Polarización, discursos ilógicos y amor (II)

Son curiosos esos momentos que se producen a veces en la vida en lugares donde nunca lo esperarías, como un congreso de comunicación. Después de dos ponencias dedicadas a debatir entre qué es mejor, si llamar imbéciles a “terraplanistas”, “antivacunas” y a la “la extrema derecha” o decirles que están equivocados “con amor”, de repente se crea un clima en la sala diferente y en el turno de preguntas alguien alza la voz, y después otra persona, y otra. Y frente a las etiquetas, las caricaturas y el divide et impera se abre una grieta y surge un hilo invisible que comienza a conectarnos. Si alguien tuviera unas gafas telepáticas podría verlo entre las butacas. Cuando acaba la charla, nos buscamos con la mirada, queremos saludarnos y conocernos. No sabemos cómo pero acabamos un grupo de cinco o seis personas tomando un café. Seguramente somos muy diferentes y no nos conocemos de nada. Sin embargo, ya estamos charlando y buscando puntos de encuentro. Hablamos del concepto amigo-enemigo, de experiencias de enfrentamiento social en otros momentos de la historia de España, nos contamos la vida en un descanso del congreso. Es posible que no nos volvamos a ver en toda nuestra vida, pero en ese breve espacio de tiempo ha existido una comunicación genuina entre seres humanos, con escucha, con silencios, desde la risa y la complicidad.

En el anterior artículo hemos hablado de polarización y discursos ilógicos. Pero, ¿qué pasa con el amor? Yo puedo decir que llueve, usted que hace sol, pero la realidad de ahí fuera es la que siempre gana y es independiente de lo que digamos usted y yo en el ámbito de lo “decible”. Usted puede cancelar a un ponente o a un personaje público, pero no puede boicotear a la realidad; la realidad siempre gana. Recuerdo un bolso que tenía un amigo que ponía “el amor siempre gana”. Pero no; el amor puede o no ganar, la realidad material siempre lo hace. Y si el amor se hace real, desde luego puede ganar e imponer su lógica. Un pseudoamor (hoy en día a cualquier cosa le llaman amor) tiene pocas posibilidades…

Es desde lo real y hacia lo real donde podemos encontrarnos y romper las barreras. En las ideologías siempre vamos a estar divididos por trincheras. La realidad, por otra parte, podría unirnos si la aceptamos para construir consensos de mínimos. Es por eso que jamás veré al ponente de FACUA como un enemigo, a pesar de que me sentí insultada por su discurso. No porque yo esté dentro de las etiquetitas de patio de colegio a las que él se refiere o porque me autoperciba así, sino porque sé que, si seguimos hablando, es posible que me incluyera en alguna de ellas. Habría una lucha dialéctica de significados y significantes y jamás llegaríamos a entendernos. De hecho, la etiqueta de “extrema derecha” es tan amplia que ya incluye a comunistas y feministas de la vieja escuela o cualquiera que no sea postmoderno o relativista. Es un saco vacío en el que cabe todo lo que no le gusta al que pronuncia las palabras mágicas del hechizo, un sortilegio que pretende provocar miedo, vergüenza y culpa en el contrincante. Pero, de nuevo, ya no cuela.

Sin embargo, hay un punto de encuentro. Yo sé que FACUA se quejó cuando Sevici, el servicio de alquiler de bicicletas de Sevilla, empezó a funcionar con una aplicación que excluía a las personas que no tienen eso que llaman “teléfono inteligente”. Yo soy una de esas personas que uso en mi vida cotidiana un teléfono de llamadas por elección, no porque no sepa usar un móvil con internet. Y, de hecho, pensé usar ese servicio esos días en Sevilla. Sin embargo, cuál fue mi sorpresa al darme cuenta de que para alquilar una bici tenía que tener un móvil moderno. ¿Qué clase de servicio público es ese que excluye a las personas que no queremos vivir pendientes de una pantalla? Así que, desde aquí, agradezco a FACUA que al menos alzara la voz por nosotros. ¿Ven ustedes como, entre las guerras de palabras, puede haber puntos de encuentro transversales?

