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domingo, 14 de diciembre de 2014

Sobreproducción, y la percusión como invitación al trance.

Hay carreras que se expanden como el helio. Hay artistas con una capacidad de creación tal que cualquier intento de cubrir su obra con un mínimo de dedicación por mi parte es en vano en mi situación actual. Y ayer, leyendo a Juanjo Ordás en Efe Eme me di cuenta del asunto.
He estado esta semana escuchando un disco que hacía tiempo tenía en ese cielo de futuras alegrías que es la discoteca pendiente: Licenciado Cantinas de Bunbury.
Porque, además, es la de Bunbury una de esas reinvenciones que miro con interés, con sorpresa y con alegría. Reinvenciones que en una determinada generación han derivado curiosamente hacia sonidos latinos, sones caribeños, percusiones americanas adornando letras pasionales, trágicas en ocasiones.
Y viene aquí Enrique a juntar un puñado de temas de tipos tan desconocidos para mí como Louie Ortega o Pablo Casas Padilla. Y, claro, esto transforma el rosco en un trampolín hacia nuevos territorios, justo lo que mi maltrecha disponibilidad necesitaba.
Pues algo tendremos que hacer, tiempo al tiempo, pero dejar que pase por tu puerta el tren de esta manera y no rendirse a la tentación de cogerlo un ratito es una posibilidad que no me planteo.

Pero volvamos al disco.

Estaba el otro día en el coche, yendo de un lado para otro, con una amiga a bordo. Esta amiga y yo no tenemos una compatibilidad musical muy acentuada que se diga. Más por su limitado arco de atención que por rechazo mío a lo que le gusta. No tengo problema alguno en entregarme a Lady Gaga si se da el caso. De una forma o de otra ella es consciente de nuestra separación en este asunto, de forma que tras escuchar un par de temas del Cantinas me comentó que esa música estaba muy bien para viajar, que la veía muy propia de ir con el coche en un viaje largo, acompañando los cambios de paisaje y las gasolineras. Y pensé yo que se trataba de un tema de trance. De ese nivel de consciencia superior al que te lleva una percusión bien sincronizada. Recordemos que el mismo Bunbury definió este disco como un álbum de percusión (Quino Bejar on board Los Santos Inocentes) .

A mi me ha encantado, ¿qué queréis que os diga?. Me ha gustado cada tema. Y me ha gustado así, a pelo, sin haber escuchado las versiones originales de los mismos (tarea a la que me entrego ahora). La sonoridad tan diferenciada, que me impide entenderlo como un todo y más como una colección exquisita de canciones, algo parecido a una caja de bombones de diferentes sabores y base común.

Pasito más, y ahora a seguirle el paso a todo lo que le tengo pendiente. A este tanto como al que Ordas comentaba en el artículo que enlazaba arriba. Ya estamos como el conejo blanco de Alicia.

Cosas buenas a tod@s.



martes, 10 de septiembre de 2013

El Éter

Por circunstancias que no vienen al caso dediqué varios años de mi vida a estudiar Ciencias Físicas.
No fue la peor etapa de mi vida, pero la mejor tampoco. En lo académico ni hablamos. El caso es que entre las mil cosas carentes de prácica cotidiana que aprendí, me encontré de vez en cuando con algún concepto gracioso, con alguna cualidad original de eso que a la raza humana le ha dado por interpretar como "realidad", que es esa cosa que creemos percibir reflejada como sombras que el fuego proyecta en la pared de la.... y bla, bla, bla.
Una de esas cosas fue el éter.
El éter había que inventarlo y se lo inventaron. Hace mucho tiempo, cierto, pero es que el concepto lo mantuvimos en boga hasta bien entrado el siglo XIX. Se trata de una hipotética sustancia, un fluido, que lo ocupa todo, bueno, todo..., especialmente aquellos espacios que no los llena nada. Como el espacio que queda entre los planetas, por ejemplo (La inmensidad del espacio, un infinito poblado de estrellas y de éter, que decía Faulkner). Luego, imagino, se inventaron "la nada" basándose en el mismo principio (que a las cosas que desconocemos hay que buscarles alguna explicación basada en cosas que conocemos, sea ésta un carro que atraviesa el cielo tirado por caballos voladores o cualquier otro cuento a mano). El éter, que es el caso, afectaba e interactuaba con las cosas que en él flotaban como aceitunas en salmuera. Hasta se pretendía demostrar que la luz presentaba una velocidad diferente al atravesarla que en el vacío.

