La madurez se compone de una actitud previsora y prudente y de una memoria filosófica gracias a las cuales nos movemos con un paso más lento y seguro.
Como bien recoge el título, la autora nos explica las muchas posibilidades para perderse con arte (me he permitido darle la vuelta a la formulación del título). La propuesta de caminar, vagar, deambular, transitar, por diversos espacios, implica asumir lo que podamos encontrar.
Todas las historias sobre el «arte de perderse» tienen una base autobiográfica y nos adentra en episodios muy diferentes: igual escribe sobre animales y sus peripecias (incluido el peligro de extinción), que desmonta la épica de los buscadores de oro y sus consecuencias para el medio ambiente, que se recrea con el paisaje del desierto o con el uso del color azul en el Renacimiento.
(…) si pierdes el pasado pierdes la sensación de la pérdida, lo que supone perder el recuerdo de una riqueza desaparecida y de una serie de pistas que te guían por el presente; (…)
A través de esos múltiples temas y otros muchos, la autora nos habla también del amor, del viaje, de la pérdida, de las incertidumbres actuales, etc. Su lenguaje poético resulta, además, muy atractivo y estimulante.