, lo mejor que puede hacer es buscar una iglesia donde se represente La pasión según San Mateo, oratorio de Bach. El estreno se produjo en 1727, pero sabemos que el mismo Bach lo dirigió dos años después, el Viernes Santo, en la iglesia de Santo Tomás, de Leipzig. Dicen las crónicas que a los burgueses de la ciudad, en su mayoría pietistas, no les agradó. Esta tarde, sin embargo, la iglesia de Köpenick, una población cercana a Berlín, estaba llena a rebosar, y mientras en la calle caía impasible la nieve, ancianos, adultos y jovencitos seguían extasiados, con los ojos cerrados o la mirada perdida, los cánticos y la maravillosa música del compositor alemán, sin poder aplaudir en ningún momento, según las estrictas recomendaciones de la organización.
Bien curiosa resultaba la disposión de la iglesia, pues la orquesta y los cantantes se instalaron en el coro, junto al órgano, mientras que la mayoría del público, de los fieles, permanecía sentada en la nave, de cara al altar, si bien de espaldas a los cantores. Al final, lo único que no salió bien fue la salida del coro y de los músicos, quienes, a falta de aplausos, tenían que ver su esfuerzo recompensado recorriendo en organizadas filas la iglesia, en dirección al altar mayor, pero la gente se impacientó y empezó a levantarse de sus asientos, con lo que esta última parte de la ceremonia quedó algo deslucida.
Aunque toda la obra sea de una gran belleza y lo más parecido a una ceremonia religiosa sin serlo, solo por oír en directo el aria "Erbarme dich, mein Gott..." (Apiádate de mí, Dios mío) mereció la pena viajar hasta Köpenick y recorrer a pie el casco antiguo de la ciudad nevada.
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....... * En el vídeo, Delphine Galou, contralto, y François-Marie Drieux, solo violin. Dirige François-Xavier Roth. ......
Hace unos años llegó de Suecia un pianista cubano del que apenas nada sabíamos. Junto a Diego El Cigala, negro y gitano, grabó un puñado de canciones ya inolvidables en la versión que ellos hicieron en el 2003, con el título de una de ellas, "Lágrimas negras". Había tocado con los mejores, de Beny Moré y Cachao a Paquito D´Rivera. Hoy, con 94 años, ha muerto el maestro Bebo Valdés que tan buenos ratos nos ha hecho pasar con su música.
Hace muchos años que conocí a Luis Suñén, en persona, cuando ya había dejado la crítica literaria en el diario El País y ejercía de director de la editorial Alfaguara, con la colaboración de Manolo Rodríguez Rivero. Pero pronto las editoriales fueron llenándose de ejecutivos que apenas si sabían nada de libros, y menos aún de literatura. Y así seguimos, salvo cada vez más raras excepciones, en manos de vendedores y comerciantes que van dando bandazos de acá para allá, por si alguna vez les suena la flauta. ....
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Después, Luis se dedicó a la música y como experto en esa materia lo venía leyendo en la revista El Ciervo y en el diario El País. Desde hace siete años dirige un programa, Juego de espejos, que se emite los lunes, de 11 a 12 de la noche, en Radio Clásica de Radio Nacional de España. Y con el anzuelo de que me divertiría, me propuso participar en él. Se trata, me anunció, de entablar una conversación a propósito de la música que prefieran gentes que se ocupan de otras materias, como puedan ser la literatura, la ciencia, la universidad, el teatro, el cine, el arte, la política…, con la condición de que no tengan nada que ver profesionalmente con la música. Así, el programa consiste en mantener una conversación distendida, nada técnica, que gire en torno a las razones por las que los invitados han hecho su selección musical, ya sean estas su biografía, sus gustos o, simplemente, lo que les pedía el cuerpo en el momento de decidir. Hay que hacer una selección de siete u ocho piezas cortas o fragmentos de otras más largas que vayan entreverando la charla. En total, entre 35 y 40 minutos para poder conversar entre pieza y pieza hasta los 60 que dura el programa. La selección, me advirtió, debía ser prioritariamente de música clásica, aunque podían incluirse géneros como la zarzuela, el jazz, el flamenco, el rock o el musical.
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El caso es que acepté encantado la propuesta, aunque advirtiéndole de que aun siendo amante de la música, apenas me atrevía a explicar el porqué de mis gustos y predilecciones. ¿El motivo? Pues, quizá, porque carezco de un lenguaje que me permita explicar con cierto rigor el fundamento de mis preferencias, sobre todo en cuanto a la ópera, la música clásica o el jazz. ....
