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martes, 9 de julio de 2024
lunes, 20 de abril de 2020
buscando a colón
En 2006 tuve que ponerme en el pellejo de Cristóbal Colón para ilustrar su diario de viajes a las Indias. Entonces pensé, con tinta china y pincel seco, en qué aspecto tendría.
miércoles, 1 de agosto de 2018
martes, 31 de julio de 2018
sábado, 28 de julio de 2018
viernes, 30 de junio de 2017
almansa en 2006
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miércoles, 15 de abril de 2015
los cuadernos de colors
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viernes, 29 de noviembre de 2013
martes, 29 de octubre de 2013
último día en valencia
Amanece en la casa y las flores de los azulejos se levantan mientras me ducho. Paseo hasta los Jardines del Real. En una esquina aparece la Casa de los Dragones. Paso un puente con el espinazo de Calatrava, peste del día siguiente al botellón en la ribera del Turia y un mendigo bebiéndose los restos, acacias del Japón péndula en el Jardín del Real, la Casa del Jardinero Mayor de Valencia, estatuas románticas alegóricas y una reproducción de la Dama de Elche. Me recuerda un viaje de pequeño en que me trajo mi padre. La Avenida de la Pau hasta la Plaza de la Reina, con las Torres del Miguelete y Santa Catalina al fondo.
Beni ya ha hecho las maletas. Cortamos agua y luz. El sol ilumina la parte superior de la rebonita Estación del Norte. Las cerámicas brillan, las estrellas rojas. En el 5 vamos al IVAM, donde hemos quedado con Rosa. Vemos una expo chula de una artista valenciana que hace cosas con los papeles recogidos de las ruinas, que cose en casa. Se llama Elena del Rivero y vió arder las torres gemelas. Julio González, Ignacio Pinazo. Dibujo desde la terraza de Rosa los tejados hacia las Torres de Serrano.
Pilar trae su superfurgoneta para que la veamos. Montados dentro, vemos como la dueña se ensancha. Comemos en los jardines de enfrente. Nos comemos una paella buena, pero no para tirar cohetes, el arroz está abierto. Nos invitan. Cogemos un taxi a casa, que se hace tarde, y nos largamos a Madrid. En el Altaris nos castigan con El Señor de los Anillos, una peli llena de bichos subiendo y bajando montañas y un bobo llamado Floro.
domingo, 27 de octubre de 2013
viaje a valencia en 2006
Visitamos el mercado y tomamos algo en el bar. Lo lleva Lucía, que acaba de tener un bebé y que entretiene la abuela en la carnicería de enfrente. Comemos en Los Cuchillos. Los espárragos están pasados y ha perdido su encanto.
Vamos en bus, el paisano de enfrente tiene melenas en las orejas. Ya en la estación de Valencia, pillamos el 8 a la plaza de toros. Cerca está la casa que nos ha prestado Concha, que está en un edificio modernista y que apenas si han tocado. Suelos de losetas pequeñas con muchos colores, arcos, lámparas y muebles antiguos y un gran patio. El baño es completamente original. En esta casa apetece vivir.
Paseamos hasta la plaza del Ayuntamiento por calles peatonales con terrazas. Allí también está el edificio de Correos. El mercado, la Lonja de la Seda del siglo XV (patio-jardín, columnas góticas helicoidales, madera policromada). Majestuosa Catedral donde, para nuestra sorpresa, una orquesta toca y los coros cantan como ángeles eso de Gloria, Gloria, Gloria in excelsi Deo de Bach, llenándola como si fuera humo.
Bodegó de la Sarieta, Bodegas Baviera, las terrazas de la Plaza Negrito, donde parece que está la marcha nocturna. La Plaza de la Reina, con la Puerta de los Apóstoles, la heladería El Micalet, la Iglesia de la Virgen de los Desamparados, los patios góticos de la calle de los Caballeros y sus callejones. Teatre Talia, la Plaza del Correo Viejo con una fuente en el centro. En la Plaza Lope de Vega un yonki (?) canta rumbas a lo Camarón con una guitarra a lo Peret y con un ritmo endiablado. Después, los rumanos nos tocan con el acordeón Extraños en la noche, sin pasión, en el Café del mar con un gusto intenso al verde de sus habitas.
jueves, 30 de mayo de 2013
vuelta a casa, en una calle con historias
Las gaviotas se bañan en la piscina armando jaleo. Cargamos de gasofa el coche. En un aeropuerto tan pequeño todo va fluido: facturamos, dejamos el coche, pasamos el control y ya nos están llamando para el embarque.
