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martes, 8 de septiembre de 2026

Pildoras: Hoy, Nada

Me gustar no hacer nada. Soy muy bueno en el tema. De hecho lo bordo. Aunque como ya sabrás eso es imposible. Porque como sujeto pensante siempre estás haciendo algo. No hay escapatoria. Piensas luego existes. Duermes, luego descansas y estás haciendo algo, de hecho una actividad muy necesaria: dormir. Tengo una capacidad asombrosa de no hacer nada. Es más, le he pillado el gusto, sobre todo si es en horario laboral. Ahí es incluso excitante. Tengo compañer@s que se ponen nerviosos ante la nada. Prefieren hacer algo. Inconcebible que diría Vizzini. La verdad es que tengo mucha paciencia. Esas declaraciones me parecen una provocación... Prefiero hacer algo. Cava hoyos y luego los tapas. Yo qué sé. Como ya sabrás todo tiene que ver con el Capitalismo y hay que hacer algo siempre, o al menos aparentarlo. Que no, leñe. Reivindico mi derecho inalienable a no hacer nada. El engaño de ser productivo a todas horas. Todo ese tiempo que trabajas gratis para las cinco empresas que encabezan la especulación bursátil del mundo sin fabricar nada. 

Según la RAE nada es la inexistencia total o carencia absoluta de todo ser, otra acepción sería Sensación de vacío o inexistencia y la situación o estado de carencia absoluta. La tradición clásica filosófica afirma que el universo está lleno de ser y que la nada absoluta es imposible... Un jardín, muy grande además. Vayamos a referencias culturales. Nada es una novela de Carmen Laforet. La tengo siempre pendiente. También es una canción de Los Deltonos. Nada no tiene buena fama porque siempre es mejor estar haciendo algo o aparentarlo, sobre todo en el trabajo. La nada absoluta toda para mi. Me veo con esta edad como mi progenitor retirado del laboro y pienso; quiero abrazar esa nada, caminar por la calle y ante la inquisitoria pregunta de qué estas haciendo ahora, responder con una amplia sonrisa: nada. En realidad algo muy valioso. Caminar. Nothing's shocking...

jueves, 3 de septiembre de 2026

For The Record

Hace veintiún años empecé a trabajar en la sección de música de unos grandes almacenes cuyo nombre no voy a escribir aquí. Ya se hablaba de la crisis en las ventas discográficas. El declive había comenzado y el enemigo estaba claro: la piratería. Sin embargo, el volumen de negocio todavía era reseñable. De hecho teniendo en cuenta que el pico de ventas de la industria discográfica fue en el 2000, aquel año 2005 todavía se vendía mucho el formato físico, concretamente el cd. Del vinilo, ni rastro. Los cds estaban presentes en la vida del personal. Los coches tenían reproductor de cd que parece un dato baladí, pero su desaparición fue la puntilla hace cuatro o cinco años. 

En cualquier caso, las ventas aunque se resentían cada año, (se pasó de las 931 millones de unidades vendidas en 2000 a 38 millones en 2021) todavía eran boyantes. Y es que, aunque no han pasado tantos años, en un par de décadas el modo de disfrutar de la música ha cambiado por completo. Lo físico, aunque vive cierto repunte está arrinconado y no deja de ser un tema de frikis o casi. El supuesto auge del vinilo tiene más de moda que de cifras que se puedan asemejar al auge del formato físico, la cierta recuperación del cd está entre algodones y lo que impera es la suscripción a una de esas plataformas. No nos engañemos. El paradigma ha cambiado por completo. 

En 2005 se vendía mucho cd de serie media y en el mercadillo con cuatro paredes donde yo trabajaba (así lo llamaba un compañero hoy ilustre creador de una exitosa saga nostálgica que menciona la EGB) también se despachaban un número considerable de novedades porque poníamos unos precios irrisorios, casi sin margen de beneficio. De modo que una novedad podía costar entre 12-14 euros mientras que en la FNAC o Power Records eran más caras. Muchos famosos que años después en las redes sociales hacían propaganda de las tiendas pequeñas compraban en el mercadillo en cuestión. Se quiénes son. Sus nombres. Donde viven. Ja ja. Pero quedaba más guay decir que comprabas en esos sitios antes mencionados que en el mercadillo con cuatro paredes.  En fin, Ley de Protección de Datos. Juas.

Soy de los que cree que todo esto tiene una influencia decisiva en la consideración que tiene la música. Más accesible que nunca, su difusión es extraordinaria y las posibilidades de conocer discografías enteras más sencilla que nunca. Sin embargo, su impacto cultural se reduce porque igual que es fácil y cómodo acceder, la forma de escucharla invita a olvidarla rápidamente. Se llevan las playlist o dejarse guiar por los algoritmos. Cada vez hay menos personas que escuchan discos enteros. Algunos aducen falta de tiempo. El gran mal de la vida moderna. El querer abarcar más de lo que se puede. En fin, estoy a años luz de esa forma de disfrutar de la música pero soy consciente de que voy con la minoría. Sigo encontrando un placer infinito en pinchar un vinilo, poner un cd o escuchar un álbum entero mientras salgo a dar una vuelta. Ayer sin ir más lejos cayeron Weapons Of Beauty de Jay Buchanan a la mañana y The Art Of Loving de Olivia Dean a la noche. Entre medias en formato físico el cd de Tuesday Night Music Club de Sheryl Crow y el Tearing At The Seams de Nathaniel Rateliff & The Night Sweats en vinilo.

Algunos estudios psicológicos sobre atención y bienestar han demostrado que las actividades que requieren atención física y mental sostenida generan mayor satisfacción que el consumo pasivo. Vivimos en una época de caos, saturados de notificaciones, pantallas y mandangas que desvían nuestra atención.... El acto de escuchar música, ya sea prestándole toda tu atención al álbum que escuchas con cascos en la plataforma de streaming en cuestión, pinchando un vinilo o poniendo un cd en el reproductor, implica la escucha activa y la recompensa sigue siendo maravillosa al menos en mi caso. Me levanto a la mañana y la música empieza a sonar. Siempre tengo en mente varios discos que van a a caer ese día. Mi ilusión lejos de disminuir aumenta exponencialmente. Yo, minoría absoluta. Ja ja.

