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sábado, 16 de marzo de 2013

A las chicas no les gusta la frontera

Otro dia hablo del primer vinilo que tuve, o de la primera cinta. Hoy voy a hablar del primer CD.
Nunca, excepto aquella vez, me ha dado por participar en un concurso radiofónico. Pero lo hice. Corría el año 1990 y llamé a la radio porque hablaban de un grupo que había sacado un disco enorme (o eso decía el locutor). De hecho, el disco que les abrió las puertas del gran público.
Como les conocía y les amaba en silencio no me pude resistir.
Llamé. Acerté. Y dos semanas después tenía en casa el CD de Palabras de fuego.
El grupo se llamaba, se llama, La Frontera, y ha sido uno de los grupos de cabecera de este caminante, o lo fue durante una época.


Compartí este grupo en los mejores antros y con las mejores compañías. Forma parte de esa parte de la música que escapa a la música misma. Creo que esto es lo que, viviéndolo, te hace amarla, ligarla al ADN.

La Frontera tenía un hígado y un corazón. Ambos eran Toni Marmota y Javier Andreu. Oficio sobrado. Actitud demostrada. Del tipo del rock, digo. Un combo apartado, en ocasiones despreciado. Un pedazo de tierra libre. Un sonido propio. Una lírica diferente. Épica. Hay música que nunca debiera de salir de los bares aunque haya bares que pinchen otra música.

Hoy no quería escribir de ellos. Pensaba pasar unas líneas acerca de un paseo que he hecho a solas con el ipod metiéndome vía ótica el I talk to the wind de unos tarados que no se les ocurrió otra en el 69 que reinventar el rock. Pero llegué a casa, perdí el tiempo, jugué al fútbol, comí pizza, bebí Mahou, y sentí la necesidad de rescatarles. Robert Fripp me lo perdonará.

No entraré en detalles biográficos hoy. Ni contaré anécdotas de barra. Si da la casualidad de que los encontráis aquí y os preguntáis qué pintan, dedicad por favor unos minutos a abriros una cerveza y escucharles. No perderéis más de unos minutos. Y una cosa, si eres mujer, por favor, déjame un comentario, necesito tu opinión, por qué a las chicas no les gusta La Frontera?

Cosas buenas a tod@s.


miércoles, 13 de febrero de 2013

Jaleos varios, desaceleraciones y una escena impermeable

Historias varias hacen que mi tiempo, últimamente, no sea el que fue. Eso conlleva daños colaterales y me consta que el blog está siendo uno de ellos. Durante el año pasado conseguí cuadrar las cosas, en éste estoy viendo que va a ser algo más complicado. De cualquier manera no cejaremos y, en la forma en que buenamente se pueda, iré tomando notas del camino como llevo haciendo. Quién sabe? el camino es largo y quizás tras otra revuelta vuelva a tener más disponibilidad.

Por lo de arriba se me juntan las entradas y no acabo de sacarlas adelante.
Hablemos un poco de britpop y de ese capítulo que comencé con Oasis hace ya un tiempo
La semana pasada estuve con una asignatura pendiente. Y lo peor es que me temo que la he vuelto a suspender. Blur y Parklife.

Qué tendrán que hacer éstos chicos para atraparme?. No tengo la más remota idea. El significado y trascendencia de este trabajo parece fuera de toda duda. Leer reseñas en libros y publicaciones on-line no hace más que incrementar mi frustración. Pero no hay forma de que se me graben en el disco duro. No encuentro la quintaesencia por más vueltas que le dé al invento.
Puede ser que la expectación haya derrotado la escucha? Eso en ocasiones ocurre. Pero creo que no, que hay algo más aquí. Damon Albarn y los suyos me gustan en canciones, pero aún no he conseguido encontrar la galleta que me arrebate. Y no creo que sea nada personal contra el britpop. No creo que acabara en mala situación en el comentario que hice del trabajo anteriormente citado de sus rivales de isla.
Vaya por delante que me falta toda su segunda etapa. Miedo me da que me falte, la verdad.

Así que a falta de elogios sobre estos temas, se me vienen dos ideas a la cabeza. La una es la anécdota de la disputa por el éxito entre éstos y Oasis, una carrera varias veces referida, en lo que a Blur se refiere, como el grupo que ganó una batalla pero perdió una guerra. Se ha contado mil veces, de forma que prefiero dejarla por si otro día me encuentro con mejor disposicion.
La segunda es introducir una línea acerca del britpop. Una sólo. Esto es más sencillo.

Si uno se pone a leer cosas sobre el britpop la mayoría de las veces se va a encontrar con el concepto de que el britpop apareció en las islas británicas como un movimiento de oposición al grunge americano. Una ola de reivindicación basada en los sonidos 60s y 70s (con The Beatles y The Kinks a la cabeza) y las temáticas puramente locales. Una huida de esa especie de respuesta a la invasión británica que constituía el movimiento abanderado por Cobain and Co.
No conozco tanto del britpop como para aseverar nada de forma taxativa, pero ni Blur, ni Oasis, ni el resto de sus compañeros de viaje me parecen a la altura de la comparación con los iconos mencionados unas líneas arriba. Me gustan los Ocean Color Scene, suele divertirme encontrarme a Pulp, hay temas de Suede para levantarse de la silla, pero Ray Davies y Lennon&McCartney eran otra cosa.
Incluso si vamos más allá de la música y ahondamos en el caldo de cultivo de ambos movimientos (grunge y britpop), me atrapa más la estampa de la segunda mitad de los 80s de la Olympia de Calvin Johnson, incluso la anterior ola de música británica centrada unas millas más al norte, en Manchester.

Posiblemente hay algo que escapa a mi vista a día de hoy. Ese algo que vió, y ve, mucha gente antes que yo. La piedra de toque de una escena que se me situa en un punto intermedio en la línea que une lo anecdótico con lo intrascendente. Precisamente por eso, por esa cosa que se me escapa a la vista, seguiré ahondando en ella.

Un tema de Blur.

Cosas buenas a tod@s.

viernes, 25 de enero de 2013

Cómo cocinar un monstruo

Esta semana he estado escuchando un álbum de esos que me llaman la atención por factores ajenos a la música en sí misma. El Monster de R.E.M..

R.E.M. es un grupo que no hace falta presentar y eso me viene muy bien para entrar directamente al tema en cuestión que avanzaba. Estos tipos (Michael Stipe, Peter Buck, Mike Mills y Bill Berry) vivieron entre 1990 y 1992 un punto de excelencia creativa que no sólo les encumbró a lo más alto de las listas a nivel mundial, significó su marca para la posteridad en el acervo de la música popular occidental. Dos álbumes fueron los culpables: Out of time y Automatic for the people.

Pero tenemos el dicho que cuenta que lo difícil no es llegar, lo difícil es mantenerse. Qué podrían ofrecernos los de Georgia tras tan suculento banquete?. Aquí entra mi interés por Monster.


Monster muestra un sonido de guitarras sucias influenciado por grupos de los que mejor podían influenciarlo, los Sonic Youth, sin ir más lejos. No en vano el mismísimo Thurston Moore (salido de la edición del Goo que debió de pasar pero nunca pasó por estos posts) colabora en la galleta en su segundo corte Crush with Eyeliner. Habituados a Loosing my religion, Man on the Moon o Shiny Happy People, el sonido de Monster sorprendió a propios y extraños, o al menos a mí.

