miércoles, 10 de diciembre de 2025
Theodore Sturgeon: Cuerpodivino
miércoles, 11 de diciembre de 2024
Nieves Mories: Budapest
Año de publicación: 2023
Valoración: ¿recomendable?
Un secreto que no lo es, en realidad: hay reseñas facilitas, que se escriben en un plisplás y otras difíciles como un demonio. A ver si adivináis de que tipo es la de esta novela... Exacto, de las jodidas peliagudas de hacer. Porque la novela de la que trata no sólo se sale de lo habitual, tanto en argumento como en su estilo, sino que además resulta complicada de valorar, al menos usando el Sistema Unificado ULAD de Valoración de Libros (no digamos ya poniendo estrellitas a lo Goodreads).
Pero bueno, vamos al lío que aquí hemos venido a jugar... Budapest es lo que podríamos llamar una novela distópica postapocalíptica, aunque no quede muy claro de qué apocalipsis nos están hablando. Es también una novela de viajes, la enésima versión de la Odisea, protagonizada no por un rey griego sino por dos primos -él y ella- que recorren el Páramo en busca de ¿venganza? ¿Justicia? ¿Su pasado, sin más? Sobre todo, Budapest es un cuento terrible, la versión Mad Max, si se quiere, de alguno de los hermanos Grimm (aunque la autora habla de Hans Cristian Andersen en el epílogo) con unos Hansel y Gretel con quienes más le vale no cruzarse a ninguna bruja...
Resumen resumido (a ver si soy capaz): Cara y Carlo son dos primos que vagan juntos por el Páramo, en la orilla opuesta de donde se encuentra la que fue ciudad más bella a orillas del Danubio, en busca, parece del Abuelo de las Tormentas. Han sido criados, tras su paso por el Palacio Encantado, por dos soldados también errantes, Piotr y Santino y acabado convirtiéndose en, tal vez, las criaturas más temibles en un mundo habitado por lobos, chacales y fantasmas. Un mundo destruido tras la guerra -da igual si la segunda o la tercera Guerra Mundial. O quizás ambas a la vez- en el que el genocidio ha sido casi total y la contaminación, absoluta, convertida en la nueva naturaleza, en el hábitat en donde deben sobrevivir los primos protagonistas. Cuya historia vamos conociendo no de manera lineal (lineal recta, quiero decir) sino espiral, pues ésta es la forma que adopta la narración, avanzando desde el exterior de la misma hacia el centro, pero dando rodeos, circunloquios, desvíos, metáforas y racconti... Porque esa es otra: el estilo de Mories (al menos en esta novela, que es la única suya que he leído) dista mucho de ser sencillito y meramente funcional; está compuesto -y empapado de un lirismo tenebroso que recorre toda la novela- de forma más bien fragmentaria, aunque el resultado final los unifique, por episodios oníricos, analepsis, pensamientos -o sensaciones. O aprensiones- de los protagonistas, recuerdos y presagios- Trufado todo por multitud de poemas, con los de T. S. Eliot a la cabeza, y canciones, desde las de Leonard Cohen a Antonio Vega o El Novio de la Muerte... Un estilo que, curiosamente y al menos según mi opinión, cuanto más tortuoso, complejo y alegórico resulta, más eficaz en la difícil (muy difícil, en este caso) tarea de conseguir la consabida suspensión de la incredulidad. ¿Lo consigue Budapest? Pues sí, pero ya digo que a base de exceso, perversidad y artificio.
De ahí, en parte, que no tenga claro si recomendar o no esta novela, al menos para todo el mundo. No sólo porque no resulte una lectura fácil debido a su estilo (aunque eso también puede atraer a ciertos lectores/as), sino porque lo que envuelve éste es una historia en extremo dolorosa y hasta cruel -no digo que lo sea su autora, sino lo que nos cuenta-, con pasajes cuyo hálito metafórico no esconde imágenes de pesadilla, con un punto gore, incluso... Puede no ser una novela de terror al uso, y puede que a muchos y muchas aficionadas al género no les acabe de convencer (a otros, seguro que sí), pero no os llamaré a engaño: SÍ que es una historia de terror. Más aún cuando no hace sino reflejar lo que pasó en Europa hace no tanto tiempo y prever lo que puede llegar a pasar, por el camino que vamos...
