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domingo, 2 de noviembre de 2014

Retorno de inversión

En estos tiempos revueltos (cuáles no lo son?) cuesta entender un concepto como el "retorno de inversión", especialmente cuando dicho retorno se concibe desde una perspectiva ancha y comunitaria. Me explico. El individualismo, algo tan viejo como el viento, nos empuja a calcular los pasos dados de forma que, de algún modo, nuestro esfuerzo se vea recompensado sobre nosotros mismos. Este estrecho ángulo de visión nos impide la perspectiva lateral de la influencia sobre nuestras personas de la comunidad, parte esencial de cada uno al fin y al cabo. Y quién invierte en esa comunidad? esto es algo de lo que no siempre somos suficientemente conscientes: nosotros mismos.

Cuando una universidad privada decide invertir parte de sus ingresos en generar un proyecto como una emisoria de radio del campus está demostrando un compromiso con su comunidad encomiable. Este sentido, más común en otros países que, por desgracia, en el que me ha tocado vivir, siempre genera, de forma difusa pero sostenida, un impacto positivo en el entorno. Por una lado creando vínculos que ayudan a la cohesión del colectivo, por otro posibilitando a los que forman parte de la aventura de forma más directa un acceso sin intermediarios a conocimiento, ilusión y disciplina, tres elementos básicos que combinados rara vez no desembocan en resultados notorios.

La WHRB es una emisora de radio de Cambridge, Massachusetts, operada por estudiantes del Harvard College. La podéis encontrar aquí y permite, obviamente, su escucha on-line. Este proyecto nació al inicio de la década de los 40 del pasado siglo y fue creciendo hasta convertirse en emisora comercial a finales de la década siguiente. Un rápido vistazo al menú de su página de acceso en internet le permite a uno comprender en qué basa su programación. Música de profundas raíces norteamericanas: jazz, blues, hillbilly, pero también música clásica y una sección llamada The Record Hospital donde encontrar ritmos más r'n'r. Su escucha le sume a uno en la mortificación de la ignorancia, por un lado, y en la excitación ante lo desconocido. Aconsejo que prueben la experiencia.

Ahora, lo comentaba, es una emisora comercial, es decir, se ha convertido en una entidad privada con (entiendo) ánimo de lucro. Pero el concepto sigue estando presente. Lo está en el hecho de mantener activas sus "orgías", por ejemplo. Desarrollemos esto. La emisora sigue estando alimentada por una filosofía de "college radio", es decir, la llevan estudiantes de Harvard (desconozco hasta qué punto asesorados o dirigidos por profesionales del sector) y, como tales, chavales aún adscritos a una rutina de semestres y exámenes. En épocas además similares a las que tenemos aquí: una primera etapa en torno a enero y una segunda en torno a mayo. Debido a que deberían de ser periodos de concentración y estudio, los estudiantes disponían de menos tiempo para con sus responsabilidades al frente de la emisora, de manera que acabaron desarrollando el concepto de "las orgías", periodos de emisión continuada de música sin cortes publicitarios ni intervención de locutor alguno. Con una particularidad, se emiten de forma continuada los trabajos completos de un compositor, un sello discográfrico o un género. A piñón fijo.
Y parece ser que todo lo comenzó un alumno allá por el 43 cuando, tras haber aprobado un complicado examen, decidió poner en antena de forma continuada todas las sinfonías de Beethoven en orden.

Pero inicié el post hablando del retorno.
De forma difusa toda esta actividad cala y ahonda en la comunidad. En ocasiones, además, cuaja en algún sujeto concreto que destaca, generando así un caso paradigmático que siempre puede servir de retroalimentación positiva del proyecto. La WHRB tuvo este ejemplo, un chico afroamericano llamado Tom Wilson.

De Tom Wilson ya hablamos por aquí hace unos meses al comentar el primer disco de los Mother of Invention, y de nuevo me lo he vuelto a encontrar hace poco en un artículo que sobre Simon & Garfunkel ha editado Efe Eme en su primer cuaderno (otro día hablamos de esto). Wilson fue uno de los grandes productores de la música popular en las décadas de los 60s y los 70s. Presente en algunas de las más conocidas canciones de los más insignes artistas. En referencia a los dos mencionados anteriormente, fue Wilson quien cogió The Sound of Silence y le dió el gancho que se habían dejado en el camino Tom y Jerry. Comenzó a radiarse y se disparó en el imaginario colectivo. Precisamente estaban éstos en Europa cuando les sorpredió su tema encaramado en lo alto de las listas de éxitos. Volvieron a America y el resto es ya historia.
Os dejo más abajo las dos versiones, la original del Wednesday Morning, 3 AM. y el resultado tras el paso por las manos de Wilson.

Tom Wilson admitió en alguna ocasión que su conocimiento musical, su cultura y su bagaje no hubieran sido los mismos sin haber pasado por la WHRB.
Eso es retorno.

Cosas buenas a tod@s.


domingo, 21 de abril de 2013

Un tipo con bigote y un productor negro.

Esta semana pasada abrí uno de mis regalos de Reyes. Puede que sea de los últimos que está haciendo esto. Ya sé que es abril y que este paso debiera de haberlo dado antes, pero es que es peor, me quedan aún otros dos regalos por abrir... y los dos de los mismos autores que traigo hoy al blog. Poco a poco.

La galleta en cuestión se llama Freak Out! y fue pergeñada por un grupo llamado The Mothers Of Invention. Como es uno de los discos... como diría... "fundamentales" de la música popular moderna (no tanto en cuanto a contenido sino en cuanto a trascendencia), estoy convencido de que muchos de ustedes sabrán perfectamente de quien estoy hablando. Pero esos "muchos de ustedes" escriben unos blogs maravillosos que leo siempre que tengo ocasión. Yo, falsario donde los haya, me limito a trazar con tiza las líneas de salida de los caminos. Por eso encontraría natural que del nombre arriba mencionado, no se destile un segundo nombre, más conocido al menos fonéticamente (que lo de la música es otro cantar). Hablo de Frank Zappa.
Pues nada, hablemos un poquito de Frank Zappa y de este disco.


Lo primero que conocí de Zappa fueron sus iconoclastas retratos. En varios bares de esos que frecuentaba cuando no tenía responsabilidades vinculadas con mi sustento, había fotos de este sujeto sosteniendo un guante que hacía que su mano asemejase un apéndice extraterrestre, o mirando de frente al objetivo con dos coletas agarradas a los lados de su pelo revuelto, o sentado en un retrete como sorprendido por una entrada inoportuna. "Zappa es un cachondo". Poco más podía deducir yo de todo aquello. Y sí que lo era, sí, pero también era más cosas que un mero cachondo. Fue una persona inquieta, en mi percepción alguien incómodo con su propia existencia. Y volcó esto, entre otras cosas, en sus músicas.
No es éste el post en el que hablar de la vida de Zappa, pero si os adentráis un poco en ella, creo que encontrareis que no creció precisamente el de Baltimore en el más aconsejable de los entornos dada la ya de por si enmarañada percepción de la realidad del joven.

Volvamos al disco.
Zappa conoce a un tipo llamado Ray Collins, el cual tiene un grupo donde interpretan versiones de doo-wop principalmente (The Soul Giants). Tras un altercado con el guitarristra de la banda, se le ofrece elpuesto a Zappa y este acepta. Y aquí comienza el influjo de Zappa, su inconformismo y su espinosa personalidad a hacer de las suyas. No tarda en convencerles de que deben de abandonar hacer versiones y centrarse en sus propios trabajos. Así comienzan a componer sus propios temas. Consigue un representante y comienzan a moverse por el circuito de garitos de Los Ángeles. Su nombre comienza poco a poco a sonar y un trabajador de MGM les propone un contrato en una subsidiaria (Verve) para parir un primer disco. En otras circunstancias, con otro personaje, el nombre de este productor podría obviarse. Me temo que sería un grave error pasar de largo la oportunidad de nombrarle. Este individuo se llamaba Tom Wilson, y, aunque otro día hablemos más de él, creo que tres líneas para enmarcarle vendrían al pelo.

Tom Wilson fue productor musical durante las gloriosas décadas de los 60s y los 70s. Trabajó para Columbia y para MGM (Verve). Como es posible que el nombre no diga mucho, apuntemos simplemente que le debemos sonidos de Bob Dylan (Like a Rolling Stone incluida), Simon and Garfunkel (The Sounds Of Silence incluida), The Velvet Underground (Sunday Morning incluida) y, por supuesto, The Mothers of Invention. Creo que los nombres hablan por sí solos. Otro día comentamos más de él.

El caso es que no parece claro que la influencia de Wilson en esta galleta fuera determinante a nivel de sonido. Más parece que fue el propio Zappa el que destiló los temas y definió las pautas durante la grabación mientras que Wilson ayudó a dar el empaque profesional y el marco comercial para ello.