Es complicado establecer unos criterios para determinar la relevancia cultural de un disco. Tal vez sea una cuestión que aúna cierto nivel de ventas, apoyo de la crítica y tiempo transcurrido. Esas premisas encuentran un apoyo que parece más posible con la forma en que se escuchaba la música cuando el formato físico era el rey. Pero es discutible, como todo y de hecho el menda sigue disfrutando de la música de la misma manera, dándole cancha a los discos varias veces, rascando antes de abandonarlos. Incluso leo que en Estados Unidos están en auge los clubes de escucha de discos (listening bars o vinyl clubs) que ofrecen experiencias inmersivas centradas en la alta fidelidad y la escucha atenta de álbumes completos, influenciados por la cultura japonesa de los años 20. Igual monto uno en mi pueblo. Ja, ja. Esos discos que aparecen en la foto pertenecen al periodo que va desde el 2005 (año que comencé a trabajar en la sección de música de unos grandes almacenes cuyo nombre no voy a escribir aquí) hasta el pasado año. Toma ya. Estoy preparando una exhaustiva sobre el periodo 2000-2025 que va a encabezar si o si ese disco que tu ya sabes...

And there are people still in darkness and they just can't see the light

If you don't say it's wrong, then that says it's right

We got try to feel for each other, let our brothers know that we care

Got to get the message, send it out loud and clear


jueves, 27 de agosto de 2026

Pearl Jam. No Code. 30 aniversario

Treinta años se cumplen hoy de la edición de No Code, el álbum con el que muchos seguidores se bajaron del barco de Pearl Jam. Apenas unos meses antes Screaming Trees y Soundgarden habían publicado dos excelentes trabajos, Dust y Down on the Upside con lo que se cuesta imaginar que la sentencia para el llamado grunge estuviese dictada. Pero lo cierto es que esa es la percepción mayoritaria, lo que siempre nos han vendido. Sin embargo la buena música está siempre por encima de las etiquetas y estos tres discos aguantan el paso del tiempo de forma soberbia, los sigo escuchando a menudo y sigue siendo una gozada perderse en sus múltiples matices. A la mierda las etiquetas y todo lo estrecho que conllevan.

Este álbum me lo regalo Su nada más publicarse. Lo pillo en una feria del disco aconsejada por mi amigo Rober quién le dijo que estaba seguro de que me iba a gustar mucho más que la otra opción que era el disco de un petardo con el que estaban dando la brasa a cholón en Popular 1. No hay color. Entre otras cosas, a No Code siempre se le achacó que la influencia de Neil Young había ido demasiado lejos, fagocitándose la personalidad de la banda, o que el grupo ya era comandado en plan dictadura por Eddie Vedder, que habían perdido la garra, que la madurez les había sobrevenido de repente comiéndose todo lo excitante de su propuesta. Jamás lo percibí así. Me costó poco perderme en su propuesta sonora, salpicada de jugosas novedades, que tal vez exigían un poco más de atención. Puede que fuese así, pero la recompensa era excelente.

Así que 30 años después lo pongo a todo volumen en la flamante edición en vinilo que también me regaló Su y vuelvo a volar alto con algunos de mis temas favoritos de la banda y soy consciente de que algunos de ellos son rara avis en su repertorio de directo como Sometimes, Who You Are, In My Tree, Smile, Off He Goes, Red Mosquito, Present TenseAround The Bend... La clase de canciones que me gustaría escuchar siempre que tenga oportunidad de verles en directo. De unas cuantas ya he gozado, abrieron su concierto del 22 de noviembre de 1996 en Anoeta con Sometimes y también aquel día se animaron con Who You Are y Red Mosquito. Cuatro años después en el mismo escenario se descolgaron en los bises con una excelente Smile


Un aspecto interesante de este disco del que me enteré años después es que el bajista Jeff Ament estuvo a punto de dejar la banda llegando a declarar que se incorporó a la grabación del mismo tres días después del resto porque no se había enterado de que habían comenzado a grabar. Ament se sintió desplazado y percibía que su posición en la banda perdía importancia tal vez sometida al liderazgo autoritario de Vedder. Hasta qué punto todo esto es cierto ni idea. La historia de la banda continuó y nadie abandono el barco. Lo cierto es que en este álbum la contribución compositiva de Ament fue excelente firmando Smile y Red Mosquito y su bajo se deja notar en todo el disco con momentos excelsos en Present Tense. Y por supuesto hay que resaltar su notable entendimiento con Jack Irons al que por descontado voy a dedicar unas líneas ahora mismito. 

Jack Irons se unió a Pearl Jam a finales de agosto de 1994. Su entrada en la banda se debe a su amistad con Eddie Vedder. Se conocieron cuando Irons estaba en la banda de Joe Strummer y Vedder trabajaba en la logistica del escenario. Con la banda grabaría No Code donde su contribución fue colosal dando rienda suelta a su estilo percusionista, tribal y relajado y Yield, un trabajo con grandes momentos pero más irregular. Anteriormente había destacado también en el excitante The Uplift Mofo Party Plan de Red Hot Chilli Peppers. Como ya escribí en el post dedicado a los bateras de Pearl Jam, adoro el estilo de Jack Irons, y la banda supo sacarle un jugo excepcional en No Code. En este disco todo su trabajo es excelente y sigo teniendo una especial predilección por In My Tree,  una canción maravillosa con una gran letra y con la singular y decisiva aportación de Irons


lunes, 24 de agosto de 2026

The Afghan Whigs. How Do You Burn?

Una de estas noches escucharé con todo el amor y atención del mundo el recién editado Soft Control de The Afghan Whigs. Porque siempre les tengo presentes. No viven de la nostalgia. Tienen obras pretéritas que parecen inalcanzables como Black Love pero desde que regresaron hace más de diez años han seguido salpicando este mundo con su peculiar y excitante música. Todas sus obras merecen ser escuchadas. Son como un amor de verano que se prolonga hasta el otoño y al que irremediablemente vas a ir a visitar en invierno y primavera. Eso me sucedió a mi con su anterior álbum How Do You Burn? (titulo sugerido por Mark Lanegan) editado hace cuatro años y al que siempre vuelvo. Le coloqué en mi Top Seventeen de ese año y cada vez que lo escuchó más gozosa es la experiencia. No les vi cuando lo presentaron pero si se llega a dar la ocasión y se hubiesen cascado el disco entero habría salido flotando del recinto en cuestión. 

