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domingo, 28 de abril de 2024

Juan Rulfo, El Llano en llamas



Este primer libro de Rulfo está compuesto por diecisiete cuentos, El Llano en llamas, que da título al conjunto, es uno de ellos. Fue publicado en 1953. 

Todos los cuentos, y su posterior novela Pedro Páramo, tienen algo en común: se desarrollan en la zona rural de México y nos presentan un país pobre y miserable, injusto con las más pobres que a duras penas sobreviven, transmitiendo una sensación de desolación y desesperanza en que algo pueda cambiar. 

Es una sociedad violenta en la que las mujeres suelen ser personajes secundarios pero que son maltratadas y consideradas como mulas de trabajo y reproductoras; por supuesto siempre está la posibilidad de la prostitución. Priman las conductas amorales: asesinatos por una cuestión de lindes, venganzas entre vecinos, incestos, abusos de todo tipo. El odio es feroz comparable al sol que calcina la tierra. Muchas de estas penurias las relatan los propios personajes a través del monólogo interior.

El Llano en llamas es una meditación sobre la muerte y no incurre en el desprecio por la vida. Los desheredados desean quemar haciendas y ahorcar a latifundistas y capataces. A pesar de su crudeza, El Llano no es simple desolación, no es un simple paisaje de México, es una poderosa metáfora sobre los abismos de la condición humana.

sábado, 1 de febrero de 2014

JUAN RULFO, Pedro Páramo

Diría que se trata de una relectura pero no recordaba apenas nada de la obra puesto que la leí muy joven y no sé si me caló su lectura. Leyendo una referencia a esta obra en el blog de Aristos Veyrud decidí volverla a leer y esta segunda lectura la he podido disfrutar con la distancia que ponen los años. En el texto de Aristos hice una referencia a Richard Feynman que dice que hace falta un esfuerzo mayor de la imaginación para comprender lo que existe que para comprender lo que no existe. Desde este punto de vista tiene lógica que, entender la realidad de México, que emerge en la novela por sus muchos poros, sea más difícil que comprender los fantasmas que hablan en Pedro Páramo.



La novela tiene 122 pág y el título recoge al auténtico protagonista de esta novela, Juan Rulfo, al que su hijo,  Juan Preciado, va a buscar a un pueblo fantasma, con un sin fin de personajes misteriosos.

Juan Rulfo nació en Jalisco en 1917 y murió en 1986, la reputación de Rulfo se asienta en dos pequeños libros: El Llano en llamas, diecisiete pequeños relatos, publicado en 1953, y la novela que comento publicada en 1955. En el año 1983 se le concedió el premio Príncipe de Asturias. Falleció en México D.F. en 1986. La familia del novelista cambiaba con frecuencia de residencia debido a la época violenta y revolucionaria que les tocó vivir. Su padre fue asesinado en 1923, así como numerosos miembros de su familia. Su propia escolarización se vio interrumpida en su inicio por la “guerra cristera” y acabó yendo a una escuela de religiosas josefinas. En 1927 fue internado en un orfelinato en Guadalajara al morir su madre. De todo esto se deduce que la infancia de J. Rulfo fue muy atormentada y algo de esto se percibe en esta novela.



La novela es breve y es un continuo, sin capítulos, separada por espacios, pequeños descansos, que sirven a veces para pasar de un personaje a otro o de una época a otra.

La obra tiene una estructura discontinua, empieza cuando Juan Preciado, el hijo de Juan Páramo, llega a Comala buscándolo. Parece que el tiempo no avanza y se produce la impresión de un discurrir inmóvil o reversible que acentúa la sensación de pisar un escenario (el atmosférico es siempre seco o con lluvias repentinas) que solo está poblado de muertos.

Era ese tiempo de la canícula, cuando el aire de agosto sopla caliente, envenenado por el olor podrido de las saponarias (p. 17).

Coincide que he acabado de leer a la vez esta obra y la Odisea de Homero y me encuentro con que Luís Izquierdo, que hace el prólogo de Juan Páramo, señala que existe un paralelismo (que también señaló Carlos Fuentes, en Valiente mundo nuevo) entre ambas obras. El motivo fundamental de las dos novelas es el viaje que curte al héroe y plantea la búsqueda del hijo: Juan Preciado, el hijo de Pedro Páramo al igual que Telémaco, busca a Ulises. Juan Preciado asume el mito de Orfeo: va a contar y va a cantar mientras desciende al infierno (permitiéndose breves gotas de ironía), pero a condición de no mirar hacia atrás. Lo guía su madre, Doloritas.

Aquello [Comala] está sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del infierno. Con decirle que muchos de los que allí se mueren, al llegar al infierno regresan por su cobija (p. 19).

De todas formas este trasfondo de precedentes clásicos es solo un recurso. En Juan Páramo hay un acercamiento a la realidad de México desde lo fantástico que permite conocer, con mayor profundidad que si se quedara en la dimensión real, la dimensión colectiva de una comunidad. La denuncia de la injusticia, el fanatismo de las supersticiones, el espectáculo de la miseria humana a través del egoísmo del cacique que impone sin contemplaciones su poder a través de la fuerza, la dura condición de las mujeres y los abusos a que son sometidas, la inconsistencia de la revolución, etc. Nada que no siga sucediendo en México ahora mismo.

Su prosa depurada, parca, sencilla aparentemente, y la inmediatez de su discurso permiten al autor eliminar recursos literarios y hacer una especie de atestado palpitante e impasible de unos hechos que ni siquiera pasan, porque ya eran pasado.

Entonces oyó el llanto. Eso lo despertó: un llanto suave, delgado, que quizá por delgado pudo traspasar la maraña del sueño, llegando hasta el lugar donde anidan los sobresaltos (p. 35).

Una obra única y excepcional que merece una lectura, o dos, atentas.