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A vueltas con el «Único sentido» de Greenpeace

[ Hona hemen Pedro Prietok  orain gutxi balizko ekologista batzuei egindako kritika 15/15/15 aldizkaritik hartua ]

A vueltas con el «Único sentido» de Greenpeace

CONSIDERACIONES SOBRE EL DOCUMENTAL «MAÑANA» o del arte de dibujar ventanas en el interior de una mina

CONSIDERACIONES SOBRE EL DOCUMENTAL «MAÑANA» o del arte de dibujar ventanas en el interior de una mina


Con su obra «Técnica y civilización» (1934), Lewis Mumford nos legó un análisis muy completo de la relación existente entre el desarrollo tecnológico y la transformación cultural -y por tanto también económica- que las sociedades occidentales han sufrido en los últimos siglos. Su análisis está plagado de imágenes con una gran capacidad evocativa. Una de ellas es la de mina. Para Mumford, en la mina se encierra de manera paradigmática el núcleo de la mirada hacia el mundo que la ciencia moderna inauguró en el s. XVII, una mirada que supuso una discontinuidad radical en la relación entre el ser humano y, la que a falta de otro término menos problemático, llamaré naturaleza [1].

El minero, que sólo cuenta con la tenue luz de su candil para iluminar su caminar a través de los angostos túneles del subsuelo, no es capaz de captar formas o colores. Se diría que incluso los olores, inundados por el del sebo caliente, desaparecen allí. Esta fuente artificial de iluminación es también la responsable de que el día, y con él la mayor parte de los ciclos naturales, quede abolido. Este aislamiento convierte a la mina en el espacio por excelencia del trabajo. Trabajo concentrado, sin posibilidad de distracciones, extenuante. En las galerías no se puede hacer otra cosa que no sea picar, amontonar y arrastrar. Es más, en la evolución del régimen de trabajo de los mineros Mumford encuentra también una síntesis de las transformaciones que fue sufriendo la economía en general. Durante la Antigüedad el trabajo de extraer minerales de las entrañas de la Tierra fue cosa de esclavos y prisioneros de guerra. Para el agricultor, el ganadero o el artesano, una actividad como la minería a duras penas merecía el estatuto de trabajo. De ahí que el desarrollo de las técnicas metalúrgicas más avanzadas fuera relativamente tardío. Este desarrollo vino precisamente de la mano del inicio de las asociaciones de trabajadores libres -es decir, que funcionaban al margen de las estructuras gremiales- que en el s. XIV comenzaron a hacer de la minería su oficio en los territorios de la actual Alemania. Inicialmente pobladas por desheredados y marginales, las minas comenzaron a situarse en el centro de la vida social gracias al aumento de la demanda de minerales que siguió al desarrollo armamentístico y el papel central de éstas en el juego de la primera financiarización. Aunque no me detendré demasiado en ello, Mumford identifica con el nacimiento y extensión del capitalismo la rápida proletarización del trabajo en la mina -que prefiguró la explotación generalizada del mundo industrializado del s. XIX- y el uso de las minas reales como aval y elemento especulativo. De hecho, llega a señalar que hasta la misma noción de valor del Capitalismo, basada en la escasez y la fuerza de trabajo humana, deriva de la primitiva ocupación de extraer minerales de la tierra haciendo únicamente uso del pico y el músculo humano.

La mina, además, fue siempre un lugar repleto de peligros. Por un lado para los seres humanos que la poblaban. Un minero nunca sabía cuándo podía quedar atrapado por un desprendimiento o sufrir en sus carnes el impacto de la explosión provocada por la interacción entre los gases de la mina y su precaria iluminación. Pero no era necesario el elemento catastrófico y azaroso para que su salud se viera mermada, la prolongada exposición a la intensa humedad y, en general, a las duras condiciones del trabajo en las grutas, era fuente de frecuentísimas enfermedades crónicas como el reumatismo. Sin embargo, los peligros trascendían a los propios cuerpos humanos para extenderse al resto de la naturaleza. Mina siempre fue sinónimo de devastación en la forma de tala de bosques, desaparición de animales, contaminación del agua, etc. hasta el punto de que la vida humana llegaba a ser imposible en muchas regiones mineras. En resumen, y siguiendo a Mumford, podríamos decir que la mina fue el primer entorno completamente inorgánico habitado por el ser humano, el primer paso de una cruzada que dura ya siglos contra la vida en su carácter limitado y frágil, carácter que como seres humanos compartimos.

Hoy nuestro mundo es una gran mina. Lo es en primer lugar porque la artificialización del entorno ha alcanzado cotas que ni los más aventurados críticos de los siglos pasados podrían haber imaginado. Solamente hace falta pensar en la biotecnología y su capacidad de modificar las realidades más básicas de los seres vivos, o en el tipo de ciudades en las que se apiñan hoy más de la mitad de los seres humanos. Esas ciudades esquizofrénicas que son capaces de conjugar la desigualdad brutal encarnada en los slums y la promesa de las smart cities con su panoplia de implantes tecnológicos y su creciente capacidad de control enmascarada bajo la forma de un aumento de libertad. Pero si las sofocantes avenidas del mundo contemporáneo son las análogas de aquellas grutas y galerías de las minas del pasado, es sobre todo por el tipo de ser humano que las habita, el hijo de la gran mutación antropológica del siglo pasado. Lo que ayer fuera patrimonio de pobres desgraciados condenados a la oscuridad perpetua y a la muerte prematura es hoy el marco de relación hegemónico entre seres humanos y entre éstos y la naturaleza. La atomización, la mercantilización de cada vez más aspectos de nuestra vida, la personalidad-empresa del neoliberalismo, la administración del mundo y su avance incuestionado... Todo ello son ecos de la ceguera del minero, de su atrofia para todo lo que no sean los aspectos puramente cuantitativos; pero sobre todo es la forma refinada de una negación de la vida que nos lleva hoy a ver las fronteras de nuestra condición humana desdibujadas hasta el punto de no ser capaces ya de reconocerlas. Tampoco los peligros son menores. A la catástrofe que supone hoy el funcionamiento cotidiano de la gran máquina en la que se ha convertido nuestro mundo se le une una crisis ecológico-social que, tras siglos de desarrollo larvado, comienza hoy a dejar su capullo y dibuja un horizonte de disrupción a gran escala del metabolismo de las sociedades humanas. Y ante todo esto parece que lo único que somos capaces de hacer como sociedad es dibujar ventanas en las paredes de la mina pretendiendo así que podremos salir de ella.

Los ejemplos abundan en la literatura, la filosofía, la economía o la política. El transhumanismo, la ideología del crecimiento perpetuo o la tecnofilia desatada de nuestras sociedades son algunos. En la mayor parte de ellos se juega a negar los peligros y la realidad material de nuestro metabolismo social para dar lugar a retóricas tan tranquilizadoras como contrafácticas. La estrategia básica de estos discursos es afirmar que todos los valores, mecanismos económicos y consensos culturales que nos han llevado hasta el callejón sin salida en el que nos encontramos hoy son los que, mutatis mutandi, nos sacarán de él si tenemos la paciencia y la fe suficientes. Al fin y al cabo no debemos subestimar el papel de primera línea que las mitologías contemporáneas -el progreso, la tecnología, etc.- juegan en la extensión y el éxito de este tipo de estrategias. Hay, sin embargo, una parte de la población que no traga con algunos de los supuestos básicos de estos discursos. Es para ésta para la que se reservan los discursos más nocivos, aquellos en los que se afirma tomar como punto de partida la precaria situación de nuestro mundo y, por extensión, en los que las soluciones que se proponen pretenden ser también panacea de la misma. Un ejemplo claro de este caso es el documental Mañana (Demain). Si tuviéramos que resumir en unas pocas palabras lo que sus directores -Cyril Dion y Mélanie Laurent- plantean a sus espectadores responsables y ecológicamente concienciados en las dos horas de metraje, diríamos que su objetivo es demostrar que a día de hoy contamos con suficientes iniciativas pioneras en los ámbitos cruciales de nuestra vida social como para que la transición a un mundo futuro, en el que todos los comportamientos disfuncionales del cuerpo social quedaran superados, es planteable y factible. Para demostrarlo proponen un viaje por todo el mundo a la caza de distintos proyectos alternativos divididos en cinco ámbitos: la agricultura, la energía, la economía, la democracia y la educación. El formato entrevista, predominante durante toda la película, nos permite ir conociendo de manera cercana y personal las motivaciones de los protagonistas de las iniciativas, la historia de las mismas, los reflexiones en torno a su significación global y, en muchos casos, su profunda solidaridad con los valores y lógicas dominantes...

Sería largo y tedioso desarrollar un listado sistemático de todos los proyectos, argumentos y comentarios que integran el documental y que fundamentan la afirmación precedente. Sin duda en algunos casos la defensa del orden establecido es tan transparente que el espectador queda entre estupefacto y molesto. Por ejemplo, la inclusión de un proyecto que tiene como objetivo utilizar a presos como mano de obra para al instalación de grandes conglomerados de energías renovables industriales. También la aparición de una fábrica de papel en la que aprendemos que ser ecológico, o si queremos plantear la cuestión en términos más amplios ser partidiario de una transformación social, no requiere renunciar ni a la producción fabril ni a los males que le vienen asociados. Si realizamos unos cuantos retoques ecológicos en nuestra fábrica no sólo no tendremos que renunciar al productivismo, ¡de hecho los beneficios aumentarán! ¿Qué más da que la división del trabajo y la servidumbre maquínica de los trabajadores de la fábrica sea deshumanizante y alienante? Siempre y cuando hagamos una modesta renuncia al credo del crecimiento perpetuo, mostremos una concienciación ecológica políticamente correcta y, lo más importante, demostremos que todo ello no nos impide poder tener una empresa que genera beneficios en el juego de la economía global, todo irá sobre ruedas. Es más, seremos un ejemplo a imitar y nuestra empresa podrá disfrutar de publicidad gratis en un documental progre. Nos podría servir de igual modo la selección en el apartado de democracia del proyecto de renovación de la constitución islandesa, movimiento que a lo más que aspira es a defender al Estado frente a los envites de una economía globalizada cada vez más agresiva. No entraré aquí en muchas consideraciones sobre el papel que ha jugado y juega el Estado a la hora de pensar en los problemas que nuestro mundo tiene y el modo de hacerles frente. Sin embargo, incluso aquellos defensores de un papel activo y positivo de algo parecido a un ente estatal en la labor de pensar el qué sea una sociedad libre y en los modos de alcanzarla, estarán de acuerdo en que renovar la constitución de un Estado liberal opulento con el fin de salvaguardar la libertad de consumo de su población no es precisamente el tipo de estrategia en la que deberíamos estar pensando. Lo anterior, en cambio, no es lo peor que el documental nos reserva. Y es que en el grueso de los casos problemáticos la defensa del statu quo recorre veredas más sutiles, adopta estrategias de embozo que hacen dicha defensa más peligrosa precisamente por inadvertida.

Una de estas estrategias veladas es el cierre interesado del plano, o si queremos ser más claros, la omisión interesada de datos fundamentales para comprender y contextualizar proyectos y afirmaciones de los protagonistas de éstos. Quizá el ámbito en el que más se acusa este defecto es en el energético. Al hablar de las iniciativas que plantean hoy alternativas a nuestra extrema dependencia de los combustibles fósiles, los directores nos llevan hasta Islandia de nuevo para descubrirnos que el grueso del consumo energético de la isla proviene de centrales geotérmicas, grandes instalaciones que aprovechan el calor del interior de la tierra para generar electricidad.

De lo que no oiremos una palabra es de que las localizaciones en la corteza terrestre en las que una práctica de este tipo es posible son tan limitadas como errática su distribución, lo que convierte el caso islandés en una tremenda excepción. La película también recala en el despacho del alcalde de Copenhague, gracias al cuál aprendemos que una gestión responsable y previsora de una ciudad es la solución a cualquier problema de abastecimiento energético. Basta con imitar la gran central de producción de energía eólica situada varios metros en el interior del mar desde la costa danesa para garantizar de por vida el suministro de las ciudades del mundo. Es más, si a esto le unimos políticas de eficiencia energética y la imparable tendencia a la desmaterialización de las sociedades occidentales desarrolladas –desmaterialización tan falaz como verídica es la industrialización descontrolada y nociva de la zonas que producen nuestras mercancías, p. e. China- lo que el documental parece indicar es que sólo faltaría algo de voluntad política para que la problemática energética fuera un capítulo cerrado para siempre.