Un disco, éste, con unas características fuera de lo normal. Para empezar fue un disco doble (lo que estaba completamente fuera del estándar por aquellos días. De hecho sólo unas semanas antes había salido al mercado el primer disco en ese formato y para este tipo de música, el sublime Blonde on Blonde del bardo de Minnesota). Pero, y para continuar, lo más destacado es la libertad que el grupo tuvo para hacer lo que hizo. No podemos olvidar que se trata del primer trabajo del grupo. Aún así, el segundo disco (la parte final en el CD que me regalaron por Reyes) es de un nivel experimental que tira de espaldas (hablamos de 1966). The Return Of The Son Of Monster Magnet es un corte para sentarse y escuchar. No sirve para bailar. No sirve para tararear. No sirve para anunciar nada. Hay que oírlo e interrogarse. Lo que cada cual prefiera. "¿Qué hago aquí perdiendo el tiempo?" también está permitido. Y eso que Zappa aseguró que lo que se presentó en la galleta no era el tema que tenía en mente sino la base sobre la que pensaba trabajarlo. Una base que le debió parecer a las cabezas pensantes de Verve suficientemente arriesgada ya como para rematarla con más capas de insurgencia.

Pero la primera parte del trabajo no tiene nada que ver con esta huida hacia alante. De hecho muchos de estos temas me sorprendieron por lo ortodoxa de la propuesta. Justo en ese punto intermedio donde no puedes acabar de creer que el producto no pretenda esconder una fina ironía acerca de la propia capacidad del oyente para aceptar lo inmediato. Esto me pasa con Lennon de vez en cuando también. Pero es una sensación que acepto. Incluso, se me ocurre, podría algún día traer temas que me despiertan justamente eso.

Pero me está quedando muy largo esto hoy. El disco lo merece. Paro aquí aunque, como dije, pasará Zappa más veces por estas líneas. De momento dos más seguro. Esos dos CDs aún envueltos en su celofán que me esperan en la estantería. No desvelo sus nombres.

Os dejo con el corte que hizo a Wilson acercarse a éstos. Creo que no sabía, en aquel momento, donde se estaba metiendo.

Cosas buenas a tod@s.


viernes, 29 de marzo de 2013

D.E.P. Paul Williams. Un centavo para la montaña rusa

Leo en efeeme acerca de la muerte de Paul Williams.

Williams era un auténtico desconocido para mí hace unas horas. Ahora me ha enganchado en parte por el invalorable enlace que la revista digital nos deja hacia unos ejemplares escaneados de la revista de crítica musical que el propio Williams fundó: Crawdaddy!. El enlace está aquí.


Echar un vistazo por esas páginas (para lo que veo inevitable tener un mínimo de conocimiento de idioma inglés) es gozar como un niño la mañana del seis de enero. He recuperado esa sensación que he tenido en ocasiones en algunas bibliotecas o librerías cuando, en mitad de un pasillo atestado de libros, he dado con uno que me ha llamado la atención, lo he abierto, y he comenzado con una línea al azar. La siguiente vez que he tenido consciencia de estar ficicamente ahí, leyendo, ha sido tres, cinco, nueve minutos después.

Leo en uno de los números un artículo acerca del Bob Dylan post Blonde on Blonde, y me zambullo en una diatriba acerca del personaje y su obra, no ya sobre el bardo de Duluth, sobre cualquier autor y cualquier producto de su talento. Impresionante. Recomendable. Escrito con pasión y seguramente con eso que Manrique no se cansa de aconsejar: una vez escrito, corrige; y una vez corregido, corrige otra vez. Los que llegan a lo alto han subido muchos peldaños.

Dentro de ese artículo me quedo con una frase genial que me ha empujado, en último término, a dejar estas líneas aquí. Dice traducido Williams: ...decirle a alguien que escuche una canción es como darle un centavo para la montaña rusa.

Suerte que estos centavos no los gobierna ningún estado político. Son moneda de curso libre. Sólo se necesita a ese que ya ha hecho el camino y la ha forjado. Para recibirla y disfrutar de gastarla.

Montaña rusa por favor.



Cosas buenas a tod@s.

viernes, 22 de febrero de 2013

H-D-H

Ayer me pasé el día en la cama. Bueno, la mayor parte del día. Ya sabéis, fiebre, toses, esas cosas que pasan en invierno. Y, con la modorra, me casqué los auriculares y me puse a escuchar a The Supremes.

La elección fue fortuita y por tanto en absoluto premeditada, pero en ocasiones estos encuentros te hacen escuchar canciones oídas mil veces con una atención inusitada. La casa vacía, el silencio gobernándolo todo.

Además las vocalizaciones de Diana Ross, Mary Wilson y Florence Ballard son espectaculares. A poco inglés que sepas hablar las coges sin problema. Así que aproveché para fijarme en las letas. Y, por supuesto, se me vinieron a la cabeza tres compositores/productores del más alto nivel. De esos cuyos nombres se escapan a menudo del conocimiento popular porque no salen a las tablas a dar la cara, pero que significan el alma de las canciones que otros interpretan.

Responden a los nombres de Brian Holland, Lamont Dozier y Eddie Holland (el primero y el último hermanos entre sí). Estos tres produjeron y compusieron de lo mejorcito que esa máquina alucinante de hits que fue la Motown de Berry Gordy sacó a la palestra durante los años 60s. Compusieron para las Supremes, desde luego, pero también para Four Tops, The Tempations, Marving Gaye, The Miracles,... vaya, para casi todas las estrellas de la década del sello de Detroit.

Su importancia durante aquellos años está fuera de toda discusión. No sólo nos han dejado canciones maravillosas, es que industrialmente fueron una auténtica mina de oro. Consiguieron 25 números uno. Se dice rápido. Por centrarnos en el grupo con que arranqué el post, diez de los doce números uno de The Supremes son salidos de sus manos.

Más tarde rompieron sus relaciones con Gordy. Problemas monetarios les llevaron a abandonar el sello y ahí se inició una larga batalla legal entre las partes. Siempre creo que estas cosas despistan del objetivo central, especialmente cuando de artistas hablamos. Hubo más producciones. Soy sincero, este falsario no ha recorrido aún ese camino, pero leyendo por encima lo que viene, me temo que H-D-H nunca sonó como cuando, allá por el 64, Diana Ross se calzó el Babylove y nos dejó a todos babeando.

Cosas buenas a tod@s.


viernes, 1 de febrero de 2013

No me arrepiento de nada

No, nada de nada,
No, no me arrepiento de nada

Ni el bien que me han hecho
Ni el mal, todo eso me da igual
No, nada de nada,
No, no echo de menos nada,
Eso esta pagado, barrido, olvidado,
Me importa un bledo el pasado
Con mis recuerdos , hice una fogata,
Mis tristezas, mis placeres, no los necesito más,
Barridos los amores y todos sus temblores
Barridos para siempre, vuelvo a empezar de cero.

No, nada de nada,
No, no me arrepiento de nada,
Ni el bien que me han hecho,
Ni el mal, pero no me importa.
No, nada de nada,
No, no me arrepiento de nada,
Porque mi vida, porque mis alegrías,
Hoy, comienzan contigo.



No hablo francés. Mea culpa. Por eso necesito que me traduzcan esta canción. Para comprender qué me dice esta mujer con su aliteración. Para desgranar de una puñetera vez qué cuentan unos versos que he oído mil veces. Metidos en publicidad, en cine, hasta el infinito repetidos. Para comprender finalmente que la protagonista no se arrepiente de nada. Un tema en la onda conceptual del my way. Una canción con la que mirar atrás sin ira y afrontar lo que queda contemporizando.


Qué vida la de esta tipa!. Edith Piaf. La pequeña gorriona de la canción francesa. Hay muchas sombras sobre la misma, posiblemente la leyenda y la realidad se mezclan hasta un punto a estas alturas indiscernible. Abandonada por sus padres en su primera infancia y criada por su abuela. Cuando, tras el alistamiento de su padre en el ejército para luchar en la Primera Guerra Mundial, es devuelta junto a su madre, ésta regenta un burdel en Normandía. Las prostitutas serán allí quienes cuiden de ella y le paguen una intervención que la hará recobrar la vista a la edad de siete años (la había perdido con tres). Madre a los 17 pierde a su hija por meningitis cuando ésta contaba tan solo con dos años. Es por aquella época cuando comienza a a cantar por clubes de París y cuando fabrica su imagen, siempre vestida de negro. Un puñado de vicisitudes sacadas sin concierto de una biografía de novela.

El caso es que tarde ya, hacia 1960, apartada de ese mundillo, la convencen para volver a entonar su voz y descerrajarnos un tiro en el corazón con esta melodía de Charles Dumont y esta letra de Michel Vaucaire.

Hay que escucharla sabiendo lo que dice. Por que en voz de una mujer que no se privó de nada, que lo vivió todo, tiene mucho más sentido el que no se arrepintiera de nada. Si lo cantara yo sonaría a chiste.

Cosas buenas a tod@s.

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Non, rien de rien,
Non, je ne regrette rien,
Ni le bien qu'on m'a fait,
Ni le mal, tout ça m'est bien égal.
Non, rien de rien,
Non, je ne regrette rien,
C'est payé, balayé, oublié,
Je me fous du passé.

Avec mes souvenirs, j'ai allumé le feu,
Mes chagrins, mes plaisirs, je n'ai plus besoin d'eux,
Balayées les amours, avec leurs trémolos,
Balayées pour toujours, je repars ŕ zéro

Non, rien de rien,
Non, je ne regrette rien,
Ni le bien qu'on m'a fait,
Ni le mal, tout ça m'est bien égal.
Non, rien de rien,
Non, je ne regrette rien,
Car ma vie car mes joies,
Aujourd'hui, ça commence avec toi.

martes, 8 de enero de 2013

Nota: Bakersfield.