Cuando el avión se empieza a levantar, veo las cercas de piedra que dividen la isla y también la historia de su vegetación, la desaparición de lentiscos, pinos y acebuchares para quedar solo pasto, cereal o huertas. En un giro, aparece la enorme ensenada natural de Maó. Sobrevolamos Sant Lluis y toda la costa sudeste con las calas turquesas, pequeñas playas en los barrancos y pueblos colgados. Nos ponen un desayuno y ya estamos en Madrid.
En la panadería cuentan que en 6º C del 21 de mi calle había una casa de putas que llevaba una señora estupenda que ya murió, pero todavía vive el marido. Le pagaban al portero 10.000 pesetas al mes. Moisés dice que no lo sabía. Aunque hablaba mucho con ese portero, jamás le comentó nada sobre ese sobresueldo, ni que hubiese una casa de citas. Dice saber que había dos casas en el 25.
miércoles, 29 de mayo de 2013
un cementerio, una playa sin palmeras, un mal restaurante, cala galdana, una señora desnuda y una pizza sin pudor
Son Bou tiene una playa inmensa, las chicas toman el sol después de atravesar dunas y dunas. Yo me paseo por el borde del agua hasta el final de la playa, donde hay unos viejos búnkeres y los restos de una basílica paleocristiana. Detrás, y más elevado, está el Cabo de Peñas con grandes acantilados plagados de cuevas, algunas de ellas habitadas. Para bañarse hay que adentrarse mucho pues el agua no sube de los tobillos. La arena es muy fina y el agua transparente con tonos turquesas. Los cubanos se sentirían mejor con unas cuantas palmeras.
El cliente de Javi le recomendó para comer el restaurante N'Aguedet en Es Mercadal, y hemos reservado. Innecesario, pues está casi vacío. Como es caro, decidimos tomar solo segundo plato: arroz con cangrejo, sepias, calamares y conejo con higos. A Beni le repugna el olor de mi plato, con un extraño sabor a quemado. El arroz está pasado y no ha cogido ningún sabor. Las sepias cocidas y recalentadas. Pedimos unos mejillones al vapor, tan malos que vuelven para atrás. Suspenso, cero patatero. Recordamos como recomendable La Minerva, en el puerto de Maó, con un menú excelente de 15 euros.
Bajamos a Cala Galdana, dos calas que convergen en una zona de arena y se vuelven a abrir dejando una roca en el centro. La pared de la izquierda es un cortado de roca blanca salpicado de pinos, con casitas en la meseta superior. En la curva, un monstruoso hotel de la cadena Sol, y en la otra pared otro hotel y una fila de adosados donde viven guiris ya con color cangrejo guisado. Dibujo la playa sentado en las raíces de un pino que me da su sombra. Enseguida estoy rodeado de niños. Tumbonas, colchonetas, sombrillas. Recojo mis cosas y me doy un paseo hacia Cala Macarella. Arriba del acantilado los pinos se tumban con el viento y las rocas están llenas de agujeros, las gaviotas me apabullan gritando tan cerca. Esta cala es preciosa. Todo agreste, salvaje, el agua turquesa, embarcaciones con los cristales ahumados dejan una estela en v. Sigo entre chaparros y lentiscos y luego bajo una escalera de madera. En la arena blanca hay una pareja quemándose los culos y otra chica intentando pescar la cena. Dibujo sentado en un tronco seco. Hay también una familia, la madre parece que vive desnuda, sin pudor habla con una amiga vestida a la que acaba de ver como si estuvieran en el mercado. Le pregunta cómo lleva la separación, el sicólogo y el blablablá rumble que te rumble. Vuelvo con la directa y llego arañado.
Intentamos cenar en el mirador de Maó, pero está cerrado y cenamos pizzas. Hablan de las últimas separaciones. Yo recuerdo a las amigas de la playa ahora y pienso que quizá el pudor (¿la extrañeza?) sea la sal del sexo.
martes, 28 de mayo de 2013
tercer día en menorca
Desde la montaña de El Toro se ve toda la isla. Al norte las mejores vistas: Cala Fornells, Cala Tirant, Cap de Cavallería y las playas. El mar por todas partes, menos la montaña que tapa Ciutadela.
Vamos a casa de Panchota que, desgraciadamente, está con sus amigos. Me sabe mal dice su hija. La nieta se asoma a la puerta.