Pero no sólo porque fueran los músicos los responsables, sino también porque el cambio no corresponde a una modificación en la responsabilidad en la producción. Ahí tenemos al Scott Litt de los dos álbumes anteriores. Todo un ejemplo de cambio de rumbo con la misma gente a bordo de la nave. No es el primer caso, pero sí es significativo.

Singles aparte, me gustaría incidir en las dos canciones que más me han llamado la atención del disco. Precisamente los tiempos más tranquilos. Por inesperados. Situados en la mitad de la galleta como un banco en la mitad de una cuesta de ascenso a un cerro. Como el paso de un palillo a través de una cereza (corteza, carne, corteza). Se trata de Strange currencies y Tongue.
La primera, con sus enumeraciones, sus phrasal verbs, su melodía cadenciosa. No puedo reprimir imaginar cómo hubiera cantado este tema Roy Orbison.
La segunda, con ese canto en falsete de Stipe y ese organo espectacular dándole colchón.

R.E.M. "es" una de las bandas que mejor sabe arrancar canciones del mundo. Bueno, "fue", aunque le pase lo que a Gardel, que, desde que murió, canta mejor cada año.

Cosas buenas a tod@s.




domingo, 30 de diciembre de 2012

Días de música

Llevo unos días arriba y abajo con el tema de la música. Entre eso y no tener una conexión a internet a mano he dejado la cosa algo dormida. Me salté el post de Feliz Navidad y debo aún el disco de la semana donde comentar el Medicine Show de los The Dream Syndicate. A cambio he mantenido interesantes discusiones, he escuchado algunas cositas, he leído unas cuantas páginas sobre riot grrrls, el nacimiento del grunge y la movida de Olympia, me he perdido algún concierto teniéndolo todo ya atado (fin de gira de Guadalupe Plata en Úbeda), he atendido a algún otro (sesión de versiones de José Antonio García en Granada), me ha traído Papa Noel deseados discos (varios Zappa), bajo del coche después de varios cientos de kilómetros y me encuentro con Juan Alberto (Niños Mutantes) con el que cruzo unas palabras sobre las que reflexionaré un día de estos, y aún me dejarán pinchar en algún garito de esos en que no te limitan la imaginación y la voluntad (El Transistor, del amigo Jose Lobos).

Total, que llega el fin de año y me aturrullan los flashes de ideas y temas en los que me gustaría bucear.
Ante situaciones así, siempre la opción más simple. En otro momento, espero que pronto, me alargo más.

De lo leído, una porción eléctrica de ese movimiento femenino (no estoy convencido de hasta que punto feminista) que fue el de las riot grrrls. Chicas rockeras con ganas de armar ruido. Kathleen Hanna a la cabeza, con ustedes, las Bikini Kill. Otro día comentamos influencias varias.


Cosas buenas a tod@s...   y Feliz Navidad.


viernes, 2 de noviembre de 2012

Un griego-americano, un tipo con barba y dos hermanos rockeros

... Al estilo de los títulos de Greenaway.

Hoy toca hablar de The Black Crowes. Si Dr John se encuentra en algún punto sobre una imaginaria línea que fuera de James Brown a Joe Cocker (en mi imaginario particular), los Crowes estarían en algún lugar sobre una línea imaginaria que fuese de The Rolling Stones a The Faces. Luego, aparte, vendrían todos los que se han mirado en ellos para definir su sonido, y aquí, a nivel patrio, se me pasarían unos cuantos nombres por la cabeza, unos M-Clan de Usar y Tirar sin ir más lejos.

Esta semana vino conmigo en el coche su primer trabajo. Titulado Shake your money maker, me trajo a la cabeza una conversación que tuve hace tiempo con una amiga medio americana de Detroit medio irlandesa de Dublin. Me cometaba el argot negro con el que achuchar a las chavalas a bailar sacudiendo el culo, mueve tu ..... máquina de hacer dinero?, cuánto se pierde en las traduciones...

Y la aventura se debe a dos hermanos, Chris y Rich Robinson, que a finales de los 80 decidieron formar este combo con sonidos sureños y rock'n'roll de carretera y barra de taberna. Uno de los grupos referenciales del sonido rock de finales del siglo XX, un clásico en vida para recordarnos a todos que las raíces siguen estando donde las dejamos, clavadas en el suelo. Que unos Lynyrd Skynyrd no se lo acabaron todo y aún queda licor en las garrafas para unos cuantos años más.

Si os acercáis a este trabajo (en Spotify aquí) encontraréis música para barbacoas donde contemplar las chuletas sudando con el tercio en la mano. Compro Jealous Again y Could I've been so blind sin pensarlo dos veces. Un poco más me cuestan esas baladas rollo She talks to Angels, que siendo en ellos me paro a escuchar pero que, pensando estuvieran en boca de otros, no sé yo si me hubiese resistido a avanzar el corte y dejarlo para luego.

Y estos son los hermanos rockeros. Pero a ellos se les acercó un tipo y les conminó a recoger estas coplas y darles forma de galleta. Este sujeto fue George Drakoulias. Drakoulias es un productor sobre el que merece la pena tener un ojo, sonidos del gusto de este que escribe como es el caso de los Jayhawks algo tienen que ver con él. Y cómo acabó este tipo metido aquí?. Pues, casualidades de la vida, por su novia, que resulta que había estado saliendo anteriormente con un tipo con barba de esos que asoman la cabeza de tanto en tanto por el blog. Adivináis? El mismo, Rick Rubin. Rubin comenzó produciendo con aquella primera Def Jam para a posteriori mudarle a Los Ángeles y crear lo que acabó siendo American Recordings. Drakoulis le siguió y allí fue donde, con el trabajo que nos ocupa hoy, consiguió el primer gran éxito de la casa.

A los de Atlanta los volveremos a traer por estas líneas, así que dejaremos cosas para contar otro día. De momento una muestra de su buen hacer. A ver si os parece lógica la línea imaginaria que propuse al inicio del post.

Cosas buenas a tod@s.


sábado, 29 de septiembre de 2012

Pla

Albert Pla es un tipo singular. Llegó a mis orejas hace años ya, por otro catalán que, como yo, había vuelto de regreso a Granada (cientos fuimos) por avatares y decisiones familiares varias. En aquella época entró en mi imaginario musical con la Carta al Rey Melchor y con Joaquín el Necio, pero estos temas pertenecen a su tercer trabajo, aquel No sólo de rumba vive el hombre que publicara en el 92.

Hoy me trae un trabajo anterior, su primero en concreto, un disco llamado Ho sento molt que se editó en el 90.

Para empezar es un trabajo en catalán. El catalán no es un idioma complicado si se conoce un idioma latino previamente. Cualquier hablante de castellano e italiano, incluso de francés o portugués, no tardaría más de un par de meses de estancia e inmersión para comprenderlo y quizás un año para poder comenzar a chapurrearlo con cierta soltura. Por esto, seguir una canción en catalán para un latino no es tarea hercúlea ni elitista. Más bien al contrario. De esta forma (en proceso de inmersión) me llegó el tema que traigo hoy al post, un corte llamado Vida d'un gat. No hay que trabajarlo mucho, pero como son curiosos los detalles, dejo la letra al pie del post.