La situación, por desgracia, está lejos de ser esa. En primer lugar porque en ningún momento se hace referencia explícita a que un ámbito tan fundamental como el transporte -especialmente relevante en tanto que en el documental no se cuestiona la globalización con un fenómeno nocivo, ni se plantea una necesaria descomplejización metabólica- depende casi en un 90% de la energía fósil. Y por mucho que políticas de fomento del uso de la bicicleta acompañadas de modificaciones materiales concretas en los espacios urbanos puedan reducir el uso del coche en el interior de las ciudades, caso que se ilustra también para la capital danesa, el grueso del transporte internacional en la forma de grandes cargueros transatlánticos y de camiones no puede ser sustituido por bicicletas. Llega a ser irritante como los directores despachan la cuestión del desmesurado consumo energético de nuestro mundo con una entrevista a un profesor de Universidad que critica aceradamente la utilización de pantallas publicitarias en el metro parisino... Bien, es cierto que es una realidad dañina y energéticamente inviable pero, ¿en serio creemos que nuestro peor problema a nivel de consumo es ese? Por otro lado el tratamiento de las renovables que se vislumbra en todo el metraje deja de lado dos realidades esenciales. La primera, su naturaleza subsidaria de los combustibles fósiles. Ésta es especialmente sorprendente que no se aborde cuando el ejemplo de producción eólica que los directores eligen requiere para las labores de mantenimiento del uso de ¡helicópteros! Aunque este sea un caso extremo, en general la instalación, mantenimiento y sustitución de los generadores de renovables necesitan utilizar energías fósiles en funciones no electrificadas y que sólo podrían ser electrificables si se diera una transformación bastante profunda del grueso de la infraestructura energética.

Pero en segundo lugar, al dejar de lado la realidad de igual modo limitada de los minerales que conforman e integran los generadores -por ejemplo las tierras raras-, además de los costes sociales elevadísimos que su extracción implica, se genera la ilusión de que la extensión de las centrales de producción renovable no tiene frente a sí límite alguno. A todo ello se une un silencio total sobre la cuestión de la organización de la producción y la titularidad de las centrales. Ni una sola palabra sobre el hecho de que las grandes centrales de producción renovable son a día de hoy propiedad de las mismas empresas titulares del grueso de la producción fósil, empresas que a lo largo de las últimas décadas han despuntado por su violento centralismo y por su prácticas terroristas con las personas que han defendido sus territorios frente a su avance e invasión.

En otros ámbitos estas ausencias son también notables. Pensemos en la asunción absolutamente acrítica del papel del Estado en nuestra organización social, actitud que es especialmente pronunciada en el abordaje de la cuestión de la educación. Al elegir como ejemplo de enfoque educativo alternativo el encarnado en el sistema educativo finés, los directores vienen a decirnos que no hay nada que discutir sobre la existencia de la escuela o el monopolio estatal de su gestión. También en el ámbito de lo económico resulta tremendamente llamativo, como comentaba al hilo de la cuestión energética, que no aparezca ni una sola mención a la globalización económica y sus dinámicas asociadas más allá de el supuesto estado de crisis en el que se encuentra.

Eso lleva a que, cuando se aborda la cuestión de las monedas alternativas, el discurso subyacente sea que éstas sólo tienen sentido en el marco de una economía global con una moneda dominante que tiene que de igual modo tender a serlo. Así, estas monedas alternativas no se convierten en la posibilidad de desarrollar una mayor autonomía local al reforzar la producción y el intercambio a pequeña escala, y por supuesto ni por asomo se plantean como una estrategia de transición hacia una desmonetarización que tras una fase de normalización del intercambio local y de generación de redes de confianza pudiera instaurar la posibilidad de un trueque. Nada de eso. A través de los ojos de los directores estas monedas se convierten básicamente en la condición de posibilidad de un ya imposible funcionamiento saneado del capitalismo global. Es decir, frente a la huida hacia adelante descontrolada de una economía mundial financiarizada que, sedienta de beneficios, acumula en sus márgenes a población inempleable de la que no puede ya garantizar la mera reproducción material, las monedas alternativas se convirtirían en aceites que engrasaran el motor económico alzándose precisamente como mediadores de la reproducción material mediante la producción y el intercambio local. Todo ello con el fin de que, en el uso dual junto a la moneda oficial, el mecanismo pueda seguir su movimiento desenfrenado. Es hipócrita hablar de alternativas económicas sin poner sobre la mesa que la única alternativa posible es, como mínimo, una salida del Capitalismo. Lo económico juega también un papel central en otra estrategia omnipresente en el documental. Ésta consiste básicamente en ejercer un reduccionismo violento en casi todos los proyectos que limita el rango de posibles valores a encarnar a uno sólo: el productivismo. Quizá el caso más paradigmático de ello sea la visita que los directores realizan a una granja permacultural en la Normandía francesa. Allí, de mano de los permacultores, descubrimos las miserias de la agricultura convencional: su abuso de pesticidas y suelos, su enfoque meramente económico, etc. Sin embargo, lejos de presentar la permacultura como una alternativa emancipatoria, fácilmente replicable y, en mi opinión lo más relevante, con un enorme potencial para la extensión descentralizada; lo único que oímos machaconamente, una y otra vez, es que la permacultura es más productiva y, por supuesto la palabra mágica, rentable. Este tipo de enfoque centrado en la cuestión del beneficio se repite en muchas ocasiones a lo largo del documental.