Pues bien. El convencionalismo actual dice que el éter, sí señores, tras años de vigencia, no existe. Como lo del purgatorio, que ahora ya no controlo si existe, si no existe, si vamos, si expulsaron de allí a las ánimas que estaban al declarar su inexistencia... divago. Decía que el éter, así, en los salones de té de las universidades americanas, no existe. Pero, qué conveniente es en ocasiones ser un completo falsario, yo creo que sí existe. En mi caso rodea al indie español y me impide verlo en su estado natural. La velocidad del sonido se altera al atravesarlo y me llega distorsionada, pero distorsionada en plan chungo. No encuentro otra explicación a que no me entre a mi la misma mística elevación que a algunos de mis congéneres ante su escucha. Por qué no presento las mismas llagas purificadoras fruto del éxtasis de su observación. Hay casos y casos, como en todo, pero así, en general, acabo afrontando la escucha de ciertas galletas con un grisáceo agnosticismo que mata.

El sujeto, hace unas semanas, fue Julio de la Rosa y su trabajo La Herida Universal.
No sé yo (que dice el autor en La fecha en la tapa) si es culpa mia o del éter, pero no. Yo estiro el brazo a ver si llego, pero tampoco. No le ayudan dos referentes que me aparecen durante su escucha como los maniquíes pintureros del tren del infierno en la feria, a saber: Señor Chinarro y Nacho Vegas (cuando antes hablaba de excepciones hacía referencia, entre otros, a estos dos).
Por que Luque y Vegas sí, pero de la Rosa no. Primero, y fundamental, porque no me divertí en la escucha (escuché el álbum nueve veces en cuatro días) y segundo porque no me aportó nada nuevo. Ya había oído esas canciones en algún sitio antes. Creo que ya lo he mencionado alguna vez al hablar de una parte del indie español, no comprendo la necesidad de ser tan original mediante un concienzudo empeño en serlo. Por eso me chirría ese acento andaluz (esa ese aspirada al final de "mires") con que pronuncia la primera (y recurrente) frase de No me mires con los ojos, cuando no lo vuelve a utilizar en el resto de los temas.
Y no es que instrumentalmente eche nada en falta. Al contrario. Si es que encima está de puta madre. Suena bien. Incluso no me sobrevino esta vez esa sensación de que sobra este sonido, de que la producción es como la ruleta rusa, si das una vuelta más de lo necesario liquidas el tema. Podría ponerme ridículo y decir que no veo un álbum sino una colección de canciones, que no me encajan los temas más intimistas con esos arrebatos melódicos que le entran de golpe al amigo, pero tendría que haber bebido algo para eso, soy de fácil verguenza.

Sin embargo, con todo, no evito la sensación de que algo se me escapa.
Como es el primer trabajo del jerezano en solitario que me enchufo, seguiré esperando mi momento Michelson-Morley, ese en el que me quede claro que el éter no fue un convencionalismo adecuado y que posiblemente no existe nada entre mi oído interno y estos artistas. Entonces, solo entonces, aparecerá ante mi esa verdad que se me escapa: la irresistible atracción de esta música.

Que poco que he hablado de música hoy - dijo mientras su sombra se desvanecía sobre la acera, teletransportada a otra ciudad, engullida por el éter.

Cosas buenas a tod@s.


domingo, 14 de abril de 2013

Banda sonora de carretera

Un amigo de mi mujer no paró de repetirle que debía de escuchar a los Kings of Leon. Que eran de lo mejor. Y le pasó varios de sus discos. Ella los llevaba en el coche y yo iba haciendo de las mias sin urgencia ninguna por acercarme a éstos.
Finalmente caí en la tentación y me traje un trabajo de estos hijos (los Followill) de pastor de la iglesia pentecostal que parieron, con el cambio de milenio, un combo de rock con raíces sureñas y aspiraciones a sonidos épicos.

A veces empiezo por el principio y a veces comienzo por el final, aunque sea, como es el caso, por mero azar. De los discos que le grabaron a mi mujer, éste era el primero que había en el pen. Se llama Come Around Sundown y es una galleta del 2010 repleta de sonidos que tienden a la expansión mental, al ladeo de cabeza, al atardecer veraniego y el pasar de olivos más allá de la ventana del coche en cuarta por carreteras nacionales de interior.

Siendo lo mejor que me he echado a los oídos esta semana un vídeo que cacé en el Facebook de Alejandro Escobedo, me cuesta, ciertamente, venir a hablar de este disco este domingo por la mañana. El pasado lunes, durante su primera escucha, se me vino por segundos David Grey a la cabeza. Luego fui circulando de unos lugares comunes a otros (entre ellos Band of Horses) antes de empezar a leer algo sobre los autores de los temas.  Tiene gracia que entre uno en Spotify y aparezcan los mencionados como Artistas similares en las recomendaciones. Lo digo porque menciona a otros artistas similares donde las coincidencias me brillan por su ausencia. Será que me baso en este trabajo exclusivamente y los de Tennesse tienen tendencias menos producidas en anteriores trabajos.
Y ya que menciono la producción me meto en el charco. Para mi gusto pelín pasada de vueltas. Busco el nombre del artista y me encuentro con Brad Bivens, y me cuadra que se ponga a los mandos de la mesa en el último trabajo de Dawes (que me parecen más cercanos a los KOL que algunas de las similitudes reflejadas en el Spoty).

