Mostrando entradas con la etiqueta Michael Poulsen. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Michael Poulsen. Mostrar todas las entradas

sábado, 15 de enero de 2022

Volbeat: Servant Of The Mind (2021)

"Se esfuerzan..."

A estas alturas del partido, con ocho discos bajo el brazo, está claro que lo de Volbeat se remite a un "tómalo o déjalo". Los daneses son lo que son, mostraron sus cartas por 2007/8 (aclaremos: sin jamás haber sido nada más allá de una banda simpática) y desde ahí únicamente se han dedicado a administrar una discografía con una clara pretensión: lograr algún día ser una banda de estadios. Una especie de Foo fighters modernos. El problema, sin embargo, siempre ha sido el mismo: se les ve el plumero a kilómetros. Basta darle play a cualquiera de sus discos para de inmediato, a los 20 segundos, descubrir detrás de que andan. Y es que su música luce tan jodidamente cerebral, tan pensada, tan poco espontánea, que la pasión muere antes que llegue cualquier tipo de ilusión. En ese camino venían volando muy bajo con sus antecesores por lo que algo como Servant of the mind evidentemente suena a regreso con mayúsculas, pero valga la aclaración: no es que este álbum sea tan bueno, es que los anteriores eran MUY MALOS

Hay que darles a los de Michael Poulsen el que esta vez han logrado entregar un trabajo diverso, intentando combinar sus clásicas canciones rocanroleras y melódicas estilo 'Temple of Ikur', 'Shotgun blues' o 'The devil rages on' con otras juguetonas tipo 'Wait a minute my girl', así como incorporar pasadas más "heavy" que huelen al Metallica con descaro, como 'The sacred stones', que es una especie de 'Harvester of sorrow' + 'Sad but true' (aunque se agradece la aceleración que regalan tras el 4:53), o 'Say no more' (el riff + redoble en la partida es idéntico al de 'Eye of the beholder'). Paradójicamente, cuando Volbeat tributan a sus referentes norteamericanos es donde mejor suenan (¡era que no!), pero en lo personal me quedo esperando el disco pesado y duro que Michael Poulsen prometió en declaraciones previas al lanzamiento. ¿Dónde está el desate? ¿El filo? ¿La rabia? Es que simplemente no está. Volbeat es una banda impostada, una fachada, una constante máscara. Para prueba, cosas como 'Heaven's descent' o 'Becoming', que abren con mucha energía pero tardan veinte segundos para caer en el estrofa/coro típico, que no es otra cosa que la banda persiguiendo por enésima vez "su disco negro".

Lo han intentado de todas maneras, Servant of the mind es mejor que cualquiera de sus antecesores, pero insisto, no por méritos propios sino porque la vara estaba muy abajo. De todas formas han entregado un disco entretenido que a sus fans seguro caerá bien pero donde el énfasis sigue puesto en el gancho, en el pop, pero el rock brilla por su ausencia. Estaría bueno que Volbeat se sinceraran de una vez por todas, probaran el eliminar las guitarras y metiesen teclados a su sonido, algo tipo The killers, seguro sonarían más coherentes. Michael Poulsen no lo haría mal en plan Brandon Flowers

¿Canciones? 'The sacred stones', 'Say no more', 'Heaven's descent'.

5/10
Nada muy especial...


Otras reseñas de Volbeat:

jueves, 8 de agosto de 2019

Volbeat: Rewind, Replay, Rebound (2019)

“Rock & roll insustancial...”

No hay caso con Volbeat. Quienes continúan esperando un giro hacia un sonido de mayor peso deberán seguir esperando ya que, en la misma línea de sus anteriores álbumes, los daneses han decidido con su séptimo disco dar continuidad al rock ligero y meloso que vienen desarrollando desde hace varios años. En esa línea en Rewind, replay , rebound vuelven a meter mano a un rock & roll que aspira a ser divertido y contagioso, que por momentos (contados momentos) funciona pero que en el global acaba por entramparse a falta de su evidente falta de ambición. 

Hay excepciones por supuesto, que la dinámica partida a cargo de ‘Last day under the sun’ (que bebe claras influencias de los ochenteros Huey Lewis and the News) + ‘Pelvis on fire’ resulta atractiva y logra captar nuestra atención. No durará esta demasiado, sin embargo, ya que rápidamente el mismo disco se encargará de regalar estructuras en extremo sencillas y repetitivas con el medio tiempo ‘Rewind the exit’ y la rocanrolera ‘Die to live’. Ahora, donde definitivamente nos agarraremos los pelos será con ‘When we were kids’, candidata desde ya a la canción más ñoña del año. Desesperante es poco.

