Pregunta para Fernando Simón: ¿Cómo se evalúan los riesgos de las propias medidas? (2025)

Esta fue mi pregunta a Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES) del Ministerio de Sanidad, al final de la plenaria titulada “Comunicación científica en situaciones de emergencia” dentro del contexto del Congreso de Comunicación Social de la Ciencia en Palma de Mallorca celebrado en octubre de 2025. Dejo la transcripción de la pregunta y la respuesta.

Tania Gálvez: En una crisis sanitaria, ¿cómo se evalúan a nivel científico los riesgos de las propias medidas y protocolos para que no sea peor el remedio que la enfermedad? Y pongo un ejemplo concreto, por ejemplo, cuando se decide cerrar colegios se piensa qué va a ocurrir con los hijos del personal esencial, que puede repercutir en absentismo o que se queden sin personal las residencias de ancianos…? O sea, ¿cómo se evalúa eso a nivel científico?

Fernando Simón: Sí que se piensa y que sí que se evalúa. Lo cierto es que cerrar colegios es una medida que se trata de evitar siempre que se puede. De hecho, esta pandemia nos lo ha enseñado sobre todo por lo que se ha hecho en España. Cerrar colegios en un momento determinado puede controlar la progresión de la enfermedad pero en España conseguimos ser probablemente de los 2 o 3 países que menos tiempo tuvieron cerrada la educación. Se cerró en marzo y se volvió a abrir en septiembre con el curso habitual. En el resto de Europa no se abrió hasta varios meses después. En América latina lo mismo, y en Estados Unidos, igual. Fuimos uno de los países que aprendimos en un plazo muy breve cómo cuestionar los riesgos asociados a la transmisión dentro de los foros educativos, sea en escuelas, en universidades, en lo que sea.

Pero es cierto que hay que intentar evitar. Ten en cuenta que el problema no es si en las escuelas se transmite o no una enfermedad sino que la cuestión es si en las escuelas se transmite más de lo que se está transmitiendo en la comunidad a la que pertenece.

Y normalmente la respuesta es no. Normalmente no. Con lo cual no tiene sentido cerrar.

Cuando hay que hacerlo, es porque la situación se considera muy gorda. Y hay riesgo real de que la diseminación de una escuela, que además suelen ser niños en principio sanos, que no sufren muchas de las enfermedades que generan grandes pandemias o grandes emergencias, lo van a transmitir donde sí que hay personas mucho más vulnerables. Hay momentos en los que sí que hay que alargarlo.

Y es cierto que puede haber limitaciones luego para el trabajo de personal asistencial, etc. Y también es cierto que una parte de este personal, como se dice, los que disponemos actualmente, puede seguir trabajando desde casa. Otros no, un bombero es un bombero. Pero lo cierto es que es una medida que se trata de evitar lo más posible.

No todos piensan lo mismo, los hay… Esto es algo que se habla siempre en las medidas de control de problemas sanitarios. Las medidas tienen que ser factibles y sensatas.

Si tú tienes un problema asociado al agua que beben en un pueblo, lo que no puedes plantear es mover el pueblo de sitio. Tienes que hacer una medida que sea útil. Si mueves el pueblo de sitio, solucionarás el problema. Pero es que no se puede mover el pueblo de sitio.

Y aquí pasa lo mismo. Si cierras las escuelas, probablemente reducirás mucha transmisión entre un grupo que luego va a transmitir a otros en algunas situaciones concretas.

Pero lo cierto es que hay veces que cerrar las escuelas implica un impacto que no es aceptable. Y eso hay que valorarlo con mucho cuidado. Hay quienes siempre utiliza o propone medidas poco factibles. Y eso tiene que tener un contrapeso por parte del resto de los técnicos y científicos que participan en las decisiones.

Moderadora (Rocío Benavente): Por favor, no volváis a cerrar los colegios nunca.

Fernando Simón: No es mi intención.

 

El video completo de esta plenaria se puede ver:

Emergencia semiótica: Creatividad y divulgación de significantes y significados en una crisis sanitaria

Os presento mi comunicación “Emergencia semiótica: Creatividad y divulgación de significantes y significados en una crisis sanitaria” como estudiante de doctorado en el Congreso de Comunicación Social de la Ciencia 2025 en Palma de Mallorca. Todavía me queda mucho por estudiar, aprender e investigar, pero estamos en proceso.

La semiótica, el estudio de los signos, aporta herramientas para comprender el mundo y también para cambiarlo. Por eso, es de vital importancia, sobre todo en los tiempos actuales, tener al menos unas nociones básicas.

Esta comunicación parte de uno de los puntos apuntados en este artículo para el congreso COMRED 2025 (Sevilla):

Gálvez San José, T. (2025). Análisis semiótico de la comunicación institucional de inicio de estado de alarma. En J. Sierra Sánchez, F. Cabezuelo-Lorenzo, I. Rodrigo Martín & Á. Bartolomé Muñoz de Luna (Coords.), Realidades conectadas: medios, cultura y sociedad en la era digital (pp. 751–770). Editorial Dykinson.

Análisis semiótico de la comunicación institucional de inicio de estado de alarma

Relacionado con mi asistencia al congreso COMRED:

Polarización, discursos ilógicos y amor (I)

Polarización, discursos ilógicos y amor (II)

El misterio del mal. Benedicto XVI y el fin de los tiempos.

Hoy os dejo una cita encontrada en “El misterio del mal. Benedicto XVI y el fin de los tiempos” que a su vez recoge el autor, Giorgio Agamben, del Liber Regularum de Ticonio (c. 330 – c. 390 d.C.), que cita a su vez el libro de la Sabiduría de la Biblia:

A estos reyes les dice la Sabiduría: “Escuchad, ¡oh, reyes!, y tratad de comprender; aprended, gobernantes de los confines de la tierra. Prestad oído, vosotros que domináis a las multitudes y estáis orgullosos de vuestros numerosos pueblos. Vuestra soberanía proviene del Señor, vuestra potencia, del Altísimo, el cual examinará vuestras obras y escudriñará vuestros propósitos; puesto que, siendo ministros de su reino, no habéis gobernado con rectitud ni habéis observado la ley”.  

Creo que esta cita es importante en los tiempos que vivimos de crisis de liderazgo, donde los líderes o esconden la cabeza o actúan de forma irresponsable e injusta, sin cumplir ni conocer las leyes, en la anomia. También hay que recordar que, de una forma u otra, también nosotros somos líderes en algún ámbito de nuestra vida, ya sea en las familias o en otros grupos humanos. Por tanto, de la autoridad y del poder, no se puede huir. Tampoco podemos vivir en un mundo ideal en el que no exista ni autoridad ni poder, eso solamente está en nuestras cabezas, ideologías o utopías, no en la realidad material. Creo que me ha costado unos 40 años entenderlo.