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sábado, 14 de abril de 2018

Philip José Farmer: Un exorcismo. Rituales I y II


Idioma original: Inglés
Título original: The image of the beast. An exorcism: Ritual One 
Traductor: Antonio Resines
Año de publicación: 1975
Valoración: Estoy confuso (para bien, creo) 


 Un ambiente enrarecido por el smog; el más denso de la historia de los condados de Los Ángeles y Orange. Un detective privado, Childe, que asiste a la proyección de una película porno. En ella, su socio, recientemente desaparecido, es mutilado brutalmente. Childe empezará a buscar a los responsables de tamaña atrocidad... Sin tener en cuenta que él mismo puede ser el siguiente en caer en sus garras. Empezamos fuerte, ¿eh?  

 En esta reseña intentaré estar a la altura de las circunstancias, aunque no las tengo todas conmigo. La imagen de la bestia es una novela extraña. La empecé a leer pensando que supondría un pasatiempo inocuo. Entretenido, a lo sumo, pero sin trascendencia alguna. Y al volver la última página, todo parecía indicar que así había sido. Pero me era imposible ignorar una vaga sensación que me había atravesado en varias ocasiones a lo largo de la lectura, sensación que desmentía y reforzaba a partes iguales mi prejuicio respecto al libro. Me explico: no tengo claro si la novela es una auténtica maravilla o no. Parece bastante consciente de la clase de literatura que es, y en ningún momento promete más de lo que es capaz de dar. Eso no impide que Farmer ridiculice, asimismo, las barreras que separan su obra de otras consideradas "mejores”. Pero esas barreras todavía existen, ¿no? Por lo tanto, La imagen de la bestia sigue siendo mala. (¿?) ¿O la el autoconocimiento de la novela y el manejo que hace del mismo la convierte en un producto bueno? ¿Es mejor Sherlock Holmes que La Sombra? Sí. No. En principio. 

 Da igual, volvamos a La imagen de la bestia antes de que me gane a más detractores y aleje a un público potencial de esta obraEste libro es una mezcolanza de géneros. La novela negra se plasma en el protagonista y la investigación que lleva a cabo. La ciencia ficción, en el smog y los mutantes. Los elementos góticos hacen acto de presencia en forma de criaturas sobrenaturales y casas repletas de pasadizos secretos. Tampoco nos olvidemos del componente pornográfico que embadurna cada capítulo. Una auténtica locura, vamos. Podríamos enmarcar a este abigarrado pastiche dentro de la literatura pulp más genuina.

 Sus excesos van más allá del cóctel de géneros; también están presentes en una narrativa sin complejos a nivel formal y conceptual. La redacción de Farmer es burda, torpe, repetitiva. Y las ideas que pululan por aquí... Farmer está dispuesto a soltar alocadas ideas cada dos por tres, sin sonrojarse siquiera. Estas ideas resultan ingeniosas a ratos; otras veces, totalmente ridículas. Pero La imagen de la bestia no tiene sentido del ridículo y jamás lamenta haberse desmadrado; si acaso, nos escupe en la cara que no somos el lector idóneo para disfrutarla y se va de rositas. En cierto modo, esta novela me recuerda bastante a Que se mueran los feos, de Boris Vian. Tanto por la historia como por la forma en que está escrita. 

 El carácter irreverente (hablo a nivel literario, no narrativo) del libro, en definitiva, me tuvo magnetizado desde el principio. No se ceñía a ninguno de los parámetros de lectura que poseo, y eso que me gusta pensar que son bastante amplios. Y aún y así, hubo algo en esta novela que debió convencerme. Porque, como he dicho antes, ciertos indicios me hicieron pensar que no estaba (solamente) cara a cara con un producto de entretenimiento. ¿O sí? 

