Pregunta para Fernando Simón: ¿Cómo se evalúan los riesgos de las propias medidas? (2025)

Esta fue mi pregunta a Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES) del Ministerio de Sanidad, al final de la plenaria titulada “Comunicación científica en situaciones de emergencia” dentro del contexto del Congreso de Comunicación Social de la Ciencia en Palma de Mallorca celebrado en octubre de 2025. Dejo la transcripción de la pregunta y la respuesta.

Tania Gálvez: En una crisis sanitaria, ¿cómo se evalúan a nivel científico los riesgos de las propias medidas y protocolos para que no sea peor el remedio que la enfermedad? Y pongo un ejemplo concreto, por ejemplo, cuando se decide cerrar colegios se piensa qué va a ocurrir con los hijos del personal esencial, que puede repercutir en absentismo o que se queden sin personal las residencias de ancianos…? O sea, ¿cómo se evalúa eso a nivel científico?

Fernando Simón: Sí que se piensa y que sí que se evalúa. Lo cierto es que cerrar colegios es una medida que se trata de evitar siempre que se puede. De hecho, esta pandemia nos lo ha enseñado sobre todo por lo que se ha hecho en España. Cerrar colegios en un momento determinado puede controlar la progresión de la enfermedad pero en España conseguimos ser probablemente de los 2 o 3 países que menos tiempo tuvieron cerrada la educación. Se cerró en marzo y se volvió a abrir en septiembre con el curso habitual. En el resto de Europa no se abrió hasta varios meses después. En América latina lo mismo, y en Estados Unidos, igual. Fuimos uno de los países que aprendimos en un plazo muy breve cómo cuestionar los riesgos asociados a la transmisión dentro de los foros educativos, sea en escuelas, en universidades, en lo que sea.

Pero es cierto que hay que intentar evitar. Ten en cuenta que el problema no es si en las escuelas se transmite o no una enfermedad sino que la cuestión es si en las escuelas se transmite más de lo que se está transmitiendo en la comunidad a la que pertenece.

Y normalmente la respuesta es no. Normalmente no. Con lo cual no tiene sentido cerrar.

Cuando hay que hacerlo, es porque la situación se considera muy gorda. Y hay riesgo real de que la diseminación de una escuela, que además suelen ser niños en principio sanos, que no sufren muchas de las enfermedades que generan grandes pandemias o grandes emergencias, lo van a transmitir donde sí que hay personas mucho más vulnerables. Hay momentos en los que sí que hay que alargarlo.

Y es cierto que puede haber limitaciones luego para el trabajo de personal asistencial, etc. Y también es cierto que una parte de este personal, como se dice, los que disponemos actualmente, puede seguir trabajando desde casa. Otros no, un bombero es un bombero. Pero lo cierto es que es una medida que se trata de evitar lo más posible.

No todos piensan lo mismo, los hay… Esto es algo que se habla siempre en las medidas de control de problemas sanitarios. Las medidas tienen que ser factibles y sensatas.

Si tú tienes un problema asociado al agua que beben en un pueblo, lo que no puedes plantear es mover el pueblo de sitio. Tienes que hacer una medida que sea útil. Si mueves el pueblo de sitio, solucionarás el problema. Pero es que no se puede mover el pueblo de sitio.

Y aquí pasa lo mismo. Si cierras las escuelas, probablemente reducirás mucha transmisión entre un grupo que luego va a transmitir a otros en algunas situaciones concretas.

Pero lo cierto es que hay veces que cerrar las escuelas implica un impacto que no es aceptable. Y eso hay que valorarlo con mucho cuidado. Hay quienes siempre utiliza o propone medidas poco factibles. Y eso tiene que tener un contrapeso por parte del resto de los técnicos y científicos que participan en las decisiones.

Moderadora (Rocío Benavente): Por favor, no volváis a cerrar los colegios nunca.

Fernando Simón: No es mi intención.

 

El video completo de esta plenaria se puede ver:

Emergencia semiótica: Creatividad y divulgación de significantes y significados en una crisis sanitaria

Os presento mi comunicación “Emergencia semiótica: Creatividad y divulgación de significantes y significados en una crisis sanitaria” como estudiante de doctorado en el Congreso de Comunicación Social de la Ciencia 2025 en Palma de Mallorca. Todavía me queda mucho por estudiar, aprender e investigar, pero estamos en proceso.

La semiótica, el estudio de los signos, aporta herramientas para comprender el mundo y también para cambiarlo. Por eso, es de vital importancia, sobre todo en los tiempos actuales, tener al menos unas nociones básicas.

Esta comunicación parte de uno de los puntos apuntados en este artículo para el congreso COMRED 2025 (Sevilla):

Gálvez San José, T. (2025). Análisis semiótico de la comunicación institucional de inicio de estado de alarma. En J. Sierra Sánchez, F. Cabezuelo-Lorenzo, I. Rodrigo Martín & Á. Bartolomé Muñoz de Luna (Coords.), Realidades conectadas: medios, cultura y sociedad en la era digital (pp. 751–770). Editorial Dykinson.

Análisis semiótico de la comunicación institucional de inicio de estado de alarma

Relacionado con mi asistencia al congreso COMRED:

Polarización, discursos ilógicos y amor (I)

Polarización, discursos ilógicos y amor (II)

El misterio del mal. Benedicto XVI y el fin de los tiempos.