Quien no conozca la forma de composición y de interpretación de Albert Pla seguramente se quedará con la mosca detrás de la oreja tras su escucha. Dudando entre si se está quedando con uno, si realmente está interpretando como cree que es la mejor forma que sabe, o si directamente está transformando la interpretación en un forzado estado de ridículo con que hacer pensar al receptor. Yo creo que hay un poco de todo. Creo que Pla, que me huele que de tonto no tiene un pelo, lleva la interpretación un paso más allá de la mera ejecución de una melodía y la comunicación del relato. Abre la dimensión del juicio del oyente y destapa su faceta crítica incluso en aquellos que ignoraban que la tenían. Eso me gusta, y eso lo sabe hacer muy bien el de Sabadell.

Además los toques de humor y de imaginación de sus letras generan historias cotidianas mediante fábulas aparentemente inocentes, como la de este pobre animal aquejado de mil desgracias y al que le queda, valiente valor, recordar que tiene más vidas para ir afrontando más desgracias. No es más feliz el que más tiene.

Sobretodo a aquellos que no le conozcáis, un tipo interesante.

Cosas buenas a tod@s.




El seu pare era un vell gat gordo i coix
i sa mare una gata de carrer
i ell va néixer una nit sota la pluja
però sa mare morí al part
i el seu pare d'un infart
i va quedar abandonat pel mig dels prats
moriria de gana moriria congelat
però sort que era un gat i tenia set vides
no tenia ni pares ni un amic
ni un padrí de família que el cuidés
i així solitari justet amb uns dies de vida
va arrossegar el cos per un camí per la ciutat
però va ser en creuar una carretera
que un camió va i l'atropella en un pas zebra
però sort que era un gat i tenia set vides
i va sentir-se deprimit dèbil agobiat
tan esclafat sota el camió
veia que no podia que no podia respirar
però per res la vida no volia deixar

ferit i amb la por a la mort
va seguir una nena i la nena el va agafar
va acollir-lo en braços va posar-li un nom ridícul
se l'endugué a casa seva i va mostrar-lo a la família
però un pare sense escrúpols que l'agafa per l'esquena
i mentre renyava la nena el va tirar per la finestra
però sort que era un gat i tenia set vides
set pisos de caiguda i quedà viu sobre l'acera
rebentat i destrossat però hi ha més vides que l'esperen
hi ha vida hi ha vida

però aconseguí aixecar-se aconseguí caminar
aconseguí creuar la ciutat fins al port
i va va veure el mar i va veure un peix
va acostar-se al moll però va relliscar
i va caure a l'aigua va sentir-se perdut
ho tenia clar moriria ofegat
però sort que era un gat i tenia set vides
era patètic veure com s'enganxava a la vida
xapotejant cap a un barco que es llargava mar endintre
i aconseguí pujar-s'hi mig ofegat mort de pena
va passar tota la infància dintre d'un vaixell de pesca

set mesos després va desembarcar
en una terra estranya apocalíptica i ingrata
les cases mig destruïdes de gent morta o bé matant-se
i un merder de crits histèrics de terrors i focs i nervis
i de cop una bomba li va petar sota els peus
i va sortir volant pels aires despedint-se de la vida
però sort que era un gat i tenia set vides
i en aquell país de merda hi havia guerra hi havia guerra
i on reina la violència t'acribillen per la jeta
el cos ple de metralla que es es moria que es moria
quan va esdevenir un prodigi que ell no hagués esperat mai

una gata preciosa i piadosa el recollí
i amb el temps i unes carícies va curar-li les ferides
i es tirà follant els dies que passà en convalescència
però la gateta ocultava que estimava un altre gat
què dic un gat si allò era un tigre
que ho va descobrir unmal dia va jurar que els mataria
això era un lio de faldilles
però sort que era un gat i tenia set vides
imagineu aquella bèstia una espècie de legionari
reclamant com a venjança lenta mort pels dos amants
la gata quedà morta desgarrada a esgarrapades
i ell de què sino s'escapa perseguit com una rata

van acabar-se els tiros i eren temps de pau
de pau però misèria de penes i gana
i un dia el gat tornà a sentir que el seu cos levitava
que el seu cos desafiava tota llei de gravetat
per les potes l'agafaven i del terra l'aixecaven
i una veu il.lusionada que el mirava i exclamava
yujúúú família avui per dinar tenim gat a la brasa
però sort que era un gat i tenia set vides
va sortir per poter de miracle que no el pesquen
que no acaba com un plat de subsistència
a la postguerra hi ha gana hi ha gana

havien passat set vides però el gatet mai no es moria
la veritat no comprenia la gràcia d'aquesta vida
i ara tan sols s'arrastrava sols errava sols vagava
ara era un vell gatot de merda despreciat per tot el món
que era el pot de les hòsties que és que estava cremat
però hostia puta quina vida més perra que tenia
i per desgràcia era un gat i tenia set vides.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Golpes por minuto y antropología musical

Me meto yo sólo a veces en unos berenjenales que me convierten en mi peor enemigo. Ya me dirá el lector para qué comienzo poniéndole este título al post si no sé bien cómo voy a ligarlo con el disco del que quiero hablar.

Todo nace de la importancia que, en el tipo de música que comento hoy, tiene el ritmo. Me compré un libro genial (intuyo, ya que lo tengo aún por leer) sobre música clásica (ay la clásica, la gran olvidada de este blog de barrio) que tiene un arranque sensacional. Como si Dios hubiera antepuesto la frase a los Diez Mandamientos de su Ley, sentencia el autor: Los elementos básicos de la música son el tono y el ritmo. Y punto y aparte.
Ahora sería genial que un viejo y reconocido director de orquesta apuntillara una de esas líneas mágicas de guión clásico: hijo, si sabes eso ya tienes el noventa por ciento de la música del mundo en la mollera.

Y es que el ritmo es una de las bases del universo. El ritmo como métrica para considerar el paso del tiempo. Para aprehender los ciclos y dar unidad con la que medir las evoluciones. La primera canción debió de ser algo muy parecido a alguien modulando la voz y golpeando algo contra algo. Estoy convencido. Tono y ritmo.

Ya hablé de un tipo llamado David Mancuso, y de otro llamado Larry Levan, incluso de un tercero, un tal Franky Knuckles. Ellos formaron parte de una semilla que comenzó a priorizar el ritmo sobre el tono. Que buscó la forma de extender la experiencia musical desde el oído a la piel. Y unas cosas llevan a otras y la música electrónica emergió como una forma ilimitada de afrontar las dos variables priorizando la segunda.


Esta semana he estado escuchando un trabajo llamado Surrender de unos tipos megaconocidos: The Chemical Brothers. The Chemical Brothers son Tom Rowlands  y Ed Simons. Y no, no son hermanos. Me ha gustado el disco? Mucho. Sé que hay mucha gente a la que le sorprende que me guste la música electrónica, pero no lo puedo evitar, es así. No me gusta toda (y ahora trenzo con el título del post), pero encuentro extrañamente natural todo lo que se mueve entre 120 y 140 BPMs. Y ahora me explico.

El corazón de una mujer adulta en reposo debe de estar en torno a las 80 pulsaciones por minuto, o, si me permitís, golpes por minuto. En inglés Beats Per Minute, o, por su acrónimo BPM. Creo que es el ritmo básico que tenemos en la cabeza. El primero que sentimos en la vida y el que nos marca ya para siempre. Cuando realizamos un esfuerzo físico (bailar? tocar un instrumento con fruición y excitación?) subimos a un rango (si todo está en condiciones) de entre 120-140 BPMs. Qué casualidad!, el ritmo base de una parte considerable de la música electrónica. Y dentro de ella del subestilo que estos chavales ayudaron a generar y difundir, el big-beat.