En resumen, y para no agotar al lector, se podría decir que en las dos horas de película vemos como una y otra vez algunos de los dogmas centrales de nuestra sociedad se repiten hasta la saciedad: el tecnoptimismo, el productivismo, la monetarización,... Aquellos valores de la mina que han conformado y dado aliento a nuestra civilización salen indemnes de esta supuesta mirada crítica. Sobre todo en lo relativo a la dialéctica entre naturaleza y técnica. Se podría decir que enfoques como el de este documental dan una vuelta de tuerca a la ruptura fundacional con la naturaleza que constituyó la partida de nacimiento de nuestra civilización. Si durante siglos hemos vivido de espaldas a la naturaleza creyendo que las galerías de nuestra cultura industrial eran suficiente aislamiento de la misma, vemos hoy como el nivel del agua de nuestra mina aumenta y el aire es ya casi irrespirable. Sin embargo, lejos de salir de ella, lejos de romper con esa mirada que nos separa del mundo natural, pretendemos hacer de la naturaleza otra forma de técnica, nuestra intención es modificar el mundo a una escala tal que la distinción orgánico e inorgánico deje ya de tener sentido. Así, las soluciones básicamente técnicas en un sentido elluliano que conforman la espina dorsal de la propuesta de cierto ecologismo institucional bien reflejado en esta pieza de video, proponen finalmente que la salida a los desastres de nuestro mundo social administrado no es acabar con sus dinámicas, sino extender esa administración al grueso de la vida en la tierra. Sólo de ese modo podremos salvarnos, sólo así conseguiremos cambiarlo todo para finalmente dejarlo todo igual.

Con lo anterior no pretendo decir que todas las iniciativas que aparecen en el documental, o que más en general se plantean desde ciertas trincheras ecologistas, sean nocivas o desechables. Algo así sería un sinsentido. Por ejemplo, las iniciativas democráticas en los pueblos de la India, la permacultura o la extensión de los huertos urbanos, todas ellas reflejadas en el documental, forman para mí parte de cualquier estrategia que se plantee hoy seriamente y de manera radical la posibilidad de una autonomía política y material para el ser humano. Como cualquier otro minero más forzado a vivir en el subsuelo, ¿cómo criticar a quién trata de hacer algo más amplia la gruta o traza algún que otro dibujo en la pared para tratar de humanizar un ambiente hostil hasta ese grado? Tampoco se debería interpretar de los párrafos precedentes que yo tengo la solución definitiva, el camino infalible a seguir, la visión preclara desde la que juzgar todo y a todos. La crítica precedente se dirige más bien a productos como Mañana, producciones culturales cerradas que al dar una determinada forma instrumental a las iniciativas hoy en marcha, enmarcándolas a su vez en un discurso muy determinado, generan la tranquilizadora ilusión de que ya existe una solución a todos nuestros problemas, solución que además debe ser estrictamente técnica. Sin embargo, lo único que hacen es cerrar los ojos ante la profundidad y la verdadera naturaleza de dichos problemas. Si seguimos creyendo que las ventanas que muchos se dedican a dibujar en las paredes de nuestra mina son verdaderas salidas, terminaremos por rompernos la cabeza contra la piedra en el intento de escapar.


Adrián Almazán Gómez
Aparecido en la revista Ekintza Zuzena

[1Hablar hoy de naturaleza nos coloca en una posición comprometida ya que, tal y como reflexionó Bertrand Charbonneau en su obra «El jardín de Babilonia», la modernización nos ha conducido hasta el punto de albergar una noción de naturaleza básicamente hija de los efectos de la industralización sobre las sociedades humanas. Sin embargo otros autores, como Gary Snyder, no dejan de reinvidicar la existencia positiva de «lo salvaje» como un otro del mundo humano. En fin, la querella asociada a la dicotomía sociedad/naturaleza es antigua y no tendría sentido tratar de finiquitarla en un texto como este.

[Ekintza Zuzena aldizkarian irtendako testua, nik Cultura y anarquismo webgunetik hartu diNadana]

POCILGA LITERARIA

[ Pedro Garcia Olivo-k utzitako testu bikaina ]

POCILGA LITERARIA

Fragmentos en defensa de la no-escritura

1) Gracia de bufón
No espero nada de la literatura‭ ‬-a ella tampoco le cabe esperar mucho de mí.‭ ‬Me considero inmune a toda esa engañifa de‭ “‬la buena escritura‭”‬.‭ ‬La figura,‭ ‬clásica o moderna,‭ ‬del escritor de talento me parece odiosa‭ (‬y,‭ ‬a la vez,‭ ‬cómica,‭ ‬con un deje de patetismo que forma casi parte de su gracia de bufón‭)‬.‭ ‬Detesto el gran mundo corrompido de los autores de renombre casi tanto como el mundillo lastimero de los escritores en busca de prestigio.‭ ‬Me repele la idea de que pueda existir una crítica literaria que no mueva a risa y un mercado de la obra de arte que no atufe a pocilga.
Sin embargo,‭ ‬no escribo.