Miguel Martínez nació en la ciudad donde yo vivo actualmente. Escribe sobre mil cosas y entre ellas sobre música. Me encantaría que no fuera así, pero no nos conocemos. De hecho él no tiene ni noticia de mí. Pero una de las cosas que Miguel Martínez escribió llegó a mis manos. Enterrada entre otras tantas que recopilaron Javier Blánquez y Juan Manuel Freire y editaron bajo la etiqueta de Teen Spirit, De viaje por el pop independiente. (Segunda recopilación que me aprieto del amigo Blánquez tras el imprescindible Loops, Una historia de la música electrónica.).

Pues Miguel Martínez hace, yendo aquí y allí por eso que llaman algunos alt-country y otros americana (si bien él insiste en su diferenciación), una apreciación que me parece muy interesante. Enfoca de una forma original y coherente la transformación del estilo clásico (country) en lo que a día de hoy nos encontramos. Habla de dos movimientos que perturban el sistema desde dentro, haciéndole ensanchar sus fronteras, modificándolo. Y les pone nombre. Bakersfield y Outlaws.

Bakersfield es una ciudad californiana de unos trescientosmil habitantes donde, en su página web, se puede leer cómo el jefe de policía comenta el incremento en la tasa de crímenes en la localidad o cómo Olivia García informa acerca de los acontecimientos relativos a la Cámara Hispana de Comercio. Sin embargo Bakersville tiene petroleo.
El petroleo es una de esas cosas que necesitamos para casi todo. Eso significa dólares, y los dólares son el mejor cebo para pescar hombres. Hay gente capaz de vivir sin alcohol, incluso sin sexo. Sin dólares (propios o ajenos) no.

Cuando llegó la Gran Depresión a los Estados Unidos, miles de personas de las zonas rurales se vieron enfrentados cara a cara al fantasma del hambre. Esto provocó un movimiento migratorio desde las amplias zonas agrícolas de los estados del centro hacia las zonas industriales y con recursos. A pueblos como Bakersfield comenzaron a llegar hombres rudos hechos a base de interminables jornadas de labranza, con manos preparadas para trabajar y espaldas con que soportarlo. Gente con gustos instintivos y ásperos. Alejados de los suaves sonidos del country clásico. Deseosos de quemar la última adrenalina del día en alcohol, empujados por la niebla del tabaco y agitados por el barullo de la música. Una música que no podía parecerse a las románticas baladas country al uso.

Y ahí aparecieron dos figuras. Dos elementos ligados a la parte sociológica de la cosa ésta de la música. Sus nombres: Buck Owens y Merle Haggard.


No puedo decir que ninguno de los dos haya acompañado mis horas desde antiguo. Lo que de ellos conozco me viene por escuchas de radio y lecturas a deshoras, pero el amigo Martínez va a ser el culpable de que comience a indagar más en profundidad sobre ellos. La lista del "debe" es infinita. Cuanto más escucho más crece.

Este post es el capítulo uno. En el siguiente capítulo, cuando sea que suceda, hablaré un poquito más (con algo de conocimiento incluso y si es posible) del señor Owens y del sonido encandilante de su Fender Telecaster.
De momento, una tapa.

Cosas buenas a tod@s.



lunes, 7 de enero de 2013

El hijo afortunado

Algunos tipos nacen
para ondear la bandera.
Oh, son rojos, blancos y azules
Y cuando la banda toca “Hail To The Chief”
te apuntan directamente con su arma.

No soy yo,
no soy yo,
no soy el hijo de un senador.
No soy yo,
no soy yo,
no soy yo el afortunado.

Algunos tipos nacen
con una cuchara de plata en la mano
Señor, acaso les falta algo?
pero cuando el inspector de hacienda toca a la puerta,
Señor, la casa parece un mercadillo de segunda mano.

No soy yo,
no soy yo,
no soy el hijo de un millonario,no.
No soy yo,
no soy yo,
no soy yo el afortunado.

Alguna gente hereda
ojos trufados de estrellas,
Oh, ellos te mandan a la guerra.
Y cuando preguntaste,
¿cuánto deberíamos dar?
su única respuesta fue: "más, más, más"

No soy yo,
no soy yo,
no soy el hijo de un militar,no.
No soy yo,
no soy yo,
no soy yo el afortunado.

No soy yo,
no soy yo,
no soy yo el afortunado,no.
No soy yo,
no soy yo,
no soy yo el hijo afortunado.


Ya tardaba en traer a la etiqueta lyrics este himno pacifista, inmenso rock'n'roll donde los haya que parió John Fogerty y su Creedence Clearwater Revival en pleno tumulto y debate sobre qué hacian los USA en la Guerra de Vietnam, a cientos de millas de casa. El sinsentido recurrente de la guerra. Ese que pensamos por momentos que hemos dejado atrás y que, sin embargo, vuelve a nosotros como parte inherente de la contradiccion humana.

Pero no es meramente anti-belicista. La canción pone el dedo sobre la llaga de la diferenciación social. Abriendo el cajón de las palabras incómodas para una clase acomodada que aprovecha sus contactos para evitar el conflicto a sus hijos mientras la clase trabajadora los ve marchar al frente. A defender precisamente las riquezas y el modus vivendi de los primeros.
El hecho de que se mencione en la letra "no soy el hijo de un senador" no es gratuito. Fogerty quiso referir un caso concreto, el de David Eisenhower (nieto del presidente Eisenhower), que ya salía con la que sería a la postre su mujer, Julie Nixon (hija del presidente Nixon). El autor sabía perfectamente lo que quería señalar y denunciar.

Como otros temas en un sentido parecido (traeremos bajo esta misma etiqueta el Born in the USA de Bruce Springsteen), Fortunate Son ha sido confundida con una canción pro-americana. Y no sólo fuera del ámbito anglosajón y debido a un problema idiomático. Campañas publicitarias han utilizado la melodía con sesgos de la letra para promoción de artículos tan yanquis como unos pantalones vaqueros. Leo que hay un problema detrás de esta utilización. Fogerty perdió los derechos sobre sus canciones tras la firma, durante una complicada etapa a nivel económico, de un leonino contrato con Fantasy Records. El mismo dejaba los derechos de los temas lejos del alcance de la CCR siempre y cuando no fueran ellos los que los interpretasen. Algunos sí que han sido los hijos afortunados de este asunto.

La canción ve la luz en el álbum Willy and the Poor Boys, del 69 y fue single junto a Down on the Corner. Como anécdota, el mismo Fogerty contaba que su desgarrada voz en esta grabación viene de la larga sesión que tuvo precisamente con Down on the Corner antes de ponerse con el tema.

En ocasiones hablo más de música. Hoy me apetecía contar el trasfondo de la letra de esta enorme canción. Temazo donde los haya. Para lyrics, pero también para himnos. Una de las de la isla desierta.

Cosas buenas a tod@s.

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Some folks are born
Made to wave the flag
Oh, they're red, whit and blue.
And when the band plays "Hail to the chief",
Oh they point the cannon right at you.

It ain't me
It ain't me
I ain't no senator's son
It ain't me
it ain't me
I ain't no fortunate one

Some folks are born
Silver spoon in hand
Lord, don't they help themselves
But when the tax man comes to the door
Lord, the house looks like a rummage sale

It ain't me
It ain't me
I ain't no millionaire's son no
It ain't me
It ain't me
I ain't no fortunate one no

Some folks inherit
Star-spangled eyes
Oh, they send you down to war
And when you asked
"How much should we give?"
Their only answer "more, more, more"

It ain't me
It ain't me
I ain't no military son
It ain't me
It ain't me
I ain't no fortunate one

It ain't me
it ain't me
I ain't no fortunate one no
It ain't me
it ain't me
I ain't no fortunate son

domingo, 9 de diciembre de 2012

Despertarse, mear, beber café, oír una canción

Cuando consigo juntar varios días de vacaciones pero, por no ser suficientes, decidimos no ir a ningún sitio y quedarnos en casita, se produce el efecto furtivo matutino en que me despierto con la casa a oscuras (siendo, como es, diciembre) y en silencio. A hurtadillas salgo de la cama, paso por el lavabo, me preparo un café y me vengo a la pequeña habitación donde tengo el ordenador. Intentando no interrumpir el sueño de nadie.
Me siento, enciendo el aparato, conecto los auriculares, y comienzo a pasar un dial cerebral donde encontrar una canción que me encaje entre la cafeina y las aún adormecidas neuronas.
Esto de que levantarse y venirse a escuchar música sea todo uno, defiende mi mujer que forma parte de un trastorno obsesivo-compulsivo aún por diagnosticar. Yo lo llamo aprovechar el silencio.

