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domingo, 26 de octubre de 2014

El guitarra de los Blue Moon Boys

Hay títulos que lo dejan todo claro para el que ya conoce el camino, pero que sirven de escalón para los que vamos adentrándonos. El iniciado sabe perfectamente a estas alturas sobre quien hablaré hoy, pero no es a él o ella a quien más envidio, sino al lector que va a llevarse alguna que otra sorpresa en tan solo unos segundos.

Vamos a comenzar por explicar eso de los Blue Moon Boys.
Obviamente se trata, de esto va el blog, de un grupo musical. Una banda que allá por los 50s recorrió los estados del sur de los USA llevando rock'n'roll primigenio y rockabilly a miles de jóvenes que se acercaban curiosos a un nuevo sonido. Formaban el grupo un batería, un bajo, un guitarrista principal y un guitarrista rítmico que hacía las veces de vocalista. Esta estructura, hoy convencional, no lo era tanto allá por 1954. Gente entregada al rock'n'roll como Chuck Berry aunaban en una misma persona la parte vocal y el protagonismo principal al instrumento a la hora de desplegar los solos y los punteos sobre las seis cuerdas. No era así en los Blue Moon Boys. Rara vez el vocalista (guitarra rítmica) se dedicaba a la digitalización sobre las cuerdas. Era entonces cuando entraba en escena el sonido personal e inconfundible de nuestro protagonista hoy sobre su Gibson. Su caracter introvertido, unido a la tremenda personalidad del vocalista, hacían sin embargo que ni siquiera entonces se posasen sobre él las miradas y atenciones del público asistente. En seguida (si ya no lo intuís) comprenderéis por qué.

Los Blue Moon Boys estaban formados por tres chavales a los que se unía ocasionalmente un batería llamado D.J. Fontana. Estos respondian a los nombres de Scot, Bill y.. sí, Elvis. Scotty Moore y Bill Black eran dos músicos que Sam Philips colocó al lado de El Rey como acompañamiento ya en la grabación de aquel mítico primer single que fue That's allright (mama), uno de los hitos en la historia del rock'n'roll. Y juntos estuvieron durante una buena temporada, justo hasta que la leyenda de Elvis Presley creció hasta dimensiones que acabaron generando tensiones irresolubles dentro del combo. Desde sobreproteccionismo mercantil por parte de nuevos managers que entraron en el juego hasta desavenencias salariales dieron al traste con el espíritu original y rebelde de los chicos de la luna azul (o triste).

Sea como fuere el final, lo cierto es que durante un buen puñado de años las cuerdas de Scotty Moore acompañaron algunos de los más célebres temas de Presley, tanto en su etapa en Sun Records, como en RCA. Moore desarrolló y adaptó el sonido a la guitarra de Chet Atkins, con quien compartió créditos en el primer álbum de Presley, homónimo, allá por 1956 y ya en su etapa en RCA y generó un referente universal en la ejecución a las seis cuerdas para el sonido rockabilly y rock'n'roll en general. Me encanta a este respecto esas palabras de Keith Richards que vienen a decir: "todos lo demás querían ser Elvis Presley, yo quería ser Scotty Moore".

Una muestra seguido de su habilidad para hacer de la Gibson una guitarra parlante.

Cosas buenas a tod@s.


jueves, 5 de septiembre de 2013

Tuxedo

Uno. Si has pasado en los USA el tiempo suficiente y te han invitado a alguna fiesta de postín, ya sabrás que un tuxedo no es otra cosa que un smoking (esmoquin, que dice la rae).
Dos. El caso es que viniendo de acá para allí, esta mañana tuve un ratito y lo dediqué a abrir el Spoty y seguir sus creativas, sorprendentes y a menudo irracionales sugerencias. Y como hacía poco había estado escuchando a Art Blakey & The Jazz Messenger, ha tenido a bien la inteligencia artificial del artefacto el proponerme la escucha de un tipo llamado Milt Jackson, aka, Bags.
Tres. Nadie descubrirá a estas alturas que la música, como la comida, entra también por los ojos. "Se escucha por los ojos" igual que se come con ellos. Yo vengo de un tiempo donde la radio y el equipo de música del salón expedían los billetes hacia la cosa esta de la música casi de forma exclusiva. Para cuando internet había entrado en mi casa, bares varios y conciertos gratuitos de fiestas locales  habían elaborado la tercera autopista de acceso. Posiblemente no llegaré a quejarme de que un tema no tiene videoclip (aún siendo de su generación), pero, para bien, tengo dos ojos y suelo mirar con ellos lo que me gusta y lo que me dejan.


