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viernes, 17 de marzo de 2017

LAURIE COLWIN, Felicidad familiar

Esta novela parece el negativo (o el positivo) de Preparación para la próxima vida, la última reseña. Busqué algo más relajado (menos exigente) tras la novela de Atticus Lish y me he encontrado con otra Nueva York, la de las clases acomodadas, la gente de orden, una familia judía (sin judaísmo) tipo clan, tipo bunker rígido con todos los papeles estereotipados repartidos previsiblemente.




¿De qué felicidad habla Colwin? [Aviso que hablaré de la trama de la novela]

Un espacio familiar elitista en el que no entra el mundo exterior, hasta tal punto que no sabemos en qué época nos encontramos, igual podían ser los años cincuenta que los ochenta en que fue publicada. Se trata de una familia de clase alta en que hombres y mujeres trabajan aunque los trabajos importantes son los de ellos (la mayoría abogados), la protagonista trabaja a tiempo parcial y nadie, ni ella misma, da mucha relevancia a su trabajo.
Polly ha sido educada para su papel de esposa perfecta y ella cree en ese estereotipo del “Ángel del Hogar” decimonónico, es tierna, sacrificada, atenta a todo el entorno familiar (especialmente a su hija e hijo y a su marido) y sumisa.
Polly sabía escuchar. Tenía talento para estimular al tímido y aplacar al arrogante y al hostil. Además, le encantaba preparar postres para chuparse los dedos. Nunca había dado a nadie el menor motivo para recelar. Su familia la adoraba, pero nadie se creía obligado a prestar mucha atención a una persona tan tenaz, recta, jovial y amable como ella (17).
Brilla como organizadora de cenas, cocina de forma excelente, es culta para animar las conversaciones, etc. Pero  nadie valora sus aptitudes porque se consideran “naturales”, por ello Polly no se siente amada, ni atendida y se encuentra de pronto enamorada de un pintor solitario que la complace (el sexo no aparece sino veladamente en la novela). Su amante, Lincoln, trata de convencerle de que su amor tiene espacio en su ordenada vida:
No es una aventura amorosa. Es una amistad romántica de nivel superior y no al margen de la ley moral (209).
Y la felicidad familiar salta por los aires ¿O no?

Polly parece que rompe con su modélica familia, entra en crisis, llora, se desespera… ¿no estamos ante una Madame Bovary del siglo XX? El adulterio la tortura pero el orden no se rompe, Polly es una rebelde sin rebeldía: contesta a su despótica madre, pone en orden a su marido, construye una amistad femenina, crítica al estirado de su hermano y su cuñada y poca cosa más.
Pero como estamos en el siglo XX (me refiero al año de publicación de la novela, 1982), no hay tragedia, Polly no muere como la Emma de Flaubert y encuentra la clave al hacer compatible su amor doméstico y su amor adúltero.

¿Una mala novela?

No, está bastante bien escrita y los personajes, especialmente Polly, están bien construidos, son entrañables aunque un tanto anticuados. Es una novela previsible, relajada, sin exigencias pero con una cierta elegancia estilística.

¿Literatura doméstica? Puede ser…