Con el fin de grabar las Variaciones Goldberg encargó dos guitarras a las que les puso nombre, Casandra y Blanca. Fueron construídas por el luthier Christian Schneider con la intervención del Director del Instituto de Biofísica Molecular de la Universidad de Florida Michael Kasha, ambos habían sido colaboradores habituales de Andrés Segovia. Pero en la grabación no se utilizaron sólo estas guitarras, se llegaron a utilizar hasta cuatro, cada parte fue grabada por separado para finalmente ser mezcladas con ayuda de la técnica, todo un experimento. El disco apareció en el mercado a finales de 1996 o principios de 1997.
El resultado fue todo un éxito, además de reflejar el virtuosismo del intérprete, consiguió producir el efecto de que está sonando un solo instrumento y no un conjunto de guitarras, que era uno de los objetivos que Rodarme se había propuesto. La guitarra le confiere a la obra una calidez y una musicalidad que no encontramos en el clave o el piano, con esto no quiero decir que sea capaz de desterrar a los instrumentos de teclado, a los que estaremos condenados a volver una y otra vez. Al final, aunque todo parezca muy natural, no es más que fruto de una ficción técnica de impecable factura.
Podéis encontrar esta grabación en O criminoso sempre retorna ao local do crime