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sábado, 18 de septiembre de 2010

HANNAH



Llegaste como suave caricia de verano
y partiste como soplo de estío...
... me siento desolado...





Eras una bolita cubierta de pelos
pero llena de vida y de encantos.
Algo dominanta, pero guapa,
que llenó la casa de alegría.
Pelaje blanco y canela
para hermosos ojos verdes.






Comer es que no querías,
probando todo tipo de pienso,
lo que me llevó a ingeniar medidas
que tan solo el tiempo hizo cuajar.
El lago de El Saler te fascinó,
allí te hice las primeras fotos.
Buena planta la tuya!




Con Princesa te llevabas bien,
como con todos los congéneres
en las reuniones del fin del día.
Tus correrías locas, alucinantes;
primero en circulo y luego en espiral.
Tú, gran saltadora de vallas,
ningún obstáculo se te resistía.




Los petardos y los truenos
eran tus grandes enemigos.
Te metías en el rincón más recóndito:
¡Nunca el último!...
Hasta que volviera el nuevo estruendo.
¿Temías haber sido descubierta?
Lo pensaba yo, ante tanto cambio.




Tu incursión por tierras lusitanas
te proporcionó nuevos amigos.
Yuri, grandote ¡como imponía!
pero condescendiente contigo.
En la playa del Corgo, el delirio!
metías el hocico en la arena húmeda,
que más parecías un topo.




La covañera, imponente,
en aquella sierra de Madrid,
que subiste, ladina,
sin esfuerzo aparente,
como buena escaladora que eras.
Ni la nieve frenaba tus correrías.




Cuando llegaste a Más Camarena
te hiciste dueña de aquellos parajes,
recuerdo las caminatas
por el Parque Tecnológico,
o al campo de golf, El Escorpión,
¡cuanto andábamos!
Las ardillas y los conejos
te oteaban en la distancia, a lo lejos;
por más que te lo indicaba
tu menos los veías ¡ni olfateabas!
Vaya perra cazadora ¡decía yo!




Momentos felices aquellos,
entre jardines y pinos piñoneros,
allá por tierras de Betera.
Aquel paraíso llegó a su fin,
pero vino la terraza de Benimàmet.




¡No paraba nada en aquel territorio!
Pájaro que se descuidaba, a la buchaca.
Nuevos contactos, y tu tan altanera.
Segura de ti misma,
que guapa ¡decían ellos!
Yo tan orgulloso a tu lado…
Te fuiste adueñando de la situación…
Tu mirada intensa
transmitía ternura.
¡Cuanto cariño me diste,
cuantos mimos recibiste
y cuidados sin fin!
¡nunca teníamos bastante!
Lo mereciste.




Tú, amiga y fiel compañera.
Aún siento el calor de tu hocico
apoyado sobre mi pierna
y tu intensa mirada
clavada en mis ojos.
Ejercías como mi protectora,
mientras comía,
tu permanecías acostada, pero atenta,
vigilante en la corta distancia.



Los años han pasado dejando huella.
Primero, dejaste de subir por la escalera:
Te ponías toda tiesa!
Como quien dice, no subo ¡y no subías!
No suponía, ni quería pensarlo,
que aquello era el principio del fin.
Segui acariciando tu lomo,
peinando tu pelo,
rascandote las orejas,
estrechandote contra mi pecho
y oservandote entristecido.
Nos fuimos haciendo mayores!…
Juntos, queriéndonos…




Partiste para ese maravilloso espacio donde todos los perros son libres, donde podrás jugar rodeada de los buenos amiguitos que te antecedieran.
Deseo que me sigas mirando con la misma ternura y cariño que me diste en vida, yo sigo haciéndolo mientras contemplo tus fotos y miro el cielo buscándote...




Es con los ojos humedecidos y un grito de rabia, que dedico este canto de despedida a mi querida Hannah. Compañera de aventuras, de alegrías y de dificultades. Fui muy feliz a su lado. Sus mimos, sus miradas y sus charlas, si, por veces hablábamos, jamás las olvidaré, por más años que viva. Han sido quince años intensos de convivencia, que tan solo el límite de una vida mermó.