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martes, 12 de mayo de 2026

Hermanos Alquézar: Jardín

Idioma original: Español
Año de publicación: 2020
Valoración: Se deja leer (y a mucha honra)

Hermanos Alquézar es el pseudónimo de un autor dedicado a la ficción en formato breve. Y Jardín es una colección de relatos salidos de su pluma. 

Estos relatos (salvo, a mi juicio, el que se titula "Pesadilla en amarillo") se adscriben al género de terror. Un terror ligero, que juega con las convenciones del género sin tratar de subvertirlas y que a veces ostenta un humor tan simpático como inofensivo.

A grandes rasgos, todos los relatos de Jardín funcionan en tanto que pasatiempo. Incluso los más derivativos y lineales del conjunto, como "La expedición científica", "La maldición", "Pesadilla en amarillo" o "Sola" tienen su gracia, dada su brevedad y falta de pretensiones. Sin embargo, debo admitir que aquellos relatos con mayor potencial, como "El capitán ha desaparecido" o "Disfraz", pueden resultar un tanto frustrantes, ya que la falta de desarrollo de su interesante idea central provoca que su lectura se resienta.

El antes mencionado humor de estos relatos también puede llegar a lastrarlos un poco. Si bien da un acabado bonachón al conjunto que redunda beneficiosamente en su modestia, también resta intensidad a ciertas historias o alarga en demasía determinados pasajes. "Viejas" es un ejemplo de ello, ya que decae por su a todas luces excesivo enfoque cómico.

Sea como fuere, Jardín es una colección amena y entretenida que funcionará como pasatiempo a quien acuda a ella sin grandes expecativas. No obstante, insisto en que puede dar la sensación de que algunos de sus relatos no cuajan del todo o podrían haberse desarrollado en direcciones más interesantes.

Ah,  Jardín está ilustrado por Kirke Din. De las imágenes de Din aprecio su estética, de trazos y entramados deliberadamente toscos, aunque su estilo y composición son algo básicos, y su escasez (apenas hay tres engalanando el volumen) provoca que sepan a poco.


jueves, 23 de abril de 2026

Jon Bilbao: El regreso del Hircocervo

Idioma original: Español     
Año de publicación: 2020
Valoración: Entre recomendable y está bien

En Reata, ningún animal doméstico sobrevive a la medianoche. Un veterinario que llega a este pequeño pueblo de la España profunda, supuestamente de vacaciones, acabará investigando, al igual que tantos otros antes que él, semejante fenómeno.

Esta es la premisa de El regreso del Hircocervo, novela corta del asturiano Jon Bilbao que aúna el terror rural castizo con lo lovecraftiano, siempre desde la óptica ambigüa e indefininida de lo extraño y lo insólito. Funciona a la perfección en tanto que experiencia literartia creativa, incómoda y perturbadora. Desgraciadamente no acaba de cuajar como narración al uso. 

Vamos por partes. De este texto, destacaría las siguientes virtudes: 

  • Dada su brevedad y el interés que genera se lee de una sentada.
  • Tiene un planteamiento extremadamente sugerente.
  • En su estilo taquigráfico, similar al de un guion audiovisual, se aprecia sin embargo cierta sensibilidad.
  • Sus personajes, aunque algo simples, tienen unas caracterizaciones lo suficientemente marcadas como para diferenciarse entre ellos.
  • Alberga un par de escenas impactantes, ya sea porque son muy imaginativas o porque logran teñir lo cotidiano de rareza.
  • Se guarda las explicaciones y respuestas sobre su misterio principal para sí mismo.

Por otro lado, tengo que admitir que El regreso del Hircocervo me ha parecido algo mejorable: 

  • Visto en retrospectiva, da la impresión de que le falta empaque. Parece, antes que una obra terminada, un borrador (uno muy trabajado y sumamente prometedor, todo sea dicho).
  • La mayoría de escenas que muestran los enredos sexuales del protagonista aportan poco y se antojan reiterativas.
  • Desaprovecha a algunos personajes.

En fin: El regreso del Hircocervo es una novela solvente, sugestiva y entretenida. No obstante, parece escrita en un frenesí de inspiración que se hubiera beneficiado, al menos para mi gusto, de una revisión en frío. Sea como fuere, cumple sin sobresalir, gusta sin entusiasmar e impacta sin llegar a ser memorable, y demuestra, una vez más, que Bilbao es un autor al que conviene tener en cuenta.

Ah, esta novela se la debemos a Fin de Raza, editorial (lamentablemente en hiato desde hace bastante tiempo) que apuesta por libros que combinan lo literario y lo visual y devienen bellos objetos de coleccionismo. Como muestra de esta filosofía tenemos El regreso del Hircocervo, con su calidad artesanal, su tirada de 1000 ejemplares y sus ilustraciones de Celsius Pictor.


También de Jon Bilbao en ULAD: Aquí

viernes, 17 de abril de 2026

Zoom: No tengo boca y debo gritar, de Harlan Ellison

Idioma originalinglés
Título originalI Have No Mouth, and I Must Scream
Año de publicación1967
Traducción: ¿?
Valoraciónrecomendable 

Con todo esto de la expansión de la Inteligencia Atrofiada (quiero decir, Inteligencia Artificial), y a raíz de un día en el que estaba aburrido y leí una lista de los peores villanos de la ficción, de los cuales figuraba AM (el ente central de esta obra de no más de veinte páginas), decidí embarcarme en este relato. Ya lo conocía de hace tiempo y su título me llamaba la atención (también tiene un juego de point and click de 1995, en el que se expanden los matices no explorados), pero no tenía ni idea del argumento en sí, por lo que la lectura fue una mezcla de expectativas por ser la referencia de muchas otras obras y de desconocimiento ante lo que me pudiera encontrar.

Y en verdad es mejor no ir con muchas expectativas. No es un relato épico o de tensión construida hasta el apogeo de la angustia y el terror y que se resuelva en una escena que le dé sentido a lo precedido. Se trata de una historia donde el narrador, Ted, describe todo con un tono apático, resignado. Y no es para menos.  Cien años después de la extinción de la humanidad en el holocausto nuclear provocado por AM (las siglas de Allied Mastercomputer), solo sobreviven (han sido seleccionados para sobrevivir) cinco individuos, cuatro hombres y una mujer. Estos se ven sometidos a torturas diarias por AM, una especie de super computadora militar que recorre todo el planeta a través de pasillos subterráneos y cavernas de todo tipo de biomas.

Lo que rescato del relato, y es lo que lo eleva a la categoría de recomendable, son sus páginas finales (finales es un decir, más bien los últimos párrafos, ya que cubren una temporalidad vertiginosa), cargadas de una mezcla potente de esperanza, terror y resignación suprema. Eso y la descripción de AM, un objeto lleno de odio en cada uno de sus códigos, y del cual podemos intuir, y el mismo narrador lo confirma, que lleva ese sentimiento tan profundo debido a su incapacidad de imaginar otra vida que no sea cumplir el rol que le fue asignado. Si bien Ted se convierte en alguien sin boca y queriendo gritar todo su horror, también AM está encerrado con los humanos, sin poder cambiar su destino y conformándose con tratarlos de juguetes.

Por otro lado, por más breve que sea el relato, las descripciones no terminan de imbuirnos en el ambiente. Las caracterizaciones de las torturas de AM rozan lo confuso y lo abstracto, y cuando emprenden el camino hacia unas cavernas de hielo en busca de comida enlatada, tampoco se nos hace partícipe de una epopeya o de un viaje significativo, o, aunque sea, del cansancio y el dolor de años de cada uno de los personajes. Es cierto que después de muchos años la angustia se encarna y casi no se siente, pero en la medida en que el villano está claramente definido y las desilusiones continuas a las que se ven sometidas (porque no han perdido esa capacidad), siento que las reacciones y diálogos apenas raspan la superficie de las ideas contenidas (supongo que por eso el creador decidió profundizar su historia en el juego mencionado y en otras obras que expanden su universo). Además, el famoso monólogo de AM es corto y repetitivo, como leer una sucesión de ceros y unos (bueno, quizás debido a la naturaleza de AM tenga sentido); pareciera que la fama adquirida fuera a raíz de referenciarlo a lo largo de todos estos años más que por su contenido real. 