Hoy os dejo una cita encontrada en “El misterio del mal. Benedicto XVI y el fin de los tiempos” que a su vez recoge el autor, Giorgio Agamben, del Liber Regularum de Ticonio (c. 330 – c. 390 d.C.), que cita a su vez el libro de la Sabiduría de la Biblia:

A estos reyes les dice la Sabiduría: “Escuchad, ¡oh, reyes!, y tratad de comprender; aprended, gobernantes de los confines de la tierra. Prestad oído, vosotros que domináis a las multitudes y estáis orgullosos de vuestros numerosos pueblos. Vuestra soberanía proviene del Señor, vuestra potencia, del Altísimo, el cual examinará vuestras obras y escudriñará vuestros propósitos; puesto que, siendo ministros de su reino, no habéis gobernado con rectitud ni habéis observado la ley”.  

Creo que esta cita es importante en los tiempos que vivimos de crisis de liderazgo, donde los líderes o esconden la cabeza o actúan de forma irresponsable e injusta, sin cumplir ni conocer las leyes, en la anomia. También hay que recordar que, de una forma u otra, también nosotros somos líderes en algún ámbito de nuestra vida, ya sea en las familias o en otros grupos humanos. Por tanto, de la autoridad y del poder, no se puede huir. Tampoco podemos vivir en un mundo ideal en el que no exista ni autoridad ni poder, eso solamente está en nuestras cabezas, ideologías o utopías, no en la realidad material. Creo que me ha costado unos 40 años entenderlo.

¿Es posible una oposición crítica a la medidas políticas actuales que no sea tachada de conspiracionista?

Sí, esta es la pregunta que me ronda la cabeza en estos días. ¿Ha muerto la crítica? ¿Ha muerto la posibilidad de una oposición a lo real (M1*) desde lo real (M1*) con tan solo una mediación pragmática de lo simbólico (M2, M3*)? ¿Por qué las teorías de la conspiración y las llamadas “fake news” son usadas como arma arrojadiza y muñeco de paja contra la libertad de conciencia y de expresión? Es decir, porque haya personas que digan sandeces o locuras sobre un tema, estableciendo especulaciones o relaciones de causa-efecto no demostradas o disparatadas, eso no impide que el ciudadano común pueda estar en contra de las medidas políticas que se establezcan en cada momento.

Hoy en día, Carlos Marx y Bakunin serían catalogados como teóricos de la conspiración o, peor aún, tratados de locos. Hoy en día, ya no es posible la crítica hacia la gran empresa, ya sea farmacéutica, petrolera, armamentística, el lobbie de la IA o de los coches eléctricos. Cualquier alusión a los intereses económicos que puedan tener los grandes actores de la economía mundial es tabú. Marx y Bakunin podían estar equivocados, pero no están locos. Del mismo modo, yo podría decir (y con bastante razón) que la ley de violencia de género vigente se basa en una teoría de la conspiración que ve a los hombres como enemigos de las mujeres desde un punto de vista histórico, cuando la realidad es que estamos aquí gracias a nuestra complementariedad y apoyo mutuo en la supervivencia de la especie. Pero no llamo a las feministas conspiranoicas, puedo decir “están equivocadas” o “los presupuestos generales del estado las apoyan”, pero no creo que estén locas. Y, si lo hiciera, estaría usando mi narrativa y mi discurso de una forma retórica para ridiculizarlas dentro de un contexto de lucha de poder, porque al final, imponer una narrativa no es solo una cuestión de tener razón sino una cuestión política y económica de tener poder.

Todo esto contrasta enormemente con el mundo en el que yo crecí, el mundo de lo que era ser de izquierdas en los años 90. En esa época, nos atrevíamos a hablar y cuestionar a la gran empresa o al estado como agentes que tienen su propia agenda, muchas veces alejada de los intereses de los ciudadanos. Ahora todo eso ha cambiado. Nadie se atreve a cuestionar ninguna narrativa establecida porque, si lo haces, serás considerado un loco o un teórico de la conspiración. Todo esto en un contexto en el que se normaliza desde los medios de comunicación (que, obviamente, reciben financiación tanto pública como privada) a fenómenos como los therian o en el que es delito de odio y se persigue a mujeres feministas por negarse a prescindir de la categoría de mujer biológica como sujeto político del feminismo. Este es el mundo en el que vivimos, un mundo en el que no hay un interés profundo por entender la realidad, ni por la ontología, ni por la epistemología, y mucho menos por la semiótica. Y esto es así, tanto por parte de los amos de los discursos oficiales como por parte de las personas que viven en narrativas alternativas que no pueden probar o que se apoyan en relaciones de causa-efecto más cercanas a la magia que a la razón.

Leo con atención a Herbert. S. Shiller en su libro “Los manipuladores de cerebros” (1974), en un apartado sobre el mito de la neutralidad (p. 17):

La ciencia, que está más integrada que cualquier otra actividad intelectual a la economía empresaria, también sigue insistiendo en su neutralidad y en su independencia respecto de los juicios de valor. Renuente a analizar las implicaciones de sus fuentes de recursos, de las orientaciones de su investigación, de las aplicaciones de sus teorías y de la naturaleza de los paradigmas que ella crea, la ciencia estimula la idea de que está aislada de las fuerzas sociales que influyen sobre todas las actividades corrientes de la nación. 

Pero es que antes, al principio del libro, también comenta algo a propósito de las teorías de la conspiración que viene traer a colación estos días (p. 25):

Lo que yo me propongo hacer es identificar algunas de las fuerzas condicionantes y revelar los medios de los que se valen para ocultar su presencia, negar su influencia, o ejercer el control direccional bajo auspicios que a primera vista parecen ser benignos y/o naturales. La búsqueda de estos “procesos ocultos” y de sus mecanismos sutiles no debe confundirse con un tipo más común de investigación: la denuncia de actividades clandestinas. En estas páginas no invoco la conspiración ni me ocupo de ella. Aunque la idea de manipulación de las mentes se presta fácilmente a semejante enfoque, el condicionamiento general que se ejecuta en toda la sociedad norteamericana contemporánea no necesita de estos términos, ni se puede entender mediante su empleo. 

