Mostrando entradas con la etiqueta Kunde. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Kunde. Mostrar todas las entradas

sábado, 3 de febrero de 2018

Un Peter Grimes humanizado - Palau de les Arts, 1 de febrero 2018



Uno no entiende que se estrene Peter Grimes por primera vez en Les Arts y el teatro esté medio vacío cuando piensa que es una de las óperas más importantes que nos ha dado el siglo XX por su perfección dramática y una calidad musical que hace converger lo moderno con lo tradicional, pero así son las cosas, no está cantada en italiano y seguramente el hecho de pertenecer al siglo XX asusta a la masa que es poco dada a arriesgarse, pero una vez más se equivoca, como se equivocan los habitantes del Borough en la ópera de Britten según la lectura que ofrece el alemán Willy Decker. Si Britten deja algún lugar a la duda, quizás por empeño de Slater, el libretista, Decker lo deja bien claro desde el principio, su Grimes aparece en escena apesadumbrado portando el ataúd de su aprendiz, más tarde acariciará a su último aprendiz, que lo abraza; es un hombre víctima de una sociedad que va a la caza del hombre que no se adapta a las convenciones establecidas, el único problema de esta lectura es que conduce de alguna manera a la justificación del maltrato y eso, hoy en día, nos chirría bastante, pero igual me equivoco y el tema caricias va entroncado con el de la pederastia. La lectura de Decker funciona muy bien pero os voy a decir una cosa: Peter Grimes es una ópera que por sí sola funciona muy bien, los personajes están perfectamente caracterizados y la música traduce a la perfección tanto el ambiente como las situaciones dramáticas que se dan en cada momento, es fácil poner en escena Peter Gimes, sólo tienes que dejar que todo se desarrolle conforme lo  ha previsto Britten, tampoco es que haya que restar méritos a Decker que pone todo en práctica con sobresaliente incluso tomándose algunas licencias, la principal es que acentúa el  fanático pensamiento único religioso. La escenografía y el vestuario de John Macfarlane son muy austeros, oscuros y minimalistas (cuando se estrenó la producción en los noventa era algo en pleno apogeo, ahota también se lleva pero está más que vsito), de indudable belleza plástica, que es realzada por  la iluminación y cierto expresionismo creado al situar los personajes en un plano inclinado, sobre todo en la escena en la cabaña de Peter. Pero hay cosas que no entiendo, cuando Grimes dice "ayudadme a arrastrar el bote", no dice a aguantar la cuerda, ¿tanto cuesta arrastrar el bote en vez de estar ahí parados sujetando una cuerda? Son tonterías pero por culpa de estas tonterías muchas veces me desconcentro y salgo de la acción dramática.

El tenor Gregory Kunde, asiduo visitante a Les Arts, debutaba el papel principal en escena, lo hizo en versión concierto hace cinco años en Roma con dirección de Pappano, circulan por ahí grabaciones gracias a que se retransmitió por televisión, no hay más que visitar Youtube para comprobarlo, entonces fue una grata e inesperada sorpresa, hoy ya no lo es tanto, ya hemos asistido con anterioridad a importantes cambios en el repertorio del que fuera tenor rossiniano. La salud vocal del tenor puede que estuviera mejor en Roma, en todo caso hace un buen retrato de Grimes, una tercera vía, no es el psicópata que mostraba el monolítico Vickers ni es tan atormentado como el de Pears,  lleno de contrastes, supongo que algo tendrán que ver en ello las directrices de Decker, pero en un plano exclusivamente vocal también van por ahí los tiros. Temía que, como tiene un timbre tan característico y lo hemos visto tanto últimamente por aquí, viera más al cantante que a Grimes, pero no fue así, resulto totalmente convincente pero algo plano en lo dramático, curiosamente en los agudos le salió su vena más ligera. Para mí fue lo mejor de la noche junto con algunos momentos gloriosos que nos proporcionaron los músicos de la orquesta.

El capitán Balstrode estuvo correctamente servido por Robert Bork, su timbre es atractivo pero su estilo de canto no me lo pareció tanto, y hemos llegado al talón de Aquiles de este Peter Grimes. Es cierto que la interpretación y dirección de actores está muy bien pero nadie dio la talla a la hora de cantar, porque, señores, Britten se canta, y en Peter Grimes hay melancolía y hay lirismo, hay melodías, señores y, sobre todo, señoras cantantes, y el que no se lo crea que recurra a la versión que dejó grabada el propio Britten y lo comprobará. Leah Patridge como Ellen Orford, la viuda y maestra,  no tiene un timbre muy atractivo y sus agudos son gritados, careció de lirismo en los momentos más melancólicos; Dalia Schaechter, no despertó en mí el menor interés, es un personaje que tiene una vis cómica al que no lo va mal un ligero histrionismo que en la interpretación de Schaechter estuvo ausente; correctas estuvieron sus sobrinas, alumnas del Centro de Perfeccionamiento; el metodista, que interpertaba el tenor Richard Cox, no destacó precisamente por su hermoso timbre, tampoco es algo que le vaya mal a este personaje; sin embargo estuvieron bien Charles Rice como el boticario Ned Keene y Lukas Jakobski como el cochero Hobson, decepción total con respecto a Rosalind Plowight, la conocía por algunos discos que dejó grabados cuando era soprano, su impostación fue nula en un personaje, el de la obsesiva viuda Sedley, al que se le puede sacar mucho más partido. 