En total, un disco que me deja algo tibio y que no sé muy bien cuándo me puede encajar. Creo que me olvidaré de sus temas. Tan redondos, tan trabajados, pero que me aportan más bien poco. No lo quiero para el vermut y me temo que tampoco para el café. Lo dejaré, como decía, para acompañar a los olivos en esos largos viajes peninsulares que me meto entre pecho y espalda a veces. Quizás sea la mejor opción. Banda sonora de carretera. No está nada mal, bien mirado, como destino de recreo de un rey.

Cosas buenas a tod@s.




martes, 19 de marzo de 2013

Líquidos no miscibles

Me repartí el domingo, musicalmente hablando, entre dos tipos de lo más diferente y de lo más interesante a la vez. John Powel y Ron Sexsmith. Curiosamente nacidos en un intervalo de tiempo bien reducido (del 63 el primero, del 64 el segundo) aunque separados por varios cientos de kilómetros de distancia (las islas británicas y Canadá).

Powell es un compositor de música para películas. Esto, así dicho, puede resultar de un pedante que tira de espaldas, pero si echamos un vistazo a los filmes a los que ha dedicado su talento nos encontramos con algunas de las grandes joyas de la animación moderna, desde Ice Age a AntZ, pasando por Shrek o Kung-Fu Panda (por no contar sus intervenciones en pelis de acción). Un tipo con unos temas atrayentes y optimistas. Con el deje necesario e imprescindible de las sintonías de la épica de la gran pantalla.

Sexsmith es un cantautor canadiense, como diría yo.... diferente. O eso me parece a mí. No tenía oído nada de él y por recomendaciones acabé en el Forever Endeavour. Y caí enganchado. Por todo en general y por nada en particular. Estaba trabajando y me lo puse de fondo. Cuando hago esto la mayoría de las veces el ensimismamiento en la tarea me abstrae del contenido de lo que escucho. Sin embargo no fue el caso esta vez. En cada tema tenía que levantar los ojos y cazar la melodía. Leer el título del corte. Dejarme un rato en él.

Y me gustó que esto sucediera con el primero, con el segundo, con el tercero de los temas... Es un trabajo delicioso. Hasta el punto que decidí no parar de trabajar para escucharlo y dedicarle, a él sólo, un mejor momento. Más adelante.
Por supuesto que lo acabé. Hasta la última nota. Pero sabedor de que lo tengo envuelto en papel secante metido entre las páginas del tomo de la S de la Espasa.

Como en esto de los gustos no hay nada escrito, dejo aquí para las almas temerosas el enlace al trabajo en Spotify. Para asegurar la inversión ahora que las cosas vienen como vienen.

Como ya comenté hace unas semanas nuevas responsabilidades me limitan el tiempo dedicado al blog, pero dejarlo no entra aún entre mis objetivos. Buscar el modelo de supervivencia me hace mirar nuevas fórmulas de escritura. Desde reducir el contenido a reseñas como la de hoy a elaborar los post en diferentes sesiones durante varios días. Posiblemente la combinación de ambas me lleve a algún sitio. De momento iré salvando los muebles como vaya pudiendo.
Con la ayuda de Ron, claro.

Cosas buenas a tod@s.

sábado, 9 de marzo de 2013

HDMNSDSE: Capsula

Trallazo de rock directo y sin paliativos.
Podría escribir solo lo que el Ruta del mes pasado me enseñaba.
Así que mejor me callo.
Encima tienen los huevos de ir por ahí versionando a Ziggy y las arañas de Marte. Chapeau.

Cosas buenas a tod@s.


El principio, desde el final

Podría empezar de mil maneras esta historia y todas acabarían visitando los mismos bares, los mismos rincones oscuros. Las voces de hace veinte años, o quince. Los recuerdos de canciones de hace veintisiete, o treinta. Ruleta Rusa, Juez y Parte. 
En mi larga historia de encuentros y desavenencias con Joaquín Sabina, Don Joaquín, un re-encuentro tuvo especial valor. Todo dicho porque aquí servidora repitió los discos mayores y menores hasta 19 días y 500 noches hasta decir basta. El encuentro posterior significó un jarro de agua fría. Por eso este enésimo cruce en el camino me trajo a un Sabina clásico de Mentiras Piadosas.