Naturalmente, en el medio social se producen conspiraciones y actúan conspiradores. (¿De qué otro modo se explica la introducción de micrófonos ocultos en la sede nacional del Partido Demócrata, a mediados de 1972?). Sin embargo estas actividades, realizadas en gran o en pequeña escala, públicas y ocultas, se pueden explicar en el marco de las realidades más profundas de la sociedad. 

No existe un comité de cultura encargado de redactar instrucciones secretas para el adoctrinamiento y la programación cotidianos del pueblo norteamericano, aunque la administración Nixon hace lo que puede en este sentido. En verdad, el proceso es mucho más inasible y mucho más eficaz porque generalmente funciona sin una dirección centralizada. Está implantado en los ordenamientos socioeconómicos indiscutidos pero fundamentales que primeramente determinan la propiedad de bienes, la división del trabajo, los roles sociales, la organización de la producción y la distribución de la renta, y luego son reforzados por estos mismos elementos. Dichos ordenamientos, consagrados y legitimados a lo largo de mucho tiempo, tienen su propia dinámica y producen sus propias “inevitabilidades”. 

Yo, por ejemplo, uso un teléfono básico de llamadas, no uso smartphone en mi vida diaria para relacionarme con otras personas. Y, además, pienso que el uso el móvil es nocivo, mucho más nocivo que la televisión, porque está robando la atención (lo más valioso que tenemos) y el tiempo a la gente fuera de las casas, durante todo el día. Es, además, antiestético porque no hay nada más desagradable a la vista que entrar en un vagón de metro y ver que todo el mundo está mirando videos de tiktok en una pantalla o leyendo y contestando mensajes de los 400 grupos de whatsapp en los que están obligados a estar. Ver a una persona absorta en una pantalla mientras camina por la calle o está en una reunión familiar es feo desde un punto de vista estético. Decir esto, es decir, estar en contra de la implantación del teléfono móvil en las relaciones humanas no me hacer ser conspiranoica, me hace tener una actitud política frente a una implantación que es igualmente política y que considero que tiene efectos negativos que superan a los supuestos beneficios.

El móvil, además, está creando formas de socialización que no son las propias de nuestra especie. La gente ya no sabe organizar ningún tipo de evento social sin un grupo de whatsapp detrás que lo sustente, un grupo que hay que consultar, alimentar, responder, morderse la lengua ante las estupideces que hay que leer, o finalmente (como único acto de rebeldía posible), abandonar con un “X ha salido del grupo”. De forma sorprendente, las personas de izquierdas no albergan ningún espíritu crítico hacia la condición de que una empresa privada yankie controle toda su vida social. Es algo inevitable e incuestionable.

Tener móvil ya no es un derecho, es casi una obligación. Pero, seguramente (y esto sí es una hipótesis no demostrada ni puede serlo, es decir, es una intuición) la civilización del smartphone lleva en sí misma su destrucción porque el homo-smartphone ya no tiene ni tiempo ni silencio para reflexionar y una sociedad de sujetos irracionales, sin vida creativa ni espiritual, no es capaz de gestionar y perpetuar su propia sociedad. Y, problemas heredados del homo-monedafiat, el homo-deuda, el homo-seguridadsocial, el homo-mayo68 y el homo-políticadelhijoúnico van a ser problemas de primer orden.

El ser humano actual está completamente desconectado de su función procreativa y cree, en su visión mecanicista de la vida, que su aparato reproductor funciona con un interruptor on-off que puede apretar con el termostato de su voluntad. Además, no sabe ligar sin una app de citas en la que cosificarse y cosificar a los demás como objetos de catálogo, no tiene las habilidades sociales para formar familias estables, no es capaz de estar enamorado después de que se acabe la pasión inicial y le han contado el cuento de que las relaciones deben durar mientras todo sea idílico y maravilloso y romperse cuando ya no lo son. Los animales de granja no procrean en cautividad.

A todo esto hay que sumarle un nuevo elemento, la propaganda de una supuesta épica del suicidio promovida desde el Estado. ¡Apaguen el televisor! ¡Resistan!

Pero, volviendo al principio de todo esto. Lo peor de la sociedad actual es la falta de creatividad por miedo a ser tildado de “conspiranoico” o “loco” (y aquí si vienen bien las comillas). Porque los “locos” y los “conspiranoicos” no ascienden ni reciben subvenciones del Ministerio. Y hoy estamos en una sociedad en la que quien se mueve no sale en la foto. Solamente los niños, los locos y las personas que no tienen una reputación que mantener pueden permitirse el lujo de decir lo que piensan (sea esto falso o verdadero). Una primera consecuencia de esto, que puede parecer triste en un primer momento, es que va a llevar a que la ciencia y la tecnología salgan de las instituciones públicas y vuelvan a los monasterios, como en la caída del Imperio Romano. Cuando las instituciones públicas están más preocupadas por agradar al soberano (el poder o el dueño de la máquinita de imprimir dinero/deuda) que buscar la verdad o investigar la ciencia de las cosas, la verdad y la ciencia buscarán otros caminos. Olvídense de un nuevo Kary Mullis, ese tipo de científico no volverá a surgir en un ecosistema como este. Otra posibilidad, más esperanzadora, es que el poder (el soberano) se convierta y crea en Dios, busque la virtud, el conocimiento y la ética por encima del ansia de poder en sí mismo. Pero esto no parece que sea la tendencia actual…

Me dirán que estoy fabulando y afirmando cosas que no puedo demostrar, pero simplemente estoy haciendo un ejercicio de imaginación como los que se hacen en teoría de juegos o simulacros militares. ¿Por qué un modelo matemático no puede ser visto como un simple ejercicio de ficción? ¿Acaso los modelos, simulacros y planificación por escenarios no se basan en ficciones posibles y en variables previamente seleccionadas? ¿Quién es el loco? ¿Quién es el cuerdo? ¿Quién tiene miedo a perder la subvención y la “honra” intelectual?

