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miércoles, 5 de julio de 2017

paredes de copacabana


En la orilla boliviana del lago Titicaca.

lunes, 4 de febrero de 2013

copacabana y la isla del sol



Campanas desafinadas y desayuno continental. Visita no guiada. Bajamos a la Iglesia de la Virgen de la Candelaria. En las rejas, dos loros verdes bajan y suben los barrotes diciendo hola lorito. Vamos una pequeña sala que pone sala de velas, prohibido tirar mixtura. Son los petardos. El interior es lóbrego, como una cueva sin luz exterior. Las paredes negras tienen brillos de cera. Al fondo, dos piletas de piedra con muchas velas. Fieles poniéndolas y rezando. Alguien hace figuras de cera en la pared, blanco sobre el negro del humo, como si fuera plastilina, formando casas, niñas, parejas, coches... son los pedidos que se hacen a la Virgen.

Salimos impactados. En la calle, todo está lleno de carros (autos) y combis decorados con flores y miniaturas de casas, muñequitos, tiendas de abarrotes... hay un olor fortísimo a cerveza. Pensamos que es de la juerga de ayer, pero alguien abre una Paceña y la agita como Fernando Alonso y va haciendo una línea a presión alrededor el auto. Una señora de bombín, que aquí llaman cholitas, lleva una cesta de metal con ascuas y una campanilla. Espanta el humo cantando. Un hombre mayor abraza a otro y dice: Maese Mateo que sea en buena hora. Luego llega el cura y echa agua bendita a toda la familia, empapándolos, y luego a la combi y al todo terreno. Nosotros ya estamos viendo lo que venden en los puestos, que son todas esas miniaturas (euros falsos, muñecos, casas, camiones de latón, tiendas de juguete, mixturas y otros exvotos) que ponen para pedir. Veo una chapitas de metal con figuras grabadas de manos, piernas, parejas, biblias, casas... con un lazo verde. Como los exvotos que los íberos lanzaban a las grutas para la Madre Tierra, aquí también le piden a Ella.




Hace un día extraordinario, salimos al campo. Subimos un cerro de grandes piedras. Allí arriba se está en la gloria, tomando el sol y mirando el espectáculo de Copacabana, las montañas que la rodean, el lago y esas nubes tan hermosas que crecen verticalmente sobre un azul bastante fuerte. ¡Se está tan bien sin hacer nada! esta tranquilidad, la luz, el clima, la gente. Cuando volvemos nos cruzamos una procesión de hombres y mujeres bien arreglados que bailan haciendo giros al ritmo de una música de quena y tambor y, de vez en cuando, una carraca plateada con forma de coche. Suponemos que esto es un rito ancestral mejorado y se basa en que su Dios es mucho más campechano y menos severo que el nuestro. De hecho, creó el mundo mientras estaba almorzando: se vertió la leche y se hizo la Vía Láctea y, como era divertido, empezó a tirar alimentos para crear las cosas que conocemos.


Tan llenos de mitología y espiritualidad, nos pillamos un barco a la Isla del Sol, que es donde, se dice, está la momia del primer aymara, Manco, su Adán, que vivió más de mil años y pudo enseñar a cuatro generaciones. Desde el barco se ve la magnitud de este lago sagrado. Una pequeña isla con un árbol. Llegada a puerto. Recorrido andando. Subimos la escalera del jodido Inca, de 290 escalones de piedra. Nos cruzamos con mujeres con el gorrito y el ato, burros, llamas, hombres cargados con las maletas de los turistas, niños jugando, vendedoras de piedras y fósiles. Tengo movida con el guía, pues su teoría es que es necesario ir con un guía para no perderse (o sea, pagarle 50 bolivianos). Mi teoría es que es imposible perderse en una isla tan pequeña ( ¡y con brújula!) y lugareños que hablan español. Total: que vamos solos, tranquilos , sin pesados, disfrutando de las vistas (la Isla de la Luna, donde yace su Eva y el lago), atravesando terrazas y ruinas incas; pero sobre todo con paradas para dibujar.


domingo, 3 de febrero de 2013

a bolivia


Los Uros constituyen una de las etnias más antiguas de toda América (Evo Morales es uro), algún estudioso piensa que vinieron de la Polinesia. Ahora se dedican a hacer cuatro representaciones diarias en temporada baja y unas cien en temporada alta. La misma representación todos los días de su vida. El caso de los quechuas de Taquile es distinto, ellos han luchado por controlar el turismo, han regulado las entradas, han comprado sus barcos, han asociado a sus guías y enseñan sólo lo que quieren.