 Farmer aporta. Bueno, quizás no sume para todos. De hecho, seguro que, desde la perspectiva de muchos, degrada a la literatura. Pero quedémonos con que nos ha seducido a todos. Su impúdica, disparatada y alucinante novela nos ha encantado. Contra todo pronóstico. ¡Pues a disfrutar de sus aciertos! Y es que cuando le interesa, el autor suelta auténticas perlas. Perlas casi profundas, como las reflexiones que giran en torno el protagonista y su relación con su ex esposa. O perlas que no necesitan de profundidad para encantarnos. Pienso en el personaje de Vivienne. En el fantasma y sus métodos para abandonar su condena ectoplásmica (y otra condena peor que la incorporeidad, condena que no voy a revelar). Los globos. Oh, sí, los malditos globos.

 Pero nada de esto quita que la novela siga siendo bastante peculiar. Todavía debo decidir si Farmer me ha fidelizado lo suficiente como para ir a por la parte dos de esta saga, titulada ¡Cuidado con la bestia!. Ya veremos. 


PD: Si esta cubierta os parece fea de narices, la de la edición que yo leí es si cabe más atroz todavía; ay, la vergüenza que me entró al dárselo a la bibliotecaria para sacarlo en préstamo. Si alguien quiere, verla, que la busque... Paso de publicarla en esta entrada o enlazarla.  




Idioma original: Inglés
Título original: Blown Sketches among the ruins of my mind 
Traductor: Jordi Beltrán
Año de publicación: 1987
Valoración: Decepcionante 


 ¡Cuidado con la bestia! es la continuación de La imagen de la bestia. He leído esta novela antes de lo que tenía planeado, creo que para recuperar esos elementos que me gustaron de la primera entrega. Y ya aviso que no los he encontrado. Probablemente eso condicione mi crítica. Lo siento.

 No voy a andarme con preámbulos. Mientras que Farmer suelta una serie de ideas extravagantes al vuelo en La imagen de la bestia, ahora parece querer clavarlas con agujas en una pared. Estructurarlas. Racionalizarlas. No suele importarme que se vaya generando un andamio lógico en un suceso literario que parecía carecer de sentido. Me gusta como los mitos de Lovecraft van siendo apropiados por ciertos autores, que los dotan de una interesante coherencia interna. El problema aquí es que la aparición de la lógica llega un libro tarde (aunque se entrevé que Farmer ya la tenía planeada desde el principio) y a veces acaba siendo muy conveniente. De hecho, esta lógica parece antagónica a la alocada y estrafalaria fantasía de la saga; el contexto resulta perjudicial para el desvarío febril. Ya en la primera entrega se burlaban de la voluntad humana por comprenderlo todo. Y ahora Farmer cae en ello. Parece ser que era lo que pretendía, como ya he dicho, pero no le queda conseguido, la ejecución fracasa. Por suerte, y a pesar del empeño de Farmer en justificar en demasía sus idas de olla, estas siguen apareciendo. Sí, vale, demasiado explicadas, pero ahí están. El autor empieza rescatando a Vivienne, un personaje que ya era misterioso en la primera parte, y dándole una escena totalmente descabellada (más que la que ya tuvo en su momento). O sea, que un personaje que ya en La imagen de la bestia hacía palidecer al resto de su grupo, grupo que parecía poseer ciertas cualidades sobrehumanas, asociadas a los licántropos o vampiros, es ahora mostrado con más extrañeza todavía. También me gusta la incorporación de Plugger, otro ser al que tampoco se puede relacionar con nada existente hasta la fecha. 