El inicio del álbum con I'll Make You See God es bastante engañoso. Es la canción más cañera del álbum. No hubiese desentonado en un disco de Queens Of The Stone Age. Avanza como a trompicones en contraste con la delicada y espléndida The Getaway que se abre paso con un cautivador piano y la voz de Dulli en su vertiente más tranquila. Un clásico desde que la escuché por primera vez. Una canción que te va envolviendo poco a poco con la elegancia de estos chicos en lo más alto. Cuando escucho el estribillo de Catch a Colt pienso que una canción así con ese potencial comercial tiene que ser escuchada por el mayor número de personas posible. Es un placer escuchar los coros al fondo de la gran Susan Marshall cuyo curriculum de colaboraciones es espectacular.

Jyja tiene uno de los comienzos más magnéticos en la carrera de estos chicos y eso que son especialistas en eso. Vale su peso en oro el bajo tocado por el propio Dulli que marca el terreno para la suave voz de Dulli y toda la maraña de sintetizadores y arreglos de cuerda a cargo de Mathias SchneebergerRick Nelson. Un tema sensual a más no poder. A continuación viene Please, Baby, Please una mis canciones favoritas en el catálogo de The Afghan Whigs que cuenta con un Greg Dulli en estado de gracia. Adoro esa parte final en falsete y los subrayados a la guitarra de Christopher Thorn y el teclado de Rick Nelson. Fantástico el paso de la delicada pieza soul anterior a la más expansiva e igualmente irresistible A Line of Shots con una intrigante parte ruidosa final. Excelsos John Curley al bajo y Patrick Keeler a la batería. 

El piano vuelve a conducirnos de nuevo hacia otra pieza con esa veta soul que tanto ama Dulli y que siempre borda; Domino and Jimmy avanza elegante, sinuosa, se te pega a la piel y más cuando escuchas la voz de Marcy Mays en perfecto sintonía con la de Dulli. Otra canción extraordinaria que llega al extásis absoluto cuando se cruzan las voces de ambos. Take Me There te saca del ensueño de una forma rompedora con ese inicio tan, no sé, ¿industrial? De nuevo el tratamiento de las voces y los coros están ideados por Van Hunt que se luce configurando un tema muy original. De forma muy suave, con únicamente la voz y guitarra acústica de Dulli comienza Concealer a la que poco a poco se le van sumando arreglos de cuerda y sintetizadores creando otra pieza singular. El cierre con In Flames no sólo está a la altura sino que engrandece más este disco. El increscendo final es de órdago y te deja un regusto invencible. Lo escrito, voy a ver a esta banda y lo tocan entero y vuelvo a casa en cohete espacial.



viernes, 21 de agosto de 2026

Top Seventeen Bass Player

Para romper el hielo comencemos con unas cuantas chanzas sobre los bajistas, esos grandes incomprendidos sobre los que figuran chistes y desprecios por doquier. Quién no ha contado uno alguna vez. Vamos cobardes, admitirlo, las puyas siempre van dirigidas a los mismos... Que si no eran buenos con la guitarra por eso se encargaron del bajo, que si son sólo cuatro cuerdas por lo que es mucho más fácil, que no se les escucha ni falta que hace, que son los que cargan con el equipo... ¡Basta ya, fariseos! Aquí uno que les aprecia y mucho. Eternos relegados al segundo plano su labor es tan importante como la de cualquier otro instrumento aunque luzca menos. Sólo hace falta escuchar y gozarás. Por no escribir sobre su importancia capital en el estilo que más invita al baile: el Funk. Palabras mayores. Porque si no bailas estás muerto.

Esta es una lista que no tiene ningún sentido como todas las de este cochambroso blog, como el blog en sí. Lo que cuenta es mi gusto personal, única y exclusivamente. Hay nombres históricos que he dejado fuera, algunos porque apenas les he escuchado, otros por obvios... Todos están en la listas más prestigiosas, o sea lejos de aquí.  No los voy a nombrar. Los buscas en google o se lo preguntas a la IA. O mejor a un amig@. El orden es del más veterano al más jovenzuelo. Las primeras veces en las que el bajo captó mi atención fueron en el Remasters de Led Zeppelin, el Nothing's Shocking de Jane´s Addiction y por supuesto el Blood Sugar Sex Magik de Red Hot Chilli Peppers. Fueron unos inicios netamente rockeros pero en los que ya asomaba con brillo la veta funk que tanto me pirra. Ahondar años después (y seguir haciéndolo) en el legado soul me ha proporcionado una ristra inmensa de bajistas fundamentales en el sonido de la Motown, Stax o Hi Records. Locura total. 

Lo importante siempre es por encima de todo la canción, las florituras de cualquier instrumento si suman para el tema bien, de lo contrario, son eso, florituras. Hay muchas líneas de bajo en teoría sencillas que son pura ambrosía para los oídos, que navegan a favor de la canción, que contribuyen de manera definitiva al resultado final, enriqueciéndolo sobremanera. Desde Donald Duck Dunn en In The Midnight Hour de Wilson PickettCarol Kaye en These boots are made for walking de Nancy Sinatra pasando por Roger Waters en Breathe de Pink FloydBernard Edwards en Material Girl de Madonna, Dave Taylor en Heat Of The Night de Bryan AdamsEric Avery en Mountain Song de Jane´s Addiction, Kim Deal en Here comes your man de Pixies, John Baker Saunders en Wake Up de Mad Season, Van Conner en No One Knows de Screaming Trees, Jeff Ament en Present Tense de Pearl JamDavid Piltch en Sit This One Out de Solomon BurkeLes Claypool en Hoist That Rag de Tom Waits, Jennifer Condos en New York City's Killing Me de Ray LamontagneDave Roe en Still Gone de Yola, Joseph Pope III en Shoe Boot de Nathaniel Rateliff & The Night Sweats, Gianluca Buccellati en Hurt de Arlo Parks, Theo Ellis en Bread Butter Tea Sugar de Wolf Alice y llegando a Vince Chiarito que me tiene loco en I can’t never leave you de Jalen NGonda. Por supuesto citar a Rhonda Smith bajista en muchas de las giras de Prince porque en directo el locuelo no lo podía tocar todo, ja ja. 

Esta entrada está dedicada al bajista de Gruff (que por cierto tienen nuevo álbum Back To Roots) un músico con el que comparto nuestra eterna, inalienable y entusiasta pasión por la música, el cine y la literatura hasta el fin de los tiempos. Seguro que se caga en mis muelas por no haber incluido a tal o pascual. Maldecirá mi ignorancia. Tal vez no lo lea. No le pienso avisar. Ja, ja. Ahora mismo ya os estáis escuchando su nueva rodaja y estos tres temas favoritos del menda donde el bajo contribuye por todo lo alto o eso me parece a mi, ja ja. Ahí van: Rusty Train, The Holler y Velvet Skin. A gozar.

