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lunes, 19 de noviembre de 2012

BSO de nuestra vida

El otro día hablábamos de Sylvia McNair, y ella, junto con el piano de André Previn, y mi propia vida,  son los culpables de que en estos momentos me encuentre escibiendo este post. Es evidente que mi vida no es tan interesante como para cinematografiarla, al menos por ahora, y espero que siga así por mucho tiempo -sí, será mejor así-; sin embargo, como todas, tiene su propia banda sonora. Y en esa banda sonora debe figurar la que para mí es la canción de amor por excelencia. La que, cada vez que termina, tengo ganas de oir otra vez, la que hace que se me pase el tiempo volando, la que me da punzadas en el corazón y siempre me deja al borde de la lágrima. Siento no poder contar una anécdota relacionada con la letra pero es que implica a terceras personas y su intimidad, no sería lo correcto. Creo que la volveré a escuchar, parece que tengo la noche tonta, ¡y me gusta tanto esta versión que acabo de descubrir!, es tan sencilla; al igual que ocurre con casi todo standard del jazz, las versiones se cuentan por cientos, destacar es tan difícil.

All the things you are, de Oscar Hammerstein y Jerome Kern.

 
Time and again I've longed for adventure
Something to make my heart beat much faster
What did I long for, I never really knew.
Finding your love, I found my adventure,
Touching your hand my heart beat much faster
All that I want in all of this world is you.
You are the promised kiss of springtime
That makes the lonely winter seem long
You are the breathless hush of evening
That trembles on the brink of a lovely song.
You are the angel glow that lights a star,
The dearest things I know are what you are.
Someday my happy arms will hold you,
And someday I'll know that moment divine
When all the things you are, are mine.

Time and again I've longed for adventure
Something to make my heart beat the faster
What did I long for? I never really knew

Finding your love I've found my adventure
Touching your hand my heart beats the faster
All that I want in all of this world is you

You are the promised kiss of springtime
That makes the lonely winter seem long
You are the breathless hush of evening
That trembles on the brink of a lovely song
You are the angel glow that lights a star
The dearest things I know are what you are
Lyrics provided by http://www.kovideo.net/
Source - http://www.kovideo.net/all-the-things-you-are-lyrics-carly-simon-226244.html

Some day my happy arms will hold you
And some day I'll know that moment divine
When all the things you are are mine

You are the angel glow that lights a star
The dearest things I know are what you are

Some day my happy arms will hold you
And some day I'll know that moment divine
When all the things you are are mine
Are mine are mine
All the things you are are mine


Read more: http://www.kovideo.net/all-the-things-you-are-lyrics-carly-simon-226244.html#ixzz2CbnKnyZt

viernes, 9 de noviembre de 2012

Haendel era una esponja y nosotros escuchamos a Purcell


Haendel, que era capaz de absorber todo tipo de influencias y adaptarse a cualquier estilo, supo captar la esencia de la música inglesa, pero nosotros escucharemos algunas piezas de Purcell, cuando el compositor inglés murió el alemán tenía tan sólo diez años.

La blanca voz de Silvia McNair, The Academy of Ancient Music y la dirección de Christopher Hogwood.

- Trumpet Tune for Harpsichord in C major, Z T678 "Cibell"

 Y de la música incidental para la tragicomedia en cinco actos The Libertine, or The Libertine Destroyed, Z 600:

- "To Arms, to Arms, Heroic Prince"
-  Preludio "To Arms"



sábado, 23 de febrero de 2008

Victor Hugo/Bizet - La coccinelle - Sylvia McNair/Cecilia Bartoli

No soy de los que al recordar el pasado se arrepienta de no haber actuado de esta o aquella manera. A lo hecho, pecho. Con la edad y la experiencia que vamos acumulando a lo largo de la vida, decepción tras decepción, nos volvemos menos ingenuos, más descarados, perdemos las vergüenzas acumuladas durante la pubertad. Esto ni es bueno ni es malo, es una fase más por la que hemos de pasar. "Sage ou fou, à seize ans, on est farouche". Todos, alguna vez, lamentamos haber perdido aquella inocencia y hay momentos en los que vuelve, pero la consecuencia es casi siempre la misma, un buen batacazo y un refuerzo en nuestra coraza. A menudo me pregunto, cuando escucho la canción de Bizet, qué hubiera pasado si el protagonista hubiera visto el beso en la boca antes que el insecto en el cuello, quizás se hubiera llevado un bofetón... quizás no... Lo peor que nos puede pasar cuando nos inhibimos de actuar de una forma determinada, más o menos acertada, es quedarnos con la duda de lo que hubiera podido ser y no fue. Lo más gratificante, por mi propia experiencia, es haber actuado conforme a tu conciencia, que algunas veces consiste en no hacer lo que los demás esperan que hagas, entonces, puede ser que descubras que te has equivocado, incluso es posible que aciertes, pero también lo es que aparezca la cruda realidad, las máscaras se caigan al suelo y contemples la putrefacción en los rostros de los demás, esto tiene un efecto beneficioso, y es que te permite ver dónde están los seres humanos de verdad. Si hay algo a lo que aspiro es a desaparecer un día de este mundo con la cabeza bien alta, con más o con menos amigos, pero con la conciencia tranquila. Ojalá lo consiga.

Vaya... qué trascendente me he puesto para presentar algo de tema tan intrascendente como la siguiente canción de Bizet.

La Coccinelle
Elle me dit: "Quelque chose
Me tourmente." Et j'aperçus
Son cou de neige, et, dessus,
Un petit insecte rose.

J'aurais dû
mais, sage ou fou,
À seize ans, on est farouche,

Voir le baiser sur sa bouche
Plus que l'insecte à son cou.

On eût dit un coquillage;
Dos rose et taché de noir.
Les fauvettes pour nous voir
Se penchaient dans le feuillage.

Sa bouche fraîche était là:
Je me courbai sur la belle,
Et je pris la coccinelle;
Mais le baiser s'envola.

"Fils, apprends comme on me nomme",
Dit l'insecte du ciel bleu,
"Les bêtes sont au bon Dieu;
Mais la bêtise est à l'homme."

Paris, mai 1830.

Victor Hugo. (Les Contemplations, I, 15, 1856)

Este gracioso, erótico y naif poema fue puesto en música por Berlioz (también lo utilizaría Saint-Saëns) a ritmo de vals, lo podéis escuchar cantado por Sylvia McNair y por Cecilia Bartoli, dos interpretaciones antitéticas: