En los utilísimos comentarios que Ramón García Domínguez ha escrito para la edición de las Obras completas de Miguel Delibes publicadas por Destino y Círculo de Lectores, en el 2008, recuerda que Josep Vergés (entonces José), el editor de Destino y fundador del Premio Nadal, además de la revista del mismo nombre, se mostró siempre reacio al cuento, de lo que es buena prueba su propio catálogo. Así, en una carta del 26 de febrero de 1952, le comenta a Delibes: "Creo que es un error editorial publicar libros de cuentos en un país donde casi no se venden novelas". Juicios como éste explican muchas de las carencias que la normal difusión de los libros del género padecieron en la postguerra.
martes, 30 de marzo de 2010
El cuento según el editor Vergés, y Delibes
En los utilísimos comentarios que Ramón García Domínguez ha escrito para la edición de las Obras completas de Miguel Delibes publicadas por Destino y Círculo de Lectores, en el 2008, recuerda que Josep Vergés (entonces José), el editor de Destino y fundador del Premio Nadal, además de la revista del mismo nombre, se mostró siempre reacio al cuento, de lo que es buena prueba su propio catálogo. Así, en una carta del 26 de febrero de 1952, le comenta a Delibes: "Creo que es un error editorial publicar libros de cuentos en un país donde casi no se venden novelas". Juicios como éste explican muchas de las carencias que la normal difusión de los libros del género padecieron en la postguerra.
lunes, 29 de marzo de 2010
Superventas: de Bolaño a Larsson
Àlex Rigola, director del Teatre Lliure y responsable del montaje de 2666
domingo, 28 de marzo de 2010
La Universidad al alcance de todos
Aquello que diferencia a estos alumnos de los demás es que no tienen la obligación de examinarse, puesto que el programa carece de validez académica. O sea, que estudian por puro gusto, para saber, algo que han ido olvidando los políticos del ramo, junto con los pedagogos (estos son, sin duda alguna, los mayores enemigos de la educación) y bastantes de los estudiantes normales y corrientes. Mi experiencia es que si estos alumnos se examinaran, y de hecho algunas veces lo hacen, sacarían las mejores calificaciones.
Por desgracia, la educación es uno de esos campos en los que circulan menos ideas sensatas. Y con el disparatado Plan de Bolonia hemos llegado al colmo de los desastres. Por eso mismo hay que felicitar, sea quien sea su artífice, al inventor de este programa, pues ha permitido a la universidad acercarse a lo que siempre tendría que haber sido: un lugar para aprender trabajando.
sábado, 27 de marzo de 2010
Un thriller inspiracional
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viernes, 26 de marzo de 2010
Las hechuras de un género: el obituario
Y, sin dejar de ser cierto lo que apunta el escritor guatemalteco, el género -que bien pudiera serlo- admite algunas sorpresas y resquicios. Por ejemplo, la ponderada despedida pública que Rosa Montero le dedicó a su marido, el periodista Pablo Lizcano, en forma simplemente de artículo, como uno más de los que viene publicando en la última página de El País. O la necrológica que escribió Antonio Elorza con motivo de la muerte de la historiadora Marta Bizcarrondo, en el mismo diario citado. La primera novedad es que eran los propios cónyugues quienes las escribían, personas muy conocidas en la vida intelectual y literaria española. Pero si el recuerdo de la escritora estaba lleno de "elegancia y bondad", tal y como lo definió en su momento Elvira Lindo; el del profesor, tras contarnos la trayectoria personal y profesional de su esposa, a la manera tradicional, confesaba: "A lo largo de un tercio de siglo, estuvo casada con el también historiador Antonio Elorza, que no supo hacerla feliz".
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Elvira Lindo, además, en el mismo artículo al que aludíamos antes ("Flores a los muertos", El País, 24 de mayo del 2009), reconocía que le gustaban las necrológicas, aunque prefería las que se ocupan de la vida de los empresarios, aventureros, científicos e inventores. Y, en cambio, afirmaba tener problemas con las de los intelectuales y artistas, cuando estaban "escritas en pan de oro", cargadas de adjetivos, dedicándose a glorificar al muerto. Por su parte, el escritor Eduardo Mendoza, en un artículo llamado "Obituarios" (El País, 18 de septiembre del 2006), nos proporcionaba otra confesión, aunque de signo muy distinto: "Tengo una afición enfermiza: recorrer cada día los obituarios de celebridades en la prensa local y foránea y cotejar los comentarios a su muerte con lo que significó aquello que en su día les hizo merecer hoy un espacio individualizado en la prensa, con o sin foto, según su relevancia".
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¿Existe alguna diferencia entre obituario y necrológica? Para la Academia de la Lengua, lo necrológico es lo "perteneciente o relativo a la necrología"; mientras que la necrología es la "noticia comentada acerca de una persona muerta hace poco tiempo". Obituario, en cambio, es la "sección necrológica de un periódico". O sea, que el artículo es la necrología, mientras que la sección en la que aperece ésta se denomina obituario. Por tanto, mi etiqueta está mal. Habrá que pensar en cambiarla.
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* En la primera foto aparece Klaus Michael Grüber y en la segunda Antonio Elorza.
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miércoles, 24 de marzo de 2010
En defensa de Miguel Hernández, y 2
Respuesta
a unas declaraciones de Lucía Izquierdo,
nuera de Miguel Hernández
Ay, Lucía, qué poco tu apellido
te luce, que nacer entre los ajos
y ser niña yuntera no es lo mismo
ni justifica posteriores actos.
Los dineros que dan por ley los libros
de Miguel y su nombre, tuyos son
─quiero decir, de sus deudos legítimos─
y bien los administras, voto a Dios,
que un grupo mercantil a tu medida,
si algo suena a Miguel, presto lo cobra,
sus bienes más que el oro en paño estima
y exprime hasta la sangre las cebollas.
En vez de exposiciones y congresos
y sus obras completas editadas
─lo de siempre, comentas con desprecio─,
propones musicales con las cartas
de Miguel a la pobre Josefina,
y jaranas flamencas por América,
y que haga Hollywood grandes películas
que interprete tu estrella predilecta.