James Jamerson. Asombrosa la cantidad de temas míticos de la Motown en los que el bajo corre a cargo del amigo James Jamerson formando parte de The Funk Brothers. El sonido de la fábrica de éxitos se nutrió del poder armónico y sereno del bajo de James, capaz de aportar en todas las canciones su peculiar estilo. Fundamental. Trío de ases: Ain’t No Mountain High Enough, What's Going OnI Heard It Through the Grapevine.

Chuck Rainey. Seguimos con el soul, alimento  esencial para el alma. Otro bajista pionero y muy prolífico fue este hombre nacido en Cleveland que trabajó con Aretha Franklin, Quincy Jones, Donny Hathaway y que colaboró con Steely Dan en su exitoso Aja. Groove. Esa es la clave. Estilo contagioso, puro y absoluto. Trío de ases: I Believe In Music, Rock Steady, Come Live With Me Angel.

Larry Taylor. Bajista fundamental en la carrera de Tom Waits. Brilla con luz propia en el universo Waits asociándose a la perfección con el baterista Stephen Hodges. Estilo agresivo y trotón ideal en la época dorada del loco de Pomona. Esencia blues. Trío de ases: Union SquareJockey Full of Bourbon, Dirt In The Ground

Leroy Hodges. Mi esqueleto se pirra por el bajo de Leroy, músico fundamental en la carrera de Al Green. Es una gozada escuchar como se asocia con los bateristas Al Jackson Jr y Howard Grimes. Suavidad y elegancia a raudales. Dicen que era el bajista ideal para que el resto de músicos brillasen más, les hacía mejores. Y yo digo si. Tired Of Being Alone, Love and HappinessI Can't Stand the Rain.

John Entwistle En las antípodas de Hodges está el correoso bajo de este hombre capaz de ser hacer de su instrumento el centro de atención, la pieza clave sobre la que gravita todo. Diabólico y juguetón a más no poder. Excelencia técnica al servicio de la canción. Y momentos de absoluta pirotecnia pero integradas en el tema en cuestión. Trío de ases: My GenerationBaba O'Riley, Heaven And Hell.

Larry Graham Se dice que es creador del estilo slap en el bajo eléctrico. Ni lo se ni mi importa me basta con escucharle en el material que grabó con Sly Stone para gozar de lo lindo con un bajista imaginativo, poderoso y sutil a partes iguales. Un todo terreno. Trío de ases: Thank You (Falettinme Be Mice Elf Agin), I Want to Take You Higher, Now Do-U-Wanta Dance

Bootsy Collins Otro fenómeno de la naturaleza, impulsor del bailoteo hasta límites insospechados. Su asociación con James Brown vale su peso en oro. Escuchas su primera nota y te dice aquí estoy yo, vas a bailar hasta que te duelan huesos que ni pensabas que existían. Trío de ases: Soul Power, Up for the Down StrokeAh... The Name Is Bootsy, Baby!

Geezer Butler Músico fundamental en la historia no sólo de Black Sabbath sino de la música. La oscuridad del grupo de Birmingham le debe tanto a su perfecta asociación con Bill Ward como a los riffs de Iommi. Así de claro. Podía ser contundente, agresivo y sutil sin despeinarse. Esa afinación grave se pegaba a la guitarra de forma colosal. The Wizard, N.I.B, Solitude

Garry Tallent Tremendamente infravalorado el bueno de Garry ha desarrollado una carrera perfecta al lado de Springsteen. Me chifla su trabajo en los dos primeros discos, especialmente en The Wild, the Innocent & the E Street Shuffle. La huella soul está más presente que nunca en esa época. Blinded By The LightThe FeverKitty´s Back.

Toby Myers Igual de valiosa la contribución de Myers al sonido de la banda de Mellencamp. Otro al que le pirraba el R&B, soul y el funk y lo aplicaba con ahínco en el cancionero de John brilland también en el heartland rock y el country. Trío de ases: Paper In Fire, Void In My HeartWhen Jesus Left Birmingham

Michael Anthony Adoro a Van Halen y no concibo su sonido sin la exquisita contribución de este hombre casi siempre en segundo plano aportando certeras líneas de bajo bien pegaditas a la batería de Alex Van Halen y dejando que Eddie brillase a la guitarra. Esencial. Trío de ases: Push Comes to Shove, Running With The Devil, Everybody Wants Some

Pino Palladino Uno de los bajistas más versátiles sobre la faz de la tierra. No se le resiste ningún estilo. Tuve la fortuna de verle en directo formando parte de The Who en 2006 en su mítico concierto en Zaragoza. Un absoluto crack. Esa esbelta figura es de lo más elegante que hay. Se lo rifan.  Trío de ases: Murder, Lovely Day, Stone Me.

Davey Faragher Tal vez no tenga tanto prestigio como Palladino pero Davey es otro todoterreno con una polivalencia demoledora. Miembro fundador de Cracker, habitual de Elvis Costello, ha colaborado con John Hiatt, Joan Osborne, Allen Toussaint o Sheryl Crow. Trío de ases: This Is Cracker SoulSweet Rosalyn, Safety In Numbers.

Prince Apártense todos pero ya que viene Prince y el cabroncete tocaba el bajo tan bien como la guitarra que ya es escribir. Cuidado. Furibundo admirador de Larry Graham al que reclutó para su banda mítico es el día en el que le rindió pleitesía en el escenario (Quiero sentarme a tus pies y verte tocar. Yo no estaría en ningún lado sin él) Oh yeah... Trío de ases: Let´s Work, The Ballad of Dorothy ParkerPheromone

Flea Se cuenta que a Flea le enseño a tocar el bajo el guitarrista Hillel Slovak cuando estaban en la Secundaria. Después el angelito voló solo y de qué manera. Picoteando en el jazz, el funk e incluso el punk armó un estilo reconocible, pilar angular sobre el que descansa el mejor repertorio de RHCP. Trío de ases: BackwoodsBehin The Sun, Mellowship Slinky in B Major

