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viernes, 9 de septiembre de 2016

GIOCONDA BELLI, El país bajo mi piel. Memorias de amor y de guerra

Este libro me lo regaló una persona que cuando se produjo la revolución en Nicaragua (1979) decidió pedir permiso en el trabajo y marchar tres meses a trabajar solidariamente para impulsar la revolución. Luego vino la decepción pero nunca olvidó aquellos meses de entusiasmo en los que parecía posible una revolución diferente. Una utopía… 

Me lo regaló hace tres años y no me animaba a leerlo. ¿Por qué? Le tenía un poco de aprensión, no me apetecía un libro propagandístico de la revolución ni tampoco un libro que me produjera pena por el relato de un fracaso. Pero al final me decidí a leerlo con los calores del verano. 



¿Es un libro propagandístico? 

No, no lo es. Es cierto que Belli da una imagen positiva del sandinismo en los años en que decidió ingresar en este movimiento al inicio de la década de 1970. Ella pertenecía a la clase media-alta de Nicaragua y por ello era una sandinista atípica, por ser mujer también formaba parte de una minoría aunque hubo algunas mujeres que incluso estuvieron al frente de unidades militares, como Dora María Téllez. 

Belli no esconde la improvisación, los enfrentamientos internos (poco antes del triunfo de la revolución el sandinismo se dividió en tres corrientes enfrentadas que a duras penas mantuvieron la unidad), el machismo de algunos sandinistas o su autoritarismo. Mucho menos esconde sus críticas, una vez el Frente Sandinista está en el poder, especialmente dirigidas a Daniel Ortega y su hermano Humberto. 

Pese a este lado negativo, Belli es capaz de hacernos sentir la ilusión de un movimiento (el sandinismo no era un partido) que con muy pocos medios creció y canalizó el descontento contra el somozismo, una dictadura durísima que se alargó durante más de cuarenta años. 

¿Es un libro que deja tristeza en quien lo lee? 

No del todo. Sí que deja tristeza leer cómo tantas ilusiones, tantas muertes, tantos esfuerzos y tantos apoyos internacionales solidarios acabaron naufragando. Una de las causas que provocó el naufragio fue la guerra que instigó EUA a través de su apoyo a la “contra” bajo el gobierno de Reagan. Todas las revoluciones han contado siempre con una oposición poderosa y, habitualmente, con una situación de guerra que entorpece y envilece dichas revoluciones. 

Pero la responsabilidad del fracaso también suele tener motivaciones internas, en especial lo refractarias que son las fuerzas revolucionarias a respetar la libertad y a aceptar la crítica, creyéndose en posesión de la verdad y justificando los medios por el fin. 
Ejercer la crítica se volvía cada vez más difícil (…). Si la crítica era muy dura, se corría el riesgo de ser acusado de hacerle el juego a la contra-revolución, o se le tachaba a uno de conflictivo, o peor aún, de querer crear fisuras dentro del sandinismo, de atentar contra la unidad (386). 
La revolución suele ser un sinfín de miserias, escasez, guerra y muerte, inducidas por sus enemigos que acaba pervirtiendo la ilusión y la alegría con que se suelen iniciar esos procesos de cambio radical. Belli logra en su libro mostrarnos los mil y un hechos y sucesos que van entorpeciendo y transformando los objetivos iniciales. 

¿Solo es un libro sobre la revolución sandinista? 

No. Tan interesante como el proceso de la revolución es el proceso personal de Gioconda Belli, de ahí el bello título de El país bajo mi piel, que aclara en el subtítulo. Belli empieza su andadura como adulta (matrimonio, maternidad, militancia política) muy joven, siendo veinteañera. Este libro es una narración de su manera de sentir, de experimentar, de encontrar la literatura, el amor, el desamor, la amistad… Además tuvo que exiliarse y construir una vida provisional en Costa Rica con todo lo que eso le suponía personalmente. 

El amor ocupa un espacio fundamental en el libro, las relaciones que establece con los hombres de los que se enamora, las crisis personales que sufrió y cómo maduró en su forma de amar. 
A las mujeres nos educan desde niñas para complacer. Nos entrenan para ser camaleones de nuestros hombres, adaptarnos a ellos. Si no nos detenemos a tiempo nos despersonalizamos. Reconocer esto me costó mucho dolor y no quería repetirlo (280). 
Esta parte más personal, perfectamente imbricada con la política resulta muy interesante y nos permite conocer a una mujer valiente que arriesgó mucho para vivir de forma auténtica. Se equivocó también mucho, no lo oculta. Un ser humano realmente atractivo por su manera de enfrentar la vida. 

Un párrafo a destacar 

Igual que la vida surgió de acomodos y reacomodos, la organización social que nos lleve a la plena realización de nuestro potencial como especie, surgirá de flujos y reflujos en las luchas y esfuerzos que hacemos, como conjunto, en las diversas regiones del planeta. (…) si las victorias pueden ser un espejismo, también pueden serlo las derrotas (413). 

Un libro interesante