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domingo, 2 de noviembre de 2014

Retorno de inversión

En estos tiempos revueltos (cuáles no lo son?) cuesta entender un concepto como el "retorno de inversión", especialmente cuando dicho retorno se concibe desde una perspectiva ancha y comunitaria. Me explico. El individualismo, algo tan viejo como el viento, nos empuja a calcular los pasos dados de forma que, de algún modo, nuestro esfuerzo se vea recompensado sobre nosotros mismos. Este estrecho ángulo de visión nos impide la perspectiva lateral de la influencia sobre nuestras personas de la comunidad, parte esencial de cada uno al fin y al cabo. Y quién invierte en esa comunidad? esto es algo de lo que no siempre somos suficientemente conscientes: nosotros mismos.

Cuando una universidad privada decide invertir parte de sus ingresos en generar un proyecto como una emisoria de radio del campus está demostrando un compromiso con su comunidad encomiable. Este sentido, más común en otros países que, por desgracia, en el que me ha tocado vivir, siempre genera, de forma difusa pero sostenida, un impacto positivo en el entorno. Por una lado creando vínculos que ayudan a la cohesión del colectivo, por otro posibilitando a los que forman parte de la aventura de forma más directa un acceso sin intermediarios a conocimiento, ilusión y disciplina, tres elementos básicos que combinados rara vez no desembocan en resultados notorios.

La WHRB es una emisora de radio de Cambridge, Massachusetts, operada por estudiantes del Harvard College. La podéis encontrar aquí y permite, obviamente, su escucha on-line. Este proyecto nació al inicio de la década de los 40 del pasado siglo y fue creciendo hasta convertirse en emisora comercial a finales de la década siguiente. Un rápido vistazo al menú de su página de acceso en internet le permite a uno comprender en qué basa su programación. Música de profundas raíces norteamericanas: jazz, blues, hillbilly, pero también música clásica y una sección llamada The Record Hospital donde encontrar ritmos más r'n'r. Su escucha le sume a uno en la mortificación de la ignorancia, por un lado, y en la excitación ante lo desconocido. Aconsejo que prueben la experiencia.

Ahora, lo comentaba, es una emisora comercial, es decir, se ha convertido en una entidad privada con (entiendo) ánimo de lucro. Pero el concepto sigue estando presente. Lo está en el hecho de mantener activas sus "orgías", por ejemplo. Desarrollemos esto. La emisora sigue estando alimentada por una filosofía de "college radio", es decir, la llevan estudiantes de Harvard (desconozco hasta qué punto asesorados o dirigidos por profesionales del sector) y, como tales, chavales aún adscritos a una rutina de semestres y exámenes. En épocas además similares a las que tenemos aquí: una primera etapa en torno a enero y una segunda en torno a mayo. Debido a que deberían de ser periodos de concentración y estudio, los estudiantes disponían de menos tiempo para con sus responsabilidades al frente de la emisora, de manera que acabaron desarrollando el concepto de "las orgías", periodos de emisión continuada de música sin cortes publicitarios ni intervención de locutor alguno. Con una particularidad, se emiten de forma continuada los trabajos completos de un compositor, un sello discográfrico o un género. A piñón fijo.
Y parece ser que todo lo comenzó un alumno allá por el 43 cuando, tras haber aprobado un complicado examen, decidió poner en antena de forma continuada todas las sinfonías de Beethoven en orden.

Pero inicié el post hablando del retorno.
De forma difusa toda esta actividad cala y ahonda en la comunidad. En ocasiones, además, cuaja en algún sujeto concreto que destaca, generando así un caso paradigmático que siempre puede servir de retroalimentación positiva del proyecto. La WHRB tuvo este ejemplo, un chico afroamericano llamado Tom Wilson.

De Tom Wilson ya hablamos por aquí hace unos meses al comentar el primer disco de los Mother of Invention, y de nuevo me lo he vuelto a encontrar hace poco en un artículo que sobre Simon & Garfunkel ha editado Efe Eme en su primer cuaderno (otro día hablamos de esto). Wilson fue uno de los grandes productores de la música popular en las décadas de los 60s y los 70s. Presente en algunas de las más conocidas canciones de los más insignes artistas. En referencia a los dos mencionados anteriormente, fue Wilson quien cogió The Sound of Silence y le dió el gancho que se habían dejado en el camino Tom y Jerry. Comenzó a radiarse y se disparó en el imaginario colectivo. Precisamente estaban éstos en Europa cuando les sorpredió su tema encaramado en lo alto de las listas de éxitos. Volvieron a America y el resto es ya historia.
Os dejo más abajo las dos versiones, la original del Wednesday Morning, 3 AM. y el resultado tras el paso por las manos de Wilson.

Tom Wilson admitió en alguna ocasión que su conocimiento musical, su cultura y su bagaje no hubieran sido los mismos sin haber pasado por la WHRB.
Eso es retorno.

Cosas buenas a tod@s.


domingo, 19 de octubre de 2014

Casualidad y cenas

Hace pocos días tuve que atender, por motivos laborales, a una cena organizada por una asociación de mi sector. Compartíamos mesa diferentes personas y no todos nos conocíamos. Pasamos al restaurante tras un breve encuentro en la puerta y la gente fue tomando asiento. Tardé en hacerlo y finalmente cogí la última silla del lado largo de una mesa rectangular, justo entre la pared y otro de los invitados.
La cena fue avanzando y los temas fueron pasando, bastante más amenos de lo que en principio había supuesto. Nada de asuntos profesionales, ni política, tampoco fútbol. Mi compañero de la derecha, los dos de enfrente y yo nos metimos en el barro hablando de valentía en la vida para huir de los convencionalismos impuestos. No está mal para una cena de este tipo. El caso es que, entre unas cosas y otras, esta persona acabó comentando, ligado a lo anterior, lo incomprensible que para su pareja y su entorno era que él disfrutase cada año del Sónar barcelonés. No cada año, es que había ido a todas las ediciones. Para él el Sónar era (es) una ceremonia anual tan sagrada como la celebración de la cosecha o el Año Nuevo Chino para otros (para los chinos en este último caso, claro).
Luego fueron llegando los platos y con ellos los huecos rellenados de silencio.
Hasta que no supe contenerme y le inquirí qué tipo de música o que bandas entonces estaban entre sus preferidas. Con la prudencia debida me contestó ambiguamente que él tenía unos gustos algo especiales, no muy comunes, que, lo que a él le gustaba, era el ruido. Así mismo. Cosas chocando contra cosas. Ni siquiera habían de ser instrumentos musicales. Y me miraba con una mezcla de desconfianza e ironía en la mirada, como calculando mi capacidad de reacción ante sus palabras. Entonces le mencioné a Einstürzende Neubauten y su gesto se transformó en una relajada y amplia sonrisa.

Desperté su interés y pocos segundos después era él quien me inquiría a mi por un grupo de cabecera ("es difícil lo sé, pero intenta decirme uno, que me haga una idea"). Calculé, y calculé bien. Y digo que "calculé" porque ante esta pregunta suelo ir de after-punk y, en vez de buscar lo más desconocido, me decanto por lo más obvio. Como en un postureo (todo es vanidad) de "te digo fulano porque ya estoy de vuelta de los perenganos". Pero no, esta vez apunté con la mirilla telescópica y, sin mentir, porque no hay objeto para ello, le dije "la Velvet Underground". De nuevo sonrisa de oreja a oreja.
Y de ahí fuimos saltando a Tom Waits, a Kraftwerk, las derivas de Reed y Cale... hasta que, saturado del perfume del culto, me tiré a la piscina y le declaré mi amor por Beatles, Stones, Elvis y demás músicas al alcance del más desinteresado de los mortales. Pinché en hueso. Eso no. Elvis cansino, Beatles quizás uno, dos temas, Stones prohibitivos... no creo que hubiese tenido una respuesta muy diferente de haber mencionado a Ecos del Rocío o El Nuevo Mester de Juglaría.
Mi afición a desvestir santos (aquí debería de tener la valentía literaria de responder entre paréntesis "es mayor la de desvestir vírgenes", pero no soy tan osado) me permite aceptar de buen grado que cualquiera me escupa en la cara que quizás sería capaz de salvar un tema de los Beatles, dos a lo sumo. Me vale para ello cualquier criterio. Tanto si es musical (que no era el caso) como si es social (deriva por la que creo escoraba mi compañero de mesa). No quise indagar en lo que él no regalaba, de forma que regateé la necesidad de conocer los motivos tras esas aseveraciones y lo dejé para el camino de vuelta, más allá de las doce de la noche, cuarenta minutos de autopista bajo el influjo hipnotizador de un disco icónico.
Hay que joderse. Lo que me hubiera costado contenerme a mis veinticinco. Lo fácil que me supone hacerlo ahora que ya no cumpliré los cuarenta nunca más.Ya no necesito convencer a nadie. Nunca debería haberlo necesitado, pero lo hacía. Y siempre es infinitamente más agradable hablar de ruido de cosas chocando (aunque no sean instrumentos musicales) que dedicar una enésima cena al escandalo y la indignación por la corrupción reinante en nuestra clase política. Espero no encontrarme con alguien como yo a mis veinticinco que intente convencerme de que es mi deber como ciudadano ético el entrar en ese saco de espanto y cabreo caracoleando entre improperios balanceados entre los dos partidos mayoritarios (por que es que son todos lo mismo).
El disco icónico que sonaba en mi coche de vuelta? Unkown Pleasures. Y siento discrepar al respecto de que mejor escucharlo cuando uno está bien porque sino puede inducir al ahogo. Será que no escuchan de la forma en que la escucho yo la guitarra de Bernard Sumner en ese homenaje a Burroughs que Ian Curtis encajó en su Interzone.
Cosas buenas a tod@s.


domingo, 12 de octubre de 2014

Dejarlo, volver y volver a dejarlo

Hace más de un año que no introduzco una entrada en el blog. Y no porque haya dejado de lado la afición y la curiosidad por la música. Llegó un punto en que publicar algo encendía luces parpadeantes en áreas enterradas de mi propio decoro. Ser un falsario y decirlo no es un pecado mortal. Que otros, avisados, lo quieran (o lo pretendan, que no he querido llevar a ese punto el análisis) obviar y me regalen el oído con prebendas y adulaciones me incomoda en el fondo. Por parecer una vuelta de rosca rebuscada el rectificarles el intento, callo, confiando en que no se cruzará por mi camino alguien que, él (o ella) sí, realmente, tenga el conocimiento y la capacidad de comprender los mapas que yo a ratos perdidos camino.