jueves, 5 de septiembre de 2024
Reseña + Entrevista: Chico Bizarro y las moscas, de Mónica Bustos
jueves, 9 de mayo de 2024
Mónica Ojeda: Chamanes eléctricos en la fiesta del sol
Año de publicación: 2024
Valoración: no sé qué decir
No me digáis que Chamanes eléctricos en la fiesta del sol no suena a nombre de una banda de neo-rock progresivo, al estilo de Derbi Motoreta Burrito Cachimba, aunque en plan andino. Pero no lo es... aunque bien podría serlo, porque la primera parte de esta novela se desarrolla durante un festival musical semiclandestino, en la falda del volcán Chimborazo, llamado Ruido Solar, en la que se mezclan el rock, el punk, el neochamanismo, las músicas tradicionales indígenas (o que las imitan), las tecnocumbias y yo qué sé que cosas más, y entre las que se cuentan, precisamente, las actuaciones de un grupo llamado Chamanes Eléctricos... Un grupo de chicas y chicos participantes en este festival deciden, en vez de regresar a sus hogares y a una realidad marcada por la violencia de las bandas de narcotraficantes, de la policía y el ejército y de los propios cataclismos naturales, proseguir su viaje y subir hasta un volcán lleno de agua para celebrar allí la fiesta andina del Inti Raymi (la "Fiesta del Sol" en quechua, precisamente). Aunque una de las chicas, Noa, tiene además el objetivo de encontrarse con su padre, que la abandonó cuando era pequeña para recluirse en un hacienda en medio del bosque alto de la zona.
Alrededor de Noa gira, precisamente, toda la novela, aunque sea el único personaje que no tiene voz en la misma, a diferencia de sus compañeros/as de aventura y de su padre, cuyos pensamientos conocemos a través de una suerte de diarios. La susodicha Noa se nos presenta a los lectores tanto como una especie de taumaturga o catalizadora de las fuerzas de la naturaleza, como un personaje con cierto aire de tragedia griega, el de una hija abandonada que acude en busca de su padre (auto) exiliado no tanto para pedir explicaciones como para provocar una catarsis con su presencia. un padre que, a su vez, se nos muestra como una mezcla de filósofo ermitaño, como un Diógenes, y de Norman Bates (que, en verdad, también era un ermitaño), un modelo, en todo caso, de la vida contemplativa, de la introspección autoindagadora, siendo los amigos de Noa (y por seguir con las referencias helénicas), la representación del pathos primigenio, de la espiritualidad panteísta y la conexión con la Pacha Mama a través de la música y el baile... Y desde luego, esto te queda claro desde el principio, porque menuda turra la que dan los chavales, amigos y amigas lectores/as...
Porque ahí está la gran pega que se le puede poner a esta novela: que los personajes -cierto que cada uno con sus propias voces, algunas más exaltadas, por no decir flipadas, que otras- insisten una y otra vez sobre los mismos temas: la conexión espiritual con el padre Sol y la madre Tierra y sobre todo, con sus hijos los volcanes; la búsqueda de la misma a través del desenfreno músico-danzante, como modernas -o antiguas, dado que se trata también de recuperar la intuitiva sabiduría atribuida los pueblos indígenas- bacantes que adorasen de esta forma a todo lo que haya que adorar; el parloteo chamánico-psicodélico y sus derivadas poéticas, filosóficas e incluso religiosas... En fin, mucha, mucha cháchara que acaba convirtiéndose en la corteza más o menos dura de una burbuja de pretenciosidad y humo que el lector o lectora deben decidir si prefieren o no pinchar (cierto es que hay un par de voces, la de Nicole, mejor amiga de Noa y, hasta cierto punto, la de Pedro, que se salen de esa dialéctica y suponen un alivio entre tanta monserga ¿new-wave? ¿neoindigenista? ¿intoxicada, sin más?). El discurso del padre de Noa, por su parte, también agobia un poco, pero en otro sentido, el del ensimismamiento místico-polvoriento que, por supuesto, también puede ser bastante insufrible. Al final, uno tiene ganas de que el Chimborazo pete de una vez y sepulte de una p*** vez a toda esta gente... (Es broma. Peace & Love, mis panas).
