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sábado, 1 de diciembre de 2012

Una dama indispensable

Existe una escena de damas de la música folk americana (aunque aquí podríamos decir country sin miedo a errar mucho el tiro) de una repercusión local (local a nivel de país, USA) máxima pero de una limitada proyección a nivel europeo. No se trata, en ningún caso, de una escena underground para el público del viejo continente, pero chocan las cifras que consigue en su país natal con el impacto en la capa cultural e industrial del ánimo musical europeo.

Una escena compleja y poblada, capaz en algunos territorios de hacer sombra y enmudecer a otros estilos presupuestamente monopolizadores de medios de masas. Escena que se entremezcla a veces con otras esferas adyacentes y genera productos que sirven de puente, a menudo, entre habitantes de uno y otro círculo.

Hoy traigo al blog a una de las damas que reina en esta escena: Emmylou Harris.
Esta semana he estado escuchando uno de los dos trabajos que publicó en 1975: Elite Hotel, una reunión de canciones de diferentes autores, desde su adorado Gram Parsons hasta los mismísimos Lennon y McCartney. Pero un resumen del resumen de la persona primero.

No me gusta volcar en los posts cientos de datos. Me aburren los posts que me hacen eso a mi. Sin embargo me gusta utilizar cada uno para aportar un pequeño grano de arena al dibujo de un tema, un autor o un álbum. En el caso de la de Alabama me gustaría volver a insistir en que es una de las más populares intérpretes de la música folk y country norteamericana. Ganadora de doce Grammys (doce!, uno de ellos precisamente por esta galleta),  y colaboradora de gente tan conocida como el citado Parsons, Willie Nelson, Johnny Cash, Neil Young o Bruce Springsteen (por no hablar de otras damas de la escena como Dolly parton o Linda Ronstadt).
El cancionero que Harris ha abordado en su extensa carrera es impresionante. Un descenso a las entrañas del corazón musical americano (y en ocasiones no exclusivamente americano) donde navegar por nombres significativos y esenciales en el quien es quien del mapa cultural folky. Nombres que mejor no listar hoy, aunque si podemos hacer otra cosa...

... mencionar algunos de los que se recogen en este álbum. Me voy a centrar en tres obviando la versión del Here, There and Everywhere que se recoge en el séptimo corte. Razones sentimentales me hacen elevar su versión original (de este trabajazo que fue Revolver) por encima de todas las covers del mismo que he oído hasta el momento.
Empecemos por Gram Parsons y Chris Hillman. Aún no hemos hablado en este blogen en serio de The Flying Burrito Brothers, ni siquiera hemos mencionado con propiedad a The Byrds (cuánto queda por hacer...), de forma que sólo mencionar que estos dos formaron parte de ambos grupos (pájaros primero, burritos más tarde). Hillman escuchó a Harris, quedó prendado de ella y la recomendó a Parsons. El flechazo fue inmediato y el resultado insustituible. Luego vino la muerte accidental y repentina del primero y la resaca que eso supuso sobre el enfoque sentimental de Harris a lo largo y ancho de su carrera. Dos versiones de temas de ellos en este álbum: Sin City y Wheels (de la que reconozco me sigue tirando más la original).
Y un tercer nombre de excepción. Otro de los padres del sonido country y folk americano: Hank Williams, el iniciador de una interesante saga de la que quizás otro día hablemos. Williams es de los que se han de conocer aunque sea por tener una culturilla musical de esas de salir del paso. Otro hijo de Alabama que marcó las guías por las que muchos tras él encaminaron sus pasos. En el Elite un tema titulado Jambalaya, a mi juicio, por desgracia, de la mitad que menos me atrajo.

Me da la impresión que voy metiendo más nombres de los que debiera para no perder el interés del lector pero a la vez siento que me dejo injustamente muchos que debieran aparecer. Por eso resumiré en una línea que un tal Brian Ahern produjo este disco, y produjo muchos más, tantos que cabría decir que es, sin duda, uno de los grandes padres del sonido country americano. Otro día hablaremos más de él.