Porque el dinero público se emplea
en actos pueblerinos no mediáticos,
nos amenazas cuando te cabreas
con dejar a Alicante sin legado.
Pues sepas que Miguel, aunque te pese,
es de todos y así él lo proclama.
No hay quien al rayo en una jaula encierre
ni quien ponga a su voz yugos ni trabas.
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"A Lucía"
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El pez más viejo del río,
de tanta sabiduría
como amontonó, vivía
brillantemente sombrío.
Y el agua le sonreía.
Miguel Hernández
El río
tenía
un pez:
el mío.
Vivía,
pardiez,
sombrío:
sabía.
Tal vez
(sonrío)
veía
tu tez.
Tu tez,
que relucía
por diez
a costa mía.
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martes, 23 de marzo de 2010
Sobre la narrativa española actual
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lunes, 22 de marzo de 2010
En defensa de Miguel Hernández, 1
Doña Lucía de Hernández, natural de Tomelloso,
recogedora de ajos en su doncellez, por Antonio Carvajal
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Esta es la copla:
Repelente es la viuda
y no es del ajo la culpa
Si del ajo no es la culpa,
¿de quién es la culpa, pues?
Del carajo de Manuel
que al sembrarse en un ajar
lo convirtió en carajal.
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SÍGUESE EL ROMANCE NEOGONGORINO Y ALGO JÁCARO DE LA RELUCIA RENUERA REVIUDA A MODO DE LETRA CON VARIEDAD DE ESTRIBILLOS, QUE ES MUY ADECUADA PARA CANTE Y BAILE Y DICE MUCHO DE LA CULTURA, EL BUEN GUSTO, LA COPIOSA ERUDICIÓN Y EL SENTIDO DEL DECORO DE SU AUTOR, DON FADRIQUE DE LA PUEBLA, CABALLERO DEL HÁBITO BLANCO PIEDEMONTANO OTURENSE, EN EL ALFOZ FELICÍSIMO DE GRANADA:
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Repelente es la viuda
y no es del ajo la culpa
En Alacant o Alicante,
que es la Lucentum latina,
ha salido una renuera
que responde por Lucía
si le anteponen la doña,
pues sin doña no se digna
echarle en cara los flatos
ajunos a quien la envisa,
viuda del niño aquel
del que su padre decía
florecido de azahares
en el llanto y la sonrisa,
y, pues engendra derechos
soplar el pito en la figa,
heredera con los nietos
de Miguel y Josefina.
¡Ay, que si lo pienso me muero de risa
al ver que en Lucentum luce tal Lucía!
Ser de La Mancha no mancha
porque La Mancha no es sucia
salvo si en la propia Mancha
sale una nuera viuda
que a La Mancha hace al mancharla
trasunto atroz de Manchurria,
que abre la boca y la caga
y todo apesta a coducia,
o séase meter la mano
hasta el codo en hondas huchas,
se llamen cajas de ahorros,
se llamen caixas o kutxas
que apuestan a flatus vocium
lo que se queda en hartura
de los devotos, que cierran
el puño contra la viuda.
¡Ay qué vahídos le dan al pensarlo,
denle las sales, que le da el desmayo!
Si esta renuera reviuda
quisiera aprender un poco,
aconsejarse debiera
de los sobrinos camborios
que en verdes billetes vuelven
rojos chorizos de El Pozo
y que todo cuanto tocan
parecen trocarlo en oro
pues son alquimistas sabios,
osados metomentodo
e intérpretes de las leyes,
centimeros minuciosos
en fin, como deben ser
gerentes de un buen negocio
que a la sombra viven del árbol florido
y comen las brevas y esperan los higos.
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* Ilustración de Horacio Oriolo, "Miguel Hernández: poeta con tres heridas". En la foto, el escritor aparece con su esposa, Josefina Manresa.
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domingo, 21 de marzo de 2010
¿Y qué hacemos ahora con el Lazarillo?, por Pablo Jauralde Pou
Mercedes Agulló ha encontrado un documento de época en el que por primera vez se cita al Lazarillo como obra. Probablemente los estudiosos de la novelita, que tan copiosamente han contribuido a crear un espesor crítico con incursiones en el texto, el autor, la época, etc., tendrán que incorporar ese dato a sus exposiciones, porque lo que hasta ahora han hecho cumplidamente ha sido desmenuzar los textos y sus circunstancias, sin otra documentación que los cuatro libritos en octavo que aparecieron en 1554 y algunas de sus derivaciones, alcanzando un grado de acuerdo, por cierto, que casa muy bien con el hallazgo: todos han venido a admitir que la edición de 1573 (la expurgada por Juan López de Velasco) manejaba sin duda una fuente (manuscrito, edición perdida, etc.) desconocida que le permitía enmiendas `fantásticas´, `esclarecedoras´, etc. Obtengo los adjetivos del coro de críticos. Supongo que, como tarea inmediata, habrán vuelto a leer el Lazarillo como si esas enmiendas provinieran de Diego Hurtado de Mendoza y el noble fuera su autor. Y que los resultados de esa lectura nos los van a dar también.
No pertenezco a ese envidiable grupo de críticos que tanto han escrito sobre el Lazarillo y, por tanto, creo que tengo el derecho, como muchos lectores, a pedirles que nos expliquen convincentemente esa alusión a las enmiendas del Lazarillo entre los papeles de don Diego, y que esa explicación no resulte falsificada, ni tan alambicada que no pueda sustituir a la impresión inmediata de cualquier lector: ahí están y con su nombre porque son suyas.