Supongo que no es necesario, pero me gustaría dejar claro que esa pretenciosidad a la que aludo se refiere al discurso de los personajes de la novela, no a la labor de la autora de la misma (aunque ya me doy cuenta de que ella es la responsable tanto de elegir dichos personajes como su discurso, es obvio); muy al contrario, la prosa de Ojeda me parece excelente y perfectamente adecuada para caracterizar a cada uno de los personajes -algo de especial relevancia puesto que los conocemos, salvo a Noa, a través de sus monólogos-; si la idea es que uno u otro nos resulten unos cansinos o unas petardas de cuidado, la autora es consecuente con sus respectivas idiosincrasias y les hace soltar a cada uno el speech correspondiente. No hay problema, en principio, pero llega un momento en que, por acumulación, la cosa se te hace (se me hace) bola. Y eso que, por momentos y merced a la persuasión de un estilo y una destreza literaria sin duda más que notables, a uno (a mí) se le olvida aquello que no le acaba de convencer de la novela y se deja atrapar por la magia (lo siento, no hay otra forma de decirlo) de unas palabras hábilmente elegidas y ordenadas, de un ritmo y una tensión narrativa bien conseguidas y de una historia que, al menos por lo que respecta a su argumento, no carece de interés. De ahí mi valoración, que es posible que decepcione a quienes buscan un dictamen rápido e inequívoco para saber si acercarse o no a un libro: en este caso, no sé muy bien qué pensar. De verdad lo digo...
(La cubierta del libro, eso sí, es magnífica).
Otros (y estupendos libros de Mónica Ojeda reseñados en este blog: Nefando, Mandíbula, Las voladoras
sábado, 6 de abril de 2024
Marguerite Duras: El hombre sentado en el pasillo
viernes, 1 de diciembre de 2023
Cynthia A. Matayoshi: La sombra de las ballenas
viernes, 25 de noviembre de 2022
Dolan Mor: Larvalar
miércoles, 9 de junio de 2021
Yan Lianke: La muerte del sol
Título original: 日熄
Año de publicación: 2015
Traducción: Belén Cuadra Mora
Valoración: ¿Está bien?
En efecto, también le reprocharía a la obra de Lianke que sea innecesariamente larga. A mi juicio, sus más de cuatrocientas páginas podrían haberse reducido sustancialmente podando la prosa y redirigiendo el argumento, el cual peca de reiterativo.
Detengámonos un segundo en el mentado argumento: Li Niannian es un joven de catorce años. Vive en un pequeño pueblo, junto a sus padres. Un día, tras ponerse el sol, se extiende una epidemia de sonambulismo que impele a la gente a llevar a cabo sus deseos más ocultos.
Dicho esto, voy a resaltar aquellos aspectos de la novela que me han gustado:
- Su concepto global. Lástima que la ejecución del mismo no le haya hecho justicia.
- Su toque metaliterario.
- Sus contrastes (realidad y ficción, lucidez e idiotez, vida y muerte, vigilia y sonambulismo).
- La parcela que le cede a la crítica social. Y es que, mientras las violaciones, suicidios y saqueos se suceden, los líderes locales sucumben a sus propios delirios de grandeza, ajenos al drama que les rodea.
- Su final apoteósico.
- El arco de redención del padre del protagonista.
- Ciertas escenas, descripciones o símiles.
viernes, 16 de abril de 2021
Guillaume Apollinaire: Las once mil vergas
- Comunicara algún mensaje (sin por ello caer en la pretenciosidad, claro).
- Hubiera establecido una consistencia interna a la que aferrarse. Y es que el mundo de la novela es generalmente absurdo, pero breves pasajes lo plasman como verosímil. ¿En qué quedamos, Apollinaire?
- Su estructura no fuera tan repetitiva.
- Su argumento tuviera un grado de continuidad más elevado y siguiera una lógica narrativa ascendente.
- Su prosa se hubiera pulido. No me molesta que sea ramplona, pero ciertos pasajes no alcanzan su máximo potencial.
- Dotara de complejidad a los personajes y sus interacciones. El clímax, por ejemplo, hubiera tenido mayor carga emocional de haberse profundizado previamente en Mony, el protagonista, y en la relación de éste con Culculine, una de sus múltiples amantes.
