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domingo, 24 de mayo de 2026

Víctor Amat: Psicología punk

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2022

Valoración: Está bien


Empezamos mal, con una segunda persona del singular que interpela al lector. No me gusta, ni siquiera aunque se utilizase como recurso literario, esa familiaridad para tratar a alguien que tiene tu libro en sus manos, lo que para ti, autor, debería ser motivo suficiente para mantener cierta distancia que no incluye tutearle ni compartir confidencias. Tampoco me agrada ese colegueo con el que se da la impresión de estar dirigiéndose a un adolescente, aderezado con un supuesto lenguaje de calle que con frecuencia recurre a los flipar, chungo, monguer o cagarla. Claro que Victor Amat (pone Victor sin tilde, y yo se lo respeto) hace uso de este instrumental para buscar a) cercanía al lector, como alguien que te habla acodado en la barra del bar, y b) cierta aura transgresora que se corresponde con eso de la psicología punk, que viene a ser una marca de la casa que le gusta pasear por el mundo.

Bueno, que tampoco se me enfade este señor, que fue boxeador profesional, lo cual le otorga un plus de respetabilidad además, también es verdad, de aportar una nota diferencial, que tampoco es frecuente encontrarse reunidas en una misma persona las figuras de psicólogo, boxeador y divulgador. 

Yendo por fin al grano podemos decir que el libro se inscribe en el subgénero, todavía poco concurrido aunque creciente, de los libros de autoayuda que abominan de los libros de autoayuda. Ya topé con otro hace tiempo, aunque el tono de aquel era más gamberro y digamos menos profesional. Porque la idea que subyace en todo el libro de Amat es despreciar lo que llama pensamiento naif, el buenismo positivo de Mr. Wonderful y los mensajes optimistas y/o escapistas que inundan las redes, y centrarse en algo quizá menos reconfortante pero psicológicamente más sano: no podemos hacerlo todo bien aunque lo deseemos al máximo y pongamos todas nuestra fuerzas al servicio de nuestros sueños, tenemos que ser capaces de asumir nuestras limitaciones, llevar con dignidad el fracaso y aceptar los golpes que inevitablemente nos van a ir cayendo.

Es algo que me recuerda a la reflexión de un conocido escritor que en una entrevista dijo algo así como que el mundo es un lugar peligroso. Se refería desde luego a asuntos bastante diferentes, pero apunta en una dirección similar. La vida se compone de momentos buenos y malos, de gente que ayuda y mucha otra que te zancadillea con mala intención o incluso sin ella, de sucesos, algunos inevitables, que nos van a reventar las ilusiones y la estabilidad, y hay que aprender a encajar y tomarnos nuestro tiempo para digerirlo. Es posiblemente una perogrullada, pero es quizá algo que cuesta admitir, sobre todo a la vista de tanta basura con la que nos acosan, a veces solo para obtener visitas o likes, otras para convertirnos en consumidores felices que no dejen de gastar.

Insisto en que en general no me agrada el tono del texto, pero hay que reconocer que resulta eficaz para transmitir el mensaje y también, por qué no decirlo, que hay algunos momentos en que lo clava exponiendo problemas relacionales sobre los que nunca antes había leído, y atina muy bien por ejemplo desmontando algunas tonterías sobre el supuesto entorno laboral idílico de ciertas tecnológicas. Tengo la sensación de que el acento transgresor va siendo más marcado según nos acercamos al final, lo que transmite frescura y sinceridad, de manera que el libro, sin llegar a tener demasiada envergadura ni a desprenderse del todo, no sé si a su pesar, de la etiqueta de libro de autoayuda, parece un trabajo honesto del que a lo mejor puede uno obtener algún provecho.

P.D: Acabo de darme cuenta de lo horrible que queda esa cubierta con lo de 9,95, lo siento... pero no voy a ponerme a buscar otra.

sábado, 3 de enero de 2026

Carol Tavris & Elliot Aronson: Se han cometido errores (pero yo no fui). Por qué justificamos creencias ridículas, decisiones equivocadas y actos dañinos

Idioma original: inglés
Título original: Mistakes Were Made (but Not by Me): Why We Justify Foolish Beliefs, Bad Decisions and Hurtful Acts
Traducción: Patricia Teixidor, para Capitán Swing
Año de publicación: 2020
Valoración: entre muy recomendable y recomendable


Siempre es interesante tener una mirada crítica sobre las cosas que nos rodean, pero creo que lo es más aún tenerla sobre uno mismo, sobre lo que pensamos y cómo actuamos y, si el propósito es el de mejora, es necesario ir más allá y tratar de entender cómo somos y por qué hacemos lo que hacemos. Sólo así podemos cambiar y limar aquellos defectos que tenemos cada uno de nosotros. De ahí la importancia (y diría que necesidad) de este ensayo.

El libro parte de una afirmación que me atrevo a apuntar que es casi absoluta: «la mayoría de las personas, cuando se enfrentan a la certeza de estar equivocadas, no cambian su punto de vista ni su plan de acción, sino que lo justifican con más tenacidad si cabe»; y este hecho tiene una potente derivada, pues «la autojustificación es más poderosa y peligrosa que la mentira explícita, porque permite a las personas convencerse de que lo hicieron fue lo mejor que podían haber hecho». En este tránsito entre la realidad y la (auto)ficción interviene de manera ineludible nuestro cerebro y nuestros principios, pues «con el tiempo, a medida que las distorsiones interesadas de la memoria entran en acción y olvidamos o recordamos de forma equivocada acontecimientos pasados, podemos llegar a creernos poco a poco nuestras mentiras». Y aquí entra una dicotomía ineludible, que marcará realmente quienes somos porque «errar es humano, pero los humanos tenemos la opción de encubrir el error o asumirlo».