Peter Grimes es una ópera en la que el coro es importantísimo, está presente en todo momento, es el antagonista de Grimes, la masa, y sus intervenciones plantean muchísimas dificultades, es un auténtico reto, el Cor de la Genrealitat me ha gustado menos que otras veces, lo encontré demasiado desmadrado, sin control alguno del volumen como si Britten hubiera plagado la partitura de fortísimos (confieso que no me he tomado la molestía de comprobarlo), notar un poquito más de contraste entre los diferentes grupos de voces hubiera estado bien. En todo caso hay que reconocer que nos tienen acostumbrados a un nivel de calidad tan alto que cualquier desajuste lo magnificamos, ya quisieran en otros teatros que reciben grandes subvenciones del Estado tener este coro. Excelente la orquesta, no así la dirección de Christopher Franklin, bien por la firmeza con la que dirige, mal porque parece que para este director todo Grimes es abrupto, como si quisiera destacar las aristas de la partitura, pero vuelvo a repetir que en Grimes hay muchos momentos expansivos, melancólicos, que no fueron realzados debidamente.

A pesar de todo lo que no me gustó tengo que reconocer que se me pasó el tiempo volando y disfruté muchísimo de la obra de Britten, una auténtica joya. Afortunadamente asistiré a más representaciones.

ACTUALIZACIÓN. En la función del sábado 10 de febrero todo ha cambiado a mejor. He encontrado mayor equilibrio de volumen entre orquesta y coro, todo más transparente. Y a Kunde con el papel más interiorizado, más suelto y matizado que en el estreno. 




domingo, 11 de diciembre de 2016

Les Arts: "I vespri siciliani" 10/12/2016 - Sacad el manual de instrucciones.



Sorprende que Las vísperas sicilianas, dado el lugar que ocupa en la producción verdiana: después de la trilogía popular (Rigoletto, Traviata, Trovatore)  y antes de Simon BoccanegraUn ballo in maschera y La forza del destino, no sea una ópera de repertorio, esta circunstancia la comparte con Aroldo, pero ésta es un caso distinto en cuanto es una revisión de Stiffelio, ópera anterior a Rigoletto. Se han dado muchas razones de por qué Las vísperas, a pesar de tener una música de gran calidad, alabada por el mismo Berlioz, y de forjar un nuevo ideal dramático que culminará en Don Carlos no ha terminado de cuajar y su programación sea una rareza; así, se ha dicho que Verdi la escribe a disgusto, en un idioma extranjero, en un formato, el de la grand opèra, en el que tampoco se siente cómodo a causa de sus exigencias formales y con un libreto que no termina de convencerle, tanto por su desenlace como por la ausencia de vida interior en los personajes, exceptuando el de Monforte. Es, por lo tanto, una buena noticia que un teatro se atreva con ella y funciona muy bien, si no como atracción popular autóctona (había muchos huecos ayer en Les Arts), sí como reclamo para que  muchos aficionados de fuera de Valencia decidan venir a verla, por eso quiero felicitar al Palau de les Arts por haber tomado esta decisión. Pero me hubiera gustado que Les Arts hubiera inaugurado la Temporada 2016-2017 con una producción propia, es una manera de crear expectación y de obtener bastante más publicidad que utilizando una producción conocida que procede de  Bilbao y que levantó revuelo cuando se estrenó en el año 2011 en  Turín dentro de las celebraciones del 150 aniversario de la Unificación italiana. Y es que estas Vísperas son el fruto de una  co-producción de la ABAO-OLBE y el Teatro Regio Turin.  No hubiera estado mal programar unos nuevos Vespri o abrir temporada con la Lucrezia Borgia  de Sagi o el Werther de Grinda, para las que así se estrenará producción, pero no es la primera vez que en Les Arts se abre la temporada con una propuesta que procede de otro teatro, esto ya pasó en tiempos de  Helga Schmidt, además tampoco es un asunto para rasgarse las vestiduras; sin embargo, sí lo es el hecho de que el reparto no estuviera a la altura de las pretensiones del teatro convirtiéndolo, en muchos aspectos, en un teatro de provincias.

En el libreto original de Scribe la acción se sitúa, en el Palermo de finales del siglo XIII, y narra las heroicas tentativas de los sicilianos para liberar su isla de la ocupación francesa, culminando tanto en el descubrimiento general de que el gobernador francés de Sicilia es en realidad el padre de uno de los cabecillas del motín, como en una revuelta que provoca una masacre en el bando francés, también en el fondo hay una historia de amor, más o menos contaminado por el deseo de venganza.

Davide Livermore, cuando recibió el encargo, se propuso trasladar la acción escénica a la época contemporánea entendiendo, con buen criterio, que el público del siglo XXI, a diferencia del del XIX,  no comprendería el significado político de una ópera ambientada en el siglo XIII. Según el propio Livermore ha expresado en numerosísimas ocasiones, antes de efectuar su propuesta,  hizo un ejercicio de reflexión y se preguntó qué es lo que hoy en día bloquea la democracia italiana y la participación popular de los ciudadanos en la política, llegando a la conclusión de que el mal estaba en el poder de las telecomunicaciones, en el "fascismo mediático" - termino, recuerda Livermore, empleado por Passolini- que, en colaboración con los políticos o bajo sus órdenes, distorsiona la realidad y conduce a la frustración y al desorden social, fomentando así la falta de democracia y de participación popular, que es lo que se quiere denunciar.