Llevaba unos días queriendo retomar la costumbre. A un paso más lento si puedo. Por una razón fundamentalmente, mi propio beneficio. Cuando, hace unos meses, me dedicaba a escribir esas entradas, me obligaba a recopilar información que no tenía claro del todo de donde me había llegado. Repasaba artículos o buscaba por internet. Nada de oscuras y encriptadas páginas, desde la wikipedia hasta las revistas más conocidas y accesibles en cualquier kiosko nacional. Pero el ejercicio no era en vano. Andar el camino es una cosa, intentar dibujar el mapa una vez andado es otra. Y esos trazos sobre el papel me hacían recordar detalles pasados por alto. Senderos laterales que bajan o suben a sitios nuevos. Eso, no escribiendo el blog, lo había perdido. Eso, volviendo hoy a escribirlo, es lo que me gustaría recuperar.

Pero me conozco, y no me acabo de fiar de mí. Mi circunstancia limita mi tiempo. Tengo más família que la última vez que escribí, y ellos y ellas necesitan también de mi tiempo. Tengo, suerte que tiene uno, un trabajo. No es el más absorbente del mundo, pero tampoco es el menos. Por eso no descarto que exista un "volver a dejarlo". Aunque le voy a dar la posibilidad de aparecer precisamente escribiendo este post de vuelta.

Intenté en el pasado cambiar incluso la fórmula. Conozco blogs donde las entradas se limitan a mencionar un tema que ha gustado, a colgar un video. Y me parecen perfectos, vaya por delante. Pero intentándolo no acababa de encontrar aquello por lo que me atrapaba escribir. Esa labor arqueológica dentro de mis propios recuerdos y mi vulgar documentación. Algo así como hacer maquetas de trenes ya que no podemos comprarnos uno.

Poco he escrito de música hoy. Sólo he cargado de balas el tambor del revolver. Ahora veremos si me pasa como a Lee en los Siete Magníficos. Pero no podría acabar un post sin introducir al menos una canción. Y me decanto por el I'm back again de los Fleshtones. Por el título, por ser un grupo de esa década mágica que fueron los 70s, de una ciudad alucinante como es NYC, por que expresa un estado de ánimo, de fiesta, de intención más que de ejecución.

A ver cómo me sale el viaje...

Cosas buenas a tod@s.



viernes, 30 de agosto de 2013

Llegar a un punto para salir camino de otro

He tenido que rehacer el post desde el principio. Borrarlo y comenzar de cero, vaya. Estos cuatro meses de parón me han quitado la costumbre o me han dado perspectiva suficiente como para avergonzarme de lo que escribo. En cualquiera de ambos casos me cuesta encontrar la forma.

Y todo venía porque no sabía como hablar de Ted Templeman. No de todo Ted Templeman, sino de una parte pequeña del mismo, apenas una duda que me da vueltas a la neurona. A ver si soy capaz de poner las cuatro ideas en orden.

Templeman es un productor musical. Hasta aquí bien. Posiblemente no es el mejor productor musical del mundo. A buen seguro no es un nombre que aparezca en una conversación con facilidad, incluso en una conversación sobre rock. Pero el de California tuvo dos momentos trascendentes en la cosa esta de la música popular. Ayudó a definir el sonido y a generar la imagen de dos grupos, estos si, más que conocidos y radiados: The Doobie Brothers y Van Halen.

Y todo esto viene a raíz de que esta semana le he estado dando vueltas a temas sueltos de los Doobies, fundamentalmente de su primera etapa. Otro día ya traeré a Van Halen.


Templeman fue el gran productor de los Tom Johnston, John Hartman y compañía, unos chavales que, a finales de los sesenta, buscaban un sonido y una oportunidad para reproducirlo. No lejos de la movida californiana del cambio de década (no en vano fue al encuentro de Skip Spence, ex-Jefferson Airplane y fundador de Moby Grape (por no olvidar su guitarrero origen en unos Quicksilver Messenger Service iniciales), que pudieron llegar a conocerse), no lejos de la movida californiana del cambio de década, decía, los DB eran unos tipos que se desfogaban en la escena motera del norte de California, como banda recurrente en celebraciones varias de capítulos de Hell's Angels y almas gemelas.

No he sabido encontrar grabaciones de los DB anteriores a sus trabajos con Warner Bros bajo la producción de Templeman (sé que existe un CD de bootlegs llamado On our way up, pero no doy con él), pero leo que su sonido era más roquero en el sentido literal del termino, más desnudo y directo, más cuero, rugido de Harley y jarra de cerveza, vamos. Fue Templeman el que sacó ese punto acústico de raíces folk que puede encontrarse en sus primeros temas editados.

Pero el sonido de los DB me desconcierta no por esa mezcla rock-folk. No fueron los primeros (su primer trabajo se edita ya en el 71, con un Highway 61 revisited, la mítica electrificación Dylaniana, seis años ya en las estanterías). Es el toque funk lo que me deja listo. Ese rasgueo tan característico con que arranca el Listen to the music, con que avanzan el Long train runnin o el Take me in your arms. Lo traian de casa? se los sacó Templeman? He aquí la duda con la que ahora me rasco la mollera mientras pincho aquí y allá todo lo que encuentro a mi paso de los chicos del estado soleado.

Posiblemente la solución se encuentre en un punto intermedio. Por un lado un tipo como Johnston ha citado en repetidas ocasiones a James Brown entre sus referentes musicales de primera juventud, y, sinceramente, no creo que fuera del padrino del soul de quien extrajese al alma folky. Algo quedaría de todo eso y algo detectaría seguramente Templeman con buen oído y paciencia para hacerlo encajar con el material con que contaba. No he nombrado aún a Patrick Simmons, la otra guitarra del inicio de los DB, y el otro compositor del grupo cuando todo echaba a rodar por vez primera. Sin embargo parece que fue mucho más el peso de Johnston que el de éste último en encontrar la raíz R&B que me perturba. De hecho, los tres temas que menciono arriba son obra de Johnston excepto el tercero, adaptación de un tema de los míticos Holland-Dozier-Holland que ya traje por aquí. Más soulero complicado.

Así que en definitiva, llego a un punto para encontrarme una pregunta que habré de resolver (si lo hago) de la única forma que conozco, cogiendo otro camino. Soul, rock y folk.
Disculparán que de la versión que La Unión hizo por estos lares del Long train runnin ni hable.

Favor escuchen esta entrada con auriculares: la guitarra de Johnston tras la oreja derecha (por que es que se oye detrás de la oreja), bajito, para recibir en el segundo compás a Simmons, y enseguida la base rítmica, con una línea de bajo perfectamente audible llevando la melodía... aún nos queda la música.



Cosas buenas a tod@s.

domingo, 31 de marzo de 2013

Septiembre

Te acuerdas de la noche del 21 de septiembre?
el amor estaba cambiando la actitud de los amantes
mientras perseguía a las nubes al distanciarse.

Nuestros corazones estaban sonando
en el tono en que nuestras almas cantaban.
Cómo bailábamos en la noche,
recuerda cómo las estrellas robaron la noche.

Bada-ya, dime si recuerdas
Bada-ya, bailando en septiembre
Bada-ya, nunca hubo un día nublado

Mis pensamientos están contigo,
de la mano de tu corazón para verte,
tan sólo charlas melancólicas y amor,
recuerda como aprendimos que el amor había llegado para quedarse.

Ahora diciembre encontró el amor que compartimos en septiembre,
tan sólo charlas melancólicas y amor,
recuerda el verdadero amor que compartimos hoy.

Bada-ya, dime si recuerdas
Bada-ya, bailando en septiembre
Bada-ya, nunca hubo un día nublado 

Bada-ya, dime si recuerdas
Bada-ya, bailando en septiembre
Ba de ya - los sueños dorados eran días soleados.