Con esta premisa, los autores de este libro hacen un análisis profundo y exhaustivo sobre qué nos conduce a (auto)justificar nuestros actos, qué pretendemos con ello, pero también qué mecanismos internos actúan para llevar nuestra consciencia a lugares confortables. Y ahí entra en juego un aspecto crucial: la disonancia cognitiva o, lo que vendría a ser, cuando tenemos un comportamiento que entra en conflicto con nuestras creencias o valores. Este es un elemento clave que sustenta todo el ensayo, pues la raíz de la autojustificación se resume perfectamente al constatar que «una vez que estamos comprometidos con una creencia y hemos justificado su validez, cambiar de opinión es un trabajo duro. Es mucho más fácil encajar esa nueva creencia en un marco existente y elaborar la justificación mental para sostenerla que cambiar el propio marco». Y esto no sólo afecta a uno mismo, sino también a la gente que nos rodea pues, justamente por el hecho de que nuestro cerebro trabaja en el sentido de que lo que hacemos es lo correcto, hay que ser conscientes de que «cuando estés a punto de hacer una gran compra o tomar una decisión importante (…) no preguntes a alguien que acabe de hacerlo. Esa persona estará muy motivada para convencerte de que es lo correcto». Toda esta parte de justificación y de encaje, no únicamente tiene aspectos negativos, también los tiene positivos porque al pretender encajar nuestros comportamientos con lo que creemos, esto también sirve como ejercicio motivacional, pues al generar una buena acción te ves a ti mismo como una persona bondadosa y eso te mueve a realizar más buenas acciones. También, los autores se adentran en terrenos más pantanosos y polémicos como el tema de los abusos y a los traumas, pues a menudo estos se denuncian cuando hace tiempo que han ocurrido lo que, según los autores, se debe tener en cuenta y valorar cuán verídico es el relato pasado cierto tiempo, cuánto pueden estar sugestionadas las respuestas en base a las preguntas formuladas o cuanto afecta el sesgo de confirmación especialmente al tratar con niños en denuncias de abusos o en otro tipo de casos como el de «los cinco de central park» (que dio lugar a la gran serie «Así nos ven» (2019)). Aquí denuncia explícitamente y sin tapujos el trabajo policial y de investigación incluyendo la falsificación de pruebas por parte de la policía (testilying) para confirmar unas sospechas basadas en un sesgo de confirmación que a menudo consiguen pues, «la presunción de culpabilidad en la mente del interrogador crea una profecía autocumplida, hace que se muestre más agresivo, lo que a su vez provoca que los sospechosos inocentes se comporten de manera más sospechosa». Con todo ello, y pese a ser interesante el tema judicial, los autores dedican casi cien páginas a exponer casos que, si bien consolidan lo expuesto, su extensión es excesiva. Más interesante es el aspecto de cómo funciona los mecanismos de autojustificación en los problemas de pareja y explica por qué las personas que rompen una relación sienten una animadversión u sentimiento de venganza hacia la persona que dejan: es un claro ejemplo de reducción de disonancia en acción. Otro gran eje de debate sobre el que gira el libro es cómo los estadounidenses han llegado a votar a Trump y qué les motiva a defenderle; aquí los autores también se basan en los mecanismos de autojustificación para explicar porque votantes que antes eran contrarios a las políticas de Trump le votaron y siguen defendiéndole.

El libro plantea interesantes reflexiones y los autores incluyen, para dotar de relevancia a su relato, numeras teorías y citas de científicos y analistas, como el experimento de Milgram o cuando cita a Greenwald quien describe «el yo como un ‘ego totalitario’ que destruye sin piedad la información que no quiere oír y, como todos los líderes fascistas, reescribe la historia desde el punto de vista del vencedor. Pero mientras que un gobernante totalitario reescribe la historia para imponerse a las generaciones futuras, el ego totalitario la reescribe para imponerse a sí mismo». 

Por todo ello, de este interesante ensayo, la conclusión que se puede extraer es evidente: los mecanismos de nuestro cerebro que actúan para eliminar la disonancia cognitiva son poderosos y útiles pues nos ayudan a vivir en un mundo en que las decisiones que tomamos no son siempre las mejores ni son acordes a nuestros valores; si no pudiéramos justificar esas acciones tendríamos grandes problemas de aceptación. Pero, a su vez, debemos tener cuidado con ello, pues nos puede llevar a justificar lo injustificable. De ahí que la receta y el consejo es claro: «necesitamos que algunas personas de confianza que se atrevan a llevarnos la contraria, críticos dispuestos a pinchar nuestra burbuja protectora de autojustificaciones y a tirarnos de vuelta a la realidad si nos desviamos demasiado». Seguramente no es fácil encontrarlas, ni menos aun mantenerlas a nuestro lado; sin duda conservarlas sería lo más conveniente, a menos de que nos convenzamos de lo contrario.

viernes, 11 de agosto de 2023

Steven Pinker: En defensa de la Ilustración


Idioma original:
inglés
Título original: Enlightenment now
Traducción: Pablo Hermida Lazcano
Año de publicación: 2018 
Valoración: Entre muy recomendable e imprescindible

Steven Pinker es una figura sobradamente conocida, autor de numerosos superventas en el ámbito de las ciencias sociales (La tabla rasa, Los ángeles que llevamos dentro), ganador del Pulitzer, colaborador en el New York Times y profesor de psicología en la Universidad de Harvard.

Este libro en particular viene con altas expectativas: en la contraportada una cita de Bill Gates dice: “El mejor libro que he leído nunca”. Bueno, veamos.

Comencemos por el subtítulo, puesto que, en contra de lo que suele suceder en este tipo de libros de ensayo dirigidos a venderse por millones, no es en absoluto sensacionalista (ya saben, “la partícula de Dios”, “el origen de todo”, “los secretos del universo”...) y se ajusta al contenido: Por la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso. El bueno de Pinker ya nos explica desde el principio la estructura de su obra: dividida en tres partes, la primera se titula simplemente “Ilustración”, la segunda “Progreso” y la última “Razón, ciencia y humanismo”.

Pinker utiliza la primera parte de su obra para darnos contexto sobre la Ilustración, explicarnos qué es, y porqué es tan importante: a su juicio, los principios de la Ilustración son los que han llevado a la humanidad al crecimiento vertiginoso de bienestar y progreso experimentado en el siglo XX por casi todos sus miembros, y son los que nos deben llevar a un futuro todavía más prometedor. Consta esta primera parte de tres capítulos en los que el autor establece su tesis: dedica la segunda parte, el verdadero ensayo en sí, a demostrarla.

Esta segunda parte es, sin duda, donde radica el meollo de la cuestión: Pinker se ha dedicado a recopilar muchísima información que nos muestra en forma de datos y gráficos, con la que nos apabulla y nos ilusiona. El mismo autor reconoce que, para la mayoría de nosotros, nos resulta especialmente confuso discernir entre millones, miles de millones o millones de millones, por lo que se esfuerza en mostrar un contenido claro y de fácil comprensión.