Bags, el prota de hoy, tocó gran parte de su vida en un grupo de jazz llamado Modern Jazz Quartet, un proyecto paralelo salido de la órbita del maestro bop Dizzy Gillespie, que se convirtió en un influyente combo de la era post Segunda Guerra Mundial. Un grupo que transmitió alma y elegancia a una mezcla de estilos de jazz que deja en estado de nirvana a quien se para y escarba un poquito bajo la superficie.
Y los MJQ, una década antes de que Epstein obligara a los cuatro de Liverpool a vestir elegantemente y seguir un patrón exquisito, llevaban en sus actuaciones (ya lo llevaban haciendo las grandes bandas del swim décadas) sus cuatro tuxedos afilados y ceñidos como guantes. Acompañamiento sólido al sonido que emanaban. La parte de los MJQ que se escuchaba con los ojos.

Una nota final. Acostumbrados a la trompeta, el saxo, el piano, o la guitarra del jazz, Jackson nos permite abrir las orejas a un instrumento especial. De esos que a veces da la impresión de estar en la barrera de lo kitsch y lo serio: el vibráfono, similar al xilófono. Sonidos inusuales para madrugones cotidianos. Se escucha tan claro en esta feelings  que toda explicación queda en redundancia.

Y ahora me pongo mi tuxedo, que tengo que salir a trabajar.

Cosas buenas a tod@s.



lunes, 15 de abril de 2013

Orígenes

Hay músicos tan independientes que cualquier intento de hacerles entrar por el aro se transforma en una fatua demostración de fuerzas. Fue el caso de quien me ocupa hoy, un compositor enorme, padre de melodías tan poco inmediatas como inquietantes. El cómplice necesario para que las películas del maestro se grabaran en mi retina en pases nocturnos de la que en aquel entonces era la única segunda cadena de televisión. Hablo de Bernard Herrmann.

El listado de trabajos de Herrmann es tan impresionante (no meramente en las producciones de Hollywood, sino también en trabajos para televisión, en series B hoy míticas como las colaboraciones con Harryhausen), tan impresionante, decía, que me resisto a resumirlo en un post. Mejor me centro en una de sus melodías favoritas, y dejo al final una anécdota para el lector avezado y joven. Del resto nos iremos encargando poco a poco en el futuro.

La obra en concreto pertenece a la que es mi peli predilecta del gordo, o, si me permiten, una de las tres favoritas: North by northwest (Con la muerte en los talones aquí, de 1959). Si no la ha visto corra a donde sea necesario por ella. Ponga su vida en peligro si fuese imprescindible. Hágase con una copia, róbesela al vecino, pague lo que le pidan. Véala.
Sin ánimo ninguno de fastidiarle el visionado a nadie puedo decir que la trama de la cinta se basa en cómo se le puede complicar la vida a alguien que se ve metido, por azar, en medio de una trama compleja de intereses creados. Una confusión de identidad es suficiente para generar una genial secuencia de situaciones al límite en las que nuestro protagonista habrá de vérselas y deseárselas para salir con bien.