La segunda parte del disco volverá a regalar un momento grato en ‘Sorry sack of bones’, otra canción que gracias al buen juego de bombo + guitarras que propone lleva a pensar el que Volbeat, de proponérselo, podrían sacar mejores discos. Sensación que vuelve a dilapidarse con la pasada por ‘Cloud 9’ + ‘Cheapside sloggers’, insustanciales a más no poder. De igual forma toda la recta final (¡que el disco es muy largo además!) está plagada de canciones que rozan el rock adolescente y donde de verdad cuesta seguir ahí, en esos riffs de poco peso y estructuras estrofa/coro que se suceden una tras otra sin dejar absolutamente nada medianamente recordable.

Me sigue ofendiendo la comparación que muchos sitios continúan realizando entre Volbeat y las pasadas de, por ejemplo, Metallica o Megadeth por Load (1995) o Cripting writings (1996). No nos dejemos engañar, que entre aquello y esto existe un mundo de diferencias y, por sobretodo, de ambiciones. 

4 / 10
Malo.


Otras reseñas de Volbeat
2016:  Seal the deal & let’s Boogie

viernes, 15 de julio de 2016

Volbeat: Seal the Deal & Let's Boogie (2016)

Fenómeno de marketing. 

Una de las razones por las que amo internet y me siento un absoluto privilegiado de poder vivir esta era, es por la posibilidad de hacer esto: obviar a los medios oficiales y sostener mi propia opinión. Creo que aquello es impagable, el poder, aunque sea de una manera tan mínima e insignificante como esta, darle la espalda a la industria y a todo aquello que me quieren hacer creer. 

Todo esto a propósito del más reciente de Volbeat, banda danesa acerca de la cual he tenido que leer desde que "han inventado un estilo" hasta que son "la revelación de la década" o el "relevo generacional para liderar los grandes festivales".  Eso además de tener que tolerar constantes comparaciones con Metallica (?) a raíz del happy soft rock que desarrollan. Esto último me lo he tomado personal ya que estoy entre aquellos que hasta el día de hoy disfrutan con la etapa noventera de Metallica (Disco negro / Load + Reload / Garage Inc.) tanto como con su ochentera, y perdónenme pero esto de Volbeat no tiene absolutamente nada que ver con todo aquel cambio estético y musical que los de Hetfield + Ulrich desarrollaron. 

Lo de Volbeat encaja dentro de aquellas bandas que seguramente en su seno interno escuchan metal solo que "de algo hay que vivir". Prueba de lo que menciono se encuentra en sus primeros álbumes, discos donde equilibraban elementos de metal (bastante clichés claro, pero elementos al fin y al cabo) con un sonido en general accesible y de fácil oída, aspecto que trabajo tras trabajo han decidido acentuar hasta llegar a esto: su álbum más pop lanzado a la fecha. Ahora, en lo personal no tengo problemas con que una banda haga pop (basta ver mi blog para verificarlo), tampoco con que disfracen sus intenciones dándoselas de rockeros, pero donde si topo es cuando la música es mala y descaradamente falsa, ahí Volbeat me la han dejado muy fácil con un disco monótono y de evidentes intenciones, aunque claro, no pertenezco yo a su target por lo que seguramente sin cuidado debe tenerlos el no haber ganado un admirador conmigo.

Lo mejor de Seal the deal & let's boogie está en sus primeros diez segundos, ahí un contagioso riff muy Motorhead aparece y te dices "eyy, esto no pinta mal", sin embargo, basta que entre la voz de Michael Poulsen a escena para que la magia desaparezca, con la llegada de los coros ni hablar, se les ve el plumero en todo momento. Esto mismo ocurre en varios temas donde el riff inicial no va mal pero la estructura puente/coro es realmente fatal y forzadísima, dos ejemplos: 'Marie Laveau' y 'Gates of Babylon'. Hay otras, sin embargo, que son un desastre de comienzo a fin, canciones que realizan esa partida pop clásica de bandas tipo Blink 182 con guitarrita + verso, de esas hay varias: 'The bliss' , 'Black rose' o la vomitiva 'Mary Jean Kelly', o sea, los momentos más bajos de Green Day o The Offspring son Mozart al lado de esto...

No sería nada incluir tres o cuatro ganchos comerciales en medio de un álbum diverso, pero el problema es que las trece que acá nos entregan son todas idénticas, cada una de ellas podría ser un single por lo que el asunto al llegar a la séptima agota sin remedio, en esa linea a mi me han agradado dos temas: 'Seal the deal' y 'The devil's bleeding crown', con el resto no he podido. ¿Qué es un disco bien compuesto? No lo se, depende de lo que entendamos por aquello y quiero insistir: no soy un purista, pero de la música de laboratorio yo paso y acá estamos frente a eso, una banda que pretende ganar en el mercado norteamericano, para ello ingresó a sus filas a Rob Caggiano (ex guitarra de Anthrax) y poco a poco se ha transformado más en un fenómeno de marketing que una banda de verdad. 

Pero bueno, tal como dijo Messi : "Se acabó, no es para mi".

3/10
Muy malo.