Ritmo contagioso, melodía optimista, el amor de septiembre, justo el que cierra el verano, funk, soul, disco, incluso onomatopeya al canto para demostrar que no es tan importante lo que se dice como la forma en que se dice. Cocktail explosivo e infalible. Años setenta, Chicago, un antiguo baterista de sesión de la Chess y sus secuaces lo rompen. Si esta canción no te cambia el ánimo estás jodido viejo.

Earth, wind and fire fue (es) un grupo singular, necesario, ineludible. Si no hubiesen sido ellos hubiesen sido otros, pero los necesitábamos. Aunque sin Maurice White la cosa hubiera sido diferente. No cabe duda de que el padre del invento impregnó de ritmo y pitch la fórmula.


Pero hoy no hablamos del grupo. Hoy toca la canción.

La compusieron entre White, Al McKay y Alee Willis. El segundo, guitarrista de los EWF, el tercero, un letrista americano con aportaciones a diferentes temas (sin ir más lejos la canción de cabecera de la serie Friends, que interpretan The Rembrandts), para mí ninguno tan redondo como el que traemos hoy. Colaboró en más ocasiones con los de Chicago, pero ésta fue la primera y a buen seguro la mejor.

Cuenta Willis como White le pidió escribir una canción básicamente optimista. Ellos se encargarían de encontrar una melodía. Y le recomendó un libro: The Greatest Salesman in the World. Willis recogió el libro y la recomendación de pasar por la librería Bodhi Tree, que era en el LA de aquel entonces un reducto de filosofía trascendental y espiritualidad. Recogió tanto material como estimó y se sumergió dos meses en la lectura de aquellas páginas. En los significados y los conceptos del espiritualismo en clave de "ja". Llegó a tener un esbozo de letra con apuntes de casi treinta páginas. No dejando escapar el más mínimo concepto que le llevase a un punto válido.

Un día, entrando en el estudio para encontrarse con White y los chicos, escuchó por primera vez el riff de guitarra de entada que McKay había estado trabajando con White y comprendió lo que iba a salir de allí. Un hit por necesidad. Una bomba de baile y exteriorización.

Me gusta encontrar, por lo que esconden, onomatopeyas en las letras de las canciones. Como cicatrices del proceso creativo. Momentos donde la melodía ha empujado la boca donde el diccionario no ha sabido cerrar la brecha. Y entonces el cantante, el compositor, deja marchar la voz sin significado alguno. El Bada-Ya de Septembre es el caso. Y está perfecto como está. Encabezando las frases del estribillo. Sin transmitir más significado que el irrefrenable deseo de seguir la línea melódica con la voz.

Estamos en las antípodas de septiembre en el calendario. Posiblemente el momento más melancólicamente posible para recordarlo. Y a la vez el más indicado para girar la cabeza. Hay otro Septiembre ahí delante. Exactamente a la misma distancia. Estos giros hacia delante los tienen que provocar canciones como ésta, como el tejido mágico de los cruces del falsete de Philip Bailey y la grave voz de White.

Cosas buenas a tod@s.

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Do you remember the 21st night of september?
Love was changing the minds of pretenders
While chasing the clouds away

Our hearts were ringing
In the key that our souls were singing.
As we danced in the night,
Remember how the stars stole the night away

Ba de ya - say do you remember
Ba de ya - dancing in september
Ba de ya - never was a cloudy day

My thoughts are with you
Holding hands with your heart to see you
Only blue talk and love,
Remember how we knew love was here to stay

Now december found the love that we shared in september.
Only blue talk and love,
Remember the true love we share today

Ba de ya - say do you remember
Ba de ya - dancing in september
Ba de ya - never was a cloudy day

Ba de ya - say do you remember
Ba de ya - dancing in september
Ba de ya - golden dreams were shiny days

domingo, 27 de enero de 2013

De-Evolución

Si el concepto de evolución lo tenemos claro, explicar el de de-evolución (perdón por el palabro) es mucho más sencillo. Consiste en meter la mano dentro del primero, agarrar la punta por la cara de dentro y, mientras se sostiene el elástico con la mano libre, tirar de la punta hasta sacarla por la boca misma del concepto.

Durante su paso por la universidad en los 60s, dos chavales decidieron elevar este concepto a tratamiento para diversos trabajos en sus clases de arte. El hecho de que sobreentendemos todos que el paso lineal y en sentido único del tiempo implica que el hombre no tiene más opción que la de evolucionar con él. Esto, afirman, no tiene por qué ser así, o al menos no si entendemos evolución en su significado positivo. Necesitamos por tanto fabricarnos el concepto para cuando nos toque referenciar el cambio negativo. Aquí viene la de-evolución. Estos chavales se llaman Bob Lewis y Gerald Casale. El caso es que Lewis y Casale se cruzan un tiempo después con otro curioso tipo llamado Mark Mothersbaugh. Había nacido la semilla de lo que será uno de los grupos referentes de los músicos curiosos de la segunda mitad de los 70 y todo el arranque de los 80. De de-evolution... Devo.

Y yo estuve escuchando con cariño el primer disco de estos sujetos. Un trabajo del 78 titulado Q: Are we not men? A: We are Devo!. Hasta el título habla de que éstos no son mucho de seguir la tradición a rajatabla.


Pues el disco me encanta. Y, lo primero, me parece un disco de rock. De cabo a rabo. Por dos razones fundamentalmentes: la actitud y las guitarras. Vale que hay sintetizadores, está claro. Y que el hecho de incluirlos en sus temas constituye uno de los rasgos fundamentales de los de Ohio. Pero las guitarras, mmmmm como suenan estas guitarras. Es una de las producciones de Brian Eno que más me gustan de lo oído hasta ahora del inglés. Y eso que es conocida la actitud reaccionaria de la banda hacia lo que Eno hubiera estado dispuesto a hacer con su música, rechazando de plano muchas de las ideas y líneas ya desarrolladas por el productor para sus temas.

En cualquier caso me parece una vuelta de tuerca interesantísima al rock'n'roll. Deconstruyendo mitos como el (I can`t get no) Satisfaction de los Stones, o dando otra vuelta de tuerca al mito de Berry en Come back Jonee (o eso me ha parecido a mí, ya que no he conseguido encontrar una referencia por escrito al respecto). Si las guitarras de esta último tema no son puro rock'n'roll que baje Manolo y lo vea.

Pero si hay un tema que cabría señalar con el dedo ese ha de ser el Jocko Homo marca de la casa. Donde las guitarras y los sintes se conjugan con una letra que se desliza entre la ironía y el absurdo, mecánicamente inquietante, abriendo el horizonte musical hasta nuevos terrenos. Una canción a conocer para saber de cosas que vendrían detrás. Sonidos que empujaron a tipos como Bowie a afirmar de Devo que era una de las bandas del futuro.

Cosas buenas a tod@s.



sábado, 26 de enero de 2013

Bloqueos mentales

No sé si os pasa o es cosa mía. Como no creo tener un cerebro ni especial ni diferente estoy convencido de que os pasa. Aunque sea de tanto en tanto.
Estais detrás de un dato, digamos... el intérprete de un tema que escucháis de repente. Aunque el tema sea superconocido. Pongamos por caso Year of the cat. Fácil no?.
Bueno, pues en ese momento alguien del grupo suelta un nombre de un artista. Pongamos que dice Cat Stevens (que supongo se le viene a la mente por lo de "cat").
Ahora va un tercero que cree que, dulce inocencia que nos traes la felicidad, conoces algo de música y te espeta "no, Cat Stevens no, quien cantaba esto?". Y zas!, mente bloqueada con el nombre de Cat Stevens.

Con esta canción me ha perseguido siempre la maldición. Mi padre la tenía en un disco y yo me quedaba con el apellido del intérprete. Como el cantante más famoso que conocía con el mismo apellido era otro, durante un tiempo no me podía creer que quien yo decía que interpretaba la canción la estuviese interpretando con una voz tan diferente a la que tenía quien yo decía quela cantaba (vaya lío), pero claro, lo decía la portada del disco.

Luego me lo tomé algo más en serio y aprendí a distinguir entre Al Stewart y Rod Stewart. Y, manda huevos, aún así hace unos días descubría que el nombre de Cat Stevens me lo sepultaba bajo una losa.

La anécdota es insignificante pero real, y me vale como excusa para traer al blog esta canción.

Y esta canción, aquí viene la parte buena, tiene una preciosa (aunque trágica) historia detrás.
Year of the cat tuvo un pretérito en un tema que Stewart compuso varios años atrás. Se llamaba Foot of the Stage. Stewart presenció un espectáculo de un cómico inglés conocido a nivel local (hablo a nivel de Inglaterra, con espacio en la BBC y todo) llamado Tony Hancock. Hancock era un tipo con una vida complicada, sobretodo en su etapa final, donde el alcohol jugó un papel importante. Aquel día, con Stewart en la platea, un Hancock derrotado se dirigió a la audencia del teatro donde actuaba desnudando su alma, ofreciendo la verdadera cara del hombre que hacía reir. Explicó lo derrotado y perdedor que se sentía, la existencia profundamente hueca que vivía. El público, asumiendo el discurso como parte irónica de un personaje, reía mientras el actor abría su conciencia en escena. Aquello fue en el 66. Acabó suicidándose por sobredosis en el 68. Stewart siempre creyó, aquella noche, las palabras sinceras del cómico. Eso le llevó a escribir la canción.