Fast ¿Alguien en su sano juicio pensaba que iba a dejar fuera de mis favoritos a Brian Leiser? Por supuesto que no. Siempre que les he visto en directo he flipado con su habilidad con su instrumento pasando del punk al soul con exquisitas pinceladas hip hop. Trío de ases: Passive/Aggressive, Southside, Got Our Love

Nick Movshon El más joven de esta lista es este muchacho oriundo de New York, pieza angular en unas cuantas pistas de aquel mítico Back To Black de Amy Winehouse, colaborador de Bruno Mars y bajista en media docena de discos del gran Lee FieldsTrío de ases: You Know I'm No GoodTalk To Somebody, It Rains Love.

viernes, 14 de agosto de 2026

Pink Floyd. Dark Side Of The Moon

Entre la ingente cantidad de discos asombrosos que cumplieron cincuenta años en 2023 uno de los más destacados y seguramente el más vendido es Dark Side Of The Moon de Pink Floyd. Esta rodaja posee un récord descollante; el de permanecer en la lista del Billboard entre los doscientos más vendidos la friolera de quince años seguidos (entre 1973 que se editó y 1988). Más allá de esta apabullante cifra lo cierto es que el disco de Pink Floyd sigue siendo una creación a la que se acercan nuevos oyentes a diario. Antes de que Roger Waters se impusiese como el líder absoluto con sus siguientes discos, Animals y The Wall, en Dark Side Of The Moon destaca la labor coral de la banda con la inestimable ayuda de Alan Parsons como ingeniero de sonido y las importantísimas contribuciones de Dick Parry al saxo y los maravillosos coros de Clare Torry, Leslie Duncan, Doris Troy, Liza Strike y Barry St.John. Es de justicia resaltar su sello más que sobresaliente. El álbum no sería lo mismo sin ellos.

Cada vez que escucho Dark Side Of The Moon lo hago del tirón. Son apenas cuarenta y tres minutos y está concebido como una suite aunque esté separado en diez pistas. Por supuesto también se puedan saborear en temas sueltos. De hecho muchas personas compraron el álbum por Money un auténtico hit de la banda que abre la cara b del vinilo y que llegó al Top 15 en Estados Unidos. Me gusta disfrutar la experiencia sonora con cascos porque se aprecian más los exquisitos detalles que enriquecen todas las pistas. Detalles preciosos incrustados en canciones interpretadas por unos músicos en estado de gracia. A menudo se ha comentado que ninguno de los componentes de Pink Floyd era un portento con su instrumento pero que los cuatro juntos eran capaces de crear un universo. único. Dark Side Of The Moon está plagado de música arrebatadoramente bella, eterna.

La producción de la propia banda junto a la certera labor del ingeniero Alan Parsons consiguieron un paisaje sonoro extremadamente hipnótico y sensual que te atrapa irremediablemente. Más de cincuenta años después de su edición el álbum sigue sonando conmovedor y está conectado a la vida de una forma misteriosa y mágica. Jamás me canso de escucharlo, es con diferencia el disco de Pink Floyd que mas veces pincho porque me transmite una paz y una concordia abrumadora. Esa sensación viene de la forma en que la banda interpreta las canciones, del entendimiento total al que llegaron David Gilmour (guitarra y voz), Roger Waters (bajo y voz), Richard Wright (teclados, piano y voz) y Nick Mason (batería y efectos de sonido). Su música en muchos momentos del álbum es introspectiva a la par que expansiva. Joder, si que me está afectando el eclipse. Bueno ya estaba así antes. Juas.

Voy a echar un poco de agua fría en tanto halago. Nunca he logrado conectar con On The Run, el corte 3 que en realidad es un tema experimental plagado de efectos sonoros, que pretende hacerse eco de la vida ajetreada y del miedo atroz a perecer en un accidente aéreo. Le reconozco su mérito pero me hubiese valido con un minuto y medio o cambiarlo por otra pista más musical, más orgánica. Suena a herejía lo se. En cualquier caso pecata minuta para todo lo extraordinario que tiene el disco, ya que en esencia el álbum consigue que temas como el paso del tiempo, la locura, la incomunicación o la muerte encuentren pasajes sonoros muy cálidos y por momentos reconfortantes aunque pueda resultar paradójico.

Escuchar el álbum entero te da una perspectiva completa de lo que la banda quería transmitir pero no es incompatible con disfrutar de las pistas por separado. De hecho si hiciese mi habitual Top Seventeen de canciones al menos siete temas estarían entre los escogidos. Mi locura es total por Speak To Me/Breathe, una forma sutil y elegante de abrir un disco. Una invitación a seguir a esta banda a donde te quiera llevar. La primera un resumen de efectos sonoros de apenas un minuto que te deja caer en de Breathe con la pedal steel guitar de Gilmour abriéndose paso con una elegancia sublime y Richard Wright ofreciéndole el colchón perfecto con el piano Fender eléctrico. Por supuesto caigo total y absolutamente rendido con la interpretación vocal de David Gilmour. Adoro como canta.

Time es posiblemente mi canción favorita de su catálogo y una de mis favoritas de la historia por muchas razones. Posee una introducción sublime. Tras el estallido de los relojes, unos latidos de corazón dan paso a la perfecta sincronización entre la juguetona batería de Mason (mi interpretación favorita de su carrera en Pink Floyd) con el bajo de Waters, a los que se van sumando el órgano hammond y el piano wurlitzer de Wright  y la guitarra rítmica de Gilmour. Apoteósico. Hacia el minuto tres llega el estupendo solo de Gilmour, una obra de arte, un compendio de su característico y personal estilo a la seis cuerdas. En el apartado vocal la estrofa principal la canta Gilmour mientras que Richard Wright se hace cargo del puente. Durante años pensé que era David el que la cantaba. Sus voces armonizan de maravilla. La química vocal entre ambos es exquisita y los coros gospelianos de Leslie Duncan, Doris Troy, Liza Strike y Barry St.John realzan el tema hacia el infinito y más allá.