En Ciutadela vemos la plaza del Ayuntamiento, el teatro, su estrecho puerto. Comemos en Sa Arrossería D'es Port un menú de 15 euros con rica paella y merluza congelada. El centro está lleno de callejuelas y palacios, las viviendas del obispo, ahora Joan Perís, y la crema de Menorca. Muy diferente a Maó, es una ciudad llana, llena de motivos religiosos, casa antiguas con anillas para los caballos y calles laberínticas adoquinadas. La catedral tiene una fachada neoclásica superpuesta a la antigua gótica (que se descubre en su rehabilitación) que a su vez se superpone a la antigua mezquita. Es muy pequeña y muy alta, sin crucero. Nunca ha podido tener muchos feligreses, dice Javi. En una capilla, la Virgen del Carmen se aparece a los barcos que luchan contra el turco. El ábside tiene mucha humedad y está lleno de vitrales entre nervio y nervio.
Por un paseo de ailantos llegamos hasta la Torre de San Nicolás, que no es más que una habitación con terraza y torre de vigía.
Sa Caleta tiene duchas, hamacas y un chiringo con sillones donde se está muy bien. Es bonito ese corte de las rocas y el verde que surge en las grietas. Al fondo se ven las montañas pintadas de azul difuminado. Mientras me baño, Javi, que no gusta de las playas, se compra un helado en el súper. El sol se esconde y un hombre recoge las hamacas. Hoy he estado muy solo, me voy a ver una guiri con tanguitas que lleva un bar y es más puta que las gallinas, dice cargándolas.
En Cala Santandria vemos la puesta del sol. En un chiringuito, un cubano pone música de su tierra mientras un grupo discute sobre Fidel Castro y el imperialismo yankee. Tremenda discusión sin fin. Entra en escena un hermoso caballo negro de los que se ponen en dos patas para San Juan. Los colores se saturan y el borde del agua coge brillos blancos que se mueven con las ondas. La luz artificial va pintando todo de amarillo.
Cenamos en casa mientras España empata con Rusia en la tele.

Sa Caleta tiene duchas, hamacas y un chiringo con sillones donde se está muy bien. Es bonito ese corte de las rocas y el verde que surge en las grietas. Al fondo se ven las montañas pintadas de azul difuminado. Mientras me baño, Javi, que no gusta de las playas, se compra un helado en el súper. El sol se esconde y un hombre recoge las hamacas. Hoy he estado muy solo, me voy a ver una guiri con tanguitas que lleva un bar y es más puta que las gallinas, dice cargándolas.
En Cala Santandria vemos la puesta del sol. En un chiringuito, un cubano pone música de su tierra mientras un grupo discute sobre Fidel Castro y el imperialismo yankee. Tremenda discusión sin fin. Entra en escena un hermoso caballo negro de los que se ponen en dos patas para San Juan. Los colores se saturan y el borde del agua coge brillos blancos que se mueven con las ondas. La luz artificial va pintando todo de amarillo.
Cenamos en casa mientras España empata con Rusia en la tele.
lunes, 27 de mayo de 2013
segundo día en menorca
Javi tiene una cita con un cliente en Mallorca. Yo subo con el coche hasta Fornells mientras ellas duermen. No es un pueblo bonito, pero tiene una bahía inmensa llena de veleros. Cala Tirant y Cavalleria. Mercadal y la cortina de colores de la peluquería. Alaior y el Talatí De Dalt cerrado.
Cuando llego se acaban de levantar. Me doy un baño en la piscina y hago la compra. Trepucó, el mayor poblado tayolítico, a la vera del puerto natural de Maó. Conserva los cimientos de las casas y dos torres de vigilancia o tayalots. De su taula llama la atención lo delgada y regular que es la piedra de apoyo. Era un altar, un lugar de oficios y sacrificios religiosos donde se hacía fuego. En relidad el nombre se refiere a todo el recinto, con forma de herradura, con esta especie de mesa (una piedra horizontal sobre otra vertical). Su acceso está en el sur. Algunos investigadores sostienen que la pilastra central sujetaba una cubierta.
El periodo tayolítico empieza sobre el 1200 ac con esas construcciones funerarias en forma de nave invertida llamadas navetas y termina en el año 123 ac con la conquista romana, aunque se siguen usando los mismos poblados y necrópolis pero con cambios estructurales y de utillaje. Este poblado fue destruido violentamente durante la Segunda Guerra Púnica, por lo que mantenía el utillaje doméstico en muy buen estado (está en el Museo de Menorca).