¿Quién el poeta?

¿Quién el soberano?

Yo nunca tuve reputación y, por eso, aunque puedo equivocarme, soy libre.

Sí me preocupa lo que piense Dios de mí.

*Para una introducción a los tres mundos de Popper, M1 (realidad material), M2 (mente subjetiva) y M3 (teorías objetivas sociales), ver: https://www.youtube.com/watch?v=NTddhXBDe3k

Relacionado: 

– Sobre cultura generativa y no patológica ni burocrática: Entrevista a Ron Westrum https://youtu.be/iS302GDKeB8?si=QeGqkhvABIEHjx8l

– Fabio Vighi sobre permacrisis: https://www.youtube.com/watch?v=tbiG-V3y10U

De papel, poesía, autopoiesis y amor infinito…

En diciembre de 2025 se celebró el Encuentro del Libro Anarquista de Madrid en la Escuela Popular de Prosperidad. Allí fui para saludar a mis amigos de la Ediciones Fantasma y grabar esta pequeña entrevista a Elena Pedrosa, autora del libro de poesía “Proceso de autoborrado”. Charlamos sobre la importancia del papel, sus poemas, la autopoiesis y el amor infinito. Os pido disculpas por la mala calidad del sonido.

Dos poemas de Elena Pedrosa: https://youtu.be/WtVNs9nHooY

Silvestre #1

Querida Valle:

Te mando el último poema que he escrito. Ya no nos vemos mucho pero sé que, aunque los tiempos hayan cambiado y estemos más distantes, debemos de estar juntas en algún otro plano, quizás metafísico, en el que seguimos nuestras interminables conversaciones; ese plano en el que viven los significados cuando salen a tomar algo sin los significantes. ¡Qué pedante me está saliendo esta carta!

Te escribo en formato papel porque sabes que me gusta recuperar esas cosas antiguas que, de sencillas, eran bonitas. Ahora el mundo se ha vuelto muy loco, casi apocalíptico, todas las canciones de las radiofórmulas hablan del fin del mundo, como si la guerra de monedas o la inflación o el coeficiente de caja del 0% o la expansión cuantitativa infinita o la crisis del dólar fueran algo más que un simple espejismo. Todos vamos a vivir nuestro propio apocalipsis, que es nuestra propia muerte. Y la vida tiene un 100% de tasa de letalidad (más que les pese a los tonti-transhumanistas).

Lo importante y en lo único en lo que podemos invertir es en amor. Y no en un amor cualquiera, en el AMOR a Dios y a las personas de carne y hueso que en la vida real amamos. Supongo que a los avatares digitales, NPCs y bots zombies que vemos por las calles y los vagones del metro también tenemos que amarlos como al “prójimo” pero la verdad es que me cuesta y se me escapa el cómo. No hace falta que te cuente más, lo hemos hablado durante horas en esas conversaciones imaginarias que tenemos en ese “otro plano” que vive en nuestras neuronas pero que jamás ha sido explicado ni por la lingüística ni por la ciencia en general.

Te escribo también en papel porque ya sabes que todo lo digital es usado por los refritos de la IA para apropiarse de la creatividad y el conocimiento humano escrito de los últimos 5.000 años. ¡Qué ilusa la gente que tiene blogs! ¡Qué tontos éramos! Nos creímos todo ese rollo ciberpunk de la libertad de expresión, de que todo el mundo podía compartir la cultura en internet y blablablá. Todo al final era para eso, para que todo lo que escribimos y compartimos en internet alimentase de contenido a Google y, después, acabase en el negocio de la IA y sus grises granjas de servidores. ¡Y toda la izquierda haciendo de comparsa de la Big Tech con el combate por el copyleft y contra esos rancios pijoprogres de la SGAE! Si es que somos bobos de remate. Al final todo era una lucha por el reparto del pastel y por delimitar qué trozo o porcentaje correspondía a cada uno, a los viejos conocidos de aquí y a los grandes monopolios digitales de allá.

Bueno, a lo que iba, te mando un poemilla (o quizás sería mejor llamarlo “algunas frases sueltas”) que he escrito, a ver qué te parece.

Firmado: tu amiga Katia

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Silvestre

Nací como una flor silvestre,

cuando nadie me esperaba,

nadie me planificaba

y no era el momento propicio.

Soy neandertal en el siglo XXI,

sirena en el asfalto,

extraterrestre en la tierra,

aborigen en la ciudad.

Y, sin embargo,

estoy aquí.

Veo cosas que vosotros no veis,

pienso diferente,

soy la nota disonante

de esta sinfonía ridícula

que todos bailamos.

Pero sí estaba de alguna forma en el deseo divino

que es más inteligente que todos nosotros juntos.

Porque si hubiera que pensar para respirar

estaríamos todos muertos.

Por eso, las cosas más importantes y básicas,

Dios no las dejó a nuestro libre albedrío,

porque sabía que nos olvidaríamos de ellas.

Y a la vez, algunas de esas cosas tan importantes

tuvimos que regularlas y ordenarlas,

porque ya no estábamos en el paraíso…

Hoy nos enseñan a normalizar el dolor y negarnos a nosotros mismos.

Sin embargo, por alguna razón que no soy capaz de entender,

(quizás esa biblia para niños vieja que acabó en mis manos)

siempre tuve clara la diferencia entre el bien y el mal.

(Incluso aunque intentaran convencerme de lo contrario).

(O a los niños como yo nos trataran de hacer creer que lo malo era bueno,

que era aceptable e incluso deseable).

“Nunca aceptaste el divorcio de tus padres”, me dijo una vez un profesor de instituto algo psicoanalista.

Ahora sé que, efectivamente, nunca lo acepté porque jamás renuncié a la verdad y a lo auténtico.

De una forma intuitiva sabía que lo que rompe en dos a un niño jamás puede ser algo bueno.

¿Queríais que lo aceptara? ¿Que diera mi bendición a algo que era malo para todos y sobre todo para mí?

Pues no. No acepté tampoco las llamadas de teléfono como sustitutos patéticos de una relación humana real.

En definitiva, ahora ya mayor veo que nunca acepté el simulacro.

Ahora hay miles de etiquetas y taxonomías para clasificar todas las personalidades existentes en el mundo.

Las clasificaciones van cambiando cada pocos años, al albur de grupos de decisión y expertos

que tienen en sus manos el mayor de los poderes: el poder de inventar palabras.

Jamás pensé que ya camino de vieja me daría cuenta de este secreto

(en realidad contado a gritos):

somos gobernados por los signos y las representaciones.

Y, tú, como yo, flor silvestre,

no tienes todavía nombre,

y, por tanto,

no existes.

Canciones y épocas pasadas

Hoy sin ningún atisbo de vergüenza y con mucha actitud punk os dejo algo que estaba por ahí perdido en algún servidor de internet de archive.org y otras joyitas de mi oscuro pasado:

Allá por el año 2005, durante un tiempo me encerré en una habitación y creé estas canciones con el sencillo programa que venía por defecto en el ordenador. Son un reflejo de mi mundo en aquella época, canciones con un tinte amargo e irónico, nada que ver con la esperanza actual. En lenguaje pijo diríamos que es low-fi, en realidad lo podríamos clasificar como cutrepunk, ¿tecnopop? y algún crítico de la época dijo que era shoegazing y todavía sigo sin saber qué es eso…

Disco completo: https://archive.org/details/PodriaPasarteATi

Para escuchar música con más calidad os recomiendo mi anterior grupo, Baikonur, allá por 1998, junto a Alejandro, Miguel y Rai:

 

Ramón Llull en Palma

Hace poco he asistido al Congreso de Comunicación Social de la Ciencia, el segundo congreso al que acudo como estudiante. Y con esos ojos curiosos he ido a Palma de Mallorca, para aprender de otros, para tratar de comprender cómo piensan, cómo llegan a sus conclusiones los científicos y los comunicadores de ciencia y, sobre todo, escuchar sus propuestas e investigaciones.

El congreso ha estado muy bien organizado y con mucha asistencia y participación. A pesar de que en muchas ocasiones me he sentido bicho raro, por no conocer a nadie y por estar un poco fuera de sitio, al final he podido conversar con gente fantástica. Además, se nota que los organizadores se preocupan también de la parte social, ya que planearon actividades por las tardes, como la que me apunté para conocer Palma. Nuestro guía nos habló de Ramón Llull (Raimundo Lulio) y al día siguiente quise ir a visitar su sepulcro, en la Iglesia de San Francisco.

Yo no lo conocía pero parece ser que tuvo mucha influencia en Leibniz, ya que en su Disertación sobre el arte combinatorio (1666) se refiere a la Ars magna de Llull. Yo solamente he encontrado una breve mención donde habla de “Raym. Lullius” como podéis ver en la captura de pantalla:

Y de ahí sigue la genealogía de influencias hasta George Boole que desarrolló la lógica simbólica como base de la computación, que influyó a su vez en Alan Turing y Kurt Godel, y ahora en el desarrollo de la IA, que no deja de ser una combinación de posibilidades de palabras.

Os dejo un interesante artículo de Abel Miró i Comas para entender su “Ars” y la combinatoria, aunque aviso que para mí es algo complicado.

https://doi.org/10.51743/cpe.350

Y por si queréis curiosear de forma directa el libro de Llull que sale en la bibliografía del artículo:

Llull, R. (1645). Ars generalis ultima venerabilis magistri ac Doctoris Illuminati Ray-
mundi Lulli Marioricensis, tertii ordinis Sancti Francisci, Gabrielis Guasp.

También Umberto Eco habla de él en un libro que me fue imposible conseguir (y busqué por todas las librerías especializadas de Palma): La búsqueda de la lengua perfecta.

Esto explica el proyecto de su Ars magna como sistema de lengua filosófica perfecta mediante la cual se podrá convertir a los infieles. Esta lengua pretende ser universal, porque universal es la combinatoria matemática que articula su plano de la expresión, y universal también el sistema de ideas comunes a todos los pueblos que Llull elabora en el plano del contenido.