Divide la información en distintas categorías y profundiza en cada una de ellas en cada capítulo; por lo variado y exhaustivo del análisis, merece la pena mencionarlos aquí: Progresofobia, Vida, Salud, Sustento, Riqueza, Desigualdad, Medio Ambiente, Paz, Seguridad, Terrorismo, Democracia, Igualdad de derechos, Conocimiento, Calidad de vida, Felicidad, Amenazas existenciales y El futuro del progreso. En cada uno de estos episodios aquí listados hay un estudio comparativo entre épocas y países según el tema a tratar: todos ellos nos indican que, como conjunto, nunca hemos estado tan bien.

Su parte final está dedicada a defender las tres bases de la Ilustración que, en opinión de Pinker, deberán ser las bases del futuro: Razón, Ciencia y Humanismo, dedicando otro capítulo a cada una de ellas.

¿Cuál es el mensaje de este libro? El optimismo. Un principio que defiende a lo largo del ensayo es la lugubridad y pesimismo de muchísimos autollamados intelectuales que se dedican a profetizar una y otra vez el fin del mundo, así como añorar pretendidos pretéritos tiempos gloriosos: Pinker derrota una y otra vez la tesis de “aquellos buenos viejos tiempos”, mostrando datos que demuestran que no todo tiempo pasado fue mejor.

Como nota curiosa, en el proceso de escritura de este ensayo se produjeron las elecciones de EEUU de 2016, en las que salió elegido Donald Trump como nuevo presidente. Para curarse en salud y evitar que cundiera el pánico, Pinker nos decía en el libro que, a pesar de los presumibles retrocesos futuros llevados a cabo por el nuevo gobierno republicano en materia de libertades sociales y medioambientales, debemos mirar al futuro con un objetivo más amplio y no centrarnos en el momento presente para analizar la historia. A pesar de la visión de color de rosa que nos vende Pinker a lo largo de todo el libro, se deja trasver que le había visto las orejas al lobo: Optimismo sí, pero con matices.

Teniendo en cuenta que es un buen mamotreto, de esos que hace cansar la muñeca al cabo de un rato, surge la pregunta: ¿es una buena lectura? Mi opinión es que sí, no necesariamente lineal (a pesar de que yo lo he hecho así y no me arrepiento), funciona tan bien como obra de consulta (y, porque no decirlo, argumentario para debates).

Algo que me hubiera gustado es que Pinker hubiese insistido más en la necesidad de mantener (seguir manteniendo) hábitos responsables de consumo y de vida: la sensación, al ir leyendo, es que como humanidad vamos sobrados, que ya está todo hecho, y sabemos de sobra que lamentablemente no es así; vamos por buen camino, pero hay que seguir trabajando. El apuro que pasó Pinker con la elección de Trump nos demuestra que un cambio de rumbo de un gobierno poderoso puede dar al traste con muchos de los avances conseguidos.

martes, 9 de junio de 2020

Lisa Thompson: El imprevisto caso del chico en la pecera

Idioma original: inglés
Título original: The Goldfish Boy
Año de publicación: 2017
Traducción: Isabel Murillo Fort
Valoración: está bien

Matthew Corbin, el protagonista de esta novela vive en una situación, que, si no fuera porque sabemos que es ficción, no dudaríamos de considerar como absurda e increíble: se ve obligado a permanecer encerrado en su casa por miedo a los microbios causantes de enfermedad que proliferan en el exterior, a extremar la higiene lavándose las manos varias veces al día, llegando a usar guantes de látex y vigilando sobremanera la asepsia de cualquier alimento u objeto que le llegue de fuera... vamos, que ya digo que no hay quien se lo crea, como si alguien pudiese vivir así...

Aunque lo que le pasa a Matthew no es, claro está, que viva en medio de una epidemia por coronavirus (el libro es de 2017, sino que es un chaval de 12 años con un Transtorno Obsesivo Compulsivo y una acusada misofobia o germofobia, que es la que le impulsa a quedarse en casa lavándose una y otra vez con agua caliente y jabón -no sólo las manos, pero sobre todo- y contemplando el mundo exterior a través de la relativa seguridad de la ventana de su habitación; mundo exterior que, en su caso, se limita a Chestnut Close, una de esasa calles de chalecitos, típicas de los suburbios británicos de clase media. de esta forma, por aburrimiento y también obsesión, tiene controlados hasta el último movimiento de sus vecinos, aunque no tanto como para percibir lo que le ha pasado a Teddy, el nieto pequeño del señor Charles, que se aloja junto a su hermana en casa de su abuelo mientras su muy ocupada madre viaja a Nueva York y que una tarde, desaparece del jardín. Matthew no puede evitar verse implicado en la búsqueda -entre otras cosas porque es el último testigo que vio al chiquillo antes de desaparecer- e inicia su propia investigación, con la ayuda de otra vecina y compañera del cole, Melody (también un poco rarita, para qué lo vamos a negar). Y con la improbable coñaboración de su ex-amigo Jake Bishop, que completa el trío de pre-adolescentes marginados...

Cono es fácil de suponer, historia y personaje remiten a ese éxito que fue, hace algunos años El curioso incidente del perro a medianoche; incluso se diría que su editorial en España haya querido resaltar esa similitud con la traducción, algo fantasiosa, del título. Pero el parecido es menor de lo que cabría esperar; por de pronto, Matthew Corbin padecerá un TOC, pero es bastante más soportable como protagonista que el del otro libro (sí, lo sé, soy una mala persona, pero aquel chaval me ponía de los nervios...). Una influencia para mí más evidente, aunque no de manera directa (y salvando todas las distancias , en todos los sentidos) sería la de las novelas de Agatha Christie, al menos las que tenían como investigadora a la señorita Marple en las que, además de resolver un misterio, se hacía toda una disección costumbrista de la sociedad de una pequeña localidad del sur de Inglaterra. Y como referencia cinematográfica, mucho más evidente, está la estupenda película de Hitchcock La ventana indiscreta, aunque aquí el protagonista no tiene a una glamurosa Grace Kelly para ayudarle en sus pesquisas, sino a una niña de doce años con verrugas en el pie y aficionada a pasear por el cementerio (y aunque esta novela juvenil no tenga mucho que v)er, yo no he podido dejar de acordarme de otra que yo leí cuando tenía esa edad: El diario secreto de Adrian Mole... ¡Madre, que jartá de reir!).

