Mostrando entradas con la etiqueta 10s. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 10s. Mostrar todas las entradas

viernes, 25 de mayo de 2012

El extraño caso del sonido EK


Es posible que un nombre como el de Phil Ek no diga mucho así, de primeras, pero se trata de uno de los productores con impacto en la música popular norteamericana en los últimos años. De entre su ya-no-tan-corto trabajo (comenzó allá por el 94) especialmente me interesa esa alteración que hace de los sonidos folk en dos bandas de alcance ya mundial como son Fleet Foxes y Band of Horses.

He escuchado más a los segundos que a los primeros, además los escuché antes. El caso es que la escucha de los segundos hace unos días me ha traído de vuelta aquella sensación que ya tuve. Un sentimiento encontrado, algo parecido a algunas comidas asiáticas que entran en boca con un gusto muy acentuado y agradable y, a medida que las vas masticando, van liberando tonos que no te esperas, agridulces con que no contabas, puntas ácidas que no te cuadran. Pues algo parecido me pasa con la música tamizada por el amigo Ek.


Como no estudié ingeniería de sonido, no puedo encontrar las palabras exactas para explicarlo, pero diría que pasa por un reverb más acentuado de lo que mi gusto necesita y un fade innecesario. Como si de un wall of sound se tratase pero, en lugar de conseguido mediante la superposición de pistas, se obtuviera mediante la acumulación de efectos. Otro punto para mi gusto pelín cargante es el sobreestudio del aspecto vocal. En ocasiones entran líneas de voz que me sobran, que no necesito ya para tener la canción más presente, como si dieran una mano extra de pintura a una pared que ya tiene las manos suficientes como para tener una distribución del color homogénea.
El caso es que la música me gusta, me gusta mucho. Las melodías me parecen bien conseguidas, pero el punto ese de artificiosidad me deja como a dos palmos de la meta tras la maratón. A punto de conseguir la nota perfecta y la entonación adecuada. Y entonces es cuando no sé qué pensar. Voy a decir una chorrada aprovechando que el post y el blog son mios: no me parece un sonido actual. Me hubiera parecido un experimento más adecuado allá por los noventa. Ahora lo veo.... "pasado de moda"? Tampoco lo tengo claro.  No sé si es esa la sensación exacta que me genera, pero se le parece.

Por toda esta incertidumbre llamé al post como le llamé. Por desgracia no es éste un post donde los lectores se animen mucho a dejar comentarios, de forma que no sé si tiene mucho sentido que lance al viento la invitación a que dejéis vuestra opinión más abajo. De momento ahí dejo la mía, y, para adjuntar pruebas al juicio, entradas a los trabajos en Spotify. A ver a qué os suenan a vosotros. En cualquier caso insisto en lo ya dicho: El caso es que la música me gusta, me gusta mucho.

Cosas buenas a tod@s.

Fleet Foxes - Fleet Foxes (2008)










Fleet Foxes - Helplessness Blues (2011)











Band of Horses - Everything All The Time (2000)









Band of Horses - Cease To Begin (2007)










Band of Horses - Infinite Arms (2010)

sábado, 14 de abril de 2012

Tin Pan Alley

En el último post hice una referencia a este nombre y creo que era de recibo desarrollarlo, como mínimo, unas líneas más. El Tin Pan Alley.

Unas cuantas son las ciudades con caracter marcadamente musical que hay en los Estados Unidos. Pero una de ellas ha tenido siempre un caracter muy vinculado a la parte industrial de la misma, especialmente en sus primeros años, Nueva York.

Hubo un tiempo donde la música se entendía como un conglomerado de factores que acababan convergiendo para dar, como fruto, una canción. En esta época cada persona responsable del éxito de un tema tenía una misión específica dentro de la elaboración del mismo. Había un compositor, había un letrista, había un editor y, por supuesto, había un intérprete. Cada uno debía de tener una grado significativo de excelencia dentro de su campo con objeto de aumentar las posibilidades de generar un hit que llegara al público general y consiguiera un beneficioso número de ventas.
Luego, en ocasiones, se unía el hecho de que algún privilegiado era capaz de juntar varios de estos roles a la vez, especialmente el de compositor y letrista. Raramente el de intérprete con los otros dos. Fue en la década de los 50 cuando comenzó a generarse el papel del compositor-intérprete, la persona que no sólo era capaz de generar una melodía y darle cuerpo lírico, sino que además tenía la capacidad vocal y escénica como para interpretarla frente a una audiencia.