2) Bajarle Los Humos A La Literatura
No debo tener mucho que decir,‭ ‬ya que insisto una y otra vez en los mismos temas.‭ ‬Y acabo,‭ ‬al final,‭ ‬escribiendo lo mismo.‭ ‬La escritura desesperada se caracteriza por una absoluta pérdida de fe en sí misma.‭ ‬En este sentido,‭ ‬y por oposición a la escritura dominante‭ ‬-discurso satisfecho de sí,‭ ‬pagado de sí,‭ ‬inebriado de amor propio-,‭ ‬puede concebirse como‭ ‬no-escritura.‭
Ya no se presenta como llave de la verdad,‭ ‬ventana abierta a lo desconocido,‭ ‬a lo misterioso,‭ ‬instancia de revelación de la esencia de las cosas y de los hombres,‭ ‬exploradora,‭ ‬inquisitiva,‭ ‬indagante,‭ ‬luz que se arroja sobre alguna penumbra,‭ ‬sobre alguna oscuridad,‭ ‬mirada que escruta,‭ ‬que investiga,‭ ‬que descubre‭; ‬tampoco sitúa a su autor en un pedestal de talento,‭ ‬en una tarima del saber,‭ ‬en una cumbre de inteligencia o,‭ ‬al menos,‭ ‬de imaginación,‭ ‬administrador de la belleza,‭ ‬artífice del deleite de la lectura,‭ ‬encantador de serpientes,‭ ‬brujo,‭ ‬hechicero,‭ ‬mago,‭ ‬narciso pedantorro.‭
Desublimada,‭ ‬la escritura ya no espera nada de sí misma,‭ ‬y no tiene por qué hablar bien de su forjador.‭ ‬El escritor desesperado,‭ ‬consciente de su patetismo,‭ ‬de su flojera,‭ ‬hace lo que puede con los medios de que dispone,‭ ‬y no pretende grandes cosas.‭ ‬Nada tiene que enseñar a nadie,‭ ‬nada que hacer por nadie.‭ ‬Ni alumbra verdades,‭ ‬ni reparte placeres.‭ ‬Tampoco se ama a sí mismo a través del supuesto valor de lo que escribe.‭ ‬De hecho,‭ ‬la cuestión del valor le interesa aún menos que las expectativas penosas de los lectores.‭
Escribe por debilidad,‭ ‬por flaqueza,‭ ‬por no ser capaz de callar,‭ ‬acaso por alguna tara,‭ ‬alguna grave deficiencia de su carácter,‭ ‬por enfermedad,‭ ‬por propia miseria espiritual,‭ ‬por no tener nada mejor ni peor que hacer,‭ ‬por vicio,‭ ‬por estupidez,‭ ‬por cobardía.‭ ‬Y su escritura,‭ ‬que cuenta muy poco para él mismo,‭ ‬nada debe valer para el lector.
‭Como una piedra arrojada por una mano cualquiera, ahí están mis obras, perfectamente inútiles. Como un hombrecillo que trabaja para alimentar a su familia, y un día morirá y se acabará el hombrecillo, aunque no el trabajo ni la familia, aquí estoy yo, absolutamente irrelevante. Desesperado y feliz, sin nada que aportar a nadie, como un pastor arcaico en medio del monte contemplando sus ovejas; irrelevante e inútil, seguro de que no está en mi poder haceros daño, a salvo de influir sobre lectores aún más débiles que yo, incapaz de convenceros de nada; inservible, accidental como la circunstancia de haber nacido, vacío, ligero, hueco, hoja que arrastra el viento, con muy pocas mentiras a las que aferrarme, viviendo por instinto como los animales; hostil, odiador, enemigo.

3) Escribir Envilece,‭ ‬Degrada,‭ ‬Inmoraliza
Repelencia de escribir una novela,‭ ‬lo mismo que de obedecer.‭ ‬La escritura es obediencia.‭ ‬Qué bien entiendo ahora a Artaud,‭ ‬incapaz de escribir‭; ‬y a Bataille,‭ ‬incapaz de razonar.‭ ‬Qué bien me entiendo,‭ ‬incapaz de obedecer.‭
El gremio‭ ‬de‭ ‬los‭ ‬escritores tiende a sorprendernos con las más diversas fisonomías:‭ ‬rostros de amargura,‭ ‬de lucidez tópica,‭ ‬de cinismo facilón‭; ‬rostros de niños grandes,‭ ‬y de viejos prematuros‭; ‬rostros sesudos,‭ ‬rostros frívolos‭; ‬rostros de enigma prediseñado por la industria de la imagen,‭ ‬y también de fabricación propia,‭ ‬poco menos que‭ “‬casera‭”; ‬rostros de enloquecida cordura y otros de locura razonable,…‭
Pero nunca descubriréis,‭ ‬en ese círculo,‭ ‬una forma de mirar tan pura,‭ ‬limpia de interés y de ambición,‭ ‬unas facciones tan despejadas,‭ ‬grávidas de palpitante y desnuda quietud,‭ ‬que sugieran sencillamente‭ “‬libertad‭”‬.‭
En ningún momento produce un escritor la impresión de autonomía,‭ ‬de ese bastarse a sí mismo y ser capaz de prescindir de nosotros que delata al verdadero hombre libre.‭ ‬Acaso porque la escritura fue un engendro del mercado,‭ ‬bastarda de la tiranía‭; ‬o bien porque la auténtica libertad fructifica en el anonimato.‭ ‬Acaso porque todavía no conocemos lo que debe ser una escritura absorta en sí misma,‭ ‬pendiente sólo de sí misma.‭ ‬O,‭ ‬simplemente,‭ ‬tal vez porque el escribir envilece,‭ ‬degrada,‭ ‬inmoraliza.

4) Navíos Sin Destino
Hay otra cosa que me irrita de los escritores y,‭ ‬sobre todo,‭ ‬no soporto de mí mismo cuando escribo:‭ ‬el aire de suficiencia,‭ ‬la pose de sabiduría que acompaña a este ejercicio inútil del monólogo sobre el papel.‭ ‬Parece como si el hecho de que nadie pueda rebatirnos mientras escribimos engendre la ilusión de que nos hallamos realmente cerca de la Verdad,‭ ‬o de que nos distingue del común de las gentes cierta especie de talento,‭ ‬determinada agudeza de la mirada,‭ ‬alguna clase de brillo cuanto menos…‭
Esa ilusión despliega a su vez las velas de los‭ ‬navíos sin destino de la egolatría,‭ ‬la presunción,‭ ‬el narcisismo.‭ ¡‬Menudo tufo a vanagloria,‭ ‬el de cualquier escritor‭! ¡‬Cómo apesto‭!