El primer acto se abre con un funeral de estado pero será  en el segundo, que actúa como un flashback, cuando  el espectador comprobará quién era el fallecido y por qué ha habido un conato de sublevación popular. Este acto comienza con la llegada del rebelde  Procida a su patria y su lamento por el estado en el que se encuentra Sicilia. Para reflejar esta situación el director de escena recurre a la reproducción de una imagen de un acontecimiento histórico, "la strage di Capaci" (la masacre de Capaci),  el asesinato del juez Falcone, su esposa y tres escoltas, en una autopista en las proximidades de Palermo,. La situación se amolda muy bien al texto y con ello Livermore dice haber querido rendir homenaje a aquellos héroes contemporáneos que son capaces de defender sus ideales de justicia exponiendo su propia vida.  El personaje de Procida, tan poco grato a Verdi, dispuesto a sacrificar a las mujeres sicilianas e incluso a la propia Elena para conseguir sus objetivos, aparece como un terrorista para quien el fin justifica los medios, un antisistema de los de verdad, no de los otros. También  en este punto la adaptación dramatúrgica me parece oportuna, puesto que Procida,  ya en el propio libreto, se nos va haciendo cada vez más antipático conforme avanza la acción a causa de su fanatismo y falta de escrúpulos. A Verdi le hubiera gustado suavizar el personaje y pidió ayuda a Scribe, el libretista, pero éste no estaba por la labor, así que Procida se quedó marcado por su carácter cruel y sanguinario. Ahora bien, ¿cómo descifra el espectador que Procida es un terrorista dentro de la dramaturgia de Livermore? Pues no lo sé, la verdad, yo lo sé porque se lo he escuchado decir a él dos o tres veces. Malas son las producciones que tienen que llevar al lado un manual de instrucciones. ¿Y qué hacen las parejas de enamorados entre los retos del atentado de Capaci? A mí me dio la impresión de que como había salido la escenografía con los coches quemados Livermore no sabía resolver la situación -no los iba a retirar a los 5 minutos-  y no se le ocurrió nada mejor que sacar a las parejas bailando entre los escombros, como si de un akelarre se tratara, para después sacar bolsas de basura y desperdigarlas por toda la escena, ¿quizás quiso represenar la profanación de un lugar en el que fallecieron heroes italianos por el pueblo italiano? No lo sé. Hace ya tantos años que ocurrieron aquellos hechos que los espectadores contemporáneos que no somos italianos no tenemos las claves para descifrar lo que ocurre en escena.

El final de la ópera es radicalmente distinto al libreto, no hay sublevación y masacre francesas. Los franceses, que en la propuesta del intendente de Les Arts, son sustituidos por ciudadanos sin rostro, pierden sus máscaras convirtiéndose en legítimos representantes del pueblo, mientras aparece una proyección del artículo 1 de la Constitución italiana que hace referencia a que la soberanía reside en el pueblo. Sustituye el original final vengativo y despiadado por un final optimista en el que las aguas vuelven a su cauce, el pueblo consigue tener los mandatarios que merece. A Verdi no le gustaba nada como se resolvía el quinto acto, lo demuestra el hecho de sus quejas porque tanto franceses como sicilianos aparecen malparados, los unos porque figuran como opresores y los otros porque aparecen como conspiradores sin escrúpulos que buscan sus libertad y no les importa el peaje que haya que pagar.

El principal obstáculo con el que se enfrentaba este planteamiento dramatúrgico era el distinguir entre dos facciones contrapuestas que en el original se identifican con dos nacionalidades diferentes, los militares franceses, como opresores, y el pueblo siciliano, como oprimido; no fue mala solución dividir al pueblo en dos grupos enfrentados, los continuistas, que son una masa y carecen de personalidad y llevan una máscara, y los rupturistas que sí reivindican su individualidad y su libertad y van a cara descubierta. Pero los aficionados no estamos todos en primera fila y este detalle pasa desapercibido para el 80% del público y el 2% adicional que es portador de anteojos, con lo que, a los que estamos lejos, nos cuesta distinguir quién es quién en cada momento; por otra parte, la visión de la sociedad contemporánea planteada por Livermore resulta excesivamente maniquea, porque ni todo el ejército, ni toda la policía, ni todos los políticos, ni todos los periodistas son tan malvados y manipuladores, por lo menos yo quiero pensar que eso es así; y contrasta con esa visión tan verdiana que buscaba un rasgo de humanidad en toda persona resultando al final que, aunque algunos buenos eran muy buenos, los malvados eran dignos de simpatía o compasión y ahí está el personaje de Monforte en las mismas Vísperas o el de Amneris en Aida y Felipe II en Don Carlo, para comprobarlo y ahí está también el diabólico Iago en Otello o el vil Don Carlo di Vargas en La forza como excepciones que confirman la regla.

Es una ópera, Las vísperas sicilianas, que entre sus papeles destacados carece de mezzosoprano, los papeles protagonistas son cantados por una soprano (Elena), un tenor (Arrigo),que encarnan a la pareja de enamorados,  un barítono que es el padre del tenor (Monforte), y un bajo (Procida), un rebelde que es afín políticamente, y teóricamente  amigo, de los enamorados. Tanto el rol de Elena, que requiere una soprano que se conoce como sfogato o assoluta,  es decir, que debe saber tocar todos los palos posibles (desde lo más grave y dramático a lo más ligero y leve), como el de Arrigo, que está siempre moviéndose en la zona de paso y planteando al tenor problemas de cobertura y homogeneidad vocal son de los más difíciles que escribió Verdi para sus respectivas cuerdas, y eso hay que tenerlo en cuenta al hacer cualquier valoración sobre los intérpretes puesto que  para salir airoso hay que ser un fuera de serie.