En definitiva, es un buen cuento que nos sugiere mucho más de lo que nos cuenta, un futuro aterrador con un amo supremo incapaz de las bondades del humano y sí con muchas de sus miserias, pero que, de alguna forma, la última palabra la podemos tener nosotros.

lunes, 13 de abril de 2026

Thomas Olde Heuvelt: Oráculo

Idioma original: neerlandés

Título original: Orakel

Año de publicación: 2021

Traducción: al inglés, Moshe Gilula; del inglés al español, Ana Isabel Sánchez

Valoración: entre recomendable y está bien

Última novela, hasta la fecha, del autor de la estupenda y terrorífica HEX que no sólo resulta tener un transfondo de lo más holandés posible (y sí, en este caso digo holandés más que neerlandés), sino que ya  comienza echando mano de un par de clichés: un par de adolescentes que, al dirigirse a clase en bicicleta, encuentran un sorprendente hallazgo en un campo de tulipanes -bueno, vale, como es casi invierno, de bulbos de tulipanes, pero lo mismo da-; sólo faltan un par de molinos de viento y una oronda y rubia campesina con zuecos... El hallazgo de los chicos tampoco es una nadería, sino nada menos que un navío desaparecido trescientos años atrás y que vuelve a aparecer ahí tirado en medio de un campo. Y qué tiene la bastante inquietante característica de que todos aquellos que entra por su escotilla de proa no vuelve a salir... Desaparecen, además, mientras suena la fantasmal campana de a bordo. El barco, cómo no, se llama el Oráculo - y la finca donde aparece, por cierto, tiene el premonitorio nombre de El Fin de Todo Hombre-; con este  sugerente comienzo, cabe esperar, sin duda, una historia de terror de las de poner los pelos como escarpias, ¿no?

Pues no. O, mejor dicho, sí pero no... Porque, si bien nos encontramos, sin duda, ante una novela de terror fantástico -o viceversa-, Oráculo no se queda en eso, puesto que muta por momentos hacia un thriller "de espías", cuando del hallazgo se hace cargo una opaca sección de los servicios secretos neerlandeses llamada Noviembre-6; a una novela juvenil, ya que el principal protagonista es Luca, uno de los chicos que encuentra el barco, de trece años e incluso, en cierto modo, se trata de una secuela de HEX, lo que no quiere decir continuación, porque el otro protagonista más destacado de la historia -dentro, eso sí, de un montón de personajes- es nada menos que Robert Grim, que les sonará a quines hayan leído la primera novela de Heuvelt (la primera traducida al castellano, al menos). Tranquis quienes no lo hayan hecho, porque no es para nada necesario (aunque sí conveniente) para seguir ésta. 

El terror que nos ofrece la novela también cambia a lo largo de la historia, pues si en un principio, cuando se producen las inexplicables desapariciones, podríamos hablar incluso de un "terror metafísico" (con todas las comillas del mundo, por favor), para luego encontrar otro más epidérmico y, por último, casi un "horror cósmico" lovecraftiano, combinado, además, con un atavismo bastante sorprendente.... En fin, que quizás por esta ensalada de terrores cambiantes me da la impresión que la novela puede no ser del agrado total de los devotos del género más puro... o quizá se deba más bien a lo que he mencionado que tiene el libro de thriller de espías e incluso de acción y que puede despistar un poco al personal terroadicto más recalcitrante. Puede que me equivoque y espero que así sea, en todo caso. De lo que sí estoy seguro es que esta novela puede agradar también y mucho, a los seguidores del género fantástico (no necesariamente terrorífico, quiero decir) y también a un público de gusto más general, por qué no.

Un último apunte: en mi reseña de HEX comentaba que en esa novela había pocos personajes femeninos (aparte de la bruja alrededor de quien gira la historia, claro) y aún menos encontrábamos en ECO, en todo caso, en lo que yo llegué a leer. No ocurre lo mismo en Oráculo, en donde encontramos una paridad entre personajes masculinos y femeninos, con bastante protagonismo de algunas de éstas, además. Otra cosa es si estos personajes femeninos están mejor o peor tratados o responden a ciertos tópicos, como le he oído comentar a cierta youtuber, pero bueno, parece que Thomas Olde Heuvelt está más atento a este detalle. Claro que igual su siguiente novela se desarrolla en un monasterio de monjes cartujos y me tengo que callar...


También de Thomas Olde Heuvelt en Un Libro al Día: HEX

martes, 7 de abril de 2026

Eduardo Zamacois: El Otro

Idioma original: Español
Año de publicación: 1910
Valoración: Entre recomendable y está bien

El Otro, novela de Eduardo Zamacois publicada originalmente el 1910 y basada en un relato homónimo del mismo autor, vendió muchos ejemplares en su momento. Su éxito se debió, evidentemente, a su contenido erótico-terrorífico, que si bien para estándares actuales es suave, entonces debió resultar bastante provocador.

El argumento de El Otro es sencillo. En su primera parte narra cómo la joven Adelina Vera y de Félix es maltratada y abusada por su marido, el doctor Alberto Riaza, quien ha enloquecido por culpa de su impotencia. Adelina confiesa el martirio al que es sometida a su amante, Juan Enrique Halderg, barón de Nhorres, y entre ambos deciden asesinar a Riaza. La segunda parte de la novela sigue a Halderg y Adelina siendo atormentados (al menos presuntamente) por el espíritu vengativo del muerto.

Como se puede deducir de este resumen, en El Otro hay varias escenas sexuales. Y no me extraña que escandalizaran a los biempensantes a principios del siglo XX, porque además de lo explícitas que eran para la época, lucían una inusitada perversidad. Hablo, además de escenas de adulterio, de las repetidas violaciones espectrales que Riaza perpetra a Adelina (en ocasiones con Halderg presente en la misma habitación).

Otro aspecto relevante de El Otro, aunque éste quizá no se desprenda tan fácilmente de mi resumen, es la ambigüedad del conjunto. Zamacois da indicios de que, realmente, la presencia sobrenatural de Riaza acecha a Halderg y Adelina, pero al mismo tiempo da explicaciones (médicas o de otra índole) para justificar los acontecimientos.

Personalmente, he disfrutado muchísimo de El Otro. Me han gustado sobre todo su prosa, en ocasiones arcaizada pero nunca recargada, y algunas de sus ideas (como el sadismo de Riaza, el fallecimiento del hijo de Adelina y Halderg o el hecho de que Adelina acabe gozando las visitas de su antiguo marido).
   
Sin embargo, admito que El Otro tiene sus defectos. A mi juicio, la novela se siente algo desorganizada y más larga de lo estrictamente necesario. Asimismo, sus personajes (pese a estar adecuadamente caracterizados, son un pelín planos), y su final se antoja anticlimático.

Sea como fuere, la mentada sobredimensión de El Otro es el único reproche serio que puedo ponerle a esta por otro lado disfrutable novela. Y es Zamacois hubiera podido recortar el texto para que no se sintiera tan repetitivo (¿por qué recalcar tantas veces, ya sea en monólogos internos o en diálogos, la indefensión de Halderg hacia Riaza, y su voluntad de morir para combatirlo en igualdad de condiciones?). 

Para podar la extensión de El Otro, Zamacois también podría haber minimizado las a todas luces excesivas digresiones y racionalizaciones que los acontecimientos instigan en diversos personajes, o eliminar escenas (como, por ejemplo, la que narra la visita de Halderg a don Jaime, un vidente mitad adivino, mitad brujo) o detalles (el cambio que se opera en Matilde, una de las dos vecinas solteras de Adelina) que parecen conduciar a algo pero no acaban aportando nada. 

Ah, se realizó una adptación cinematográfica de El Otro en 1919. Lamentablemente, el film, dirigido por José María Codina y protagonizado por el mismísimo Zamacois, se ha perdido con el tiempo.

domingo, 29 de marzo de 2026

Malcolm Devlin: Y entonces desperté

Idioma original: Inglés
Título original: And Then I Woke Up
Año de publicación: 2022
Traducción: Mª Pilar San Román
Valoración: Recomendable

Y entonces desperté es una novela de terror tan sencilla como efectiva. Además de enfocar de manera refrescante los géneros del apocalipsis y los zombies, entrega un contundente mensaje, lo cual aporta profundidad y enjundia al conjunto.

Transcurre en un mundo devastado por infectados violentos. El elemento diferencial de esta historia es que dichos infectados no son zombies, sino que tienen la percepción de la realidad alterada y ven a otras personas como tal. Los protagonistas de la historia, Spence y Leila, dos infectados rehabilitados, gestionan su pasado de manera distinta. Spence siente una culpa que le impide aceptar la postiza redención que los compasivos organismos oficiales reservan para los rehabilitados. Leila, en cambio... Bueno, mejor dejo que esto lo averigüen los lectores.

Llegados a este punto, me gustaría destacar unos cuantos apartados de Y entonces desperté que me hubiera gustado que se plantearan de otro modo:

  • Si bien el mensaje de la novela la engrandece y está muy bien focalizado, es quizá algo obvio y lineal.
  • Pese a que los protagonistas están adecuadamente diferenciados y caracterizados, sería más fácil simpatizar con ellos si su personalidad y motivaciones se hubieran espesado un poco.
  • Ojalá se exploraran más las formas en las que el gobierno pretende conseguir que los infectados vayan despertando, aunque comprendo que la novela no persigue crear un mundo detallado, por lo que con esbozar unas cuantas ideas interesantes sobre esto ya es suficiente.