En todo caso, y sin necesidad de irnos por las ramas, es este libro una lectura entretenida e incluso recomendable para lectores (y lectoras, se entiende) de la edad de los protagonistas. Más adelante, quizás sea preferible algo de un poco más enjundia, pero entretanto, me parece que está perfectamente bien. Incluso más que bien...

domingo, 10 de noviembre de 2019

María Hesse: El placer


Idioma original: Castellano
Año de publicación: 2019
Valoración: Muy recomendable

Lo que no se nombra no existe. El primer estudio científico en profundidad, sistemático, describiendo minuciosamente la forma y el tamaño de la vulva, el órgano sexual femenino, no apareció hasta el año 2005 y fue obra de la uróloga australiana Helen E. O’Conell. Lo hizo extrañada por no encontrar en los manuales de cirugía aplicada detalladas descripciones de, por ejemplo, las abundantes terminaciones nerviosas de la pared vaginal, puesto que sí había disponibles toneladas de literatura científica acerca del órgano sexual de la otra mitad de la especie, es decir, los hombres. Helen O’Conell describió pormenorizadamente el clítoris -¡año 2005!-, con algunos parecidos con el pene, como aumentar de tamaño conforme se excita, aunque con otras tantas diferencias, como la mayor cantidad de terminaciones nerviosas, unas ocho mil, que su par masculino.

Y es que lo que no nombramos, lo que ignoramos, silenciamos o despreciamos no tiene relevancia, ni visibilidad, interés o importancia. Aun más; lo que no se nombra se transforma en secreto y lo secreto acaba siendo el origen de las vergüenzas, de miedos y mitos. Por eso, todavía ahora toparse con un libro centrado en la descripción de la vulva y en la reivindicación del placer sexual femenino tiene algo de inesperado, de sorprendente, de revelador. Aún a día de hoy se calcula que anualmente son mutiladas sexualmente unos tres millones de niñas y la religión católica, con centenares de millones de fieles en todo el planeta, mantiene que María, la madre de Jesús, ha sido la única mujer capaz de quedarse embarazada sin sexo ni técnicas de fecundación in vitro, según determinaron unos señores en el Concilio de Éfeso,  431 años después de aquel extraordinario suceso. Por cierto, en 1842 otro excelso varón, el papa Pío XII concluyó que María había sido preservada del pecado original incluso desde el instante de su concepción. Pero, quizás, una constatación aún más triste: ¿dónde se informan sobre sexualidad hoy en día mayormente los niños, con la familia y la escuela o en internet? Por eso, darse de bruces con un libro como El placer ha sido tan  divertido e interesante como para considerarlo muy estimulante. Uyyy, perdón, muy recomendable.

Por que lo que hace la dibujante María Hesse (Huelva, Andalucía, 1982) además de una didáctica descripción de partes, zonas, detalles y particularidades –todo tiene nombre en la vulva: pelos, labios, ingles, clítoris, vagina, punto G…- es una apasionada y maravillosa defensa de la capacidad y la necesidad de las mujeres de gozar, de no renunciar al placer sexual. Y, especialmente, de acabar con la idea de que el placer femenino consiste en apenas facilitar el orgasmo de su pareja, o en que la única vía para alcanzarlo es la penetración. Y, desde luego, el orgasmo no es una contrarreloj: Todas somos diferentes y obtenemos el placer de formas distintas. Por eso es imprescindible explorarse para, llegado el caso, guiar a tu pareja, hablándole sin tapujos de lo que te gusta y lo que no te gusta, de tus fantasías. ¿Cuántas mujeres nunca han explorado su vulva, jamás se han atrevido a mirarse ahí abajo? ¿Cuántas mujeres desconocen un orgasmo, el placer sexual?  ¿Por qué las herramientas, los juguetes para lograr el placer sexual femenino se denominan consoladores? ¿Consuelo de qué?

Las ilustraciones de María Hesse (apellido adoptado y deudor de aquellas lecturas de juventud apenas estrenada) son bellas y explícitas, con personajes de trazos delicados, enormes ojos y expresión decidida, envueltos en motivos vegetales que expresan emociones y con abundante presencia de tonos amarillos, ocres, naranjas. A su vez, los textos son concisos, sintéticos y con una clara función divulgativa. Y el mensaje reivindica decididamente la complicidad y la curiosidad de manera alegre, sensual y rotunda, como la cita de Mae West que abre El Placer: El buen sexo es como el buen bridge. Si no tienes una buena pareja, mejor que tengas una buena mano.

sábado, 9 de noviembre de 2019

Ilaria Tuti: Flores sobre el infierno


Idioma original: italiano
Título original: Fiori sopra l'inferno
Año de publicación: 2018
Traducción: Xavier González Rovira
Valoración: entre recomendable y está bien

Uno busca (porque tengo esa debilidad y además, para reseñar libros gafapásticos más intelectuales ya están mis compañeros, que lo hacen de maravilla) thrillers policíacos contemporáneos, más o menos originales, a ser posible europeos; uno busca con la esperanza de revivir esa pulsión, ese encandilamiento que suscitaron, cuando empezó a leerlos, los libros de Henning Mankell o Fred Vargas... Uno busca , a veces encuentra y otras muchas no, o encuentra novelas que suenan a déjà-vu, a simple copy-paste o, casi peor, a novella escrita con plantilla, cambiando únicamente (y no siempre), la víctima del crimen, el carácter del investigador, es escenario de los hechos y poco más...

Uno busca y a veces encuentra cosas que noe stán mal; por ejemplo esta novela de debut de la italiana Ilaria Tuti, que se desarrolla en las montañas de su Friuli natal, junto a la frontera con Austria, donde en un pequeño pueblo sucede el consabido crímenes truculentos y desconcertante y tal y cual... Podéis hasta adivinar lo demás: presencia misteriosa en el bosque, investigadores que se encuentran con el hermetismo de una comunidad cerrada, secretos del pasado que acaban por salir a relucir... elementos, en fin, que aparecen juntos o diseminados en diversos libros de este mismo género noir-montaraz, tanto italianos -novelas de Manzini, D'Andrea-, como incluso de lo que ahora hay quien llama novela negra "euskandinava" (ay, ama!). Lo mismo ocurre con películas o series de televisión (se me ocurre la francesa Zone blanche, por ejemplo).