Cuando Livermore estrenó esta producción en Turín, la soprano que estaba prevista para encarnar a Elena, Sondra Radvanovsky, tuvo que ser sustituida, por problemas de salud, por  Maria Agresta y en esta ocasión también ha habido que sustituir a la soprano, Anna Pirozzi, que está embarazada, por la ucraniana Sofía Soloviy (en otras representaciones la sustituirá Maribel Ortega), pero sólo hasta el día de antes del estreno porque ayer se anunciaba que Soloviy era sustituida en la función del estreno por Maribel Ortega. Quiero pensar que Pirozzi, que ha cantado hasta hace bien poco, quiso apurar hasta el último momento, o puede que no se supiera el papel porque lo debutaba en estas funciones, o ni siquiera quiso aprenderlo dado que la ópera prácticamente no es de repertorio, la antelación con la que se anunció, a la vez que en la página web de la soprano, me pareció suficiente y no tengo la información necesaria para opinar al respecto. La última cancelación es la que más me ha irritado, si Soloviy se cae del cartel qué menos que explicar a los aficionados cuál es la razón de ello, no me parece una tomadura de pelo porque no creo que haya sido voluntad de Les Arts, sé que en el ensayo general sí participó la ukraniana, lo que sí me parece es una falta de consideración para con el público, a ver si nos acostumbramos a que los espectadores necesitamos explicaciones de por qué se hacen las cosas, y más en un servicio público como es la ópera en Valencia, pagada con el dinero de los contribuyentes. Ortega, que tiene un hermoso timbre, no estuvo a la altura de las exigencias de Elena, sonidos entubados, falta de proyección en los conjuntos, graves inaudibles, llegando a pasar totalmente desapercibida en algunos momentos de los tres primeros actos, supongo que reservándose para la parte final en la que tiene los dos momentos más exigentes: Arrigo! Ah parli a un core, en el que tuvo que ser muy cuidada por Abbado, con parones eternos para aguantar el fiato y defectuosa realización de esas escalas cromáticas descendentes tan exigentes y Mercé, dilette amiche, que no fue un desastre absoluto porque intentó ser cauta, ni siquiera intentó cantar todo lo que está escrito en la partitura, no quiero hacer leña del árbol caído. Una cosa es cantar, en funciones de pretemporada, Soleá de El gato montés y otra atreverse con uno de los roles más difíciles que escribió Verdi para la voz de soprano.

Prácticamente no hay en la actualidad tenores que se atrevan con el papel de Arrigo (tampoco es I vespri una ópera que se programe demasiado, es como la pescadilla que se muerde la cola, no sé si no hay tenores porque no se programa o si no se programa por que no hay tenores). Gregory Kunde lo ha cantado ya en bastantes ocasiones (Turín, Nápoles, Atenas, Viena, París, Bilbao) y es un papel que casi podríamos decir que tiene monopolizado,  y es capaz de cantarlo tanto en italiano como en su original francés. Lo canta con soltura, es ya lobo viejo, tiene tomada la medida del personaje, pero a su recreación le faltó ímpetu, arrojo, valentía, no olvidemos que el personaje de Arrigo tiene veinte años escasos, a pesar de todo, gracias a su fraseo, a la proyección y su suficiencia en la zona aguda, fue el mejor de la noche.

El tercer personaje en importancia es el de Monforte, el que en un principio parece ser la persona más maligna de toda Sicilia pero que va sufriendo un proceso de humanización conforme avanza la ópera. Es el personaje que ofrece una psicología más rica, llena de claroscuros, y el más difícil de interpretar en lo dramático, debe ser, por lo tanto, un cantante muy expresivo, con un timbre potente que le permita destacar en los dúos y en los números de conjunto, pero también muy lírico cuando debe mostrarse tierno o conmovido, lo que se llama un típico barítono verdiano. Juan Jesús Rodríguez es un conocido barítono del público valenciano, ha cantado en Rigoletto y el Conte di Luna (Il trovatore), se prodiga mucho en los escenarios españoles, franceses e italianos, ha llegado a cantar en el Met y seguramente volverá para cantar en Cyrano de Bergerac junto a Alagna. Tiene un timbre contundente de auténtico barítono verdiano y cantó con mucha entrega la que para mí es la mejor aria de toda la ópera, In braccio alle dovizie, siendo, junto a Kunde, lo mejor de la noche, si hay que buscarle un defecto diría que se agradecería un mayor matiz en las dinámicas y regulaciones.

Procida es un personaje muy contradictorio, en él se ve reflejada la discrepancia entre la visión de Scribe, que lo mostró como persona subversiva, tramadora de intrigas, y la de Verdi que quiso hacer de él un patriota, resulta por lo tanto chocante la falta de correspondencia entre la música que compone Verdi, sobre todo al inicio del segundo acto, "O tu Palermo" y la acción dramática, el resultado es que queda en una especie de indefinición que, como ya hemos visto, se integra muy bien en la dramaturgia propuesta por Livermore, de su interpretación se encargó  Alexánder Vinogradov, conocido en Les Arts por su Banco y su Escamillo, posee un timbre de considerable volumen, bastante atractivo pero no dio lecciones de legato y estilo en su ondulante aria, resuelta de forma rudimentaria sin matices en la línea de canto, pero al público le gustó mucho a juzgar por los aplausos que cosechó.

El coro no descansa en esta ópera, se requiere de su presencia a dos por tres y tiene papeletas difíciles de resolver, afortunadamente en Les Arts tenemos el Coro de la Generalitat Valenciana rico en colores gracias a su característica distinción entre las diversas voces. Juzgar la labor de Roberto Abbado en esta producción es difícil, tenía una papeleta complicada y se dedicó a estar más pendiente de los cantantes que a buscar el matiz en una de las obras de Verdi de instumentación más refinada, llevó a la orquesta como elefante por cacharrería y no sacó casi partido de todo el potencial que tiene la formación valenciana que, como siempre, nos regaló hermosos sonidos.