La transición a The Great Gig In The Sky es muy sutil, un progresivo desvanecimiento de los efectos sonoros dan paso a los acordes de piano de Wright reclamando toda tu atención. El trabajo vocal de Clare Torry es desgarrador, imponente a la par que imaginativo y sorprendente. No hay palabras solo es el sentimiento de la cantante que Alan Parsons recogió de diferentes tomas. Una selección excelsa que pone de manifiesto la importante labor de Parsons. Cuando termina este tema hay un silencio que viene perfecto para que Money sea la apertura de la cara b del vinilo. Aunque es con diferencia la canción más radiada del álbum cuenta con un portentoso solo de Gilmour y  desarrollada en su mayor parte en un en un inusual compás de 7/4. Todas las partes de guitarra son exquisitas y de nuevo la batería de Mason se muestra pletórica. Muy originales y acuciantes las partes de saxo de Dick Parry

La secuencia final que va desde Us And Them a Eclipse es tan brillante como todo lo anterior dejándote un regusto épico. Como en todo el álbum las transiciones entre pistas son exquisitas. Us And Them tiene otro comienzo tan bello como el de Time. En esta ocasión es el órgano hammond de Wright quien nos guía suavemente hacia un tenue solo de saxo tenor a cargo de Dick Parry. Esa suave cadencia del saxo te va envolviendo y la cálida interpretación vocal de Gilmour junto a las armonías de Wright cruzándose de nuevo con los coros Leslie Duncan, Doris Troy, Liza Strike y Barry St.John son sobrecogedoras. Es la canción más larga del disco y no le sobra ni un segundo. Caracterizada por unos cuantos recovecos sonoros contrapuestos pasando de la calma a las explosiones sonoras de forma sublime. Excelente letra de Roger Waters que es el encargado de toda la lírica del álbum.

Tras Us And Them unos teclados oscuros y estridentes dan paso a Any Colour You Like, un tema instrumental exquisito, otra perfecta muestra del nivel superlativo de entendimiento al que llegaron los músicos sin que la partitura sea complicada, todo lo contrario. El secreto está en la interpretación, en darse el espacio necesario para que el mismo patrón de acordes que en Breathe brille tanto ella. El tema termina casi de forma abrupta para dejarnos con Brain Damage con esas risas estridentes que se escuchan de fondo y con un Waters ofreciendo una de sus más emotivas interpretaciones vocales. Es otro tema sencillo, compuesto a la acústica por Waters quien remata la faena con Eclipse que cierra el álbum exactamente como empezó: con el latido de un corazón que se desvanece dejando una conmovedora sensación de paz.

viernes, 31 de julio de 2026

Ryan Bingham & The Texas Gentlemen. They Call Us The Lucky Ones

Siete años llevaba Ryan Bingham sin publicar un álbum. El último fue aquel estimable American Love Song que atesoraba grandes momentos. Acompañado ahora de una banda llamada The Texas Gentlemen creo que se ha superado. Es una sensación creciente que se reafirma con los tres primeros cortes del disco, diferentes entre sí, los tres espléndidos. El disco se abre con The Lucky Ones, un tema sugerente, suave que le da misterio al comienzo, ejecutado con toda la clase del mundo y enriquecido con la jugosa contribución de Daniel Creamer al piano, excelente también el prominente bajo de Scott Lee. Imposible no caer rendido a la primera y refrescante escucha de Let The Big Dog Eat, aquí reina la Pedal Steel Guitar a cargo Cody Huggins. El guante lo recoge por todo lo alto I Got A Feelin´con una rabiosa interpretación vocal de Ryan y el fundamental acompañamiento de Richard Bowden al violín. Un tema muy rockero, casi punk, que se ha convertido en uno de mis favoritos de su discografía.

Supongo que si escribo que si Twist The Knife podría encajar en cualquier de los mejores discos de Steve Earle el personal piense que estoy exagerando pero lo creo así. Es un corte acústico con protagonismo para la harmónica de Bingham que también se luce con esa voz rasgada. Hacia el final del tema se une al asunto de nuevo el piano de Daniel Creamer que vuelve aportar un toque excelente. La primera cara termina con Americana la pieza la más country hasta ahora y que parece un encantador divertimento repleto de humor sencillo y tal vez de trazo grueso pero que sin duda funciona. La influencia de Dylan, al igual que en otros cortes, es más que evidente. 

Qué mejor arranque para la cara B que Cocaine Charlie, otra pieza acústica, esta vez más sombría en la tradición del mejor Nebraska.  Aquí es fundamental estar atento a la letra pero el envoltorio sonoro no desmerece en absoluto, al principio sólo la voz de Ryan y las guitarras acústicas convenientemente apoyados hacia el final por por el bajo, órgano y violín aportando una atmósfera envolvente, singular, que te atrapa. Blues Skies es otra gema acústica que va construyéndose de forma pausada y elegante y que cuenta con los coros de Hassie Harrison y Bailey Harrison, maravillosos cantando al unísono con Ryan, que le dan cierto aire góspel. De nuevo me chiflan las pinceladas al piano de Creamer, son distintivas y definitivas. Relevance acelera el ritmo y se adivina como un tema perfecto para arrancar cualquier show. 

Si las dos últimas canciones de cualquier disco son tus favoritas estás de suerte. Me pasa justo eso con Ballad Of The Texas Gentlemen y I´m A Goin´Nowhere. En la primera de nuevo planea la sombra del mejor Steve Earle, el veterano maestro del violín Richard Bowden nos regala unos cuantos momentos sublimes y la parte del piano de Creamer me vuelve loco. Mola mucho escuchar a Ryan cantar We're gone again, runnin' down this dream, New York City was a hell of a show, Take us down to New OrleansI´m A Goin´Nowhere es el final perfecto, transmite la camaradería y el buen hacer de una banda, The Texas Gentlemen, disfrutando con Ryan y viceversa. Esos gritos vaqueros al final son el resumen perfecto. Yee-haw........


domingo, 26 de julio de 2026

Judith Hill. Bilbao Blues Fest 24/07/2026

Una de las grandes ventajas que te proporciona la tecnología hoy en día es acceder a música de forma sencilla y fácil, incluso a niveles premium si como yo tienes la suerte de que tu hermana te subvenciona la plataforma esa que no voy nombrar aquí ni por un millón de dólares. De modo que antes de acudir al concierto de Judith Hill la noche del viernes en el marco del Festival de Blues de Bilbao me sumerjo en su música y me empapo de dos de sus discos. Tanto su debut Back in Time producido por Prince como su último álbum Letters from a Black Widow  que me gustan mucho, razón por la que me decido a acudir. Soy consciente de que es probable que lo que voy a escuchar va a ser diferente a sus obras de estudio repletas de arreglos de viento y de cuerda. Mis expectativas se ven superadas con creces.

