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jueves, 24 de septiembre de 2009

Kurt Rodarmer y las variaciones Goldberg






Estamos acostumbrados a escuchar las variaciones Goldberg en versión para clave o para piano, y nos parece extraño que Kurt Rodarmer pudiera dedicar diez años de su vida (1985-1995 aprox.) en su transcripción para guitarra. Había comenzado a tocar la guitarra a los seis años, pronto fue considerado un niño prodigio, después fue aceptado por Andres Segovia como alumno. Rodarmer, gran admirador de la obra de Bach y de la grabación de las Variaciones que al piano hiciera, a principios de los ochenta, Glenn Gould, necesitaba llevar las Goldberg a su terreno, no quería hacer una mera adaptación a la guitarra, consideraba que en el caso de la obra de Bach había que poner los instrumentos al servicio de la música y no al revés -un planteamiento totalmente antihistoricista- y era imposible transcribir la obra para guitarra sola sin hacer una reducción .



Con el fin de grabar las Variaciones Goldberg encargó dos guitarras a las que les puso nombre, Casandra y Blanca. Fueron construídas por el luthier Christian Schneider con la intervención del Director del Instituto de Biofísica Molecular de la Universidad de Florida Michael Kasha, ambos habían sido colaboradores habituales de Andrés Segovia. Pero en la grabación no se utilizaron sólo estas guitarras, se llegaron a utilizar hasta cuatro, cada parte fue grabada por separado para finalmente ser mezcladas con ayuda de la técnica, todo un experimento. El disco apareció en el mercado a finales de 1996 o principios de 1997.

El resultado fue todo un éxito, además de reflejar el virtuosismo del intérprete, consiguió producir el efecto de que está sonando un solo instrumento y no un conjunto de guitarras, que era uno de los objetivos que Rodarme se había propuesto. La guitarra le confiere a la obra una calidez y una musicalidad que no encontramos en el clave o el piano, con esto no quiero decir que sea capaz de desterrar a los instrumentos de teclado, a los que estaremos condenados a volver una y otra vez. Al final, aunque todo parezca muy natural, no es más que fruto de una ficción técnica de impecable factura.



Podéis encontrar esta grabación en O criminoso sempre retorna ao local do crime