Sea como fuere, Y entonces desperté es una vuelta de tuerca de las historias, por lo general algo gastadas, de apocalipsis y zombies. Aunque advierto que lo que la diferencia de sus compañeras de género no es solamente su concepto original, sino que también su tono reflexivo y el hecho de priorizar la psicología de sus personajes a la acción.

La imagen de la cubierta de la edición al español de Y entonces desperté me encanta. Realizada por el artista digital Samuel Araya, plasma con absoluta maestría una escena crucial de la novela.  

domingo, 22 de marzo de 2026

Thomas Ligotti: Mi trabajo todavía no está acabado. Tres cuentos de horror corporativo

Idioma original: inglés
Título originalMy Work Is Not Yet Done. Three Tales of Corporate Horror.
Año de publicación2002
TraducciónMarta Lila
Valoraciónse deja leer 

La verdad de las verdades, llegué a este libro solo por el comentario de Juan acerca de la portada del libro de las entrevistas a Ligotti. Ese día me reí muchísimo, así que mis agradecimientos a mi compañero por alegrarme la tarde. 

Dicho lo cual, qué decepcionante este libro de cuentos. Es cierto que el terror es uno de los géneros más difíciles de escribir, y más en estos tiempos, pero lo que menos me esperaba era una mezcolanza entre lo sádico, lo bizarro y lo onírico en donde ninguna de las tres partes consiguiera destacarse. 

Vamos a desglosar uno por uno los tres cuentos. Bueno, técnicamente el primero es una novela corta. Mi trabajo todavía no está acabado trata sobre Frank Dominio y de cómo lleva años trabajando en la empresa. Cuando empieza la novelita, forma parte de un grupo en el cual todos son los representantes de sus áreas, y cada uno es más tonto y sádico que el otro. Y acá es donde ya comienza a hacerme ruido. Si bien el subtítulo de este libro es Tres cuentos de horror corporativo, me parece una falta de sutileza importante caracterizar a los demás trabajadores (todos chupamedias del gran jefe Richard, un personaje que surfea entre la condescendencia hacia Frank y el egoísmo y cinismo más frío) como inútiles superficiales que solo buscan destruir a su compañero. Por supuesto que existe gente así, y es la mayoría por lo general, pero en esta ocasión me parecieron un compendio de estereotipos. Sospecho que Ligotti busca ese efecto precisamente por lo que ocurre después, cuando la trama llega a su nudo.

Motivado por una gran idea, Frank la presenta al resto de su grupo y solo obtiene unos comentarios de compromiso, todo para que a los días descubra que Richard se apropió de su idea. A partir de ahí, nace en su mente la idea de matarlos, pero terminan atropellándolo y dejándolo en una cama mientras su consciencia cobra vida como un ente aparte que obtiene poderes para eliminar a todos aquellos que lo maltrataron en su vida. No puedo contar más, pero es justo este cambio de decisión, a primera visa original, lo que termina por desbarrancar a la novela. Se convierte en una sumatoria de ejecuciones (bien planteadas, pero que al final no son para tanto, porque uno, como lector, no obtiene placer ante las muertes de los compañeros estereotipados) y se acumula una tensión por lo que sucederá entre Frank y Richard que se resuelve de manera decepcionante. Casi me hizo pensar en por qué había leído un centenar de páginas de prosa alucinatoria y desconfiada y escenas con efectos especiales de clase Z.

El siguiente cuento, Tengo un plan especial para este mundo, tiene un tono más ominoso. El mal (o al menos la brutalidad empresarial) es más abstracto, y la crítica hacia la estructura de un mundo competitivo funciona mejor por el hecho de situarlo en una ciudad casi incognoscible, una especie de Gotham (de hecho la ciudad, antes de la llegada de la empresa, se llamaba Ciudad del Crimen) sin justiciero, donde existe una niebla amarilla que, en aquellos lugares donde se hace más densa, conlleva asesinatos macabros, y a medida que la empresa se asienta o se relocaliza, como mencionan algunos empleados, en la ciudad (y hasta le cambia el nombre a Ciudad Dorada por temas de publicidad) los supervisores empiezan a morir de manera despiadada. En esta ocasión el giro me pareció menos efectista y algo más acorde a la trama, ya que el elemento de la niebla amarilla juega a su favor, y el hecho de que el narrador contemple todo de forma desapasionada también ayuda, pero la falta de desarrollo, o mejor dicho, el excesivo desarrollo de la trama y la falta de un sentido o de un clímax, hace que termine con sabor a poco y hasta algo confuso.

El último cuento, La red de las pesadillas, es el más experimental. Ligotti utiliza anuncios empresariales y comerciales para ir contando la historia de una empresa llamada OneiriCon, cuyo auge, expansión y caída se va fundiendo con la necesidad de pervivir bajo la fusión con una compañía rival. Si bien este cuento tiene trazas de originalidad, su tono frío y posmoderno hace que el lector se mantenga alejado y casi sin interés acerca por lo que le está contando. De hecho, es más un relato que otra cosa, una demostración del mecanismo de una empresa que no aporta a lo que todos sabemos, más cuando ya existen escritores como Foster Wallace que logran abarcar y desarrollar matices más profundos acerca del ambiente empresarial.

En definitiva, me pareció un libro pasable. El tono y prosa delirante de Ligotti (los dos primeros comparten casi al mismo narrador, si bien en el primero el personaje es más sacado y paranoico y el segundo más formal) no es suficiente para sostener unas historias donde pesa mucho más la forma que el fondo, historias centradas en generar un ambiente de incomodidad que en aterrorizar de forma certera.

Más de Thomas Ligotti: La fábrica de pesadillas

martes, 10 de marzo de 2026

Bernard Taylor: Dulce amor, dulce muerte

Idioma original: Inglés 
Título original: Sweetheart, Sweetheart
Año de publicación: 1977
Traducción: David Alcaraz Millán
Valoración: Está bien

Dulce amor, dulce muerte es una novela de terror de Bernard Taylor. Fácil de leer y competente, se antoja, eso sí, un tanto anticuada, más larga de lo necesario y mejorable en los apartados de la verosimilitud, la tensión y el miedo. Narra una historia de fantasmas bastante clásica, que si bien no resulta particularmente original, logra sorprender al lector con uno de los dos giros de tuerca que se guarda en la chistera. 

Sigue los pasos de David, un profesor inglés que reside junto a Shelagh, su pareja, en Nueva York. Un día, David tiene la premonición de que algo le ha ocurrido a su hermano gemelo, Colin. Cuando regresa a Inglaterra para aclarar las cosas descubre una terrible verdad: tanto Colin como su joven esposa, Helen, han muerto de forma repentina. Además, Helen le ha legado Gerrard’s Hill, su idílica casa de campo, por una razón que ignora. Mientras intenta desentrañar lo sucedido preguntando a la gente del pueblo sin mucho éxito y empieza a sospechar que una presencia sobrenatural permea su recién adquirida propiedad, llega Shelagh, provocando unos celos de ultratumba con fatídicas consecuencias.

A mi juicio, el mayor defecto de Dulce amor, dulce muerte es que se toma demasiado tiempo para plantear, desarrollar y resolver sus misterios. Aprecio como el que más los argumentos que se cuecen a fuego lento, pero el de la novela de Taylor no justifica ni su extensión ni la morosidad excesiva con que entrega ciertos detalles.

Tampoco me han convencido las reacciones y decisiones de determinados personajes. La manera de afrontar y responder a los acontecimientos del protagonista, por ejemplo, me parece muy poco creíble, por más que el autor se empeñe en justificarla.

La última crítica negativa que le haría a Dulce amor, dulce muerte es que la tensión y miedo que consigue evocar están algo diluidos y se resienten ocasionalmente por culpa de la falta de verosimilitud del conjunto. A mí personalmente me cuesta sentir que David es consciente del peligro que corre Shelagh cuando no hace lo imposible para mantenerla alejada de la casa, o cuando no se anima a contarle la verdad.

Llegados a este punto, puede parecer que Dulce amor, dulce muerte me ha parecido una novela algo floja. Sin embargo, debo aclarar que no es el caso. Reafirmo que es competente, y que tiene otras virtudes, como el hecho de que se lea con agrado pese a sus puntuales asperezas, que los personajes, pese a su sencillez, nos caigan simpáticos, que uno de sus dos giros de tuerca resulta sorprendente y que la manera en la que Taylor conecta el inicio de la novela con el final es sumamente eficaz.

viernes, 27 de febrero de 2026

Emilio Bueso: Ahora intenta dormir

Idioma: español

Año de publicación: entre 2010 y 2014, en revistas y compilaciones de relatos. Reunidos en este único tomo, en 2015.