 En fin, vamos a la trama. ¡Cuidado con la bestia! incorpora a otro protagonista, que compartirá en esta ocasión perspectiva narrativa con el (ahora) ex detective Childe: Forry, un aficionado a la ciencia ficción. Ambos se verán envueltos en una guerra que se remonta a tiempo atrás, donde criaturas alienígenas llamadas ogs y tocs se pelean para conseguir el “Grial”. Este objeto, una vez activado, podrá devolverlos a sus respectivos planetas. Y para activarlo necesitaran a Childe. Las excusas que da el autor para justificar elementos previos se ven forzadas. Si ya se sugirieran más explícitamente en la primera parte, vale, pero que ahora aparezcan, sin más... No me convence. Unos seres que parecían quererle mal a nuestro protagonista ahora dependen de él. ¿En serio? ¿Me estás vacilando? Sabían que lo necesitaban, y aún y así actuaron de esa forma. ¿Fue un malentendido? ¡Venga ya! Por culpa de este viraje se pierde la tensión que existía en la primera entrega. Salvo el primer tercio, donde Childe y Forry son blanco de extrañas situaciones, todo parece demasiado fácil y hasta consensuado. Bah...


También de Philip José Farmer en ULAD: Los amantes

domingo, 2 de julio de 2017

Zoom: ¡Ponte, mesita!, de Anne Serre

Idioma original: francés
Título original: Petite table, sois mise!
Año de publicación: 2012
Traducción: Javier Albiñana
Valoración: estoy confuso


Aviso: en las escasas cuatro páginas que componen el primer capítulo de esta novelita, encontramos ya todo un repertorio de parafilias sexuales, por no decir perversiones varias; a saber: travestismo, narcisimo, ninfomanía, pederastia e incesto -de hecho, y dicho sin ironía alguna, se agradece el contrapunto convencional que nos ofrecen lesbianismo y adulterio-; y todo ello, para olvidar cualquier remilgo que quedase, en el seno de una misma familia, compuesta de padre, madre y tres angelicales niñas, más el aporte de amigos y conocidos de ambos géneros, todos bien dispuestos al frenesí lúbrico con mayores y menores, sin discriminación...

Sí, lo sé: contado así en frío suena horrible, casi -o sin casi- una apología del abuso infantil (aunque no olvidemos que estamos hablando de una obra de ficción, sin más consecuencias). Pero un poco de relax... perdón quiero decir de calma: una vez asumido que nos encontramos ante una obra literaria de incuestionable "inmoralidad", el despiporre sexual resulta bastante divertido y del todo inofensivo; en realidad, cabe sospechar que se trata de la enésima variante del épater les bourgouises al que son tan aficionados en las letras francesas (un clásico de lo más burgués, por otra parte)... o, en el mejor de los casos, un añadido más a la tradición erótica, también muy arraigada en esa literatura. Erotismo un tanto brutico, si se quiere, pero tira que te va...

Esto, por lo que se refiere a la primera parte de la novelita o relato -que viene a ocupar casi la mitad de la misma-, que es donde está el tomate. También es la parte que posee más potencia, -por coherencia y ritmo, no sólo por salacidad-, el pulso narrativo más firme que las otras dos, que no dejan de ser un añadido aguado y hasta insípido, en comparación con el subidón cafeínico que proporciona la primera. la razón de este desequilibrio resulta fácil de adivinar: la historia parece haber sido planteada como una especie de reflejo especular de la célebre Justine de Sade (autor que es mencionado un par de veces en este breve libro); aquí, al revés que en la otra novela, la joven protagonista migraría del vicio en el que le educa su propia familia a la virtud y moderación que encuentra en el mundo exterior. Aunque, por la razón que fuera, también parece que la autora de este relato desistió de tal  propósito, tras un comienzo prometedor y apañó unas continuación y desenlace bastante más flojos con las notas o borrador que le quedaba, para pergeñar algo mínimamente publicable. Esa es la impresión que da, al menos.

Otra cosa más complicada de dilucidar es a qué demontres se refiere el sorprendente título de este rel... novel... lo que sea; en principio, parece que hace referencia a un cuento de los hermanos Grimm, La mesa, el asno y el bastón maravillosos, en el que el hijo de un sastre expulsado de casa por su padre, recibe el regalo de una mesita que, a una orden suya, se llena de las más suculentas viandas... pero antes de volver con ella a casa de su padre se la roban  Que esta alusión pretende ser la metáfora de algo es evidente, pero no he sido capaz de averiguar de qué exactamente... ¿la infancia perdida? ¿La inocencia perdida? ¿El paraíso... la libertad erótica perdida? ¿Algo que se pierde, lo que sea...? Ni idea. Quien sea más agudo que yo, espero que me ilumine.