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Grabamos el programa el 7 de febrero y se emitió el lunes pasado, día 22. A pesar de mi prevención de hacer el ridículo, la verdad es que pasé un rato estupendo con Luis, charlando de música y de otras muchas cosas, y me gustó reencontrarme, después de tantos años, con aquel crítico literario al que tanto leí cuando yo entonces empezaba en el oficio y con el crítico musical de quien tantas cosas he aprendido. El montaje de La ópera de perra gorda, en el Berliner, al que me refiero durante el programa, fue dirigido por Robert Wilson, y no por Peter Brook, lo que tampoco hubiera estado mal. Para concluir, os dejo mi selección musical y la grabación del programa.
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* Mozart, quinteto, núm. 2, en C mayor, k. 515.
* Piazzolla, "Invierno porteño".
* Rossini, “Una voce poco fa”, de El barbero de Sevilla.
* Kurt Weill, “Balada de Mackie Navaja”, para La ópera de perra gorda, de Brecht. Y como me gustan mucho las vocalistas clásicas negras de jazz, Billie Holiday, Sarah Vaughan y Carmen McRae, pero en esta ocasión prefería quedarme con Ella Fitzgerald, le sugerí su "I din´t mean a Word I said", Suñén tomo la decisión salomónica de poner a la cantante americana interprentando la canción de Weill/Brecht, cuya letra olvida a mitad de la pieza, como podréis observar. * Algo de Wagner, quizá de Tannhäuser. * Y para acabar con algo alegre, el fragmento final de la obertura de El murciélago, de Strauss.
.. Me siento como los personajes de El ángel exterminador, atrapado en Argentina toda esta semana: Santiago del Estero, Orlando Romano, la Richmond, Sol Gabetta... En fin, no me importaría quedarme allí para siempre. El caso es que anoche, tras el estupendo concierto de la violoncelista argentina, la sala estaba repleta y aplaudimos a rabiar, siguiendo con la sesión sudamericana, y con motivo del inicio de la temporada en el Konzerthaus, nos invitaron a escoger entre dos espectáculos de tango que se celebraba en otras salas del edificio. Nosotros nos fuimos a la Werner-Otto-Saal, situada en el último piso del Konzerthaus, donde actuaba un grupo de tango finlandés. Sí, de tango finlandés, con su cantante, piano, acordeón, violín y contrabajo correspondientes. Según comentó el pianista, los finlandeses mantienen un vínculo muy fuerte con los argentinos, y ello a pesar de que su lejanía geográfica parezca querer desmentirlo: ambos países arden por dentro, reveló. No le faltaba razón, pues en cuanto empezó la actuación, el oxímoron se deshizo y el tango escandinavo adquirió pleno sentido. .. Puro producto multiculti, como dicen los alemanes, este es un espectáculo que seguramente solo puede darse en la ciudad que presume de ser la segunda capital del tango. El caso es que allí, más bien incómodos, unas cien personas, muchos de ellos con su correspondiente bebida, con ese peculiar estilo que tienen los alemanes para sostener en una mano una copa de vino, mientras en la otra sujetan una rosquilla salada, una Brezel, seguimos la música de este grupo que parecía salido de una película de Kaurismäaki. Como diría una buena amiga, eso sí con cariño, ¡cómo son estos jodidos alemanes!
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.. * En la foto el Konzerthaus, tras el monumento a Schiller, en la Gendarmenmarkt, de Berlín. ..
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Como esta noche me voy a oír a la chelista argentina Sol Gabetta, en el Konzerthaus, os dejo con ella. .. ....