No nos vamos a conformar con una solución tan evidente y tan sencilla; preguntaría a la crítica especializada, que tendrá trabajado el tema y podrá reordenar ahora sus fichas, que me configure el nuevo mapa -así sea para negar la autoría-, que rodea a estos actores, al menos a Juan López de Velasco y a Diego Hurtado de Mendoza, porque sin duda habrán encontrado fácilmente los puntos en común y se habrán apresurado a buscar si los indicios documentales van más allá del nuevo hallazgo, para refrendarlos o desecharlos. Les pediría que me dijeran qué han sacado del rico epistolario con Zurita, que habrán leído (el publicado por Dormer y el manuscrito), ya que era Zurita, como sabrán, secretario de Felipe II para asuntos de la Inquisición en 1572, además de corresponsal y amigo de Hurtado, es decir, compañero de tareas de Velasco. Yo espero que me restablezcan la situación histórica en torno a la iglesia en donde pidió don Diego que le enterraran, la del monasterio de la Concepción Francisca, en donde por esos años Teresa de Cepeda conoce a Hurtado y firma cartas (autógrafas), mientras cuida su relación con su confidente en la corte, Juan López de Velasco, cuya hermana era descalza en el convento de Segovia; seguro que han reconstruido el panorama a partir del epistolario de la santa, en donde se habla con cariño frecuentemente de Velasco. Humanistas inquietos, como otro discípulo de Zurita, Páez de Castro. ¿Habrán indagado si fue Páez de Castro el que llevó un texto del Lazarillo a Amberes, en 1553 o a comienzos de 1554? Pues unos meses antes estaba con don Diego Hurtado en Roma, y suspiraba por ser su secretario; y desde luego al norte se fue en esa fecha precisamente. Sus libros están en El Escorial, los de Páez. Ya habrán los críticos perseguido cómo fueron a parar allí al mismo tiempo que los de Hurtado, al fin y al cabo, la rica testamentaría de Páez de Castro, vigilada por Ambrosio de Morales, se conserva en el mismo legajo de papeles, no publicado, que la de don Diego. Los lazarillistas saben, por lo demás, que Ambrosio de Morales dedicó una de sus últimas obras a Hurtado.
Confieso que me resulta enormemente atractivo este itinerario crítico al que nos invita el hallazgo de Mercedes Agulló. Ojalá no se trivialice y sirva, finalmente, para el mejor conocimiento de nuestra historia y de ese texto deslumbrante que es el Lazarillo. Y que tampoco se trivialice la figura de López de Velasco, humanista solterón entregado a las ciencias más prestigiosas (Grafton dixit) del siglo XVI: la geografía, la astronomía, la lengua, nuestro modo natural de crear, de preguntarnos por nuestro pasado y por nuestro lugar en el universo. La forja de una nación que avanza a tientas. PABLO JAURALDE POU.
* Pablo Jauralde Pou es catedrático de Literatura española en la Universidad Autónoma de Madrid.
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sábado, 20 de marzo de 2010
MARTÍN GARDELLA
(Una colección de seres extraordinarios pero encantadores)
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"El Vafoso"
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* Martín Gardella (La Plata, Argentina, 1973) vive en la ciudad de Buenos Aires desde 1984. Es abogado y profesor universitario. Sus textos, que recoge en el blog El Living sin tiempo, aparecerán en forma de libro durante el 2010. El "Pequeño bestiario sin ilustraciones" que aquí se publica es inédito. http://livingsintiempo.blogspot.com/martingardella@gmail.com
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viernes, 19 de marzo de 2010
Últimos aullidos
jueves, 18 de marzo de 2010
Autorretrato de GERARDO DIEGO
"Autorretrato"
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Todo lo que fuera duerme
.........queda o pasa
todo lo que huele o sabe,
.........toca o canta,
conmigo se ha hecho
.........viva entraña,
víscera, oscura y distinta,
.........sueño y alma.
Si pudierais traspasarme
.........os pasmaríais.
Todo está aquí, aquí dormido.
.........Dibujada
llevo en mi sangre y mi cuerpo
cuerpo y sangre de mi patria
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Luces y luces de cielo,
.........cosas santas.
Todo lo que está aquí dentro
.........fuera estaba.
Todo lo que estaba ahí fuera
........dentro calca.
El universo infinito
........me enmaraña;
auscultadme; soy su cárcel
.......sin ventanas.
Escuchadme, dentro, fuera,
.......donde os plazca.
Mis más íntimos secretos
.......por el aire los pregonan
.......y los cantan.
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* Este poema está incluido en el libro La llama. El autorretrato es de Valentin Serov.
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miércoles, 17 de marzo de 2010
LIDIA MARÍA CUADRADO PAYERAS
"La ciudad de los sincorazones"
Era una fría noche de otoño allá por el año 1990. Samuel caminaba lentamente por las calles de la que se había convertido en una ciudad oscura y desagradable. No había en sus gentes una brizna de pasión, de esperanza, de amor. La vida y la alegría que en otro tiempo había respirado su ciudad parecía haberse volatilizado, llevándose consigo hasta la última gota de la felicidad que en otros tiempos había emanado.
Samuel se sentía miserable paseando por aquel lugar de muerte y putrefacción; sin embargo, algo en lo más profundo de su ser le impedía dejar de andar. Buscaba algo, y no sabía el qué. Buscaba en todos los rincones, en todas las esquinas, en todas las plazas; buscaba quizá algo que le ayudase a enmendar tanto destrozo, algo que le diese ánimos y fuerza suficiente para creer que había una solución a tanta desolación.
El alba le sorprendió cuando ya casi había escudriñado cada rincón de su ciudad. Exhausto y abatido, decidió aparcar su búsqueda momentáneamente. Entró en un pequeño restaurante y decidió llenar su vacío estómago antes de desfallecer. El dueño del establecimiento le preguntó qué deseaba. Samuel decidió que era preferible comer copiosamente, y pidió en consecuencia. Mientras aguardaba empezó a mirar por la ventana. Había poca gente en la calle, todos madrugadores que se dirigían a sus puestos de trabajo. Hubiese sido una estampa normal para el momento en que se encontraban, pero ciertos detalles hacían estremecer a Samuel. Los viandantes se movían de una manera similar a las máquinas, con movimientos forzados y estructurados. Samuel los contemplaba con repulsión, pero les compadecía al mismo tiempo y no dejaba de preguntarse qué les había podido robar la humanidad.
La voz del encargado del restaurante le sacó de su ensimismamiento.
- Su pedido -gruñó, poniendo cara de pocos amigos.