En compañía de mi amigo Rober nos situamos hacia la mitad del recinto, pero comprobado que hay mucho cotorreo avanzamos unos metros hasta un lugar en donde lo vemos y escuchamos mejor. Los primeros dos temas son dos números funkys perfectos de sonido y que visto el desarrollo del bolo y el nivel que vendrá después sirven para calentar motores. En la tercera canción hace presencia la cadencia blues y a partir de ahí el jolgorio y libre albedrío gana enteros y hay muchas canciones que se alargan con trazos incluso progresivos donde el protagonismo de Michiko Hill (órgano y piano) es más que evidente dando por momentos una masterclass. El bajo de Pee Wee Hill es contundente y en algunos instantes despampanante y la batería de John Staten también tiene lugar para su lucimiento. 

Todos comandados por Judith Hill, muy bien de voz con partes vocales tipo scat jazz que casaban a la perfección con el envoltorio sonoro, y dando también rienda suelta a su pericia con la guitarra y un par de incursiones muy molonas al piano. No controlo los títulos de las canciones pero se que sonaron fijo Cry, Cry, Cry y unas cuantas de su último álbum. Mi sensación es que la veta funk se impuso para mi alegría y alborozo. Daban ganas de perderse en un infinito bailoteo. Y esa es una de las sensaciones más guapas cuando acudes a un concierto. Seguiré la pista de esta chica. Por momentos me acordé de aquella apoteósica actuación de Sharon Jones en el Jazzaldia o del chispeante show que ofreció en este mismo recinto Fantastic Negrito hace cuatro años. 

viernes, 17 de julio de 2026

The Hanging Stars. Hollow Heart

Acaban de editar Just A Day hace unos días y en mi casa todavía ronda por el reproductor el estupendo Hollow Heart y por la innombrable plataforma On A Golden Shore que también he escuchado infinidad de veces. Antes de deshacerme en elogios con su reciente entrega es justo hacer lo propio con Hollow Heart. Descubrí este disco de casualidad al escuchar un podcast sobre los mejores discos de 2022. La canción que incluían en el mencionado espacio era Ava que abre de forma magistral el álbum. La primera banda en la que pensé fue Pink Floyd aunque luego el disco no tenga mucho que ver con Gilmour y cía. Pero esas guitarras me dejaron noqueado. Fueron la puerta de entrada a un disco especial, plagado de bellas armonías vocales que se sumergen sin rubor en una especie de country cósmico ideal para esos molones atardeceres de verano. 

El impulso inicial con Ava es descomunal por todo, el sonido de las guitarras, las armonías vocales, ese pedal steel tan bien puesto... Una maravilla. Eso es empezar a lo grande, la canción termina por todo lo alto y se va a los cinco minutos de forma mágica. Black Light Night es otra canción redonda servida sobre unos elegantes teclados y con las guitarras de Richard Olson y Patrick Ralla perfectamente conjuntadas. Absolutamente prendado con Weep & Whisper, adorable ese piano inicial conjuntado con la pedal steel (Joe Harvey-Whyte). Country cósmico campando a sus anchas con toda la elegancia del mundo. Radio On es la típica canción que de pinchar en cualquiera de las tiendas de discos en las que he trabajado recibiría si o si al minuto de sonar, la indefectible pregunta de, perdona que es lo que está sonando. Un single matador. Pero es que pienso exactamente lo mismo de The Ballad Of Whatever May Be...


Hollow Eyes, Hollow Heart marca cierto viraje sonoro, más psicodélico, igualmente inspirado. Un comienzo evocador, pausado que da un giro al llegar casi a los dos minutos para coger un vuelo encantador. No entra a la primera pero la recompensa es de órdago. Recuerdo que cuando escuche la primera vez You´re So Free pensé en Band Of Horses, excelente referencia la que no hago ascos en absoluto. Todas las canciones están a un nivel muy alto y otro ejemplo de claro single que triunfaría en otra época es I Don´t Wan To Feel So Bad Anymore con la guitarra de doce cuerdas reinando a todo trapo sobre órganos juguetones. El cierre con Red Autumn Leaf es perfecto. Juega con los sonidos como la inicial Ava, se va perdiendo en envolventes círculos sonoros. Qué ganas de verles en un Antzoki. Tuve la fortuna de presenciar su descarga en el DalecandELA Fest pero es que ahora mismo son una de mis bandas favoritas, sus últimas cuatro rodajas son impolutas.

jueves, 25 de junio de 2026

Screaming Trees. Traveler

Tal día como hoy hace treinta años se publicaba Dust de Screaming Trees. Se suponía que con este álbum podían superar las ventas de Sweet Oblivion y pasar a otro nivel pero nada de eso sucedió. Ni siquiera las colaboraciones de  Benmont Tench, la excelente mezcla de Andy Wallace o el perfecto trabajo de George Drakoulias a la producción lograron que el disco despegase comercialmente. Poco importa. Con los años alcanzó el status de culto y para muchos fans de la banda es su mejor disco. En mi caso amo por igual Sweet Oblivion y Dust. Dos joyas imperecederas de aquello que se llamó grunge.  Chorradas. Dos discazos eternos. 

Afortunadamente el álbum se reeditó en 2017 por el sello británico HNE Recordings (parte de Cherry Red Records), incluyendo un segundo disco con rarezas, caras B y temas en vivo. Si no lo tienes ya estás zumbando a toda leche a por el. Porque las canciones inéditas o caras b de ese segundo disco son tan buenas como las diez que vienen en el original y no estoy exagerando. Y aquí estoy otro año con la misma turra, recordando que el día de mi cumpleaños se publicó uno de los discos de mi vida y que cuatro años después de su edición justo el día que cumplía veintiséis años ofrecieron su último concierto ante veinte mil personas en el en el Seattle Memorial Stadium. Que no te digo que me lo mejores, iguálamelo. 

domingo, 21 de junio de 2026

Get up and dance to the music

A todas horas y en todas partes en mi hogar. No hay día sin música. Como cada 21 de junio desde hace no tanto se celebra en toda Europa el Día de la Música. El invento surgió primero en Francia y luego se expandió por todo el continente. Qué mejor ocasión que con el solsticio de verano. El objetivo es promover la diversidad musical. Me imagino que habrá programadas actividades por las calles de, espero todas las ciudades en mi hogar fijo que va a haber. Eso no falla. Viene de todas las habitaciones y lo mejor es cuando nos ponemos de acuerdo y nos reunimos en la sala para disfrutar de tal o cual canción, emocionados, transmitiéndonos el entusiasmo mutuamente. 