Me ha traído otro recuerdo a la cabeza. Cuando era niño realizábamos en ocasiones viajes en coche de varias horas (hablo de ocho, nueve horas). Mi padre dormía mal la noche anterior y cuando se cansaba de la duermevela nos hacía a todos subir al Renault 8 y tirar millas. A veces eran las cinco de la mañana. Cuando ya tuve cierta edad me pedía que estuviese en el asiento del copiloto y que me encargase de que no faltase la música. Esto venía a significar, a fin de cuentas, que estuviese atento a cuando la cinta había dado la vuelta para cambiarla por otra. Podía decidir, pero dentro de un abanico formado por Julio Iglesias, Carlos Cano, Maria Dolores Pradera, diferentes intérpretes de copla, Raphael, ...

La sensación que tenía entonces no es tan diferente de la que me sobreviene ahora. Buscar las coordenadas que mejor encajen con la actitud cerebral bajo cero del recién despertado.
Llegué a la conclusión de que no existe la canción perfecta para esos momentos. En ocasiones la materia gris necesita silencio y cualquier música viene a perturbar ese remanso de paz solicitado, acelerando el despertar y poniendo en marcha la luz roja de la atención.

Tiro del recuerdo para traer al blog a un autor que podría ser un charco si no lo pensase lo suficiente, pero que creo que es más, o al menos fue más, que el personaje que nos llega a todos. Hablo de Julio Iglesias.

Me interesa bastante el Julio Iglesias de los comienzos, el que superó el accidente, el de los pubs ingleses, el que acudía con su guitarra a los espectáculos, el de los primeros festivales.  El que se puede encontrar si se escarba bajo el personaje parodiado hasta la saciedad. El Julio Iglesias de la segunda etapa, me refiero al Julio Iglesias que se comió a Julio Iglesias, no me interesa ya tanto. Lo pone más fácil para que mi atención se escape hacia otro sitio. Podía haber sido más, como un Elvis veguero y trasnochado, pero no quiso, y, en lo personal, es de respetar.

Escuché algunos discos de Julio Iglesias en aquellos viajes. Pero si se trata de la primera vez que lo traigo al blog, vaya con la canción que le significó la puerta que le abrió los platós de Televisión Española y los oídos del españolito medio: La vida sigue igual.
Con ella ganó el Festival de Benidorm de 1968 y con ella obtuvo el contrato de Columbia.

En el vídeo de la canción, más abajo, se le ve en una actuación para televisión promocionando su actuación en el Festival de Eurovisión de Amsterdam del 70, si bien allí no fue con La vida sigue igual, sino con Gwendolyne. Pero esa es otra canción.

Cosas buenas a tod@s.


domingo, 18 de noviembre de 2012

Versión de lujo

Todo el mundo me está hablando
No oigo una palabra de lo que están diciendo
Sólo los ecos de mi mente
La gente para y mira
No puedo ver sus caras
Sólo las sombras de sus ojos

Me voy donde el sol sigue brillando
A través de la lluvia torrencial
Yendo donde el clima se adapta a mi ropa
Dándole la espalda a los vientos del noreste
Navegando en la brisa de verano
Y saltando sobre el océano como una piedra
Me voy donde el sol sigue brillando
A través de la lluvia torrencial
Yendo donde el clima se adapta a mi ropa
Dándole la espalda a los vientos del noreste
Navegando en la brisa de verano
Y saltando sobre el océano como una piedra

Todo el mundo me está hablando
No oigo una palabra de lo que están diciendo
Sólo los ecos de mi mente
No permitiré que dejes mi amor atrás
No, no permitiré que dejes
No permitiré que dejes mi amor atrás


Hubo un tiempo (hablo de hace más de 20 años) en que tuve la osadía de pensar que esta era una de las dos mejores canciones que se habían escrito jamás. La otra era el Like a Rolling Stone de Dylan.
Con esto quiero decir que sentimentalmente me une mucho a esta canción. 
La escuché por primera vez en una furtiva visión pre-adolescente de Cowboy de medianoche (Midnight cowboy, John Schlesinger, United Artist, 1969) lo que imagino la confirió de la visión subjetiva de lo prohibido.

El tema se llama Everybody's talking y esta versión (la de la peli) la interpreta Harry Nilsson. Sin embargo el tema no es suyo, lo había compuesto tres años antes Fred Neil, un cantautor folk americano que pasó la mayor parte del tiempo escribiendo canciones para otros, una parte importante de ellas en lo que fue el Brill Building de Nueva York (no se me puede escapar hablar del Brill Building un día).
Este tema no estuvo pensado para que lo interpretara Nilsson, de hecho salió publicado en un trabajo del propio Fred, pero la versión de Nilsson para la película lo catapultó al conocimiento masivo.

Una peli meritoria y una versión a la altura.

Cosas buenas a tod@s.

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Everybody's talkin' at me
I don't hear a word their sayin'
Only the echos of my mind
People stop and stare
I can't see their faces
Only the shadows of their eyes

I'm goin' where the sun keeps shinin'
Through the pourin' rain
Goin where the weather suits my clothes
Bankin off of the northeast winds
Sailin on summer breeze
And skippin over the ocean like a stone
I'm goin' where the sun keeps shinin'
Through the pourin' rain
Goin where the weather suits my clothes
Bankin off of the northeast winds
Sailin on summer breeze
And skippin over the ocean like a stone

Everybody's talkin' at me
Can't hear a word their sayin'
Only the echos of my mind
I won't let you leave my love behind
No i won't let you leave
I won't let you leave my love behind

sábado, 3 de noviembre de 2012

Una de las mejores canciones jamás escritas

Vereis, yo tuve una vez 16 años. Y tenía un amigo con el que de tanto en tanto me sentaba a escuchar vinilos de flamenco y de los Beach Boys. Sí, así de diferente era la cosa. Pasábamos de esa jota aragonesa tamizada por el saber de Cádiz que son las alegrías al puro sonido pop californiano de los 60. Y por supuesto discutíamos. No estábamos de acuerdo con cual era la mejor melodía. Nunca. Creo que más por el hecho de sobreponer nuestra opinión sobre la del contrario que por ser mínimamente capaces de emitir juicios críticos con base y fundamento.

Con permiso me centraré hoy en el sonido californiano. Otro día hablamos de flamenco.

Mi amigo venía de un sitio con mar. Pasaba sus veranos junto a la playa y luego arrastraba su melancolía durante todo el invierno. Ser de un sitio diferente al que vives te transfiere una identidad específica a la que poder agarrarte cuando se siente el vértigo de parecerte demasiado a lo que te rodea y, por ende, acabar completamente desapercibido. Los Beach Boys significaban su banda sonora particular. Me grababa cintas sobre unos tipos con los que luego no podía hacer nada el resto de las horas del día que no pasaba con él. Nadie los conocía. Nadie los escuchaba. No los pinchaban en los bares. Pero poco a poco me fui acostumbrando a sus canciones, a su personal forma de entender la música, a sus recurrentes temas de chicas, coches, playas, el dorado e idílico panorama de postal de la soleada California. Y empecé a distinguir sus canciones.


Mucho tiempo después mi interés por la música fue más allá de la mera escucha. Y por otros caminos llegué a sitios donde antes me había encontrado sin saberlo. El más evidente de ellos la canción que hoy traigo al blog. Personalmente con la que más me identifico de Brian Wilson y los suyos. Y leí en una ocasión la historia de un loco con una idea en la cabeza. Un obseso compulsivo que se encerró en un sótano con un cuatro pistas y una coda en la cabeza y no paró hasta dar con una composición enorme, livianamente perfecta, un tema que dió alma a un trabajo excelso que se llamó Pet Sounds. Si esa historia que leí describía o no literalmente lo que ocurrió me es igual a estas alturas, prefiero creérmela que conocer la verdad y destrozarla.

Cuando conocí esta canción, cuando la interioricé, no sabía inglés como para comprender su letra. No me quedó otra que inventármela, igual que hacía con el resto de canciones. Y hablaba de cosas cojonudas e increibles. Con el tiempo fui capaz de entenderla. Y, lo reconozco, me llevé una pequeña desilusión. No le había dado yo una temática tan conservadora y republicana. Decidí pues olvidarme de la letra y volver a mis carreteras abiertas, mis atardeceres junto al Pacífico y mis chicas saliendo del agua sacudiendo la cabeza.

Decían dos tipos "sin ritmo" que era el mejor trabajo pop que se había escrito jamás (haz click aquí). Joder, qué razón tenían.

Dije en una entrada hace ya tiempo que un día hablaríamos más en concreto de este tema. Ese día llegó. Una de las de la isla desierta, Wouldn't it be nice. Gran Reserva.

Cosas buenas a tod@s.



martes, 23 de octubre de 2012

Voy a esperar hasta la medianoche

Voy a esperar hasta la medianoche
Es entonces cuando mi amor vuelve dando tumbos.
Voy a esperar hasta la medianoche
Cuando no hay nadie más alrededor.
Te voy a coger y voy a abrazarte
Y hacer todas las cosas que te dije
A medianoche.
Sí, lo soy
Oh sí, lo soy.
Una cosa más quiero dejar clara, 

Voy a esperar hasta que salgan las estrellas
y verlas brillando en tus ojos.
Voy a esperar hasta la medianoche
Es entonces cuando mi amor comienza a brillar.
Eres la única chica que conozco
Realmente te quiero tanto
En la hora de la medianoche
Oh, sí
En la hora de la medianoche
Sí, está bien

Voy a esperar hasta la medianoche
Es entonces cuando mi amor vuelve dando tumbos.
Voy a esperar hasta la medianoche

Es entonces cuando mi amor comienza a brillar
Sólo tú y yo
Oh chica eh!
Sólo tú y yo
Sin nadie alrededor
Sólo tú y yo
Bien
Sabes que?
Voy a apretarte entre mis brazos
Sólo tú y yo
Oh, sí
En la hora de la medianoche
Oh chica, en la hora de la medianoche
....