Los que se ganaban la vida exclusivamente componiendo o dando letra a las canciones vieron en esta nueva tendencia una clara amenaza a su estatus además de una evidente pérdida de calidad en las composiciones. Pudiera ser que algún iluminado apareciese con capacidades para deslumbrar en todos los aspectos, pero, en general, la falta de conocimiento o talento en alguno de esos apartados acababa repercutiendo en un producto lejos de la altura de los trabajos corales.

El impacto de este cambio ha llegado hasta el día de hoy, donde parece lo más natural del mundo que las personas que interpretan un tema sean los responsables de su creación. Pues bien, esto no fue así, como contamos, toda la vida.

En aquella prehistoria de la música popular americana, hablamos de comienzos del siglo XX, la grabación y comercialización de canciones de corte "ligero" comenzó a constituirse como una industria en ciernes capaz de generar píngües beneficios para sus inversores. Fue la época en la que empezaron a juntarse compositores y letristas y a fabricar obras para editores que se encargaban (bien a priori, bien a posteriori) de encajarlas con conocidos intérpretes o con nuevas figuras. Como si de un acto gremial medieval se tratase, la parte más notoria de esta masa de compositores fue concentrándose en Nueva York en un tramo de la calle 28 entre la Quinta Avenida y Broadway.
En un tiempo donde la guitarra se consideraba un instrumento de calidad menor para presentar composiciones ante el respetable público, decenas de baratos pianos verticales se amontonaban en las habitaciones donde estos compositores consumían cajas de cigarrillos y botellas de bourbon.

El verano en Nueva York es caluroso. Esto les hacía mentener las ventanas abiertas mientras aporreaban o acariciaban (que de todo habría) sus teclados. Para el casual paseante de la 28, aquel estruendo se convertía en una mezcla perturbante de sonidos entremezclados difícilmente identificables. Como si toda aquella gente se dedicara a golpear cazuelas de lata en sus habitaciones.
Como en tantos otros casos, fruto del azar o la providencia, aquella expresión cuajó, y al montante de estos compositores se les dío el apelativo genérico de Tin Pan Alley (El callejón de las cazuelas de lata).

Algunos de sus más ilustres integrantes ya han pasado por el blog (como Irving Berlin o Walter Donaldson), y otros lo harán en un futuro (sin lugar a dudas gente como Cole Porter o George Gershwin).

Un par de ejemplos de productos exquisitos salidos de esta "factoría". Un poquito de Duke Ellington interpretando una melodía de Lawlor y Blake (de 1894!) llamada The sidewalks of New York (Las aceras de Nueva York) y un regalo de Al Jolson interpretando el Give my regards to Broadway (Dale recuerdos a Broadway de mi parte) de George M.Cohan.

Cosas buenas a tod@s.


lunes, 12 de marzo de 2012

Hacerse maduro en la frontera

El pasado fin de semana leía un artículo acerca de la capacidad de envejecer siendo un rockero de pro.
En particular centraba el posteador su artículo sobre Bruce Springsteen. Y lo centraba para mal. Poniéndole como ejemplo de persona que, bien mal aconsejada, bien por eterno complejo de Peter Pan, no ha sabido evolucionar el rol que debe de cumplir delante de su público y en vez de dejarse guiar por una honestida brutal, ha preferido alargar su imperecedera fama hasta donde el mercado decida.
No quiero entrar hoy en la figura del Boss ni en la particularización del planteamiento del escrito. Si todo sale medianamente como debiera, pronto caerá por aquí el de New Jersey.

Sí se me ha venido a la cabeza el asunto de fondo, el envejecimiento del rockero, cuando he traído a las orejas ese trabajo reciente y sereno de un grupo a menudo subvalorado a este lado del charco: Los Lobos.

Posiblemente si tengo una larga noche por delante, una caja entera de cervezas heladas, una funda repleta de farias y la compañía adecuada, colocaría encima del disco de los de David Hidalgo alguno de Tito Larriva. En cualquier otra circunstancia me quedaría con el paso medido de los de Los Ángeles Este.