5) Aunque Se Diga La Verdad,‭ ‬Esa Verdad Tiene Atadas Las Manos
Lo verosímil se mezcla en mi espíritu con lo inverosímil.‭ ‬Es mi pensamiento una tierra estremecida donde lo sostenible cohabita con lo insostenible.‭ ‬Capaz de ser frío,‭ ‬de pensar con gravedad,‭ ‬lo más serio que termino haciendo es desacreditarme a mí mismo y reírme de mis escasas y nada originales ideas.‭
Basilio,‭ quien fuera mi compañero en el pastoreo, ‬en cambio,‭ ‬se conserva de una pieza.‭ ‬Hombre antiguo,‭ ‬habla poco y como si en cada una de sus muy meditadas observaciones estuviera comprometiendo toda su dignidad como persona.‭ ‬No miente.‭ ‬No exagera.‭ ‬Hombre de palabra,‭ ‬su decir cuenta lo mismo que un documento ante notario:‭ ‬pesa todo lo que puede pesar un discurso ayuno de dobleces.‭ ‬Habla tal si,‭ ‬sobre el mármol,‭ ‬cincelara un epitafio.‭ ‬Su acento se asemeja al del aforismo,‭ ‬al de la sentencia.‭ ‬Y diría que sus frases se disponen como cielos de tormenta sobre un mar calmo de silencio.‭ ‬Despliega el mismo rigor ante cualquier asunto‭ ‬-ningún objeto de conversación que por un momento secuestra la atención de una persona le parece frívolo.‭ ‬Restituye así el verdadero sentido de la comunicación,‭ ‬su utilidad.‭ ‬E involucra todo su ser en la verdad de lo que dice.‭ ‬Compra y vende de palabra,‭ ‬y exige del otro la misma absoluta fiabilidad de que hace gala en sus tratos.‭ ‬Si una persona lo engañara,‭ ‬faltara a su palabra,‭ ‬hablara en broma sobre una cuestión para él decisiva o se contradijera a cada paso,‭ ‬Basilio la borraría por completo de su mundo,‭ ‬apenas sí recordándola como lo fastidioso de un mal sueño,‭ ‬un tropiezo irrelevante de la realidad.‭ ‬No entiende a los hombres que no están hechos de silencio y de renuncia.‭ ‬No comprende cómo se puede hablar sólo para llenar el hueco del tiempo.‭ ‬No sabe lo que es una conversación de circunstancias.‭ ‬Y no responde a todo el mundo:‭ ‬únicamente toma en consideración las interpelaciones de aquellos seres que le merecen respeto,‭ ‬que de alguna manera se han ganado el derecho a dialogar con él.‭ ‬Administra el lenguaje como si fuera un bien escaso y carísimo.‭ ‬No despilfarra expresiones.‭ ‬El peor defecto que sorprende en sus semejantes es que‭ “‬hablan demasiado‭”‬.‭ ‬Cuando se entabla con él una conversación,‭ ‬el ritmo no es el de la charla habitual:‭ ‬escucha atentísimo,‭ ‬como si le costara trabajo entender lo que se le dice‭; ‬inmóvil,‭ ‬casi hierático,‭ ‬medita después un rato ante su interlocutor‭; ‬finalmente,‭ ‬contesta,‭ ‬muy despacio,‭ ‬repitiendo dos veces su aseveración‭ ‬-diría que una para escucharse y otra para ser escuchado.‭ ‬Si supiera leer,‭ ‬odiaría la poesía,‭ ‬por lo que arrastra de afectación y empalago‭; ‬y detestaría la novela,‭ ‬por su sometimiento a la ficción.‭ ‬Si supiera leer,‭ ‬no leería.‭ ‬Se tiene la impresión de que para él la palabra es,‭ ‬muy concretamente,‭ ‬aquello que quizá siempre debió ser y hoy ya no está siendo:‭ ‬un instrumento,‭ ‬un medio,‭ ‬una herramienta de la necesidad…
‭Su concepción del lenguaje no deja así el menor resquicio ni para la demagogia, sobre la que se asienta el discurso político; ni para la seducción, en la que se basa la literatura. Se halla, por tanto, muy lejos de Artaud, que proponía “usar el lenguaje como forma de encantamiento”. La palabra, para él, como una romana, como un trillo, como la guadaña, sirve para lo que está hecha y nada más.
‭Quiero decir con esto que desliga el asunto del lenguaje del problema de la esperanza. El discurso político se fundamenta en la esperanza de que puede haber una “toma de consciencia”, una “conversión” del oyente -cierta eficacia sobre el receptor, que se vería impelido a obrar, impulsado a intervenir en la contienda social siguiendo una línea determinada. Proselitismo y acción corren de la mano en este caso. La palabra ha de convencer (“iluminar”) y empujar (“movilizar”). Sin la esperanza de ese efecto, el discurso político carece de sentido. Por añadidura, se deposita también la fe en la “verdad” del relato; se espera mucho de ese compendio de certidumbres que habría de rearmar la voluntad de progreso de la Humanidad. La crisis actual del relato de la Liberación, fundado según parece en una cadena de verdades irrebatibles, muestra el absurdo de esa doble esperanza. Operan fuerzas exteriores al lenguaje, independientes del discurso, capaces de aniquilar su supuesto potencial conscienciador y movilizador. Aunque se diga la verdad, esa verdad tiene atadas las manos; llegando al hombre, no le hace actuar. De ahí el fracaso de la demagogia, aún en su vertiente revolucionaria…
‭El discurso literario se apoya a su vez en una esperanza aún más vana: la de que exista una clave universal del disfrute y un criterio absoluto del valor. Y no merece la pena insistir en que eso que llamamos “arte”, engendro sospechoso de intelectuales, funciona y circula exclusivamente por canales de élite, diciendo poco o nada al público “no ilustrado”. Por otra parte, no contamos en modo alguno con la menor garantía de que la “buena literatura” (si la hay) sea la misma que se inscribe en la tradición culta, oficial, dominante. Cuestionada también la justificación del discurso de seducción, sólo le queda a la palabra la tarea humilde, deslucida, que le confiere Basilio: servir a los hombres en sus asuntos rutinarios. Y no cosquillearlos de placer o educarlos en no sé qué esplendentes verdades redentoras…
‭Desinflado, el lenguaje recupera su antiguo valor pragmático. Basilio habla para comprar, vender, cambiar, pedir o prestar auxilio. El resto de su vida se halla envuelto en el silencio. A mí me dirige la palabra como si me hiciera un favor. Y se rebaja a departir conmigo, patético charlatán sin cura, movido por un elemental sentido del socorro mutuo: hoy por hoy, ésa es la ayuda que recabo y que su humanidad no me niega. Si divaga ante mí, es por un problema mío de debilidad e inconsistencia.