En cuanto a la valoración, miedo me da hacerla, entre otras cosas porque temo que se nos llenen los comentarios de lectores ofendidos ante la procacidad pederasta y aún más, la alegría sin remordimientos con que se cuenta. Pero lo cierto es que, repito, esa es la mejor parte, al menos en términos literarios, de la narración, con un toque onírico-costumbrista que contribuye a otorgar cierta fascinación a las prácticas más soeces de las que nos hacen sabedores (no con todo detalle, no se me asusten); si la autora hubiese mantenido el tono y la tensión a lo largo de toda la obra, o quizás simplemente el mismo interés, otro gallo nos cantaría... pero así, la verdad, no sé. Ni sé, ni quiero saber, que todo lo que diga puede ser utilizado en mi contra. 

Uf, menos mal que Lolita ya está reseñada...


jueves, 8 de junio de 2017

Marcel Schwob: El libro de Monelle

Idioma original: francés
Título original: Le Livre de Monelle
Año de publicación: 1894
Traducción: Mauro Armiño
Valoración: está bien (?)

A sus veintitrés años, cuando aún era un joven prometedor en las letras francesas -aunque quizás nunca dejó de serlo- y, desde luego, antes de iniciar su relación con la actriz Marguerite Moreno, Marcel Schwob se enamoró de una aún más joven prostituta llamada Louise, que moriría a cusa de la tuberculosis tres años después. A raíz de esta relación truncada, Schwob escribió El libro de Monelle, publicado en 1894, en el que hablaba, por medio de un heterónimo, de su amada fallecida y también de otras jovencitas que muy bien podrían ser ella.

¿Suena un pelín escabroso, verdad? Pues más todavía si pensamos que el libro se inicia con un elogio de la bondad de las "prostitutas niñas" (pensemos que con "niñas" se refiere a "adolescentes"... pero aún así no es que resulte una idea muy edificante). Ahora bien, que nadie piense que el libro constituye un catálogo de perversiones salaces y ni siquiera un anuncio del "lolitismo" avant-la-lettre -bueno, un poco igual sí-; Schwob era sin duda un tipo y un escritor de gran sensibilidad y cuando nos habla de bondad, suponemos que quiere decir bondad, no "sumisión sexual por parte de menores de edad" (otra cosa, claro, es lo que pensaran del asunto esas jóvenes prostitutas).

El libro consta de tres partes bien diferenciadas. la primera, titulada Palabras de Monelle, viene a ser un compendio de enseñanzas de esta idealizada Monelle, a medio camino entre el lirismo simbolista (ya saben: esa evolución Pokemon del Romanticismo) y, me temo, los libros de autoconocimiento y crecimiento interior. Para muestra, un botón:

"Y Monelle dijo también: te hablaré de los momentos.
Mira todas las cosas bajo el aspecto del momento.
Deja a tu yo que vaya al capricho del momento.
Piensa en el momento. Todo pensamiento que dura es contradicción.
Ama el momento. Todo amor que dura es odio.
Sé sincero con el momento. Toda sinceridad que dura es mentira."

Reconozco que esta es la parte que menos me gusta del libro y lo peor que he leído, hasta ahora, de Schwob, aunque bien podría ser lo mejor que hubiese escrito Paulo Coelho, de haber salido de su mano.