No pudo empezar peor la temporada del Palau de les Arts.


lunes, 3 de junio de 2013

"Otello" en Les Arts 01/06/2013 - Kunde, Agresta, Álvarez, Mehta.



Y por fin llegó el plato fuerte de la temporada 2012-2013 en el Palau de les Arts dentro del Festival del Mediterráneo, el Otello de Zubin Mehta y Davide Livermore, una de las pocas nuevas producciones que se han ofrecido en esta temporada en Les Arts, con la que Livermore hace doblete, puesto que también se encargó de la dirección escénica en La bohème dirigida por Chailly y coproducida por el teatro valenciano.

Me gustó la propuesta de Livermore, quien también se encargaba de la iluminación, estaba basada en unos anillos concéntricos situados escalonadamente con pendientes variable y en un hueco central en el que una pastilla ascendía y bajaba sin motivo aparente, esta disposición agilizaba el movimiento escénico de los solistas y masas corales, y se combinaba con proyecciones y cambios de luz. Tenía algunos fallos, no entendí por qué para desplazarse hay que recorrer todo el anillo en contra de toda lógica (por ejemplo, cuando tras la muerte de Desdemona acuden todos llamados por los gritos de Emilia y recorren el anillo completo pasando demasiado cerca de Otello y el cadáver de Desdémona, si Otello hubiera estado en el lado izquierdo en vez del derecho, por donde aparecían aquéllos, todo hubiera tenido más sentido), de risa fue la desaparición de Iago (buscando la plataforma a la que tenía que subir para descender a los infiernos), inútiles y fuera de la estética del conjunto, estridentes,  las proyecciones durante la muerte de Desdemona. Hubo también otras cosas que directamente se me escaparon: la estética de las mujeres, con esos pelos en cresta, por ejemplo.

Hay dos cosas que definen este Otello: canto extraordinario y falta de auténtica fuerza dramática. La parte del canto ya sabemos a quién se lo debemos agradecer, a un fantástico equipo de cantantes. No tengo claro quién es el culpable de la falta de dramatismo ¿los propios cantantes o el director musical? En todo caso, si me dan a elegir entre canto y drama, me quedo con el canto.

Gregory Kunde, rossiniano que ha iniciado una especie de segunda carrera, no fue ninguna sorpresa porque ya conociamos su Otello por la retransmisión del que interpretó en Venecia. Es el suyo un Otello muy bien cantado, muy técnico, servido por un timbre precioso, como aterciopelado, muy bien proyectado, casi un lujo para los tiempos que corren, no creo que haya nadie que pueda superarlo en este setido. Otello es algo más, no basta con cantar, hay que darle carácter porque por momentos es un volcán en erupción; sin embargo Kunde hizo muy bien en no intentarlo, en esforzarse por colorear sus frases sin rebuscar sonoridades oscuras que no posee. Es un artista extraordinario. Hay que olvidarse de aquello que decían algunos perdonavidas: que sólo se atrevía a cantar Otello en un teatro pequeño como La Fenice. Es más, he leído en algunos comentarios de In fernem Land que parece ser que abandonó ensayos de La Straniera en Zurich para poder estar en este Otello de Les Arts. Decía Kunde en una entrevista  que quería cantar Werther , La bohème y Tosca pero que no había ningún teatro dispuesto a darle los papeles protagonistas de estas óperas porque era muy mayor. No estaría mal contar en el futuro con Kunde para alguno de estos papeles, Werther todavía no se ha estrenado en Les Arts, no me imagino un Werther dirigido por Mehta, ¿lo habrá dirigido alguna vez?

Maria Agresta me gustó mucho más como Leonora en Il trovatore, la voz corría muy bien por el teatro, el timbre es muy bello y su capacidad para apianar y regular la voz asombrosa, su musicalidad exquisita pero hay también momentos para el desgarro que fueron dichos con auténtica asepsia (Esterrefatta fisso lo sguardo tuo tremendo... o A terra!... .si... nel livido fango... ). Sólo necesita profundizar un poquito más en lo dramático para ofrecer una Desdemona de manual. A mí no me conmovió: cada vez que esperaba su frase, ésta terminaba escapándose.

Que Carlos Álvarez vuelva a los escenarios es una fantástica noticia, creo que de las veces que yo le he escuchado en directo -siempre en los últimos años- esta ha sido la mejor de todas. Espero que poco a poco vaya mejorando todavía más su estado de forma vocal. De los tres protagonistas fue el más creíble. Al salir a saludar al final de la función no pudo evitar emocionarse.

Muy bien Cristina Faus como Emilia, así como el resto del reparto, aunque hubiera preferido disfrutar de un Cassio mejor cantado que el de Marcelo Puente, su timbre me pareció poco homogéneo, al igual que su línea de canto. Bien el Coro de la Generalitat Valenciana y mejorable la prestación de la Escolania de la Mare de Déu. La dirección de Zubin Mehta creo que nos ha sorprendido a todos, nos tiene acostumbrados a tiempos ágiles (a Verdi le sientan estupendamente) y en esta ocasión parece que sólo los mantuvo durante el primer acto. Lo siento pero en Verdi prefiero siempre tiempos rápidos.