Más tarde decidió no sacar partido de la tragedia y volvió a escribir la letra junto a Peter Wood un teclista inglés de los que trabajó en la sombra tras nombres como Pink Floyd o incluso Bob Dylan.
No quedó ni rastro en ella de la historia original que motivó la melodía.

Un detalle de esos que suelen olvidarse, la grabó en los estudios de Abbey Road un ingeniero llamado Alan Parson.

Por favor, disfrútenla, es seda para las orejas.

Cosas buenas a tod@s.


miércoles, 16 de enero de 2013

Un charco llamado Ramoncín

Acabé de leer anoche algo que no sé si calificar de informe, librito corto, artículo largo,... el caso es que en unas cuantas páginas (unas cincuenta) recorría los grupos de rock y pop españoles desde finales de los 60 hasta la primera mitad de la primera década del nuevo siglo (para los que lean el post dentro de cien años, el nuevo siglo, ahora, es el XXI).
Como la subjetividad consiste en decir que algo te gusta o no y en que nadie lo ponga en tela de juicio, no diré que el escrito era subjetivo, porque no lo pretendía. Era objetivo en el sentido de decir qué grupo era o había conseguido qué. Esto, siempre, genera diferencias, pero es la savia del asunto.
Hablar de todo lo que allí se contaba sobra, pero diré que señalaba como hay grupos que, mal que nos pesen, han significado una versión de calidad del espíritu de fuera (Dover (¿?)) y otros, como El Último de la Fila, que simbolizan una carrera completamente hueca (¿?), como para oídos poco dados a la exigencia.

El caso es que hablando de unos y de otros el texto toma como punto de partida a los ya mencionados en estos posts Kaka de Luxe, y asume que fueron el primer grupo punk que hubo en España. Bueno, matiza, quizás junto a los W.C.? de Ramoncín. Y aquí quería yo llegar.

Viendo la que está cayendo lo fácil hoy sería escribir poniendo a caldo a Ramoncín.
Como no tengo conocimiento de causa, me abstengo de enjuiciar si ha hecho o dejado de hacer y si ha metido o no la mano donde no debía. Si ha actuado de forma delictiva, que caiga sobre él la ley. Y si no, que la gente sepa reponer el daño de la injuria y el pre-juicio.
Pero éste es un blog de música. O eso intento. Y Ramoncín, el vilipendiado Ramoncín, es músico. Le pese a quien le pese. Y, diré más, es un músico importante en la evolución y popularización del rock en este país.
Lo demás es extramusical. Por supuesto que afecta al personaje y su proyección pública. Todo el tema ese de los saraos-tertulias metiéndose en temas de opinión social o política. Desde luego todo ese comportamiento está algo alejado de la rock-actitud, del espíritu del punk, y de la rebeldía y la oposición al sistema. Una golosina para los más jóvenes, para comparaciones varias.

Pero musicalmente Ramoncín ha tenido un rol que no se puede obviar. En primera persona, con sus temas, y en tercera persona, produciendo e influyendo a otra gente. Si nos limitamos a escuchar su música, ponerla en su contexto, y conseguimos escapar del personaje una vez fuera de las tablas, encontraremos un puñado de buenas composiciones rock. Algunas dañadas terriblemente con producciones poco adecuadas, o demasiado maniqueas (hijas de su tiempo al fin y al cabo, tampoco cabe ensañarse), pero en más de una y de dos ocasiones, con fondos de composición correctos y letras acertadas, en una narrativa que no ha encontrado similitud en otros creadores ibéricos.

Conocí mucha gente flipando con el "rollo" de Ramoncín, con la transgresión de su propuesta. Y luego vi a muchos de ellos vendiéndolo al mejor postor, olvidándo rápidamente muchas de las cosas que les había sugerido. Parte de esto (aunque por diferentes razones) ocurre treinta años después con el indie. Tú puedes hacer una música cojonuda, pero, por favor, no te hagas rico a su costa. Los famosos no molan.

Ramoncín y W.C.? duraron poco, pero duraron lo justo. En un sentido diferente al de Berlanga, Márquez, Sierra y compañía, subieron al escenario la actitud, la provocación. En un sentido más parecido al de Toño con los Burning o El Morfi con La Banda Trapera del Río. Con un lenguaje directo y una pose chulesca, con una ambiguedad buscada (en Ramón y en Toño básicamente), interpelando al oyente, empujándole. Un rock urbano nuevo, diferente al que Vicente Romero elevaba desde Chapa. El rock de barrios de Madrid como Entrevías, Vallecas, del cinturón de las grandes ciudades (Cornellá en Barcelona). No ha vuelto a haber un sonido así. Y gente como Haro Tecglen o Llopis lo supieron ver a tiempo.

Ramoncín volverá por este blog, porque hay cosas que no se explicarían totalmente sin el rol que jugó. Unos temas del mismo.

Cosas buenas a tod@s.



domingo, 13 de enero de 2013

Es sólo rock'n'roll

Como hablar de los Rolling Stones, así, en general, sería propósito demasiado ancho como para encajarlo en un post de unas pocas líneas, aprovecharé la escucha del It's only rock and roll del 74 para dedicar un par de frases al que, para muchos, fue el gran melódico de sus satánicas majestades: Mick Taylor.

Hay una historia simpática detrás de Taylor. Cómo empezó con John Mayall (y sus Bluesbrakers), una vez éstos se quedaron medio huérfanos tras el devaneo de Eric Clapton hacia otras metas. La primera vez fue casi a modo de accidente, subiendo al escenario en un bolo de aquellos en el que se encontraron de repente compuestos y sin novia (sin novio, slowhand). Con decisión, Taylor se percató del problema, se acercó a Mayall y le comentó que conocía las canciones y que podría tomar la guitarra. No tenía muchas más opciones el de Cheshire, de forma que aceptó el ofrecimiento y tomó buena nota de las cualidades de aquel decidido chaval de dieciséis años. Tiempo más tarde era parte de la alineación formal del combo.

No es hoy el día de hablar de Brian Jones ni de su discutido y oscuro final, pero venga al caso que su ausencia significó la abertura de una vacante fundamental en el seno del grupo. Fue Mick Jagger el que, tras quedarse prendado con las cualidades del guitarrista, convenció a Keith Richards para escucharle y, finalmente, incorporarle a la banda.

Mick estuvo con los Stones en lo que para la mayoría es la época dorada de sus majestades. Del 69 al 74. De lo bueno, lo mejor. Aportaciones ya en el Let it bleed y en Get yer ya-yas out!, y entrega al completo en estudio en la trilogía mágica: Sticky Fingers, Exile on Main Street y Goats Head Soup. Para acabar su presencia como parte oficial del grupo precisamente en el trabajo que traemos hoy, un disco considerado por algunos como menor dentro de la ancha ya discografía del grupo.
No acabaron aquí las colaboraciones o ediciones Taylor-Stones, y aún tendremos ocasión de saber de él en el Metamorphosis o en el Tatoo You.


El nombre de este trabajo es descripción absoluta. Es cierto, no está al nivel de desarrollo, de riesgo, de genialidad que otros trabajos, pero es un disco de r'n'r puro y cristalino. Enorme. Con una única distinción a hacer y es la inclusión del Fingerprint File como último corte. Les quedó chulísima, sin objeción, pero parece un bonus track de esos a los que obligan los acuerdos intrincados con las discográficas. No he leído aún lo suficiente de él como para darle una explicación, pero siempre que me paro a la escucha completa del álbum me salta la incógnita cuando llego hasta aquí. Seguramente no es casualidad el que esté dejado para terminar el disco y no colocado de por medio, abriendo la posibilidad de despistar al oyente enmedio del orgasmo.

Por lo demás señalar, ya que de Taylor hablabamos, las dos canciones donde más noto su presencia. La musicalidad melódica de Time Waits For No One y Till The Next Goodbye.
No hacen falta muchas excusas para entregarse a esta galleta con fruición. Si es posible, y para más nocturnidad y alevosía, tras el conocimiento de la trilogía antes mencionada.

Hay jefes de obra que, para distinguir la calidad del conjunto, no sólo se acercan a comprobar la calidad de los forjados, se agachan en un rincón, el más oscuro de la sala, y comprueban el remate del inglete del rodapies.
Discos así hacen de una enorme banda de rock'n'roll, un mito.

Cosas buenas a tod@s.


miércoles, 19 de diciembre de 2012

El fin del mundo (punk)

Hay un hito en la historia de la música moderna que tiene lugar el 14 de enero de 1978. Se formaliza en una frase que Johnny Rotten (a la sazón vocalista de los Sex Pistols) suelta al público en San Francisco al terminar una interpretación de No Fun: Os habéis sentido engañados?. Bueno, lo dijo en inglés, claro, pero ese era el sentido de sus palabras.
Para la mayoría ese es el final del punk, del auténtico punk, de la idea original del punk. La música, el estilo, vamos, siguió, avanzó, se transformó, se reprodujo en after-punk, en post-punk, en new-wave, pero, sobretodo, el capítulo mencionado significó un corte con el pasado inmediatamente anterior.