Y nos muestra Eco la importancia de los códigos y las limitaciones a priori que imprimen en los resultados que se obtengan. Critica Eco:

Véase por ejemplo la cuestión de si el mundo es eterno (utrum mundos sit aeternus). Se trata de una cuestión cuya respuesta ya conoce Llull y que es negativa, porque de no ser así se caería en el error averroísta. Pero nótese en este caso la cuestión no la genera el Ars, porque no hay ninguna letra que se refiera al mundo: la cuestión procede de otra parte, sólo que en ésta aparece como «explicado» el término eternidad, lo cual permite unirla a la D. Pero la D remite, en virtud de la segunda figura, a la oposición como la que se produce entre sensible y sensible, intelectual y sensible, e intelectual e intelectual. Si se observa la segunda figura, se ve que la D está unida por el mismo triángulo a B y a C. Por otra parte, la pregunta empieza con utrum y, basándonos en la tabula generalis, sabemos que la pregunta utrum remite a la B. Hemos hallado, pues, la columna en la que hay que buscar las argumentaciones: aquella en la que aparezcan B, C y D. Esto permite a Llull decir que «la solución de tal cuestión viene dada por la primera columna de la tabla», pero naturalmente «puede darse en otras columnas, porque las columnas están unidas entre sí». A partir de aquí todo depende de las definiciones, de las reglas y de una cierta habilidad retórica a la hora de interpretar las letras. Trabajando con el compartimento BCDT se deduce que si el mundo fuese eterno, puesto que ya se ha visto que la bondad es tan grande que es eterna, debería producir una bondad eterna y, en consecuencia, no debería haber ningún mal en el mundo. «Pero el mal existe en el mundo, como sabemos por la experiencia. Por tanto, se concluye que el mundo no es eterno.» La respuesta es pues negativa, pero no sobre la base de la forma lógica de la cuadrupleta (que en realidad no tiene ninguna forma lógica), sino sobre la base de informaciones procedentes de la experiencia. El Ars está concebido para convencer a los averroístas musulmanes con los principios de la razón universal, pero está claro que la convicción de que si el mundo fuese eterno no podría ser bueno ya debe formar parte de esta recta razón.

Del congreso solo puedo deciros que no paré de maravillarme y sorprenderme, como una antropóloga que viaja a un lugar recóndito del Amazonas y habla con una tribu desconocida para ella. Hubo una persona entre la audiencia que dijo algo así como que se sentía más allá de la ecoansiedad y la depresión por culpa del cambio climático. Yo, la verdad, alucinaba de cómo las percepciones pueden ser tan diferentes y como cosas que para alguien son insignificantes para otras son lo más importante en ese momento. Me gustó salir de mi casa para tratar de entender a los demás, a personas que ven la vida de una manera tan diferente a la mía.

Creo que la ciencia realmente es la nueva religión de nuestra época, la última verdad revelada por los grupos de expertos. “Lo dice la ciencia” así que cállate y actúa como te decimos. Al fin y al cabo este lema tan ingenuo elimina toda la dimensión política del asunto. La población debe obedecer y callar ante estas verdades reveladas. Y los que se resisten son solo ese muñeco de paja tan mono que hemos construido a base de casos paródicos y que ya pude conocer en el otro congreso al que asistí el curso pasado: el exogrupo de los antivacunas, negacionistas y de extrema derecha.

Creo que Marx y Bakunin hoy serían tildados de negacionismo y habrían acabado en sanatorios mentales o reformatorios. Además, se les habría atacado no desde el campo de la política y la economía sino desde el de la ciencia, como enemigos de la verdad científica. Porque hay algo peor que ser un revolucionario, es peor ser tildado de loco.  Por eso, hoy en día, la disidencia es locura, está fuera de los límites del sentido común establecido. Disentir, aunque sea ligeramente, es ya estar fuera de los marcos aceptables del sistema y convertirte en un hereje.

Después de visitar el sepulcro de Ramón Llull, allí recé para que Dios me de fuerzas en mis investigaciones y me ayude a reconocer con humildad mis errores.

Os dejo un pequeño video del claustro y de cómo, al entrar en la iglesia, comenzó a sonar ese maravilloso órgano:

https://youtu.be/CZtRA1hNuIU

La agenda y los marcos vistos por los escritores Juan Manuel de Prada y Juan Soto Ivars

Hace poco he visto este diálogo de Juan Manuel de Prada con Juan Soto Ivars y me he quedado con unos fragmentos que me parecen muy importantes sobre lo que en el mundo teórico del periodismo se llama establecimiento de agenda (“agenda setting”) y marcos (“framing”):

Minuto 23:

Juan Manuel de Prada: Por otra parte, vamos a ver, cuando eres una persona que, naturalmente, tienes tu pensamiento, y que además tu pensamiento es reconocible, la gente más o menos sabe lo que piensas de las cosas, pero que te mantienes un poco, desde luego, al margen de la liza entre los partidos políticos, te sientes extraño, extranjero en estos lugares. Y luego hay otra cosa, hay otra cosa de la que nunca se habla, pero que es así, y que tal vez la gente no lo sepa. Lo voy a decir con una cita de Noam Chomsky, que no es que sea un autor de cabecera mío, pero sí de cosas muy inteligentes. Noam Chomsky, reflexionando sobre los medios de comunicación, dice esto, que yo creo que es cierto:
“La forma inteligente de mantener a las personas pasivas y obedientes es limitar estrictamente el espectro de la opinión aceptable, pero permitir un airado debate dentro de ese espectro, incluso fomentando puntos de vista críticos y disidentes. Esto le brinda a las personas la sensación de que hay un libre pensamiento aconteciendo ante ellas, pese a que todo el tiempo los presupuestos del sistema están siendo reforzados por los límites impuestos en el espectro del debate“. 
Juan Soto Ivars: Esto es una gran verdad.
Juan Manuel de Prada: Yo de los medios en general me he ido alejando, pero de algunos me han echado, de muchos me han echado, o más que echarte, te van a empujar. Y siempre ha sido por la misma razón. Es cuando lo que he dicho se sale de ese espectro aceptado. Es decir, yo creo que en los medios hoy en día se está favoreciendo una serie de discursos de derechas o de izquierdas, pero dentro del espectro que conviene al sistema, al régimen, y en el momento en el que cuestionas las premisas sobre las que se asienta el sistema, te expulsan.