Ahora bien, algo hay en Flores sobre el infierno que la distingue de otras novelas, etc... del mismo estilo y la dota, como mínimo, de un punto de interés adicional: se trata de la investigadora en jefe del caso, la comisaria Teresa Battaglia, que no es una joven policía llena de dinamismo, ni siquiera de una sagz profesional de mediana edad, sino de una sexagenaria con ciertos problemas de salud -es diabética, además de otros que se hacen presenten en este libro-; extremadamente competente en su trabajo, eso sí -parece saberse de memoria los estudios de Bill Tench y Holden Ford sobre asesinos en serie... quiero decir de Douglas y Ressler- y disfruta de la veneración de sus subordinados, todos hombres. Como contrapunto aparece uno de ellos, el joven inspector Massimo Marini, recién llegado a la unidad y que choca a menudo con la hosquedad y la sorna de la veterana comisaria.

Una mujer débil y fuerte al mismo tiempo, rigurosa pero empática, que le da un plus de verracidad y humanidad a la historia. Un hallazgo, sin duda, de Ilaria Tuti que, por suerte, la escritora parece que ha mantenido en su última novela, Ninfa dormiente (aún no publicada en castellano).

lunes, 1 de octubre de 2018

Meg-John Barker & Julia Scheele: Queer. Una historia gráfica

Idioma original: inglés
Título original: Queer. A Graphic History
Año de publicación: 2016
Traducción: Begoña Martínez
Valoración: interesante

Quizás alguno de ustedes, vosotro/as, nosotrxs (lo siento; es difícil utilizar un lenguaje inclusivo tras este libro...) haya oído o leído algo sobre la llamada Teoría Queer, o le suenen términos en boga como heteronormatividad, identidad de género, binarismo, matriz heterosexual, poliamor, performatividad, interseccionalidad, TERF, etc... O tal vez haya sido testigo, en medios de comunicación y redes sociales, de polémicas no siempre comprensibles, de las que desconocemos exactamente su origen o el contexto en el que se generan, pero asistimos a sus derivadas, a veces un tanto absurdas.... Pues bien, si quieren saber algo más sobre la tal Teoría Queer, pero sin dejarse los ojos en sesudos e interminables estudios biopsicosociales (y sí, el palabro existe), este, sin duda, es su libro: un ensayo divulgativo con abundantes ilustraciones que tratan de hacerlo más llevadero aún, sobre las ideas, la Historia y las ramificaciones y desvíos de la teoría -o mejor, teorías- Queer.

Aplaudo desde aquí el ingente esfuerzo que han llevado a cabo las autoras -en especial la psicóloga y académica Meg-John Barker, supongo- pera afrontar tan ardua tarea. Yo, desde luego, reconozco mi incompetencia para  explicar, y menos en el exiguo espacio de una reseña, ideas tan escurridizas y complejas. Pero, en fin, por decir algo y resumiendo mucho (pero mucho), podríamos decir que la Queer es una teoría o conjunto de teorías de ciertas ramas de las Ciencias Sociales que tratan de cuestionar y refutar el concepto esencialista y fijo de las identidades sexuales y de género al uso, que consideran no más que un constructo social dentro del marco heteronormativo y binario (hombre/mujer; hetero/homo..., destinado a perpetuar las relaciones de poder establecidas (dominante/dominado); para ello, la teoría Queer opera desde los márgenes de esa normatividad (que también puede es homonormatividad, binormatividad y hasta kinknormatividad... ejem,  mejor no preguntéis).

Clarinete, ¿no? Bueno, todo esto se explica muchísimo mejor y con más matices en el libro, así como el origen del término -en principio, "raro", "extraño"-, sus antecedentes en los estudios sexológicos -sobre todo, los de Kinsey-, los movimientos homosexuales, algunas ramas del feminismo o las ideas del existencialismo francés y, sobre todo, el postestructuralismo (no menciona, sin embargo, al anarquismo, que a mí me parece uno de sus sustratos teóricos y políticos más evidente). Es justamente Michel Foucault, junto con la filósofa americana Judith Butler, a quienes se considera "padres" de la Teoría Queer, aunque el término fuese utilizado por vez primera por la teórica feminista Teresa De Lauretis.

Le sigue una inacabable lista de estudiosos, activistas y tendencias dentro de la Teoría Queer y, como un detalle que honra a las autoras, un apartado sobre las críticas y tensiones que ha vivido en su no demasiado larga trayectoria  (por ejemplo, desencuentros con el feminismo, o los movimientos bisexuales y trans, así como las acusaciones de elitismo, innacesibilidad o ineficacia...). Por último, también se recogen las nuevas direcciones y tendencias que vive(n) esta(s) teoría(s) y un recordatorio de que lo "queer" es algo que "se hace", no que "se es".

Por mi parte, no me considero aún capaz de decir si estoy o no de acuerdo con esta(s) teoría(s) socio-psico-sexual. Me resulta muy interesante y sugerente y, como cualquier otra idea liberadora e igualitaria (pues de eso se trata, al fin y al cabo), digna de consideración y estudio. Cierto que del libro también se coligen algunas de sus contradicciones y defectos, algo que las autoras han suavizado, pero no han querido o sabido evitar. Por ejemplo:
-Da la sensación de ser más una teoría reactiva que constructiva, mucho más centrada en la oposición a la normatividad establecida que en proporcionar una alternativa viable a esa normatividad.
-Trasluce que se trata más de un debate académico dentro de los estudios sociales, que como mucho puede haber trascendido a ciertos grupos activistas, pero no algo que tenga o vaya atener una incidencia en la vida real de la mayoría de la gente, al menos a corto plazo.
-Por último, la propia naturaleza de estas teorías y su relación con algunos movimientos pro-derechos de diferentes colectivos dejan la idea de que nos encontramos ante la enésima versión del Frente Popular de Judea contra el Frente Judaico Popular. No digo ni sé si esto es así, pero sí lo que deja entrever la lectura de este libro, por más que las autoras hayan tratado de  lograr la mayor positividad y ecuanimidad al respecto.