Hoy no es el día de entrar en detalles a este respecto. Hoy es el día de tomar ese momento como punto de partida para lo que vino inmediatamente después. Lo que el protagonista principal (aunque no único) de la escena comentada realizó a continuación. Johnny Rotten recuperó su nombre de pila, pasó a ser Johnny Lydon de nuevo, y nacieron los Public Image Limited, o PIL.
La semana pasada vino conmigo en el coche su primer trabajo, un First Issue del que me gustaría pasar un par de líneas.

No me gustaría llenar el post de nombres, pero digamos que hay una bonita historia que contar respecto a qué ocurrió cuando Rotten decidió que abandonaba los Pistols y creo que resumirla no evitará que caigan algunos de ellos. Hay un personaje clave en esta historia, el magnate de Virgin Richard Brandson.
Brandson tuvo sus más y sus menos con el ideólogo y creador de los Pistols (Malcom McLaren). Esto, unido a la consabida desavenencia entre Rotten y McLaren, le llevó a estar pendiente de lo que allí se cocía cuando estalló la bomba y el vocalista punk por antonomasia soltó la frasecita de marras delante de la concurrencia de Frisco. McLaren mantuvo un antiguo proyecto cinematográfico (del que si toca hablaremos otro día) con Steve Jones y Paul Cook (guitarra y batería de los Pistols). Branson se llevó a Lydon a Jamaica y le puso a buscar autores reggae que potencialmente producir en Virgin.

De ahí nació un germen que acabó en la formación de un combo al que se unieron un bajo de antología (Jah Wobble), un batería con reminiscencias CAN (al menos para Lydon) llamado Jim Walker y, sobretodo, un guitarra de excepción llamado Keith Levene. Juntos conformaron PIL, y juntos dieron a luz en el 78 el First Issue que andaba escuchando.


Por tanto, First Issue, viene a ser el primer disco post-punk si en rigor queremos hablar. El primer adoquín de un camino nuevo que llevaría el espíritu del punk hacia territorios más contaminados, hacia la fusión con sonidos y texturas nuevas. De forma sutil en este primer trabajo, pero indicando un cambio, un giro en la dirección de consecuencias trascendentales. El mundo del punk había acabado. Quedaría el sonido, pero la verdad que pretendía vender se había esfumado. El contrasistema se había convertido en sistema. Había quien se podía forrar capitalistamente con el logo de éstos o aquellos. La hidra verde de siete cabezas se había comido de nuevo al chaval de la espada de madera (porque la misma hidra le había dado la espada de madera al chaval).

First Issue es un disco que escuchar. No he tenido tiempo de bucear como me gustaría en sus letras, pero sí en sus sonidos. No ha sido aquello de perder la cabeza, pero me ha intrigado, me ha absorbido a momentos, me ha grabado detalles y con seguridad lo recuperaré con el tiempo.

Hoy tocaba un post más de anécdota que de música. Quizás porque hay discos donde una cosa pesa más que la otra. De todos modos volveré en otras etiquetas a comentar algunos de sus cortes.

Hoy os quiero dejar uno que destila rock por los cuatro costados. Leí un avez una leyenda que contaba que lo grabaron Lydon y Walker, frente a frente, en una enorme sala de billar vacía donde la acústica encajaba con el deseo. Un trallazo. Volumen al 10 por favor. Annalisa.

Cosas buenas a tod@s.


domingo, 16 de diciembre de 2012

Las imágenes llegaron y rompieron tu corazón

Te escuché hace tiempo en la radio, en el 52,
recostado despierto, atento al sintonizar contigo,
aunque era joven, eso no impidió que me llegaras.

Se llevaron el mérito por tu segunda sinfonía,
reescrita por una máquina y nueva tecnología,
y ahora entiendo los problemas que puedes ver.

Me encontré con tus hijos,
¿Qué les dijiste?

El vídeo mató a la estrella de la radio,
el vídeo mató a la estrella de la radio,
las imágenes llegaron y rompieron tu corazón.

Y ahora nos encontramos en un estudio abandonado,
escuchamos la grabación y parece que hace tanto tiempo,
y tú recuerdas que la melodía decía... oh, oh.

Tú fuiste el primero,
tú fuiste el último.

El vídeo mató a la estrella de la radio,
el vídeo mató a la estrella de la radio.
En mi cabeza y en mi coche,
no podemos rebobinar, hemos ido demasiado lejos.

El vídeo mató a la estrella de la radio,
el vídeo mató a la estrella de la radio,
En mi cabeza y en mi coche,
no podemos rebobinar, hemos ido demasiado lejos,
las imágenes llegaron y rompieron tu corazón,
échale la culpa al grabador de video.

Eres una estrella de la radio,
eres una estrella de la radio,
el vídeo mató a la estrella de la radio
el vídeo mató a la estrella de la radio
el vídeo mató a la estrella de la radio
el vídeo mató a la estrella de la radio
eres una estrella de la radio,
eres una estrella de la radio,




Video original aquí.

El primer dia de agosto de 1981 comenzaba sus emisiones el canal musical televisivo MTV. Y lo hacía con el vídeo que, sobre este tema, hicieron Buggles (no el que se puede visualizar arriba de estas líneas sino el que viene enlazado a su pie. La razón de no colocar el original aquí es que la calidad del audio de la canción es menor).

Este es uno de esos capítulos que se mencionan en cualquier historia general de la música popular que se precie. No es el nacimiento del videoclip, pero sin duda es el hito (el "milestone" que tanto gusta a los anglosajones) que marca el uso del mismo como medio de exposición y promoción de un single. Y el título, ni hecho a medida: el vídeo mató a la estrella de la radio.


No la mató, es evidente. La era digital precisamente, contra lo que muchos pudieron haber pensado en aquellos setenta a punto de expirar y unos ochenta en ciernes,  ha significado el afianzamiento y la proliferación de radios en diversos formatos. Internet ha universalizado su uso y agrandado hasta la saturación la oferta. Al final se comprobó que el vídeo y la radio podían vivir juntos.

Pero volvamos a la canción. La compusieron entre Trevor Horn y Bruce Wooley. El primero, alma base de Buggles, estaba literalmente harto de andar buscando un mínimo de calidad en un grupo al que producir. Hay declaraciones de él hablando directamente de que en la época de surgimiento del punk y el DIY aparecieron centenares de grupos formados por chavales idiotas que no tenían la más mínima idea de utilizar sus instrumentos y que todo lo basaban en haber buscado un nombre más o menos interesante y con cierto gancho. Cansado de esa situación, se decidió a realizar e interpretar su propio material.

Así las cosas se unió con Geoff Downes y formó Buggles. Más tarde, en repetidas ocasiones, se ha arrepentido del ridículo (en sus palabras) nombre que le puso al grupo (algo que me ha costado acabar de traducir pero que vendría a ser algo parecido a "Los Cornetas"). Él que tantos nombres chulos había encontrado en aquellas fallidas producciones con anterioridad. Ironías de la vida.

El caso es que ambos (Horn y Downes) comienzan a trabajar material junto a Wooley y acaban sacando unos cuantos temas. Wooley, que nunca se había sentido parte de Buggles al cien por cien, decide marchar con un proyecto alternativo llamado The Camera Club, y se lleva consigo los temas en los que había intervenido en la creación (entre ellos el que hoy nos ocupa). Por este motivo, separado relativamente poco en el tiempo, aparece este corte en un álbum de Buggles (The age of plastic) y en uno de The Camera Club (English Garden). La versión de Buggles arrasará y dejará la de Wooley por separado como una anecdota que, a día de hoy, hace dudar del origen del corte.

Tema que, como mito que es, ha sido versionado hasta la saciedad por multitud de bandas y artistas, con mayor y con menor fortuna, todo sea dicho. A mí se me gravó ese comienzo a fuego en la memoria (y en la retina) y por tanto soy pelín taliban respecto a la versión de Buggles y sus covers.
Porque, esta vez sí, yo estaba ahí cuando pasó.

Cosas buenas a tod@s.

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I heard you on the wireless back in fifty two
Lying awake intent at tuning in on you
If I was young it didn't stop you coming through

They took the credit for your second symphony
Rewritten by machine and new technology
And now I understand the problems you can see

I met your children
What did you tell them?

Video killed the radio star
Video killed the radio star
Pictures came and broke your heart.

And now we meet in an abandoned studio
We hear the playback and it seems so long ago
And you remember the jingles used to go... oh, oh

You were the first one
You were the last one

Video killed the radio star
Video killed the radio star
In my mind and in my car
We can't rewind we've gone too far

Video killed the radio star
Video killed the radio star
In my mind and in my car
We can't rewind we've gone to far
Pictures came and broke your heart
Put the blame on VTR

You are a radio star
You are a radio star
Video killed the radio star
Video killed the radio star
Video killed the radio star
Video killed the radio star
You are a radio star
You are a radio star

sábado, 8 de diciembre de 2012

Electrones sonoros

Cuando uno remonta los ríos de la música electrónica antes o después acaba topándose con el combo que traigo hoy al blog, Kraftwerk
La espina dorsal de Kraftwerk la formaron clásicamente dos alemanes llamados Ralf Hütter y Florien Schneider que, allá por los años 60 se encontraron en Düsseldorf y comenzaron a compartir inquietudes musicales. Éstas acabaron generando un primer grupo y una serie de colaboraciones con diferentes artistas del entorno. Idas y venidas terminaron con ambos dando forma a un proyecto más estable (en cuanto a que ambos se decidieron por un nombre y por una línea). Había nacido Kraftwerk.