Juan Soto Ivars: De hecho, lo que están intentando, la gran pelea, lo que llaman batalla cultural, es precisamente un intento de dos grupos o más por establecer unos límites a lo que es, digamos, es un intento de imponer el sentido común, que el sentido común al final se arma. Es como, esto que está diciendo esta persona aquí, no es que sea un rarito, no es que sea un verso libre, es que de pronto ha traspasado esa línea en la que está intentando hacer debate de algo que nosotros hemos considerado que ya no es debatible. Para pensar en esto he pensado muy útilmente en el aborto.

El aborto es un asunto muy interesante, es un asunto en el que hay dos posiciones que ponen la legitimidad de la posición en lugares distintos, uno en la mujer y otro en el embrión, en la persona que puede nacer, o en la persona desde el punto de vista del antiabortismo, y a mí me parece que es uno de los debates interesantes y profundos que se pueden tener, sin que ese debate tenga que determinar finalmente lo que la sociedad va a hacer o no. O sea, yo digamos, el consenso social respecto al aborto me parece una cosa, pero pensar en ese tema me parece algo muy abierto a posiciones muy legítimas y muy encontradas. Entonces, ¿qué es lo que hacen, por ejemplo, cuál es el intento con el asunto del aborto? Es decir, ese debate ya está cerrado, no lo podéis volver a abrir. ¿Y qué están diciendo con eso? ¿No están diciendo que los que pretenden abrir el aborto sean personas con una posición que ha quedado fuera del debate injustamente o que no está siendo escuchada? No, lo que están diciendo es que están locos, que es una manera moderna de decir que son unos herejes, o sea que no puedes formar parte de la comunidad, no si tienes esta opinión, sino si quieres abrir este debate que nosotros hemos cerrado.
Y a mí me parece un tema muy interesante ese, como me parecen muchos otros, pero lo que estaba diciendo Juan Manuel es tal cual.  Ellos no utilizan la censura. La censura, cuando la utilizan, crea escándalo. La censura se utiliza de una manera mucho más sibilina, que es diciendo, este es el terreno y si estás fuera no podemos contar contigo. Y si te pones fuera, tú te has puesto fuera, porque este no es un tema de conversación, o sea, tiene más que ver. De hecho, la línea editorial de los programas, yo participo en uno de Antena 3, que tiene una línea editorial más antisanchista, y en uno de La Sexta, que un par de veces, que tiene una línea más sanchista. ¿En qué se nota?  ¿En que no te dejan hablar?  ¿En el que, digamos, la línea editorial se sale de lo que tú piensas?

No, en cómo eligen los temas. Aquí hoy vamos a hablar de esto, de esto, de esto y de esto, y tú eso no lo puedes elegir.  Y ahí puedes manifestarte en contra, echar espuma por la boca o hacer lo que te dé la gana.Pero vamos a hablar de esto. Lo que hacen los medios de comunicación es elegir el recinto.

Moderadora/entrevistadora: El espectro, como decía muy bien y muy acertadamente la cita de Chomski.
(…)
Juan Manuel de Prada: Eran ideas disolventes.Yo, por ejemplo, a diferencia de Juan, yo soy un crítico radical del régimen del 78, ¿no?Esta designación que acuñó en su día Pablo Iglesias y que luego no recuperó, yo en cambio la he mantenido. Y creo que el régimen del 78 es monstruoso por muy diversas razones, entre otras razones porque creo que ha ensarzado a la sociedad en esto que llaman ahora la polarización, ¿sabes? Y nos ha incapacitado para empresas comunes, nos ha incapacitado para pensar y para repensar nuestra vida política.Entonces, pues soy un furibundo detractor del régimen del 78. En mis artículos, en donde me expreso con mayor libertad, pues lo muestro abiertamente.
Es decir, yo creo que si dices cosas que se salen del espectro, son cosas inaceptables.Yo recuerdo un debate, ya que mencionaste el tema del aborto, pues en los últimos años en los que participé en programas, en la radio, pues se planteó el tema de la objeción de conciencia. Claro, el enfoque era poner en tela de juicio la objeción de conciencia, ¿sabes?
Poner en tela que salvo en lo que se sigue avanzando, pues ya se hacen listas de los médicos que no quieren abortar, etc. Entonces, la razón del debate era empezar a decir que eso de la objeción de conciencia no puede ser, porque si el aborto es un derecho, la objeción de conciencia no tiene cabida. Y entonces, yo para sorpresa de los que conducían el debate, yo decía que a mí la objeción de conciencia me parecía mal. Porque la objeción de conciencia es introducir un componente de subjetividad a algo que se puede analizar objetivamente. Y que la cuestión es analizar la naturaleza del aborto, de forma objetiva, como analizamos la naturaleza del agua, pues el agua tiene hidrógeno, oxígeno, etc.Entonces, yo decía que no, que la objeción de conciencia es que no, que en absoluto la objeción de conciencia es que cada uno haga lo que le dé la gana y que enjuicie subjetivamente la naturaleza de las cosas.
Yo abogaba porque hay que enjuiciar la naturaleza de las cosas y decir si el aborto es bueno o malo con discernimiento moral. Y yo a continuación dije, yo lo considero que es malo.Y dije por qué.  Y bueno, imagínate, les entraron los siete males, por eso, porque consideraban que eso ya no se podía discutir. Del mismo modo, por ejemplo, que creo que para conceptuar un delito, el consentimiento es un elemento totalmente accesorio. O sea, el hecho de que yo te diga a ti que sí, por favor, córtame esta mano, eso no te exonera, porque cortar una mano es objetivamente, tú puedes analizar la naturaleza del acto de cortar una mano.
Entonces, el consentimiento, a mi modo de ver, es un elemento muy accesorio. Nosotros tenemos que ir a la naturaleza de las cosas. Cuando dices estas cosas en los grandes medios de comunicación, les entran los siete males. Porque simplemente esa visión del mundo, en donde consideras que no es la subjetividad, sino la posibilidad que tenemos de analizar la naturaleza de las cosas, lo que debe determinar el juicio que nos merecen, esto, por ejemplo, no lo aceptan.
(…)