En cualquier caso, tampoco es ésta una lectura demasiado pesada y al menos, tras ella, podremos utilizar con más propiedad conceptos y términos que, como ya he mencionado, empiezan a ser frecuentes en los medios y redes sociales. ¡Seamos un poquito más abiertos al respecto que un mero académico de la RAE, caramba! Y me refiero a las ideas, no a las palabras...


miércoles, 18 de julio de 2018

Slavoj Žižek: Problemas en el paraíso

Idioma original: inglés
Título original: Trouble in Paradise. From the End of History to the End of Capitalism
Traducción: Damià Alou
Año de publicación: 2014
Valoración: Recomendable

No tengo muy claro si don Francis Fukuyama registró adecuadamente sus derechos de autor sobre el  concepto de ‘fin de la Historia’ pero si lo hizo debe ser hoy un hombre rico, porque no hay artículo, tertulia o ensayo de carácter político, sociológico o histórico en el que no se cite alguna vez. Con lo cual, al final nos acabamos convenciendo de que estamos viviendo el fin de algo, o tal vez ya el principio de otra cosa. Finkielkraut lo había apuntado por el lado cultural unos años antes, y Baudrillard le puso de inmediato el tono ácido, pero todo hacía pensar en la terminación de un ciclo, situación en la que se conoce mejor lo que parece destinado a quedar borrado que lo que se va a escribir en adelante (y cómo).

Slavoj Žižek es uno de los pensadores más conocidos que circulan por ahí en los últimos años. Filósofo, psicoanalista y no sé qué cosas más, su (relativa) popularidad proviene, claro está, de su exposición en los medios a través de artículos y entrevistas, entre ellas una muy reciente cuyo enlace dejo aquí. Pero la fama le llega principalmente porque le encanta meterse en todos los charcos. Obviamente, Žižek no escribe artículos sobre el superego o las contradicciones entre Lenin y Stalin sobre el derecho de autodeterminación, y mucho menos le preguntan por ello en las entrevistas. Sus tomas de posición giran en torno al feminismo, el islamismo radical, los vientres de alquiler o la inmigración, y ahí es donde disfruta escandalizando con alguna frase hiriente, o provocando con su barroquismo intelectual.

Porque si algo tiene el autor esloveno es afición por la actualidad, para interpretarla o buscar en ella ocasión para la reflexión o la digresión, según. De manera que, en ese contexto de fin de la Historia que decía antes, Problemas en el paraíso se situaría precisamente en el arranque de la nueva etapa que todavía no tenemos bien definida. Aunque el título se remite a una vieja comedia norteamericana, Žižek lo adopta con destreza para plantear las grietas que se observan en ese inicio de siglo que parecía abrir la etapa del bienestar y la estabilidad definitivas, con el comunismo bien enterrado y el capitalismo triunfante en todos los frentes.

La modernización se ha extendido sin freno por este mundo globalizado, y aquellas culturas que no dispusieron de un periodo de adaptación, bien lo han asumido de la forma más salvaje (Corea del Sur es el ejemplo que toma Žižek), o han desplegado un escudo protector igual de radical (el fundamentalismo islámico, al que alude en varias ocasiones). Pero ese nuevo paraíso va dejando sus cadáveres por el camino: legiones de desempleados y excluidos del sistema, regiones enteras del planeta descolgadas del proceso, y el virus del individualismo empapando la vida política y social desde todos los frentes. El ciudadano se convierte en ‘su propio capitalista’, que debe gestionar (y pagar, a veces endeudándose) las necesidades de educación o sanidad que el Estado ya no quiere atender, al tiempo que es impelido a un examen de conciencia en torno a los valores que se alzan en el horizonte: ecología (¿reciclo lo suficiente?), corrección política (¿cómo trato al desigual?), solidaridad (¿coopero con causas justas?). Traslación de lo colectivo a lo particular en todas las esferas, que conduce a desviar el foco de cuestiones globales trascendentes, y en fin a desactivar o recanalizar los movimientos emancipadores que surgen.

A estos les dedica Žižek una segunda parte de sus reflexiones. La clave está en primer lugar en distinguir con claridad quiénes de verdad avanzan para poner en entredicho el sistema, y con ello no perdernos en luchas secundarias. Y en segundo lugar, cómo continuar esos movimientos que se han caracterizado por su espontaneidad, una vez agotado el entusiasmo inicial. Insiste el autor en varios momentos en la necesidad de liderazgos que encaucen y dirijan todo ese potencial ‘emancipador’ (se diría que rehuye el término ‘revolucionario’), con lo que entronca con el clásico principio comunista del centralismo democrático, que sin duda conoce en profundidad –aunque cuesta ver que lo distinga con suficiente nitidez de los populismos, en los que ese liderazgo decisivo es consustancial, y a los que apenas presta atención.

Bueno, todo esto parece bastante sencillo y espero que más o menos coherente, pero extraer este hilo del texto que nos ocupa no es tarea tan fácil. Lo de Žižek no es un discurso lineal ni un razonamiento teórico estructurado, sino más bien un cóctel de muchos ingredientes que hay que ir diferenciando y encajando en su sitio. Como es habitual en el autor, se arremolinan múltiples referencias a películas que se supone ilustran sus reflexiones (una docena de páginas sobre una de las de Batman, ufff), chistes, digresiones de corte psicoanalítico (omnipresente Lacan), infinidad de comentarios sobre todo tipo de acontecimientos actuales (Ucrania, la ‘primavera árabe’, Grecia, el fin del apartheid), y sobre todo, afirmaciones provocadoras, paradojas y polémicas con otros pensadores, donde se ve que Žižek goza de verdad. Si a todo esto le añadimos la querencia por retorcer los argumentos hasta hacerlos irreconocibles (retórica vs. acción, por ejemplo), y la oscilación entre momentos de altura intelectual inalcanzable y otros de sencillez sorprendente (interpretación de Piketty), la sensación que transmite es de vorágine, de ruido y hasta de cierta improvisación.

La tarea del lector es seguramente completar lo que el autor no hizo: dejar reposar todo ese caudal, filtrarlo y ordenarlo para obtener sus conclusiones. Si conseguimos hacerlo así veremos que Žižek nos ha dejado sobre todo una especie de surtido de KPIs, puntos sobre los que poner la lupa, elementos sobre los que reflexionar o motivos para ver las cosas con una perspectiva distinta a la que nos quieren presentar como única.

