En 1986 el mundo estaba inmerso en un estado anímico y social que preconizaba el lamentable periodo que ahora padecemos. Y eso que visto como están “funcionando” las cosas, lamentarse no tiene tampoco razón de ser. Al fin y al cabo, vivimos cómodamente. Pero me estoy desviando del tema; decía que en 1986, en lo musical, el panorama no podía ser más desalentador. Rick Astley, Duran Duran, Dire Straits, con su enésimo ladrillo, y más y más que, afortunadamente, mi cerebro a relegado a las cavernas del subconsciente. Y si, había buenos discos y grupos, pero reconozcámoslo, hasta los grandes presentaban signos de agotamiento y desidia musical.
En Inglaterra The Godfathers sacaban su disco: Hit By Hit y The Alarm su segunda obra: Strength. Queen estaban a punto de editar un álbum que se quedó, para mi al menos, en tierra de nadie y Aerosmith seguían perdidos entre farlopa, alcohol y días en blanco. Había, evidentemente, un poco de todo pero las buenas canciones escaseaban. Afortunadamente, en la ciudad de Kansas City, una banda llamada The Rainmakers tuvieron el acierto de componer uno de los mejores discos que se editaron aquel año. De título homónimo, la banda formada por Bob Walkenhorst a la voz y composición de unas fantásticas letras a lo largo de sus discos, Steve Phillips a la guitarra, Rich Ruth al bajo y Pat Tomek a los tambores, sacaron once canciones que me acompañaron durante todo el año 86 y parte del siguiente permitiéndome un refugio de talento y creatividad en aquellos horribles años.
Hace nada volví a los brazos de los de Kansas reescuchando el disco y confirmando, a aquel chaval de hace años, lo buen álbum que era The Rainmakers. Casi obligué a un gran amigo mío a que le echase una oreja al disco. Y éste me comentó, sorpresivamente, que le recordaba a The Godfathers. Y, la verdad, es que escuchando de nuevo a los Hacedores De Lluvia, no puedo sino reconocer que a mi amigo se le va la almendra. The Rainmakers tienen un sonido netamente americano. Potente en su ejecución musical, pero con desarrollos de lo que, años después, se terminaría llamando Americana. Rock n Roll de alto octanaje pilotado por la poderosa voz de Walkenhorst y arropado por una instrumentación sólida que se mueve cómodamente entre sonidos casi hardrockeros, “Big Fat Blonde”, canciones de tintes Pop-Rock, “Drinking On The Job”, “Government Cheese” u obras como “Downstream”, “Long Gone Long” o “Nobody Knows” herederos de la tradición norteamericana más clásica y talentosa vía Credence o Neil Young.
Se que, con tantas buenas canciones y tantos buenos grupos, hablar de un disco de 1986 puede parecer absurdo. Pero si he de ser honesto, si discos como este The Rainmakers no hubiese salido al mercado en su momento, grandes obras como las que hoy disfrutamos, tal vez, no hubieran tenido lugar. La verdad es que fue una pena que el grupo quedase reducido a banda de segunda fila y eso que contaba entre sus fans con el mismísimo Stephen King el cual incluye comentarios de dos de sus canciones en dos libros.
Así que, disfrutemos de grandes grupos y grandes discos que, desgraciadamente no tuvieron la repercusión que se merecían.
The Rainmakers - Big Fat Blonde
The Rainmakers - Rockin' At The T-Dance