Paseo mañanero a la Catedral. Magnífica fachada con preciosas esculturas de gusto y manufactura indígena: sirenas tocando el laúd, músicos pajarillos y San Miguel matando un diablo con alas y la espalda retorcida. ¿De dónde sacó el diablito? me pregunta una señora de bombín fisgoneando en mi dibujo.



Ponen alfombras de colores y sacan los bancos para una misa en la plaza. Los militares rodean a la Virgen de la Candelaria. Un ciego molesto y andrajoso, con cuatro pelos largos en su barba lampiña, pide dinero con un cazo. Le doy un sol. De golpe empujones de señoronas y señorones con traje negro. Sacan a la Virgen a la puerta, junto al ciego, para que el pueblo la vea. Las señoras le lanzan pétalos amarillos. Por azar del destino, y su proximidad, los pétalos caen sobre el ciego que, al sentirlos, ilumina su cara como a un santo.



Vemos el Museo Carlos Dreyer, una bonita y resumida colección con cerámicas chimús (con fines claramente masturbatorios), chancays e incas. De los incas, las tres momias encontradas, con el oro a cuestas, en Sillustani, unos enterramientos cercanos a Puno. En bus, nos acercamos a la casa de Benigno Aguilar, que ya nos tiene preparada su colección de dibujos puntillistas y, en la terraza, sus cuadros al óleo. Es profesor de Ciencias Sociales y pinta por afición. Quisiera mi opinión y yo le digo que no soy quién. Me gusta que el contenido de su trabajo me lo explique con entusiasmo, esa obsesión por la mitología del lago, que ve diariamente desde su terraza. Quedamos en mantener una comunicación. Sólo quiere hablar de lo que le gusta y escuchar.

Camino de Copacabana, Bolivia, nos cuentan que el nombre se lo puso un náufrago brasileiro que apareció milagrosamente vivo en este punto del Titicaca. Orillamos el lago viendo huertas y gente trabajándolas, con una luz amarilla, burros , alpacas, chanchos, perros, gallinas, borregos lanudos y niños que se revuelcan jugando con toda la lista de animales. De vez en cuando, grupos de casas de adobe y paja o metal ondulado brillante. Por sus calles adoquinadas, gente que vuelve del campo y algunas vecinas de cháchara.

Pasamos la frontera rápido y sin problemas. El autobús está lleno de guiris que han recurrido al plan b ante la imposibilidad de ir a Cuzco. Cambio dólares a 6,80 bolivianos y ayudo a un señor mayor que difícilmente tira de un carro, subiendo la cuesta, hasta la barrera de la frontera. Por un momento, he vuelto a Perú.

Copacabana ya es otro mundo. Mucho más barato. El hostal nos cuesta la mitad que en Puno. Rápido dejamos las cosas y vamos a alimentar nuestra curiosidad. Hay fiesta y música por todas partes. Vamos a la plaza. Suben la cuesta parejas muy arregladas: ellas con mantilla brillante de flecos, falda brillante tan tableada que las hace más gordas, bombín pequeño y muy alto y zapatos de charol sin tacones; ellos de traje de rallas a lo mafioso y sombrero de ala ancha a lo gavilán. Ellos van dando tumbos y sus señoras los sujetan. Cuanto más bajamos, más parejas en tan lamentable estado. Ellas se ponen graciosas, coloradas y sin parar de reír.

Seguimos la senda de la música y el olor a cerveza. La gente arremolinada, mezclados por la calle.
Llegamos a la verbena. Un foco ilumina los trajes blancos, la gente dando tumbos, los bombines bailando y las narices rojas. En los laterales, puestos de cerveza. A ocho me grita la señora al oído mientras me da una Paceña de medio litro, el casco también vale platita. Cuando descansan los músicos, empieza otro baile a cien metros. Movimiento de masas, una locura. Todo el mundo baila.

Rompe a llover y nos vamos, creo que somos los únicos a los que le importa. Subiendo, adelantamos a una familia tomada. El padre habla con el perro, guau, guau le dice. Nos miramos pensando en dónde coño hemos llegado y nos partimos de risa. Cuando llegan los neohippies malabaristas al hostal, se ponen a tocar la quena y el tambor como si fueran aymaras. Unos pesados es lo que son.

viernes, 29 de junio de 2012

chapas de cervezas de copacabana

De mi fugaz paso por Copacabana, Bolivia, este mismo año, me traje estas chapas de cerveza. En realidad responden a más marcas que chapas, pues la de la Compañía Boliviana Nacional (CBN) está en todas las marcas locales.
Huari: cerveza rubia, de la CBN. El Inca: bicervecina, cerveza negra de malta con poco alcohol. Paceña Black: cerveza negra de la CBN. Cordillera: producida en las plantas de Backus en Perú. Potosina: pilsener, original de la ciudad de Potosí. Sureña: cerveza rubia de la Cervecería del Sur. Auténtica: cerveza rubia de malta, de la Compañía Cervecera Boliviana. Abajo del todo: cerveza de Guayaquil, de la Compañía de Cervezas Nacionales de Ecuador.