Por encima tenemos espacio en el jungle y el drum'n'bass para ascender a las 160BPM o las 180BPM, pero, ves?, se me hace más durete el asunto. el big-beat entra solo.

Y no estuvieron solos los de Manchester, hubo una escena de gente muy conocida, desde Fat Boy Slim a The Chrystal Method, pero de ellos hablaremos otro día.

Dicen los que saben que este trabajo del 99 significó precisamente la evolución del dúo del sonido puramente big-beat a entornos más house. Desde luego cortes como Got Glint? o Hey Boy, Hey Girl lo atestiguan. Pero la herencia del señor Knuckles no es el centro del post.
Una pieza fundamental de este estilo es el uso de samplers. Ahora me pondré muy gilipollas si explico que es un sampler, pero a riesgo de la crítica lo hago. Sampler es un término inglés que viene de la palabra inglesa sample, que significa "muestra". Es decir, es una muestra de algo. De qué? Pues de algo previamente grabado. Un ejemplo: Tom y Ed llaman a su amigo Noel Gallagher y le dicen "Oye tronco, cantate algo, que te grabamos". Le graban y luego toman la grabación y se quedan con toda, o con partes, o la dividen en trozos y los reordenan. Con ellos juegan sobre una base que han hecho aparte (como el sofrito de Arguiñano) utilizando engendros electrónicos varios que otro dia comentamos. Lo suman todo, lo graban y aparece una canción. Pues eso, más o menos, ocurre en el tema Let Forever Be, que me parece la canción más inmediata del álbum y con la que cerraré hoy el post.

Algo parecido hicieron con dos grandes como Bernard Sumner (de New Order) y Bobby Gillespie (de Primal Scream) para generar el corte Out of control.
Si hablo de todos me va a salir un post muuuy largo, así que meramente los menciono. Sería un pecado no decir que aparecen por aquí.

Poco más. Sé que mucha gente que lee esto no cree en la música electrónica. Es entendible que no le guste a alguien, pero es barato etiquetarla a priori como de segunda división en cuanto a calidad o valor artístico. Otro día contaré una anécdota genial al respecto en la que se ve mezclado David Bowie y un conocido y viejo guerrero del rock sureño de los 50.

Cosas buenas a tod@s.



lunes, 10 de septiembre de 2012

HDMNSDSE: Gov't Mule

Pasa poco. Cada vez, de hecho, pasa menos. Se trata de estar un buen día a otras cosas y que se te cruce en el camino un sonido que te hace pensar "dónde he oído yo esto antes?". El caso es que nunca, al menos de forma consciente, lo has escuchado jamás. Entonces viene la segunda parte, la de abrir más las orejas y escuchar con más atención. Si le sumas que te deja clara la escucha un nivel técnico importante y una destilación de sonidos clásicos inconfundible la duda te asalta. Proyectos en solitario de excepcionales guitarristas?, trabajos corales en homenaje a estrellas muertas?, caras "B" o bootlegs de una banda llena estadios?.

No sin cierto sonrojo tengo que publicar que este fin de semana se cruzaron en mi camino unos que no conocía: Gov't Mule. Digo que "no sin cierto sonrojo" porque estamos hablando de una de las mejores bandas de rock sureño que vieran la luz a finales del siglo pasado. Y porque vienen de alta cuna, ya que se trata de un proyecto paralelo de algunos de los músicos que conformaron la Allman Brothers Band en su vuelta post-Dreams, ahí es nada. Estamos hablando de dos señores que responden (o respondían) a los nombres de Warren Haynes (guitarra), Allen Woody (bajo) y un tercer sujeto de nombre Matt Abts (baterista) al que Haynes conocía de un proyecto anterior.
Juntos, al mejor estilo de power trios como Cream, se embarcan en una aventura de rock sureño clásico enraizado en la tradición bluesera del delta hasta el punto del subsuelo donde Mississippi pierde su nombre.

No he escuchado aún mucho de ellos. Estoy en el momento "flechazo" todavía, y lo poco que he hecho pertenece a su trabajo del 98, un álbum llamado Dose. Como en todos los HDMNSDSE, poca información más tengo como para poder recomendar. De primeras la escucha de Dose se me antoja necesaria. Luego iré recorriendo el camino y, si todo cuadra, volveré con ellos por aquí para contarlo.

Una anécdota curiosa. Por qué "Gov't Mule"? Pues hace referencia a una promesa de la época de la Guerra de Secesión Norteamericana. La promesa consistía en la concesión tras la contienda a cada esclavo negro liberado de 40 acres de terreno y una mula (la mula del gobierno, la Government's Mule o, abreviando, Gov't Mule). Aquella promesa, finalmente, no se cumplió. El presidente Andrew Johnson (1865-1869) permitió a los terratenientes esclavistas reclamar de vuelta sus propiedades. Y ahí terminó el invento. En los USA se puede encontrar esta frase a menudo con el significado de cosas que se prometen pero al final no se cumplen. Ironía o no encubierta, Haynes y Woody la escogieron para su banda.... y ahí sigue, que yo sepa.

Cosas buenas a tod@s.


viernes, 7 de septiembre de 2012

Sonrisas ladeadas

Contaba Serrat en ese himno llamado Los Fantasmas del Roxy, tema que un día pasará por este blog, que había una vez, en un banco, una cajera desparramada por la sonrisa ladeada del fantasma de Clark Gable. Desde ese justo momento desee tener yo una sonrisa ladeada. Y la buscaba frente a un espejo. Y nunca daba con ella... Así las cosas no me quedó más alternativa, me la inventé.
Esta noche la saco a pasear. Y lo hago por un colega que sigue este blog con extraña fruición últimamente. Creo que es él. No conozco nadie más en su ciudad.
Él me abrió algunas puertas a algunos grupos, imagino que lo hice yo con otros. El grupo que traigo hoy lo conozco porque él se empeñó en ello. Vinieron, sonaron, y se quedaron. Se llamaban Los Flechazos, y, si no los conocéis, no podéis imaginaros hasta dónde puede llegar el pop nacional, el surf y la movida mod más carnavalera.

Como esta entrada es una sonrisa ladeada, no explicaré cuando empezaron, ni de donde son, ni cuantos trabajos lanzaron ni por qué se separaron. No hablaré del productor ni comentaré qué me parecía Alejandro Díez al frente de la banda. Pasaré por alto el día que les ví en directo y la impresión fría y escéptica que me llevé. Hablaré hoy de la cara iluminada de Los Flechazos.


Los Flechazos es una banda para conocer cuando uno tiene veinte años. Y es importante porque la mitad de la emoción se encierra en poder creerte sus letras. No es que mantengan un nivel muy uniforme, pero hay un buen puñado de ellas (podría citar seis o siete rápido) que merecen estar en lo más alto de la escalera de color  del juego. Hoy traigo una de ellas.

Para mí son canciones que te llevan a una de dos conclusiones:  pedirte la primera o pedirte la siguiente.

Luego pasa el tiempo y queda la música. Para mí personalmente ha envejecido muy bien. Me fastidia un poco que se haya grabado tan baja, pero si algún "jersey-de-cuello-vuelto" me lee se encargará de ponerme en mi sitio. El resultado no ha perdido fuerza. Y puede ser, lo decía antes, porque aún me creo las letras.

