Hay discos que por una u otra razón te marcan, pasan a esa categoría de “favoritos”. A este album le tengo un cariño especial, ya que este disco fue mi primera adquisición dentro de la discografía de Thin Lizzy. Antes de eso los amigos me habían grabado varios en cassette, pero fue en Black Rose en quien me gasté mis primeras pesetas para la causa irlandesa. Fue en una de las visitas a mis familiares de Barcelona, y había ahorrado dinero suficiente para gastármelo en un par de discos. Yo tenía 14 o 15 años, y saliendo a dar una vuelta por Barcelona con la familia, vi una tienda de discos, me apunté la parada de metro más cercana, y al día siguiente bajo la excusa de bajar un rato a la calle me monté en el metro, me recorrí media Barcelona bajo tierra, y localicé la tienda. Allí me hice con el Alive II de Kiss de importación, y el Black Rose en formato cassette (me había gastado casi toda la pasta en el de Kiss). Así que su adquisición la recuerdo como una bonita aventura subterranea. Ja, ja, ja,… nunca supieron donde me metí aquella mañana. Todavía conservo la cinta y aún suena bien!!!. Además es el disco con el que descubrí al gran Gary Moore, (aunque yo personalmente prefiera al binomio Robertson/Gorham). Es el disco que da nombre a un local rockero que hay aquí cerca en el que se ofrecen conciertos en directo y buena cerveza. Que cojones, es el disco cuya portada está tatuada en el brazo de Axl…. ¿que más se puede decir?
Pues eso, la gran novedad en Lizzy fue el regreso de Gary Moore (otra vez) al seno de la banda tras la marcha del problemático Brian Robertson, un poco “espeso” en aquella época (por decirlo de una manera suave). No tardaría mucho en dejarlo de nuevo, ya que Gary siempre fue un culo de mal asiento, y nunca fue un músico “oficial” sino que más bien era la relación de amor/odio con Phil Lynott la que le atraía a colaborar con él cada vez que hiciese falta. Y de dicha colaboración nació uno de los discos mas impresionantes de los setenta. Nuevos clásicos que añadir a los que la banda ya atesoraba. El comienzo con “Do Anything You Want To” es de escándalo, una de las mejores canciones de Thin Lizzy y una de sus Top 5 sin discusión. El riff principal es ejecutado por Moore y Gorham al unísono. Twin guitars en un riff principal!!! ¿Donde se había visto eso antes? Solo gente como Whisbone Ash se atrevía con algo parecido. Una melodía, estribillo, y ritmo perfectos. Una jodida maravilla de canción. Punto. Pero es que con “Waiting For An Alibi” lo vuelven a clavar. Podría decir lo mismo que antes, pero aquí, además, el bajo es igual de protagonista, ofreciendo unos punteos alucinantes. Otro clásico.
Rock & Roll irlandes y fiesta: si te mola eso, escucha y disfruta de las macarrilas “Get Out Of Here”, “Toughest Street In Town”, o “S&M”. Incluso esa oda a la adicción cortesía de Lynott (o un grito de ayuda, quien sabe) como “Got To Give it Up” (tengo que dejarlo), tiene su cosilla. Con la que nunca he podido es con la balada “Sarah” dedicada a su hija. Es igual a lo que me pasa con “Beth” de Kiss. ¿Soy el único en el planeta Tierra que piensa que “Beth” es un coñazo?. Pues eso, pero es sólo mi opinión…. Y el final, como se esperaba, a lo grande: “Roisin Dubh-Black Rose”, una batalla musical, siete minutos divididos en cuatro partes de música tradicional irlandesa tocada a todo riff, intercalando con punteos de infarto y con su punto de épica y folklore tocado por una banda de rock pura y dura. Unos Pogues hardrockizados, si se me permite la broma.
Pues nada, no creo que este humilde comentario descubra nada nuevo, nada que no sepáis, porque seguro que la mayoría de vosotros conoceréis éste disco. Y los que todavía no hayan caído en su hechizo…. pues que pongan remedio a eso de inmediato. Bendita aventura subterránea por Barcelona…..