sábado, 11 de febrero de 2012

rebobinando


 Mientras Beni echa la última cabezadita, voy al mercado de Copacabana a desayunar. Paso donde el cartel de Mates, Cafés, Té, Leche y me siento en el puesto de Elva, que acaban de abandonar y un mendigo limpia la mesa para sacar algo. Me tomo un café con leche resién hervida, a la que retiro la capa de nata no vaya a ser que esta vuelta a la infancia me preste mal. Mojo dos buñuelos recién fritos, son como porras o tallos más huecos y con miel. Departo con los locales Mario y Faustino, que se dejan dibujar con gusto y sorpresa. Me preguntan de dónde soy y pienso un poco antes de responder en qué hicimos con esta gente que llevan nuestros nombres y hablan nuestro idioma. Les enseño todo el cuaderno por petición y se quedan contentos. Nos presentamos y me desean feliz viaje.
Seguidamente rebobinamos en autobús. Todos los alrededores del lago, Puno (por fin dibujo las fabulosas esculturas indígenas de su portada sintiendo la pérdida en el trasvase a las dos dimensiones), el espectacular altiplano. Tiramos tanto de la cinta, que salta y se malogran los cachitos de hierro y cromo. A la una de la mañana estamos atascados en mitad del desierto. Afortunadamente hemos comprado boletos de Cruz del Sur, con dos buenas camas para olvidar todo y dormir sin piedad.



viernes, 10 de febrero de 2012

dibujos de cera en copacabana


Copio los dibujos que los devotos hacen con cera en las negras paredes de la sala de velas de la Basílica de  la Virgen de Copacabana. No puedo negar que me encantan, que me vuelven loco y que me hacen pensar en qué coño estoy haciendo con mi cuaderno pudiendo hacer dibujos en relieve de blanca cera.

jueves, 9 de febrero de 2012

copacabana

 Ya de temprano me siento en las aceras para dibujar la cola del banco y los comerciantes de artículos religiosos montando sus tenderetes frente a la Basílica de Copacabana. Llega la señora de cuyo sardinel me he adueñado y me dice que aguante qué bonito parese una foto hasta que empieza a colocar prendas en el toldo y me tengo que cambiar de sitio.


Vuelvo ya con Beni y vemos la sala de las velas con sus paredes negras llenas de hermosos dibujos infantiloides de los pedidos a la Virgen, hechos en cera,  fundamentalmente vehículos, casas, amor y salud, por ese orden. Sería lamentable que saliera adelante el proyecto de una nueva sala de velas anunciado. Para mí, ésta es perfecta. Las puertas principales de la Basílica cuentan en relieves la historia de la Virgen de Copacabana. Me gusta el estilo y reproduzco el sueño del indio Tito Yupanqui, el traslado de la virgen por los uros sobre el lago y por tierra y creación de la Basílica, hoy renacentista-morisca, con un gran patio con una capilla abierta para los indios.

 Por la tarde entramos en la olla de la trasera de Copacabana, un círculo de unos dos kilómetros de diámetro  formado por montañas en círculo con peñones hermosos. El trozo no cubierto es el que da al lago. Allí circulan arroyos que vierten en él y surten de agua a todo el llano plagado de chacras con habas, papas y otras plantas que desconozco. Llegamos hasta la pared de enfrente donde llega un camino empedrado a una hacienda española, en cuyo patio hay un bosquecillo de eucaliptos y la tina del Inca. Bonito, todo me parece bonito. Dibujo la hacienda, las montañas con sus piedras caprichosas, el camino primitivo de vuelta y Copacabana desde este camino.




Antes que se ponga el sol, paseamos por la bahía. Las barcas, los niños jugando al futbolín. Un niño con un montón de chapas (no colecciona, casi todas son iguales). Le cambio una que no tengo por dos difíciles para que no se mosquee la madre, las de las cervezas Paceña negra  y El Inca, que no se ven mucho por aquí. Vemos el sol ponerse y con la puesta llega el frío.
Lo más ridículo de este pueblo es que es el paraíso de los hippies argentinos y chilenos, estudiantes de vacaciones baratas que se disfrazan de andinos y beben vino y tocan la tena y el tambor en los cafés y venden artesanía mucho más fea que la local y mucho más cara. Y da un poco vergüenza su pose europea con los trajes devencijados andinos. Pero no tiene la menor.
Tomamos unos cafés y yo me lío con la computadora.