El Talatí de Dalt ya está abierto. Es privado y nos cobran tres euros. Esta cultura no existió en Ibiza, ni las islas pequeñas de las Baleares. Hay hipogeos y a las casas se puede entrar pues mantienen las grandes vigas de piedra y las losas de los techos (dibujo). Se conserva también la muralla y el recorrido es agradable a la sombra de acebuches que se cimbrean con el viento con ese sonido que la madera produce en los grandes barcos.
Vamos al chiringo de Binisafuller, pero no hay nadie en la cocina y la camarera está sobrepasada y pasa del negocio. Vamos entonces a una pequeña cala de pescadores, al oeste y al lado de Punta Prima. El chringo es italiano y hace pizzas, pero el dueño, un chaval italiano bastante desagradable comparado con lo que aquí se despacha, nos trae tres salmonetes, dos sargos y una rodaja de atún. Pasamos del atún y nos comemos los cinco peces con una guarnición de berenjenas y calabacines con buenas vistas a la cala.
El dueño es un presuntuoso que dice que la próxima comida nos saldrá gratis. La última vez me vendí por una foto, ahora quiero cambiar al dibujo, dice. Nos cobra también el atún y todos los peces de la zona. Pepi nos dice que ya haremos cuentas. Nos quedamos otro rato delante de un expreso con posos.
Calescoves, la Cova des Degotadís. Canutells es una urbanización alrededor de una piscina gigante, llena de guiris. Botes sobre baches y el coche rallándose con el lentisco hasta el acantilado lleno de cuevas con puertas rectangulares y una columna central a la manera tayolítica. En esta parte cuento veinte cuevas. Baño en el camino de vuelta, con el agua fría. Cuando Javi llama, la cala se está cubriendo de sombras.
Con él paseamos por Maó. Plaza de la Constitució, el Ayuntamiento, la iglesia franciscana, el Casino con esa visera modernista de cristales engarzados en una estructura metálica, lleno de señoras y grandes ventiladores, el mercado municipal en un claustro.
Antes de acostarnos vemos un documental sobre la suerte de los republicanos que huyeron de España y acabaron en el Sáhara haciendo una línea férrea para el Gobierno de Vichy. Algunos morirían torturados y otros engrosarían la Novena Columna, que liberó París y atacó el Nido del Águila, el refugio de Hitler en los Alpes.
sábado, 4 de mayo de 2013
último paseo antes de volar
Para conseguir el mejor cambio de moneda lo mejor es pagar con tarjeta, te quitan directamente el dinero de tu cuenta a valor real, dice JM. La comisión la paga el comerciante, que aquí es un señor forrado.
Me doy un paseo mientras Beni duerme. Atasco infernal a las ocho de la mañana. Veo el nuevo edificio con forma de supositorio. Arriba tiene unos anillos siderales, lo que me lleva a aquella ciudad atascada de Los Supersónicos. Alucinante la Liverpool Station, muy cerca. Tower House, donde Lenin estuvo hospedado. Llego al Archivo del Hospital de White-Chappel, difícil de encontrar porque está en la parte trasera de la capilla, bajar una rampa al sótano y tirar de una puerta cerrada. Aquí hay muchas fotos de la I Guerra Mundial y material quirúrgico antiguo. El recuerdo de enfermeras famosas como Edith Cavell. Unos moldes de escayola del que llamaron hombre elefante, Joseph Merrick. Tenía deformaciones en la cabeza, la espalda y uno de los brazos, y fue exhibido en ferias como si su cabeza fuera la de un elefante (yo vi de niño la mujer pantera, ¡se alimenta básicamente de carne cruda! decía un altavoz).
El atasco sigue y llego muy tarde a casa. Beni está preocupada. Vamos al aeropuerto. Conseguimos la tarjeta de embarque en una máquina que habla español. Las ventajas de viajar con poco equipaje. Otra vez la rampa gigante, una locura arquitectónica de millones de libras. Una cinta nos pasea sin andar. Motores en marcha. Despegar siempre impone, no acaba uno de acostumbrarse. Nos alejamos del damero de verdes y amarillos hasta que una nube nos engulle. La tinta estalla y me pongo perdidico perdío. Porky Man al ataque. Antes de sobrevolar el mar, puedo ver los acantilados blancos del Sur. Bye bye baby.
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