- En vez de querer epatar mediante la cantidad de truculencias, lo hiciera de forma gradual. Así, escalas del sadosmasoquismo a la necrofilia, los abusos de menores, el incesto y el bestialismo, en vez de saltar de lo uno a lo otro sin orden ni concierto.
- Travesuras estilísticas que, por desgracia, se pierden en su mayoría al trasladarlas al español.
- Grotescos toques eruditos.
- Un escatológico sentido del humor.
- Unos últimos capítulos ambientados en la guerra Ruso-Japonesa.
martes, 8 de septiembre de 2020
Richard Brautigan: El monstruo de Hawkline. Un western gótico
Su premisa es la siguiente: unas hermanas encargan a dos pistoleros a sueldo que maten al monstruo que vive en su mansión. Como habréis podido apreciar, la novela mezcla impúdicamente el "western" con lo gótico. A esto súmale que proporciona una experiencia lisérgica y queda claro que estamos ante un artefacto literario único.
Además, el tono desenfadado del mismo impide que lo que en otras ficciones serían defectos se consideren como tal en estas páginas. A saber:
- Hay capítulos que son puro relleno, o bien porque no aportan más que a la ambientación, o bien porque el narrador redundante los llena de datos que ya habían sido revelados con anterioridad.
- Algunos personajes desaparecen por completo después de sernos presentados. Uno se pregunta, por tanto, qué necesidad había de que el lector los conociera.
- Pese a que el monstruo concebido por Brautigan es creativo, yo hubiera preferido a una criatura sacada del imaginario de terror clásico. Un yeti o un hombre lobo hubieran sido cojonudos. Puestos a conformarse con el ser que plantea el autor, hay que destacar que no se siente ni la mitad de poderoso ni malvado de lo que se nos promete, y que si bien sus travesuras iniciales son interesantes, a medida que avanzan los capítulos se van volviendo cada vez más desinspiradas.
Dicho esto, dejad que liste las que, para mí, son las virtudes de esta obra:
- Se lee en un par de tardes, pues está escrita con una prosa muy sencilla y estructurada a base de capítulos extremadamente breves.
- Está salpicada por ideas bizarras, aunque me hubiera gustado que Brautigan tirara por derroteros de serie B, en vez de quedarse estático tras entregar cinco o seis ocurrencias extravagantes.
- Los protagonistas de esta historia no son ni complejos ni carismáticos, pero te caen simpático. Más que suficiente para cogerles cariño.
- El poderío visual de ciertas imágenes (por ejemplo, una casa rodeada de nieve en el oeste de Norteamérica en pleno julio) o símiles.
sábado, 21 de marzo de 2020
Mariana Enriquez: Nuestra parte de noche
Año de publicación: 2019
Valoración: Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio...
Ligera sinopsis para que se me entienda: un niño huérfano vivía en un armario bajo la escalera de la casa de sus tíos... No, en serio: la novela comienza cuando, un día de comienzos de los 80, un padre aquejado de una dolencia cardíaca, Juan Peterson y su pequeño hijo Gaspar salen en coche desde Buenos Aires hacia la selvática Misiones, de forma medio clandestina, aunque no queda claro si huyendo de o en busca de algo. Viajan ellos solos porque Rosario, su esposa y madre, respectivamente, ha muerto poco antes. El viaje -¿la huida?-, que en principio puede parecer motivado por las circunstancias políticas del país y el momento, enseguida se nos revela a través del prisma de lo sobrenatural, lo esotérico... (el comienzo de la novela, por cierto, podría constituir por sí mismo un desasosegante cuento de los que escribe Enriquez... lo que no significa, ni mucho menos, que el libro sea un cuento alargado); pronto conocemos la existencia de una enigmática Orden que rinde culto a una oscura y terrible divinidad y con la que los "fugitivos" están íntimamente relacionados...
