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jueves, 21 de febrero de 2019

alcornocal del cromleque dos almendres


En 2013, ya cerca del solsticio de verano, bajo este bosque de alcornoques que rodea el círculo y la elipse de grandes piedras construidos por los hombres del Neolítico junto a la población actual de Guadalupe, Évora, Portugal, hicimos noche para ver amanecer, después de haber visto anochecer, y el movimiento de las sombras de los pedruscos. Era la segunda vez que aparecíamos por este mágico lugar, pues ya habíamos estado en 1999, en un viaje hasta las playas de los acantilados de Porto Covo. Por la mañana temprano, el sol aparecía detrás de estos alcornoques.

domingo, 22 de abril de 2018

évora recién pintada


La nueva Évora es más luminosa, más divertida supongo. De ser una ciudad de paso para nosotros, nos damos cuenta de que ahora tienen abierta la catedral, que puede verse a un módico precio, que los del Museu do Relógio de Serpa han abierto una sucursal aquí. En fin, que se ha convertido en una auténtica ciudad de guía turística. Ahora se puede dibujar el templo romano bebiendo una cerveza y oír fados en las tabernas. Las calles están limpias y recuperadas, la capilla de los huesos es toda una atracción, con una puerta de diseño, y hasta en el Jardín Público pueden oírse conversaciones en francés. Visitamos el cementerio, con un curioso apartado para el osario de los bomberos voluntarios, pasamos a la iglesia del Carmen y tomamos café en el Estrela d'Ouro, como novedades. En este último un señor ha montado ahí su oficina y pasa a lápiz apuntes en un cuaderno, con la letra muy pequeñita y el lápiz muy afilado. Tiene un sacapuntas grande encima de la mesa que utiliza de vez en cuando.

Como mi nuevo cuaderno es pequeño y manejable, hago dibujos rápidos a gusto, sin problemas. Como si todo fuera nuevo, como si antes nunca hubiéramos estado. O, por lo menos, como si no nos hubiéramos dado cuenta.

sábado, 15 de junio de 2013

un río para comer y menhires para dormir










En Casas de San Pedro nos dan un café riquísimo. La señora dice que se llama Roso y lo compran en Portugal. Comemos a la orilla del Bullaque, cerca de Luciana, a la sombra de un tilo, una acacia y unos álamos negros, rodeados de las flores añiles de la vivorera. Después paramos frente a Puerto Peña, donde anidan el alimoche, el gavilán y el buho real culebrero. En la base hay una presa que embalsa al Guadiana. Después campos de arroz regados por el Canal de Orellana. En Valdivia, frutales, palmeras y nidos de cigüeñas en cualquier poste o silo. En Santa Amalia, campos de maíz. Agua y más agua del Guadiana.

En Évora, ya en Portugal, paseamos por sus calles y bebemos cerveza en una terraza de su plaza mayor, Praça do Giraldo, de 1571, rodeada de arcos. Un coro canta en un rincón. En San francisco vemos la Capilla de los Huesos, con los restos de 5.000 monjes. Subiendo la cuesta está la Sé con dos torres robustas y un bonito pórtico amarillento en la entrada. Nos entretenemos con las marcas de las piedras. Detrás, se levanta el templo romano dedicado a Diana, lo que queda de él.

Ya es tarde y nos gustaría ver atardecer en el Cromeleque (Crómlech) dos Almendres, un recinto funerario del Neolítico muy cercano, por la nacional 114, un lugar mágico. Cuando llegamos el sol se va a esconder detrás de los alcornoques y alarga las sombras de las piedras. Se acerca el Solsticio de Verano y resulta interesante esta visita. Unos guiris han tenido la misma idea, sacan sus sacos de dormir y duermen junto a las piedras. Es un sitio apacible y a la vez impresionante. Un montón de pedruscos (monolitos de hasta tres metros de altura, algunos de ellos grabados) de pié formando dos óvalos concéntricos y otros dos círculos más pequeños en el Este. En la parte interior del lado contrario una piedra con aristas en el suelo, como un altar. El suelo está inclinado para recibir la luz del amanecer. Hago varios dibujos, abrazo las piedras, fumo sobre el altar esperando que el sol se ponga. Nos comemos unos bocatas y dormimos en la furgoneta, junto a las grandes piedras, esperando que en los sueños nos hablen.

445 kms. 26,20 euros dos personas.