Samuel le agradeció el gesto con una mueca irónica y triste. No tenía ganas de discutir, pero tampoco tenía ganas de ser amable.
Salió del establecimiento con la firme decisión de desvelar el secreto oculto en aquella terrorífica ciudad. Convencido de que podría resolver el misterio se echó a la calle. Pero ya no vagabundeaba. Ya no dudaba, ya no se sentía perdido en el vacío de los suburbios, no temía a la noche, no temía a nada; había encontrado la salida, o eso quería creer.
Dejó que el viento le acariciase la cara y que la luz del sol bañase su demacrado rostro y a cada paso que daba se sentía más vivo, porque se había dado cuenta de que, para huir de las tinieblas, no hay que luchar contra ellas, no hay que adentrarse en su mundo, hay, simplemente, que dejarlas atrás. Así que fue corriendo a cada barrio, llamando a cada casa, explicando lo magnífico de su descubrimiento a todos los que se encontraba. Pero el pobre Samuel no contó con que sólo ve el que quiere ver, y no había nadie en aquel lugar dispuesto a admirar lo fantástico de la vida que habían perdido y que, con sólo desearlo, podían recuperar.
Aquel día fue frustrante para él. Incapaz de encontrar una razón por la que aquellas gentes se resistían a creer en sus palabras, decidió abandonar aquel lugar e irse a vivir donde su entusiasmo fuese bien recibido.
Nadie volvió a ver nunca más a Samuel, y apuesto a que nadie se preocupó nunca. No poseía más que una gabardina y un gato (al que, todo sea dicho, no le importaba demasiado su dueño) y para toda la ciudad fue únicamente conocido como el "vecino estrafalario". Pero yo a veces pienso en él; yo que le atendí una vez en mi pequeño restaurante y con mis malos modales no saqué de él más que una mueca despectiva y diez dólares. Pienso en él, y le admiro, por haber sido el único soñador nacido en la Ciudad de los Sincorazones.
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“La ciudad de los sincorazones” ha sido traducido al portugués. Mantiene un blog: http://lalamentationsourde.blogspot.com/
martes, 16 de marzo de 2010
Vade retro, Jazztel
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lunes, 15 de marzo de 2010
RAMÓN GIL
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Me desnudo.
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domingo, 14 de marzo de 2010
Juan Ramón Masoliver: 100 años
Estuvo en los inicios de la facción catalana de la aventura surrealista, en revistas como hèlix (con minúscula), de Vilafranca del Penedès, y el Butlletí de l’Agrupament Escolar. Formó parte del núcleo primero de la revista Destino, y fue jurado del Premio Nadal y del Premio de la Crítica. Juan Ramón Masoliver era un hombre apasionado, a menudo arbitrario en sus juicios, ¿pero quién no lo es que ame las letras?, de esos dandis bajitos, pero de buen porte, que ha dado el país. Su enamoramiento por una mujer casada con un amigo suyo falangista, lo llevó a abandonar el país. Había tenido una juventud aventurera y airada que prolongó en los primeros años de postguerra con estancias en Italia, Grecia y Oriente Medio, como corresponsal de La Vanguardia, periódico al que dedicó su vida. Se contaba, y era cierto, que había estado casado en París con una princesa rusa, pero que se separó porque ella no quiso seguirlo cuando regresó a España, al estallar la guerra civil. En Italia cayó en el espejismo de la Italia fascista de Mussolini. Como requeté, estuvo durante la guerra con el bando nacional, colaborando en las labores de prensa y propaganda, al mando de Dionisio Ridruejo. Cuando lo conocí, a finales de los 80, se le recordaba como director de la excelente revista Camp de l´arpa. Entonces, le gustaba definirse como "anárquico suelto" y, a diferencia de tantos otros, nunca se arrepintió de sus veleidades franquistas, aunque tanpoco blasonara de ellas. Pero fue, antes que nada, un tipo culto, brillante e independiente, que como diría hoy un moderno, fue siempre a su bola...
viernes, 12 de marzo de 2010
Miguel Delibes: recuerdos para una despedida
De toda la larga y complicada negociación, quizá lo más fácil fuera comprarle los derechos a Destino. Y lo más difícil convencer al autor, quien no estaba demasido decidido a reunir todos sus cuentos en un volumen, ni a que, además, el libro de 1964 formara parte de ellos. Así, en el año 2005, gracias a los buenos oficios de la profesora Pilar Celma, directora de la Cátedra Miguel Delibes, conseguí entrevistarme con él en Valladolid, en su propia casa, cuando ya apenas recibía a nadie, dada la enfermedad que padecía. Allí nos dirijimos Pilar y yo, nos recibió Pepi, la esposa de su hijo Germán, que lo cuidaba con atención, y quien me había advertido previamente que no prolongáramos la visita más de veinte minutos, para no fatigarlo demasiado. Así, convinimos que cuando ella, discretamente, me hiciera una señal, nos despediríamos. Mi objetivo, como he anticipado, consistía en obtener permiso para publicar sus cuentos completos, incluyendo las llamadas viejas historias. Contaba, además, con que el prólogo lo iba a escribir Antonio Vilanova, catedrático que conocía al dedillo la obra de Delibes y a quien el escritor apreciaba. Y, en efecto, a don Miguel, esa parte de la propuesta le pareció muy bien, aunque luego, por la edad y por el exceso de trabajo acumulado, no pudiera hacerlo. Pero Martín Garzo lo escribió, a satisfacción de todos. Delibes ya me conocía porque yo había reseñado elogiosamente, en La Vanguardia, alguno de sus libros anteriores y había escrito un trabajo, de corte más académico, sobre Madera de héroe. Siempre, además, solía corresponderme con alguna tarjeta, mostrando su agradecimiento por mis comentarios sobre su obra.