En cambio, la segunda parte del libro es, a mi entender, la más interesante; bajo el epígrafe Las hermanas de Monelle, Schwob nos ofrece una serie de relatos cortos -más bien semblanzas-, con otras y variadas nínfulas como protagonistas, a las que califica La egoísta, La voluptuosaLa perversa, etc... Sí, he escrito "nínfulas" por no repetir niñas o púberes, y además emplear un término de resonancias literarias, pero que nadie presuponga un contenido erótico a estos relatos (aunque alguno de ellos sí que sugiera una cierta inquietud onírica); no sé cómo sería el bueno de Marcel en su vida íntima, pero como escritor, desde luego que no es un sátiro depravado.

Por último, un tercer capítulo narra, tras el título La vida de Monelle y con un evidente aliento poético y alegórico, su relación con la misma -es decir , con Louise- y la muerte de ésta. Se trata casi de lo que podríamos considerar un poema en prosa y, como tal, me siento poco capaz de valorarlo; habrá, sin duda, a quien le resulte una obra de un lirismo y una sensibilidad conmovedoras, a otros, sin embargo, les puede parecer una cursilería sin remedio. Por mi parte, me limitaré a decir que está en consonancia con el resto del libro, que en su conjunto, bordea esa delicada línea que transcurre entre lo sublime y lo insustancial, entre lo sincero y lo artificioso, entre lo brillante y lo pudendo. Hacia qué lado cae ya lo debe decidir cada cual.


Otros títulos de Marcel Schowb reseñados en Un Libro Al Día: Vidas imaginarias

lunes, 28 de diciembre de 2015

Rufus T. Firefly: El Gran Engaño

Idioma original: inglés
Título original : The Great Hoax. Trues and Lies in the Spanish Literature
Año de publicación: 2015
Valoración: sorprendente


Demoledor. Tremebundo. Apocalíptico. Fatal... Así ha sido calificado este libro que está haciendo temblar los cimientos de la literatura española. Más aún, de los clásicos dorados de la literatura española... Y eso, sin haber sido aún traducido al castellano ni, claro está, publicado en España (y dudo mucho que alguna vez lo sea). Aunque también hay quien considera las tesis defendidas en el libro de otras maneras: Inconcebibles. Increíbles. Fantasiosas. Timo... En cualquier caso, este libro del prestigioso (admito que mi total ignorancia a este respecto) hispanista y profesor de literatura española comparada, en la Trump University de Atlantic City (NJ), Rufus T. Firefly, no ha dejado indiferente a nadie, más allá, incluso, del especializado circuito de los hispanistas norteamericanos. No es para menos: las afirmaciones que defiende el profesor Firefly difícilmente pueden dejar indiferente a ningún estudioso o incluso mero aficionado la literatura.

Según la teoría defendida por el profesor, los bombardeos sobre Madrid durante la Guerra Civil arrasaron en buena medida tanto la Biblioteca Nacional, destruyendo fondos de incalculable valor, como el Archivo Histórico Nacional, dándose además el caso de que gran parte de las obras de referencia al respecto fueron destruídas también durante los combates de la Ciudad Universitaria -recordemos los libros utilizados para levantar parapetos- y los tres años de sitio que sufrió la capital de España. Paradójicamente, el bando "nacional" vencedor de la contienda se encontró sin las fuentes de una historia literaria nacional que poder oponer a la de los países que en ese momento se le antojaban rivales, aunque fuera meramente en el ámbito cultural. Deseoso de poder presumir de sus glorias patrias, que además debían servir para cimentar la automitología del nuevo régimen, el gobierno franquista -el profesor Firefly sospecha que la sugerencia fue de Sánchez Mazas, aunque parece que el mayor valedor de la idea fue el "cuñadísimo" Serrano Suñer, conocido por su sagacidad- puso en marcha una operación de "recuperación" de la tradición literaria española: la Operación Calíope, también conocida en ciertos círculos criptohumorísticos del régimen como "Chotacabras".