No cuento más: la trama avanza y retrocede en el tiempo, va ganando en complejidad pero también ofreciendo explicaciones a lo que no entendemos en un principio... lo que supone, para mi gusto, uno de los problemas de esta novela, pues los elementos, los mecanismos que la articulan, si se quiere, resultan más eficaces cuanto más esquivos e inasibles parecen, menos evidentes, y funcionan peor cuando se nos desvela -hasta cierto punto, claro- su misterio. También es cierto que el grandísimo talento literario de Mariana Enriquez se despierta sobre todo -y de forma asombrosamente rápida- cuando aparece en escena el componente sobrenatural y, en cambio, se muestra más rutinario en esos momentos, inevitables, por otra parte, en una novela tan larga, que son más descriptivos o que sirven de transición entre uno de los puntos cimeros de la narración y otro. La misma disparidad encontramos respecto a los personajes: los protagonistas, Juan y Gaspar, están dibujados con gran esmero en toda su complejidad -sobre todo el padre-, al igual que la relación única que mantienen entre ellos, una simbiosis en equilibrio entre el amor y la brutalidad (que resulta más sensible aún cuando el niño es más pequeño). Mientras que otros personajes, sin embargo, por peculiares que sean, se nos muestran más planos, en comparación. Y en algún caso, incluso pura caricatura, aun terrorífica...
¿Significa todo esto que Nuestra parte de noche es una novela fallida, que debemos pensar que su autora resulta más -muy- ducha en el relato o la novela corta? Ni mucho menos, pero ocurre que a veces la ingeniería que requiere montar una estructura de cierta envergadura, el esfuerzo compositivo de una gran obra pictórica, cinematográfica, literaria, puede acabar por subordinar en exceso, incluso eclipsar, el detalle, ese manar creativo que debe ser incesante y fluir sinuoso a lo largo de toda la, en este caso, novela, para irrigar y hacer crecer no ya cualquier narración escrita, sino, sobre todo, aquello que podemos llegar a considerar literatura (menuda frasecita cursi me ha salido, ¿eh?). De eso hay mucho en esta novela, pero no todo, no en todo momento. O no en la medida en que nos había acostumbrado esta escritora... y de eso no tiene la culpa Harry Potter. Quizá tampoco la propia Mariana Enriquez; sencillamente, es que no se puede hacer todo perfecto, y ya está.
lunes, 2 de diciembre de 2019
Boris Vian: Otoño en Pekín
Idioma original: Francés
Título original: L’autonme a Pekin
Traducción: Juan García Hortelano
Año de publicación: 1956*
Valoración: No sé
Lo admito: no acabo de pillarle el truco a Otoño en Pekín. Entiendo que esta novela pretende desconcertar. Que no hay que leerla según parámetros tradicionales. Que hay que dejarse llevar por su disparatada propuesta. Pese a saber todo esto, quiero pillarle el truco. Siempre hay truco, ¿no? Pero yo, a Otoño en Pekín, no se lo pillo.
La primera parte de Otoño en Pekín es la mejor. Titulada «Primer movimiento», se lee con fluidez, está llena de ocurrencias extravagantes y presenta a unos personajes a los que quieres conocer en detalle. El «Segundo» y «Tercer movimiento» son, por lo general, más profundos, pues están plagados de reflexiones trascendentes. Pese a ello, los considero inferiores. Aunque recompensan al lector con fogonazos puntuales e imágenes intermitentes, se hacen bastante cuesta arriba**. Para colmo, esos personajes que tan interesantes parecían en un inicio acaban agotándose a base de repetir las mismas dinámicas una y otra vez.
Por cierto, en la edición de Edhasa, el prólogo que acompaña a esta obra (escrito por el traductor de la misma) se extiende por más de cincuenta páginas. Su lectura resulta tremendamente divertida, pues Juan García Hortelano se desdobla en él, discute consigo mismo y se autoparodia. A la vez, Hortelano nos habla de la vida y obra de Boris Vian, y hace hincapié, por supuesto, en Otoño en Pekín. De modo que gran prólogo, mimetizado con el disparate al que sirve como umbral.
**Un par de muertes hacen más llevaderos estos pasajes, es verdad, pero así cualquiera.
También de Boris Vian en ULAD: La hierba roja, La espuma de los días, El arrancacorazones, Escupiré sobre vuestra tumba, El lobo-hombre, Que se mueran los feos
lunes, 21 de octubre de 2019
Antonio Orejudo: La nave
domingo, 2 de junio de 2019
Kobo Abe: El mapa calcinado
Eso sí, Abe deja bien claro, repito, que este hermetismo es voluntario. También los efectos que transmite El mapa calcinado (confusión, exasperación, etc...) son intencionados. Igual que su ritmo espeso, su tono monocorde, su acción repetitiva, sus diálogos y situaciones estirados hasta el hartazgo, o sus personajes borrosos.