Y, enmarcando todo esto, dándole forma, llevándote de la mano.... esto. O, si tiene la suerte de disponer de quince minutos, su suite completa:


Ponerme a describir esta música esta fuera de mis limitadas entendederas. Ese juego de metales y cuerdas, ese diálogo de ida y vuelta de las secciones orquestales, los timbales entrando y saliendo de la melodía. La inclusión de elementos ajenos a la composición tradicional. Y es que incluso en esto Herrmann fue una personalidad indomable. Precursor y valor de elementos como el theremin, al que ya en el 51 le dio uso en la cinta The Day The Earth Stood Still de Robert Wise (una serie B mítica, posiblemente el círculo donde encontraba su tan ansiada independencia creativa, la misma que Hitchcock se empeñó en romper y que devino, a la postre, en la separación entre los dos genios).

Como decía volveremos sobre él, no me alargo hoy más de lo necesario. Eso sí, la anécdota prometida.
Posiblemente haya entre ustedes algún amante de las películas de Tarantino. Yo mismo no dejo de verlas siempre que tengo ocasión. Pues bien, en una de ellas aparece una singular melodía. Una joyita que lejos de pasar desapercibida se convirtió en su momento en producto de masas. Y.. no, no fue algo compuesto para la peli de Tarantino. Fue un homenaje en toda regla. Un callado y discreto pero evidente homenaje a uno de los grandes compositores de música para cine.
No les avanzo más, escuchen, escuchen, creo que les sonará...

Cosas buenas a tod@s.



viernes, 22 de marzo de 2013

Fumar puros

Me gusta fumar puros. Ya ven, hay gente a la que le da por chupar "candaos", que decían en mi pueblo. A estas alturas del siglo. Con todos los estudios en contra y la opinión pública tan sensibilizada. Y va a mi y me gusta fumar puros. En privado, eso sí. Casi a escondidas. Sin ofender a nadie. Pero los fumo, lo reconozco. Además me fumo todo. Igual disfruto un farias de toda la vida que me quedo payá con un Cohiba del número 1. Y me gusta su olor, el sabor que dejan en la estancia, la cultura que los envuelve, y, por supuesto, la música que los acompaña.

Se me viene a la cabeza esa primera trova cubana. Esos viejecitos (a mis años vista) de voces sembradas de arrugas y sones minados de percusiones humildes y guitarras que no han visto jamás un pedal de efectos.

Y se me viene a la cabeza Compay Segundo, cubano de 1907, una de las caras conocidas y amables de la música cubana del siglo XX.  Un músico fumador. Una joya. Y se me ocurrió traer al blog el por qué de su seudónimo.

Compay no nació con tal nombre. Vino al mundo como Máximo Francisco Repilado Muñoz. Se metió en la cosa esta de la música (ignoro si antes o después de en la cosa esta del fumeteo) y participó en diferentes agrupaciones, como unos tipos llamados Cuarteto Hatuey de los que poco puedo ahondar. Fue allá por el 48 que un sujeto llamado Lorenzo Hierrezuelo se quedó sin su acompañamiento tradicional, una señora llamada María Teresa Vera, una de las voces fundamentales de la Trova cubana. Es entonces que encuentra acompañamiento en nuestro protagonista para confirmar un dúo de sobrado reconocimiento en la isla: Los Compadres. Bueno, ya tenemos una parte del origen del apodo.

Sigamos. Lorenzo demostraba una larga tradición en el cante y la ejecución y era, por aquel entonces, el guía del conjunto. De esta manera se confirmó como la voz primera en las interpretaciones, dejando a Don Máximo Francisco la segunda voz, el acompañamiento. De alguna forma ambos acabaron siendo Compay Primo y, efectivamente, Compay Segundo.

La colaboración entre ambos se mantuvo hasta mediados de la década de los 50, cuando el hermano de Lorenzo entra a formar parte del dúo y Company (Segundo) inicia su andadura "en solitario".

Años más tarde vino el Buena Vista Social Club y los poco avezados le conocimos.

Si les gusta fumar enciéndanse un puro. Aunque no sea cubano. Un cigarrillo al menos. Escuchar a Compay tras el humo es una experiencia diferente. Les animo a probarla.