Otras obras de Žižek en ULAD: aquí

sábado, 15 de abril de 2017

Flora Davis: La comunicación no verbal

Idioma original: inglés
Título originalInside Intuition. What we Knew About Non-Verbal Communication
Traducción: Lita Mourglier
Año de publicación: 1.976
Valoración: Se deja leer

Curioso tema es, al menos a priori, el de la comunicación no verbal. Porque las personas, con más o menos habilidad, utilizamos la oratoria para comunicarlos con los demás pero, si nos paramos a pensar, las palabras van siempre acompañadas de movimientos, gestos, miradas o posturas. Yo creo que todos intuimos que en este repertorio de manifestaciones corporales hay muchos elementos de comunicación hacia nuestros interlocutores, que de forma voluntaria o inconsciente, se trata de mensajes que acompañan a la palabra. Pero no deja de ser una impresión superficial. Los expertos se encargan de llenarla de contenido.

Flora Davis es –o era, no sé- una psicóloga norteamericana dedicada a analizar y desentrañar esa especie de coreografía que acompaña a la comunicación oral. Cuando se publica el libro (1.976) el asunto era plenamente novedoso, ‘una ciencia incipiente’, y esto se deja traslucir a lo largo de sus páginas, donde la autora adopta el tono expectante aunque prudentemente cauteloso de quien presenta estudios o descubrimientos que todavía están bastante verdes. En este sentido resulta loable, por lo profesional, que no se deje llevar por el entusiasmo de lo nuevo.

El libro se distribuye en veintiún apartados de extensión similar en torno a cada uno de los campos analizados, por ejemplo, la cinesis (estudio del movimiento de las personas), los indicadores de sexo, el manejo de las manos o la postura corporal, entre otros. Entre ellos, me parecen de mayor interés el referido a la relación entre el lenguaje gestual y las distintas culturas o idiomas, algunas manifestaciones que parecen tener carácter universal, o el tema de los ritmos humanos. El capítulo que llamativamente se titula ‘El orden público’ no habla precisamente de la patada en la puerta o de la 'Ley mordaza', sino de la forma en que nos desenvolvemos en público, el espacio personal o ciertas convenciones que se acercan a eso que se llamaba ‘urbanidad’.

Aunque se trata de un trabajo elaborado por una profesional, y se remite de principio a fin a experimentos e investigaciones de distintos expertos (psicólogos, antropólogos, etc.), tiene por encima de todo un carácter divulgativo. No se trata de un ensayo, sino de un texto en general bastante sencillo, asequible a cualquier lector, que sobre todo intenta presentar descubrimientos y avances en un campo entonces poco trabajado, y del que los profanos no conocemos prácticamente nada. Davis recurre continuamente a ejemplos y a describir experiencias de laboratorio, intentando captar la atención del lector no iniciado, y hacerle partícipe de investigaciones que son nuevas en su época.

De forma que el libro se lee sin dificultad, resulta entretenido y su interés dependerá enteramente de la curiosidad que tengamos sobre el tema. Si queremos conocer un poco por encima el asunto, entiendo que será suficiente. Eso sí, siempre que no nos importe mucho la antigüedad de la información. Porque tampoco voy a ocultar que, como no podía ser de otra forma, los años se le notan una barbaridad a ‘La comunicación no verbal’. Son ya muchos, pero muchos años (más de cuarenta) los que han transcurrido, y no hay más que ver con qué entusiasmo se refiere Flora al uso que los científicos hacen de algo tan revolucionario como el ‘video-tape’ (¿alguien recuerda lo que es eso?). Y, claro, aunque obviamente no tengo conocimientos sobre el tema, no creo estar muy equivocado si digo que estas materias relacionadas con la comunicación, la gestualidad y todo eso han experimentado un crecimiento brutal en las décadas posteriores. Estamos desde hace ya mucho en una sociedad en la que prima la imagen, cada detalle cuenta, por supuesto en los medios audiovisuales, pero también, y de qué manera, en la propia vida de cada uno de nosotros. Y si no, preguntémosle a un head hunter, o a un simple reclutador de personal.

Y no digamos si hablamos de internet. Todo está en Youtube, en las redes sociales, y esa comunicación no verbal ha cobrado una importancia estratosférica, inimaginable hace unos cuantos años. Pero, en medio de mi ignorancia, me parece evidente que también la palabra –oral o escrita- ha encontrado cauces diferentes, ha ganado inmediatez, seguramente ha perdido profundidad (o no?) y ha adoptado formas diferentes, al son que marcan las tecnologías y las modas. Todo ha cambiado, ha progresado, se ha desarrollado o ha degenerado, según se mire. Y, como en otros muchos campos, también es sano echar un vistazo a tiempos pasados, en los que dominaba la ingenuidad de lo recién descubierto.

lunes, 9 de junio de 2014

Alison Bechdel: ¿Eres mi madre?

Idioma original: inglés
Título original: Are You My Mother?
Año de publicación: 2012
Valoración: muy recomendable

Alison Bechdel (Lock Haven, Pensilvania, 1960) se hizo conocida en nuestro país gracias a la publicación de Fun Home, un cómic autobiográfico en el que mostraba sin tapujos el no-demasiado-sano ambiente familiar en el que le tocó crecer, marcado por la contradictoria y complicada relación que la autora mantenía con su padre, quien terminó por suicidarse.

En ¿Eres mi madre? Bechdel vuelve a mirar dentro de sí misma para, en este caso, ofrecernos una obra autobiográfica en la que disecciona la relación que mantiene con su madre: quizá mejor que la que vivió con su otro progenitor, pero ni de lejos la que le gustaría haber tenido. Como también ocurría en Fun Home, la autora cuenta su historia apoyándose en sus propios recuerdos, en la transcripción de las cartas que se enviaron sus padres y de las conversaciones que mantiene cada semana con su madre (lectora voraz, actriz aficionada y quizá con tantas carencias emocionales como su hija), y en una ingente cantidad de citas de diversas obras literarias y científicas.

Resulta sorprendente cómo Bechdel habla de sí misma (y, por ende, de su familia) de forma directa y sin guardarse ningún detalle, mostrando todas sus debilidades, inseguridades... e intentando comprender qué características de su personalidad debe lamentar o agradecer a su complicada infancia. Virginia Woolf, Sigmund Freud y Donald Winnicot aparecen sin cesar a lo largo de ¿Eres mi madre?, mientras la autora intenta explicar su historia y entender el por qué del comportamiento de su madre.