La canción de hoy se llama La chica de Mel.
Si tienes la suerte de no concerla, párate aquí y escúchala (la tienes más abajo).
Si, amigo, ya la conoces, qué te puedo contar? por ejemplo, que me gusta que hay que darle más de una vuelta para reconocer de qué está hablando realmente. Esto me hizo girar al principio. Los guiños a NYC, a Breakfast at Tiffany's, a Mel Ramos,... hasta el punto de haber tenido varias interpretaciones y haber estado encantado con cada una de ellas. Por eso mismo no diré la mía. Que cada cual saque la propia.

Volverán por aquí. Sin duda.

Cosas buenas a tod@s.


martes, 4 de septiembre de 2012

Asignatura pendiente

Dice uno que yo me sé que el protagonista que traje conmigo la semana pasada es mi gran asignatura pendiente del rock. Y puede ser que tenga razón, no digo que no, porque no estoy muy ducho en la música de este hombre, es más, tengo que reconocer que me lleva a escucharle más su entorno, los comentarios acerca de su música realizados por otros artistas y su continua referencia en diversos blogs que el sonido mismo de su guitarra.

Se llama Tom Petty y le he estado escuchando junto a sus Heartbreakers en el que fue su último disco con la MCA: Into the Great Wide Open (1991). Primero comentar que, a grandes rasgos, el de Florida ha editado discos en solitario y junto a esta banda de Rompecorazones desde 1976. Como éstos no son moco de pavo sino musicos de rompe y rasga creo que merece la pena nombrarlos, al menos en su alineación de cabecera, caben muchas posibilidades de que repitan por el blog: Mike Campbell (guitarra), Benmont Tench (teclados), Ron Blair (bajo) y Stan Lynch (batería).
Pues, decía, Petty tiene álbumes en solitario y álbumes con este grupo de sujetos. El escuchado pertenece a esta segunda categoría.
Además Petty se dejó querer por amigos (y vaya amigos) para formar parte de aquel supergrupo de supergrupos que fueron los Traveling Wilburys. Pero ésta historia la traeremos otro día al blog.

Tras el trabajo que nos ocupa inició una nueva etapa con otra compañía (nada menos que con Warner Bros) y de esta etapa tengo que hacerme con trabajos, ya que se mete en la película uno de mis personajes favoritos del último cuarto del sigloXX y comienzos del XXI, el productor Rick Rubin, pero, insisto, no puedo hablar, por ignorancia, de la misma.


Volviendo al Into the Great Wide Open. Petty me deja siempre la sensación de que "todo está bien pero..." Y no es una sensación agradable. Si la perfección la da el círculo, el de Petty está como hecho a mano, con un pulso firme, eso sí, pero a un paso de trascender el oído. La producción detrás del invento viene de un viejo conocido (y compañero en los Wilburys): Jeff Lyne. Un tipo que fue el alma de la Electric Light Orchestra (ELO). Credenciales, es obvio, le sobran, y sobre decir que, en ningún momento, pretendo poner en tela de juicio su capacidad para fabricar un buen trabajo. Expreso sólo el lado más emocional de la escucha cuando aseguro que no me acaba de llegar.

Razón de más para escuchar la etapa Rubin y comparar.

Curiosidad? Hay un tema de este álbum que se titula All the Wrong Reasons. Hay acordes, partes de la melodía, que me traen a la cabeza un viejo tema de Los Ronaldos. Me pasa a mí sólo? Alguién propone cual es?

Cosas buenas a tod@s.


domingo, 19 de agosto de 2012

HDMNSDSE: Hole y Michael Beinhorn

La parte...¿lúdica? del verano marcha y viene la vuelta a la rutina. Tiempo, aún hoy, antes de volver al afeitado de las 6:30, para repasar cositas que he ido indagando durante las tres últimas semanas de temperaturas disparadas y kilómetros varios.
Tengo un par de posts que no me resistí a escribir y que publicaré en breve, pero no he podido dejar para más tarde la idea de este encuentro con Hole y, a través de ellos, Michael Beinhorn.

Si lo de Hole suena a poco, seguramente a casi nadie escapa el nombre de Courtney Love. La ex-isísima del tan añorado por unos cuantos Kurt Cobain, el que fuera líder de Nirvana (creo no dejarme ningún dato en el tintero).
El caso es que andaba yo subiendo cuestas entre olivos cuando a través de los auriculares me vino el sonido de éstos via ese pozo inagotable de sonidos que es caraB, el ya mencionado aquí programa de las madrugadas de esRadio (perfectamente descargable via podcast).
Y me encontré con la cara oculta de un grupo que no tenía adecuadamente situado.
Mencionar exclusivamente a Love como alma de Hole no sería justo. Es más que necesario remarcar a Eric Erlandson, complemento perfecto para esta banda con alma de dúo de sonido grunge-garajero que desarrolló su primigenia acción allá por la última decada del pasado siglo.

Los tengo anotados para hacer una escucha más atenta, especialmente del disco del que escuché canciones, el Celebrity Skin del 98. Pero el post de hoy es un HDMNSDSE, es decir, levantada de bandera y poco más.


Citar que el trabajo lo produce un tipo llamado Michael Beinhorn. Quién es? Un músico y productor de los importantes durante aquella época. Alguien que ha modelado sonidos de Red Hot Chilly Peppers, Soul Asylum, Soundgarden, Ozzy Osbourne o Marilyn Manson. Leo que aborda el Celebrity Skin con la indicación de armonizar y hacer más audible el sonido de la banda y da como resultado un conjunto más radiable, con toques más pop, que le confiere a la postre una nominación a los Grammy.
Lo interesante es leerle en comentarios y diatribas que tiene en su página web. Por desgracia algo desactualizada (parece que lo último entrado es de Febrero del 2010), pero muy interesante en cuanto a contenido (bonito post teorizando y desglosando la música popular: a primer on feel). Una vez utilicé el nombre de Música para leer para un post. Valdría como etiqueta aquí.

Con todo, una banda que tendré en la recámara durmiendo el sueño de los justos hasta que, llegado el día, se me venga a las orejas con el tiempo suficiente.
Un par de muestras aquí.
Cosas buenas a tod@s.



miércoles, 18 de julio de 2012

El efecto sumidero

Contaba el protagonista del post de hoy, que su música no existiría sin Iggy Pop y Lou Reed. Como avales de una trayectoria y puntos de partida no suenan nada mal.
Se llama John Spencer y tuvo una vida anterior a la que nos ocupa en ese grupo bebedor de tendencias (punk vanguardista le llama Robert Dimery) que se llamó Pussy Galore, como el personaje de la peli de Bond.

En el 91 las cosas devinieron en un combo mil-leches como pocos, una cosa llamada John Spencer Blues Explosion, power trio formado por el susodicho, Judah Bauer y Russell Simins. Y la caja de las esencias se abrió para jugar al efecto sumidero con todo lo que se introducía en un radio audible. No digo yo que no haya blues en medio de todo esto, pero que nadie se suba a este monte a respirar el aire puro y descontaminado del delta del Mississippi (son ganas de doblar consonantes).

Me he encontrado, como mínimo, dos discos dentro de este disco. Y los dos muy interesantes.
Uno mas sucio, con una digestión más lenta para alguien con un oído más melódico que rítmico (como es el caso), pero con un acabado espectacular. Soy de los que cree que la cultura ayuda a disfrutar más y de una forma más compleja cualquier cosa, pero que, en paralelo, la calidad de un producto tiene una fuerza tal que se salta la ignorancia del beneficiario y le regala algo que le agrada más allá de que lo entienda en mayor, menor, o ninguna medida. Canciones dentro de esta parte serían Talk about the Blues o Lovin' Machine. Temas que mezclan loops y recuerdos de influencias de la gran manzana del tamaño de los Beastie Boys.