Cosas buenas a tod@s.


domingo, 28 de octubre de 2012

Aplicaciones botánicas

Me pasa cuando escucho a  Machín. Me invade una sensación de comodidad extraña, de orden y de inocencia en lo que me rodea. Como mensajes del pasado exterior que llegan en botellas de vidrios verdes y que describen parejas maduras paseando por aceras de mediodía, escenas costumbristas de talleres de coches con seiscientos en la puerta con el motor a la vista, de tiendas de ultramarinos con el dependiente subido a un taburete ajustándose el lápiz detrás de la oreja, de directores de oficina bancaria palmeando la espalda de un señor con una libreta de ahorro en la mano, de correcto traje los dos, ambos con recortado bigote, sonrisa entreabierta.


Antonio Machín sonaba en casa porque así lo querían los programadores musicales de la radio. Conocí Dos Gardenias antes de saber siquiera que era una gardenia, pero ni falta que hacía la botánica para dejarse enganchar por la melodía.
Años más tarde, en un ejercicio que a Joaquín Sabina se le ocurrió en su Rap del Optimista volví a encontrarme de bruces con el título, en este caso alistado en una sucesión de temas que le hubiera gustado componer al jienense.

Machín nació en Cuba pero después de un cierto periplo acabó instalado en la España de posguerra. Trayendo parte de su familia a Sevilla y siendo a la postre reconocido, con estatua incluída, por la propia ciudad como sevillano de adopción. Tenía una voz con una personalidad indiscutible.
Me gusta saber que su origen no distó tanto del de algunos bluesmen del delta en cuanto a una relación ética compleja con la música. Como a tantos de ellos les ocurrió, también Machín tuvo una influencia paterna negativa hacia lo que consideraba un camino de perdición. La música como excusa de gentes dadas a la nocturnidad y los vicios. Y entonces apareció la iglesia como marco indiscutible donde desarrollarse. Como en las congraciones baptistas de los de Mississippi, el niño Antonio cantaba a la parroquia en la Cuba pre-revolucionaria. La historia da un paso más hacia la profesionalización cuando entra en una primera orquesta en Cuba y definitivamente cuando marcha para comenzar a grabar y girar de forma decidida.

El repertorio de Machín va ligado a dos nombres por encima del resto, la compositora mexicana Consuelo Velázquez y el compositor cubano Oswaldo Farrés. Tendremos ocasión de hablar de ambos más adelante. No hoy. El tema de hoy, posiblemente uno de los tres más reconocidos del artista, lo compuso una cubana llamada Isolina Carrillo, músico reconocido en la isla y autora de temas que allí se hubieran hecho con los puestos más elevados del Billboard 200 de haber existido éste. Con todo Dos Gardenias es, con mucho, su canción más universal y extendida.

De cuando los artistas se presentaban con una orquesta detrás, bolero que lleva por título: Dos Gardenias.



Cosas buenas a tod@s.



lunes, 27 de agosto de 2012

It's a Blues riff in B, watch me for the changes, and try to keep up

En lo profundo de Louisiana, cerca de Nueva Orleans.
En el camino de vuelta, entre los árboles de hoja perenne,
hay una cabaña hecha de tierra y madera,
donde vive un chico de pueblo llamado Johnny B. Good
que nunca en su vida aprendió a leer y a escribir,
pero que podía tocar la guitarra
como quien toca una campana.

Venga, Johnny, venga.
Venga, Johnny, venga.
Venga, Johnny, venga.
Venga, Johnny, venga.
Johnny B. Good.

Solía llevar su guitarra en la funda de una escopeta,
o se sentaba bajo un árbol al lado de la vía del tren.
Oh, un maquinista lo podría ver sentado ahí en la sombra,
rasgueando al ritmo que marcaban con sus trenes.
La gente pasaba y paraba para decir:
"Oh, Dios mío,
¿pero éste pequeño chico de pueblo puede tocar?"

Venga, Johnny, venga.
Venga, Johnny, venga.
Venga, Johnny, venga.
Venga, Johnny, venga.
Johnny B. Good.