Los Lobos son algo más que aquel grupo que versionó La Bamba del gran Ritchie Valens para la B.S.O. de la peli homónima del 87. Los Lobos son una banda de rock cercana a la frontera. Imbuidos por los sones a un lado y al otro del Rio Grande. Una banda que comenzó su andadura allá por los años 60 y que, aún hoy, sigue dando guerra.

No hace mucho sacaron al mercado este Tin Can Trust que es como un chupito de tequila reposado.
Me encanta el paso gastado que destila. Midiendo la energía justa en cada tema. Con guitarras dominadas y voces amaestradas por los años. Sin hacerse monótono ni pesado en ningún momento. Con dos temazos en español que sacan a la luz del sol las raíces más profundas de la música mamada en los suburbios inmigrantes chicanos de L.A. Con un instrumental enorme del propio David Hidalgo titulado Do the Murray, con temas que me recuerdan vagamente dejes del Chris Rea más lacónico, como un Jupiter or the Moon o el genial All my bridges burning. Por si faltaba alguna pretensión (que diría Rosendo), una versión de un temazo de Jerry García y sus Muertos Agradecidos.

No sé qué opinaría el autor traído al comienzo del post del envejecimiento de éstos. Para mí excepcional. Aprovechando lo que de bueno tiene madurar a fuego lento. Cuando la técnica no necesita del exabrupto. Como me decía uno que yo me sé hace unos días, llega una edad en la que ya no sientes la necesidad de írtela midiendo con todo el que te pasa al lado.
Cosas buenas a tod@s.



viernes, 2 de marzo de 2012

Otra vez Dublin

Una vez más, digo, porque no es la primera, ni será la última, que de sus calles llega algo que me hace girar la cabeza.

Se llama Imelda May, tiene mi edad, y sacó un trabajo llamado "Mayhelm" que me ha tenido esta semana enganchado como una lapa.

Todo en esta mujer es desbordante. Su sonido, su aspecto, su voz. Me encanta comprobar que el aire psychobilly o nu-rockabilly que desprende efectivamente mana de las fuentes. No sólo las referencias explicitadas por ella en más de una ocasión a Buddy Holly, Eddie Cochran, Gene Vincent y todo el rock primigenio, sino sus colaboraciones con los resucitadores del sonido, esos que hace poco tuvieron su post aquí mismo, los Stray Cats personificados en su vocalista Brian Setzer.

Pero de Imelda es mejor ver y escuchar que leer.Cosas buenas a tod@s.



domingo, 26 de febrero de 2012

HDMNSDSE

Un tiempo atrás publiqué un post que se llamaba "Hace diez minutos no sabía de su existencia". Me pasa a menudo que me encuentro con grupos saltando de aquí para allá que me llaman la atención. Luego el ritmo de la rutina me los disuelve y, a veces, los pierdo para siempre. Por esto se me ha ocurrido coger el titulito de marras y hacerlo toda una etiqueta. Ilegible, fea si quieren, pero que me ayudará a que les cueste un poquito más perdérseme en el olvido. Y hoy, un grupo que suena de maravilla: Vintage Trouble.

Leí a Henry Chinansky decir que algunos les habían definido como Led Zeppelin con Sam Cooke como cantante. Ahí es nada.


Me conecto a Spotify y sin esperar a la hora del vermut (sin pretensiones: Rosso de Martini, dos hielos y un trozo de cáscara de naranja) me enchufo la descarga de The Bomb Shelter Sessions vía ótica. Soul para el alma, ideal para los que no tenemos entre nuestras tradiciones pisar suelo santo los días del Señor.

Como las bandas que aparezcan bajo esta etiqueta serán todas "a estrenar", poco más puedo decir de ellos, ni les tengo recuerdos de juventud, ni les he comprado discos sacandome unos duros, ni me emborraché cien veces en el mismo bar escuchándoles. Pero todas esas tres cosas pueden empezar hoy.

El disco puede encontrarse en el Spoty aquí o en la playlist que coloco al pie de estas líneas. Cosas buenas a tod@s.