Hubo una época, justo antes de la Invasión Británica de mediados de los 60, en que un grupo de músicos de color se pusieron en marcha para conseguir un sonido, una forma de interpretación, un espectáculo, que marcaría una huella definitiva en la historia de la música popular.
Fue la época de Motown, de Stax, de Atlantic, y de decenas y decenas de nombres de músicos, vocalistas, compositores, y empresarios que hicieron emerger de fuentes como el gospel una ola cuya resaca se siente aún hoy día.

In the midnight hour es un temazo de un señor llamado Wilson Pickett. Publicado en el 65 en Stax, y escrito junto a uno de los guitarristas de sesión de aquel imprescindible combo de la Stax llamado Booker T and the MGs. Hablo de Steve Cropper (del que ya hablé con anterioridad aquí). De hecho, Booker T y los suyos fueron la banda de acompañamiento en la versión original. Como no podía ser de otro modo en un éxito de Stax de aquella época, la producción corrió a cargo de Jerry Wexler.

Un tema que ha sido versionado por multitud de artistas desde entonces. Soul de alta temperatura, sexual, con esos puntos descarnados que tanto me gustan de la música negra, lejos de las letras políticamente correctas del rock'n'roll caucásico. Dice la letra:
Voy a esperar hasta la medianoche
Es entonces cuando mi amor vuelve dando tumbos.
Voy a esperar hasta la medianoche
Cuando no hay nadie más alrededor.
Te voy a coger y voy a abrazarte
Y hacer todas las cosas que te dije 
Es a la medianoche cuando ella vuelve borracha. Cuando él la espera en casa. Cuando no hay nadie más alrededor, y entonces es cuando le hará todas las cosas que le contó. Y la letra me huele a despecho, a celos, a cobardía y a rencor, a frustración y amor envenenado. Y hay que entender esto para comprender por qué se canta la letra así. Por qué los soul-men de los 60 de desgañitaban sobre el escenario. No están contando lo felices que son amando, está dejando escapar la cara oculta de su pasión. Acercándose aquí el blues-man (aunque éste es más machista que el soul-man a mi parecer) o al cantaor flamenco (que se queja y se lamenta pero normalmente no publica su reacción más íntima).

Aunque iremos trayendo más, sirva esta cucharada de soul para ir aliviando los síntomas de su mayoritaria ausencia.

Cosas buenas a tod@s.


===================================================================
I'm gonna wait til the midnight hour
That's when my love comes tumbling down.
I'm gonna wait til the midnight hour
When there's no one else around.
I'm gonna take you, girl and hold you
And do all the things I told you
In the midnight hour.
Yes I am
Oh yes I am.
One more thing i just wanna set right

I'm gonna wait til stars come out
And see that twinkle in your eyes.
I'm gonna wait til the midnight hour
That's when my love begins to shine.
You'll be the only girl I know
That really love me so
In the midnight hour
Oh yeah
In the midnight hour
Yeah, alright

I'm gonna wait til the midnight hour
That's when my love comes tumbling down.
I'm gonna wait where the midnight hour
That's when my love begins to shine
Just you and i
Oh baby huh!
Just you and i
Nobody around baby
Just you and i
Alright
You know what
Im gonna hold you in my arms
Just you and i
Oh yeah
In the midnight hour
Oh baby, in the midnight hour

And do all the things I told you
In the midnight hour.
Yes
I am
Oh yes
I am.

I'm gonna wait til stars come out
And see that twinkle in your eyes.
I'm gonna wait til the midnight hour

That's when my love begins to shine.
You'll be the only girl I love
And really love you so
In the midnight hour

Oh yeah
In the midnight hour.
I'm gonna wait til the midnight hour

I'm gonna wait til the midnight hour

I'm gonna wait til the midnight hour ...

domingo, 14 de octubre de 2012

Dylan, Johnston y un vuelta inesperada

Todavía no he llegado a ese punto del que otros hablan en que la escucha de un disco de Bob Dylan supone una amarga decepción. Puede ser, no lo niego, porque me queda aún mucho por descubrir del de Duluth, pero sonrío contento de seguir alucinando a través de los sonidos y las letras del que posiblemente sea el cantautor más importante que la música popular jamás ha dado.

Esta semana me paré con atención a escuchar el que fue su octavo disco de estudio: John Wesley Harding. Un trabajo del que conocía (conscientemente) dos temas All along the watchtower y I'll be your babe tonight. Y me he encontrado con un puñado de cortes espectaculares, lejos de cualquier decepción, incluso entrando en la comparación con esa trilogía de cabecera que para mi suponen The freewheeling..., Highway 61 y Blonde on blonde.

Es un trabajo del que se podría escribir largo y tendido si por la labor de apuntar con la linterna a los detalles estamos. Trabajo que produce Bob Johnston, un tejano que ha sido culpable de sonidos de tipos de la talla de Johnny Cash o Leonard Cohen, es decir, por currículum no será. Un tipo que fue el artífice del sonido álbum de la electrificación de Dylan al producir aquel Highway 61 revisited mencionado arriba (donde, casualidad, produjo todo menos el Like a rolling stone). Que siguió en esa linea en el genial Blonde on blonde, y que, cuando menos se podía esperar, acompañó también al autor en una vuelta al sonido acústico que se presenta en este JWH.

Hay quien dice que JWH no significa una vuelta al sonido primigenio de Dylan, que es un salto a otro nivel acústico, más cercano al country y menos en la línea de cantautor protesta del comienzo. Yo no llego a distinguir el matiz hasta ese nivel. En cualquier caso me parece un sonido maravillosamente primitivo, con una presencia brutal de la armónica. Impactante en todos los temas excepto en los dos últimos, más dinámicos, con la presencia de la pedal steel guitar de Pete Drake (Down along the cove y la mítica I'll be your babe tonight). 

Y, si de letras se trata, amigo, éste es tu disco. Contaba la madre de Dylan que se encontraba éste durante esta época, inmerso en lecturas religiosas. Habla de su casa repleta de libros de suelo a techo, apilados por cualquier parte, y de la presencia imponente de un atril con una Biblia abierta en medio del caos, libro al que se acercaba de tanto en tanto para quedarse con una cita, para leer una expresión y extraer algún comentario. No he leído lo suficiente de la "etapa religiosa" de Dylan aunque sí sé de su existencia. JWH sería un disco perteneciente de pleno a esa circunstancia.
Temas como The ballad of Frankie Lee and Judas Priest son para escribir un tratado de ocultismo, cábala y asociaciones secretas. Si no os habéis parado a leer su letra lo recomiendo. El Dylan más enigmático y hermético se encuentra aquí. Una parábola de la que cada uno puede sacar sus propias conclusiones (incluso a pesar de que el propio cantautor nos deje su moraleja en el último párrafo: "Uno no debe de estar donde no pertenece").
Se habló y se ha escrito mucho acerca del aspecto inciciático de este trabajo, incluso interpretando las iniciales del nombre del título como una forma de encubrir el nombre de JAWEH (el Dios judío). Incidiendo en el purgatorio que significan los diez primeros temas con sus básicas melodías para acabar en la resurrección de esos dos últimos temas con la pedal steel guitar de por medio. A mi parecer más "ganas de..." que otra cosa.

Leyendas hay también que rodean este trabajo (como suele pasar con Dylan). La más conocida de ellas la supuesta presencia de las caras de los Beatles en la corteza del árbol que aperece en la fotografía de la portada del disco. Dicen, de hecho, que sólo en la carpeta del vinilo son perceptibles. Váyase usted a saber. No lo tengo en vinilo, pero me temo que es más parte de la leyenda que de la realidad.

Con todo un álbum grande. Para escuchar tranquilamente y para leerse sus letras. Con temas extrañamente cortos y concretos para lo que es Dylan. Eché en falta esas letanías y esos mantras a los que me tiene tan habituado. Pero no porque lo que me encontrase en su lugar restase un ápice de calidad al producto. Antes de ayer, sin ir más lejos, me tiré todo el día tarareando I'll be your baby tonight. Que se lo pregunten a mi mujer... y a la mitad del público que visitó el CosmoCaixa. Pero, quién se resiste a esta melodía?