Emmylou Harris. Si da la casualidad de que no os habíais parado a escuchar algo de ella, no lo dudéis, intentadlo. Y con un poco de curiosidad buscad quien es el autor del tema que interpreta. Estaréis entrando de cabeza a la fiesta de la música tradicional americana.

Un tema, para acabar, de un sujeto que respondía al nombre de Buck Owens, Together Again. Qué cositas hace ese piano pasado el minuto y medio...

Cosas buenas a tod@s.



domingo, 1 de julio de 2012

Tres lecciones de humildad

He tenido la suerte dificilmente mesurable de encontrarme tres post esta mañana de quitar el sentido. Tres joyas que valen cada palabra que llevan. Tres escritos que deben a sus escritores conocimientos, honestidad y amor y pasión por la música.

De los tres blogs creo que, a estas alturas, no cabe que hable. Forman parte de esa selección que siempre puede encontrarse a la derecha de mis palabras y constituyen una de las vias fundamentales por las que este ignorante con ínfulas de llegar a entender un poquito de la cosa esta de la música se alecciona y se instrumenta.

El primero me lo he topado en el rincón que el amigo Tsi-na-pah tiene en este mismo blogspot. Una entrada para conocer un poquito más a uno de esos grupos que no aparecen en las portadas de las revistas, pero que significó un avance en la evolución de la música tradicional americana para convertirla en mainstream y empapar las mentes y los pantalones de muchos músicos y seguidores en todos los rincones del planeta. Hablo de Gram Parsons y sus Flying Burrito Brothers. Otro día podemos hablar aquí un poquito más de él. Se cruzó en mi camino hace unos años con ese disco fundamental que se llama The Gilded Palace of Sin. Tipo singular, personalidad controvertida, de profundas raíces, ególatra taimado, increible compositor, piedra de toque de unos Byrds descabezados, encantador de serpientes capaz de sacarle voz a su guitarra. Leedlo por favor, la anécdota del final es de las que recordaréis de por vida.
El post aquí.
Un regalo de Gram Parsons aquí:

La segunda ha sido una exposición a tumba abierta de ese kamikaze del corazón americano de la música que es Fernando Navarro en el post que mantiene regularmente en la versión digital de El País: La ruta norteamericana. Se titula: El rito de Van Morrison. Leerlo es comprenderlo, no avanzo nada. Fernando entremezcla con sabiduría eso que servidora aspira a poder transmitir, no mero conocimiento musical, sino la parte emocional que va inexclusablemente ligada. La viviencia que pega las canciones a nuestra vida de forma imperecedera.
Pueden pasarte dos cosas en esta vida, que te ocurra o que no. Lo normal es que pase lo primero, estamos preparados para ello. En ese caso eres un afortunad@. Lo contrario es una desgracia a la que poner remedio de inmediato. Si te has tomado la molestia de llegar hasta esta línea estas en el primer grupo. Soy de los tuyos.
El post aquí.
Un regalo de Van Morrison aquí:

La tercera es un compendio técnico de los que siempre he querido leer y nunca me había encontrado. Título, el de este blog, que ya hubiera querido imaginar para el mío: Music is my savior. revolver, Manuel J y Bruno son los culpables.
Si alguna vez habéis sentido la más pasajera necesidad de que alguien os comente abiertamente, sin tapujos, detalles de la eterna pregunta acerca de la calidad musical del formato vinilo frente al CD, éste es vuestro post. Parte de una cadena fácilmente seguible a través de los propios enlaces del blog.
Ideal para iniciar una conversación con Cat Stevens de fondo, un cortado, un chupito de orujo de hierbas y un Don Julián #1 comprado con urgencia.
El post aquí.
Un regalo de Cat Stevens aquí:

Gracias a todos los que andan los caminos y se toman la molestia de escribir y dibujar los mapas de ellos. Por las sendas ocultas que nos muestran y los placeres que nos descubren.

Cosas buenas a tod@s.