Su madre le dijo una vez
que algún día se haría un hombre.
Y que sería el líder de una gran banda.
Gente viniendo de muchas millas a la redonda
para oirte tocar tu música hasta que el sol se ponga.
Quizá algún día tu nombre se encienda
diciendo "Johnny B. Good esta noche".

Venga, Johnny, venga.
Venga, Johnny, venga.
Venga, Johnny, venga.
Venga, Johnny, venga.
Johnny B. Good.


Señoras, señores, esto es, sencillamente, rock'n'roll.

La traducción, vaya por delante, me ha gustado tanto que la fusilo aquí alterando mínimamente alguna tilde que se había colado en el original. Puede encontrarse aquí

Pero volviendo al tema... estamos posiblemente ante el mejor rock'n'roll de todos los tiempos. Por todo. Por la canción en sí, por su melodía y la puerta que abre a la ejecución, por la letra autodescriptiva envolviendo el sueño américano y la tradición iniciática, por la trascendencia, que la ha hecho, con el tiempo, referencia y modelo a seguir por la crema de la musicalidad popular mundial. Pero no sólo nos encontramos ante un rock'n'roll sublime, tenemos ante las narices una de las grandes canciones de todos los tiempos. De esas de llevarse a la isla desierta. Si no es con ella con cual otra podríamos perder la cabeza para pronunciar desvaríos como que "habría que escucharla de rodillas", idas de cabeza al promulgar que "Dios es negro y toca la guitarra", alucinaciones verbales al nivel de "que me entierren mientras suena y me dejen el transistor encendido al lado".
Ésta (ésta sí que sí) es de las gordas.

Algunos datos facilmente encontrables por la red. La escribió el propio Chuck Berry y se editó en el 58. Alcanzó el número #2 del Billboard en Hot R&B Sides y el #8 en el Hot 100.

Pero una pregunta elemental, si la letra, como decimos, es autodescriptiva (léase autobiográfica), por qué "Johnny" y no "Chucky"?. Pues el responsable fue un tal Johnnie Johnson, un pianista que colaboró con Berry en muchas canciones. De hecho fue Johnson quien aceptó a Berry en el 53 para tocar en su combo (The Sir John Trio), y fue él mismo quien comenzó la composición de muchos de los temas al piano, melodías que más tarde Berry adaptaba y hacía crecer en la guitarra eléctrica para escribir finalmente las letras.
Berry fue, ante todo, un guitarrista tremendo, innovador pero a la vez captador de la escena americana y de lo que se movía dentro. De hecho, la misma introducción a la guitarra de este tema ejemplifica la influencia que, sobre el de Saint Louis, tuvo un grande de la musica popular de aquel entonces, Louis Jordan.
Y lo de Good? De la calle en la que creció el propio Berry en Saint Louis: Goode Avenue.

Cientos de músicos han interpretado este tema a lo largo y ancho del mundo desde finales de los 50, desde Jimmy Hendrix a The Beatles. Por citar algun caso curioso, el mismo Johnny Winter en el famoso Woodstock'69. Incluso la NASA envió en el Voyager en el 77 una copia del tema como parte de la representación de la cultura norteamericana.
Más cerca, hasta la muerte de Pepe Risi, los Burning siempre cerraban sus conciertos tocando hasta la extenuación este imperecedero rock'n'roll.

Sin embargo, en mi pequeña y particular cultura personal, un pequeño detalle me trajo la canción para quedarse ya por siempre: Marty McFly subiéndose al escenario en la recta final de Regreso al Futuro (Back to the Future, Universal Pictures, 1985), tomando la guitrarra eléctrica, y dirigiéndose a la orquesta frente a la espectación del gimnasio abarrotado de adolescentes: "It's a Blues riff in B, watch me for the changes, and try to keep up"... y empezaba a sonar el riff espectacular de...Johnny B. Good.

Cosas buenas a tod@s.