Bajo la dirección de uno de los más destacados hombres de letras del momento (de los que quedaban vivos y en España,  se entiende),  el Bardo de la Patria, el insigne José María Pemán, un selecto grupo de profesores y literatos fieles al nuevo régimen victorioso -Firefly habla de Laín Entralgo o de un joven y ambicioso Cela- se dedicaron a reconstruir, cuando no directamente a mixtificar, desde el romance seminal de la épica patriótica hispana, el del Mío Cid -cuyo protagonista es, al parecer, de dudosa existencia- a la inverosímil Celestina; de la absurda metafísica calderoniana a la cursilería de las Sonatas de Valle-Inclán (escritor que, como tantos otros estudiados y a veces leídos por generaciones posteriores, nunca existió... en este caso, las fotografías que lo muestran son retratos tomados a un pintoresco chamarilero del Rastro madrileño, célebre por sus barbas y por estar un poco tocado del ala). 

En otros casos, se respetó la existencia de autores reales -de los que se conservaba cierta documentación-, pero adaptando sus características a la conveniencia del gobierno o según la ideología dominante. Así, se eliminó de la obra de García Lorca toda referencia a sus veleidades falangistas y se le atribuyó malévolamente una condición homosexual que el poeta granadino estaba lejos de detentar, con el fin de justificar (según, ya digo, el punto de vista de aquel régimen fascista) su muerte en un confuso episodio de espionaje y doble juego. En cambio, se negó cualquier tipo de querencia hacia su mismo sexo en uno de los autores con más pluma -en todos los sentidos- del Siglo de Oro: don Francisco de Quevedo (cuyos conocidos versos: "No he de callar, por más que con el dedo..." serían, por ejemplo, referencia á clef a cierta riña con su furtivo amante Góngora sobre la conveniencia o no de salir del armario). Ni que decir tiene que se cambió de arriba a abajo todo el sentido del argumento de El Buscón y se obvió toda explicación sobre lo que iba buscando don Pablos,  en realidad...

¿Sorprendidos? ¿Asombrados, incluso? Pues Rufus T. Firefly va incluso más lejos. Según el profesor norteamericano, en la Operación Chotacabras participaron también prisioneros de guerra republicanos que, por su condición de intelectuales o profesores -incluso algún maestro de primaria- fueron apartados de los trabajos forzados para dedicarse a la elaboración de estas falsificaciones literarias: así, mientras unos esclavizados presos construían el Valle de los Caídos, otros, recluidos en su abadía, se dedicaban a esta invención sin precedentes en la Historia de toda una literatura nacional (de hecho, Firefly cuenta que su primera pista sobre la operación la obtuvo al caer en sus manos, de forma casual, el diario de uno de los abades del Valle. Y que en una de sus estancias allí para investigar lo ocurrido, trabó conocimiento nada menos que con el Ministro del Interior español, quien, aconsejado por la Virgen de las Angustias, le puso en contacto con un misterioso agente Marcelo, del CNI, que le sirvió de gran ayuda).

Estos prisioneros se ocuparon, además, de las falsificaciones e invenciones más llamativas y flagrantes, quiźa por su garantizada discrección, pues tendían a "desaparecer" una vez completada su misión; de los cruciales Episodios nacionales se ocuparon un historiador marxista y un ex-funcionario del Ministerio de Agricultura que escribía cartas para otros presos. El caso más llamativo, por supuesto, es el de El Quijote, obra, al parecer, de un profesor de Bachillerato de Tomelloso, Miguel Rinconete Cortado, que se limitó, en principio, a transcribir anécdotas de juerguistas y chascarrillos de un tío suyo de Campo de Criptana, apodado "el Cerbantana". Especialmente doloso es también el caso de la principal novela picaresca española, cuyo autor fue "desaparecido" antes de poder firmar el trabajo, por lo que se firmó como tal uno de los libros anónimos más famosos de la literatura universal...