Cosas buenas a tod@s.


viernes, 14 de septiembre de 2012

Problemas generacionales

La gente trata de menospreciarnos (Hablando de mi generación)
simplemente porque no paramos quietos (Hablando de mi generación)
miran las cosas con una indiferencia atroz (Hablando de mi generación)
ojala me muera antes de envejecer (Hablando de mi generación)

Esta es mi generación
Esta es mi generación, nena

Por que no desapareceis (Hablando de mi generación)
y dejáis de fastidiar todo lo que decimos (Hablando de mi generación)
No pretendo causar una gran sensación (Hablando de mi generación)
sólo hablo de mi generación (Hablando de mi generación)

Esta es mi generación
Esta es mi generación, nena

Mi generación

Por que no desapareceis (Hablando de mi generación)
y dejáis de fastidiar todo lo que decimos (Hablando de mi generación)
No pretendo causar una gran sensación (Hablando de mi generación)
sólo hablo de mi generación (Hablando de mi generación)

Esta es mi generación
Esta es mi generación, nena
Mi generación


La gente trata de menospreciarnos (Hablando de mi generación)
simplemente porque no paramos quietos (Hablando de mi generación)
miran las cosas con una indiferencia atroz (Hablando de mi generación)
ojala me muera antes de envejecer (Hablando de mi generación)

Esta es mi generación
Esta es mi generación, nena
Mi generación
Hablando de mi generación
(Hablando de mi generación)


Dentro de esta sección que insiste en saber de qué nos hablan las canciones, un himno generacional (y perdón por la facilidad). Una canción sublime que es, a la vez, todo un himno para un servidor (y para la mitad de mi generación (perdón, volví a hacerlo)). Una canción cantada por unos monstruos: My Generation, de The Who.

Corría el año 1965 cuando salió a la luz el primer álbum de unos chavales de las islas agrupados bajo la etiqueta The Who. Si el podio del éxito de la música popular internacional tiene a Beatles y Stones encaramados en las dos posiciones más altas, la eterna discusión de quién habría de encontrarse en tercera posición extiende el debate a una serie de grupos entre los que, estos chavales, deben de aparecer con las máximas posibilidades (y The Byrds, y The Kinks, y ...).

Son tan grandes que, aunque sea por una vez en la vida, hay que leerse sus nombres aunque sea a consta de olvidarlos diez minutos más tarde. The Who eran: Keith Moon, un baterista único del que otro día hablaremos más en detalle; John Entwistle, el bajo del grupo y sin lugar a dudas un referente mundial; Roger Daltrey, un front-man con todas las de la ley, aunque sacara de quicio a algunos americanos de esos que tienen dos manos, la derecha y la extrema derecha; Pete Townshend, posiblemente, junto a Hendrix el gran guitarrista de la música popular del siglo XX, sólo igualables por un puñado de avanzados como Page, Clapton, Beck, ...

Pero hoy toca hablar de la canción. Quién no conoce este tema?. Y lo cierto es que quien se acerque a The Who por él tiene muchos números de encontrarse con un escenario muy diferente de lo que podría haberse imaginado. Algo parecido al que se acerca a The Beatles pensando que todo es Yesterday. Circunstancia que, no obstante, no resta ni un gramo de genialidad y fuerza al tema.

Por aquel entonces los Who formaban parte de ese grupo de jóvenes británicos obnubilados con los sonidos R&B americanos y las reminiscencias delta (chavales como Richards, Davies, ...), y empapados como estaban hasta la médula se metieron en la elaboración de un grito de guerra para una generación perdida, el colectivo mod. Sacaron sus guitarras y sus ritmos a relucir y parieron una banda sonora y un lugar común donde volcar la rabia de la incompresión de unos pocos ante una sociedad adulta que les ignora, les malinterpreta y les aisla. El eterno problema generacional intrínseco a la humanidad misma.

Un punto especialmente característico de la misma es el efecto sonoro (cacofónico?) de Daltery al final de algunas frases, ese tartamudeo genial que el propio manager de la banda, Kit Lambert, encontró como un rasgo del carácter más intrínseco de la dicción adolescente británica de un chaval atropellado por soltar la idea que la rabia le ha creado. Un tartamudeo que hizo a la BBC no promover el tema hasta que tuvo fama suficiente por cautela ante posibles quejas de la audencia entendiendo la canción como una burla hacia la tatamudez (gente que se la coge con papel de fumar ha habido siempre).

Una curiosidad de la misma es el bajo de solo que se marca Entwistle. Como nadie se había parado a dar esa atención al bajo con anterioridad, era común en las primeras emisiones en televisión que la cámara, al llegar el momento, apuntara en plano corto las manos y la guitarra de Townshend, que permanecían paradas, mientras la línea evolucionaba y alguien (el realizador) miraba los monitores en busca de la raíz del sonido para pinchar donde tocaba.

Una canción preciosa donde las haya. Un temazo. Por algo nadie debería de ignorar quienes fueron The Who.

Cosas buenas a tod@s.

=========================================
People try to put us d-down (Talkin' 'bout my generation)
Just because we get around (Talkin' 'bout my generation)
Things they do look awful c-c-cold (Talkin' 'bout my generation)
I hope I die before I get old (Talkin' 'bout my generation)

This is my generation
This is my generation, baby

Why don't you all f-fade away (Talkin' 'bout my generation)
And don't try to dig what we all s-s-say (Talkin' 'bout my generation)
I'm not trying to cause a big s-s-sensation (Talkin' 'bout my generation)
I'm just talkin' 'bout my g-g-g-generation (Talkin' 'bout my generation)

This is my generation
This is my generation, baby

Why don't you all f-fade away (Talkin' 'bout my generation)
And don't try to d-dig what we all s-s-say (Talkin' 'bout my generation)
I'm not trying to cause a b-big s-s-sensation (Talkin' 'bout my generation)
I'm just talkin' 'bout my g-g-generation (Talkin' 'bout my generation)

This is my generation
This is my generation, baby

People try to put us d-down (Talkin' 'bout my generation)
Just because we g-g-get around (Talkin' 'bout my generation)
Things they do look awful c-c-cold (Talkin' 'bout my generation)
Yeah, I hope I die before I get old (Talkin' 'bout my generation)

martes, 11 de septiembre de 2012

Los Ángeles

En la vida hay que ser agradecido.

Por eso creo importante comenzar este post con un agradecimiento a dos personas, el director y el guionista de un documento que enlazaré más abajo y que terminó publicándose allá por el 2006. Ellos son respectivamente Alejandro Pérez y Fernando Diaz de la Guardia.

El resultado es un documental acerca de la formación, vida y continuidad de una de las bandas que conformó aquello que aquí en el blog llamo la edad de la inocencia, ese tramo de los 60 en el que España comenzó a abrirse a nuevos sonidos gracias al esfuerzo y sobretodo la ilusión de unos cuantos jóvenes que rompieron con lo establecido para que viniéramos detrás los borregos a pastar tranquilamente en la ladera. Se llamaron, se llaman, Los Ángeles.


Todo está en el video, sobran los datos en el post, tan sólo hacer una breve introducción para aquellos que nunca oyeron hablar de éstos. Los Ángeles comenzaron siendo dos colegas apasionados por la música moderna. Sin pretensiones más allá que la de tocar en alguna reunión de amigos o en algún pequeño encuentro a nivel local. Más adelante se les unió un tercero, un chaval dos años mayor que además de tocar la batería tenía la visión y el entendimiento musical que les faltaba a los primeros. Más tarde se uniría un bajo. Si bien hubo variaciones en su alineación debido a servicios militares y decisiones varias de abandonar una vida de viajes y bolos, podemos decir que la formación clásica de los granadinos la conformaron Alfonso González (Poncho, batería y voz), Carlos Álvarez (guitarra y voz), Agustín Rodríguez (guitarra rítmica y coros) y Paco Quero (bajo). Importante no dejar de mencionar a Pepe Robles (que, a su marcha, formará Módulos) y a José Luís Avellaneda.
Un nombre a mencionar imprescindible en su despegue, el de Rafael Trabuchelli. Trabuchelli fue un productor sin el que no podríamos explicar la música popular de este país en los 60. El sonido torrelaguna de Hispavox. Otro día volveremos sobre esto.

Los Ángeles fueron, sobretodo durante su primera época, un grupo de versiones. Pero, qué versiones!. El video que podéis seguir en los enlaces de abajo deja constancia por contemporáneos perfectamente cualificados para ello de un sonido y unos juegos vocales excepcionales, de un oficio levantado a base de tocar todas las noches y ensayar todas las mañanas y que hace de la de músico una profesión al nivel de cualquier otra en cuanto a dedicación y esfuerzo.

Videos
LOS ÁNGELES DE ESPAÑA PARTE 1
LOS ÁNGELES DE ESPAÑA PARTE 2
LOS ÁNGELES DE ESPAÑA PARTE 3
 
Yo viví muchos años en un cuarto.
En el tercero, debajo, en parte, de lo que era mi dormitorio y la cocina del piso de mis padres, vivía la madre de Paco Quero, la señora Pilar. Mi padre siempre que nos la cruzábamos me lo recordaba.  Y en alguna ocasión llegó a tararearme la melodía pegadiza y optimista de 98.6. Desgraciadamente la radio de finales de los 70 no visitaba ya aquellos sonidos. Como es de ley nuevos tiempos arramblan con los viejos y se autodeterminan utilizando la negación a lo recién pasado como medio. Esperando al estado de clásico se quedaron estos, y otros muchos, sonidos durmiendo el sueño que ahora, humildemente desde este mismo post, reivindicamos.

Una versión preciosa. Un himno en mi caso. No era de ellos, pero ellos la cantaban... sí, como Los Ángeles.