Vivimos tiempos confusos y la música puede ayudar como siempre lo ha hecho. Se siguen publicando excelentes discos que caen a menudo en el olvido en estos tiempos de consumo rápido y voraz. Pero aquí hay uno que le presta toda su atención. Tengo esa plataforma cuyo nombre no voy a mencionar ni por un millón de dólares repleta de jugosas novedades discográficas. Ya tengo más de una decena de discos con los  que estoy entusiasmado publicados en estos seis primeros meses del año.  Y he escuchado más de cincuenta. Sólo hay que buscar y prestar atención. Y encuentras, ya te digo que encuentras. A cholón. Premio gordo para el que adivine de qué canción es el siguiente extracto. Y no os olvidéis de las mallas, purpuras a ser posible. 

If music got to free your mind

Just let it go cause you never know, you never know

If your rhythm ever falls out of time

You can bring it to me and I will make it alright

And if your soul is let go

Oh you never know, no you never know

And if your heart is beating free

For the very first time it'll be alright











sábado, 13 de junio de 2026

Social Distortion. Born To Kill

En cuarenta y tres años de trayectoria Social Distortion han publicado la friolera de ocho discos de estudio. Están lejos de ser prolíficos. A años luz. El anterior álbum al recién editado Born To Kill databa de 2011. Nada más y nada menos que tres lustros entre un disco y otro. Casi, casi tanto como una banda muy popular de la que Ness se solía burlar siempre que tenía ocasión. Ja, ja. Hace poco he leído en una entrevista a Mike Ness que siente que va a haber más discos en de Social Distortion en breve. Por supuesto no le creo. Ja ja. En fin, se lo perdono todo. Absolutamente todo. Me voy a ahorrar las chungadas tipo vuelta a los orígenes, regreso digno y demás patochadas. Estoy in love con el álbum. Un chute de energía compuesto por once excelentes canciones. Incluso la versión de la archiconocida Wicked Game de Chris Isaak encaja aquí.

El primer adelanto del álbum fue la canción que le da título para que la que se curraron un efectivo vídeo. Baza perfectamente jugada para ganarse a los seguidores de toda la vida. Aunque no suelo escuchar los singles de adelanto de los artistas que más me gustan, y Social Distortion están entre los elegidos, Unax me la puso en cuanto salió. Me gustó, me pareció un buen gancho pero lo mejor estaba por llegar. Las primeras escuchas fueron satisfactorias. Esa sensación de que lo han vuelto hacer pulsando las teclas de siempre. Las siguientes añadieron matices más que interesantes que elevan al disco a la categoría de clásico en la exigua discografía de esta banda de Orange County. 


Como suelo hacer casi siempre con los discos que tengo unas ganas locas de escuchar lo he ido dosificando y combinando con algunas otras de mis obsesiones. La más reciente Prince. Así que cuando se editó Born To Kill me pilló en pleno baile con mis mallas púrpuras. Pero amigos el punk rock siempre ha sido fundamental en mi dieta y nadie mejor que Social Distortion para alegrarme la vida con unas cuantas canciones de altos vuelos. Porque al single mencionado le sigue como un cohete No Way Out que me entró divinamente a la primera. Una sencilla letra que toca mi fibra. Musicalmente es una delicia plagada de guitarras crujientes por las que serpentea la voz de Ness que como siempre llega a lo justo pero con un irresistible encanto. 

Como les sucede a casi todas las canciones de este álbum pon The Way Things Were en cualquier disco clásico de SD y no desentonará en absoluto. Deviene en clásico. Otra letra emotiva a más no poder en la que Ness nos habla del pasado con cariño pero mirando adelante, sin idealizarlo, tan de moda hoy en día. Musicalmente es un medio tiempo enriquecido hacia el final con el piano de Benmon Tench. A la primera escucha de Tonight tuve la certeza de que esa canción parecía provenir de las sesiones de Sex, Love and Rock. Encajaría perfectamente en ese álbum. Me gusta el tono romántico que tiene la canción y me chifla la forma de acabar con las guitarras de Ness Wickersham entendiéndose a la perfección. Nada más terminar esta canción entra con fuerza Parnets In Crime, segundo single de rompe y rasga. Aquí me recuerdan, coincido con mi primo Oscar, a mis adorados The Hangmen. Contundencia bien canalizada y provista de un inequívoco gusto por la melodía. Me chifla el trabajo de la sección rítmica compuesta por Brent Harding y David Hidalgo Jr. 

Crazy Dreamer es una elegante y cautivadora pieza que podría encajar en el americana con el sello personal de Ness que se acompaña de una excelsa Lucinda Williams cuya parte vocal le da el toque definitivo al tema. La mezcla de las voces de Ness y Williams está mas que lograda. Parecen dos colegas contándose batallitas de mucho calado.  De nuevo el piano de Tench aporta de lo lindo, pocas notas perfectas para la canción. Sé que la inclusión de Wicked Game ha suscitado no pocas reticencias. Pero no tengo ninguna pega con la interpretación, para mi maravillosa de Ness. De hecho creo que, sin variar excesivamente la canción, consiguen llevársela a su terreno. Sin grandes aspavientos, con una sencilla y emotiva interpretación.

Ojo que de aquí al final el asunto no deja de crecer. Hasta en la secuenciación de los temas han acertado de pleno. Atención a Walk Away (Don´t Look Back). De nuevo pienso en The Hangmen. Podrían cantarla Bryan Smell y Ness al unísono. Otra canción con un peso narrativo que indaga en las temáticas habituales de Ness: es necesario mirar hacia delante y cortar con las relaciones tóxicas. Me vengo arriba y pienso que lo mejor esta por llegar. A ver si va a ser verdad y Ness se pone a componer como un loco y en menos de un año tenemos otro disco de Social Distortion. Pero no corramos tanto. Sumerjámonos en las procelosas aguas de la inspiración porque Never Going Back Again es una auténtica bomba punk rock con cierta presencia blues. Solida como una roca se te clava sin remisión. Bajan los decibelios, que no la inspiración, con Don´t Keep Me Hanging On tonada que me hace pensar en el gran Jesse Malin y en esa facilidad para tener el empuje punk pero sustentado en grandes melodías y en cierta fragilidad a la hora de interpretar. Otra de mis favoritas. Muy buena despedida con Over You provista de unos coros la mar de molones a cargo de Harding y Wickersham. Ojalá no tarden otros quince años en editar otro disco.