Hay un sonido que nada tiene que ver con la excelencia sino con la parte más emotiva, y éste sonido de Garcia de Diego y Varona, dando carne crepuscular y cálida a los esqueletos del de Úbeda, forma parte del principio. De una impronta heredada, cultivada, potenciada y finalmente transmitida.

Cuando me encontré Tiramisú de Limón escribí esto a una vieja amiga:

Hace 8 años vivía en "la capital", muy cerca de Bravo Murillo. y hacía como que conocía Madrid. y escuchaba canciones de los 80 en bares trasnochados del año 2000. y recorría la bruma de la Castellana de Rot sin saberlo. y bajába a la hora de comer a la Latina por Tirso de Molina. y soñaba con melodías imposibles de Pancho Varona. y Antonio García de Diego no era un pintor de cámara de Fernando VII. y todo el asfalto de Príncipe de Viana me cabía en la palma de la mano. y estaba lo más alejado posible de volver a decirte "Sabina ha sacado un disco". 8 años después vivo cerca de la "ciudad condal". y hago como que conozco Barcelona. y escucho canciones de Franz Ferdinanz en pubs modernistas del Borne. y paso por la Plaça Lessep sin que lo sepa Serrat. y bajo a la hora de comer al Mercat de Santa Caterina por el barrio gótico. y sueño melodías imposibles de los Sunday Drivers. y Tom Waits no es un enlace sindical de la SEAT. y todo el asfalto húmedo de la Diagonal no se me pega al riñón, y estoy justo al ladito de decirte "Sabina ha sacado un disco"... pues eso abogada, que Sabina, ha sacado un disco. y que no te lo compres, que ya te lo compro yo.
 Y vaya si se lo compré.

Por un sonido único.

Cosas buenas a tod@s.

sábado, 23 de febrero de 2013

HDMNSDSE: Savages

La fiebre hace que caiga dormido pronto. Pasan las horas y el sueño, como todo lo demás, acaba. Entonces me levanto en silencio, vengo al ordenador, lo enciendo mientras me coloco los auriculares, y me tiro de cabeza a la red, a ver qué encuentro. Todos los pescadores madrugan.

Llego a un artículo del NME que reza: 30 álbumes para hacer tu vida soportable en 2013. (el artículo aquí). Cualquier cosa que prometa que hará mi vida más soportable en 2013 tiene mi interés garantizado por lo menos durante veinte minutos. Ha sido el caso. Y me he dedicado a pasar grupo tras grupo hasta llegar al primero que no conociese. De ahí ha salido mi estentóreo (por que es que hay que escucharlas) encuentro con Savages.


Savages es un grupo femenino de Londres capaz de traer de vuelta sonidos post-punk con un toque de autenticidad indeleble. En este mismo blog comentamos como podemos empezar a llamar post-punk a todo lo que ocurrió desde el First Issue de Johnny Lydon en adelante. Claro, que de eso hace ya unos años y éstas se unieron en 2011. No puedo hablar aún, no las conozco más que de la última hora de escucha, pero no me suenan ni a revival ni a copia. Me gusta su actitud. Qué le parecerán al Duque?

Cosas buenas a tod@s.


domingo, 25 de noviembre de 2012

Columpios adultos

La primera vez que me hablaron de El Columpio Asesino íbamos dos parejas en un Peugeot por el delta del Ebro camino de disfrutar un arroz exquisito. Me lo pusieron en el equipo del coche y lo escuché. No sentí nada en especial. Me los presentaron como un grupo bastante cachondo en su puesta en escena, imaginativo, lo suficientemente diferente como para destacarse en medio de la infinita propuesta que tenemos hoy día.

Como el criterio de mis amigos está ganado los anoté mentalmente y proseguí mis caminatas musicales por los derroteros que tenía en mente con anterioridad a este capítulo. Digamos que me centré en el arroz y el vino blanco que sirvieron, un blanco con un nombre tan al pelo como Silencis, de Raventós i Blanc. Os lo recomiendo.

Bastante después, de hecho no hace demasiado, me volví a cruzar de forma fortuita con los navarros al escuchar en un podcast Toro, justo el tema que traigo hoy al blog. Más inmediatos que lo que oí en el coche de mis amigos tiempo atrás, se me aparecían unos Columpio con un sonido agradable y enigmático que me traía a la mente cosas odídas en terreno nacional veinti y pico años atrás.



Por dibujar un retrato de un solo trazo diré que El Columpio Asesino tiene su base y su alma en los hermanos Arizaleta (Albaro y Raúl), que encuentran sus orígenes en la escena punk local siguiendo los dictados de papá Rotten y el legado británico de los 70, y que, como muchos que tomaron el punk como punto de partida, supieron evolucionar del simplicismo (mágico) DIY hacia sonidos nuevos, no renunciando a incorporaciones electrónicas, brass o a elementos locales.