La cosa, en un inicio, prometía. Un detective sin nombre recibe el encargo de buscar al señor Nemuro, quien desapareció misteriosamente seis meses atrás. Esta premisa policial sirve de excusa a Abe para explorar sus obsesiones existenciales y desarrollar su filosofía. Por desgracia, como ya he adelantado, el escritor japonés lo hace de un modo demasiado abstruso.
Llegados a este punto, hay que reconocer que los temas barajados en El mapa calcinado son sumamente interesantes: la identidad del individuo, su alineación y su invisibilidad en la sociedad moderna. Destacaría especialmente las reflexiones sobre la voluntad de los fugitivos y sus derechos.
martes, 25 de diciembre de 2018
Camille Paglia: Vamps & Tramps. Más allá del feminismo
Las controvertidas opiniones de Paglia (sobre la pedagogía, la legalización de las drogas, la prostitución, la homosexualidad, la pornografía, etc...) suscitan reacciones muy polarizadas, como podréis imaginar. A continuación, dejad que señale algunas de las tesis que defiende en Vamps & Tramps, sin entrar en juicio de valor alguno. Por cierto, las voy a extraer de este enlace, pues Eugenio Sánchez Bravo las ha simplificado de un modo admirable:
- «El excesivo proteccionismo legal logrado por el triunfo de los movimientos gays y feministas convencionales impiden el desarrollo, la eclosión, del verdadero potencial de hombres y mujeres.»
- «El feminismo tiende a una victimización constante de la mujer y el niño, amenazados por un patriarcado feroz. La inocencia originaria de niño y mujer tienen su fundamento filosófico en Rousseau. Frente a esto, Paglia propone otra visión del ser humano, más consciente de su perversidad, que se apoye en Freud, Darwin, Nietzsche, Sade…»
- «El objetivo feminista de terminar con la violencia de género reeducando o reprogramando a los hombres es una estupidez que ignora los abismos del inconsciente. Son las mujeres quienes tienen que aprender a defenderse por sí mismas. (...)»
- Está a favor de las «metas últimas» del feminismo y la liberación gay. Para mí, esto es innegociable: dichas metas son objetivos legítimos y, sobre todo, deseables. Otra cosa es cómo alcanzarlos, claro...
- Señala a intelectuales dogmáticos y proclives al doble rasero, ideas sobrepolitizadas, gimnasias mentales y trampas retóricas (sobre todo las de la izquierda americana)... Y temas tabú sobre los que, se quiera o no, hay que debatir.
- Es muy atractivo para las masas. No sólo porque la pensadora aborde temas actuales o haga alusiones frecuentes a la cultura pop, sino porque, además, lo hace alejada de la erudición plomiza.
- Su manera de criticar, implacable y sin concesiones, sienta como un soplo de aire fresco en un ambiente asfixiado por la corrección política.
- Ah, y no puedo olvidarme de la idiosincrasia pagana que emplea Paglia. Gracias a ella logra imágenes muy poderosas (en especial, literariamente hablando): la mujer como suma sacerdotisa de un jardín del edén, dueña de un poder atávico y turbador; la esfera social en tanto que circo sexual repleto de guerreros y atletas...
- Tiende a caricaturizar a su oposición (llega a usar tres nombres satíricos a lo largo de Vamps & Tramps, que yo recuerde, para designarla). O a aludirla de forma condescendiente. Y claro, sé que en EEUU hay corrientes de pensamiento verdaderamente esperpénticas, pero enfocarse solamente en feministas neuróticas y victimistas, estudiantes sectarias e infantilizadas, académicos oportunistas o alejados de la realidad, activistas amargados o periodistas adoctrinados, no me parece intelectualmente honesto.
- A veces, Paglia se monta unos hombres de paja que ya le gustaría a los habitantes de Summerisle. Y ni siquiera cuando se centra en figuras más definidas, como Rousseau o Foucault, ataca en serio a sus argumentos.