Cosas buenas a tod@s.



martes, 24 de julio de 2012

Empezando a rodar

Hace poco se cumplían 50 años del primer concierto que The Rolling Stones dieron en la mítica Marquee en Londres. La primera vez. Otro momento para el que llegué tarde.
Se ha estado escribiendo mucho en la blogosfera acerca de este hecho. Un simple paseo por revistas del ramo deja suficiente información como para convertirse en un experto, incluso la prensa general se hizo eco.

Por eso no entraré en comentar el tema una vez más, sería repetir y lo mucho cansa. Sin embargo encontré en la web oficial the Sus Majestades Satánicas el set list de aquella noche que tantos nos perdimos. Una selección de temas de blues y r'n'r de caerse de culo al suelo. La primera impresión (y la llevaré a cabo) es dedicarle una gramola un viernes de estos. Pasar tema a tema e irlos ingiriendo todos como si fuesen fondos de bourbon reposado.

Dieciséis dulces (que diría el abuelo) escalones al paraiso. Todo vuestros.

The Set List

    Kansas City – Wilbert Harrison
    Honey What’s Wrong – Billy Fury
    Confessin’ The Blues – Chuck Berry
    Bright Lights, Big City – Jimmy Reed
    Dust My Blues – Elmore James
    Down The Road Apiece – Chuck Berry
    I Want To Love You – Charles Smith
    I’m A Hoochie Coochie Man – Muddy Waters
    Ride ‘Em On Down – Robert Johnson
    Back In The USA – Chuck Berry
    I Feel A Kind Of Lonesome – Jimmy Reed
    Blues Before Sunrise – Elmore James
    Big Boss Man – Jimmy Reed
    Don’t Stay Out All Night – Billy Boy Arnold
    Tell Me That You Love Me – Fats Domino
    Happy Home – Elmore James

Cosas buenas a tod@s.


domingo, 22 de julio de 2012

Canción para tiempos revueltos

Veo los árboles verdes,
rosas rojas también,
las veo florecer,
para ti y para mí.

Y me digo a mi mismo:
"qué mundo tan maravilloso".

Veo cielos azules,
y nubes blancas,
la luz del bendito día,
la oscuridad de la sagrada noche.

Y me digo a mi mismo:
"qué mundo tan maravilloso".

Los colores del arcoiris
tan bonitos en el cielo,
están también en las caras
de la gente que pasa.
Veo amigos dándose la mano
diciendo "¿cómo estás?"
en realidad están diciendo
"te quiero".

Oigo bebés llorando,
les observo crecer,
aprenderán mucho más
de lo que yo nunca sabré.

Y me digo a mi mismo:
"qué mundo tan maravilloso",
Si, me digo a mi mismo:
"qué mundo tan maravilloso".


Sé que no es la grabación original, pero ver las expresiones de este gigante de la música mientras interpreta este temazo no tiene precio. Uno de los más grandes, el señor Louis Armstrong.

La canción la escribieron dos tipos llamados Bob Thiele (un productor de ABC records) y George Weiss, un cantautor con otros hits en su haber. Y se escribió en un principio para Tony Bennett, que la rechazó. La canción habla de optimismo, de un vistazo feliz a la realidad que nos rodea, de ilusión y de futuro. Sin embargo, incluso con todos estos factores, el director de ABC no acabó de creer en ella y no la promocionó hasta que no tuvo delante de sus narices el éxito que alcanzó en las listas de UK.

La película Good Morning Vietnam fue posiblemente el trampolín que la lanzó a miles de oídos a finales de siglo. Rescatada desde entonces en radio y televisión, como estímulo publicitario y banda sonora casera de bautizos, bodas y comuniones, What a Wonderful World se ha convertido en un icono de la música popular que difícilmente a nadie escapa.

A mí me parece una gran canción, aunque de esas que necesita de su intérprete para alcanzar el sumum. Ni Joey Ramone después, ni tantos otros que lo han intentado, me la han sabido vender con la misma intensidad. Y, por supuesto, no confundir con otros "mundos maravillosos" que nos trajeron Sam Cooke o Black. Otro día viajaremos a ellos.

Nota: preciosa canción, pero difícil punto de referencia para comprender la figura de Amstrong y su música.Amstrong revolucionó con su trompeta el mundo del Jazz cuando se instaló en Chicago desde su Nueva Orleans natal allá por 1922. Pero este camino lo andaremos otro día.

Cosas buenas a tod@s.

=======================================================
I see trees of green........ red roses too
I see em bloom..... for me and for you
And I think to myself.... what a wonderful world.

I see skies of blue..... clouds of white
Bright blessed days....dark sacred nights
And I think to myself .....what a wonderful world.

The colors of a rainbow.....so pretty ..in the sky
Are also on the faces.....of people ..going by
I see friends shaking hands.....sayin.. how do you do
They're really sayin......i love you.

I hear babies cry...... I watch them grow
They'll learn much more.....than I'll never know
And I think to myself .....what a wonderful world

(instrumental break)

The colors of a rainbow.....so pretty ..in the sky
Are there on the faces.....of people ..going by
I see friends shaking hands.....sayin.. how do you do
They're really sayin...*spoken*(I ....love....you).

I hear babies cry...... I watch them grow
*spoken*(you know their gonna learn
A whole lot more than I'll never know)
And I think to myself .....what a wonderful world
Yes I think to myself .......what a wonderful world.

sábado, 9 de junio de 2012

Radiografías de andar por casa

La primera vez que escribí sobre este video fui breve. Sólamente decía:

En dos palabras: jo-der.
Cosas buenas a tod@s.


Luego pensé que había que escribir algo acerca de este video. Por el pedazo de realizador que lo dirigió y el pedazo de artista que tenía delante.
Sí. Es Eurovisión. Y sí, es Raphael.
Con Raphael me pasa que la gente no me toma en serio. Parece ser que hay individuas (e individuos) que no se creen que puedas encontrar exquisito el Highway 61, el Houses of The Holy o el Is This It y a la vez pensar de Raphael que es un fuera de serie.

Pero quiero ceñirme al video y a la actuación, y en particular, ya que hablo del video, al realizador que Raphael volvió loco.

Tras el inicio al uso con toma de orquesta, en cuanto empieza a cantar, le cierra en un primer plano que, el de Linares, arranca tan teatral como siempre, con una subida de pestañas marca de la casa. Maniquea, lo acepto. Exagerada, como todo él. Ridícula si no viniese detrás de una entonación y un control que es para fliparlo. Cuando pasa el medio minuto Raphael comienza a moverse (contenido, estoy convencido de que asesorado) y el operario empieza a dudar.

No sé si estaría todo ya pactado, posiblemente este cambio sí porque coincide con la coda, pero empieza la segunda vuelta y abre a plano americano para cazar el brazo derecho subiendo a la altura de la cabeza. Entonces llega el segundo 58 y Raphael abre los brazos en cruz. El operario abre campo porque se sale de cuadro. Ya le tiene comiendo de la mano. Es Eurovisión en el 66. Es directo. Acaba de darse cuenta el realizador de que tiene un problema.

Trae los brazos alante y vuelve a cerrar campo porque le sobra por todos lados.

Empieza el estribillo y Raphael comienza algo que posiblemente estaba pactado, pensando en plano americano. Gesticula en vertical. La mano derecha abierta, el brazo estirado. El operador vuelve a abrir campo y baja el foco. Se da cuenta de la importancia del gesto.

Raphael se trae las manos al pecho y vuelve a cerrarle, seguramente no quiere perderse la cara. Aguanta unos segundos hasta que en el 1:35 Raphael sube la derecha por encima de la cabeza. Demasiado, abre campo pero la sacrifica.

Vuelta a empezar. Seguramente de nuevo pactado. Primer plano y estrofa.

Ahora, ¿habrá aprendido?,  no le sigue cuando abre los brazos en cruz en el 1:52. Aguanta hasta el estribillo para no marear más y deja el campo fijo y cambia de cámara. No más zoom. Le vemos desde la izquierda en americano.  Capta el gesto de la dercha, en puño ahora. Mantiene el plano así le cueste perder algún detalle. Ha aprendido, capta la segunda mitad de forma mucha más relajada.

Sólo cambia de cámara para incorporar, al final, a la orquesta (que no veíamos desde el comienzo) y cerrar con un Raphael a la derecha en un gesto corporal propio del mejor Ray Davies.

Dos cracks ambos, Raphael, comiéndose todo, con un lenguaje corporal enorme, una entonación exquisita, el realizador aprendiendo y metiendo mano en la segunda mitad del tema, dejando de marear al televidente.

Raphael no ganó. No sé quien lo hizo. Está en internet, seguro, pero me es igual. Comportarse así con 23 años en lo que en aquel entonces significaba Eurovisión ya me parece de crack. Y con esa voz y esa entoncación. Si ser punk significa hacer las cosas como sabes pasando de lo que opinen los demás, en España tuvimos un punk antes que McLaren los inventase. Y se llama Raphael.

Cosas buenas a tod@s.

domingo, 13 de mayo de 2012

500 dólares en cerveza y un tipo asesinado

Como he podido, a trozos, interrumpido en varias ocasiones, es decir, no de la manera más deseable, he visionado el documental Gimme Shelter, donde se recoge la gira americana de The Rolling Stones del 69, y donde se muestran tomas originales y declaraciones tanto de la preparación y organización como de la celebración de un concierto que Sus Majestades Satánicas dieron en Altamont (California).