miércoles, 8 de febrero de 2012

alrededor del titicaca



 Acasito nomás está verde ahora, en el invierno queda amarillo y seco, está lindo, nos dice la señora mirando atrás en el maletero de la ranchera, donde nos han alojado.
Cuando llegamos a Sillustani, nos sorprende que todo sea tan bonito: el paisaje verde, el pueblo de adobe y calamina a la orilla del lago, donde están lavando la ropa, y las colinas verdes sembradas de piedras redondas, donde se ven las siluetas de lo que venimos buscando: las torres funerarias collas. Son unos enterramientos en torres cilíndricas sobre cimientos incas, con más diámetro en la parte superior. Se metían las momias por la puerta inferior y se tapaba todo, hasta lodar la torre, con piedras y tierra arcillosa. Había momias de niños pequeños y cuyes. Al subir vemos que es una montaña que forma una península en el lago Umayo, convirtiéndolo en un sitio muy especial, realmente bello. Todos los alrededores están llenos de torres más o menos completas y algunos círculos espirituales incas. Son los únicos restos de la cultura Colla.
Volvemos con una cholita que se asombra de que nos hayan cobrado diez soles por algo tan feo. La tenemos que llevar a su casa, por lo que visitamos los hermosos pueblos de adobe e itsu como Llungo. Isturi y Cacsi, pueblos de pequeños ganaderos de llamas, corderos y vacas. También recorremos algunos pequeños cortijos de ganado, de adobe o piedra, techo de paja, depósitos circulares y muchos corrales de piedra.
Las carreteras son rectas en el plano altiplano, enseguida subimos la montaña que, al bajar, nos descubre el lago Titicaca y Puno. Hace un día espléndido y comemos chicharrón en una terraza oyendo cumbias andinas. Un motocarro va plagado de gente, un niño vende huevos de codorniz, los corderos pastan en los jardines, costureros cosen con su Singer en pequeños quioscos y todo se llena de polvo y humo malholiente. Un mototaxi nos lleva a la Terminal Terrestre, donde nos subimos a un bus que nos llevará a Copacabana, ya en Bolivia, en menos de tres horas.



 Bendita agua del lago que riega todas las chacras floreadas en todo su esplendor. Todo bulle de vida: los borriquillos, las alpacas y llamas, las vacas, los chanchos pequeñitos. Hasta las cholitas parecen bailar con sus hijos descalzas sobre la hierba. Nosotros también rebosamos viendo esta belleza. Hago garabatos en mi cuaderno con un rotulador gordo negro y los dos pinceles cargados de acuarela verde que me quedan.
Copacabana brilla con el sol, que siluetea en el lago patinetes, barcos, canoas, muelles de madera y palos. Produce paz mirar el lago con esa luz. Nos sentamos enfrente con una Paceña en una terraza y esperamos que aparezcan rojos y amarillos entre las nubes y luego sólo grises en el agua de mercurio y el resto negro. Hago un dibujo feo y hortera como todas las puestas que quieren representarse. Mejor sólo estar. Disfrutar y nada más.



Hergué dibuja las chulpas como algún tipo de vivienda o templo habitable,  y para ello inventa un tipo de puerta y sillería inca que no se corresponde con la realidad. Estos enterramientos tienen una entrada muy pequeña, para meter las momias, y no están huecos. Y no son incas, pertenecen a la cultura Kolla, que vivió en el lago Umayo antes que los incas.

lunes, 28 de noviembre de 2011

dibujar con cera










La Virgen de la Candelaria de Copacabana vino cargada por los dominicos a los lugares sagrados de los aymaras e incas en el siglo XVI, junto a las islas del Sol y de la Luna, en el lago Titicaca. Su imagen esconde en realidad el culto a la Pachamama, la Madre Tierra, y en su fiesta se vierte la bebida al suelo y se hacen ofrendas que son miniaturas de los deseos que se le piden: casa, pareja, dinero, coches, salud. En una pequeña y oscura capilla junto a la basílica, se dibujan con cera estos pedidos. Como la cera quema, la virgen obtiene así su pequeña contrapartida en sacrificio.Un cartel de madera reza: no manchar las paredes con cera. Arriba, las fotos que, impresionado, hice.


Vemos una pequeña puerta que pone “Sala de velas, prohibido tirar mixtura“. La mixtura es lo que nosotros llamamos petardos. El interior es lóbrego como una cueva, sin luz exterior. Las paredes negras tienen brillos de cera. Al fondo, dos piletas de piedra con muchas velas. Gente poniéndolas y rezando. Y alguno haciendo figuras de cera en la pared. Contra el negro del humo, la gente hace líneas de cera, como plastilina blanca, formando casas, niños, parejas, coches… son los pedidos que se hacen a la virgen  como sus ancestros hacían a sus dioses. Al fondo hay una imagen iluminada suya.