Valoración: recomendable 

El castellonense Emilio Bueso es uno de los nombres señeros de la literatura fantástica y de terror española actual, pero, por lo que sea (no es que leamos sólo a ex-yugoslavos raros, ni nada de eso) aún no lo habíamos reseñado en este blog. Pues vaya de aperitivo, antes de, algún día, meternos con novelas más contundentes, este libro de relatos publicado por la imprescindible editorial Valdemar en 2015 (y que cuenta, como puede verse, con una cubierta de lo más adecuada, a partir de una obra del no menos singular pintor Zdzislaw Beksinski). Este volumen, en verdad, es una recopilación de cuentos que, o bien fueron publicados anteriormente en otras antologías o revistas, o bien el autor mantenía en barbecho en su cajón de inéditos, hasta encontrarles un destino apropiado. En conjunto, se trata de dieciocho relatos de temática, ambientación y extensión variadas, que podemos agrupar de la siguiente forma (por emplear alguna):  

  • Recreaciones bastante singulares de los personajes y situaciones clásicos del género del terror: la bruja -Vecina-; zombies -Tras una persiana veneciana-; posesiones diabólicas, tanto en Abuela  como -esta es incluso aún más original- en Dial; fantasmas -Barrer, quizás soñar y Bola de mierda-; la licantropía (de aquella manera) en De lobos y hombres y el vampirismo en la magnífica El hombre revenido.
  • Las distopías climático/cataclísmicas de En falta de palabras, La próxima vez que se desate la tormenta del infinito sobre nosotros y Al garete.
  • Relatos pesadillescos, es decir, a medio camino entre lo onírico y lo angustioso, en Lamphead y Del vértigo de un hospital.
  • Homenajes a maestros del género; más explícitos -Innsmouth, Massachusets (no hace falta decir a quién)- o menos, en la ligottiana persecución de Me sigue desde hace rato.
  • Finalmente, un mezcladillo de relatos, en los que encontramos desde el asesino controlador de Controller (¿dónde, sino?), los desconcertantes viajes en el tiempo de Cartero de medianoche o la maravillosa y terrible sinestesia de La resaca de ella.
¿Ya he mencionado los dieciocho o me he dejado alguno? Como se ve, estamos ante un buen surtido de galle... de relatos que abordan diferentes temas y formas de afrontar el género del terror. En general, no obstante, podemos determinar ciertas características comunes, que conformarían el estilo de Bueso (a falta, por mi parte, claro está, de leer alguna de sus novelas, para confirmarlo):    

- Una reconfiguración de los tropos típicos del géneros. No es que no estén presentes, pero se nos cuentan de otra manera.
- Maestría en la creación de ambientes, de escenarios y situaciones en los que es fácil sumergirse y suspender la incredulidad (en algunos casos más que en otros, también es verdad) por parte del lector. Y variaditos, geográficamente: desde un parking subterráneo de Castellón a una granja de Corea del Norte, del Corn Belt norteamericano a un pueblo de la Italia decimonónica. De la costa de Nueva Inglaterra a un cuartel militar en Ceuta, pasando por Groenlandia...  
- El dominio del lenguaje, no sólo como forjador del hilo narrativo, sino de auténtico catalizador de la energía, ya sea ésta maligna, angustiosa, desesperada o ciega. Una forma de contar que no te deja retroceder ni descansar un instante, al margen del resultado final, más convincente o menos, de la historia.

Por último, ¿cuales son los mejores relatos de esta compilación (puesto que quizás eso sea lo que más os intereses a algunos de vosotros/as)? Pues en mi opinión, y por elegir sólo media docena de ellos, sin duda la apocalíptica historia de vampiros de El hombre revenido; la no menos intensa posesión demoníaca (o así) en Abuela; la distopía a lo Waterworld de Al garete; la original fábula de ¿brujería? que nos propone Vecina; la procesión de "caminantes" de Tras una persiana veneciana  y, por supuesto, la bella y hermosa historia de amor que encontramos en La resaca de ella. Aunque no sólo estos, claro: también podríamos hablar de la original recreación del mito faústico que cuenta Dial o de Bola de mierda, una historia de fantasmas enraizada en la Guerra Civil (eso siempre da mucho juego, como bien sabemos en este blog). Da igual, queda comprobado que, en cualquier caso, Emilio Bueso es un escritor que cualquier aficionado/a a la literatura, sea de género o no, debería tener en cuenta. Eso sí, quedáis sobre aviso: luego no intentéis dormir...                                                                                                                                                                                                                                                                                                         

viernes, 13 de febrero de 2026

Reseña + Entrevista: So Little Seen, de Jared Roberts

Idioma original: Inglés
Año de publicación: 2025
Valoración: Recomendable (aunque no para todo el mundo)

So Little Seen es la segunda colección recopilatoria de la ficción de Jared Roberts. Junto a The Machine Stories, aglutina todas las historias que el autor publicó en línea entre 2016 y 2024. También incluye un final distinto al original para "My Sexy New Neighbor", y la inédita "Hypergraphia".

Huelga decir que esta antología me ha embelesado. A fin de cuentas, Roberts, uno de los escritores de creepypastas más aclamados de NoSleep, es quizá mi favorito, dada su indiscutible originalidad a la hora de abordar el género de terror mezclándolo con elementos propios del weird, la ciencia ficción y el absurdo.

Ya lo he dicho en otras ocasiones, pero de Roberts me fascina su pasmosa capacidad para plantear misterios tan intrigantes como irresolubles, amontonar detalles extraños que acaban construyendo su propia lógica interna, erigir atmósferas asfixiantes y subvbertir elementos apararentemente ridículos hasta volverlos particularmente siniestros.

Asimismo, conecto muchísimo con la fijación del autor por temas como la memoria, la obsesión y la liminalidad. Las veinticuatro historias que incluye So Little Seen ejemplifican a la perfección todas las cualidades literarias y fijaciones temáticas que acabo de mencionar. 

Unas cuantas de estas historias ya las conocía, pues o bien las leí en la cuenta de Reddit de Roberts, o bien las escuché locutadas por algún youtuber especializado en creepypastas; otras estoy casi seguro de que no las había degustado antes, así que han supuesto un fascinante descubrimiento.

Todas son, por lo general, muy buenas. Incluso las que, a mi juicio, carecen de la profundidad u originalidad del resto, o las que no acaban de exprimir al máximo su potencial, dejan pese a todo un regusto de lo más satisfactorio. Y no voy a negar que unas pocas son obras maestras de la literatura de lo extraño.

Sí, sé que lo de obras maestras de la literatura de lo extraño es una valoración muy fervorosa. Pero, sinceramente, no creo estar pecando de entusiasta al hacerla. "My Dad Finally Told Me What Happened That Day", por ejemplo, es una magnífica novela corta siniestra, desconcertante e intensa, que exhuda personalidad autoral y que, por supuesto, gira en torno a lo insólito.

En torno a lo insólito giran también el resto de historias de So Little Seen. Cito a continuación algunas de mis favoritas: "Esther" (originalmente titulada "Three Visits To A Hidden Tribe"), un ejercicio cuya vocación abstracta no demerita lo más mínimo su núcleo terrorífico; "My Sexy New Neighbor", cuyo planteamiento juguetón es una mera excusa para desarrollar la estética de Roberts; "How To Lose Friends And Scare People", capaz de transmitir de una forma muy particular la desgarradora sensación que provoca que las amistades tempranas se distancien; o "My Paralyzed Friend", que consigue que un hombre empuñando un embudo metálico asuste más que un asesino blandiendo un hacha ensangrentada.

Aprovecho para comentar que algunas historias de So Little Seen, si bien mantienen la impronta de Roberts, se alejan de su estilo más reconocible. "The Street Where No-One Was Meant To Be" tiende a lo onírico y febril, "Amen" es un cuento de terror algo lineal y convencional (al menos para los estándares del autor, claro), y "Gray's Mill", "The Special Dance" y "The Snowman" cambian la narración en primera persona por la tercera (y quizá por ello presentan una factura de corte poético).

En resumen, poco puedo criticar de So Little Seen. Y es que, pese a ser un volumen autoeditado, sólo tiene un puñado de erratas y gazapos; su cubierta, si bien no me entusiasma, no recurre a la inteligencia artificial, al contrario que la de The Machine Stories; y de las historias que contiene, apenas reprocharía a "Building Across The Street" una ejecución apresurada que desmerece una premisa y planteamiento muy potentes, a "The Missing Year" que, aunque deliberadamente desconyuntada, no logra establecer una lógica interna dentro de su hermetismo (lo cual sí que logran tantas otras obras de Roberts), o a "A Stranger Is Just A Friend You Haven't Met Yet" el antojarse superficial e insuficiente.