- En ocasiones usa ejemplos o comparaciones de cuestionable relevancia para reforzar su punto de vista. Esto se puede percibir cuando emplea su idiosincrasia pagana para apoyar sus palabras. Como ya he adelantando, ésta es muy funcional literariamente, pero carece de solidez científica como para avalar ningún argumento.
- Desempolva al obsoleto psicoanálisis freudiano. Un ejemplo perfecto es cuando lo usa para aseverar que «cualquier mujer, gay o hetero, que no pueda responder a los penes o que los encuentre horrendos o risibles es que ha quedado traumatizada por alguna temprana experiencia». ¿Y qué hay de esa vez en la que lo emplea, junto a una interpretación errónea de la novela Lolita, para impulsar su ética sexual sobre los menores de edad?
- Paglia parece, en algunos de sus trabajos, más preocupada en promocionar Sexual Personae que en abordar el tema que tenga entre manos. También la he notado, puntualmente, tan empeñada en causar controversia y ser rupturista que prefiere soltar cualquier frase altisonante a una reflexión más honesta pero menos poderosa.
Entendámonos. La edición de este volumen, a cargo de la editorial Valdemar, es irreprochable: traducción libre de gazapos, pertinentes notas a pie de páginas, índice onomástico, algunas imágenes y un breve pero intenso prólogo redactado por Jesús Palacios. Y, como ya he dejado claro, el libro tampoco es un mal comienzo si uno quiere adentrarse en la mentalidad de Paglia. Pero hay que reconocer que, si no es el caso, se puede volver algo cargante. Su heterogeneidad conlleva una dispersión perjudicial para el discurso de la autora; por un lado, se siente poco profunda y, asimismo, reiterativa; por otro, le sobran páginas que se desvían de los temas interesantes. Porque si algo hay en Vamps & Tramps son páginas. Muchas páginas. Demasiadas.
jueves, 14 de junio de 2018
Mary Karr: El club de los mentirosos
Título original: The Liars' Club
¿Esta diversidad de sensaciones (confieso que en más de una ocasión, incluso con la mitad de sus 500 páginas ya leídas, la reseña de este libro estuvo a punto de convertirse en una reseña interruptus) significa que hay una irregularidad en la prosa o en la sinceridad de las confesiones que nos ofrece su autora? No, en absoluto: leyendo este libro, en todo momento se tiene más bien la sensación de estar ante un grifo abierto de palabras, de verborrea incontenible. Mira, esta puede ser la segunda metáfora:
2ª- Un grifo abierto: Torrencial, excesivo en algún momento es el flujo de palabras, de adjetivos, de detalles; una prolijidad inquebrantable, con independencia de si se nos está contando alguna situación truculenta -sólo diré que la autora sufrió más de un episodio de abuso sexual, aunque dada la corta edad que tenía bien podemos hablar de violación, digo yo, pese a que no se defendiera-, que una excursión a caballo o los momentos en que iba con su padre de caza o al bar de la Legión Americana de su pueblo en el Este de Texas, donde transcurrían interminables charlas con los amigotes -de ahí viene el título del libro-; esta incontinencia escrita adquiere cierto sentido si pensamos (aunque hay que decir que a Mary Karr, con toda razón, no le debe hacer mucha gracia que se la valore por esta circunstancia) que cuando escribía estas memorias mantenía una relación sentimental -y parece que bastante tormentosa, al menos por el trato de él hacia ella- con el sin par David Foster Wallace, que a su vez estaba escribiendo... pues sí, La broma infinita. Me imagino sus conversaciones mientras se lavaban los dientes antes de dormir:
-David, ya he escrito trescientas páginas de mi libro, creo que voy a ir terminándolo...
-¿Sólo trescientas? Eso no es nada, Mary, tiene que ser más largo, que es lo que le mola a la gente. Yo voy por setecientas y ni pajolera idea de como acabará...
(Los diccionarios de sinónimos de esa casa debían de tener el lomo desgastado por el uso).