Cuando él hizo su aparición en el piso, nos dividimos en dos grupos. Estábamos en un amplio salón atestado de libros, presidido por un cuadro en el que se representaba la cabeza del escritor. Nosotros dos nos sentamos aparte, ocupando él una mecedora, mientras que Pepi y Pilar se quedaban, al fondo, discretamente, un poco alejadas de nosotros, para que pudiéramos conversar. Antes de que yo empezara a comentarle nada, tuve la impresión de que tenía que pasar un examen, que creo que aprobé con no mala nota, por lo que más tarde me comentó su hijo Germán. Así, empezamos a charlar sobre diversos personajes y sucesos de la actualidad literaria, que él fue trayendo a colación, como Umbral (a quien solía llamar Pacorris), José Jimenez Lozano, Javier Marías y el entonces editor de Destino, de quien no tenía precisamente buena opinión. También le dedicó su atención a esa estrambótica y disparatada publicación llamada La Fiera Literaria, que Delibes veía con algo más de benevolencia que yo. Por mi parte, tenía la intención de explicarle cómo era la colección, qué tipo de libros hacíamos y cómo los distribuíamos. Si bien, por un lado, ponía pegas, por otro propuso que el volumen llevara algún tipo de ilustración. Se trataba, en suma, le comentaba yo, de que el libro, siendo sobrio, fuera también atractivo, que estuviera cuidado, a su gusto, desde luego, y bien distribuido. En medio de todas estas disquisiciones, me comentó que su cuento preferido era "La mortaja", y que no estaba seguro de que el libro de 1964 fuera de cuentos.
El tiempo pasaba y Pepi me hizo una seña para que diera por concluida la charla. Yo, obediente, hice un amago de despedida que él no atendió y siguió conversando; pero cuando hice el segundo intento de levantarme, interpretando la mirada de su nuera, él me espetó: ¡Pero tan pronto se va a ir usted! Con lo que todos entendimos que se encontraba cómodo y tenía ganas de charlar un rato más, por lo que proseguimos el diálogo hablando de temas diversos, no siempre literarios. Delibes me parecíó un entrañable cascarrabias, con una insaciable curiosidad; pero ni hosco ni hurraño, como él mismo se había definido. Tenía el rostro un poco embotado, me imagino que producto de la medicación que tomaba por el cáncer, de ahí que prefiriera, seguramente, que no lo vieran en público. La verdad es que le costaba hablar y oía regular, como él mismo me advirtió, y desde luego, se mostraba firme partidario de llevar la voz cantante en la conversación, algo que me pareció lógico y normal. Me comentó que ya no escribía, pero que leía todas las tardes; que no le apetecía salir, pero que cuando lo hacía, disfrutaba de ello, como más tarde me confirmó también su hijo Germán. Cuando nos despedimos, se disculpó por no poder asistir a un acto público en el que yo participaba; aunque me dijo que sus hijos irían en su lugar, como así fue.
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Miguel Delibes ha muerto a los 89 años de un cáncer que venía padeciendo desde los años noventa. Es uno de esos escritores que nos han acompañado toda la vida, con el que tanto hemos disfrutado leyendo. Pero también se trata de esos pocos autores que, sin ceder nunca en la ambición literaria, han logrado seguir haciendo lectores, contentando casi siempre a los más avezados, y ello sin excluir a quienes sólo se acercaban ocasionalmente a la lectura.
jueves, 11 de marzo de 2010
El microrrelato en Andalucía
Lo único, digamos, preocupante, es el desconocimiento que algunos de estos autores parecen tener del género, del microrrelato, pues lo confunden con el cuento e incluso con el artículo, del que sólo es un pariente, no más allegado -por cierto- que de la poesía, género con el que me parece que nadie confundiría al microrrelato. De todas formas, a los escritores no hay que juzgarlos nunca por sus reflexiones teóricas, sino por sus ficciones. No creo, por otra parte, que exista un microrrelato andaluz que se distinga del extremeño o del canario, como tampoco existe -me parece- una poesía o una novela específicamente andaluza. Pero también me consta que, tal y como están las cosas, tenemos que recurrir a estos subterfugios para que los toscos políticos que padecemos apoyen determinadas empresas, incluso las que son tan generosas como ésta. En Argentina, por ejemplo, también son muy dados a componer antologías con los autores de las distintas regiones del país. Así, existe, por ejemplo, un Panorama del microrrelato en el noroeste argentino (Universidad Nacional de Tucumán, 2004).
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miércoles, 10 de marzo de 2010
El cuento, revista de Edmundo Valadés, y 2
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La mañana fue tan larga que, en el tiempo transcurrido, murieron los treinta y dos personajes de este cuento.
Eduardo Mendoza
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"Comprensión"
En el momento de abandonarle, ella comprendía que era un buen hombre -el mejor de los hombres- que la había hecho feliz y que seguiría haciéndola feliz toda su vida. Ella comprendía que, al irse, lo mataba, y que ella misma sería desgraciada. Comprendía que le seguía queriendo como el primer día, que quizás le amaba más que entonces. Comprendía, por otra parte, que el seductor era un hombre despreciable, que no la quería ni la querría nunca, que la abandonaría en breve, dejando su vida rota. También comprendía que ella misma -la seducida- no amaba al seductor y ni siquiera se sentía verdaderamente atraída por él. ¿Por qué se iba entonces? Porque -a pesar de todo- había decidido hacerlo.
Luis Martín-Santos
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De pronto, como predestinado por una fuerza invisible, el carro respondió a otra intención, enfilado hacia imprevisible destino, sin que mis inútiles esfuerzos lograran desviar la dirección para volver al rumbo que me había propuesto.
Caminamos así, en la noche y el misterio, en el horror y la fatalidad, sin que yo pudiera hacer nada para oponerme.