6) Gran Odiador
Debo ser un charlatán,‭ ‬puesto que me encuentro tan a gusto entre las palabras.‭ ‬Un charlatán enfermizo,‭ ‬ya que,‭ ‬a la vez,‭ ‬las odio más que a nada en la tierra.‭ ‬Y nunca descarté la posibilidad de estar loco,‭ ‬pues hablo a solas,‭ ‬al vacío,‭ ‬ni siquiera a mí mismo.‭
Lo que menos soportaba de la Enseñanza no era el hecho de tener que tomar la palabra,‭ ‬sino la circunstancia de que esas palabras fueran inmediatamente oídas.‭ ‬Una de las cosas que más detesto de la literatura y su mundo es la existencia del lector.‭ ‬Me parecería perfecta si también ella hablara vacío.‭ ‬Nada tendría que objetar a una escritura que no se firmara,‭ ‬absolutamente anónima,‭ ‬y que permaneciera por completo a salvo de ser leída.‭ ‬Pero eso no es escribir.‭
Si no hay un hombre pedante,‭ ‬vanidoso,‭ ‬soberbio,‭ ‬que se mira sin descanso el ombligo,‭ ‬y otro encandilado,‭ ‬fascinable,‭ ‬disponible,‭ ‬que le profesa estúpida admiración‭ (‬todo admiración es estúpida‭)‬,‭ ‬y quiere también echarle un vistazo a ese ombligo ajeno,‭ ‬entonces no hay literatura,‭ ‬no hay escritura.‭
Por ello,‭ ‬lo mío,‭ ‬sin lector y con un autor que se desconoce,‭ ‬será siempre un‭ ‬no-escribir.‭ ¡‬Cuánto deberíamos aprender de esos escritores anónimos de libros que se han perdido‭! ‬Ellos son mis inspiradores.‭ ‬A ellos dedico esta no-escritura.
‭El pensamiento no es lo mío. No lo practico. Cojo y dejo las ideas como conversaciones de parada de autobús, y con tan poco respeto hacia su pretensión de verdad que a veces me hundo en la contradicción y en la incongruencia. Todas las teorías me seducen unos segundos, y después me cansan. Estoy harto, incluso, de este dar vueltas mío en torno al desesperar.
‭Mi odio al Estado no es una idea: es un sentimiento que me entró por lo ojos antes de que intentaran enseñarme a usar el cerebro. Mi odio a la burguesía es también un sentimiento, pero éste me entró por el sudor del cuerpo, mientras el sádico de mi primer patrón se echaba una siesta surestina delante mismo de nosotros, sus trabajadores adolescente, borrachos y extenuados. Mi odio a la cultura es biológico, una reacción del organismo al exceso de saberes que me han administrado hasta hacerme perder la inteligencia natural y el conocimiento espontáneo.
‭Y mi odio a la escritura puede tomarse como una manía de viejo chiflado que olfatea algo podrido allí donde otros aspiran no sé qué fragancia embriagadora. En otra parte hablé de “husmo”: hedor a carne en descomposición.
‭Fuera de esto (y dejando a un lado la repelencia que siento hacia el hombre; no ya odio, sino desprecio y asco), no hay en mí ninguna constancia, ninguna fijación de la reflexión, nada mental permanente. A menudo, me defino como un gran odiador, boca enemiga.

7) Tierras Casi Inhóspitas
Debo escribir por atavismo,‭ ‬ya que no creo en la literatura.‭ ‬Lo más importante de estos últimos años,‭ ‬en lo tocante a mi espíritu:‭ ‬ya no necesito preservar ante el espejo‭ (‬no sé si mío o de todo el mundo‭; ‬igual da si roto,‭ ‬empañado o deformante‭) ‬una imagen de mi vida digna y sin mácula.‭ ‬No me es preciso estar orgulloso de lo que hago.‭ ‬Ya no me empeño en mantener un buen concepto de mis obras.‭ ‬Desesperé.
Mi desesperación no provino de la experiencia de la derrota‭ ‬-nunca me sentí vencido.‭ ‬Nada tiene que ver con la amargura:‭ ¡‬soy tan feliz‭! ‬El modo mío de haber dejado de esperar se forjó en tierras casi inhóspitas,‭ ‬enemigas de lo abstracto y de lo ilusorio‭; ‬se fraguó con el descubrimiento conmocionante de extraños seres marginales y ante la turbadora lección de la muy inteligente vida animal.

8) Tan Sucia Poquita Cosa
Había decidido escribir una novela a propósito de un pastor antiguo.‭ ‬Acerca,‭ ‬también,‭ ‬de otros seres desconcertantes que merodean por las aldeas,‭ ‬diríase que escapados de la historia y de la racionalidad moderna.‭ ‬Pero la literatura es tan falsa,‭ ‬tan miope,‭ ‬tan lisa,‭ ‬tan sucia poquita cosa,‭ ‬que pronto desistí de empotrar a mi amigo en el tapial indecoroso de un relato de género…‭
Por otra parte,‭ ‬casi lo mismo que reprocho a la labor literaria afecta a su vez a los modos de nuestro raciocinio:‭ ‬no sé muy bien qué es lo que nuestra rotosa y mezquina Razón tiene que discernir en un hombre como ese cabrero,‭ ‬pero descubra lo que descubra,‭ ‬maquine en su contra lo que maquine,‭ ‬jamás le hará justicia ni tampoco el menor daño.‭ ‬Lo convertirá en un esquema casi abstracto,‭ ‬en un prototipo desangelado,‭ ‬en el blanco enorme de media docena de etiquetas desgastadas y devoradoras,‭ ‬arrojadas como dardos y perdidas por el camino,‭ ‬y nada más…‭
Intuyo,‭ ‬sin embargo,‭ ‬lo que mi vecino hace cada día con esa ínfima y polvorienta Razón:‭ ‬enlatarla en sus oxidados botes de conserva,‭ ‬con sumo cuidado,‭ ‬y dispersarla por la cambra para que se ocupen de ella la humedad y los roedores.