3ª- Un automóvil Lancia Lambda de 1923: ¿Mandeloqué? ¿Y eso a qué viene? Pues a que ese coche fabricado por Lancia fue el primero que incorporó una carrocería autoportante, es decir, una en la que el chasis está integrada con la chapa externa del vehículo, que de esta forma soporta parte o toda la carga estructural del mismo, en vez de hacerlo un chasis rígido al que van unidas las planchas de metal o madera que componían la carrocería. Trasladada la imagen a términos literarios: en este libro es el estilo, magnífico, el que soporta buena parte del peso de la narración. Porque lo que queda claro es que Mary Karr escribe de maravilla y es este dominio del estilo, más que sus avatares biográficos o las circunstancias de su familia -compuesta, además de por su hermana mayor, por una madre inadaptada, enloquecida y alcohólica, un padre redneck, aunque buena gente, y una abuela siniestramente tiránica- las que mantiene en pie toda la estructura del libro y lo hacen avanzar, por más que, repito, de forma algo cansina en más de un momento. En otros, en cambio, leerlo es tan fácil como beber agua. De ahí la última metáfora visual que propongo:
4º- Un cruce de caminos: A ser posible, solitario y polvoriento, como los quiere el tópico en algún lugar de Texas o el Sur de EEUU. El lector (yo mismo) está plantado en medio con una vieja maleta en la mano, sin saber hacia donde tirar... ¿A la derecha, a la ciudad de Recomendaville? Quizás si el libro no pasara de las, pongamos 300 páginas (ay, DFW, que pernicioso fuiste para Mary, en tantos sentidos...); ¿a la izquierda, hacia la ciénaga de Se Deja Leer, el laberinto de fango donde se han empantanado tantos libros, antes de sucumbir bajo las picaduras de mosquitos y la mordedura de las serpientes mocasín? Bueno, la verdad es que El Club... tampoco está tan mal; ya digo que, al menos en cuanto al nivel de su escritura, merece algo mejor que eso... ¿De frente, pues, al villorrio de Estábientown, famoso por sus destilerías de alcohol ilegal y sus antros para camioneros? Mirad, yo qué sé... leedlo y luego me lo contáis, que yo creo que me voy a quedar un buen rato sentado en este cruce. Sacaré la armónica...
sábado, 25 de noviembre de 2017
Anónimo: El Manuscrito Voynich
Título original: No consta
Año de publicación: No se sabe
Traducción: No hay
Valoración: Qué queréis que os diga...
A estas alturas de la reseña, supongo que más de uno de sus hipóteticos lectores (si es que queda alguno) estará preguntándose a qué diantres viene reseñar un libro ilegible y del que además sólo existe un ejemplar, sito en la Biblioteca Beinecke de Libros Raros y Manuscritos de la Universidad de Yale (sitio bien curioso debe de ser, también). Hasta ahora era así, pero resulta que esa biblioteca encargó a la acreditada editorial burgalesa Siloé, especializada en tales menesteres, que reprodujera el manuscrito en edición facsímil, cuidando hasta el último deterioro del mismo. El libro fue presentado en Burgos el pasado 10 del mes en curso (aquí) y aunque los ejemplares de la edición han sido sólo 898 y cada uno cuesta una pastizara (además de que creo que la mayoría ya estarán adjudicados), el caso es que podemos decir que es un libro más a disposición del público -público no-lector, en este caso-, como cualquier otro de los reseñados en Un Libro Al Día. Aunque no podamos leerlo. En cualquier caso, si alguien le quiere echar un vistazo al original, puede hacerlo aquí
Una última reflexión (y prometo que ya acabo): antes o después, es probable que se acabe descubriendo el secreto del manuscrito Voynich. Cuando el mundo esté gobernado por un megasuperordenador, quizás, que elimine a todos los humanos de la faz de la Tierra y se dedique a entretenerse con jueguecitos intelectuales como desencriptar el lenguaje en el que alguien escribió este texto, hace casi seiscientos años. O tal vez lo haga pasado mañana una niña-prodigio autista o un viejo profesor oxfordiano... Ni idea; sólo sé que, en mi opinión, será una lástima cuando se averigüe lo que esconde, al igual que si se capturara al monstruo del lago Ness o al Yeti. Porque está bien que avance el conocimiento sobre lo que nos rodea, sí, pero tampoco está de más que nos dejen un espacio, aunque sea pequeño, para el misterio. Esto es, para la leyenda; esto es, la literatura.