El otro ser paró el motor, allí en un sitio desolado. Alguien que no estaba antes, me apuntó desde el asiento posterior con el frío implacable de un arma. Y su voz definitiva, me sentenció:
-¡Prepárate al fin de este cuento!
martes, 9 de marzo de 2010
El cuento, revista de Edmundo Valadés, 1
Javier Perucho, destacado sirenólogo y uno de los mejores conocedores de la historia del microrrelato mexicano, me ha hecho un regalo que aprecio mucho: un par de números de El cuento que llevaba el subtítulo de Revista de imaginación. Esta mítica publicación fue fundada por Horacio Quiñones y Edmundo Valadés y tuvo dos épocas. La primera, muy breve, se compone sólo de cinco números publicados en 1939. Pero la segunda época arranca en 1964, dirigida sólo por Valadés, con la ayuda financiera del editor Andrés Zaplana, y se extiende hasta 1999. A partir de 1989 se incorpora al consejo de redacción José de la Colina, quien dirigirá la revista, alternándose con Juan Antonio Ascencio, tras la muerte del fundador. En esta segunda salida apareció la sección "Caja de sorpresas", en la que se recogían lo que Valadés llamaba minificciones. Concepto que aparece, por primera vez, en el número 41, correspondiente a 1969. La sección se inuagura con "Suicidios", de Max Aub, que luego formaría parte de sus Crímenes ejemplares, arrancó la sección en 1964. Dice así:
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Y en el segundo número, de junio de 1964, se publicaron "El dinosaurio", de Augusto Monterroso, y "El sueño de Chuang-Tzu". Ambas piezas han sido un semillero de infinitos microrrelatos. También se convocó un concurso semestral del cuento brevísimo, en el que podían participar aquellos textos que tuvieran entre una línea y una cuartilla, por una sola cara a doble espacio. Pero Valadés dejó, además, unas consideraciones sobre el género: "El principio del minicuento, apunta, debe sustentarse, en una historia mínima, concentrada y compacta. Lo más importante, lo definitivo del género, es que la historia debe contener tal interés, tensión, desarrollo, manejo idiomático y desenlace, para que todo ello resulte inolvidable". Respecto al desenlace, señala que debe ser "inesperado, lleno de ingenio, cristalizado en contadas líneas, en una fórmula compacta de humorismo, ironía, sátira y sorpresa, todo simultáneo" ["Ronda por el cuento brevísimo", VV.AA, Paquete cuento. (La ficción en México), Universidad Autónoma de Tlaxcaka-INBA, México, 1990, pp. 191-198]..........
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* Edmundo Valadés (Guaymas, Sonora, México, 1915-1994) fue escritor, periodista y editor. Apoyó la difusión del cuento y del microrrelato, e impulsó la creación de talleres literarios. Su obra narrativa, cuentística, está reunida en dos volúmenes: La muerte tiene permiso (1955) y Sólo los sueños y los deseos son inmortales, palomita (1980). Pero quizás el más célebre de sus trabajos sea El libro de la imaginación (1970). También editó una antología con Los cuentos de El Cuento (1981). Pero lo que no tenemos aún, hasta donde yo sé, es una recopilación con los microrrelatos del propio Valadés. A ver quién se anima a llevarla a término.
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lunes, 8 de marzo de 2010
MIGUEL A. ZAPATA
"Sinfonía para un amor bizarro en dos movimientos"
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Ante la inminente riada que tendrá que destruir nuestra urbe, hemos alzado, en torno a los barrios más periféricos, una muralla con los bebés venidos al mundo desde que supimos las primeras noticias de la devastación que habríamos de sufrir.
Cada día, nuevas decenas de ladrillos de piel rosada elevan sus llantos y sus risas al cielo de plomo, amontonados con asimetría feudal en un serpenteo (a veces bullente, otras mudo) de manitas, brazos y pequeñas cabezas ralas.
Cada día, las madres neófitas de la ciudad se apostan frente al farallón y llenan con el tegumento de su culpa los intersticios de la muralla y del tiempo de espera, que se acorta a cada nueva explosión de llantos, sintiendo ellas en su dolor, por primera vez, la dicha de la maternidad sin artificios, sin entelequias insondables.
Cada día, madres antiguas y resecas como pellejo olvidan la naturaleza lactante de la muralla y gastan sus pupilas en admirar la incontestable belleza de la edificación, en imaginar el disfrute de las generaciones futuras con los restos, la arqueología de inocencias que perdurará precariamente tras el vómito de agua.
Y ya está aquí el castigo. Ya avanza contra el muro su hídrico Apocalipsis que (sabíamos, sabemos) nada podrá frenar. Ya nos disponemos a aceptar todas las madres, con alegría, lo que el cielo tiene dispuesto para nuestras horas, aliviadas por disfrutar al fin el sentido de nuestros heroicos intentos de resistencia.
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Todas las mujeres de la ciudad se han arrancado los ojos y nos los ofrendan, devotas, al cruzarnos con ellas en las calles, en el metro, a la entrada del cine, al llegar a casa después de un largo día de trabajo.
Nosotros, a cambio, agradecidos, hemos extraído con delicadeza de hojalatero nuestros dientes, nuestras pequeñas lápidas de esmalte desarraigadas desde la encía.
Y se los hemos ofrecido ensartados en hebras de nylon, y los hemos colgado de sus cuellos como diademas cariadas.
Y hemos descubierto desusadas formas de amor, escondidas en nosotros y nosotras como tímidos planetas apasionados, dichosas ellas por evitar la brutalidad espantosa de nuestras bocas desposeídas, excitados nosotros por embellecer sus cuellos con nuestra sonrisa ideal, nuestro sacrificio imperecedero de incisivos, colmillos, molares.
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* Miguel A. Zapata (Granada, 1974) es escritor y profesor de Geografía e Historia en la Comunidad de Madrid. Ha recibido diversos premios de narrativa breve y publicado tres libros, el primero de cuentos y los dos últimos de microrrelatos: Ternuras interrumpidas (fabulario casi naïf), Baúl de prodigios y Revelaciones y magias. Sus textos han sido incluidos en diversas antologías. También cultiva la crítica literaria en medios digitales, como Spejismos y Comentarios de Libros. Forma parte del Colegio Patafísico de Granada.
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domingo, 7 de marzo de 2010
Terremoto y tsunami en Chile, y 2, por Virginia Vidal
Día lunes 1 de marzo, a mediodía, sigo sin internet, sin teléfono, sin agua, sin luz, sin gas. La villa “Luis Bisquert” de Ñuñoa, donde vivo, no ha sufrido daños mayores, pero sobre el bloque 11-C, edificio de cinco pisos hay una inmensa copa de agua cuya vieja matriz de fierro estaba oxidada y se reventó.