9) Tiempos Que Vivimos Sombríamente
Me había propuesto,‭ ‬alcanzado este punto,‭ ‬llevar a cabo una reflexión sobre el valor de la presente escritura en los tiempos que vivimos sombríamente.‭ ‬Pero mejor lo dejo para vosotros.‭ ‬La cuestión del valor permanece demasiado unida a la de la esperanza.‭ ‬No me interesa.‭ “‬Confieso que no tengo el concepto del valor de mis obras‭”‬,‭ ‬escribió Pessoa.‭ ‬Por mi parte,‭ “‬todo lo que he hecho a lo largo de mi vida ha sido perfectamente inútil‭; ‬no espero otra cosa de mi escritura‭”‬.‭ ‬Hay quienes escriben para la mayoría‭; ‬otros,‭ ‬para unos pocos‭; ‬algunos,‭ ‬para ellos mismos.‭ ‬Yo‭ ‬no escribo.‭ ‬Lo que sea esto,‭ ‬no vale ni para importunar al silencio.‭ ‬A mí no me sirve‭; ‬tampoco a vosotros.

10) Acto Sin Metáfora
La angustia de no saber qué escribir a continuación,‭ ‬como la de no prever qué ocurrirá el día de mañana,‭ ‬se disipa sola,‭ ‬sombra que borra la tormenta,‭ ‬diría que por un arrebato de este cerebro mío descentrado‭; ‬y nada en el párrafo que acabo de redactar resultaba‭ (‬al menos para mí‭) ‬previsible en la secuencia de textos que lo antecedía.‭
Por eso,‭ ‬en mi caso la escritura no evoca lo organizable de un periplo,‭ ‬una estancia en tierra extraña,‭ ‬esa administración de lo levemente inesperado en que se cifra el placer frío y desvaído del viajar.‭ ‬La concibo,‭ ‬mejor,‭ ‬como acto sin metáfora.‭ ‬En realidad,‭ ‬la escritura,‭ ‬para la que no hallo imagen,‭ ‬deviene muy nítidamente como alegoría‭ (‬única‭) ‬de mi vida.‭ ‬La‭ ‬escritura‭ ‬de‭ ‬mi‭ ‬existencia.‭

11) Decir Que Yo Era Uno De Los Medios De Que Disponía La Literatura Para Deshacerse,
Arma Con La Que Podría Suicidarse
A veces pienso que en este trabajo,‭ ‬como en la mayor parte de los anteriores,‭ ‬sólo abordo un tema,‭ ‬obsesión de fondo en relación con la cual todo es secundario,‭ ‬marco,‭ ‬aparejo,‭ ‬esqueleto:‭ ‬el tema del escribir,‭ ‬lo que sea mi escritura.‭ ‬Y puedo estar apuntando de alguna forma que ella sí que es superflua,‭ ‬accesoria,‭ ‬ella sí que pertenece al mundo de los recursos.‭
De más en mi existencia,‭ ‬prescindible como todo objeto,‭ ‬puedo representarme mi escritura como un útil para tristes fines,‭ ‬herramienta rota para la reparación de lo patético.‭ ‬De sobra,‭ ‬por un lado‭; ‬y,‭ ‬por otro,‭ ‬desdichadamente necesaria.‭ ‬No sé…‭ ‬En otro tiempo,‭ ‬me gustaba decir que yo era uno de los medios de que disponía la literatura para deshacerse,‭ ‬arma con la que podría suicidarse.‭ ‬Ahora digo que‭ ‬no escribo,‭ ‬como si yo fuera el suicidado y ella me hubiera deshecho…‭
¿Es mi vida un recurso literario‭? ‬Sé que,‭ ‬durante años,‭ ‬lo fue.‭ ‬Y me temo que,‭ ‬quizá a lo largo de ese mismo periodo de tiempo,‭ ‬la literatura fue para mí un recurso existencial.‭ ‬Ahora,‭ ‬no escribo.‭ ‬Esto no es escritura.‭ ¿‬Dónde está,‭ ‬en estas palabras,‭ ‬lo accesorio,‭ ‬y dónde lo esencial‭? ‬Un saco de palabras,‭ ‬siempre lo fui.‭ “‬Palabras,‭ ‬palabras,‭ ‬palabras que me ahogáis‭; ‬tengo sed de otra cosa‭”‬,‭ ‬escribió Bataille.‭ ‬Desde luego,‭ ‬no es mi caso.
Siempre me escondo detrás de las palabras,‭ ‬lo mismo cuando escribo que cuando pienso.‭ ‬Si no me escondiera,‭ ‬no sería lo que soy.‭ ‬No me sería.‭ ¿‬Cómo se puede escribir y decir al mismo tiempo la verdad‭? ¿‬Se puede‭? ‬No,‭ ‬creo que no.‭ ‬La verdad no está hecha de palabras.‭ ‬Las palabras dicen que yo soy Pedro García Olivo.‭ ‬Sin embargo,‭ ‬yo,‭ ‬que conozco mejor que nadie a ese Pedro,‭ ‬me desconozco profundamente a mí mismo.‭ ‬Saquito.‭

12) El Fantasma De La Identidad
Aparte de robar,‭ ‬dejarme la piel jornalera en los bancales,‭ ‬dar clases,‭ ‬publicar artículos,‭ ‬practicar el contrabando,‭ ‬presumir de‭ “‬solidario‭” ‬en Centroamérica,‭ ‬escribir cosas como éstas, llevar un hato de cabras, labrarme un bio-reducto para la libertad en el Alto y luego dejarlo por un dictado del corazón,‭ ‬ya no he hecho mucho más en la vida…‭
Habiendo ejercido de ladrón,‭ ‬asalariado,‭ ‬profesor,‭ ‬articulista,‭ ‬mafioso,‭ ‬cooperante,‭ ‬escritor, cabrero y campesino de subsistencia,‭ ‬no fui nada de eso.‭ ‬En parte,‭ ‬porque todo lo hacía mal‭ ‬y lo hacía sólo por hacerlo.‭ ‬Y en parte porque el fantasma de mi identidad no responde al nombre de un oficio o de una actividad.‭ D‬esesperado, del mismo modo que‭ ‬no escribo,‭ ‬no trabajo. Y, aunque “soy”, eso que soy no es decible. No soy un escritor, y esta es una no-escritura…

[A partir de “Desesperar”]

http://www.pedrogarciaolivo.wordpress.com

Buenos Aires, 28 de enero de 2018



GORA ETA BEHERA (242) - Kirol Skalaria edo Skalariak-ekin nola dantzatu eta kirola gorrotatu

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