El otro disco dentro del disco es más rock'n'roll. Más guitarra. Más Verlain y Lloyd en Magical Colors, un tema enorme que me ha traido sonidos agradecidos y buscados. La radiable High Gear, festivalera y veraniega como pocas. Podían ponerse estos temas de moda, ser la canción del verano, y tenernos a todos pegados a los transistores. O no, o mejor que se queden las cosas como están.

En total, un grupo bienvenido a la reserva espiritual de mi occidente, en sus dos caras, como aquel villano que, en los comics de Batman, jugaba al azar tirando una moneda al aire para juzgar la suerte de sus enemigos. Con todas sus influencias. Dos ejemplos, uno de cada lado.

Cosas buenas a tod@s.





viernes, 29 de junio de 2012

Con voz de niñato

Hubo un tiempo en que solía repetir que una diferencia entre la música nacional que se hacía en los 80 y primeros 90 y el escenario actual de finales de la primera decada del 2000 y comienzos de la siguiente era la diversidad de estilos personales que se barajaban entonces y la uniformidad (relativa) que reina ahora.

Por suerte tenemos hoy día voces nuevas personales e identificables como las de mi querido Jero Romero, pero hubo un tiempo donde eso era lo normal. Desde Manolo García a Jaime de Urrutia, de Jaime Ojeda a Javier Gurruchaga, cada uno introducía una forma de cantar completamente diferente al otro. Un timbre y una textura marca de la casa que dejaba, desde la primera sílaba, un marchamos diseñado a golpes de NDA y escarceos culturales limitados por una tecnología diferente (que no peor).

Una de esas voces era el descarado tono de niñato de ese artista como la copa de un pino que es Coque Malla. Así de claro. Para que vayan rasgándose las vestiduras los que piensen que esas coplas que nos regalaron (bueno, que les compramos) Los Ronaldos eran pachanga de orquesta de furgoneta para las fiestas patronales de pueblos de segunda.

Viví durante un tiempo con aquella anécdota (aún por contrastar) que mezcla a éstos con Chuck Berry. Cuando el arquitecto del rock vino por estas tierras realizó varias audiciones para decidir la banda que le haría de acompañamiento. Tras escuchar a unos cuantos no lo dudó, en cuanto Luis, Coque y el resto se pusieron manos a la obra los incorporó, cuenta la leyenda, de inmediato. No necesitaba la anécdota para escucharlos con obsesión, pero siempre ayuda a apuntalar pequeños huecos que le quedan a uno respecto de ciertas bandas no reconocidas por la crítica, digamos, "de culto".

Iré trayendo temas de ellos por el blog, con o sin explicaciones, pero ya tocaba dejar caer el primero. Y para ello me quedo con este Guárdalo con amor, título con quien alguien nombró, con buen ojo, un recopilatorio que saldría tiempo después.

Rock patrio sin complejos y con carga de sobra para mover las caderas y los codos (cada uno para lo propio).

Cosas buenas a tod@s.


domingo, 20 de mayo de 2012

Otros como yo

Otros como yo es una canción que los 091 publicaron en su trabajo del 93 Tormentas Imaginarias.
Utilicé el título cuando abrí en la columna lateral del blog una sección donde referenciaba blogs y páginas por las que suelo navegar de tanto en tanto.
Como ví que el listado crecía y hacía la barra lateral más bien algo inservible, se me ocurrió el abrir una segunda página, rescatar el título, y mantener allí los enlaces que me vaya encontrando y que considere interesantes. De momento, de blogs.
Las páginas del blog (que son, de momento, dos) aparecen en una barra de color gris justo debajo de la cabecera del blog.
Y, bueno, me lo pongo en bandeja. De los 091, canción que lleva por nombre: Otros como yo.

Cosas buenas a tod@s.


viernes, 20 de abril de 2012

HDMNSDSE: Teenage Fan Club

El powerpop es un terreno que no alcanzo a delimitar. En él navegan bandas que me llegan y que marchan sin que sepa bien por qué llevaban esta etiqueta colgada.
Esta semana pasó por mis manos una de esas bandas. Se llama Teenage Fan Club, y son de Escocia.


Como comentaba, los acabo de conocer como aquel que dice, y antes de irme a ningún sitio a leer nada sobre ellos he estado navegando un rato por sus temas. Algo en sus melodías me ha impedido dejarles pasar de largo. Aún no he tenido tiempo de ir más allá, no he descubierto qué es.

Luego he leído un par de cosas. Me ha sorprendido que se relacione su música con Big Star, Neil Young (¿?), Dinosaur Jr y.... The Byrds (¿?).  Llegado este punto no sé si es que les he oído poco o es que he perdido el poco oído que tenía para la música (si es que alguna vez lo tuve). Podría dar por bueno lo de Alex Chilton y los suyos, pero... dónde está Neil Young en la música de éstos?

Para oír un poquito de ellos se puede recurrir a Spotify (hay bastante material), a YouTube o pinchar un poquito más abajo. A ver qué os parecen.

Cosas buenas a tod@s.


sábado, 7 de abril de 2012

Horas

Involuntariamente los últimos posts del blog podrían hacer pensar al visitante ocasional que ha llegado a un lugar donde todo gira en torno al rock de una forma u otra. No es la pretensión del que escribe. Es cierto que he escuchado más de este tipo de música (en el sentido más amplio de "estilo") que de otras, pero ni ha sido en exclusividad nunca, ni es precisamente la intención para el futuro.

Por eso, hoy, traigo a un musicazo enorme que nada tiene que ver con Willie Dixon, con Marc Bolan o con Gregg Allman. Se trata de Jorge Drexler.

Drexler es un cantautor uruguayo nacido en el 64. Le vi por primera vez en directo en una introducción que le hizo Joaquin Sabina. Como yo era joven, andaba como andaba, y lo que me apetecía era escuchar al de Úbeda, apenas le presté atención. Un descuido imperdonable que da buena fé de mi incapacidad para ganarme la vida buscando talentos en la cosa esta de la música.

No tengo ni la más remota idea de cómo llegó a mis manos el primer álbum de este hombre. Sí sé que me enganchó y me deslumbró. Me esperaba algo en la línea guitarra y voz. La nueva ola noventera de cantautores españoles (Ismael Serrano, Javier Álvarez, Pedro Guerra, Inma Serrano, ...) había traido justamente eso, y torpemente ligué un concepto y otro y di por supuesto lo que no debía. Porque Drexler es, ante todo, un músico exquisito. Su sentido de la melodía, su conocimiento de los instrumentos, su falta total de prejuicios a la hora de incorporar cualquier tecnología a la composición y sus influencias en unos ritmos no tan usuales a este lado del atlántico, hacen de sus trabajos un compendio entendible pero intrincado de notas, de compases y de silencios.

Desde aquel inicio tomé el hilo y fui tirando. Descubriendo más temas. Cada trabajo de Drexler que me encontraba era una caja negra que descifrar. Cada canción una incógnita respecto a la que no sabías por dónde podía tirar. Qué elemento nuevo incorporaría o qué ritmo introduciría para contar aquello que pretendía. Si hay algo que Drexler no es, es presivible.