Hay que desconectar por completo la red que sube el agua a la copa (gran estanque de hormigón armado) y conectar los veinticuatro departamentos a la red de agua potable. La villa se compone de seis bloques similares con idéntico problema.
Se está a la espera de lo que decida la municipalidad de Ñuñoa para iniciar el trabajo a la brevedad. Se prolonga la espera y no llegan los técnicos.
Hubo que cortar el gas, porque hay escapes en los pisos superiores. Metrogas está avisada, pero no manda a sus técnicos.
Ni agua ni electricidad regular y suficiente, ni gas ni teléfonos, ni internet.
Se decreta toque de queda desde las 21 horas hasta las 12 horas del día siguiente en la zona devastada.
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Martes, 2 de marzo
Aún no se terminan de restablecer los servicios básicos.
Once mil ochocientos cincuenta y nueve soldados del ejército y dos mil doscientos treinta de la armada ocupan la zona. Se toman drásticas medidas contra saqueadores que desmantelaron supermercados...
Ha quedado en evidencia el mito de la “cultura sísmica” de la población que no estaba preparada para afrontar la catástrofe.
Falta maquinaria pesada para remoción de escombros.
Argentina envía cuatro hospitales de campaña, tres plantas potabilizadorasde agua, 400 toneladas de arroz, aceite, fideos, leche en polvo.
Bolivia nos manda agua que tanta falta hace. Llega el canciller David Choquehuanca con ayuda.
De Brasil llega el presidente Lula con hospital de campaña y demás ayuda.
Llega brigada médica cubana: veintisiete facultativos.
De Estados Unidos llega Hillary Clinton con veinte teléfonos satelitales.
Llamo a una amiga del sector para pedirle que me permita ir a su casa a bañarme. Es tajante: no, porque ella tiene alojados a unos parientes. No comprendo en qué interferiría si me diera una ducha que no tardaría más de diez minutos…
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Falta agua sobre todo en la zona de catástrofe. Los camiones aljibes no dan abasto.
Quinto día sin agua ni electricidad regular y suficiente, ni gas ni teléfonos, ni internet. Mi único contacto con el mundo es el celular y una radio a pilas.
Vecinos me llenan un balde con la manguera con que se riegan los jardines y me lo entran. No puedo cargar ni el menor peso.
Alcanzo a calentar un hervidor eléctrico para tomar té, luego, la luz se vuelve a cortar.
No aparecen funcionarios de Metrogas ni de VTR, pese a que se habían comprometido a venir y conectar los servicios.
Queda en evidencia que constructoras y funcionarios de municipalidades no respetaron las normas antisísmicas de construcción (las primeras datan del año 1929).
Las torres y edificios nuevos que se derrumbaron no tenían ni el fierro ni el hormigón armado ni obedecían a los cálculos de resistencia de materiales.
La Cámara de la Construcción, las municipalidades y el correspondientes sector público deberá catastrar los daños, tomar las medidas correspondientes y asegurar el rigor en las futuras construcciones.
Derrumbadas setenta y cinco sedes parroquiales y setecientas capillas (construcciones muy anteriores a la promulgación de las normas antisísmicas).
Han desaparecido los antiguos y muy pintorescos pueblos rurales cercanos a Santiago construidos en adobe y tejas.
En conferencia de prensa la presidente Michelle Bachelet señala que lo más grave en esta catástrofe, las fallas esenciales, fue la caída de todos los sistemas de comunicaciones y el daño al sistema de conectividad: habiéndose dañado caminos y vías, no sólo las cercanas a la principal Ruta 5 Sur, sino las que están fuera.
Urge asegurar el sistema de comunicación según la más avanzada tecnología y mejorar la comunicación comunitaria.
Dos millones de chilenos quedaron sin techo. Urge construir viviendas. Estamos a las puertas del invierno. Nuestro pueblo damnificado necesita ropa de abrigo y frazadas.
Benito Baranda, funcionario del Hogar de Cristo, dijo que se necesita ropa, pero ropa digna en buen estado. Para vergüenza de todos, hay gente “caritativa” que ha ido a donar bikinis, trajes de baño, ropa rota y sucia, desechos, hasta disfraces…
Son las 17.42.
Por fin suena el teléfono. Me llama mi hijo mayor.
Puedo abrir mi correo-e y recibir los mensajes que me han llegado en estos días.
Agradezco las voces solidarias de Víctor Calderón, Luigi Cechietto y Walter Garib, más las de quienes me han escrito. VIRGINIA VIDAL
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viernes, 5 de marzo de 2010
Pro acercanza, 28, y El País
Señor director:
* La ilustración es de Enzo Cuchi.
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jueves, 4 de marzo de 2010
Terremoto y tsunami en Chile, 1, por Virginia Vidal
Los habitantes de Chile dormimos a las tres y treinta y cuatro de la mañana del sábado 27 de febrero cuando el feroz terremoto nos despierta.
Siento que la tierra brinca, corcovea. Un ruido como ronquido surge de lo profundo y todo lo penetra. Se mezcla con la quebrazón de cristales, loza, vidrios y los crujidos de paredes y maderas. La sonajera se funde con el ruido del terremoto.
Se abren grietas, caen cornisas.
Encogida en la más absoluta soledad, sin atreverme a salir de la cama, sin más contacto con el mundo que una radio a pilas, me voy enterando de lo sucedido.
Una zona de más de mil kilómetros de longitud, la más poblada de Chile, es asolada por un terremoto grado 8,8 escala Richter, cincuenta veces más fuerte que el de Haití.
Ni agua ni gas ni teléfono ni celular ni internet ni luz eléctrica. Con el terremoto se nos acabó la modernidad. Como si teléfonos y celulares fueran de palo.
Como el teléfono no funciona, tampoco el celular, no puedo saber de los hijos. Pese a la oscuridad, el instinto conmina a no encender velas ni por nada, porque puede ser el comienzo de un incendio.
Al tratar de entender el alcance del terremoto, los informantes no trepidan en inventar eufemismos para dar cuenta de la tragedia y ponen de moda palabrejas como “momentos complejos” y “situación complicada” donde han caído edificios y hay personas atrapadas, heridos y muertos aplastados por los escombros.