Konzerthausorchester Berlin Dimitrij Kitajenko Sol Gabetta Violoncello
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George Gershwin "Cuban Ouverture" Camille Saint-Saëns Konzert für Violoncello und Orchester Nr. 1 a-Moll op. 33 Heitor Villa-Lobos Bachianas Brasileiras Nr. 7 Alberto Ginastera Danza final (Malambo) aus dem Ballett "Estancia" op. 8
.. Llega el verano y a uno le gustaría ser J.Á. Vela del Campo, o Luis Suñén, o bien ser rico por su casa, y poder estar en Lucerna, Salzburgo o Bayreuth, presenciando la última versión de El caso Makropulos, la ópera de Janácek, la Filarmónica de Berlín o una orquesta dirigida por el maestro Abbado. Como por ahora no puede ser, me temo que no me queda más remedio que conformarme con llegar a la pequeña ciudad de Buckow, donde pasó Brecht los últimos veranos de su vida, dar un paseo por el Parque del Palacio, aunque ya no exista el susodicho palacio, y encontrarme en mitad de sus hermosos jardines con el Diana Streichquintett Berlin, el cual, emplazado cerca del lago junto a unos árboles tupidos que le sirven de escenario bajo el que cobijarse, tocaba piezas de Mozart y Dvorák, un concierto que formaba parte del ciclo Klassik im Grünen (Clásicos en la naturaleza), tal como me ocurrió la tarde del pasado día 7. Allí me llevó el azar, mi buena suerte, aunque de inmediato tomé asiento en un banco, junto a otras cien personas entre ancianos, niños indecisos a dar un paso que provocara el menor ruido, y señoras maduras, y me quedé ensimismado, hasta que acabó la música y nos fuimos a recorrer los alrededores del lago.
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* En la foto, Dvorack. El resto es de Gemma Pellicer.
...... "Credo de amor sin ti. A Horacio Ferrer" ....... Cómo podés decir que nadie conoce la muerte, si yo he muerto tantas veces, querida. Muero como a la una de la madrugada, cada viernes, cuando no llegás al café donde escribo mis cuentos. Muero viendo al gato amarillo, que corre hacia la puerta de entrada al oír el ascensor que llega, y nunca sos vos. Morí un domingo en la Plaza de Mayo, cuando al lado mío dos jovencitos se besaban con la ternura de dos ancianos. Muero algunas tardes, caminando sin rumbo por avenida Corrientes, sólo porque tus pasos la recorrieron. Morí una noche cualquiera, lentamente, al apagar el televisor porque daban tu película favorita. Morí una mañana de mayo, al encontrar en un cajón tu viejo cepillo de dientes y tus pinturas de uñas. He muerto tantas veces, querida, flor mía, bella mía. Y también muero cuando nunca, nunca aparece tu nombre en las llamadas a mi teléfono móvil. Muero al tener que lavar una única taza de café tras el desayuno. Muero al recordar aquel último beso, el último abrazo, la última mirada, el último roce de nuestras manos (si acaso un duende me hubiera dicho al oído que todo eso sería definitivo, que ya no habría más). Y muero hoy, quizás por última vez, porque vos ya no estás en ninguna parte, amada mía, reina mía, vida mía.
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..... * Horacio Ferrer (Montevideo, 1933) es poeta y autor de letras de tango, sobre todo por los escritos con Astor Piazzolla, como "Balada para un loco", estrenado por Amelita Baltar en el Festival de Tango de Buenos Aires, que produjo un escándalo entre partidarios y opositores del tango moderno, y "Chiquilín de Bachín". Pero compuso su primer tango a petición de Aníbal Troilo, "La última grela", la música era de Piazzolla, con quien creo la opereta María de Buenos Aires (1968), que estrenaron Héctor de Rosas y Amelita Baltar como cantantes, y el mismo Ferrer en el papel de El Duende, recitando. ....... * Orlando Romano (1972, Tucumán, Argentina) es periodista y escritor. En su obra narrativa hay tres novelas, todas publicadas en México (Perro-diablo, Eclipse de gol y Amigo fiel), y dos libros de microrrelatos (Cuentos de un minuto y Cápsulas mínimas). En su obra periodística se destaca el libro de entrevistas Escritores preferidos de nuestros escritores. Los textos de su próximo libro de microrrelatos (La ciudad de los amores breves-microhistorias de mujeres) se publican regularmente en la revista femenina Atrevida, de Puerto Rico. .......
...... Si amanece la arrogancia de la fuerza y el valor, niño débil y cobarde, niño noche y deserción. Nazca el niño negativo, nadie, nunca, nada, no. ........ Rafael Sánchez Ferlosio
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........ * Parece que el vilancico conocido como "El tamborilero" tiene origen checo. Fue traducido libremente al inglés en 1941, popularizándose a partir de entonces en gran parte del mundo occidental. En España, la versión más famosa quizá sea la sobreactuada de Raphael. Ésta de Grace Jones, que recibo de la escritora Esther García Llovet, sin comentario alguno adicional, no es más discreta, pero tiene un punto de humor que la mejora, entre tanto villancico almibarado. A ver qué os parece. ....... +......