Minuto 42:

(42:51)

Juan Manuel de Prada: Entonces yo soy muy escéptico.  Creo que en los medios hay un componente de aturdimiento. Vamos a ver, Vargas Llosa ha escrito sobre estas cuestiones.  La degradación de los medios.   Conversión en un espectáculo que además es un espectáculo, más que un espectáculo yo diría que es como una maniobra de distracción. Y luego eso sí, yo creo que los medios de comunicación tienen una grave responsabilidad precisamente por esto. Porque la gente que va a los medios es gente que si no ha sueldo está al servicio de tal o cual facción política. Y estas personas están fanatizando a la población. Porque la gente ingenua ve estos programas y piensa que lo que esa gente está haciendo nace del libre pensamiento. Y es falso. Son esbirros.

Juan Soto:  Pero es que lo que más acepta el público, no solo de la televisión, yo creo que es que esto se transmite. Porque de lo que sale en la televisión luego se habla. Quiere decir que el efecto no se queda en quien está mirando la pantalla. (43:54) Pero para mí lo más pernicioso de los medios de comunicación es precisamente decir, trasladar a la población que hay cosas que no existen.

Juan Manuel de Prada: Y que solamente existen aquellas cosas que los negociados ideológicos determinan que son las cosas que se tienen.

Juan Soto: Y el límite está donde ellos dicen.Porque eso es lo realmente pernicioso.Yo creo que tener a Sara Santaolalla hablando de política puede ser imitativo para… Quiero decir que no creo que su efecto, más allá del que te genera mirándolo, de adhesión o de repugnancia, vaya más allá de ahí.Pero si os dais cuenta, siempre están hablando. Ese siempre están hablando, tú pongas la tele cuando la pongas, siempre están hablando. Ese siempre están hablando oculta la mayor herramienta que es la televisión.Que es de lo que no se habla.Los culturetas, por ejemplo, volviendo a lo de los escritores y la tele, siempre se queja la gente. Oye, es que no hay programas culturales.Dicen, no hay programas culturales como antes.Es que mira la tele, que todo es bazofia, que todo es una cutrez, que tal. Es que hasta viendo programas culturales, cuando vas a las hemerotecas televisivas, por ejemplo la televisión española, te pones a mirar los programas culturales de entonces, de la época dorada, y te sigue llamando la atención aquello de lo que no se hablaba.Porque al final lo que hace la tele es decidir de qué no se habla.Ese es el trabajo, lo hace la televisión, lo hacen los periódicos. El eufemismo bonito es llamarlo línea editorial, agenda setting, decían los americanos, todo eso.Esa es la forma bonita, como ellos están eligiendo los temas de interés público.Pero la elección real es de qué no se habla.

Esta es la peligrosa.
Juan Manuel de Prada: Sí, sin duda.
Juan Soto: Los comunistas lo han dicho mucho en las democracias liberales. Yo no comparto en absoluto el comunismo, pero los comunistas tenían razón. No les dejaban exponer las posibilidades que ellos veían a un sistema comunista.Y en eso tenían toda la razón. Es que lo que hace la tele es eso, o lo que hacen los medios es eso.Es hasta aquí.
Juan Manuel de Prada: En este sentido, hablabas de que Juan ha abierto un canal en Youtube. Creo, no sé hasta dónde llegará, porque habrá un momento en el que evidentemente las grandes empresas tecnológicas empezarán a poner cortapisas. Pero hoy por hoy sí que es verdad que a través de un canal de Youtube se puede hablar de cosas, eso no quiere decir barbaridades, hablar de cosas de forma sensata, moderada, tranquila. Puedes hablar de cosas que efectivamente en los medios establecidos no puedes hablar.  Y en ese sentido creo honestamente que los medios establecidos tienen el tiempo contado. Tienen el tiempo contado, al menos mientras en estos ámbitos haya esa posibilidad de hablar de esos temas que están silenciados. ¿Por qué? Porque hay un umbral de edad en donde te vuelves pasivo y entonces aceptas lo que te echan. Esta es la dura realidad, ¿no? En general, no digo todo el mundo, por supuesto. Pero es verdad que cuando tienes 20 años no estás dispuesto a aceptar lo que te echan. Y claro, la gente joven ha dejado de leer la prensa, ha dejado de ver la televisión, está dejando de escuchar la radio, porque quiere que le hablen de cosas que está prohibido hablar. Y yo creo que ese es el éxito, te lo he dicho, que ha empezado hace poco y lo ve con éxito. ¿Por qué? Porque hay personas que buscan que alguien como él les diga cosas que no se van a encontrar en la prensa o en los medios establecidos.
(…)
(1:02:46)
Juan Manuel de Prada:
El problema de la prensa es que la prensa hoy en día tiene una subsistencia muy difícil porque la prensa hoy en día depende cada vez más, bueno, en primer lugar, de la publicidad institucional. El otro día me dijo un directivo de la Asociación de la Prensa de Madrid que en estos momentos los medios en España, el 62% de los ingresos son de publicidad institucional. Son medios inviables. Son medios que van a depender del gobernante de turno, del virrey autonómico de turno, etc. Es imposible. Con un 62% de dependencia en tus ingresos de la publicidad institucional, estás muerto.
NOTA BIBLIOGRÁFICA:
La cita de Noam Chomsky que lee Juan Manuel de Prada está en su libro The Common Good (1998):