No sé si es mi corazón o el latido de la tierra ese movimiento intermitente que corresponde a réplicas intermitentes, cada cinco y diez minutos.
La armada no ha dado la señal de alarma de Tsunami, pero la ONEMI (Oficina Nacional de Emergencia) habla de fuertes marejadas y maremoto.
Se recoge el mar para embestir después arrasando playas y pueblitos costeros.
El mar entra por los ríos, sala fuentes de agua dulce.
La isla Juan Fernández, donde no hubo terremoto, es asolada por el tsunami y barrida por ola de veinticinco metros.
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La armada nacional no dio señal del tsunami. Más tarde, el almirante Edmundo González reconoció que no habían informado claramente a Michelle Bachelet, la presidente de la república.
Martina Maturana, una niña de doce años, al abrir una ventana de su casa en la isla Juan Fernández ve venir la ola y toca la campana de alarma anunciando el desencadenamiento del tsunami. Angustiada, impulsa a sus padres para que huyan.
Luego, un concejal de la misma isla Juan Fernández informa al gobierno que se ha producido el tsunami.
La costa es asolada por las inmensas olas y desaparecen pueblos completos.
El tsunami ha devastado la zona costera y sumergido sus hermosos balnearios: Pichilemu, Bucalemu, Iloca, Chanco, Constitución, Dichato, Tomé, Lirquén, Llico, Tirúa.
La ciudad costera de Constitución desapareció. Gran cantidad de muertos. Esa noche, la última de las vacaciones, la colectividad celebraba una fiesta para despedirse del verano.
Daños en muelles y sitios de atraque en los puertos.
Caletas pesqueras y pueblos desaparecidos con sus casas y hoteles.
Paralizado por graves daños el aeropuerto internacional.
La ciudad de Santiago sin metro ni movilización colectiva.
Se producen incendios. Los bomberos, que en Chile son voluntarios, se esmeran en apagarlos y, sobre todo, trabajan con esmero para sacar de las ruinas a los heridos. Ellos mismos declaran que carecen de herramientas fundamentales. Los de Concepción, piden Por favor: “quien tenga un litro de gasolina disponible lo lleve hasta ellos para hacer funcionar los motores”.
Declarada zona de catástrofe la mayor parte del territorio nacional, la más poblada, desde la quinta a la novena región. Se trata del ochenta por ciento del territorio. Vale decir, desde Valparaíso a Puerto Montt.
Carreteras en varios tramos destruidas; capas de asfalto se equilibran sobre huecos profundos. Imposible el tráfico de vehículos.
Veintinueve hospitales inhabilitados y once totalmente dañados. Se instalan cuatro hospitales de campaña en Talca, Curicó, Concepción, Chillán.
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Queda en evidencia que no se respetaron las normas que exige la construcción asísmica y se ha desplomado recién inaugurada una torre de catorce pisos y edificios de departamentos levantados no hace más de cinco años, así como recientes obras de vialidad.
Se puede deducir que nuestro patrimonio histórico colonial se ha desmoronado por completo (iglesias y construcciones en adobe).
Del Museo de Bellas Artes, demolidas sus escaleras, frontis y frisos. Más noticias de campanarios e iglesias derrumbadas.
Quinientas mil viviendas tumbadas y convertidas en escombros. Un millón quinientas mil viviendas dañadas; muchas tendrán que ser demolidas por completo porque son irreparables.
El inicio del año escolar fijado para el 3 de marzo se posterga hasta el 8, pero no se sabe si habrá de prolongarse la postergación. Muchas escuelas se derrumbaron por completo, otras están seriamente dañadas; por sobre todo, abundan los vidrios rotos.
En las poblaciones, los vecinos acuden a ver a los ancianos, a los inválidos, a las personas solas. Procuran ayudarlos llevándoles agua.
Madres desesperadas van a mercados y almacenes en busca de leche, bebidas y pañales para sus niños. Vecinos acuden con agua y se preocupan de conocer el estado de los más desvalidos.
La conducta solidaria contrasta con los saqueos de grupos del lumpen que desmantelan supermercados, farmacias y casas abandonadas. No trepidan en incendiar un supermercado.
Algunos ponen mucho énfasis en el saqueo del lumpen y en la imperiosa necesidad de defender la propiedad privada, hasta conminan a las fuerzas armadas para que actúen, pero no se dice nada de la población con recursos que vacía los estantes de los supermercados llevándose toda la mercadería posible para acapararla, al punto de no dejar ni un paquete de harina (por ejemplo, en el supermercado “Jumbo” de Macul con Grecia han vaciado los anaqueles). Ciertos comerciantes no trepidan en duplicar o triplicar el precio del kilo de pan y otros artículos de primera necesidad.
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Se habilitan albergues para los que han perdido sus casas. En la capital se ayuda a los trabajadores peruanos (son cerca de dos mil) para que dejen sus casas dañadas donde hasta ahora han vivido hacinados: la parroquia de la colectividad italiana les procura alojamiento.
Desesperación de las familias para tener noticias de sus deudos que viven en la zona más convulsionada.
La gente se apronta para dormir a la intemperie; muchos se dirigen a los cerros del lugar. En las ciudades se van a plazas y parques o a los bandejones centrales de las avenidas. Los que pueden se refugian en carpas. Otros duermen en sus vehículos.
Es grave la falla de las comunicaciones. Aún no se tiene idea cabal de la magnitud y extensión del terremoto.
En la mañana del domingo unos viandantes ven a René Cortázar, ministro de transportes y comunicaciones, ejercitándose y corriendo en el parque cercano a su casa para mantener su buen estado físico.
La mayor parte de nuestro precioso patrimonio histórico ha sido devastado. Terminó de caer al suelo lo prevaleciente de las construcciones en adobes, no van a quedar vestigios del Chile colonial. Esto me hace sufrir, soy miembro del Consejo de Monumentos Nacionales y sé cuánto esmero ha habido en preservar nuestro patrimonio (Continuará). VIRGINIA VIDAL
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* Virginia Vidal es periodista y escritora chilena.
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