¿Les resulta increíble toda esta historia? Motivos hay, desde luego... ¿Cómo pudo prosperar esta "estafa" sin despertar la alarma no ya de los estudiosos españoles -cómplices, exiliados o muertos- sino de los otros países europeos o amercanos? Bien, recordemos que en aquellos años 40 el mundo estaba pendiente de otros asuntos más acuciantes que la verosimilitud de la literatura española... En fin, el profesor Firefly promete aportar el grueso de sus pruebas -irrefutables, según él-, en próximas publicaciones. Veremos entonces hasta donde llega la verosimilitud de sus tesis, pero de momento, éstas ya han servido para remover hasta lo más profundo la historia de la literatura española, uno de los símbolos culturales y hasta políticos señeros de la España de los últimos 500 años.

martes, 22 de noviembre de 2011

Juan Benet: Volverás a Región

Idioma original: español
Año de publicación: 1967
Valoración: estoy confuso

Yo Lector: Venga, me voy a atrever a reseñar Volverás a Región de Juan Benet.
Yo Filólogo: ¡Enhorabuena! ¡Ya era hora de que la leyeras!
YL: No, si la leí hace algunos años, pero quería volver a leerla, y ahora por fin lo he hecho.
YF: Bueno, ¿y?
YL: Pues no sé qué decirte. Estoy confuso...
YF: Pues no sé por qué estás confuso. Es una de las obras maestras de la literatura española del siglo XX.
YL: No, si ya. Eso he leído en los manuales y en las historias de literatura, eso me han dicho muchas veces, y eso dice también Marías en esta bonita entrevista...
YF: ¿Entonces?
YL: Pues no sé, que me ha parecido una novela bastante aburrida...
YF: ¡Aburrida! No me digas que eres uno de esos lectores que solo espera que le entretengan y le diviertan. Para eso tienes a Dan Brown o a Reverte. Benet es otra cosa, algo distinto, una experiencia estética y humana distinta. Es una novela por momentos estática, sí, pero magníficamente construida y desarrollada hasta su más mínimo detalle, hasta el adjetivo o el giro verbal aparentemente más inocente.
YL: Si ya lo sé. Yo le reconozco sus méritos: el estilo laberíntico, poético, que da vueltas en espirales cada vez más profundas; la creación de personajes derrotados y atrapados por la vida y la historia; las largas introspecciones psicológicas en forma de diálogos eternos; la creación de un espacio mítico como Macondo o Yocknapatawpha...
YF: Y no te olvides de su importancia histórica. Veo que has sido lo bastante hábil como para relacionarlo con Faulkner y con Gabo, cosa que me sorprende. Es que Benet introdujo un modo distinto de escribir en una España dominada por el realismo social... pero sin escapar a reflejar la realidad histórica de la España de la Guerra Civil y la posguerra. Benet crea un universo trágico y misterioso, y lo puebla de personajes que no pueden escapar a su destino, geográficamente encarnado. Volverás a Región es una novela única, magnífica, monumental, constituye por sí sola prácticamente una literatura en sí misma, o una subliteratura dentro de la literatura española...
YL: Ya, ya sé. Y la novela tiene incluso partes muy entretenidas, como cuando se describen las escaramuzas bélicas para la conquista de Región durante la Guerra Civil, la inacabable partida de cartas con el Tiempo o la historia del Doctor y su mujer...
YF: Y dale con lo de "entretenidas", qué vulgaridad.
YL: Pero otras partes, como las descripciones cartográficas de Región, que se nota que Benet era ingeniero, no hay quien las trague. Te confieso que esas páginas las leí en diagonal. Por no decir que me las salté.
YF: ¡Herejía!
YL: Qué quieres que te diga, es uno de mis derechos como lector.
YF: Pero no como filólogo.
YL: Ya. Pero sabía que tú estabas leyéndote las páginas que yo me saltaba. Porque era así, ¿no?
YF: Esto...

Otras obras de Juan Benet en ULAD: El aire de un crimenNuca llegarás a nadaEn el estadoSub rosaEn la penumbraOtoño en Madrid hacia 1950