Ahora los escucho de tanto en tanto, en esas sesiones auriculares en ristre y entregando horas a cualquier canal capaz de proporcionarme mi dosis diaria de notas (desde YouTube hasta Yes.fm pasando por Spotify o cualquiera de los cientos de MySpace disponibles). Los quiero traer a la escucha semanal, pero no será en un futuro próximo, tengo mucha cosa ya en el buffer y sólo unas 50 semanas al año. En cualquier caso me llaman la atención y creo que tienen algo que les diferencia. Sigo avanzando casillas en su dirección.

El corte de hoy pertenece al que es su último trabajo por el momento. Una cosa llamada Diamantes que se publicó en 2011 en Mushroom Pillow toda vez la continuidad de Astro, su sello original, no acabó de quedar clara. La voz femenina la pone Cristina Martínez. Pero no ahondo más, si nos llega el momento lo traeremos a la escucha semanal.

No hace mucho hablábamos de sexo oscuro con Gabinete Caligari, otra pequeña muestra aquí. Se titula Toro. Ójala os guste.

Cosas buenas a tod@s.


viernes, 19 de octubre de 2012

HDMNSDSE: Musselman

Esta sección está dedicada, ya sabéis, a los flechazos. A esas canciones que te encuentras de sopetón y te hacen abrir las orejas y girar la cabeza. Especialmente cuando las voces te resultan desconocidas y los sonidos novedosos.
Estaba hace unos minutos corriendo cuando a mi mp3 han venido unos chavales de Alcalá de Henares que responden al nombre de Musselman.

Ahora dudo de si he leído algo de ellos en algún sitio. Podría recurrir a la colección del Ruta, o los artículos que voy guardando de revistas digitales, pero no. No lo haré. Si no los tengo presentes por algo será. Lo que me los ha traído ahora ha sido el postcast de caraB y con eso me quedo.


He escuchado varias canciones y cada una me ha traido un sabor diferente. Retazos de unos Doors lisérgicos. Gotas de músicas del mundo al estilo Ferry pero bajadas de revoluciones. Trazas del teclado de Maeso y sus Drivers. Reflejos de folk de las midlands.

Anotados quedan. Un disco más que ir buscando (y el cual acepto como regalo, por si alguna ánima caritativa anda leyendo...)

En Spotify aquí.

Y una muestra al pie de las líneas.

Cosas buenas a tod@s.


domingo, 9 de septiembre de 2012

Pequeñas historias de Benalúa de Guadix

Cuenta mi madre un chiste de forma un tanto recurrente. Un vecino de Benalúa se decide por visitar a un hermano que emigró a Alemania. Se dirige a la pequeña estación de autobuses del pueblo y pregunta: "un billete para Munich por favor?". El operario, que se lo mira, le responde "Verá usted, yo lo más que le puedo dar es un billete a Guadix, y desde allí usted mismo se busca la vida".
Llega el hombre a Guadix y, acercándose a la taquilla, pregunta:  "un billete para Munich por favor?". El empleado extrañado se mira la hora en el reloj de muñeca, levanta la vista y responde: "A ver, Munich no sé, pero sale un autobús a Granada dentro de media hora, si quiere le doy un billete".
Nuestro conocido llega a la estación de autobuses de Granada, se dirige a ventanilla y, optimista él, vuelve a preguntar: "un billete para Munich por favor?". La operaria le observa con incredulidad y le responde: "lo siento caballero, desde aquí lo más que puedo hacer es expedirle billete hasta el aeropuerto de Málaga, y allí usted mismo ya podrá preguntar"
Sin decaer en su empeño llega nuestro protagonista a Málaga y solicita un billete para Munich. Por fin, sin más demoras, consigue su tarjeta de embarque y vuela en busca de su hermano.
Tras una provechosa estancia nuestro ya amigo decide volver a su pueblo. Se acerca con su hermano a sacar los billetes de vuelta y, despistado y confiado solicita: "disculpe, un billete para Benalúa". A lo que la operaria alemana le responde "a Benalúa de las Villas o Benalúa de Guadix caballero?".

Bien, valga la anécdota para introducir que pasé por Benalúa de Guadix este verano y compartí, en excelente compañía, el día previo a un concierto de una banda de rock. Otro día comentamos esto si os parece. El caso es que la noche cayó, los focos se encendieron y el espectáculo comenzó. Y en medio de él: Los Deltonos.

Como no se trata de la banda más conocida del mundo, un par de apuntes sobre su ya larga trayectoria. Los Deltonos son un combo de cántabro de rock bluesero nacido a mediados de los 80 de la mano de su alma y líder Hendrik Röver. Me llegaron, tiempo ha, a través de su segundo trabajo, aquel Bien, mejor (1992) que visitaremos más adelante. Y lo cierto es que los tenía aparcados desde entonces. La ocasión la pintaban calva y la cogí por la melena.