En este mismo blog ya hablamos hace unos meses del krautrock. Fue dentro de esa escena donde los primeros Kraftwerk comienzan a moverse, a indagar. No en vano el fundador de Neu!, que sería uno de los grupos abanderados de ese krautrock alemán de los 70, formó parte de aquellos Kraftwerk primigenios (hablo de un sujeto llamado Klaus Dinger). Y, ya que estamos por citar personajes significativos de este microuniverso, no pasemos por alto a Konrad "Conny" Plank, un ingeniero y productor que mucho tuvo que ver en aquella escena y del que, si toca, ya leeremos cosas dentro de un tiempo.


El caso es que esta semana vino conmigo en el coche el álbum que significó la consolidación y la internacionalización del grupo: Autobahn. Aquí uno, que alguna que otra carretera de Alemania ha recorrido, conoce el término a la perfección. Autobahn significa autopista en alemán. Y no es baladí que el álbum se llame así. Se trata, el que hoy tenemos entre manos, de un trabajo conceptual. unas canciones centradas entorno a un tema, en este caso la conducción a través de una autopista y la descripción de las sensaciones que provoca. La conducción monótona, la repetición de paisajes, el pasar de los coches, la noche y, finalmente, la parada en el área de servicio y la mañana que despunta.
Se trata de música ambiental, muy descriptiva, hasta el punto de jugar con los sintetizadores para emular sonidos reales del paisaje sonoro de cada situación, desde coches adelantándonos hasta pájaros anunciando el alba. Lo más parecido a esto que ha pasado por el blog son aquellas aventuras de Brian Eno en la cara B del Heroes de Bowie.

Trabajo básicamente instrumental donde no todo es electrónica, pero donde ésta tiene un papel predominante y puntero. Con unas voces incluídas en el primer, homónimo, y preponderante corte, algunas naturales y algunas pasadas a través de un vocoder (instrumento que, a partir de este trabajo, Schneider se atreverá a utilizar en directo en sus actuaciones).

Autobahn es para muchos "el" trabajo de Kraftwerk. La obra seminal que abre las puertas de la electrónica. Se entiende que, cuanto menos, una primera escucha se debiera de merecer, aunque sólo sea por coger un poco de culturilla. Sin embargo hay que tener cuidado. Si se es capaz de realizar el ejercicio de despojarse de prejuicios antes de entregarse a la escucha, y uno se zambulle en los sonidos de los alemanes sin prisa, entonces, puedes quedarte atrapado.
A mí el disco me ha encantado. Es cierto que no es lo primero ambiental que escucho, ni la primera eléctronia (lo que me ha hecho verle incluso un puntito de inocencia divertido), pero dejarse llevar por las sensaciones de esos más de veinte minutos del primer corte es alucinante. Tengo la melodía metida en la cabeza. Ayer cogí otro coche, teníamos que ir a un pueblo de aquí al lado pero tomamos la autopista, no puede evitar repetir ese mantra Wir fahr'n fahr'n fahr'n auf der Autobahn (conducimos por la autopista), con ese efecto de cámara frente al espejo que se genera cuando la letra concluye, después de describir por donde conduce la voz (está cantado en primera persona del plural), ponemos la radio y por los altavoces suena: "conducimos por la autopista". Bucle infinito.

Insisto demasiado en que cada música sirve para algo. Ésta no sirve para estar tomando pintas en el bar, pero eso no la hace inútil, al contrario, posibilita estrucura sonora a marcos que, de otra manera, tendrían que tomar prestadas sonoridades de otros sitios. Suerte que tuvimos quien se atrevió.

Dejo hoy el tema más inmediato del disco. No es el más significativo de lo que se puede encontrar en su interior, pero puede tirar abajo uno de los prejuicios ignorantes más extendidos: "la electrónica es chunda-chunda".

Cosas buenas a tod@s.



jueves, 6 de diciembre de 2012

Un día perfecto.

El blog ha cumplido un año.

Tenía un post pensado donde hablar de las impresiones que sacaba después de este tiempo. De lo escrito, de lo publicado, de lo escrito pero no publicado, de las visitas, de las entradas más y menos visitadas, de por qué no tiene el blog seguidores aún, de los países de donde se recibe más actividad... al final nada. Lo intenté anoche y lo he intentado esta mañana, pero la vida tiene circunstancias que no se escogen y esas circunstancias hacen que uno no tenga ni cinco minutos de paz para sentarse, concentrarse mínimamente, y escribir. El placer de escribir.

Ahora tengo esos cinco minutos, pero tengo también la frustración y el cabreo necesarios para no querer entrar en esos detalles que mencionaba arriba y dejar lo que tenía escrito arramblado en el pozo de los drafts.

Cuando uno se encuentra en este cruce de caminos con forma de cruz invertida que conforman la frustración y la rabia (a niveles ínfimos, burgueses, pero frustración y rabia al fin y al cabo) piensa en qué canción esconderse. Y se me abren dos caminos.
Se puede uno entregar a una descarga que acentúe la sensación, como si de un intento de sacar toda la bilis se tratara. Guitarras poderosas y voces desgarradas. Tempos acelerados y secciones rítmicas atronadoras. Puede uno bucear por el metal o por la parte con más cuero del rock urbano de batalla.
O puede uno decidirse por entregarse a los brazos del cinismo, y decantarse por una melodía pausada y melancólica. Desnuda en su ejecución. Adornada con una voz grave y tediosa, dejada de la más mínima exhibición de sentimiento. Una canción sin melancolía, una mera ejecución de desidia elevada a su máximo exponente.

Hoy, el día del post de las cifras y las felicitaciones, el día en que pinchar el Birthday del álbum blanco, se ha convertido en el día de la mirada oblicua y el gesto adusto. Como cuando toca madrugar para acudir al trabajo después de una noche de concierto. Por suerte algunos de mis días duran veinticuatro minutos. E, incluso cínico, un día puede resultar perfecto.



Cosas buenas a tod@s.



sábado, 1 de diciembre de 2012

Una dama indispensable

Existe una escena de damas de la música folk americana (aunque aquí podríamos decir country sin miedo a errar mucho el tiro) de una repercusión local (local a nivel de país, USA) máxima pero de una limitada proyección a nivel europeo. No se trata, en ningún caso, de una escena underground para el público del viejo continente, pero chocan las cifras que consigue en su país natal con el impacto en la capa cultural e industrial del ánimo musical europeo.

Una escena compleja y poblada, capaz en algunos territorios de hacer sombra y enmudecer a otros estilos presupuestamente monopolizadores de medios de masas. Escena que se entremezcla a veces con otras esferas adyacentes y genera productos que sirven de puente, a menudo, entre habitantes de uno y otro círculo.

Hoy traigo al blog a una de las damas que reina en esta escena: Emmylou Harris.
Esta semana he estado escuchando uno de los dos trabajos que publicó en 1975: Elite Hotel, una reunión de canciones de diferentes autores, desde su adorado Gram Parsons hasta los mismísimos Lennon y McCartney. Pero un resumen del resumen de la persona primero.

No me gusta volcar en los posts cientos de datos. Me aburren los posts que me hacen eso a mi. Sin embargo me gusta utilizar cada uno para aportar un pequeño grano de arena al dibujo de un tema, un autor o un álbum. En el caso de la de Alabama me gustaría volver a insistir en que es una de las más populares intérpretes de la música folk y country norteamericana. Ganadora de doce Grammys (doce!, uno de ellos precisamente por esta galleta),  y colaboradora de gente tan conocida como el citado Parsons, Willie Nelson, Johnny Cash, Neil Young o Bruce Springsteen (por no hablar de otras damas de la escena como Dolly parton o Linda Ronstadt).
El cancionero que Harris ha abordado en su extensa carrera es impresionante. Un descenso a las entrañas del corazón musical americano (y en ocasiones no exclusivamente americano) donde navegar por nombres significativos y esenciales en el quien es quien del mapa cultural folky. Nombres que mejor no listar hoy, aunque si podemos hacer otra cosa...

... mencionar algunos de los que se recogen en este álbum. Me voy a centrar en tres obviando la versión del Here, There and Everywhere que se recoge en el séptimo corte. Razones sentimentales me hacen elevar su versión original (de este trabajazo que fue Revolver) por encima de todas las covers del mismo que he oído hasta el momento.
Empecemos por Gram Parsons y Chris Hillman. Aún no hemos hablado en este blogen en serio de The Flying Burrito Brothers, ni siquiera hemos mencionado con propiedad a The Byrds (cuánto queda por hacer...), de forma que sólo mencionar que estos dos formaron parte de ambos grupos (pájaros primero, burritos más tarde). Hillman escuchó a Harris, quedó prendado de ella y la recomendó a Parsons. El flechazo fue inmediato y el resultado insustituible. Luego vino la muerte accidental y repentina del primero y la resaca que eso supuso sobre el enfoque sentimental de Harris a lo largo y ancho de su carrera. Dos versiones de temas de ellos en este álbum: Sin City y Wheels (de la que reconozco me sigue tirando más la original).
Y un tercer nombre de excepción. Otro de los padres del sonido country y folk americano: Hank Williams, el iniciador de una interesante saga de la que quizás otro día hablemos. Williams es de los que se han de conocer aunque sea por tener una culturilla musical de esas de salir del paso. Otro hijo de Alabama que marcó las guías por las que muchos tras él encaminaron sus pasos. En el Elite un tema titulado Jambalaya, a mi juicio, por desgracia, de la mitad que menos me atrajo.