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Deep down in Louisiana close the New Orleans
Way back up in the woods among the evergreens
There stood a log cabin made of earth and wood
Where lived a country boy named Johnny B Good
Who never ever learned to read or write so well
But he could play the guitar
just like ringin a bell
Go, go, go jonny go go
go johnny go go
go johnny go go
go johnny go go
johnny be good
He used to carry his guitar in a gunny sack
Or sit beneath the tree by the railroad track
Oh an engineer could see him sitting in the shade
Strummin' to the rhythm that the drivers made
People passing by they'd stop and say
Oh my
but that little country boy can play
Go, go, go jonny go go
go johnny go go
go johnny go go
go johnny go go
johnny be good
His mother told him
some day you will be a man
And you will be the leader of a big old band
Many people coming from miles around
And hear you play your music till the sun goes down
Maybe someday your name gonna be in light
Sayin' Jonny be good tonight
Go, go, go jonny go go
go johnny go go
go johnny go go
go johnny go go
johnny be good

sábado, 14 de julio de 2012

HDMNSDSE: Otis Blackwell

Parece que encabezar un post de este blog con la etiqueta HDMNSDSE (Hace Diez Minutos No Sabía De Su Existencia) es sinónimo de traer al mismo a un combo novedoso y underground, alguien salido del anonimato hace escasos segundos o, en la mayoría de los casos, alguien alejado del mainstream más escandaloso.

No es el caso hoy.  
Otis Blackwell es autor de algunas de las canciones más conocidas universalmente de la historia de la música popular, del rock&roll más concretamente.  Es cierto que no en su voz. Es correcto que en la voz de personajes de la talla del mismísimo Elvis Presley o Jerry Lee Lewis (por no hablar de la larguísima lista de intérpretes que han buceado entre sus letras, desde The Who a Dolly Parton).


Su relación con El Rey es bastante curiosa de hecho. Blackwell le escribió tres de sus temas más conocidos: Don't Be Cruel, All Shook Up y Return To Sender. Casi nada. Sin embargo jamás el uno y el otro se llegaron a encontrar físicamente en vida. Incluso ante acciones importantes sobre algún tema, como fueron las modificaciones que Presley introdujo en All Shook Up con el previo consentimiento del autor.
Si además de escribir esos tres pedazos de temas, alcanzas cimas como el Great Ball Of Fire del amigo Lewis... colega, tienes algo más que sangre en las venas.

Blackwell realizó también trabajos de forma independiente, especialmente tras la caída de la ola rock&roll de la segunda mitad de los cincuenta. Su territorio escogido fue el rythm&blues (el de entonces, no lo que ahora se denomina rythm&blues), si bien siempre se mantuvo alejado del éxito comercial. Incluso en los USA, fuera del círculo algo más interesado, Blackwell pasaba por ser un perfecto desconocido.

Confío en que este pequeño descubrimiento que hice la semana pasada sirva para que alguien más lea, al menos por una vez, el nombre del padre de cuatro de los temas más señeros de un estilo tan universalizado. Y como últimamente he pensado que poner más de una canción por post es algo que no mola mucho (por el limitado tiempo de que todos disponemos, no por otra razón), y puesto a escoger entre esas cuatro joyas, me quedo con Return To Sender. La razón? Me encanta el tema, creo que con eso dejo dicho todo, es realmente uno de mis rock&rolles favoritos. La anécdota? De niño, cuando mi capacidad de traducción del inglés se apoyaba exclusivamente en la inventiva, asumí que esta canción se titulaba "De vuelta al camino", y monté mi propia historia acerca de la vida de un chaval descarriado y dejado al alcohol que decide, en un momento determinado, reorientar su vida y hacerse un hombre de provecho, una imagen, esta última, que me cuadraba bastante con el repeinadito Elvis y su imagen de niño bien de sus comienzos. Luego descubrí el pastel. Y creo que me gustaba más mi versión... disculpas mil Mr Blackwell, la ignorancia es osada.

Cosas buenas a tod@s.


viernes, 6 de abril de 2012

Quién demonios es Willie Dixon?