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A continuación adjuntamos un pequeño cuestionario que Roberts ha respondido con suma amabilidad:

ULAD: ¡Cuánto tiempo, Jared! Según he leído, llegaste a publicar algo en Eraserhead Press, la editorial consagrada al género bizarro. ¿Qué publicaste en particular? No he sido capaz de encontrar nada al respecto.

J.R.: ¡Hola, Oriol! Esto no es del todo cierto. Tuve la oportunidad de hacerlo, pero no la tomé, porque la editorial quiere que los nuevos autores participen activamente en la comunidad destinada al bizarro, y eso no me acababa de convencer. Hoy en día me alegra mi reticencia, porque creo que el bizarro no es el género en el que me desenvuelvo mejor. Entonces estaba simplemente atravesando una fase.

ULAD: El 16 de febrero de 2025, el popular podcast llamado CreepCast leyó y comentó una de tus mejores historias, "The Hidden Webpage". ¿Viste ese episodio? ¿Qué te pareció la opinión de MeatCanyon y Wendigoon? ¿Notaste un aumento de lectores atribuible a aparecer en una plataforma de semejante visibilidad?

J.R.:  Vi el podcast por encima. Sobre todo paré atención a los comentarios entre historias y las bromas. Me gustó que MeatCanyon y Wendigoon se involucraran con la historia. Eso es lo que me encanta, ver a la gente tomarse el tiempo para pensar de verdad en mis historias y conectar con ellas. Tuvieron ideas interesantes. 

La atención de CreepCast dejó un regusto agridulce. Al principio, conseguí unas cuantas ventas de libros, y algunas personas se pusieron en contacto conmigo. Asimismo, a muchos oyentes no les gustó la historia y sintieron la necesidad de expresarlo en reseñas en Goodreads. Pero reseñaron el libro completo solo por una historia. Una historia que no leyeron, que solo escucharon en una narración entrecortada. En cualquier caso, después de una semana, el interés pareció esfumarse.

ULAD: CreepCast también dedicó un episodio, el 8 feb 2026, a "My Sexy New Neighbor", una historia a la que, según he podido averiguar, le tienes mucho cariño. ¿Qué te pareció la opinión de MeatCanyon?

J.R.: Mmm. La historia siempre fue criticada en NoSleep por no tener final. Así que escribí uno nuevo que, en mi opinión, concluía las cosas. Pero lo escribí desde mi estilo e intereses actuales. Al público le pareció muy chocante este cambio, por lo que pude ver. 

El público estadounidense también reacciona negativamente a la sexualidad en las historias. Es muy extraño. A la derecha, están los conservadores, que fingen odiar el sexo porque va en contra de los valores familiares. A la izquierda, están los que se lamentan y tienen que odiar el sexo porque objetiviza e impone roles de género. Entre medias, hay un puñado de personas normales que aceptan el sexo. Yo no cuento, ya que soy de Canadá. Como europeo, ¿qué opinas tú?

ULAD: NoSleep es conocido por imponer ciertos rasgos a la literatura que cobija. Exige narraciones en primera persona, cuya presencia online esté justificada y con las que tanto autores como lectores sean capaces de inmergirse como si fueran reales. Tú, como autor de la plataforma, sueles respetar estas normas. ¿Crees que son hasta cierto punto restrictivas, o en tu caso benefician a tus historias?

J.R.: La regla más restrictiva es hacer pasar las historias como reales, aunque nunca tuve problemas con ella. De hecho, admiro a los escritores de OuLiPo, pues se imponían restricciones. 

Con la primera y la tercera persona se puede lograr prácticamente lo mismo si sabes lo que haces. Aunque siempre hay trucos. Por ejemplo, muchas de mis obras usaban historias dentro de la historia para tener una narración en tercera persona. El formato creepypasta, en general, se beneficia de parecer menos un relato y más un testimonio. Ofrece mucha flexibilidad con el lenguaje.

ULAD: De vez en cuando, tus historias no se amoldan a los requisitos de NoSleep. En So Little Seen hay unas cuantas de estas. "Gray's Mill", "The Special Dance" o "The Snowman", por ejemplo, ostentan una narración en tercera persona. Si bien te veo muy solvente al abordarlas, ¿te cuesta más plantear este tipo de ficciones, quizá por falta de costumbre?

J.R.: Creo que sí. Tengo que ser mucho más deliberado, pues hay menos libertad para cambiar repentinamente los tiempos verbales o tomarse otras licencias gramaticales. Sin embargo, en estas historias puedo ser más preciso. Cualquier sentimiento inquietante reside en la realidad objetiva y menos en la respuesta emocional a ella. ¿Tiene sentido esto que acabo de decir?

ULAD: Tienes un don para volver siniestros elementos que son ridículos. En So Little Seen, por ejemplo, logras exprimir las posibilidades terroríficas de un Keanu Reeves en silla de ruedas, de las películas de Dune o Home Alone, del zumo en tetrabrik o de un embudo metálico. ¿Cómo haces que estas cosas, aparentemente banales e infoensivas, den tanto mal rollo?

J.R.: No estoy seguro de que haya una única respuesta, pues es diferente en cada caso. Si fantaseo con algo y me da escalofríos, lo uso. La cinta de Dune es inquietante por la obsesiva creencia que los padres depositan en ella. A veces me inquietan esa clase de creencias, extrañas pero profundamente arraigadas. En la historia de Home Alone, era menos la creencia y más la relación de esta persona con un objeto realmente inocente. Otras cosas, como por ejemplo el cuenco en "Sunburn", implico que no son lo que parecen.

ULAD: Las máquinas son una de tus obsesiones. Máquinas complejas, demasiado como para que entendamos cómo funcionan, para qué sirven y qué clase de impacto tienen en nosotros, en el mundo o en la realidad misma. También te fascinan, creo, los deepfakes, porque los protagonistas de tus historias a menudo se ven a sí mismos en vídeos que no se corresponden a sus memorias. ¿En la vida real te asustan las másquinas y la IA?

J.R.: Es complicado de explicar. Disfruto muchísimo jugando con la IA. Sin embargo, me preocupa profundamente lo que nos estamos haciendo al emplearla. Aunque es ingenuo pensar que prescindiremos de ella. No es posible. Porque si Estados Unidos actúa éticamente y se detiene, Rusia dominará. Si Rusia se detiene, China dominará, etc... La decisión ya está tomada. Estamos atrapados en un tobogán horrible e incluso si intentamos detenernos, un hombre gordo en traje de baño se precipita hacia nosotros. Está por verse si al final está la perdición o el paraíso.

Como humanos, dependemos de la tecnología que creamos para resolver los problemas que ésta conlleva. Con suerte, la IA podrá descubrir cómo crear centros de datos limpios, curar el cáncer y resolver la creciente brecha del desequilibrio de la riqueza. Eso sí, no quiero ver series de televisión hechas con IA las 24 horas del día, los 7 días de la semana, en Netflix. El arte está hecho para ser una experiencia compartida. Si no puedes hablar de ello con alguien, es como si no lo hubieras experimentado.

ULAD: Por lo que he leído en otras entrevistas que te han hecho, tu madre siempre ha estado a tu lado. Sin embargo, me parece que en tu ficción prevalece más la figura paterna que la materna. En varias de tus historias, de hecho, retratas al padre positivamente, aunque sin idealizarlo, pues trata de proteger a su hijo o hijos de algún mal incierto que acecha desde su propia infancia, y en ocasiones incluso desaparece misteriosamente, dejando devastada a su familia.

J.R.: Nunca conocí a mi padre, ni tuve ninguna figura paterna en mi vida, al contrario que la mayoría de mis amigos. Supongo que lo compenso un poco con mis historias, o imagino cómo sería. 

Tuve la oportunidad de ser padre de acogida durante un mes. Me gustaba prepararle a la pequeña una taza de leche tibia antes de dormir y sentarme con ella mientras la tomaba. Era un momento tranquilo en el que podía hablar conmigo de cualquier cosa. Lloré cuando los niños se fueron. Aun así, todavía puedo verlos a veces, y les dejo pasar los fines de semana aquí. Ser padre es algo maravilloso. Tener uno también puede serlo, supongo.