Si hablamos de Amor en un sentido amplio, y dentro del contexto del congreso COMRED, habría que hablar de la mesa redonda del día 20 en la que participaba Andrés Marcio y Leire Navaridas (AMASUVE). Andrés me emocionó muchísimo y me transmitió esa alegría y energía de vivir que tiene dentro. Tiene una enfermedad rara con una esperanza de vida corta y, sin embargo, ha logrado superar esa edad que dictaban los manuales expertos y la experiencia de otros casos. Todo esto demuestra que nuestra existencia (la de todos y cada uno de nosotros) tiene un sentido en el devenir de la vida en este planeta. El instinto de supervivencia y la procreación son las bases que guían la vida, en toda su evolución. Todo ser vivo quiere vivir y sobrevivir. No está dentro de nuestra naturaleza querer morir o autodestruirnos, a no ser que sea por un sacrificio para salvar a otra persona amada.

Estas son algunas de las palabras que dijo Andrés Marcio (su ponencia empieza en el 3:31:57): Creo que al final sin esta enfermedad yo no sería tan feliz porque me ha enseñado y me enseña cada día a valorar de verdad, ya ni siquiera el día a día, el segundo. Para mí estar aquí hoy, en Sevilla, hablando con vosotros, me hace tan feliz que creo que esas son las cosas verdaderamente importantes de nuestra vida”. (…) Si ya de por sí mi enfermedad me limita bastante, no voy a ser yo el que me ponga más límites a mi mismo. Al revés, voy a encontrar la manera de hacer las mismas cosas que los demás, porque las hago, aunque sea de una manera diferente.

Y esto entra en relación con Leire Navaridas (minuto 3:49:46), la fundadora de AMASUVE, una “asociación sin ánimo de lucro, apolítica y aconfesional, que reúne a mujeres y hombres afectados y/o sensibilizados por las heridas que causa el aborto provocado en las personas que se ven involucradas en esta intervención del embarazo”.

Lo primero que me sorprendió es que, en estos tiempos de corrección política en los que la izquierda posmoderna domina el discurso público (promovido desde instancias estatales y también los oligopolios capitalistas), se hubiese permitido dar voz a una mujer que rompe el discurso hegemónico del aborto como derecho de las mujeres. Me sorprendió de forma muy grata.

En mi época más cercana a la “izquierda” antiparlamentaria, el aborto siempre me resultó un tema incómodo ya que nunca lo vi como algo positivo para las mujeres. Sin embargo, como en tantos otros temas, callaba por encajar, miraba hacia otro lado, y me centraba más en los temas económicos. De hecho, en este mismo blog hay artículos en los que se toca el tema “como mal menor”. Ahora, después de hacer retrospectiva y mirar atrás, puedo decir que soy contraria al aborto. ¿Será que cada vez me importa menos lo que piense la gente de mí? ¿Será que sobre todo me importa la opinión de la gente que amo? La realidad es que no se está eliminando algo que no existe. Ese bebé existe ya. Ese embrión en el vientre de su madre ya tiene nombre y apellidos. Yo fui ese embrión de un par de células. Y usted también. Y ya éramos la misma persona que somos ahora, aunque estuviéramos en una fase diferente del ciclo vital. Doy gracias cada día por no haber sido abortada. Estoy convencida de que, si la especie humana sobrevive a esta crisis social en la que estamos, el aborto será mirado como una barbaridad que se hacía en tiempos muy oscuros.

Esa vida de ese bebé abortado deja heridas en muchas personas, no solamente en la madre, también en todo su entorno. Poco se habla del trauma y la culpa de las personas que viven el aborto de otra persona cercana.

No todo el mundo puede decir que ha salvado vidas, pero Leire Navaridas ha salvado muchas con su palabra. La vida es maravillosa y la comunicación también lo es. Jamás me arrepentiré de haber nacido porque, como dijo Andrés Marcio, cada segundo es un regalo.