En concierto los temas de su último trabajo, un La caja de los truenos que me ha acompañado esta semana. Leí durante los meses de verano alguna reseña al respecto, la mayoría insistiendo en el proceso de grabación directo de los temas. Hendrick ha preferido tener a la banda junta y sonando a la vez para intentar cazar el ambiente de la primera toma. Creo que el resultado lo expresa mejor que nada. Canciones cercanas, con una línea vocal algo baja pero muy creíble, como si se tratase de un ensayo general antes de meterse en estudio.

Y los temas de este trabajo son de esos que van entrando poco a poco. Me gusta más la melódica de Röver que su lírica. No acabo de entender la forma en que aprieta en ocasiones las palabras dentro de líneas que no dan ya más de sí. Sin embargo a la quinta, sexta escucha, eso se transforma en una especie de marchamos de la personalidad del compositor y pasa a ser creíble y conformar el esqueleto de la canción misma. Me pasa en Gasoil y chocolatinas sin ir más lejos, o en ese arranque genial de Lo que parece y esa segunda estrofa que tanto se me atragantó los primeros días. Por supuesto con El sector de los milagros. Aires a Quique González en A qué vino volver.

Sobre el escenario imprescindible el trabajo de esa sombra protectora que es Fernando Macaya.

El directo sonando espectacular. Puntuales y profesionales. La cosa esa a la que siempre recurre el perro viejo que ha tragado carretera: "oficio". Y después de 1000 kilómetros de furgoneta y show, el propio Hendrik destapando la maleta sobre la acera para sacar el merchandising y los compactos. La faceta de la carrera musical que no se observa desde casa. Allí me acerqué, allí le felicité y de allí me llevé esta galleta de temas menores pero sinceros. Dedicada en la portada al blog de su puño y letra. Luego, en frío, me ha dado verguenza escanearla y reproducirla. Me la quedo en la estantería.

A la mañana siguiente todos salimos de Benalúa, unos a recorrer 1000 kilómetros de vuelta, otros a re-encontrarnos con familias desperdigadas, algunos a afrontar retos profesionales con olor a etapas quemadas y horizontes nuevos. Todos dejando Benalúa en silencio de nuevo, habiendo firmado un trozito de una más de sus pequeñas historias.


Os dejo con un disparo de Hendrik y Fernando.

Cosas buenas a tod@s.


jueves, 23 de agosto de 2012

Trascendencia y Maroon 5

Algunos no le perdonan a la música no ser trascendente.

Desestiman cualquier letra que no conlleve un mínimo grado de involucración, protesta o descripción social. Toda aquella melodía que no investigue o se recree sobre el sonido y la técnica, sobre los horizontes que alcanzar con los instrumentos, voz incluída. O que al menos rinda pleitesía a la rancia tradición de los ancestros bebiendo directamente de sus fuentes. Insultan a los que no navegan en busca de nuevos sonidos, a los que huyen de la experimentación y viven acomodados en la fórmula.
A mí éste me parece un talibanismo tan barato como el de aquellos que corren a colgar la etiqueta de snob a todo lo que sus oídos no comprenden. A tachar de "raritos" a los oídos no acomodados e insatisfechos que escarban en las webs y entre las cajas de conglomerado de las tiendas de discos.
Nunca se pondrán de acuerdo. Así debe de ser. Pero hoy quería hablar a los que no perdonan a la música no ser trascendente. Y ahora empiezo una segunda historia.

Este verano que nos ocupa, estaba yo una noche durmiendo en casa de mis suegros, junto a una ventana abierta de par en par que daba al patio interior de un edificio de cuatro plantas. Cuando digo durmiendo quiero decir durmiendo, incosciente.
Miré la hora al verme despertado pero no la recuerdo. Pongamos que fuesen las 2:40 de la mañana. Noche cerrada. Calculo que unos buenos 28 grados en canal. Y hete aquí que me sube por el ojo de patio a las orejas una desconocida melodía. Un chin-chin ronroneante que me generó un efecto capicúa de cabreo-atención-cabreo que acabó por desvelarme.
La responsable era la vecina adolescente (lo supe luego) del primero (esto era evidente sacando la cabeza por la ventana e identificando de dónde provenía la música).
Posiblemente de vuelta de jarana, la amiga se acopló a los altavoces de su ordenador e ignorando hora y vecindad nos regaló con un tema nuevo a mis entendederas durante unos 10 minutos largos. Una y otra vez. El efecto capicúa se explica por mi primera reacción al verme despierto, por mi segunda reacción al no reconocer la canción pero ver que me brindaban la oportunidad de repetirla y por mi tercera reacción al comprobar que la repetición caía en la reiteración aguda y acababa en el comportamiento obsesivo-compulsivo del "tíííaaaa! que canción más chula, mola que te cagas".