También de Jared Roberts en ULAD: Aquí

martes, 6 de enero de 2026

Monika Kim: Los ojos son la mejor parte

Idioma original: inglés

Título original: The Eyes Are the Best Part

Año de publicación: 2024

Traducción: Albert Fuentes

Valoración: Entre recomendable  y está bien (sobre todo para raritos gente especial)

¿Una primera novela de una joven escritora que trata sobre la obsesión por comer ojos humanos? ¡Córcholis, qué me decís! Como podéis imaginar, me he apresurado a leerla y reseñarla antes de que se me adelante Oriol, que ésta parece escrita para él... (aunque, vaya, la ha publicado uno de los sellos de Planeta. Demasiado mainstream, quizás). Por lo demás, se trata de la primera obra, ya digo, de la escritora norteamericana, pero hija de coreanos, y residente en Los Angeles Monika Kim. Que ha escrito una novela... ¿a ver quién lo adivina? Pues sí, sobre una joven de Los Angeles hija de inmigrantes coreanos que, en su caso, estudia en la universidad y tiene una serie de problemas más o menos graves... Para empezar, su familia no nada en la abundancia, así que vive con su madre y si hermana en un pequeño apartamento de Koreatown. Y no digo que también con su padre porque éste las ha abandonado para formar otra familia con una mujer más joven. Su madre, a causa de la previsible depresión, se echa un novio bastante capullo, George, un blanco obsesionado con las asiáticas -incluidas las hijas de su nueva novia- y que se muda al exiguo apartamento. En la Universidad a Ji-won, que es el nombre de la protagonista, le va un poco mejor, pero también ha de vérselas con el estrés de los estudios y su indecisión entre sus dos nuevos amigos, el simpático Geoffrey y la cautivadora Alexis. 

Si la cosa se quedara aquí, podríamos encontrarnos, por ejemplo, ante una novela para eso que llaman "jóvenes adultos", que tratará sobre las cuitas familiares y sentimentales de una joven estudiante. Pero no es sólo por eso por lo que esta novela ha llamado la atención y suscitado parabienes diversos. Resulta que el muy poco presentable George posee unos ojos de un intenso azul celeste que fascinan de una forma malsana a Ji-won, que se obsesiona con la idea de arrancárselos e ingerirlos -la idea le surge a partir de la costumbre coreana de comerse los ojos del pescado para tener buena suerte-; y, por extensión,  lo mismo con todos los ojos azules con los que se cruza. El proceso de Ji-won hacia volverse totalmente cucú bananas es lo que resulta tan atrayente de esta novela, que a partir de cierto momento se desliza indefectiblemente hacia el thriller psicológico e incluso, según algunos, el body horror (aunque yo considero que se trata de otra cosa). 

Es evidente que la premisa de esta historia tiene un carácter simbólico, más allá de su adscripción al género del thriller o incluso a a narrativa de terror. El descenso hacia la psicosis de la protagonista es paralelo a lo que podríamos considerar su empoderamiento como mujer frente al control masculino, en primer término, pero además como mujer asiática frente a los hombres blancos (es decir, anglosajones, etc., que estamos hablando de EE.UU.), que ven en las féminas de su raza no sólo una fantasía sexual, sino también de sumisión ante el dominio masculino. Incluso se puede decir que, en última instancia,, es esta lectura de la novela la que se impone sobre la puramente narrativa, ante lo cual no cabe poner la menor objeción,  claro  -y probablemente sea lo que haga que esté libro perdure en el recuerdo de quien lo lea-; no obstante, puede que al centrarse en ello la autora haya descuidado algún que otro mecanismo narrativo del género, pergeñando situaciones poco verosímiles o que parecen cuadrar a la perfección hasta que te paras a pensar en ello... Tampoco pasa nada: no deja de ser una primera novela que, en mi opinión, aprueba con nota, Con la dificultad añadida de que su argumento posiblemente no sea del agrado de todo el mundo o pueda resultar malinterpretado. Por cierto, que no quiero acabar sin comentar que una vez más y como podéis comprobar, la cubierta del libro sintetiza de forma inmejorable de qué va su argumento. Es más, excepto los raritos/as como yo, que sin duda disfrutaréis haciéndolo, el resto os podéis ahorrar, si queréis, la lectura de esta novela: en esa ilustración está todo.

viernes, 12 de diciembre de 2025

REFLEXEÑA 2x1: Renaissance, la caída de los hombres, y Renaissance, la ira de los vencidos, de J.J. Lucas

Idioma original: español
Año de publicación: 2010 en Atlantis, 2014 en Dolmen
Valoración: por muchas circunstancias azarosas, pésimo pero enternecedor

Cuando los ínclitos miembros de ULAD me propusieron entrar a su secta comunidad para alivianarles el sufrimiento, seguramente pensaban: "bueno, ha comentado a un Nobel australiano que no lo conoce ni su mamá, ha comentado a Sabato, que es más o menos de culto y gusta mucho en el blog, ha comentado a Cercas y encima dándole con un palo, cosa que también nos es favorable, seguro que si lo invitamos no nos va a venir con algo random o merecedor de ser quemado..., ¿verdad?" Y acá los decepciono, porque efectivamente traigo un mejunje complicado de analizar, tanto en mi valoración (completamente subjetiva) como en el inexistente filtro de calidad y edición de este primer libro (¡porque son dos!).

La cosa es que este libro me llegó por mi compañero de la librería donde trabajo, por lo que ya juega un componente afectivo en contra. Su recomendación fue más o menos así: "yo sé que sos muy puritano con la prosa y todo lo demás, y te juro que este libro me costó leerlo, pero quedate con la idea". Como ya me había recomendado Hacedor de estrellas (reseña en breve) pensé que le debía una, y me dispuse a leer su ejemplar. Para qué...

En el año 2023 (no le erró por mucho), el virus Verónica, originado en Nueva York (por alguna razón siempre es ahí), infecta y convierte a casi todos sus habitantes en whiteyes (el autor pone mucho empeño en que no son zombis), unos seres con fuerza, velocidad y resistencia sobrehumana y una insaciable tenacidad para destruir a la humanidad (le podés disparar tres veces a la cabeza a uno que seguirá persiguiéndote). Ahora bien, una de las particularidades de este virus es que, al matar a uno, la bacteria persiste en el aire con más fuerza y contagia a todos alrededor en un área no tan chica, por lo que se añade el problema de eliminarlos sin expandir el virus. La única ventaja, más o menos, con el que cuenta el reducido grupo de supervivientes al que vamos siguiendo a lo largo de la novela, es que sus fotorreceptores son tan sensibles (de ahí el nombre whiteye) que no soportan la luz del sol y solo cazan a la noche. La gran desventaja es que estos bichos evolucionan, condensando milenios de aprendizaje de una especie en pocos días, aprendiendo a cazar en conjunto y tejiendo planes en común que no sean solo comer descerebradamente.

Como esta reseña se va a hacer larga, diré solamente que los bichos son una mezcla de todo, zombis, vampiros y algún otro adefesio que ronde por las páginas de la literatura y las imágenes por segundo del cine. Pero a favor de la novela, y una vez que se superan otras cuestiones que ya comentaré, señalo que generan una verdadera tensión en algunos puntos de la trama, que siempre está la duda de cuándo aparecerán, incluso a plena luz de sol, y reconozco que hubo momentos donde sentí disparada mi alarma ante la breve descripción de unos ojos blancos en la oscuridad. Bien por J.J. Lucas, ¿no?

Pero esto no sería un pésimo si no hubiera con qué justificarlo. Primero, el grupo de supervivientes. Es un grupo militar, como es evidente, sacado de los peores guiones del Call of Duty (y un poco de Gears of War con peor resultado). Es un tropel de clichés, literalmente: el líder del grupo, el coronel Lawrence Newseth, que todo lo puede y que a pesar de bordear los cincuenta años sobrevive a caídas mortales y otras menudencias; la doctora Phoebe Rubbyn, la esperanza de la humanidad, muy linda y con un acercamiento romántico (aunque se agradece que al autor le parezca una nimiedad en el contexto de la obra); un sobreviviente solitario que se las arregla por su cuenta gracias a su ingenio y suerte; el resto del grupo, cada uno más estereotipado que el otro: el colombiano explosivo, el afro-estadounidense bromista, la chica ruda, el ruso serio y musculoso, en fin, ninguno se salva de marcar casilla en la peor literatura. Si hasta sus nombres son calcados en lo genérico: Escobar, Sulassky, Ridewolf (!). Segundo, el otro personaje que aparece cerca del final de la novela. Tiene la llave para explicarlo todo y, por supuesto, es un científico genio y loco (no diré más porque forma parte de la trama, pero seguro se imaginan por dónde va la cosa).