Los acontecimientos que acaecieron en este concierto son, creo, bastante conocidos por la gente que sigue el tema de rock de cerca, pero puede ser que no se tengan tan presentes por quien no ha tenido la posibilidad o la curiosidad de bucear en ellos. Aquel 6 de diciembre de 1969, los Stones (aunque es simple e inexacto reducirlo a ellos)  pretendían realizar el Woodstock de la costa Oeste, un festival donde reunir a varias de las bandas más potentes del momento y congregar a un nutrido numero de aficionados.

El Altamont Speedway Free Festival se organizó en dicha localización con urgencia debido a diversos problemas que aparecieron con localizaciones que se intentaron previamente. Cuando por fin se tuvo la certeza de que el concierto podría tener lugar en aquel lugar, era ya jueves 4. Faltaban tan solo dos días para el evento.

Uno de los puntos que se trataron como es usual en cualquier congración de estas dimensiones fue la seguridad. Se esperaba una asistencia masiva y eso podría traer problemas. Desde meras peleas hasta violaciones, quien sabe si alguna muerte. Noche, drogas, rock'n'roll, miles de personas reunidas en un espacio delimitado. Si es posible hay que contemplarlo.

Sam Cutler era el road manager de los Stones en aquel momento.Tras varias conversaciones con implicados en el festival, Grateful Dead especialmente entre ellos, Cutler se decidió por ceder la seguridad "general" del festival a los Hell's Angels a cambio de 500 dólares en cerveza que podrían beber libremente durante el show. Los GD habían recurrido a los Angels en ocasiones con anterioridad y nunca habia ocurrido ningún incidente digno de ser mencionado. Ha habido muchas versiones y declaraciones de ambas partes tras el trágico incidente. Parece que la idea de Cutler era la de que los Hell's Angels se dedicaran a orientar a los asistentes, evitar que accedieran a los equipos, y colocarse a pie del escenario como imagen persuadora entre el público y el entarimado.

No me ha quedado claro viendo la cinta todo lo que ocurrió. Es cierto que los Angels no eran profesionales y, por tanto, gente capacitada para controlar aquella masa (varios de ellos, en sus llamadas a la radio el día posterior argumentan precisamente que no era su intención la de hacer de policías ni encargarse de la seguridad en ese punto), pero acciones anteriores al trágico suceso final (como la agresión de un Angel al vocalista de Jefferson Airplane Marty Balin que le dejó directamente noqueado) inducen a pensar que algo no iba del todo bien aquella tarde. Es curioso que precisamente el grupo que había recomendado a los Angels y había hecho uso de ellos en diversas ocasiones con anterioridad (los GDs) decidieran abandonar el festival atemorizados sin llegar a ejecutar su interpretación.


Los Stones eran la cabeza del festival y, como tales, salieron en último lugar. La masa se acercaba peligrosamente al escenario. Las imágenes dejan claro el peligro que aquello representaba y la complicada acción de los Angels para, a duras penas, ir reteniéndola. Mick Jagger se nota nervioso e inseguro, pidiendo en repetidas ocasiones calma. El grupo rodeado por gente por todos lados en una escena de caos como pocas veces se habrá visto sobre un escenario. Hell's Angels de aquí para allá. Espectadores a pocos metros del grupo. Tensión. El combo manteniendo la música por no salir corriendo.

Meredith Hunter tenía 18 años y un revolver. Iba puesto de metaanfetamina y se le ocurrió utilizarlo quién sabe con que fin. Lo extrajo de debajo de la ropa y lo alzó al aire apuntando. Alan Passaro lo vio y se avalanzó a él con un cuchillo en la mano derecha mientras con la izquierda abatía el arma. Lo apuñaló varias veces en la parte superior de la espalda. La muerte fue inevitable.

Para que una desgracia ocurra han de coincidir multitud de factores. Si esto no hubiera pasado nadie se hubiera detenido a poner en tela de juicio la idoneidad de utilizar a un grupo de moteros bebedores de cerveza como cuerpo de seguridad para organizar y retener a una multitud de miles de personas. Pero pasó. Si Hunter no se hubiera presentado en un evento como éste con un arma de fuego y se hubiera drogado hasta perder el juicio y sacarla y apuntar con ella nadie se hubiera avalanzado sobre él sin miramientos. Si la persona que se avalanzó salvó vidas a costa de la de Hunter o si una persona entrenada en su lugar hubiera reducido a un chaval delgado y colocado sin generar mayores daños nunca lo sabremos.

El suceso de Altamont es considerado por muchos el fin de la era Hippie, el momento en que muchos abrieron los ojos para perder la inocencia. Los Stones se desligaron de los Hell's Angels profesionalmente. Spencer Dryden dejó la batería de Jefferson Airplane meses después.

Los Stones tenían su concierto mediado y lo acabaron. No estuvieron enterados de la muerte de Hunter hasta más tarde. Cuando el trágico suceso ocurrió acababan Under my thumb.

Cosas buenas a tod@s.


sábado, 14 de abril de 2012

Me dejáis que me emocione?

Me he resistido cuanto he podido por miedo a que uno de mis vicios arrasara con el otro. He tardado poco más de cuatro meses en rendirme. Irrevocablemente los dos coinciden en ciertos puntos que no puedo dejar ajenos al blog.

Crecí entre películas de cine clásico.
Tengo a John Ford, a Howard Hawks, a John Houston, a Henry Hathaway, a Cecil B. de Mille, a Alfred Hitchcock, a Willian Wyler y a tantos y tantos otros tan grabados en la retina a fuego purificador que a veces me da la sensación de que puedo ver la vida en plano secuencia, hablar con un tipo delante mia en plano americano, verme conduciendo en un travelling lateral o bajando las escaleras de mi edificio en un contrapicado, subirme a una farola y tirar de grua para abrir campo, o cerrar plano con fundido en negro acercándome a mi hija.

Aute pedía más cine por favor, porque todo en la vida es cine y los sueños... cine son. Referencias al cine en la música hay para todos los gustos, pero mi afición es la contraria. Cuando el cine tira del compositor y le lleva a la inspiración por la dedicacióny el trabajo.

No hablaré de películas aquí, ni de historias. Hablaré, de eso va el blog, de músicas. En ocasiones tendré que referirme al contexto para que se entienda el brass de un tema, el tempo de una melodía, la inclusión de un elemento ajeno, pero, insisto, me da miedo. No lo puedo remediar. Los amo. Estos (y otros cuantos) directores me hablan de mi adolescencia. Los que tenemos la crisis de los cuarenta encima padecemos de estas, y de otras, cosas.

Por todo lo de arriba quiero abrir la etiqueta de "cine" con una sintonía brutal fruto de un currante de la música que se llamó Elmer Bernstein. Este Bernstein (lo digo porque hay otro ligado al mismo ramo que se llamó Leonard) realizó dos colaboraciones insignes con un director considerado por algunos como menor si bien para mí es el padre de dos de las joyas más significativas del cine clásico: Los siete magníficos (The magnificent seven, MGM/UA, 1960) y La gran evasión (The great scape, MGM/UA, 1963).  Éste sujeto se llamó John Sturges.

Hoy voy a hablar del tema central de la primera.

Si, estimado lector, no ha visto usted Los siete magníficos, es tiempo pobremente utilizado el que dedique a partir de esta línea a seguir este blog. No le desconcierten los puretas que vengan a minusvalorar su emoción basándose en obras anteriores de otros directores (sin duda la espectacular Los siete Samurais de Akira Kurosawa). Lo uno no quita lo otro. Vale que la historia en el caso de Sturges se queda en la épica de la primera mitad y evita el relismo y la decepción de la segunda parte del japonés, pero no veo razón tras ello para restarle mérito a la revisión americana.

Y qué género musical ha llevado la épica más lejos en el siglo XX que la música escrita específicamente para el cine?. Cómo se sentó Elmer Bernstein delante de su partitura para darle a este grupo de centauros su sello de valor, de corage, para hacer al espectador accurrucarse en su butaca primero y expandir el pecho después? Ignoro qué drogas se han de tomar.
Este tema arranca con seis golpes tras los que aparecen dos líneas de cuerdas: una de base para que otra más grave marque el ritmo en una primera vuelta. Toques de timbal para abrir un segunda vuelta en que se introducen percusiones menores, y tras ella vientos y todo el equipo de orquesta para abrir la puerta del leiv motive de la melodía, una entrada a tope para un juego en que las cuerdas irán marcadas por vientos y cuerdas mayores . A partir de aquí canon en evolución hasta acabar el primer minuto, subida de octava y segundo minuto con vuelta al tema principal. Jooooder, si John Sturges y Yul Brynner no me han hecho creer aún que estoy montado en un caballo y voy a salvar a un pueblo mejicano de Eli Wallach no se qué lo puede conseguir en esta mísera vida.


 Yul Brynner, Steve McQueen, Horst Buchholz, Charles Bronson, Robert Vaughn, Brad Dexter y James Coburn pusieron cara a los siete magníficos. John Sturges y Elmer Bernstein les dieron cuerpo.



Cosas buenas a tod@s.