Chisté dos veces por el ojo de patio. La segunda, más fuerte, se escuchó y se terminó la fiesta. Yo haciendo estas cosas. Ay la edad!.

Siguió el verano y de pronto comencé a escuchar la canción en las terrazas, en las emisoras de radio (con una profusa intención a no publicar el nombre ni del tema ni del grupo), y unas cosas con otras acabé convirtiendo el tema en un sodoku que terminar cuadrando.

El sodoku lo acabé ayer con la ayuda de una amiga que no falla en estos asuntos. Sonó en la radio de la oficina y no hizo falta ni esperar a terminar mi frase. Maroon 5. Payphone.


Esto es lo que se puede llamar un tema "pegadizo", ya sabéis, catchy.
No creo que pretenda nada ni lo busque. Toma una melodía sencillita y efectiva y la producción está a un nivel descomunal. Es un producto técnico de primera. Las nuevas generaciones se están acostumbrando a unos acabados que Ford sólo incorporaba en los modelos Ghia.
 Como no conozco mucho a los Maroon no entraré en detalles con ellos, pero la próxima vez que me los encuentre no los pasaré por alto. Por lo que leo el pecador, no conociéndolos, era yo.

Serà esta la versión 2012 de Eva María se fue buscando el sol a la playa ?

Sacudámonos el polvo de la capa. Con suerte a lo mejor nos sorprendemos tararendo la musiquilla en el ascensor y nos damos cuenta de que tenemos los pies de barro. Como los Maroon.

Cosas buenas a tod@s.




jueves, 14 de junio de 2012

HDMNSDSE: Lightships

Hace unos días, leyendo aquí y allí entre diversos blogs me encuentro con la siguiente entrada en ese pedazo de blog del que tanto aprender que se llama rockandrodriland.

En ella se habla con pasión, como siempre se debiera de hablar de una afición, de un cantante con una sensibilidad exquisita llamado Gerard Love. Debiera de sonarnos? No tiene por qué. El bueno de Gerard es la voz de esa mencionada banda llamada Teenage Fun Club y que se lanza en esta ocasión en un proyecto personal bautizado como Lightships.. Un cercano descubrimiento de este pobre mortal que se encuentra de bruces ahora con un trabajo de esos para escuchar a todo volumen en los auriculares tirado sobre la arena de la playa justo a la hora en que el sol se retira, mientras la gente recoge perezosa los bártulos y vuelve a sus casas a lavarse la cabeza bajo el agua dulce de la ducha, saltando de la irrealidad a ese entorno cargado de rutina y control que es siempre una casa donde pisar el suelo con zapatillas y delimitar el espacio con paredes.


No podría, por razones que no vienen al caso, repetir la intensidad del blog mencionado, con lo que no pretendo hoy ir más allá y prefiero relegarme en la escucha, hoy que parece que quiere dejar de llover y anuncia su llegada el verano.

Les sigo la pista a los dos, a Gerard y a TFC. A ver dónde me llevan.

Cosas buenas a tod@s.


domingo, 3 de junio de 2012

HDMNSDSE: Mujeres

Aparecieron en el Ruta del mes pasado y fue el primer acercamiento que tuve a ellos. Me los cruzo esta mañana en el Mondosonoro. La razón de ambos "tropiezos"? la publicación de su segundo largo, Soft Gems. La banda? Mujeres.
Se trata, no se confundan, de cuatro chavales de Barcelona (Pol, Martí, Yago y Martín) dispuestos a hacerte mover los pies y mantener vivo el espíritu de la música en directo desde 2008 (enésimo lugar al que llego con retraso). En sus propias palabras: Somos 4 tipos con instrumentos. Hacemos música vieja con zapatos nuevos. 


Un recomendable ejercicio de vuelta a fuentes no por conocidas menos disfrutables. Giran por todos lados, desde garitos infectos a Primavera Soundes, a ver si con suerte me los cruzo este verano.


Sus dos trabajos pueden encontrarse en Spotify en los enlaces que dejo justo aquí abajo (basta con pinchar en la foto).


Y un pequeño adelanto aquí, píldora para aquellos que tenemos un ojo en la pantalla y otro en esas personas de 70cm que nunca paran quietas.
Cosas buenas a tod@s.


domingo, 22 de abril de 2012

A que no puedes olvidar un nombre como Klaus&Kinski?