Y tercero, pero no menos importante, la estructura de la novela. Se nota que el autor quiso poner todo lo que sabía de su universo en esta novela, y es evidente que se lanzó a escribirla sin ningún tipo de plan, porque la forma de seguir la historia es un desastre. Comienza con un prólogo donde nos sitúa en la confusión del virus, sigue con el grupo de supervivientes en el campo Renaissance, último reducto de la humanidad, salta al sobreviviente solitario, de repente arroja flashbacks mal insertados sobre el origen del virus, incluso dentro del mismo capítulo, luego una escena de más de cincuenta páginas que avanza repentinamente la trama, de nuevo otro flashback de varios personajes que no nos importan, y así todo el tiempo. Recién se estabiliza luego de habernos explicado mil veces lo que bastaba con unas páginas, esto es decir, después de la primera mitad (y son 500 páginas en una edición de hojas y tapa rígida, de párrafos como monolitos sin un punto aparte que ni el mismísimo Foster Wallace te hace, frases kilométricas donde, de cinco oraciones, cuatro son para re-explicar la primera, de descripciones imposibles de imaginarse y de sucesos impactantes junto a historias anodinas). Para mí fue un esfuerzo seguir la historia, no por ella misma, que es simple y canónica en su género, sino por los continuos saltos temporales sin ninguna razón. De hecho, llegué a abandonar la novela, pero por insistencia de mi compañero continué. Al final, con muchas ganas, uno se acostumbra a la forma de narrar (o el cerebro se hace auto-lobotomía) y la trama se acelera y deja momentazos a partir de la segunda mitad.

Ahora bien, debo reconocer que el esfuerzo invertido hizo que le agarrara cariño a la historia. Pienso en la frase de Borges, que hasta los más mediocres escriben páginas brillantes; mucho es aseverarlo en este caso, pero con empeño y cierta desconexión cerebral uno disfruta mucho más esta obra que otras más serías (releería esta antes que Al Norte la montaña, al Sur el lago, al Oeste el camino, al Este el río). La discusión de siempre. Pero eso me lleva a la siguiente obra y a los efectos que causa en la mente el continuar una historia luego de cierto tiempo invertido.


Idioma original: español
Año de publicación: 2017
Valoración: mejor y peor que el otro

Nuestro amigo J.J. Lucas aprendió que para contar una historia necesitaba ordenarla y fue a un taller de escritura. ¡Festejemos! O no. Porque lo que tiene un taller es que te brinda recursos para mejorar y ordenar tu narrativa y te limita al mismo tiempo por el miedo a no ser correcto según los patrones de quién dé el taller. Todas suposiciones mías.

Como al final las últimas doscientas páginas del anterior las devoré y las comenté con mi compañero con alegría, como hacía rato no me pasaba (y alguna vez se debería hablar de cómo los libros mejoran casi siempre por el hecho de analizarlos con otra persona), le prometí leer la secuela. Y henos aquí, después de mil páginas de clichés, batallas épicas y resistencias desesperadas.

Luego del final apoteósico aunque algo bizarro (sobre todo para un argentino), el grupo cada vez más mermado del coronel se ve en la disyuntiva de los pasos a seguir: si esconderse como lo venían haciendo y perder cada vez más gente o luchar con todos sus recursos y decidir el destino de la humanidad. Como buenos personajes de este género, eligen lo último. Debo aclarar que, para estas alturas, los whiteyes tienen su propio líder y un objetivo que se aclara a medida que avanza el libro (aunque se huele venir a lo lejos por la característica manía del autor de explicarte todo), por lo que la amenaza es aún más tensa y los momentos en que aparecen son más seguidos. Como no puedo contar mucho, diré que se incide en la clasificación de ellos en distintos roles, como un enjambre, liderados por su propio líder (y aunque los roles se parecen a un videojuego, rescato la ambigüedad con la que identifica al mismo).

La estructura es muchísimo más limpia en esta novela. Si antes pasábamos de A a Z, de H a B, ahora es lineal y no hay forma de perderse. Ya no hay párrafos kilométricos ni escenas inútiles. Hay tres líneas argumentales que J.J. Lucas va manejando (con sorprendente soltura para sus antecedentes); la del coronel, la del sobreviviente solitario 2.0 y la del origen del virus, esta vez mucho mejor desarrollado y con escenas que hacen sentido. A la novela le cuesta bastante arrancar, y por momentos asistimos con más interés a los flashbacks que a las escenas del coronel (ni hablar del superviviente; al ser una copia del esquema del anterior, pierde verosimilitud), lo que, en mi caso, me representó una señal de que había logrado involucrarme en la historia. Incluso hay nociones interesantes, como la de que los whiteyes son más beneficiosos para la naturaleza que los humanos (al pararse todo, el mundo es un lugar más limpio), que recubren de una pátina inesperada de crítica social a la novela.

Luego de superar el inicio, la trama carbura y nunca se estanca, a diferencia del anterior, pero, a pesar de que la escritura es más limpia y fácil de leer, de que los momentos de acción son grandiosos, se pierde la tensión de los whiteyes. Como es una guerra permanente, el peligro se centra en la carencia de recursos y en la lotería de quién será el siguiente del grupo en morir, un recurso más bien pobre. Las cartas están sobre la mesa, por lo que el elemento sorpresa ha desaparecido. Lo que se rescata, esta vez, es la aparición de humanos peores que los whiteyes, como variación de la amenaza; si bien no es original, al menos da frescura, aunque resulta irritante que, con años de experiencia, el grupo del coronel se comporte tan ingenuamente como lo hace en algunos casos. Ni siquiera se justifica con la desesperación, porque en otros momentos aún más críticos permanecieron con una lucidez inverosímil.

No la haré más larga. A partir de cierto punto, la trama del pasado se desvanece y las dos del presente convergen, y todo desemboca en varios enfrentamientos finales (sí, varios). Pero como ya explico en mi valoración, si lo mejor venía por el lado de la limpieza narrativa, lo peor viene por el lado de que J.J. Lucas encasilla la novela en marcos muchísimos más genéricos que la anterior, y resulta demasiado previsible cuándo morirá alguien, cuándo tocará la siguiente revelación. Hay genialidades, por supuesto, pero incluso la aparición de ideas cada vez más fantásticas (una suerte de Red Skull con la escopeta del Doom Eternal, un Godzilla whiteye, etc) fuerza el tono de la novela y le resta la fuerza emocional del anterior. 

Mi crítica es esta, entonces: es evidente que, o bien a J.J. Lucas le entró vergüenza por la forma de narrar en la primera novela, o bien un editor le dijo que rebajara sus fantasías en algo más accesible, o bien un taller le hizo aprender y se entusiasmó de más en escribir correcto. Pero solo correcto. La escena final, por ejemplo, quiere ser una cosa monstruosa de epicidad, pero se queda en nada por lo rápido que transcurre, la aparición de conceptos a cuarenta páginas finales y la necesidad de cerrar de forma satisfactoria una situación que, a las claras, era desfavorable para los protagonistas. No es que utilice un deus ex machina, pero se aprovecha de un recurso argumental para estirar la trama por lo menos tres capítulos solo para tenernos en suspenso. No funciona porque: 1) los monólogos épicos de rigor y la batalla final ya se dieron; 2) la trama del líder de los whiteyes se venía resolviendo a los tumbos; 3) los huecos argumentales empezaron a aparecer por todos lados, dejando pistas, por ejemplo, que nunca terminan de resolverse (¿el coronel es inmune o no? Con la cantidad de sangre que traga hace novela y media que debería haberse infectado). Por eso, paradójicamente, le guardo más cariño al primero que al segundo; este, si bien objetivamente no es un suplicio leerlo, en términos de riesgo no aporta nada.

Ahora bien, se preguntarán ustedes: y después de tanto merequetengue con dos libros pésimos, ¿qué onda con la REFLEXEÑA? Me doy cuenta que el tiempo invertido para la reseña supera a la paciencia que debí tenerle a los dos libros, sobre todo al primero, y puedo establecer una vaga relación masoquista entre sufrir y que me termine gustando lo que leo. Y seguramente mi valoración esté empañada por el afecto. Sobre todo reconozco que, en circunstancias normales (es decir, sin alguien que me recomiende cosas y con menos tiempo libre), lo hubiera dejado a las pocas páginas. Mi compañero mismo dijo: "con un GRAN editor podría haber sido un bestseller". No soy tan considerado, pero pienso que a J.J. Lucas, que parece un buen tipo a juzgar por las entrevistas y crítico con las armas y el daño al medio ambiente, le hubiera ayudado alguien que lo aconsejara (un taller, sí, pero también que se preocupara por él) y diera orden a sus ideas, que le dijera que los errores de estructura y narrativa podían convertirse en seña propia y no transfigurarlos en algo genérico. Da la impresión de que en el segundo libro pensó en echar manos de los recursos más fáciles para ir completando la historia. Porque la inventiva la tiene y las ganas de escribir y entretener también. Y eso lo consigue. Haciendo memoria de lo leído de este año, no lo podría incluir en mi top3 de peores libros. Por supuesto que no digo que es el Nobel perdido ni que sea una buena obra, pero la diversión en la literatura es una cosa buena, necesaria, y, dejando de lado las editoriales "serias" (que publican cada bodrio también...), hay otras que editan basura escrita por gente que no le interesa lo que cuenta. Al menos, leyendo estos libros, la sensación es que el autor le tenía un profundo cariño a su historia y que, fuera de una forma u otra, trataría de hacérnoslo llegar.

miércoles, 12 de noviembre de 2025

Leonard Cline: La estancia oscura

Idioma original:
Inglés
Título original: The Dark Chamber 
Traducción: Santiago García
Año de publicación: 1927
Valoración: Recomendable

La estancia oscura es una novela de terror excelente, ideal para amantes del género, de la literatura psicológica y del decadentismo. Tiene una factura impecable, un tono lúgubre, una ambientación espeluznante, personajes repletos de aristas oscuras y un manejo temático tan ambicioso como nítido.