Le veo más diferenciación con respecto al resto del panorama en lo musical que en lo lírico. No porque sea un mal escritor (ni mucho menos). Tiene en este aspecto un factor que me gusta encontrar, la incorporación de elementos y objetos contemporáneos en su música. En el ambiente anglosajón gente como Bob Dylan ayudó mucho a esto. En el latino no hay que rascarse mucho la cabeza para ver en Sabina un referente excepcional. Cuando hablo de "elementos contemporáneos", me refiero a cosas como la que traigo al blog hoy. Cómo describir la sensación de colgamiento que sucede al flechazo y te lleva completamente imbécil durante el enamoramiento sin recurrir a estanques y patos, a atardeceres y paseos, a noches infinitas en moto ni a ningún lugar común (arqueotipo del romanticismo) sacado de los miles de temas que hay al respecto. Drexler escoge dos ordenadores y los mete en una melodía que es todo menos fría, funcional o programada. Te cuenta su historia, te la crees y, posiblemente, ni te hayas enterado del vehículo que usó para contarla.

Traeremos más de este hombre por aquí. Ésta, por motivos personales, es todo un himno, pero yo, a la gente que tiene un óscar encima de la repisa de la chimenea, les tengo una envidia atroz y una ojeriza terrible. Nos pasa a los que somos pequeños y no damos para esos niveles. Especialmente nos pasa con aquellos que se lo merecen porque se lo han ganado a pulso y, qué cojones, son sencillamente buenos.

Cosas buenas a tod@s.


miércoles, 21 de marzo de 2012

El Amador

Siempre que hablo del grupo que me ocupa hoy, me gusta repetir la misma frase: "Y entonces, cuando aún no estábamos preparados, llegaron estos".

"Estos" son Los Planetas.

Y es que a estos nadie les esperaba. A muchos nos pasó incluso que nos despitaron con su primer single. Huérfanos como estábamos de padre y madre, creíamos encontrar sus figuras en unos nuevos y depurados chavales. Y todo resulto ser mentira. Lejos de sustituir a nadie, venían a fabricar un nuevo sonido.
Y venían para quedarse.

Dejadme por favor describir un garito.
Calle Pintor López Mezquita.
No esperéis traza de glamour en sus paredes. No idealicéis lo más mínimo escenario alguno donde una barra de bar pueda erigir en ristre un grifo de cerveza. Más bien imaginad un bar antiguo que, por un traspaso, ha venido a caer en otras manos.
Pensemos primeramente en un propietario que pretende abrir una taberna tradicional. Alargada y paralela a la fachada, no como esas que te introducen hasta el estómago mismo del edificio. Pensemos después en una barra que te cruza la mirada al vencer la puerta y que arranca desde la pared de tu derecha hasta un recodo situado a unos metros a tu izquierda. Una barra que tienes en frente, cercana, apenas a dos pasos de donde te encuentras. Más allá del recodo un par de mesas bajas de madera y un ventanal a la acera. Tras la barra un escenario parecido al de cualquier bar de los 70: repisas con botellas de diversos bebercios señaladas tras reconocibles etiquetas, caja registradora, frigoríficos, una máquina cafetera quiero recordar. Me cuesta traerlo a la memoria iluminado por otra cosa que funcionales fluorescentes agarrados boca abajo a un techo de yeso. Una cocina diminuta y unos lavabos a juego.
Cañas, universitarios ociosos y unas tapas matahambres basadas en patatas fritas y salchichas frankfurt cortadas en ruedas y bañadas en mayonesa y ketchup a partes iguales.
Cuencos con pipas para ir matando el tiempo.
En verano terracita sobre el asfalto.

Esto, poco más, era El Amador.


En él, en tantos, fui dejando mis horas, mis palabras y mis pesetas. Y a él, cantaba Jota, volvía el protagonista de esta canción por ver si la chica aparecía, pero nunca iba.

No sería ésta la canción que yo recomendaría a un desconocedor del sonido de Los Planetas para comenzar su descubrimiento. Para mi ni ejemplifica su sonido, ni permite adivinar hacia donde van sus pasos. Pero sí fue la primera, y estuvo en el momento oportuno en el sitio oportuno para ser, definitivamente, un himno personal.

Cosas buenas a tod@s.

domingo, 18 de marzo de 2012

Polémica y britpop

No puedo decir que esta pasada semana fuese la primera vez que les oía. Difícilmente alguien que tenga más de veinte años podría. Esta semana recuperé el sonido de Oasis y su (What's the story) Morning Glory?.

Era la primera vez que, singles aparte, me dedicaba a escucharlo con cierta atención, con el orden decidido por Noel Gallagher y Owen Morris. El resultado no ha sido malo, ni mucho menos. No me encuentro en el grupo de los que acribillan todo lo que se vende por el hecho en sí de que haya conseguido un merecido (o no) éxito comercial.

A mi, en su reescucha, me ha vuelto a gustar. No sé si os pasa que a veces escucháis una canción y veis que, dentro de su simplicidad, destila un aire de cosa bien fabricada, de trabajo detrás, como unos subtítulos diminutos al pie de la imagen que vinieran a decir algo del estilo "la empresa advierte que el resultado que tiene en sus manos es fruto de un trabajo intenso, programado, consciente y preciso". Y a mi me gustan las cosas así. Como la frase aquella que no recuerdo quién pronunció y que venía a decir que la mejor improvisación es la que se trabaja concienzudamente.

Un buen amigo mio es arquitecto.
Él y yo tenemos varias discusiones abiertas que, una vez que muramos, quedarán así, abiertas, sin nadie ya que las cierre. Él defiende que el arte debe de aspirar a cumplir el deseo de su autor, cualquiera que el resultado sea e independientemente de la facilidad o no que ese producto tenga para llegar a la gente. Mi amigo no es tonto. Lo demuestra en conceptos como que el arte no basa su calidad en la opinión que el resto de componentes de la comunidad tenga de él. La calidad del arte es intrínseca al producto mismo y no es, en ningún caso, un valor relativo.
Yo no pienso así. La principal diferencia de partida entre mi amigo y yo es que, para mi, el arte es un medio de comunicación. Ningún medio de comunicación es bueno si el receptor no es capaz de identificar el mensaje. Obviamente el receptor y el emisor deben de coordinar el medio y la codificación del mensaje. De la misma forma toda queja del receptor de no haber entendido el mensaje cuando no ha pactado medio y lenguaje es gratuita y desestimable. Que si no entiendes el cine iraní no vayas a verlo, vamos, pero que no te metas en un jardín hablando de los zurullos que salen de estos directores.
Por todo lo de arriba, para mi hay un punto sobre la obra bien hecha. Que sea una obra que, además, mucha gente tenga la capacidad de comprender y abarcar. Esto no le resta mérito al producto, sino que identifica una elección correcta del medio y el lenguaje por parte del artista para conseguir una mejor comunicación. Luego, por supuesto, hay cabida para todo. Además, siempre se debe de aspirar a la mejora. No se tiene que pasar de The Beatles a Throbbing Gristle sin solución de continuidad. Existen cosas por el medio y es obligación del receptor el evolucionar siempre su lenguaje. De otra forma está destinado a la simplería.

Bueno, pues la chapa de arriba tiene que ver con Oasis y este álbum. Su clamoroso éxito no es gratuito, no es fortuito y no es episódico. Las referencias y fuentes de donde beben son puntos cardinales ya universales del panorama musical global. Decía Noel Gallagher: "A medida que una generación avanza, bebe de lo que han hecho los que ya no están". Creo que tenía la lección bien aprendida cuando afrontó los doce cortes del que fue el segundo trabajo de la banda.