Y aunque ponga pegas me parece de lo mejor que se ha podido escuchar esta temporada en Les Arts, un equipo de cantantes a la altura de lo que se espera de un teatro que pretende ser de categoría superior y un auténtico milagro ante el paupérrimo presupuesto que se dedica a la programación. A ver si el ministro Wert, que estaba entre el público y, contra todo pronóstico y para sorpresa de quien esto escribe, no fue abucheado, nos aumenta la partida en los próximos PGE.

Si alguien desea críticas que se centren más en el detalle os recomiendo las de tres blogs, dos en castellano: El blog de Atticus, Notas de Paso de Miguel y el otro en catalán: In fernem Land.



martes, 14 de mayo de 2013

"Otello" de Verdi (11) - La voz del Moro hoy en día.

Texto del alt


JOSÉ CURA

Pensaba que José Cura ya no cantaba en los grandes coliseos internacionales y hace poco más de un mes fue llamado por el Met para sustituir a Johan Botha en el difícil rol del moro veneciano. Hace muchísimos años que no lo he escuchado, y es que nunca me interesó, es cierto que tenia, o tiene, presencia escénica y puede dar credibilidad a ciertos aspectos psicológicos o dramáticos del personaje, pero, por lo que recuerdo, iba por libre, no mostraba el mínimo respeto por las indicaciones de Verdi, ni por el resto de sus compañeros, eso es precisamente lo que dijo la prensa norteamericana tras su Otello del Met, el egoísmo de Cura parece que no tiene límites. El timbre es, o era,  atractivo, grande, oscuro, pero algo mate, sin squillo (algo que podemos considerar hasta normal en voz de tales características). En cuanto a la técnica, los problemas de emisión y fiato son más que evidentes, por no hablar del abuso de recursos veristas y melodramáticos: sollozos, gritos...  Un auténtico despropósito que se agrava al escucharlo fuera del teatro. Cura comenzó a hacerse famoso a finales de los años noventa como el tenor destinado a suceder a Domingo como Otello oficial, y de alguna manera lo ha sido en cuanto no ha aparecido nadie capaz de cantar el personaje con asiduidad.



ALEKSANDRS ANTONENKO

Antonenko pasó por Les Arts en el año 2010 para cantar Turiddu en Cavalleria Rusticana, no asistí a ninguna de las representaciones en las que intervino, este año lo tendremos como Otello, un rol que domina (desde el año 2008 lo ha cantado en Salzburgo y Roma con Muti, en Viena con Fisher, en París con Armiliato, en Londres con Pappano...),se adapta bien a sus cualidades vocales: una voz dramática, oscura y potente. Estoy convencido de que ofrecerá un Moro, al menos, creíble. Dada la tradicional ausencia de grandes Otellos, un rol que, como estamos comprobando en esta serie, es imposible, ya es bastante.




ÚLTIMA HORA: Valencia, 14 may (EFE).- El tenor lituano KRISTIAN BENEDIKT sustituirá al letón Alexander Antonenko en el papel de Otello, en la ópera del mismo nombre con la que el 1 de junio se inaugurará en el Palau de les Arts de Valencia la sexta edición del Festival del Mediterráneo.

Fuentes del centro cultural valenciano han informado que Alexander Antonenko ha esgrimido "motivos de salud" para cancelar su actuación en Valencia.

JOHAN BOTHA

A Botha lo pudimos ver en cines en octubre del año pasado en una retransmisión en directo desde el Met, me autocito y pego lo que escribí en su día sobre su Otello: "Johan Botha es un tenor de medios adecuados para cantar el moro, su timbre es atractivo y sabe cantar, pero Otello exige muchísimo más del intérprete, hay que ser un buen actor, decir con los gestos pero también con las expresiones, Botha no hizo ni lo uno ni lo otro, en este sentido me dejó totalmente indiferente, no hubo emoción, es más, no ofreció ninguna visión psicológica del personaje, ni fue el Otello acomplejado socialmente por sus características étnicas, ni el fiero guerrero desbocado en manos de Iago, ni un ser digno de compasión, tiene que trabajar mucho más la expresión del texto y jugar mejor con la paleta de colores de su timbre, si hiciera eso podría ser un estupendo Otello aún a pesar de que físicamente es un auténtico tonel sin una pizca de movilidad que pasa desapercibido entre las columnas del palacio chipriota".



PETER SEIFFERT

Seiffert es un gran tenor, ha destacado sobre todo en el repertorio wagneriano (Lohengrin, Parsifal, Siegmund, Walther, Tannhäuser, Tristan), hemos podido escuchar en Les Arts su Florestan y su Siegmund, su acercamiento a Otello, al final de su carrera, con cincuenta y ocho años, se puede calificar como anecdótico. Pues bien, a pesar de ello, ha demostrado su solvencia y calidad. El timbre de Seiffert siempre me ha parecido muy hermoso, con squillo, a pesar de que en origen fue un tenor lírico, con el tiempo su voz ha ido ensanchando y adquiriendo consistencia en el centro y grave ("lyric heldenternor" lo denominan algunos, me ha chocado bastante), quizás sea una de las razones por la que ha tenido que esperar tanto para afrontar el rol del moro. Su interpretación dramática es también más que correcta, con una aceptable pronunciación italiana -tengamos en cuenta que es un intérprete del ámbito germánico-, Seiffert sabe marizar y colorear palabras y frases para realzar la expresividad, no necesita recurrir ni a gritos ni a gemidos, porque su Otello está basado en una sólida técnica, lástima el desgaste que ha sufrido el tenor con el paso del tiempo, os podéis fijar en el feo vibrato que muestra en "Niun mi tema".