H. P. Lovecraft dijo de ella en su celebrado ensayo El horror sobrenatural en la literatura: «De gran altura artística es la novela La estancia oscura (1927), del difunto Leonard Cline. Se trata de la historia de un hombre que –con la ambición característica del héroe malvado gótico o byroniano– trata de desafiar a la naturaleza y recuperar cada uno de los momentos de su vida pasada mediante el estímulo anormal de la memoria. Para ello utiliza interminables notas, escritos, objetos evocadores y retratos, y después olores, música y drogas exóticas. Por último, su ambición va más allá de su vida y llega hasta los negros abismos de la memoria hereditaria..., alcanzando incluso los tiempos prehumanos de las ciénagas del periodo carbonífero, y las inimaginables profundidades de los tiempos y seres primordiales... hasta que su gran perro empieza a sentir miedo de él...»

En La estancia oscura, Oscar Fitzalan, un joven músico de origen humilde, es contratado por Richard Pride para llevar a cabo unos misteriosos experimentos en torno a la memoria. Fitzalan se aloja en la mansión de Pride, Mordance Hall, un lugar decadente y oscuro rodeado de montañas y bosques. Allí conoce a Miriam y Janet Pride, esposa e hija de su anfitrión respectivamente, y a Wilfred Hough, el secretario de éste. Pronto descubrirá las dinámicas tóxicas que hay entre todos ellos, y se verá inmerso en su degradación psicológica, moral y física.

Un escritor menor que dispusiera de la misma premisa que Cline hubiera fabricado una novela más convencional: una que no mantuviese con acierto el equilibrio entre lo realista y lo fantástico, dejando a opinión del lector determinar de qué pie cojea; una en la que el argumento, en vez de refinar lo folletinesco, cayera de lleno en sus peores tropos; una que se centrara en los intereantes experimentos de Richard Pride (que a todas luces influyeron a Lovecraft y Clark Ashton Smith), pero que descuidara en el proceso tantas otras vetas argumentales igual de sugerentes.

En fin, quienes se animen a leer La estancia oscura recuerden que no se trata de una obra de terror al uso y que éste se manifiesta de forma extremadamente sutil. 


También de Leonard Cline en ULAD: El dios de piedra

miércoles, 5 de noviembre de 2025

Abraham Merritt: ¡Arde, bruja, arde!

Idioma original: Inglés
Título original: ¡Arde, bruja, arde!
Año de publicación (por entregas): 1932
Traducción: ¿?
Valoración: Se deja leer

El reputado neurólogo doctor Lowell recibe la visita del líder mafioso Ricori, quien le trae a su mano derecha, un hombre aquejado por un mal inexplicable. El paciente, que presenta una rigidez anormal y un rostro desfigurado por el terror, no tarda en morir. Tanto Lowell como Ricori inician entonces una investigación para descubrir qué ha sucedido, y terminan enfrentándose a una perversa bruja y los muñecos que obedecen sus diabólicas instrucciones.

Este es el argumento de ¡Arde, bruja, arde!, novela con cierto aroma "pulp" de Abraham Merritt que, si bien resulta una lectura entretenida, no llega a ser memorable y da la impresión de que podría haberse ejecutado con mayor solvencia. Personalmente, siento que la acuciante falta de acción, las excesivas explicaciones de los personajes y el cuestionamiento constante que Lowell hace de la magia la convierten en pesada. Asimismo, creo que su final es anticlimático, y que la villana, aunque imponente en algunos tramos de la historia, no parece tan amenazante como debería durante otros.

Resumiendo: ¡Arde, bruja, arde! es una novela correcta. Aunque sus limitaciones impiden que se disfrute en exceso, no defraudará a quienes acudan a ella con las expectativas bajas. 


P.D.: Por cierto, no hay término medio en las cubiertas de sus ediciones en español. O son preciosas (como las de Anaya y de Costas de Carcosa) o entrañablemente casposas (como las de Molino y Diana). En cuanto a la de Beetruvian, todavía tengo que determinar a qué categoría pertenece. 

P.D.: Ah, la novela de Merritt fue adaptada libremente al cine en 1936 por el cineasta Tod Browning.





viernes, 31 de octubre de 2025

Ray Bradbury: El árbol de las brujas

Idioma: inglés

Título original: The Halloween Tree

Año de publicación: 1972

Traducción: Matilde Horne

Valoración: entre recomendable y está bien

Sé que para muchos de vosotros/as la fiesta de Halloween es ya algo tan tradicional como la de la patrona de vuestro pueblo (esto no va por vosotros, amigos/as de  México; no es de extrañar, después de décadas viendo en películas y series de televisión cómo los norteamericanos se los pasaban pirata, mientras que en España la costumbre era ir a ver una representación del tenorio y, al día siguiente, al cementerio a limpiar las tumbas de los parientes fallecidos (evidentemente, no hay color, no le estoy recriminando a nadie la adopción de costumbres foráneas, teniendo en cuenta, además que la hibridación cultural puede producir resultados de lo más interesante). Vale, ya sabemos, por tanto, lo de los disfraces, las calabazas y los caramelos, pero, ¿de dónde viene, exactamente, la fiesta de Halloween, el Día de los Muertos, la Noche de Brujas, Todos los Santos o como queramos llamarla? Pues eso es lo que trata de enseñarnos Ray Bradbury con esta novelita. O enseñar a los chavales, más bien, puesto que se podría decir que es una novela eminentemente juvenil.

Resumen resumido: un grupo de chicos de un pueblo de Illinois salen a pedir dulces la noche del 31 de octubre. Se queda, sin embargo, el más popular de todos ellos, llamado Joe Pipkin, que no se encuentra bien y les cita para más tarde en un caserón de las afueras con pinta de casa encantada. Allí, además de encontrarse el fabuloso Árbol de las Brujas que da título al libro,  reside el enigmático y asombroso señor Mortajosario quien les llevara en un viaje a través del tiempo para conocer los orígenes de la celebración de esa noche, además de buscar al desaparecido Pipkin. Un viaje fantástico y, por momentos, aterrador que puede considerarse como iniciático o de crecimiento, aunque en la novela los protagonistas pasen de ser niños a... seguir siendo niños (aunque más conscientes). Por eso el libro podría entrar en la categoría de "categoría juvenil", sin que ello impida que cualquier adulto pueda disfrutar sobremanera con su lectura.

Algo que también sucede, aparte de la originalidad de la trama, elementos supranaturales, etc., por el estilo de la prosa de Bradbury, bastante reconocible por su enfatismo, su gusto por las metáforas a todo trapo, por el toque poético incluso en párrafo más anodino... un estilo, que, en principio, no me atrae demasiado. He de reconocer, sin embargo, que a esta pequeña novela, seguramente debido a su carácter fantástico y alegórico, le queda como un guante y en ningún momento se siente como exagerado o extemporáneo -y eso que el señor Mortajosario... es decir, Carapacho Clavícula Mortajosario, que ahí es ná, hace todo lo que puede para que sea así- e incluso ese lirismo que en otros textos puede parecer algo fuera de lugar,aquí  resulta incluso conmovedor. Los capítulos, además son bastante cortos y ágiles, llenos de acción, lo que facilita que el libro se lea en un plis-plás y, aunque no resulte una novelette redonda, (quizás porque hoy en día nos resulte todo ya un poco visto, no así, supongo en 1972), me parece perfecta para leer hoy, esperando a que llegue la noche y se abra el pasaje entre el mundo de los vivos y el de los muertos, como toca en esta fecha señalada. Tened cuidado, que la medianoche no os pille en el otro lado...

Más libros de Ray Bradbury reseñados en este blog: La feria de las tinieblasCrónicas marcianas,Fahrenheit 451