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jueves, 5 de marzo de 2020

Azahar 1979 – Azahar





Formato: FLAC
Tamaño Rar: 257,20 MB

El grupo más contracultural de la década se fundó en Madrid, en 1976 y aunque en ocasiones se le ha metido en el amplio saco del rock andaluz, la verdad es que poco tiene que ver con Triana o Alameda. La propuesta de Azahar es la de un rock sinfónico condimentado de influencias árabes, rock ácido y referencias al peculiar estilo de Mike Oldfield.

La mayor parte de los temas del grupo, especialmente los de su primer LP, se estructuran como un lecho formado por varias capas de teclados sobre el que la guitarra y la voz vuelan libres. El único elemento rítmico reconocible es el de una sencilla línea de bajo que marca la pauta rítmica a la que debe ceñirse el resto.

El alma mater del grupo fue el egipcio afincado en España, Dick Zappala (cantante), que anteriormente había militado en Araxes y participado en el papel de Herodes en el montaje de Jesucristo Superstar. Junto a él, Antonio Valls (guitarras y mandolina), Gustavo Ros (piano y sintetizadores) y Jorge -Flaco- Barral (bajo y percusión). Es decir, un grupo sin batería, lo que confería a esta banda un sonido etéreo, siempre a punto de echar a volar en cualquier dirección de la rosa de los vientos.

En 1977, con producción de Gonzalo García Pelayo, grabarán para Movieplay el LP “Elixir” (Movieplay, 1977), una de las obras más interesantes de su época, a pesar de guardar un cierto eclecticismo de estilos. De ella se extrajo el sencillo “¿Qué Malo Hay, Señor Juez?” (Movieplay, 1977).Esta canción alcanzó bastante repercusión mediática hasta que fue censurada en un momento en que la censura prácticamente había sido abolida. “Tenía yo dos amigos que fumaban humo de reír pa cuando estaban muy caídos les volvieran las ganas de vivir. 

Un día me los ligaron por fumar el regalito de dios. Al que resistió lo mataron y al otro el juez lo encarceló”. Letras como ésta y su continua apología de los humos prohibidos hicieron que a Dick le aplicaran la ley de extranjería y le echaran del país. Antonio le ayuda a regresar de estrangis y poco después consiguió que su pena de expulsión fuese sustituida por la curiosa figura legal de destierro de la ciudad de Madrid, por lo que podía vivir y actuar en localidades de la perifería, pero no en la capital del reino.

Estas circunstancias convirtieron al grupo en un mito perseguido con numerosos seguidores que abarrotaban los pocos conciertos que ofrecían. Gustavo Ros y el Flaco Barral abandonan el grupo en 1978 para fundar Azabache. Azahar se rehace con el teclista Manolo Manrique, el bateríaWilly Rodríguez de Trujillo y el bajista Julio Blasco, que a principios de la década había formado parte de Granada. 
Con esta nueva formación graban el LP “Azahar” (Movieplay, 1979) que se acerca más al rock andaluz. Un trabajo bien hecho, pero mucho más convencional que el anterior. 
Este disco fue grabado a finales de 1978 y publicado ya en 1979. Poco después el penetrante aroma de este azahar se extingue. 

Su excelente guitarrista Antonio Valls fallecería en plena juventud y Willy tendrá uno de los más trágicos finales del rock hispano al suicidarse: se ahorcó subido sobre los dos bombos de su batería. Al Flaco Barral lo encontraremos en mil batallas posteriores, como Labanda o colaborando con gente tan distinta como Hilario Camacho, Música Urbana o Ñaco Goñi.


Azahar - Expreso a Ketama


https://1fichier.com/?41dsqncbxz

martes, 25 de febrero de 2020

Azahar 1977 – Elixir






Formato: FLAC
Tamaño Rar: 247,47 MB

He aquí una obra cuya difusión y reivindicación juzgo urgente. Uno de los más experimentales trabajos, sin que ese experimento sea sinónimo de rollo, de aburrimiento o de especulación sonora sin rumbo fijo. El disco se grabó el 5 de septiembre de 1977 en los estudios Sonoland, de Madrid, y fue editado aquel mismo año dentro de la serie Gong, producida por Gonzalo García Pelayo, figura clave que también produjo a Triana, Gualberto, Tílburi, etc.

Abre el fuego el instrumental “Campos de azahar”, que nos recuerda bastante a Mike Oldfield. El tema está construido por una guitarra que camina sobre una senda de teclados. Uno de los temas más bellos y tensos que nos dejó la música progresiva española.

"¿Qué malo hay, señor juez” desgrana un canto premeditadamente andaluz sobre dos guitarras españolas tocadas por Antonio Valls y Flaco Barral. La letra reivindica el derecho a fumar sin hacer mal a nadie y la desmesurada actuación de la ley. Este tema fue siempre canción obligada y coreada en todas sus actuaciones. Sin duda, la canción más conocida de Azahar.

Rock progresivo en estado puro para “¡Es que no tiene nombre!” con alternancia de solos de sintetizador y guitarra eléctrica. Se echa de menos una batería que rellene y dé hilazón al tema más que en otros cortes del álbum. A destacar, el inesperado final de un solo de piano clásico que se cruza con un solo de guitarra de lo más progresivo.

En la misma línea que la anterior se desarrolla “Mercaderes”, que cierra la cara A del disco. Aquí, me fijaría en los efectos sonoros de una introducción inquietantemente sicodélica y en el relleno armónico de los teclados en sus registros de cuerdas y en una guitarra que transita entre lo moruno y lo progresivo. Todo ello configura una interesante pieza de lirismo experimental en la que se pueden reconocer elementos de multitud de estilos.

“Un hombre cansado” es una balada en la que el cantante se ve un tanto ahogado por una letra en la que existen demasiados versos con más sílabas métricas que musicales. Discreto solo de guitarra para el tema más flojo del álbum.

Toques de mandolina y aires folk para “Cantaros de fuego”, un delicioso juguete con claras influencias de Mike Oldfield. El trabajo de Antonio con las guitarras española, acústica y eléctrica, simplemente magistral.

Cierra el LP la suite “Viaje a Marruecos” compuesta por tres movimientos. El primero está basado en unos teclados que guardan aromas a Triana y una voz, que recupera el acento andaluz y los melismas magrebíes. Sonidos producidos con vasos de agua envuelven unos versos en árabe que dicen: “hermano, pásame la pipa y las cerillas”. El segundo movimiento es una descarga guitarrera precedida de explosiones, finalizada por una voz chillona en la que se hace difícil reconocer la letra. En el último movimiento, enteramente instrumental, vuelve el sinfonismo de teclados tocados en acordes de larga duración y guitarras que desgranan nota a nota una melodía llena de grandiosidad.

En suma, un LP de esos que hay que descubrir, que merece la pena escuchar completo y que marca una de las inexploradas cimas de la música progresiva española.