GREGORY KUNDE

Lo de Kunde es realmente sorprendente, algunos hace tiempo que lo daban por acabado y ahí está, cantando Polliones y Otellos. Es de los pocos tenores de la historia que ha cantado tanto el Otello de Rossini como el de Verdi. El timbre de Kunde siempre me ha gustado, me suena como aterciopelado y muy natural, es un cantante, además, muy técnico, buen fraseador, con una dicción clara, que no suele descuidar la musicalidad. Con estas cualidades su Otello resulta muy lírico y personalísimo, muy alejado de lo que estamos acostumbrados, absolutamente brillante en las partes más agudas y sin búsqueda sonoridades oscuras o baritonales cuando no se tienen, en definitiva, un Otello, que puede ser discutible, pero muy honesto y plenamente disfrutable. 


JONAS KAUFMANN

Muchos son los que están deseando que Kaufmann se decida a cantar Otello, parece ser que lo debutará en la temporada 2014-2015 en Munich. Cuando llegué el momento ya hablaremos. Para hacernos una idea sí podemos escucharlo como Cassio, que, vocalmente, no tiene nada que ver, bueno... tiene algo que ver, pero poco.


miércoles, 11 de julio de 2012

Norma en Taormina

El Teatro Antico de Taormina con el Etna nevado al fondo.
El director de escena Enrico Gastiglione fundó en 2009 el Festival Bellini de Taormina, el pasado domingo 8 de mayo se inauguraba la cuarta edición con la ópera Norma y ayer día 10 de mayo se retansmitió en directo en más de 700 salas de cine de todo el mundo. Como es una de mis óperas preferidas no me la podía perder a pesar de que considero que pagar casi veinte euros por asistir a una función cinematográfica roza la tomadura de pelo y es desproporcionado por mucho que el espectáculo sea  retransmitido en directo, por algo menos puedes asistir a funciones en vivo en el teatro, eso sí, con visibilidad reducida.

martes, 25 de mayo de 2010

Mis arias favoritas (IV) - Chanson d'Hylas

Al igual que hay papeles para recuperar viejas glorias del canto, como es el caso de la duquesa de Krakenthorp en "La fille du regiment" de Donizetti o el de Herodes y Herodías en "Salomé" de Richard Strauss, hay otros que son ideales para presentar al público lo que son todavía promesas del canto, uno de ellos, en el caso de los tenores lírico-ligeros o ligeros, es el de Hylas en "Les Troyens" de Berlioz. Este personaje tiene una única intervención en una ópera tremendamente larga, y si lo hace bien, no es fácil que pase desapercibido porque inaugura el quinto y último acto con un aria muy melodiosa, que tiene la virtud de convertir la escena en un remanso de paz. El espectador contempla la orilla del mar, con las tiendas de los Troyanos en la arena, y el puerto, con las naves troyanas. Es de noche. Hylas, un joven marinero, se balancea y canta en lo alto del mástil de una nave mientras que los guardias troyanos, al fondo, hacen guardia al pie de las tiendas. Al final el marinero termina dormido. No es que sea una canción que me haya cambiado la vida, no es tampoco un aria fundamental en la historia de la ópera, pero me gusta mucho y por eso está entre mis arias favoritas.

El encargado de cantar esta canción en la versión que de "Les Troyens" ofreció Gardiner en el Teatro del Châtelet de París con el Coro Monteverdi y la Orquesta Revolucionaria y Romántica en el año 2003 fue Topi Lehtipuu. Sin duda es la versión de referencia en DVD con una Casandra, Anna Caterina Antonacci, antológica. Lo escucharemos en un vídeo colgado en Youtube que tiene la particularidad de que enlaza el maravilloso dúo de Dido (Susan Graham) y Eneas (Gregory Kunde) que cierra el cuarto acto -que no tiene nada que envidiar al del segundo acto de Tristán e Isolda, y viceversa- con el principio del quinto. Han pasado siete años desde entonces y Lehtipuu, que parece que sabe qué es lo que debe y no debe cantar, se ha convertido en lo que se venía venir, un gran tenor.



N° 38 – Chanson d’Hylas

HYLAS

Vallon sonore,
Où dès l’aurore
Je m’en allais chantant, hélas!
Sous tes grands bois chantera-t-il encore,
Le pauvre Hylas?...
Berce mollement sur ton sein sublime,
Ô puissante mer, l’enfant de Dindyme!

Fraîche ramée,
Retraite aimée
Contre les feux du jour, hélas!
Quand rendras-tu ton ombre parfumée
Au pauvre Hylas?...
Berce mollement sur ton sein sublime,
Ô puissante mer, l’enfant de Dindyme!

Humble chaumière
Où de ma mère
Je reçus les adieux,

PREMIÈRE SENTINELLE

Il rêve à son pays...

DEUXIÈME SENTINELLE

Qu’il ne reverra pas.

HYLAS

Hélas!
Reverra-t-il ton heureuse misère,
Le pauvre Hylas?...
Berce mollement sur ton sein sublime,
Ô puissante mer, l’enfant...

(Il s’endort.)


viernes, 30 de octubre de 2009

Cinco momentos de "Les Troyens" - 5) ¿Seguro que esto es la misma ópera?

Según he leído en el Kobbé cuando se decidió interpretar la segunda parte de la ópera de forma separada, Berlioz compuso un preludio. Para instruir al público de los acontecimientos pasados, Berlioz hizo que estos fueran expuestos por un narrador; la “Marcha Troyana” sucedía a la narración, con el coro que acompaña la introducción del caballo en los muros de Troya. Según él era esencial, puesto que esta marcha troyana juega en la segunda parte de la ópera un papel muy importante, de otra forma el sentido de la misma no se entendería por el público no avisado.