Si uno se pone a leer entrevistas de gente perteneciente a la British Invasion de mitad de los 60 o de cualquier grupo contemporáneo de eso que llaman americana, verá que aparece a menudo un nombre como referencia fundamental, fuente de sabiduría y origen de las especies: Willie Dixon.
No es por tanto raro preguntarse quién fue este sujeto que tanto obnubila a propios y extraños y sin quien, parece, hay todo un estilo de música popular que no sería lo que es a día de hoy.

Yo no lo tuve muy claro, vaya por delante, hasta encontrármelo de bruces en un libro que ando leyendo sobre Blues (Blues, la música del Delta del Missisipi, Ted Gioia, Turner Noema, 2010). El caso es que el libro no está centrado en su figura. Ni siquiera el capítulo en donde me lo encontré hacía referencia alguna a él, sino a un coetáneo que otro día traeremos más en detalle al blog, el señor Muddy Waters.

No podría ponerme en situación si no comento en una línea una diferenciación del blues: el Chicago Blues o Blues de Chicago. Por reducción a la mínima esencia podemos decir que el Blues de Chicago viene a ser una especie de "modernización" del Blues tradicional que se había estado haciendo desde primeros del siglo XX en la zona del delta del Missisippi (a excepción, puede ser, de lo hecho en Texas por Blind Lemmon Jefferson). Esta modernización consite básicamente en una mejora de la instrumentalización de los temas, es decir, en tocar lo mismo pero con más instrumentos. Añadir secciones rítmicas más complejas (baterías, bajos), incorporar acompañamientos a la voz (armónicas), sofisticar las melodías (tocar el blues a dos guitarras). Pero no sólo a nivel musical, también a nivel lírico las canciones comienzan a tocar temas más urbanos, desaparecen lugares comunes del Delta Blues como la granja-prisión y se comienzan a introducir motivos como automóviles, sin ir más lejos.
Toda esta revolución viene ligada al movimiento migratorio de la comunidad negra del sur hacia las oportunidades de trabajo de las ciudades del norte. Se llevaron consigo la maleta (cuando la había) y el talento.

Uno de los máximos representantes de esta nueva vertiente de blues fue, ya apareció arriba, Muddy Waters. Uno de los puntos diferenciadores que Waters imprimió al blues fue la formación de un conjunto estable. Una superbanda que quizás otro día trataremos y de la que cabría mencionar sin lugar a dudas al menos a dos o tres de sus componentes. El caso es que uno de los colaboradores del combo de Waters fue el señor Willie Dixon.

Y, qué hacía Dixon con Waters?. A nivel instrumental tocar el bajo. A nivel artístico darle forma a algunas de las mejores canciones que siguieron a los años posteriores al término de la Segunda Guerra Mundial. Dixon contribuyó de forma decidida a ese cambio de concepto en la forma de tocar el blues del sur y convertirlo en algo muy similar al concepto actual de grupo. Como decía, la mayoría de grupos ingleses que constituyeron la British Invasion (léase Rolling Stones, Who, Led Zeppelin, Eric Clapton,...) bebieron de sus enseñanzas para conformar el concepto en que devino el rock de finales de los 60 y comienzos de los 70.

Dixon, tipo corpulento que llegó a ganarse la vida como boxeador profesional antes de centrarse en lo musical de la mano de los hermanos Chess (otros que tenemos que traer al blog para conocerlos más de cerca), nos dejó temas espectaculares no sólo con Waters sino con figuras del blues indiscutibles, como el amigo Howlin' Wolf. Por hacer un rápido playlist de ellos, cabría mencionar "I'm your Hoochee Coochee man", "I just want to make love to you", "I'm ready", "Little red rooster", "Wang dang doodle", "Evil", "Back door man", "I can't quit you baby", "My babe" o "Mellow down easy".

Las evoluciones no se producen de la noche a la mañana. Son frutos de procesos lentos donde intervienen multitud de factores. Un grano de arena que contribuyó a que nos hayan llegado después los sonidos rock que tan fácilmente identificamos lo puso este hombre llamado Willie Dixon. Un grano de arena del tamaño de la cabeza del presidente Lincoln en el monte Rushmore.

Cosas buenas a tod@s