Me da la impresión que voy metiendo más nombres de los que debiera para no perder el interés del lector pero a la vez siento que me dejo injustamente muchos que debieran aparecer. Por eso resumiré en una línea que un tal Brian Ahern produjo este disco, y produjo muchos más, tantos que cabría decir que es, sin duda, uno de los grandes padres del sonido country americano. Otro día hablaremos más de él.

Emmylou Harris. Si da la casualidad de que no os habíais parado a escuchar algo de ella, no lo dudéis, intentadlo. Y con un poco de curiosidad buscad quien es el autor del tema que interpreta. Estaréis entrando de cabeza a la fiesta de la música tradicional americana.

Un tema, para acabar, de un sujeto que respondía al nombre de Buck Owens, Together Again. Qué cositas hace ese piano pasado el minuto y medio...

Cosas buenas a tod@s.



sábado, 24 de noviembre de 2012

Iconos


 Este falsario tiembla enfrentándose a hablar de un icono del rock de pura cepa como es el Highway to Hell de los AC/DC. Una vez eliminadas las más mínimas intenciones de hacer de esta entrada una recopilación de datos o una inocente introducción al producto, me queda la parte emotiva y la sensorial.


Ya traje el tema que abre el disco en ese intento ímprobo (por malvado, que no por esforzado) de bucear dentro de lo que nos cuentan las canciones. En la etiqueta de lyrics aparece rápido. Hoy me traigo la galleta completa, a fin de cuentas la banda sonora particular de mis horas de carretera semanal durante esta semana.

Me enseñaron que la historia de AC/DC tenía un antiguo y un nuevo testamento. El primero con Bon Scott haciendo las veces de maestro de ceremonias. El segundo con Brian Johnson a cargo de la voz cantante. Ambos dos con los hermanos Young (Angus y Malcom) como retorcida y consistente médula espinal del combo. Este trabajo del que hablo hoy es el final de la primera parte. El último que grabaría Scott sin poder predecir el pronto final que le esperaba víctima de excesos con el alcohol.

Me decía el otro día alguien con quien tengo la mayor de las confianzas que hacía mal comenzando por este trabajo mi ingreso de los australianos dentro de esas escuchas monotemáticas semanales. Por tratarse del más totémico de sus trabajos. Pensaba esta persona que una escucha más racional habría comenzado por trabajos anteriores, y que esto me hubiera permitido ir reconociendo una evolución dentro de las primeras producciones y el salto quantitativo producido en esta. Salto que llevó a los controles a un personaje ya conocido en el blog: Mutt Lunge (Robert John Lunge en la pila).
No es por llevar la contraria; realmente no planeo estas cosas y me dejo entrar en cada grupo según la casualidad y el azar me dictan. Este era el disco que tenía más a mano y empecé por él. En este caso empiezo por el icono e iré bajando hacia trabajos quizás menos reconocidos (si el tiempo y las ganas lo permiten). No es la primera vez que actúo así y los resultados, en mi experiencia, no han sido mejores ni peores que cuando he racionalizado cronológicamente el encuentro, comenzando por el primer disco e intentando avanzar en sentido temporal.

Pero poco puedo añadir fuera aparte (que dice, o decía en tiempos, Herrera) que me gusta como comer con los dedos. Me da cierta pereza traer el manido debate de por qué etiquetan en ocasiones a esta banda como metal cuando es puro y duro rock'n'roll. Así que no abro esa caja. Diré que aparte del archiconocido corte, disparos certeros como Girls Got Rhythm o If you want blood (you've got it) son para encabezar por sí solos cualquier trabajo. Sin olvidarme de Shot Down in Flames o ese final distintivo que es Night Prowler (con leyenda negra incluída que quizás traigamos en otra ocasión).
Quizás podría, pensando con malicia intencionadamente, que una descripción capciosa del trabajo podría ser "Highway to Hell, ocho variaciones sobre el mismo y Night Prowler". Pensé, durante la escucha, que un oyente ajeno o desentrenado encontraría demasiada homogeneidad en los nueve primeros temas del disco. La personalidad de la voz de Scott y las guitarras Young comiéndose todo, sobrevolando por encima de la personalidad de cada corte hasta transformarla en un nubloso entramado que queda en segundo plano. Pero me temo que es un ejercicio de simulación empática y onanismo mental. Mejor lo dejo.

Es sábado, para Moris el día del rock por excelencia. Tener el Highway to Hell como banda sonora no me parece de los peores planes que me podrían proponer.

Cosas buenas a tod@s.


sábado, 10 de noviembre de 2012

Un supergrupo sin etiqueta de supergrupo

Fe de erratas: cuando mencioné a éstos por vez primera en el blog (ver aquí) equivoqué el nombre del grupo y me adelanté con el artículo precediendo el sustantivo. Error. El grupo se llamaba, a secas, Faces. Y eso es todo. No consuela, pero no he sido el único. Cuando el primer trabajo de los británicos (el álbum de este post, First Step) se distribuyó en los USA, alguien no prestó la atención adecuada (o la prestó demasiado interesadamente) y rotuló en la portada algo incluso peor: Small Faces. No es que anduviera pasado de vino, todo tiene una cierta explicación, entremos en materia...

Aunque no sea ninguno de los protagonistas de nuestra historia, sí que es el punto de partida de ella. Se llama (se llamó) Steve Marriot, y formaba parte de un grupo llamado Small Faces que se constituyó allá por la mitad de la década de los 60s. En un momento determinado Steve decidió que su camino se debía alejar del de sus compañeros de combo y emprendió una aventura por su lado que seguramente trataremos otro dia. El caso es que allí se encontraron tres músicos estupendos pensando como darle solución de continuidad a su proyecto. A saber (porque merece la pena conocerlos) Ronnie Lane, Ian McLagan y Kenney Jonnes.


La respuesta vino a través de dos estupendos músicos provenientes de una banda capitaneada por un tipo que parece que dicen que no tocaba mal del todo la guitarra, Jeff Beck. Se trataba de un tal Ronnie Wood y de un sujeto que respondía por Rod Stewart.
Los cinco se embarcaron en un proyecto de rock sencillamente fantástico. Este disco es una pasada. Me encanta de principio a fin. Con dos grandes temas instrumentales (la guitarra de Pinneaple and the Monkey es un regalo caído del cielo), y un par de rockandrolles de manual (Shake, Shudder, Shiver debería de estar más presente de lo que está). Incluso los tiempos medios brillan en la oscuridad (Nobody Knows es un ejemplo ortodoxo de cómo producir adecuadamente un tema a la imagen de una banda, y eso que ésta admitiría muchas variaciones y encajaría, creo yo, en muchas voces y estilos diferentes. Alucinantes aquí las voces de Stewart y Lane al alimón cada una en su canal).

De lo mejorcito que he oído últimamente. Rescate, en el arranque, del Wicked Messenger de Dylan de ese genial álbum que ya pasó por este blog, incluido.

Si todos los primeros pasos fueran así qué largas horas de placer orejón nos esperarían. Mala suerte que las luchas de egos y el interés distraído de Stewart le llevaran a ir perdiendo el acercamiento a Lane. La llamada de sus majestades a Wood tampoco ayudó. Pero eso vendría luego. Lo importante es que nos dejaron este regalo.

No os dejo el single porque no acabo de entender por qué lo fue. Mejor visitamos una joyita labrada en pura piedra virgen.

Cosas buenas a tod@s.




sábado, 22 de septiembre de 2012

De muertos agradecidos.

Dijo una vez Jerry Garcia (he aquí un sitio curioso sobre el mismo), cantante, instrumentista y compositor de los The Grateful Dead : Los discos no son indicadores absolutos, son sólo productos. Y no puedo estar más de acuerdo con él. Sacar conclusiones de una banda, la cual puede tener un largo y complejo historial cargado de cambios y evoluciones, incluso antes de la publicación de su primer trabajo, por un sólo álbum, siendo éste incluso el seleccionado por la crítica como el más significativo de su carrera, es un error de cálculo. Por eso no quiero extender la impresión del trabajo a toda una carrera y reconoceré por adelantado que lo que de éstos sé lo conozco más de lo leído que de lo escuchado.

Huyendo de cualquier subjetividad sí diré, para aquellos a los que no les suenen los de Palo Alto (California), que se trata de una alineación rock nacida en el 65, y donde hay que señalar directamente, y aparte del ya mencionado Garcia, a Bob Weir (guitarra y voces), Ron "Pigpen" McKernan (teclador, harmónica y voces), Bill Kreutzman (batería) y Phil Lesh (bajo).


Y, así, desde la ignoracia, la pregunta del millón para el neófito: vale la pena saber quienes son éstos?. Pues yo diría que sí. The Grateful Dead fue un grupo de rock absolutamente inmerso en la América californiana de segunda mitad de los sesenta y primeros setenta. Con todo lo que ello significa a nivel de verano del amor, drogas, sonidos psicodélicos, inmersión y posterior electrificación del folk, etc, etc. Cualquier crónica de la escena musical de aquel momento acabará topándose, a poco que ahonde, con estos sujetos.