Con el tercer acto comienza la Segunda Parte de Les Troyens y si el espectador no se ha preocupado de saber algo de la ópera puede quedar totalmente desconcertado. De la destrucción de la ciudad de Troya con que acababa el segundo acto hemos pasado al esplendor de un nuevo reino, el de Cartago.

Este tercer acto se inicia en los jardines del palacio de Dido, en Cartago. Al igual que el primer acto con respecto a Troya, lo primero que escuchamos en el segundo es un coro de júbilo, en él se ensalza un día que, después de un terrible tempestad -la que llevará a los troyanos a Cartago-, ha amanecido espléndido en todos los sentidos. También se ensalza la figura de Dido. Pero no hay que engañarse. La diferencia entre las dos partes no están sólo en el cambio de emplazamiento, el ambiente musical de esta segunda parte es diferente porque el drama también lo es, hemos pasado de un drama heroico, la tragedia de un pueblo, a otro, que sin dejar de ser heroico, tiene componentes más subjetivos, la tragedia de dos seres enamorados. Esta diferencia en la acción dramática es fundamental porque permite a Berlioz, en lo musical, desarrollar un mayor lirismo.

Vemos un vídeo del coro de apertura grabado en el Festival de Salzburgo de 2000, con dirección escénica de H. Wernicke y musical de S. Cambreling:









Tras el coro se produce la entrada triunfal de Dido que tiene es su primer momento de lucimiento, un magnífico recitativo nos explica cómo han llegado a la ribera africana y cómo allí han construido un nuevo reino que se encuentra en su máximo esplendor. Le sigue la magnífica aria con coro “Chers Tyriens” que redunda en la misma idea, pero Dido, como buena gobernanta que parece ser, aprovecha para poner las pilas a sus súbditos: Hemos sido grandes en la paz, ahora nos toca ser grandes en la guerra, tenéis que defenderme de Iarbas, pues defendiéndome a mí os defendéis a vosotros mismos. Y es que Iarbas pretende la mano de la reina, si no lo consigue invadirá su territorio. No es extraño que Dido se lleve al pueblo al huerto, es que a mismo, cada vez que la escucho, me entran ganas de arramblar con todo aquel que se interponga en mi camino.

Ahora un vídeo de la producción del Châtelet de Paris 2003, la primera vez que se representaba la ópera íntegra en Francia, Susan Graham interpretaba a Dido (la escucharemos en el recitativo y aria  "Nous avons... Chers Tyriens"), John Eliot Gardiner era el director musical y Yannis Kokkos el escénico.



Seguidamente tienen lugar unos “momentos musicales”, es parte del ceremonial de toda celebración palaciega: un desfile en el que se produce la entrada de aquellos que más han hecho por la prosperidad de Cartago: artesanos, marineros y labradores. Su colocación en este momento es muy oportuna porque contribuye a producir la sensación de que Cartago es un reino idílico, pleno de armonía. El Coro final sirve para cerrar este momento de introducción en el reino cartaginés. Finalmente la multitud se aleja y quedan solas en escena Dido y Ana, su hermana. Es el momento de las confidencias.

Dido, en privado, aparece turbada, a pesar de ello dice que ha encontrado la calma y la serenidad –no se lo cree ni ella-. En este punto me gustaría recordar que en el siglo XIX, cuando se estrenó la ópera, las mujeres carecían de toda relevancia política.









Este dúo entre la reina y su hermana es clave. Ana va, casi diabólicamente, indagando en el interior de Dido para saber si ha pensado alguna vez en volver a desposarse, la respuesta de Dido, que es viuda, es contundente, ha creado un blindaje hacia toda pasión, su corazón está cerrado para los hombres. La hermana, que no ha quedado satisfecha, continua atacando y sembrando dudas en el corazón de Dido, según aquélla Cartago necesita un rey. Y entonces mete la gamba al decir más o menos: “que los dioses y mi pueblo me maldigan si alguna vez me quito el anillo de mi esposo”. Al final del dúo comprobamos que tanta dureza en Dido no es más que fachada, en su interior las dudas la atormentan y Ana tiene clarísimo que toda resistencia que ponga su hermana al amor será en vano.

Aparece Iopas con la noticia de que arrastrados por la tormenta ha llegado a las costas un grupo de hombres errantes, Dido se identifica con ellos inmediatamente, también ella pasó por una situación así: “Quien ha conocido el sufrimiento no puede ver sufrir en vano”. En este momento hace aparición la marcha troyana en los metales.

Aparecen Eneas, su hijo Ascanio y el resto de troyanos que suplican asilo a Dido. Ascanio en un momento la pone al corriente de quiénes son y de dónde vienen. Dido da cuenta de su admiración por Eneas y decide acogerlos.
Entra Narbal alarmado, tiene noticias frescas, Iarbas se dispone a atacar y ellos están en minoría.
Se presenta Eneas , está dispuesto a aliarse en defensa de Cartago, Dido acepta y confiesa a su hermana que este hombre le hace tilín. También acepta cuidar de Ascanio mientras Eneas está en la guerra, cuidará de él “como una madre”. Le sigue un gran coro de tirios y troyanos que termina abandonando la escena dejando sólos a Dido y a Ascanio, finalizando el tercer acto.

Y para terminar un vídeo de la misma producción del Châtelet con los acontecimientos que transcurren desde la entrada de los troyanos hasta la presentación de Eneas.









Y el final del acto: