Y con esta acabo la segunda de las novelas que tenía en casa pendientes de lectura, siendo la tercera novela que leo de este autor. Como la anterior novela forma parte de la seria del comisario Kostas Jaritos (y me temo que esta es anterior a Con el agua al cuello). La verdad es que Jaritos es un buen personaje literario y no queda más remedio que empatizar con su cotidiano combate para circular, en su viejo Mirafiori, por las atestadas calles de Atenas (es un auténtico placer leer los nombres de las calles con las que puedes recorrer la mitología y la Grecia clásica, entre otras posibilidades).
En este caso, Jaritos se recupera de las graves heridas por disparos sufridas y está más que harto de los cuidados controladores de Adrianí (lo cierto es que su mujer no sale muy bien parada, peor en esta que en Con el agua al cuello). Por ese motivo, el comisario enseguida que puede decide volver a trabajar para evitar que le quiten el puesto de trabajo que ha ocupado un sustituto.
El suicidio en un programa de TV del constructor Iásonas Favieros le da la oportunidad de volver a investigar extraoficialmente un suceso tan extraño. Dos suicidios más complicaran el caso que nos mantiene en vilo a lo largo de toda la novela.
Como en el caso de las otras novelas hay un trasfondo histórico muy interesante que, al final, será decisivo para resolver el caso. Por un lado, la trama transcurre en la Grecia preolímpica (las últimas Olimpiadas en este país se celebraron en 2004) en la que se produjeron grandes negocios relacionados con dicha celebración deportiva. Por otro lado, se recuerda un pasado difícil de olvidar que es la etapa de la Dictadura de los coroneles (1967-1974) en la que gobernaron militares de extrema derecha.
Todos estos componentes muy bien combinados convierten estas novelas en una lectura interesante, entretenida y que te mantiene pegada a la trama que construye con habilidad Márkaris.