Como tenéis muchas posibilidades de tenerlo en casa, mi recomendación es volver sobre él y comprobar qué efecto os parece que ha tenido el tiempo sobre los temas. Diecisiete años después para mi están tan defendibles y potables como el primer día. El sonido es espectacular. Suena compacto y acabado. Un punto justo por debajo del exceso de producción. Las melodías vocales y los coros clavados. Técnicamente me parece un producto de calidad.

La parte emocional es más compleja. No puedo identificarme con Oasis como lo hago con otros grupos, pero hay precisamente dos temas que, por estructura y por proximidad, me ha gustado volver a encontrar. Ejemplifican a la perfección el concepto sobre el que he desvariado más arriba. Uno de ellos es "Roll with it", el otro "She's electric". Hay un punto en la melodía vocal del segundo que me parece que lo convierte en clásico desde el primer momento en que se escucha.

Dejo el playlist entero del álbum. Incluso el más alejado de este tipo de sonido encontrará familiares la mitad de los temas. Y eso, no los hace peores (es cierto, mejores tampoco).

Cosas buenas a tod@s.

viernes, 17 de febrero de 2012

¿Qué está pasando? y "the wave"

Yo tuve un Golf del 89.

Era negro, con cuatro faros, y le llamaba "the wave".

Le llamaba "the wave" porque fue el primer coche que tuve y porque mi padre me alquiló una plaza de garaje en el sótano de un bajo del centro.

Tenía el Tetris niveles superiores donde era más sencillo encajar las piezas celestes que aparcar a "the wave" en su rectángulo.
Todo junto provocó que aquel Golf tuviera más roces, hendiduras y arañazos en los laterales que un coche de choque de la feria. No existía la línea recta en su carrocería. Una cosa me llevó a la otra, y acabé llamándole como comentaba.

M-Clan es un grupo vilipendiado de Murcia. Carlos Tarque es un tipo menospreciado. Santiago Campillo otro desconocido más tras los focos. Poco antes de un verano sacaron un álbum del que hablaré otro día. Ese me los acercó. Luego, las cosas se van sucediendo, grabaron un disco "desenchufado". Hace tiempo que nadie saca un disco desenchufado y le pone esa palabra en la portada. En los 90 molaba.

Un día íbamos mi chica y yo al campo a pasar un día con un grupo de amigos. Como puede parecer que me lo invento diré que el lugar se llamaba (se llama) Pradonegro.

Ese día, por enésima vez, escuchaba la cinta con el desenchufado de los M-Clan.

Por alguna razón ese día me fijé en una canción en la que antes jamás me había fijado. Repetía otros temas porque estaban precisamente en el trabajo de estudio que he comentado arriba, pero éste que traigo hoy me había pasado completamente desapercibido.

Por algún motivo me entró en la memoria como un láser. Diseccionó mis neuronas con la suficiente exactitud como para quedarse para siempre. Con la profundidad necesaria para convertirse en un himno.

Hoy sigue aquí. Como mi chica. Es lo único que me queda de todo lo hablado. "The wave" surca las calles de Bilbao en manos de otro. El bajo de la plaza de parking lleva años cerrado. A Pradonegro no he vuelto. Aquellos amigos ya no nos llamamos.

Cosas buenas a tod@s.

viernes, 9 de diciembre de 2011

el disco de la semana, el profesor de música y la fonoteca

Hay una imagen a la derecha con la portada de un álbum bajo el título "Disco de la semana".
Tener poco tiempo hace que uno intente organizarse como puede. Tiempos muertos siempre hay. Yo tengo transiciones en coche de casa al trabajo, por ejemplo. Dos al día mínimo. Esto, ahora, supone aproximadamente una hora y cuarenta minutos al día. Antes eran holgadamente más de dos. Con semejante panorama se me ocurrió que podía seguir un orden con lo que escuchaba en vez de dedicarme a saltar de la radio al CD, del CD a la radio de vuelta, y, una vez allí, de emisora en emisora buscando algo que me convenciera.

Yo tuve un profesor de música. De esto hace un tiempo. Poca gente conocía a REM en España, nadie había oído hablar de Nirvana o Calamaro, y Luis Cobos campaba a sus anchas por las secciones de música de los grandes almacenes. Este hombre me enseñó varias cosas. Algunas aún las recuerdo. De entre las que no he olvidado siempre se me viene a la cabeza que a una canción no se la debe de juzgar antes de haberle dado la oportunidad de escucharla como mínimo seis o siete veces y en dias distintos.
Luego te explicaba que hay una parte antropológica ligada a la música, y terminaba hablando de la seguridad (y el placer como consecuencia) que nos genera poder predecir lo que va a ocurrir, en cualquier aspecto de la vida, pero en la música también. Canciones menores pueden llegar a convertirse en grandes hits con el simple ejercicio de la repetición hasta la saciedad. También nos decía que es curioso como si se pregunta en general por las mejores piezas de la música clásica, las respuestas tienden a coincidir con los temas mas conocidos/utilizados/emitidos/vendidos de la misma.

Junté estas dos ideas y pensé que tal vez no era tan descabellado elegir un disco cada semana, uno solo, enchufarlo el lunes a las 7:30 y apagarlo el viernes a las 16:00. Una semana normal suponía dedicarle algo más de ocho horas entre todas las idas y venidas. Tiempo creo que adecuado para poder juzgarlo, aprender algo de él, o vomitar bilis verde.

De esto hace casi cuatro años.

Esta semana, con tanta fiesta de por medio, es algo rara, no hay disco de la semana porque sencillamente no voy a currar. La semana pasada sí lo hubo, y es el "It's beautiful, it's love" de Sexy Sadie que, si leeis esta entrada antes del lunes 12 de diciembre de 2011, corresponde con la portada de la columna de la derecha.
Qué carajo, la portada del disco, sea el maldito día que sea, es esta:

Como intento usar ese tiempo para cosas nuevas principalmente (alguna re-escucha hago, siempre) ocurre que a veces escojo yo y a veces me dejo llevar. Me es igual el estilo. El resultado es, por tanto, unas veces más satisfactorio que otras. En definitiva, lo que aparezca ahí será lo que está sonando en mi coche, y algunas veces me gustará que te cagas y otras... bueno, otras estaré haciéndome preguntas existenciales.

Pero ya que comentaba el disco de los Sexy Sadies, lo menos que podría hacer es decir algo de este álbum.
Para empezar nunca los había escuchado conscientemente. Posiblemente los han pinchado en alguno de los bares que pisaba cuando tenía posibilidad de ello. Sonar, lo que se dice sonarme, no me sonaba ninguno de los cortes. No soy un crítico (no tengo la base para serlo, fundamentalmente), pero exceptuando algunos temas en particular, me han parecido las canciones pelín predecibles. Me ha gustado mucho algunas guitarras a lo Verlain, genial en "A brand new world", pero no acabo de comprender la necesidad de meter el noise de la otra línea de guitarra. Cual era el miedo? a sonar blandos?. Tampoco el ruido que introducen me parece que les haga sonar duros, no me han llegado así en todo el disco. "Stay behind me" también me ha parecido muy maja, con sonidos Sunday Drivers a veces y una Najwa Nimri que.., en fin, debilidades personales. Dos temas bonitos para poner en la lista del Spoty o en el Ipod. De muchos discos es difícil rescatar uno.



Algunos enlaces apuntan a La Fonoteca. Un sitio majo para documentarse de música nacional. Ya en la columna de la derecha ;-).
Y, por supuesto, Gràcies mil Albert per la proposta i els discs!
Cosas buenas a tod@s.