Pero no nos llevemos a engaño. Es cierto que en Fun Home Dechsel diseccionaba a su padre y que en esta obra disecciona a su madre, pero lo que hace en realidad no es sino intentar comprenderse a sí misma. Esta obra es una purga, una limpieza en la que todo (el arte, el amor, el sexo, la historia, el psicoanálisis) es válido a la hora de llegar al lugar al que la autora quiere dirigirnos. 

La única pega que puedo ponerle a este cómic es que, en ocasiones, tanta cita y tanta referencia bibliográfica resulta un tanto cargante. No porque no sean interesantes, ojo, que lo son (e imprescindibles para comprender ciertas conclusiones a las que llega la autora), pero pueden entorpecer ligeramente la lectura. A pesar de ello, ¿Eres mi madre? es una obra que todo aficionado a los cómics debería leer: tanto por su calidad (tanto de guión como de dibujo) como por su increíble y cruda sinceridad.














Otras obras de Alison Bechdel reseñadas en Un Libro Al Día: Fun Home

martes, 4 de septiembre de 2012

Oliver Sacks: Un antropólogo en Marte

Idioma original: inglés
Título original: An Anthropologist on Mars
Fecha de publicación: 1995
Valoración: recomendable

¿Un libro plagado de palabros técnicos neuropsiquiátricos puede ser entretenido? Oliver Sacks demuestra que sí. Y no sólo entretenido: cómico, sorprendente, cautivador y emotivo, también. Uno está siempre preguntándose qué puede esperar en la próxima página, y eso, tratándose de libros de divulgación científica, tiene mucho, mucho mérito. Izas ya nos habló de Oliver Sacks aquí (en la que, de hecho, fue su primera entrada en el blog), pero por si acaso recuerdo que lo que hace es presentar casos que se ha ido encontrado en su ya larga carrera como psiquiatra. Escribe de un modo directo, franco, alternando narraciones muy ágiles en primera persona donde cuenta los encuentros con sus pacientes, y explicaciones que ilustran, con economía de medios, el estado científico de la cuestión. Este es el primer libro que leo de él, y entiendo que esta mezcla pueda no ser atractiva para todo el mundo, pero a mí me ha encantado.

En Un antropólogo en Marte, Sacks presenta siete historias principales (entrecruzadas de muchas otras, eso sí). Y digo "historias" conscientemente, y no "casos", porque estas siete vidas se despliegan con tal cercanía y humanidad ante el lector que nunca se tiene la sensación de estar observando la presencia singular de una enfermedad, como si se viera un bicho al microscopio; Sacks se preocupa constantemente por ver más allá de los síntomas (a veces realmente escandalosos) de sus pacientes y llegar a la persona que estos en parte ocultan, pero en parte han contribuido también a conformar. Hay siempre latente una profunda inquietud filosófica sobre el significado último de nuestros conceptos de "salud" e "identidad", a los que el lector aprende a mirar con sospecha.

Un pintor que deja de ver el color, un cirujano aquejado de violentos tics, un ciego al que le devuelven la vista pero que no sabe ver, una persona anclada en los 60... "Siete relatos paradójicos" resulta ser un subtítulo de lo más apropiado. Aprender de la mano de Sacks cómo se las arreglan estas personas paradójicas en el mundo que todos compartimos es una lección apasionante.

También de Sacks en ULAD: MusicofiliaEn movimiento. Una vida

domingo, 26 de febrero de 2012

Ann Yeoman: Ahora o Nunca Jamás. Peter Pan y el mito de la eterna juventud

Idioma original: inglés
Título original: Now or Neverland. Peter Pan and the Myth of Eternal Youth
Fecha de publicación: 1998
Valoración: está bien

Cuando Peter Pan empezó a ser sometido a una crítica académica, esta echó mano sobre todo de instrumental freudiano. Y es que material hay de sobra. Por ejemplo: Peter dice sentir un visceral rechazo por las madres debido a que la suya supuestamente le abandonó, pero luego se dedica a proyectar el rol maternal sobre toda mujer que se le acerca. Si a esto le sumamos ciertos aspectos algo escabrosos de la personalidad de su autor, Barrie, pues tenemos el panorama perfecto para que un psicoanalista freudiano se ponga hasta las cejas de fijación materna, complejo de Edipo y demás.

Sin embargo, esta no es la única interpretación sobre Peter Pan que puede ofrecer el psicoanálisis. También tenemos a Jung, el alumno díscolo, y su teoría de los arquetipos, que son imágenes que pueblan el inconsciente colectivo y afloran a la conciencia del sujeto a través de sueños y creaciones artísticas para encarnar ciertas tensiones psíquicas. Pues bien, uno de ellos es lo que Jung llamaba el puer eternus, es decir, el niño eterno. Un arquetipo que simboliza en todos nosotros la vitalidad, espontaneidad y el júbilo unidos a la juventud. Poco tardaron los críticos junguianos en ver en Peter Pan un perfecto puer eternus. Ann Yeoman es quien lo ha explicado con mayor empeño y profundidad.

En el libro hace primero una breve revisión sobre lo que se ha dicho acerca del arquetipo del niño eterno, para repasar después diversas encarnaciones del mismo; dioses clásicos, sobre todo: Dioniso, Hermes, Pan. Y es que parece que no, pero no son pocas las coincidencias del personaje de Barrie con estas divinidades. El apellido, para empezar. Pero también la capacidad de volar, o de manifestarse en sueños, por ejemplo. Yeoman hace un pormenorizado análisis de la novela original a la luz de las ideas de Jung. Consigue así ofrecer una lectura reveladora de Peter Pan, aunque, claro, inevitablemente ligada a una teoría psicológica que a mí, al menos, me parece que tiene sobradas debilidades.

Tengo la sensación de que la ambigüedad esencial de los arquetipos junguianos es la excusa perfecta para torcer la interpretación hasta que coincide con lo que uno quiere decir, reclamando además para la misma un carácter trans-histórico que no se sostiene. Eso sí, a Yeoman hay que agradecerle que fuera una de las primeras críticas que decidiera dejar de lado el morbo que acompaña al autor y centrarse sólo en su obra.