Meterse en ciertos terrenos del indie significa pisar un suelo inseguro y a menudo resbaladizo. En otros tipos de música el mayor porcentaje de interés se centra en aspectos como la ejecución, la técnica, incluso en algunos se valora lo fiel que seas a un sonido anterior. En el indie no. Parece que lo importante es que seas diferente. Cuanto más raro mejor. No hay limitación alguna, puedes recuperar la copla que tu abuela cantaba pelando habas sentada en un rincón de la cocina y meterle un sample de piano de Allen Toussaint.
Yo saco de esa libertad y esa exigencia una lectura positiva. Todos no tenemos que ser iguales, gracias a Dios (o a quien toque dar las gracias). El problema es cuando se afronta esa libertad de una forma poco natural, cuando se convierte lo que debiera ser fruto de la curiosidad en mera pose.
Cuando alguien, por su naturaleza, se ve abocado hacia algo sin remedio, destila un algo de naturalidad inherente. Una forma ineludible de hacer las cosas que le exhime de la voluntad y cubre a lo que genera con una capa de aceite de verdad, una especie de barniz de honestidad. Me pasa con el Sr Luque y su alter ego Sr Chinarro. No me ha pasado con Klaus&Kinski.


Una de las personas que saben más de música en este país se llama Diego A. Manrique. Esta semana que acaba le leí en una sesión que abría con los lectores del diario El País vía su edición digital. Una de las preguntas que le hicieron hacía referencia al indie (Como siempre aconsejo ir a los originales y encontrar la información de primera mano alli). Esto es lo que venía a decir Manrique:

Pregunta: Cada vez soporto peor el indie. ¿Es cosa mía o aquello es un club de pijos y niñatos?

Respuesta: Martini, sé a lo que te refieres. Al principio, lo aniñado parecía tierno: estoy pensando en "It's a fine day", de Jane. Luego, se convirtió en la estética dominante, como de niños que no quieren crecer. Ese infantilismo se nota en muchos aspectos de cierto indie, donde apenas hay crítica y el ambiente asemeja al de un patio de colegio. Hay algún amigo que insiste en que asistimos a la feminización del rock, al que se castra para que sea animal de compañía. Hay mucha tela que cortar....y no estoy seguro de que quiera que me corten la cabeza precisamente ahora.
Buff, casi nada el amigo. Yo no iría tan lejos como el Sr Manrique. Me quedo un par de pueblos antes. Justamente en uno que se llama "Hagamos las cosas con un poquito más de naturalidad". En el caso concreto que nos ocupa, me parece que todo viene adornado con un barroquismo saturado que cansa. No dudo de la capacidad como multi instrumentista de Alejandro Martínez (sí tengo mis reticencias respecto al lánguido y monótono cantar de Marina Gómez), pero sobre toda la producción de este trabajo sobrevuela un tufillo sospechoso de individualización de la propuesta que, al menos a mí, me acaba aburriendo. Si me permitís la simplería (que lo es) es como si al juntarse éstos hubieran comenzado a discutir cosas del estilo: "Oye, y qué nombre nos ponemos como grupo?, tiene que ser algo diferente, a ver qué se nos ocurre, algo que la gente escuche y no se le pueda olvidar" o "Y para la portada?, necesitamos un motivo impactante, juntemos cosas aparentemente inconexas".

He llevado esta semana en el coche su trabajo Tierra trágalos, que no es un nombre especialmente extraño. Lo hice porque dos de las personas de mi entorno cuya cultura musical me queda fuera de toda sospecha les escuchan. No me los recomendaron, pero sentí curiosidad por meter las narices donde el y ella lo hacían. La primera escucha fue complicada. Tentado estuve de cambiar. Pero como soy de los que opina que nada puede juzgarse en una primera escucha, les dediqué, como siempre, toda la semana. El disco fue ganando escucha tras escucha, no miento. Creo que, especialmente en lo instrumental, tiene un par de vueltas, algunos recovecos que pasan desapercibidos si se pasa demasiado rápido por ellos. Pero de nuevo encuentro el pecado comentado arriba, me parecen muy rebuscados, muy poco naturales, forzados. Pensados y preparados, diseñados. La propuesta, además, me pareció demasiado heterogénea, poco compacta como trabajo. Se me suma a la idea de que no se ha hecho de un golpe de voluntad sino sobre una mesa de cálculo, más como una obra de ingeniería que como un golpe de inspiración.

En Spotify aquí.

Y algunas canciones para llevarme la contraria. "Los niños muertos y la decadencia política" es un buen ejemplo de hasta dónde se puede forzar el ponerle título a un tema, pero me gusta como canción. "Carne de Bakunin", guiño a avezados estudiantes de políticas (¿cuánto indie sabrá quién fue Bakunin? Yo apenas recuerdo una descripción de Aute a Sabina diciéndole que "escoraba" por ahí) es un divertimento curioso. También compro.
La primera no la encuentro en You Tube ni en goear. La segunda la dejo abajo.

Cosas buenas a tod@s.