El caso es que hoy traigo aquí uno de sus trabajos de estudio, y precisamente Garcia, Weir y el resto son de los que tienen un currículum a nivel de directo de los de echar para atrás. Tanto por la devoción de sus seguidores (los conocidos como deadheads) a registrarlos como por la modificación y experimentación que sobre las melodías originales perpetraban sobre las tablas. Conciertos de ellos pueden encontrarse en la nube en diferentes sitios. Por proponer uno, la web Archive , donde pueden escucharse en streaming o, en ocasiones, incluso descargarse para escuchar tranquilamente donde a uno le apetezca. No me he metido en ese fregado de momento, de forma que tengo que hablar de lo leído cuando avanzo que los Deads del directo son un grupo diferente al de estudio (al de estudio del American Beauty quiero decir), arriesgado, innovador, rompedor e iconoclasta.

Y permitidme que me centre ya un poco en el American Beauty.
No me ha impactado lo que esperaba. Siento decirlo así porque cortes como Friend of de devil forman parte de mi imaginería personal. Porque uno no es de permanganato y cuando abre las orejas para investigar uno de esos 500 grandes álbumes de todos los tiempos segun la Rolling Stone espera el shock y el calambre subiendo, espalda arriba, la espina dorsal completa. Y no ha pasado así. Consecuencias negativas de comenzar algo con expectativas demasiado elevadas.
Tampoco es que me haya decepcionado o no lo haya acabado de comprender (como me pasó en su día con trabajos del relumbrón del OK Computer de Radiohead o el Mellon Collie and the Infinite Sadness de The Smashing Pumpkins). Simplemente no me ha parecido tan diferenciador del sonido de su época como para entender el paso adelante o la carga influenciadora que pudo tener. Es sencillamente bueno, sin necesidad de adornar el adjetivo con más parafernalia. Al nivel de unos Crosby, Still, Nash and Young, unos Jefferson Airplane, unos Byrds, unos Buffalo Springfield. Primera división, no se me confundan, sólo que no me dió el latigazo.

Como esta semana comenzó a llover, voy a pasar de la canción mencionada arriba y, para seleccionar un corte de la galleta, me quedo con esta Box of Rain. Con ese juego melódico de voces que tan bien se les daba a los Deads, con el ritmo sostenido y la límpida melodía del folk de casta. Friend of the Devil y Truckin me las guardo en la manga. Ahí hay otras cosas que contar.

Cosas buenas a tod@s.




viernes, 21 de septiembre de 2012

Transición poliédrica

Esta semana nos dejaba una de esas figuras que el lenguaje popular hispánico cataloga de "padres de la transición". Hablo de Santiago Carrillo. En paz descanse, faltaría más.
Uno, que le tiene vicio a la cosa ésta de la música, liga unas cosas con otras y le da por pensar en la música que se escuchaba por aquí en aquellos momentos. Años 73, 74, 75, 76 ... y a uno se le viene a la cabeza el trabajo de dos flamencos que agarraron su guitarra para saltar de la elevada azotea de los círculos exclusivos al firme gris de las aceras, el mismo que pasean los curritos y los borrachuzos a las seis de la mañana, somnolientos los dos.

Estos dos tipos respondían a los nombres de Manolo Sanlúcar y Paco de Lucía. De Sanlúcar el primero, de Algeciras el segundo, gaditanos los dos. Como no podía ser de otra manera. Parte de ese triángulo mágico que forman Jerez, Triana y los Puertos. La cuna del flamenco bueno. Dos sujetos que iniciaron un camino sobre nieve virgen. Dicen los que saben de esto, y me parece a mí que dicen bien, que Paco tuvo aquí un papel más relevante que Manolo, más profundo y con mayor repercusión en lo venidero. No por eso, pero sí por cercanía, hoy voy a hablar de Paco y del que es, posiblemente, su tema más reconocido: Entre dos aguas.

Por decirlo brevemente: el flamenco en parte, pero principalmente los adyacentes al mismo que escuchamos hoy día, no serían lo que son si no hubiera nacido Paco y si no se hubiera dedicado como se dedicó a la guitarra.
De casta le venía al galgo. Nacido de Lucia Gomes La Portuguesa, de ahí lo de Paco el de la Lucía, y de Antonio Sanchez, el pequeño Paco comenzó pronto a amorrarse "al palo". Su hermano Ramón guitarrista. Su hermano Pepe cantaor profesional. Paco tenía un camino trazado y lo anduvo.
Bebió de los buenos (ya tendremos tiempo de traer por aquí a Sabicas) y un buen día se convirtió en un tocaor de primer orden.

Y aquí es donde Paco comienza su andadura. Ahora hablamos de fusión con naturalidad. Eso es bueno. Yo soy un mil-leches, y creo en la pureza lo justo, lo mismo que creo en la mezcolanza lo justo. La persistencia en el tiempo y el espacio de ambas genera siempre conversión, transformación, evolución y enriquecimiento. Pero en aquellos años de caudillos encamados y príncipes con cara de susto, sacar el pie de la maceta no era tarea sencilla. Paco se atrevió. No fue el único, pero él se atrevió, y lo hizo bien.

Abrió el telón de los teatros fuera de España llevando el flamenco a oídos nuevos, adecuando los sonidos, los tonos y los ritmos, generando rampas de acceso a las cuevas donde duerme el duende agazapado. Virgilio con quien descender a los infiernos, al calorcito de la guitarra y el vino, a esa cosa que es el flamenco cuando quema y que tan complicado es de explicar al expectador acomodado en el tópico.

Y no de forma incosciente paso por el post sin mencionar a Camarón. Paco, por sí sólo, bien lo vale.

Disfrutad por favor de un tema exquisito.

Cosas buenas a tod@s.


martes, 21 de agosto de 2012

D.E.P. Marvin Hamlisch

El nueve de Agosto,tras la enésima noche de desvelos gracias a esa profusa tendencia de mi hija a los sueños más enigmáticos y perturbadores del silencio estival, me acerqué al supermercado para comprar el periódico y me senté en la terraza de una cafetería cercana a disfrutar un café con leche y una media de tomate con aceite de oliva. Inspeccionando el diario llegué a la página 35 y encontré una reseña tan intensa como breve de Juan José Abad sobre la figura que hoy traigo al blog: Marvin Hamlisch.


La excusa de dedicarle cuatro columnas en una página derecha se debe al reciente fallecimiento de un personaje del que conocía más las obras que la vida misma. Yo, y posiblemente el 90% de los mortales. De hecho, de algunos de sus trabajos (léase la banda sonora de El Golpe) llegué a comprarme el vinilo original pensando que nada (o poco) se había hecho sobre las partituras originales de Scott Joplin.
Por todas estas razones dudaba entre calificar la entrada de HDMNSDSE o un D.E.P., pero me decanté por lo segundo, si bien no tenía su nombre presente, parte de su obra sí forma parte del imaginario personal del siglo XX.
Y qué cuenta Abad del susodicho. Pues, datos musicales concretos basados en fechas y premios aparte, un rasgo de su caracter que me llama poderosamente la atención. Esa cualidad de algunos músicos de transformar lo popular en excelso, de aportar su granito de arena de técnica exquisita y profesionalidad a la música de masas, metamorfoseando lo vanal en algo mesurable para situarlo en el arco superior de la escala.

Hamlisch paseó su talento por la pequeña y por la gran pantalla, por Broadway, y por los escenarios de medio mundo. Podía observar en su vitrina Oscar, Tommy, Grammy, Emmy y Pulitzer. Vamos, de caerse para atrás.
Escuché una vez (disculpas pido por si me falla la memoria, pero escribo sin conexión a Internet) que la canción Goodnight Irene le valió a Howlin Wolf su seguna condescendencia (y por ende la libertad) por parte de un alcaide (en este caso el de la segunda prisión donde fue recluído). Leo que una vez más el tema venía al rescate de un músico de excepción, y es que Hamlisch la utilizó con tan sólo siete años para entrar en la excelsa neoyorquina escuela de música Juilliard. Significativo? más que nada rompedor. Con una expectación clásica, el chaval de nariz pronunciada se atrevía con una motivación sobre un clásico folk.

El año 73 rompe con todo y se hace con tres de las máximas estatuillas al reconocimiento estadounidense al mérito cinemátográfico, dos por las bandas sonoras de The way we were (Tal como éramos) y The Sting (El Golpe)y una tercera a canción original por la canción homónima del primer filme (interpretada por Barbra Streisand).
Sólo dos años después rompía la taquilla de Broadway con A Chorus Line. No soy muy dado al teatro musical, y de hecho poco puedo hablar al respecto, pero nunca es tarde para adentrarse en caminos sinuosos, las largas y sinuosas carreteras que decían los sin ritmo.

Un sujeto, en definitiva, del que merece la pena pararse y escuchar algo. No ahora, que no tengo conexión, sí a mi vuelta a la civilización, cuando revise por última vez estas líneas y, finalmente, las publique.

Almuñecar, a 9 de Agosto de 2012.

Cosas buenas a tod@s.